Hola lectores, perdonen la tardanza para las actualizaciones pero en ocaciones necesito ordenar las ideas antes de plasmarlas.

Aqui esta este nuevo capitulo, espero les guste y espero sus comentarios y criticas, son bien recibidas.

Disfruten :)


Capítulo 6 – SUEÑOS

Pasaban las horas mientras se dirigían a lo que quedaba de la aldea donde había crecido la pequeña Natsuki, las pasajeras del carruaje no habían intercambiado palabra alguna desde que salieron del castillo; la pequeña se había acurrucado en un extremo del carro, sujetando sus rodillas con sus brazos y la cabeza escondida entre ellos.

La princesa Saeko no le había quitado los ojos ni un momento de lo que llevaban de viaje, mientras que su acompañante Akane encontró muy interesante el paisaje diferente que veía por la ventana.

- Natsuki no desea algún bocadillo, ha sido un largo viaje -

- No... Gracias - un pequeño sonido proveniente de su estomago contradijo sus palabras.

- Creo que tu estomago dice lo contrario -

- Hmmm -

- De acuerdo, no insistiré -

Pasaron algunos minutos hasta que los guardias divisaron los restos de la aldea, estaba justo como la pequeña lo había descrito, los restos de las cabañas consumidas por el fuego. El carruaje se detuvo y los ocupantes comenzaron a bajar.

- Miladi, este es uno de los pueblos que están antes de llegar a la frontera y coincide con lo que la pequeña le había descrito -

- Gracias Sakomizu -

Natsuki bajo temeroso del carruaje y fue caminando con cautela por la vereda hasta encontrar lo que quedaba de su casa, ahí seguían las tumbas que había hecho para sus difuntos padres y su hermano mayor mientras es retos de los soldados inspeccionaban la zona para evitar algún tipo de emboscada. Después de unos minutos, la infante se dirigió a un pequeño campo donde habían florecido las plantas y corto algunos ejemplares, los más hermosos que había visto, armo tres pequeños ramos de flores y los deposito sobre cada una de las tumbas e inmediatamente coloco sus pequeñas manos frente a ella y comenzó a orar por el eterno descanso de su familia.

Saeko la miraba devastada desde una distancia prudente, quería respetar el duelo de su pequeño retoño, le dolía en el fondo de su corazón que el afecto de la pequeña fuese dirigido a unos extraños, pero más le dolía no haber estado cuando más la necesitaba; habían pasado siete años desde ese fatídico día, pero no había pasado ningún segundo en que no pensara en ella.

Así es, la pequeña Natsuki era la hija de la princesa Saeko, pero el destino había jugado sus cartas cruelmente, separándolas de la manera más vil, cuando la infante tan solo tenía un mes de nacida. Cuando la vio ese día en medio del camino en malas condiciones no lo podía creer, su lado racional le decía que era imposible que fuera ella, sin embargo en su corazón sabia la verdad; y todo fue confirmado cuando vio su marca de nacimiento en el costado de la niña.

- Miladi Saeko, ¿se encuentra bien? ¿Desea descansar en el carro? - pregunto su preocupada amiga Akane

- Estoy bien Akane, es solo que me rompe el corazón verla así y no poder hacer nada - las lagrimas de la princesa no dejaban de caer por sus mejillas.

La infante frente a sus ojos trataba de no sucumbir ante el dolor, el miedo y la soledad, en una sola noche había perdido a su querida familia y al lugar que la vio crecer, sus amigo perecieron a manos de unas bestias que se hacían llamar humanos, se había quedado sola en este cruel mundo. Pero era tan solo una niña, como pretender ser fuerte en momentos como estos; llevo sus pequeños brazos a su rostro para limpiar el rastro que dejaban las lagrimas pero esa acción no disiparía la tristeza que sentía, se dejo caer de rodillas frete a la tumba de su familia y comenzó a llorar a todo pulmón.

Saeko no podía hacer nada más que esperar a que su duelo concluyera.

Paso un largo tiempo hasta que los sollozos de la niña cesaron, entonces Saeko se acerco y se arrodillo a su lado.

- Sabes Natsuki, se que tu familia te quiso mucho en vida, pero ahora te estarán vigilando desde el mas allá –

- Lo sé – la niña dio un corto suspiro

- Y no les gustaría verte llorar –

- lo sé, pero no se qué hacer ahora, no tengo a donde ir y a nadie le gustaría encargarse de una huérfana como yo, ahora estoy sola –

- Yo cuidare de ti – Natsuki volteo a verla con incredulidad en sus verdes ojos.

- ¿Usted? ¿Por qué? –

- por que así lo dicta mi corazón – le dedicó una tierna sonrisa – y mi corazón nunca se equivoca –

- Yo no puedo aceptar –

- ¿Por qué no? –

- Porque usted es un princesa, es de la realeza, yo solo soy una simple hija de campesinos –

- Tonterías, eres un ser humano como cualquier otro y mereces el mismo respeto que el mismo rey –

- Eh… yo… -

- Vamos pequeña Natsuki, el destino cruzo nuestros caminos por una razón – princesa acaricio la mejilla de la niña con su mano derecha – yo no te dejare sola, te protegeré de cualquiera que te quiera hacer daño –

- ¿Lo promete? –

- Lo prometo – Saeko puso su mano derecha sobre su pecho – la mano en el corazón es una promesa de honor –

Natsuki se dejo caer a los brazos de la princesa y la abrazo fuertemente esperando que no fuera un sueño del cual despertar, la princesa respondió al abrazo con la misma acción, escondió su rostro en los largos cabellos de la niña para que escondieran el llanto que amenazaba con salir de sus verdes esmeraldas.

Sakomizu se acerco a tan tierna imagen y las interrumpió aclarando su garganta, Saeko levanto su rostro con una mirada de desaprobación, el capitán sintió un escalofrío recorrer toda su espalda ante tal acto.

- Miladi, encontramos algo que tal vez debería ver –

- De que se trata –

- Creo que sería mejor que viniera a verlo – Sakomizu trago saliva por el momento incomodo que estaba experimentando.

- De acuerdo – la princesa se levanto y llevo a Natsuki con Akane, le indico que la llevara al carruaje y no le apartara la vista – guíeme capitán –

- Por aquí Miladi –

ambos se dirigieron al lugar donde los aldeanos habían construido una pequeña capilla, la princesa no esperaba tan desagradable visión, ahí, entre los escombros, se encontraban los cuerpos calcinados de los habitantes que habían luchado por salir de ese infierno antes de sucumbir al abrazador fuego que les arrebato la existencia.

- Por favor capitán, estas pobres personas merecen tener una digna sepultura, encárguese por favor –

- Como usted ordene Miladi –

El capitán ordeno a los soldados que excavaran las tumbas para esas pobres almas, debían descansar en paz, si no vagarían por el mundo por toda la eternidad.

Pasaron varias horas antes de que pudieran rendir sus respetos a las personas que habían fallecido, una vez que arrojaron el ultimo monto de tierra, Natsuki se había bajado del carro y observaba a espaldas de la princesa, cuando el último soldado se retiraba de detuvo a medio caminar al ver a la niña viendo directamente hacia la enorme sepulcro, Saeko noto esa reacción y volteo a ver d que se había sorprendido el soldado.

- ¡Natsuki! ¿Qué haces aquí? Regresa con Akane, este no es… -

- Debo despedirme de mi familia y mi pueblo, creo que jamás volveré y les debo agradecer por el tiempo que compartimos, es lo menos que puedo hacer – para ser una niña de solo siete años, era muy valiente.

Saeko le indico que se colocara a su lado mientras decía unas palabras.

Minutos después todos subieron a sus respectivos caballos y carruajes y emprendieron su camino de regreso al castillo, el sol se estaba ocultando y comenzaba a refrescar el ambiente, serian otras largas horas antes de llegar a su destino, pero esta vez la pequeña se aventuro a refugiarse en el regazo de la princesa, mientras esta acariciaba tiernamente su larga cabellera azulada.


- "Natsuki… Natsuki… Natsuki despierta… ¡despierta!" – los ojos esmeralda se abrieron repentinamente, su nariz sensible percibe un aroma repugnante en las cercanías, se levanta quedando sentada sobre la cama y voltea a su derecha, donde puede ver la luz de la luna atravesar el ventanal de su habitación.

- Huelo un Orphan – dijo entre dientes

Sus ojos comenzaron a cambiar de un verde esmeralda a un brillante color dorado, sus colmillos, brillantes bajo la luz de la luna comenzaron a alargarse y su seño fruncido volvió a aparecer. Quito las sabanas que la cubrían y se levanto de la coma, se acerco a la ventana y la abrió, dejando pasar la fresca brisa nocturna e inundara toda la habitación, inhalo profundamente, cerrando los ojos y levantando su rostro al aire, para captar mejor los aromas de la noche.

- Esta cerca – una sonrisa malévola se formo en su boca mientras mostraba sus enormes colmillos en señal de desafío.

Brinco desde el balcón de su habitación en la planta alta y cayó sobre el césped, ahora transformada en un gigantesco lobo de pelaje negro; una vez en el suelo se adentro en el oscuro bosque que rodeaba la gran mansión.

A tres habitaciones de distancia, se encontraba una joven castaña admirando la magnificencia de la luna llena y los rallos de luz que esta reflejaba sobre la oscuridad de la noche; le preguntaba al astro mentalmente que era esa sensación que sentía desde la mañana, porque se incremento en cuanto vio a su vieja amiga cruzar la puerta principal y por que perdía el aliento cada vez que la miraba.

De pronto un extraño sonido la distrajo de su secreta conversación, un sonido en la profundidad del bosque, justo frente a su habitación, parecía como si dos animales estuvieran peleando, lograba escuchar cuando estos pisaban la hierba seca del lugar, pequeños gruñido lanzados de vez en cuando hasta que escuchó un chillido y después silencio, el ruido hizo saltar su corazón, al entender que uno de los contrincantes había sido mal herido. Espero unos minutos para escuchar de nuevo el ajetreo, pero este nunca vino, supuso que el altercado por fin había terminado, sin embargo su curiosidad fue mas allá de solo prestar atención, tomo su batín de noche y salió apresurada de su habitación, caminando por el pasillo con gracia para no despertar al resto de los habitantes, salió por la puerta principal y se dirigió al ala oeste, de donde provenían el sonido; una vez en el lugar, en el vasto jardín que separaba la mansión del bosque virgen, se detuvo en seco al ver una extraña silueta que se formaba gracias a la luz de la luna, parecía un hombre fornido del doble de su estatura que se agachaba y levantaba, como si tratara de sacar algo de la tierra; el miedo se apodero de la castaña y dio un paso atrás, sin querer piso una rama seca y el sonido al romperse llamo la atención de esa figura. Una gruesa nube pasó justo bajo la luna, apagando toda luz en el lugar, la figura volteo inmediatamente hacia la fuente del sonido y la castaña pudo observar unos enormes ojos dorados en medio de la oscuridad que la observaban fijamente.

Shizuru se llego sus manos hacia la boca para reprimir un grito, para evitar que esa temible criatura se abalanzara sobre ella, dio otro paso atrás y piso unas hojas secas que se encontraban en el lugar, alertando mas a la criatura.

- "Shizuru, ¿que está haciendo aquí?" – pensó la bestia de pelaje negro

Vio como la joven hacia lo imposible por no alterarla y sin embargo no podía mover ni un musculo para salir corriendo de la zona, el miedo emanaba de todo su cuerpo. Comprendiendo la pobre situación en la que se encontraba la castaña, decidió cambiar de forma, algo más agradable para la mente humana; se coloco sobre sus cuatro extremidades y lentamente comenzó a avanzar hacia la joven asustada.

Su corazón latía a mil por hora, sus músculos estaban paralizados y su respiración era errática, jamás en su vida había pensado en toparse con algo extraño como eso.

Esos ojos dorados comenzaron a bajar hasta quedar a su misma altura, mientras bajaban, su color fue cambiando hasta tornarse de un color verde profundo.

- "Esos ojos, ya los he visto" –

Esa extraña forma comenzó a caminar hacia la castaña, mientras la oscuridad comenzaba a desaparecer, dejando a la vista a un enorme lobo de pelaje negro.

Al ver a ese enorme ejemplar frente a ella, comprendió que este no la iba a lastimar, algo en su interior le decía que ese místico ser no la tocaría, al contrario, la protegería de cualquier cosa que le quisiera hacer daño, su ritmo cardiaco comenzó a bajar y su respiración se normalizo; así estuvieron por varios minutos hasta que el enorme animal comenzó a moverse nuevamente, Shizuru hizo lo mismo y comenzó a acercarse al ahora hermoso animal, hasta que quedaran lo bastante cerca uno del otro, la castaña levanto su mano derecha para tocar al lobo frente a ella, pero su cuerpo no soporto las emociones de esos momentos y se desmayo en el lugar.

Tendida en el frio suelo de piedra, Natsuki se acerca ahora ya de vuelta en su forma humana, sus pies descalzos no se inmutan ante el frio del exterior, se arrodilla y toma a la joven castaña entre su brazos, dejando que su cabeza descansara sobre su pecho desnudo; camino hasta estar justo frente al balcón de la habitación de Shizuru, dio un gran salto y aterrizo frente al ventanal de la habitación, entro y recostó a la joven sobre la cama, le quieto la bata de noche y la colgó sobre el perchero que estaba al costado de la lecho, la cubrió con las sabanas purpura y se alejo sigilosamente del lugar, no sin antes acariciar su mejilla izquierda con el pálido dorso de su mano derecha.

- Duerme bien, mi pequeña amiga –

De vuelta en el bosque, en el mismo lugar donde Shizuru la había descubierto, se encontraba el cuerpo de una criatura horripilante, despedía un olor nauseabundo y todo lo que estaba a su alrededor carecía de vida; entonces retomo una tarea que jamás le había gustado hacer, introdujo su mano derecha sobre el pecho de la criatura y termino por abrirlo de lado a lado, ahí estaba el resultado de su repúgnate tarea, una perla negra cuyo brillo se estaba apagando, la tomo y la arranco de la parte interna de la bestia, en cuanto la desprendió, un liquido fétido color negro salió a chorros por la abertura que había quedado, cubriendo por completo el cuerpo de la morena.

- Odio esta parte – dejo escapar un suspiro de exasperación.

Levanto su rostro hacia el cielo, abrió la boca y dejo caer la perla negra dentro de ella, la trago con gran esfuerzo e hizo una mueca de asco cuando el objeto logro pasar por la tráquea. Después de unos minutos, varias marcas negras en forma de grecas comenzaron a aparecer en todo su cuerpo y comenzaron a brillar a intervalos de tiempos, después una marca con la forma de una ciempiés que cubría también todo su cuerpo; al tiempo que las grecas brillaban, la marca del ciempiés parecía retorcerse en sí mismo, moviéndose por todo el cuerpo, estrujando las extremidades y los órganos internos; estas sucesos obligaron a la morena a caer de rodillas sobre la tierra bajo sus pies y apoyarse con sus brazos para tratar de resistir el terrible dolor que su cuerpo sentía, clavaba sus dedos en la tierra y apretaba sus puños, un sudor frio comenzaba a recorrer todo su cuerpo, sus ojos esmeralda se había transformado en dorados y los colmillos comenzaba a crecer nuevamente; así pasaron los eternos minutos hasta que el terrible dolor se fue desvaneciendo, las marcas negras dejaron de brillar y a desaparecer, su respiración comenzaba a normalizarse y su cuerpo dejo de temblar. Cuando todo termino, el cuerpo de la criatura comenzó a desvanecerse en destellos verdes que se elevaron hacia el cielo y se perdieron en el infinito.

- Esto se está volviendo más difícil, cada vez me es más difícil controlarme y casi no puedo soportar el dolor, ¿Qué me está pasando? –

En ese instante apareció Nina con una túnica azul en sus manos, la dejo caer sobre el cuerpo desnudo de su amiga y se arrodillo a su lado.

- Te tomo media hora volver a la normalidad, ¿que te paso? –

- No lo sé Nina – dijo la morena mientras se levantaba con dificultada – cada vez que trago uno me es más difícil, necesito preguntarle que me está pasando, pero hace años que no lo veo –

- No te preocupes Natsuki, descubriremos que te está pasando y lo solucionaremos –

- Hay otro problema – comenzaron a regresar a la mansión a paso lento.

- ¿Cuál problema? –

- Shizuru me vio –

- ¿Te vio? ¿mientras estabas transformada? –

- Bueno no me vio del todo, estoy segura que no sabía lo que estaba viendo, las nubes me favorecieron en ese momento, ocultando mi apariencia pero logro ver mis ojos –

- ¿Vio tus ojos? –

- Bueno, quebró unas ramas y el ruido me obligo a voltear hacia el origen, así que nuestros ojos se cruzaron, estaba totalmente en shock, así que cambie de forma, algo más amigable y me le acerque –

- Y ¿donde se encuentra? No la veo por ningún lado – Nina volteo hacia todos lados tratando de ubicar a la castaña.

- Se desmayo en cuanto me vio y la lleve a su habitación, después de eso regrese y fue cuando me viste –

- Y ahora ¿que vas hacer? –

- Estoy casi segura de que pensara que todo fue un sueño, una pesadilla, así que tal vez no le de importancia, pero deberemos de tener cuidado, debemos descubrir que es lo que está llamando a tantos Orphan a este lugar, sin poner en riesgo a la familia – llegaran a la puerta principal y la abrieron lentamente.

- No te preocupes, te ayudare en todo lo que necesites –

- Gracias Nina, ahora llévame a la habitación, necesito descansar –

La joven de ojos miel la guio con cuidado hasta su habitación, donde la deposito sobre la cama y Natsuki se desplomo pesadamente; Nina la ayudo a acomodarse y la cubrió con las sabanas, después salió del cuarto y regreso a su respectiva habitación.

Veía una figura a lo lejos, estaba de pie viendo hacia el horizonte, trato de llamarla pero las palabras no salían, así que comenzó a caminar hacia ella; mientras más se acercaba mas se alejaba esa figura, decidió correr hacia ella pero no lograba alcanzarla, levanto su brazo para alcanzarla pero era en vano, de pronto la figura volteo y sus ojos verdes se cruzaron con los de ella; ese mirar profundo la invadió y sintió como era atraída hacia esas esmeraldas.

- "Natsuki" – dijo entre sueños la castaña de ojos carmín.