Capítulo 28.- "El juego del cascabel"

—Nashira ¿no vas a desayunar?

La tía Madoka observaba desde la puerta de la cocina cómo su sobrina se preparaba antes de ir a trabajar. Estaba muy sonriente desde la noche anterior y casi podía jurar que si no fuera por el techo, se iría volando.

—¡Nashira!

La mujer giró la cabeza y entendió que se había perdido en sus propios pensamientos.

—Disculpa, ¿qué decías?

—¿Que si no vas a desayunar antes de irte?

—Ah, no. Tengo que llegar pronto a la Academia pero, gracias tía.

La anciana levantó una ceja y se puso las manos en los costados.

—¿Y ahora qué te pasó? ¿Por qué estás tan contenta?

—¿Contenta? —Nashira rió con nervios y negó con sus manos— Estoy como siempre.

—A ver cuéntame, ¿pasó algo bueno con el Hokage? —Dijo en un tono pícaro.

—¿Por qué relacionas mi estado de ánimo con él? No tiene nada qué ver en lo absoluto.

Cerró el bolso y se puso el abrigo. La mujer mayor se acercó para inspeccionarla de pies a cabeza, luego la rodeó.

—Esto es extraño... Te has puesto perfume.

Nashira se ruborizó, quiso ocultarlo pero al final sonrió ampliamente y abrazó a su tía. La anciana se sorprendió por tal muestra de afecto.

—¿Se puede decir que el Monje hizo el milagro?

—¡No puede ser! —La anciana llevó ambas manos a su boca— ¡No me lo creo! ¿A caso...?

Nashira se mordió el labio inferior al mismo tiempo que sonreía y afirmaba con su cabeza.

—¡El Hokage y tú han cruzado la línea!

Nashira dejó de sonreír para poner una mueca de confusión.

—¿Cruzar la línea? O sea tú hablas de...

—¡Sexo! —Exclamó la anciana.

—No tía, mira déjame explicarte.

La tía Madoka apartó las manos de su sobrina y la veía con orgullo mientras la pobre sólo podía sonrojarse por el malentendido.

—Nashira —susurró—. Ese acto tan íntimo y pasional es un lazo poderoso que los unirá para siempre.

Nashira rió, pero estaba más asustada que divertida.

—Tía, no ha pasado nada de eso. No lo hemos hecho ¿de acuerdo? Es... algo apresurado ¿sabes?

—Tonterías ¿cómo crees que me conquistó tu tío?

—Tía no me cuentes eso —se cubrió el rostro—. No son las mismas situaciones, las cosas cambian y/o dependen de las personas. Para ti puede ser algo muy bonito, para otros simplemente es banal.

—Bueno, a todo esto... ¿Entonces ya son una pareja?

Nashira se puso tímida al recordar.

—Pues... sí.

La anciana gritó emocionada y levantó los brazos.

—¡Voy a darle una ofrenda a mi Santo Monje! —Volvió la cabeza a su sobrina— Pero dime, dime ¿cuándo vivirán juntos?

Nashira tuvo un tic en el ojo.

—Si ya quieres que me vaya de tu casa puedes decírmelo con total claridad.

—No, hija. No te estoy corriendo. Perdona si ha sonado mal, es sólo que el Sexto da la impresión de ser un hombre protector y fuerte, que anhela cuidar de su amada —la tía se abrazó y empezó a dar vueltas por la sala—, un hombre que daría la vida por el bienestar de su mujer y que está dispuesto a complacerla en más de un sentido.

—Si me dejas ser sincera, tía Madoka, no te conocía ese lado pervertido.

—¿Eh? ¡No soy una pervertida!

Nashira reía pero también se decía en su mente que había heredado ese lado sucio de la tía Madoka.

(...)

El reloj marcaba las siete con cincuenta y cinco minutos. La puerta de la Torre se abrió automáticamente y un Kakashi limpio, reluciente, perfumado y lleno de energía, entró con firmeza y seguridad. Vio a su alrededor notando que la mayor parte del personal todavía no llegaba, mas, los pocos empleados que estaban allí, se asombraron al apreciar que el Hokage por primera vez había arribado antes de su hora de entrada.

Y lo mejor: No tenía cara de huevo crudo.

—Buenos días muchachos —saludó con mucho ánimo a un par de shinobis que pasaban por allí.

—Bu-buenos días, Sexto.

—Ah... Qué agradable está el clima hoy ¿no? —Se puso las manos en las caderas mientras veía por la ventana. Los shinobis miraron también y vieron cómo el aire mecía las hojas con fuerza y parecía que llovería.

—Este... Sí, señor. Está fenomenal.

—Bueno —dio palmaditas en el hombro de uno de ellos—. Cuento con ustedes también hoy. Ánimo chicos, ya casi es viernes.

Los hombres se vieron de reojo.

—Descansamos los domingos, señor.

—¡Ah sí! —Kakashi rió— Entonces, ánimo que ya casi es sábado.

Vieron el calendario: Era martes.

Kakashi se alejó silbando y los ninjas comenzaron a murmurar.

—¿Qué le pasa? Nunca lo había visto así.

—Ni idea... Pero por alguna razón me siento animado ahora.

Kakashi subió hasta su oficina y puso su mochila justo a un lado del escritorio. Se quitó el abrigo y se colocó la túnica blanca; luego se sentó y estiró los brazos hacia el frente para prepararse.

Revisó las carpetas que tenía sobre el escritorio y comenzó a sellar las hojas. Todo era paz y armonía hasta que Sai entró a la habitación con una expresión muy seria. Kakashi rápidamente se dio cuenta que no eran buenas noticias.

—¿Qué ocurrió?

—Señor —hizo una pausa lo bastante larga como para desesperar al Hokage, sin embargo, fue capaz de completar la frase antes de se regañado—. El daimyō ha enviado otra carta. Esta vez, ha venido uno de sus mensajeros.

Kakashi suspiró y estiró la mano.

—Dámela.

Sai obedeció y depositó en su palma el pergamino. Kakashi quitó el sello y lo extendió para leer el contenido. Tras cada frase su ánimo desaparecía y se llenaba de estrés queriendo encontrar una solución inmediata para su problema.

«He hecho la invitación a mis grandes colegas, todos están ansiosos por asistir a la boda de mi hija Kazumi con el Sexto Hokage»

—Nunca dije que me casaría con ella, estas personas lo deciden por sí mismas.

Sai vio la frustración en los ojos y cejas de su superior, y entendió que deshacerse del matrimonio no sería sencillo.

Kakashi volvió a cerrar el pergamino y abrió una gaveta del escritorio para guardarlo.

—Bueno, ya veré qué puedo hacer. ¿Algo más?

—El mensajero dijo que el Señor Feudal quiere una respuesta. Él no se irá sino lleva consigo una carta de usted.

—Ya he avisado que yo mismo iré al País de la Tierra, no veo la necesidad de precipitarse en tomar decisiones —dijo con evidente molestia—. Sólo dile que mi respuesta será llevada personalmente.

—Sí, señor.

—Por cierto Sai, antes de que te vayas... ¿Qué pasa con el mapa?

—No hay nada, ya se ha buscado por los alrededores pero no hay rastro alguno de artefactos extraños. Todo parece indicar que es una falsa alarma.

—Dile a Ibiki que se deshaga de las copias que tiene del mapa. El original lo conservaré en un sitio seguro.

—Como ordene.

Sai abandonó la oficina y Kakashi se quedó meditando en ese asunto; aunque todo indicaba que no había de qué preocuparse, él simplemente no podía estar tranquilo.

(...)

El día se fue rápido gracias a la concentración de Kakashi en el trabajo. Se sentía satisfecho por terminar con una montaña de papeles aburridos y por haber asistido a la reunión programada.

Iba bajando la escalera, ya casi llegaba a las puertas automáticas y todo habría salido de maravilla si los consejeros no se hubiesen interpuesto. Homura fue el primero en hablar una vez que Kakashi se quedó quieto frente a ellos.

—Kakashi, este juego de la espera ha demorado demasiado. Necesitamos que des un comunicado oficial.

El Hokage arrugó la frente. Todavía tenía el control sobre sus emociones y aunque pudo haberles gritado, se mantuvo sereno.

—Creo que mis comunicados ni siquiera tienen importancia para ustedes como para el Señor Feudal ni para nadie. Todos hacen de mi vida lo que se les antoja.

Koharu dio un paso adelante.

—Estás haciendo esperar demasiado al hombre que podría salvar Konoha. Estamos en una severa crisis y tú lo único que haces es perder el tiempo jugando a los novios con esa extraña mujer.

Kakashi recordó al ANBU y apretó el puño. Había sido espiado a pesar de sus órdenes, todo era humillante para él.

—No voy a casarme con Kazumi —manifestó con firmeza—. Así sea que nos declaren la guerra.

—¡¿Cómo puedes decir tal cosa?!

Koharu abofeteó a Kakashi, Shikamaru que iba pasando por allí se quedó inmóvil y aturdido por tal escena, pero era demasiado tarde para desaparecer sin ser notado.

Kakashi cerró los ojos queriendo contener su enojo, pero aún sentía el ardor en su mejilla.

—¡Konoha es la aldea por la que hemos luchado siempre! —Koharu empezó a temblar y Homura se acercó para estabilizarla, ella se veía mal— ¡Un niño malcriado como tú no va a destruir lo que nuestros antepasados lograron con sus sacrificios!

—Koharu, cálmate —pidió el consejero, pero la anciana seguía mirando a Kakashi con desprecio.

—No merecías ser Hokage si ibas a pensar de esta manera, pero los líderes así lo decidieron y ¡ahora tienes que hacerte responsable!

Kakashi no contestó, sólo se quedó viendo a la mujer con unos ojos que irradiaban arrogancia. No esperó a seguir siendo insultado y pasó de ellos provocando que enfurecieran más. Koharu le gritó algo pero no prestó la debida atención para recordarlo.

—¡Homura! No podemos permitir que esto pase —Koharu vio con preocupación a su compañero. El anciano notaba cómo la mujer no paraba de temblar y la llevó hasta una silla de plástico.

—No estamos bien para un conflicto bélico, no ahora —dijo él—. Kakashi... Nunca lo había visto así. Él no es del tipo que ignora la gravedad de una decisión.

—¡Es por esa mujer! Es por esa maldita mujer!

—¿Cómo se llama?

Koharu respiró profundo y empezó a hacer memoria. Su voz se volvió fría cuando pronunció aquel nombre.

—Nashira Kitayaka.

—No me suena conocido —admitió Homura—. Ella no es de Konoha ¿cierto?

Koharu movió sus ojos a su derecha y después a su izquierda. Finalmente volvió la mirada al hombre a su lado.

—Creo que ya sé qué puedo hacer.

Shikamaru había logrado mantenerse oculto de la vista de todos una vez que Kakashi se fue. Pero seguía expectante a lo que la anciana pudiera decir, y al oírlo, sus ojos se abrieron asombrados.

«Esto es problemático»

(...)

Kakashi caminaba despacio sin dejar de mirar al asfalto húmedo. Todavía quería encontrar algo que resolviera el lío en que estaba envuelto pero en su cabeza no había nada y por más que se esforzaba, ninguna alternativa terminaba bien.

Finalmente alzó la vista cuando estaba por llegar a su casa, y vio a Nashira sentada en la acera abrazándose las rodillas y apoyando su rostro en ellas. Aunque estaba cansado y triste, verla lo hizo sentirse un poco mejor.

—¿Qué haces aquí?

Ella alzó una bandeja de plástico.

—Mi tía te envía comida.

Kakashi sonrió.

—Así que has salido temprano de la Academia.

—El director Iruka me dijo que estaba bien si me iba antes, de todos modos ellos iban a tener una reunión y tardaría más tiempo de lo previsto.

Nashira se levantó y se sacudió la ropa.

—¿Tienes mucho tiempo esperando?

—Quizás diez minutos, no más de eso.

Kakashi abrió la puerta de su casa y encendió la luz.

—Debería darte una copia de mis llaves, así cada vez que quieras venir no tendrás que esperar afuera.

Ella no contestó pero se sintió feliz.

Kakashi se quitó los zapatos y entró de lleno a la sala, Nashira lo siguió.

—Ya lle... Ya llegamos —corrigió. Nashira rió al oír eso.

—Puedes dejar la bandeja sobre la mesa de la cocina.

—Claro.

Kakashi se dejó caer sobre el sofá y echó la cabeza hacia atrás, Nashira volvió de la cocina mirando a todos lados.

—¿Y tu perrito Pakkun? —Buscaba a su alrededor.

—Pakkun es una invocación, sólo aparecerá cuando lo llame.

—¿Y cómo haces eso? ¿Le silbas y le dices "tss tss... ven chiquito, chiquito"?

Kakashi rió por tal ocurrencia.

—Nada de eso. De hecho, tengo que tomar una gota de mi sangre y hacer el jutsu de invocación.

Ella pestañeó varias veces.

—¡Qué horror! ¿No es doloroso? Pff... Pero claro que debe serlo, tener que ocasionarse una herida —se respondió, pero dejó de hablar cuando vio que Kakashi seguía acostado con sus ojos cerrados. Caminó hasta el sofá y se sentó a la orilla del regazo de él— ¿Te sientes mal?

Kakashi abrió los ojos y se quedó viendo el techo.

—Me siento cansado.

—Me iré a casa para que puedas dormir, entiendo que ser Hokage es mucho trabajo.

—No tienes que irte, mi cansancio es más emocional que físico.

Nashira apretó los labios y entrecerró los ojos.

—¿Qué te hicieron?

—No es necesario que te mortifiques por eso, esto no tiene nada que ver contigo.

Nashira le bajó la máscara y vio la mejilla colorada.

—¡¿Qué demonios?! ¡¿Quién te hizo esto?!

Kakashi se enderezó.

—Estoy bien, no te preocupes.

Ella se remangó la blusa como si se preparara para golpear a alguien.

—¿Cómo puedes decir eso? ¿Ya te viste la cara?

—Sólo fue una bofetada pero me han pasado cosas peores.

Nashira se indignó aún más.

—Fue Brujaru ¿verdad? ¡Fue esa vieja!

—Escucha —Kakashi la sujetó de las muñecas—, ella está molesta porque no he hecho oficial mi compromiso con Kazumi, está en su derecho de despreciarme por no anteponer el bienestar de la aldea que protejo.

—Pero no tiene derecho a golpearte. Se aprovecha porque sabe que no vas a devolverle el golpe, pero deja que la vea y entonces va a conocerme.

Kakashi no pudo evitar reír cuando vio la expresión de enojo en el rostro de Nashira. Aunque daba cierto miedo, le parecía tierno que se enfureciera así por él.

—¿Qué es gracioso? Estoy tratando de defenderte.

—¿Sabes cómo puedes levantarme el ánimo?

—¿Uh?

—¿Quieres jugar a algo?

Nashira frunció las cejas.

—¿Jugar? ¿Que a caso tenemos diez años?

—Bueno, yo a los diez años ya no jugaba —Kakashi se sobó el mentón—, pero hay algo que se me ocurre. Espérame aquí.

De un salto salió disparado hacia su habitación dejando a Nashira confundida esperándolo sentada en el sofá. Buscó dentro de sus cajones hasta que encontró el objeto. Volvió a la sala de inmediato y alzó la pieza que colgaba de un cordón rojo; Nashira se le quedó mirando todavía sin comprender.

—¿Un cascabel?

—Solía tener otros pero se han oxidado, así que compré uno nuevo.

—¿Tienes un gato?

—No ciertamente, pero pensé que tal vez podría hacerte un lindo collar y así lo usarías con orgullo.

Nashira rió burlándose.

—Oh no, no señor, eso sí que no.

—Es broma, no quiero que lo uses. Este cascabel tiene otro fin más interesante y divertido.

Volvió al sofá y se sentó muy cerca de Nashira logrando estremecerla, ella se encogió de hombros cuando el rostro de Kakashi se juntó a su oído.

—Yo pongo esta prueba a mis estudiantes, para ver si podrán graduarse —susurró—. Ellos tienen que quitarme los cascabeles para pasar pero nadie lo ha logrado hasta ahora.

—¿Cómo es entonces que has tenido un equipo antes?

—He sido misericordioso.

Nashira sintió un cosquilleo en su nuca.

—¿Y qué tiene que ver ese cascabel con nosotros? —Se atrevió a cuestionar.

—Bueno... ¿Qué tal si intentas quitármelo?

La manera en que expresó esa frase, fue con un tono tan seductor que casi se le escapó un suspiro a la mujer.

—¿Y qué gano si te lo quito?

Kakashi le giró el rostro para verla, le sonrió dulcemente.

—Lo que quieras.

—Lo que... ¿quiera?

—Sí...

—¿Un barco para mí sola?

—¿Eh? —Kakashi se enfrió y Nashira empezó a reírse— Nashira por favor, capta el ambiente —le regañó.

—Lo siento —decía entre risas.

—Bueno, no podría darte exactamente un barco —volvió a su estado seductor pero esta vez se pegó más a la mujer—, sin embargo, puedes navegar sobre mí.

—Kakashi, ya se hacia dónde va esto y créeme, no va a funcionar.

—¿Entonces te sientes incapaz de quitarme el cascabel?

—No es eso, pero tu juego sucio es hacerme caer en tus redes.

—Ah... Entonces temes perder.

—El premio no se ve muy apetitoso —Kakashi rodó los ojos— pero, está bien. Por esta vez voy a simular que es impresionante, de todos modos te miras muy ansioso por jugar al cascabel.

—¿Sabes qué pasará si pierdes? —Kakashi se puso de pie— ¿Tienes una idea?

—Puedo imaginar algo pero es pornográfico.

—Siempre estás pensando en perversidades, Nashira. No iba a pedirte nada de eso.

—Ah ¿no? Pues qué milagro Su Excelencia.

Kakashi sonrió y recordó lo que diría pero prefirió dejarlo en secreto.

—¿Entonces? Si pierdo ¿qué pasa?

—No te lo diré. Así que deberás esforzarte mucho, o tendrás que lidiar con el castigo.

—Como sea... ¿Hay un tiempo límite?

—Sí, tienes media hora para arrebatarme el cascabel. Como sabrás, soy un ninja excepcional y estás en desventaja así que, da lo mejor de ti.

Ni siquiera le dio tiempo de contestar. Kakashi desapareció ante sus ojos y ella miró a todos lados sin saber dónde buscar.

—Maldición. Eso me pasa por involucrarme con shinobis —masculló—. Allí estaba el hijo del panadero pero no, la señorita tenía que ser frágil de corazón con este tipo de hombres —caminaba por toda la casa con extrema cautela—. Si le hubiera hecho caso, ahorita estaría comiendo pan y no buscando a un Hokage y su cascabelito.

Abría las puertas con cuidado y asomaba la cabeza.

—¿Dónde se habrá metido?

Cerró la puerta del baño y fue a la habitación de Kakashi. Giró el pomo y se introdujo; buscó dentro del armario y luego vio la cama. Se agachó para buscar allí pero no había nada, de repente sintió un golpecito en su trasero y dio un respingo; Kakashi estaba parado a su lado mientras sonreía con malicia.

—Es una buena vista —dijo él.

—¡Argh! ¡Qué asqueroso eres!

Nashira vio el cascabel que colgaba de su pantalón y estiró la mano para arrancarlo, sin embargo, Kakashi fue más rápido y desapareció dejando en su lugar, una almohada. Nashira se levantó del suelo llena de perplejidad al no entender lo que había pasado.

—Esto me está colmando la paciencia.

Se puso de pie y pensó en dónde podría estar escondido. Se mordió las uñas queriendo reunir sus ideas.

—¡Quedan veinte minutos! —Oyó que él gritó.

—No puedo perder, quién sabe qué cosas quiera hacerme y no lo voy a permitir.

Fue directo a la cocina pero tampoco estaba allí, de tal modo que empezó a olfatear para distinguir el olor al viejo perfume conocido que Kakashi solía usar.

—¿Eres un cachorrito, Nashira?

Ella se detuvo y bufó, odiaba esa sensación de ser observada desde las sombras y Kakashi se enteraba de todos sus movimientos.

—Kakashi, si te puedes hacer invisible entonces es trampa.

—No tengo tal habilidad, no te preocupes.

Ella aguzó el oído cuando oyó su respuesta y determinó que el ninja estaba entre el mueble de la alacena y la pared. Corrió en esa dirección pero Kakashi saltó fuera de allí y avanzó a la sala, Nashira fue detrás de él oyendo el cascabel sonar.

—¡Voy a atraparte Kakashi Hatake!

Kakashi reía como si estuviera disfrutándolo. Ambos se pararon en seco a tres metros de distancia, él con una sonrisa malévola la retaba a acercarse y ella se mordía los labios meditando en una estrategia efectiva.

—Quizás si voy por la derecha... No no, no funcionará —pensaba.

—Quince minutos —pronunció Kakashi.

—¡No me cuentes el tiempo que me pones de nervios!

—Catorce.

Nashira respiró una y otra vez para calmarse, movía despacio sus pies y Kakashi hacía lo mismo. Corrió hacia él pero el Sexto cambió de dirección y se colocó en otro extremo de la sala manteniendo la misma distancia.

Los ojos de Nashira veían el cascabel que rebotaba con cada movimiento brusco, y comenzaba a odiarlo.

—Deberías rendirte.

—¿Por qué me rendiría? ¿No querías tú jugar a esto?

—Bueno, te ves cansada.

Kakashi se movió lentamente hacia un lado cuando vio que la fémina intentaba acercarse por su izquierda. La mesita de centro se interponía entre ambos.

Nashira se quedó observando los objetos a su alrededor, se detuvo en uno en particular y jadeó como asustada, Kakashi vio su cara de espanto y volteó hacia atrás para ver qué era aquello que logró aterrarla.

En el momento que Kakashi se distrajo, Nashira corrió hacia él pero la reacción del Hokage fue todavía más veloz que sus pasos y cuando vio que ella estuvo a punto de arrebatarle el cascabel, dio un salto hacia atrás y Nashira cayó al suelo.

—¡Auch! —Se quejó mientras se sobaba el tobillo— ¡Maldita sea!

—¡Nashira! Lo siento, ¿estás bien?

Se puso nervioso cuando vio que ella no se levantaba y seguía con la mano sobre el tobillo derecho.

—Me duele —expresaba con angustia, Kakashi se acercó para revisar—. ¡No toques! ¡Es doloroso!

—Quita la mano —la apartó él con cuidado—, todo esto es mi culpa. Quizás te torciste el tobillo —revisaba con mucha precisión el área afectada.

—¡Auch! ¡Auch! —Se quejaba y se cubría el rostro con las manos— ¡No presiones tan fuerte!

—No estoy ejerciendo mucha fuerza, pero debido a tu malestar creo que podría ser un esguince.

Nashira abrazó a Kakashi y escondió su cabeza en su pecho. Kakashi puso una mano en los cabellos azules de la mujer y la acarició con delicadeza sintiéndose realmente culpable por lo sucedido.

—Perdóname, no quería que terminaras lastimada. Te llevaré al hospital.

Ella negó sólo moviendo la cabeza.

—No sé ninjutsu médico así que no puedo hacer otra cosa.

—Kakashi...

—¿Hmm?

Nashira levantó el rostro y ambos quedaron muy de cerca, ella lo veía con sus ojos apenados pero luego una sonrisa se curvó en sus labios cuando lentamente levantó el cascabel a la altura de sus caras. Kakashi lo miró y por milésimas de segundo no entendió lo que había sucedido hasta que la sonrisa de su ex asistente lo hizo comprender que todo había sido actuación para arrebatarle el objeto.

—Ga-né —ella susurró.

Kakashi estuvo a punto de reclamarle por haberlo asustado pero al final cerró los ojos y rió con pena para después acostarse sobre la alfombra.

—Debí haberlo imaginado.

—Exijo mi premio. Dijiste que podía pedir lo que quisiera.

—No tengo un barco.

—No quiero un barco, quiero algo más emocionante.

Kakashi abrió los ojos pero continuó acostado en el piso con sus brazos extendidos.

—Bueno. ¿Qué quieres?

Nashira gateó hasta donde él estaba y se acercó a su oído.

—Quiero un masaje.

Kakashi volteó con ella con esa expresión de no estar escuchando bien.

—¿Un masaje?

—Pues ya sabes Kakashi, están esos lugares donde te ofrecen ese servicio —explicó con volumen bajo—, pero no soy de esas personas que disfruten el contacto físico con extraños. Así que prefiero que sean tus manos a que sean las de alguien más.

Kakashi se enderezó rápidamente quedándose sentado.

—Esto es inesperado —se rascó la cabeza—. Jamás he hecho algo como eso.

—Bueno si no quieres, yo entiendo.

—No he dicho que no —él interrumpió—. Creo que puedo hacerlo bien. ¿En qué parte de tu cuerpo quieres que te dé masaje?

Nashira oyó esa frase y no pudo evitar ponerse colorada, porque para su mala fortuna, cosas tan sencillas como ésas, sonaban con diferente connotación cuando él las pronunciaba.

—En mi espalda —hizo una pausa—, en mis brazos.

Kakashi asintió con su cabeza y se puso de pie ayudándola a levantarse.

—Pero...

—¿Qué pasa?

Nashira estaba tratando duro de decir aquello. Sus labios temblaban y sus mejillas se habían sonrojado lo suficiente como para ser notadas.

—¿Nashira?

—Hay algo más que quiero.

—¿Qué es?

Ella ladeó la cabeza y sus dedos de los pies se enroscaron alrededor de la alfombra.

—¿Puedes... hacer un clon?

Kakashi alzó una ceja y captó el mensaje. Se cruzó de brazos y la miró con diversión.

—Ehh... Con que te gustan esas cosas después de todo ¿no?

—¡Po-por supuesto que no! Es sólo que yo... Pensé que sería más efectivo si...

Kakashi reía por verla así de nerviosa y apenada, y antes de que se retractara hizo la posición de manos para que un clon suyo apareciera. Nashira se hundió en el sofá y los miró impresionada, tragó saliva y soltó una exhalación temblorosa

—Hoy tenemos que cuidar bien de esta señorita —dijo el Kakashi original a su copia.

—Me parece que podemos darle un trato adecuado.

—¿Sa-sabes qué? Ya me arrepentí —Nashira movió sus manos—. Esto es demasiado para mí. Volveré a casa ahora.

—Oh no, no tienes por qué estar asustada —el clon se sentó a su lado y la giró para masajear sus hombros mientras le cuchicheaba en el oído haciendo que su aliento cálido le golpeara la piel—. Me aseguraré de que lo disfrutes.

Nashira arqueó la espalda por el escalofrío que le provocaron sus palabras y sintió que su cara ardía a más no poder. Kakashi se sentó frente a ella y le tomó la mano, ella pensaba que iba a morir.

—Ojalá tú también pudieras hacer clones, Nashira —frotaba sus dedos con delicadeza—. Sería divertido.

—¿Por qué no dejo de pensar que... esto es pecado? —Pronunció.

—Quizás porque se siente bien.

El clon volvió a hablarle al oído.

—¿Te gusta esto?

Nashira apretó los ojos.

—Soy una maldita pecadora.

Luego de una increíble sesión de masaje, Nashira y Kakashi terminaron acostados en el sofá observando el techo. No habían ido más allá de los besos y caricias, pues ambos estaban bien con la forma en que avanzaba su relación.

El clon había desaparecido y sólo quedaban ellos dos. Nashira observó la expresión de preocupación en los ojos negros de Kakashi.

—¿Estás pensando en Koharu?

—No te lo he dicho ¿verdad? Iré al país de la Tierra para hablar personalmente con el padre de Kazumi y decirle que no habrá matrimonio.

Nashira se puso de lado y apoyó su cabeza sobre el hombro de Kakashi.

—Si no nos hubiésemos conocido, ¿tú te habrías casado con ella?

Él no respondió al instante.

—Supongo que no habría tenido el valor suficiente para enfrentarme a ellos.

Nashira cerró sus ojos.

—Odio que las cosas se compliquen —dijo con somnolencia y Kakashi se dio cuenta.

—¿Estás quedándote dormida?

—Lo siento —bostezó—, el masaje logró relajarme... mucho.

La mano de Kakashi le acarició la espalda y no hubo más intercambios de palabras. Pronto ella se durmió pero él se quedó un rato más pensando en algo que le sirviera para deshacerse de las ataduras con Kazumi sin que Konoha se viera afectada.

Vio el cascabel sobre la mesita recordando lo que hubiese hecho si ella perdía en el juego. Estaba tan seguro de que no lograría quitarle el cascabel que sería el momento perfecto aunque todo alrededor estuviera en contra.

«Te iba a pedir que te casaras conmigo»

La vio a la cara, ella con sus ojos cerrados y un rostro lleno de calma.

—Creo que tendremos que esperar.

(...)

El timbre de la vivienda sonaba por intervalos de 5 segundos. Ya eran las once de la noche y era poco común que alguien visitara a esa hora.

—¿Shikamaru?

—Sakura, necesito hablar con Sasuke.

—Él está bañándose ¿pasó algo?

La preocupación era evidente en los gestos del pelinegro. Habría querido esperar pero Temari lo convenció de que sería mejor actuar antes.

—Necesito saber qué cosas investigó Sasuke, sobre Nashira.

Sakura se pasmó.

—¿Sasuke hizo qué?

—Escucha, ahora mismo no puedo entrar en detalles pero no sé por qué tengo un mal presentimiento.

—Pero no entiendo por qué Sasuke tendría que investigar su vida. Quiero decir, ¿es ella alguien peligroso?

—Shikamaru.

Ambos voltearon y vieron al Uchiha, Sasuke caminó acercándose y miró fijamente al shinobi detectando que algo andaba mal.

—¿Qué ocurre?

—Sasuke, esa vez que fuiste a la aldea del Manantial ¿encontraste algo sobre Nashira?

Sasuke miró en sus recuerdos.

—¿Cariño? —Sakura le buscó la mirada.

—Koharu ha mandado investigarla, necesito saber si hay algo importante sobre ella para evitar que se adelante a esparcir rumores.

—No nos compete hablar sobre Nashira —dijo Sasuke—. Si ella y Kakashi tienen una relación cercana, entonces él ya debería saberlo todo. Si la consejera quiere meterse en chismes y esas cosas, ya son asuntos personales muy ajenos a nosotros.

—En realidad no son tan ajenos —dijo Shikamaru—. Kakashi sensei está a punto de ir a romper su compromiso, tú eres quien lo acompañará.

Sakura los veía a ambos sin entender de qué estaban hablando.

—No sé por qué presiento que las cosas se pondrán feas.

—A ver ¿qué está pasando aquí? —Habló Sakura— ¿Cómo que Kakashi sensei romperá su compromiso? ¿No se casará con la hija del Señor Feudal?

Shikamaru miró a la pelirrosa.

—Kakashi sensei y Nashira, parece que ellos dos tienen una relación sentimental.

Sakura se llevó las manos a la boca, estaba en total shock.

—Por el momento sólo puedo pensar en problemas diplomáticos —dijo Sasuke—, nada que no se pueda solucionar. El país de la Tierra tampoco está en posición de comenzar un conflicto bélico y sinceramente se me hace una estupidez que por cancelar un compromiso, quieran pelear.

—Sasuke —Sakura intervino—, esos hombres, los señores feudales y todos los poderosos... ellos estarían dispuestos a crear disputas por cosas insignificantes. Imagina lo que para un hombre así de rico significa que rompan el compromiso con su única hija, ¿no sería una humillación?

—Sakura tiene razón, dudo mucho que se queden de brazos cruzados y la consejera Koharu sólo está alimentando más el fuego con sus decisiones fuera de lugar.

—En todo caso, ella puede investigar a Nashira si quiere, no hay nada que se pueda cambiar o que pueda afectar la decisión que Kakashi ha tomado.

Shikamaru se cruzó de brazos.

—Si lo dices así de relajado, supongo que no hay nada de qué preocuparse. No debe haber nada relevante en la vida de la novia de Kakashi.

Sasuke cambió la dirección de su mirada y sólo Sakura se dio cuenta.