Capítulo 29.- "Dudas"

El sonido de una gotera haciendo eco con las paredes en una habitación vacía era todo lo que se escuchaba. La textura áspera del suelo al contacto con la piel desnuda y ese ruido como vapor caliente que provocaba escalofríos.

Un brusco empujón y cayó de rodillas al suelo sintiendo ardor al instante. Había varias presencias en aquel lugar, pero no podía ver nada porque sus ojos estaban vendados.

Una voz siniestra fue escuchada detrás de su espalda y le temblaron las piernas y los brazos, a pesar de que estaban bien asegurados.

—¿Sabes que lo que hiciste no estuvo bien?

Sus labios temblaron, ese sonido como de llama en un mechero era cada vez más notorio.

—Tendrás el castigo que mereces, como todos los que son igual que tú.

Los pasos del sujeto fueron hacia un extremo, pudo escucharlo con claridad. Luego sintió una mano en cada uno de sus brazos, su cuerpo fue sostenido con fuerza impidiéndole moverse, eso le agitó el corazón. La desesperación surgió en el momento que oyó de nuevo los pasos del autor de la terrorífica voz, esta vez avanzando más cerca. Podía sentir un calor aproximarse a su espalda, al principio soportable pero a una fracción de segundo entendió de qué se trataba y el terror se apoderó de su mente.

Ahogó un grito de miedo y se enderezó jadeando, estaba agitada y temblando como aquella vez. Se miró las manos para asegurarse de su realidad, una en las que no estaban esas horribles cadenas.

—Fue una pesadilla.

Musitó y miró hacia la ventana, el sol aún no salía. El reloj en la pared indicaba las cinco de la madrugada.

Sintió un roce en su pierna y vio hacia un lado, Kakashi seguía dormido y no se dio cuenta de sus movimientos. Parecía un indefenso niño, su mano acarició la frente del hombre y agradeció haberlo conocido.

Abandonó la cama y se puso su propia ropa; la noche anterior Kakashi le prestó un pantalón para dormir, y le quedaba tan largo que tuvo que remangárselo hasta los tobillos. Terminó de cambiarse y se peinó con los dedos, tomó su bolso que estaba en la sala y sacó su libreta para anotar un recado, luego se fue.

Kakashi despertó a las siete, estiró el brazo para apagar la alarma y con somnolencia se giró para intentar abrazar a Nashira, pero abrió los ojos al no sentir su cuerpo.

—¿Eh? ¿A dónde fue?

Tocó la puerta del baño pero allí no la encontró, después buscó en otra habitación; en la cocina y finalmente fue a la sala donde vio una hoja de papel sobre la mesita. Se inclinó para tomarla y aún con sus ojos cansados intentando enfocar, leyó el texto:

«Me fui temprano. Estuviste manoseándome todo el tiempo y roncaste cerca de mi oreja, es imposible dormir con usted señor Hokage.

Post data. Gracias por el masaje, me refiero al que me diste cuando estabas consciente.»

Kakashi bostezó y se echó en el sofá, se limpió un ojo con su dedo índice y dobló la hoja de papel con cuidado.

—¿La manoseé? ¿Ronqué? —Volvió a bostezar— Ah... Supongo que ahora le debo una disculpa.

Durante el día, Kakashi se hizo cargo de varios asuntos y entre ellos, de uno muy en especial. Estaba contemplando la copia de la llave de su casa y la sonrisa en sus labios no podía ser borrada. Afortunadamente nadie podría ver esa expresión en él ya que su máscara lo impedía.

No pensó que en cierto punto de su trágica vida, encontraría a alguien con quien quisiera pasar sus días y compartir hasta lo más mínimo. Hablar de tonterías y mostrar ese afecto que nunca antes había expresado por alguna persona.

Para Kakashi, ese sentimiento era el de una familia. Algo más cercano que un amigo, algo más parecido al cariño de una madre y más sublime que cualquier aprecio de conocidos. Aunque Nashira no era muy romántica con sus palabras, sus acciones eran suficientes.

Todavía estaba mirando la llave cuando una voz masculina lo hizo bajar de su nube de fantasía para volver a la realidad.

—Sasuke ¿por qué no tocas la puerta?

Kakashi de inmediato guardó la llave en el cajón y vio que el pelinegro había presenciado tal acto.

—Shikamaru me dijo que te acompañaré al país de la Tierra.

—Así es. Nos iremos mañana en la madrugada.

—¿Por qué me elegiste?

—Porque sabes mi secreto.

Sasuke parpadeó lentamente mirando a Kakashi con una mueca de seriedad inexpresiva, provocando en su antiguo maestro una sobrecarga de incomodidad.

—¿Qué? —Inquirió.

—¿Estás seguro que sólo yo sé tu secreto?

—Por supuesto, no he hablado de esto con nadie. ¿A caso ya lo has contado? —Levantó el volumen de su voz.

—Si tu secreto es que estás enamorado de la mujer que era tu asistente, entonces no es un secreto. Todo mundo lo sabe.

Kakashi se turbó y casi se va de lado.

—¡¿Qué?! ¡Es imposible!

—Eres un buen ninja, pero era de suponerse que al final tenías una debilidad con las mujeres.

—¡No tengo nada de eso! Pero... ¿Cómo se han enterado? Yo jamás he-

Sai asomó la cabeza detrás de la puerta y Kakashi se quedó callado mirándolo.

—¿Qué pasa, Sai?

—Señor, tengo los reportes de las últimas misiones.

—Ah, sí. Por favor entrégamelos.

Sai ingresó y le dio la carpeta con los documentos, Kakashi les dio una hojeada rápida y dejó el folder sobre el escritorio.

—Gracias Sai ¿es todo?

—Sí... ¡Ah! —Chistó— Por cierto, respecto a su pregunta del porqué todos sabemos que usted está enamorado de Nashira, es muy fácil. Verá, siempre la mandaba llamar por cualquier cosa, se iban juntos a casa, le compró un regalo por su cumpleaños y le llevó flores azules que según Ino, significan amor eterno. Además, la movió de trabajo para protegerla de la consejera Koharu, y con pretextos de reuniones con el director Iruka, usted va a la Academia a visitarla.

Kakashi se quedó sin habla y Sasuke carraspeó, al fondo se oyó un ave cantando. Sai seguía con su sonrisa y las orejas del Hokage estaban cambiando de color a un tono rojizo.

—Señor, sus orej-

—¡Bien Sai! Gracias por los reportes, ya te puedes retirar —interrumpió Kakashi y vio que Sai iba a hablar de nuevo— Adiós —Sai levantó un dedo para expresarse y Kakashi se adelantó—. Nos vemos, Sai —el muchacho insistió y Kakashi se levantó de la silla y le clavó una fuerte mirada—. Dije: Nos vemos, adiós Sai. Ya te puedes retirar.

Sai volteó con Sasuke y el Uchiha se encogió de hombros.

—Sí, Señor.

No dijo nada más y salió de la oficina. Kakashi exhaló con fuerza como si estuviera aliviando una especie de dolor. Sasuke lo miró y sus ojos fueron hacia una parte de su ropa.

—Él no entiende el significado de la palabra prudencia —se masajeó las sienes.

—Tú tampoco.

—¿Eh?

Sasuke volvió la mirada a Kakashi.

—Quizás lo que Sai quería decirte es que traes la cremallera baja.

Kakashi miró aterrado a su pantalón y con rapidez subió el cierre. Movió sus ojos a todos lados pensando por cuánto tiempo estuvo así y quién lo vio.

—De verdad te has vuelto despistado —Sasuke se dio la media vuelta para irse.

—¡Espera! No te he dicho que puedes irte, todavía no terminamos de hablar.

—Ah, es cierto. Sakura me pidió que te diera un recado.

—¿Qué es?

Sasuke volteó otra vez. Su expresión facial era dura, como si odiara lo que tenía que decir.

—Si el campo está desprotegido, asegúrese de que el espantapájaros lo esté cuidando bien.

Kakashi pestañeó, Sasuke se sintió estúpido.

—¿Uh?

—No sé Kakashi, así me lo dijo. No me quiso decir el significado, dijo que tú lo entenderías.

—¿Que yo lo entendería?

Kakashi vio cómo Sasuke tenía esa cara de frustración por no entender el significado de aquella frase, y aunque él tampoco sabía lo que significaba, quería divertirse un poco con el Uchiha.

—Ah, sí —chocó su puño sobre la palma de su mano— ¡Por supuesto! Haha ya lo entiendo.

Sasuke frunció el ceño.

—Dile a Sakura que la estaca está bien enterrada.

Sasuke arrugó más la frente.

—¿Qué? —Soltó con desprecio.

—Tú sólo dile eso, ella lo va a entender.

—¿Por qué Sakura lo entendería? ¿Tienen algún código secreto?

Kakashi se sentó y se cruzó de brazos.

—Bueno Sasuke, si no te hubieras ido tanto tiempo no te habrías perdido de nada.

No dijo nada más y salió de la oficina azotando la puerta. Kakashi se reía hasta que se quedó meditando en la frase de Sakura.

—¿Qué rayos pasa con ella? ¿Qué significa eso de que el espantapájaros cuide el campo?

(...)

Nashira terminó de entregar unos archivos a los profesores y volvía a por el pasillo, se detuvo al observar que en uno de los salones se estaba llevando a cabo el examen de graduación. Miró con discreción cómo el sensei les pedía que hicieran una técnica como la que Kakashi usaba para aparecer un clon. Los estudiantes pasaban al frente al ser llamados y el mentor hacía anotaciones en un cuaderno.

—Isao Kurosawa —mencionó el sensei y el jovencito se levantó de su lugar para ir donde su profesor le indicó—. Recuerda que debe ser por lo menos un clon de sombras.

—Sí sensei.

Nashira estaba atenta observando las habilidades del hijo mayor de Keito, el muchacho era muy parecido a su madre. Isao concentró su chakra y al hacer su posición de manos logró aparecer dos clones de sombra.

—Bien hecho —dijo el sensei mientras anotaba en una hoja—. Ya te puedes retirar. Mañana temprano entregaré lo resultados del examen y se determinará quién ha podido graduarse.

El muchacho tomó su mochila y salió del salón de clases encontrándose de frente con Nashira, ella no supo cómo reaccionar y sólo hizo una reverencia antes de alejarse y huir hacia la escalera para bajar al primer piso.

Se paró sobre el primer escalón y se sostuvo del barandal imaginando cómo hubiese sido para ella el también haber sido ninja. No era algo que envidiara, pero de cierta forma sentía que el ser distinta a Kakashi en cuanto a fuerza y habilidades de combate, era una barrera que los separaba constantemente.

Odiaba sentir eso, porque lo relacionaba con las palabras de la consejera y su afán por recalcarle que alguien tan importante como el Hokage no podía casarse con cualquier mujer.

—Señorita.

Nashira dio un respingo y miró hacia atrás, allí estaba Isao y la miraba de tal manera que le provocaba angustia creer que le reclamaría algo.

—¿Sí?

El jovencito sostuvo con firmeza los tirantes de su mochila colgada a los hombros.

—Usted ayudó a mi hermano de unos niños malcriados que lo estaban golpeando.

Nashira recordó el suceso: Kakashi lo había llevado a enfermería para que curaran su rodilla. No supo qué contestar y sólo movió la cabeza.

—Gracias.

Se sintió extraña al escuchar eso.

—¿Cómo lo sabes?

—Kuroyi me lo contó. Por algún motivo él siempre que puede me habla de usted, creo que le simpatiza.

Aunque se sintió agradable escuchar aquella confesión, el temor resurgió en Nashira al imaginar que el pequeño Kuroyi se atreviera a mencionar su nombre frente a sus padres. Keito sabía que ella estaba en Konoha y posiblemente también tenía conocimiento de que trabajaba allí, pero dudaba mucho que su mujer se quedara de brazos cruzados permitiéndole estar cerca de los niños.

—Kuroyi es un buen niño —dijo con aparente calma—. Asegúrate de aconsejarlo bien.

No expresó nada más y bajó la escalera para recoger su bolso y marcharse a casa, pues su horario de trabajo había concluído.

Entre el tramo del parque y la arboleda coincidió con Kakashi, que daba la impresión de haberla estado esperando conociendo su trayecto a casa. Su cuerpo recargado en el tronco de un árbol era la pose del típico hombre al que todo le da igual y esa mirada de cansancio, la cual antes le parecía aburrida, era ahora su favorita.

—Sexto Hokage, qué milagro encontrarlo en este lugar. ¿Se perdió en el sendero de la vida?

Kakashi sonrió ante el comentario y se reincorporó sobre sus pies.

—Sí, algo como eso.

—¿Y se puede saber por qué me estás esperando?

Kakashi se metió la mano en el chaleco.

—Quiero disculparme por lo que sea que te haya hecho mientras dormía.

Nashira rió.

—Era broma, no me manoseaste —Kakashi dejó de buscar en su chaleco.

—¿Por qué te fuiste así tan de repente? Pensé que de verdad te habías molestado conmigo.

—Tenía que ir a casa para bañarme y prepararme para ir a trabajar. No puedo presentarme al trabajo con la ropa del día anterior. Además, mi tía Madoka ya es mayor y me preocupa dejarla sola tanto tiempo.

—¿Esa es la razón por la que no quieres vivir conmigo?

—Es una de ellas.

Kakashi levantó una ceja.

—¿Hay más?

—Kakashi ¿qué tanto tiempo ha pasado desde que tú y yo nos hemos confesado? Quizás todo va demasiado rápido y no funcionará.

El Hokage quitó la mano de su chaleco y la puso dentro del bolsillo del pantalón.

—No sabía que para estas cosas uno se tiene que esperar —comentó—. ¿Cuánto tiempo? ¿Seis meses? ¿Un año? Creo que el tiempo es valioso y no hay que desperdiciarlo.

—No me refiero a eso, quiero decir... No nos conocemos lo suficiente, y podría ser que descubras que en verdad no me quieres como lo imaginas.

—Es eso o... tú eres la que teme darse cuenta que no sientes nada por mí.

Nashira resopló.

—¡Yo estoy segura de mis sentimientos!

—Yo también lo estoy —afirmó Kakashi— ¿Entonces por qué pones tantas trabas? ¿Hay algo que no conozca de ti que no me agradará?

Ella se quedó en silencio y tragó saliva. Kakashi ladeó la cabeza como queriendo ver a través de sus expresiones.

—Yo —hizo una pausa—, bueno, no soy alguien importante como tú.

—¿Es eso lo que te tiene tan afligida? Sabes que los cargos no importan, tú eres importante para mí y para tu tía Madoka; también deberías sentirte de ese modo.

Nashira lo miraba a los ojos y no podía dejar de pensar que Kakashi era una persona admirable.

—¿Alguna vez has hecho algo malo de lo que te sientas arrepentido?

Kakashi tuvo varios flashbacks y respiró profundamente.

—Sí. He hecho muchas cosas de las que me he arrepentido.

—¿Pero han sido cosas malas?

—Han sido espantosas. Errores de mi juventud que me costaron muchas lágrimas.

Nashira abrazó su bolso y luego sintió un pellizco en la mejilla.

—¡Kakashi!

—No pongas esa cara, no deberíamos estar hablando de temas tristes. De ahora en adelante hay que procurar que todo sea paz y felicidad.

Sin dar más vueltas, Kakashi sacó la copia de la llave de su casa y la puso en la mano de Nashira sabiendo bien que ella no la tomaría por voluntad propia.

—¿Y esto?

—Te dije que te daría una copia de mi llave.

—No, no —quiso devolverla—, no tienes que hacer esto.

—Déjala —rechazó su mano—. Esta madrugada me iré al país de la Tierra y no estaré aquí varios días, así que si necesitas algo puedes ir y quedarte en la casa.

Nashira se sonrojó.

—¿Po-por qué habría de necesitar algo de tu casa? A menos que quieras que vea tu colección de calzoncillos.

—Puedes verlos si quieres, yo ya he visto los tuyos.

—Cielos Kakashi, eres tan insensible.

Se quedaron callados y la frase del viaje de Kakashi, volvió a hacer eco en la cabeza de la mujer de cabello azul.

—Así que irás a hablar con Kazumi.

—Así es. Tengo que romper este compromiso cuanto antes.

—Pero ¿qué pasa si no puedes hacerlo? ¿Y si esto afecta a Konoha?

—Tranquila, yo sabré ingeniármelas. Tú sólo preocúpate por tu trabajo en la Academia —le dio palmaditas en la cabeza.

—Eres como un abuelito.

—¿Lo dices por el color de mi cabello?

—Lo digo por tu actitud de anciano. Pero está bien, puedo lidiar con eso.

Nashira guardó la llave en su bolso; todavía estaba enfocada en ello cuando sintió las manos de Kakashi sobre sus hombros. Al levantar la vista notó cómo él se acercaba a su rostro, aún con su máscara cubriendo la mitad de la cara y dispuesto a besarla.

Pero el acto romántico se vio interrumpido por causa de una voz masculina que maldijo al fallar en su tiro hacia un cesto de basura.

Nashira y Kakashi se estremecieron cuando le oyeron y voltearon hacia atrás, las manos del peliplata seguían sobre los hombros de la mujer y el sujeto que maldijo estaba parado viéndolos sin decir nada.

Sus ojos color miel se desviaron hacia las manos de Kakashi y éste las apartó un poco tarde. Nashira quitó su mirada del shinobi y se acomodó el tirante del bolso, Kakashi carraspeó. Keito hizo una reverencia en un movimiento torpe y se agachó a recoger el papel para echarlo en la basura, luego se fue.

—Parece ser que nos vio —dijo Nashira y Kakashi buscó en su mirada algún rastro de sentimientos por el shinobi.

—¿Te preocupa que lo haya hecho?

Ella volteó con él.

—No. En realidad no me importa lo que piense.

—Entonces quita esa cara y vamos a mi casa.

Nashira rodó los ojos.

—¿Otra vez con eso? Ya te dije que no voy a tener intimidad contigo.

—Eres la única que piensa en sexo. Nadie lo está mencionando.

—No tienes que decirlo como tal, hay expresiones que lo sugieren y eso es lo que estás haciendo, Kakashi.

—¿Sólo porque te dije que vayamos a mi casa? —Ella se cruzó de brazos y lo aseguró— ¿Entonces si te digo que...? —Kakashi recordó la frase al azar que le dijo a Sasuke para molestarlo— Si te digo que las estaca está bien enterrada ¿cómo lo interpretarías?

Nashira puso una mirada de horror y pasó un dedo por debajo de la nariz.

—Kakashi ¿de dónde sacas esas frases tan sucias? Creí que te bastaba con Icha Icha.

—¿Qué? ¿A caso es algo malo? Sólo se me ha ocurrido.

—Estás insinuando que tienes sexo a diario.

Kakashi abrió mucho los ojos y aunque su máscara ya le cubría la boca, sus manos de igual modo se posicionaron sobre sus labios.

—¡No puede ser! ¡¿Qué hice?!

—¿A quién se lo dijiste?

Kakashi seguía en modo de negación y de pronto se quedó quieto, miró hacia un árbol; sus ojos recorrieron las ramas pero no pudo ver nada.

—¿Kakashi? ¿Está todo bien?

«Estoy casi seguro de haber sentido una presencia»

—¿Hola?

Nashira movió su mano frente a él.

—Sí, sólo creí escuchar algo pero no fue nada.

(...)

Eran las cuatro de la madrugada, Kakashi llegó hasta las puertas de la aldea y vio a Izumo durmiendo en el puesto de control; Kotetsu le metió un codazo para despertarlo cuando se dio cuenta que el Hokage estaba allí.

—¡Señor! —Ambos llevaron una mano a sus frentes.

—Voy a estar fuera unos días, Shikamaru se queda a cargo de todo. Vigilen bien estas puertas.

—¡Sí señor!

—Por cierto ¿dónde está Sasuke?

Kotetsu miró detrás de Kakashi y con su palma le indicó el sitio. Kakashi volteó y encontró a un Sasuke serio mirándolo desde el otro lado de las puertas.

—Ah, con que ya estabas aquí.

—Tengo como media hora esperándote —recriminó—. Dijiste que en la madrugada.

—Todavía es de madrugada —excusó Kakashi—. Ya, no me mires así. Te voy a pagar bien esta misión de escoltar al Hokage.

—Y ¿cuál es el plan? ¿Qué camino tomaremos?

Kakashi sacó un mapa y le mostró.

—Pasaremos por el país de la Hierba y de allí entraremos directamente. Es un camino largo así que hay que apurarnos.

Sasuke suspiró.

—Invocaré a Garuda.

(...)

Había pasado un día desde que Kakashi y Sasuke se marcharon; Shikamaru seguía al tanto de todo y Sai le ayudaba con los trabajos que surgían pero Koharu aprovechó la ausencia del Hokage para intervenir en asuntos políticos con el Señor Feudal del país del Fuego.

Nashira continuó con los entrenamientos de Guy, pero accidentalmente se lastimó un brazo al caer. Rock Lee estaba tan alarmado y Tenten regañó a su compañero y maestro por el acto de imprudencia. Lee se encargó de llevar a Nashira al hospital para ser atendida.

Sakura revisaba el brazo de Nashira y Lee se mordía las uñas mirando con pavor cualquier reacción en los ojos verdes de la kunoichi.

—Es un esguince de codo, la caída te estiró mucho los ligamentos pero por fortuna no se ha roto ninguno —explicó.

—¿Estaré bien? —Cuestionó la mujer con una expresión de dolor.

—Sí, vas a estar bien. Voy a usar mi jutsu médico para desinflamar el área y te sentirás mucho mejor, aunque claro, deberás evitar hacer movimientos bruscos por al menos dos semanas, tampoco cargues cosas pesadas. Voy a colocar una inmovilización parcial en tu codo.

Rock Lee se limpió las lágrimas.

—Kakashi sensei va a matarme.

Sakura lo miró con una sonrisa.

—Debes tener cuidado Lee, Nashira no lleva un entrenamiento tan exagerado y riguroso como al que tú estás acostumbrado.

—Calma —dijo Nashira—, no pasa nada porque me haya lastimado el codo. He pasado por cosas peores —aseguró—, así que quita esa expresión que aquí nadie va a matar a nadie.

Sakura miró el rostro de Nashira y recordó la frase que le mandó decir Kakashi; no pudo evitar reír mientras aplicaba su jutsu en el codo de la mujer.

—Nunca pensé que Kakashi sensei se enamoraría.

El comentario repentino capturó la atención de la paciente, y se quedó viendo hacia el suelo.

—Descuida —Sakura le susurró—, todos lo sabemos así que no debes sentirte apenada.

—Bu-bueno... Yo-

—Pero, si necesitan anticonceptivos sólo tienes que pedirlos. Sé que mi ex sensei es muy insensible a veces y hasta orgulloso, él jamás pisaría el hospital para hacerse de una dotación de suministros y por lo que presume creo que al final van a necesitar muchos.

Nashira se quedó muda, aunque Sakura lo dijo en voz baja para que Lee no oyera, no pudo evitar sentirse avergonzada.

—¿Qué? —Le respondió con el mismo volumen— ¿Anticonceptivos? ¡No! —Movió su cabeza— Nada de eso ha pasado entre nosotros.

Sakura se sorprendió.

—¿Lo dices en serio? Bueno, de todos modos no es de mi incumbencia ¿verdad? Discúlpame por el comentario.

Nashira recordó lo de la estaca y puso los ojos en blanco.

«Ese idiota hablador»

La puerta del consultorio se abrió y Shizune entró echando humo, puso de golpe sobre el escritorio una gran montaña de carpetas.

—¿Pasó algo malo? —Preguntó Sakura.

—Esa consejera siempre metiendo su nariz donde no le corresponde, por eso Lady Tsunade la odia.

Nashira sintió que por fin alguien la comprendía.

—¿Sabes que ahora que el Hokage no está, ella se ha puesto a mover todo? El cargamento de material de curación e instrumentos de operación llegaría hoy, pero la señora no les ha dejado pasar.

—¿Qué? —Sakura terminó de aplicar el jutsu médico y colocó una férula blanda en el codo de Nashira— ¿Por qué hizo eso?

—Porque dice que no hay necesidad de recibir material si no hay heridos. Esto sólo nos cargará costos extras porque el pedido ya estaba hecho.

—Qué mujer tan insoportable. Creí que ya se había retirado.

—Deberías ver la cara de Shikamaru, quién sabe qué otras cosas esté haciendo pero la entrada a la aldea es un caos total.

Nashira continuó escuchando la trágica situación que se estaba viviendo por causa de Koharu y lo mucho que afectaba a la aldea tomar ciertas decisiones. Se interrumpían labores, se paralizaban negocios y todo dependía de las elecciones del Hokage.

Aunque Kakashi le dijo que todo estaría bien, su mente no descansaba pensando en cómo repercutiría que él cancelara su compromiso con Kazumi. Ni siquiera estaba segura de que la felicidad de la que tanto le hablaba, pudiera perdurar.

Kakashi y Sasuke llegaron al país de la Tierra, fueron recibidos por el Tsuchikage y sus shinobis. Kakashi se limitó a explicar el motivo de su visita pero fue el anciano mismo quien le adelantó un poco de lo que se especulaba por aquellos lares: Que oficialmente pediría la mano de Kazumi.

—Es una pena que mi nieta no haya podido ser tu esposa, Kakashi.

El Hokage sonrió por cortesía. Sasuke se quedó unos metros atrás sólo observando.

—Me gustaría reunirme pronto con el Señor Feudal.

—Has tenido un largo viaje, te recomendaría que primero descanses.

—En realidad no tengo mucho tiempo, debo volver pronto a Konoha, estoy cargado de trabajo.

El viejo Ōnoki frunció el ceño.

—¿Estás desairando mi amable ofrecimiento?

—No, no, esa nunca ha sido mi intención —Kakashi movió las manos.

—Bueno, de todos modos creo que es importante que lo sepas —tosió para aclarar su garganta—. El daimio está enfermo, así que tu visita podría ser complicada.

Kakashi se sorprendió por escuchar eso.

—¿Enfermo?

—Es lo que me notificaron, el médico le recomendó guardar reposo así que es probable que no puedas hablar con él.

—Pero ¿de qué se ha enfermado? ¿Cuándo sucedió?

—Hace unos tres días, no se sabe a ciencia cierta qué es lo que le pasa pero no recibe visitas a menos que sean muy importantes.

Sasuke cambió la dirección de su vista hasta posicionarse sobre Kakashi. Lo vio aturdido, como si quisiera encontrar una solución rápida al inconveniente. El Uchiha lo sabía bien, Kakashi se vería imposibilitado de cancelar su compromiso debido el estado de salud actual del poderoso hombre. Cualquier noticia de ese calibre para el enfermo podría ser catastrófica empeorando su salud.

—Señor Hokage —la voz de Kurotsuchi apareció en la sala, todos los hombres voltearon, ella estaba sonriendo con timidez.

—Kurotsuchi, ¿qué haces aquí? Creí que estabas entrenando.

—Lo estaba pero me dijeron que el Sexto Hokage estaba aquí y quise venir a saludar. Qué bueno verlo otra vez.

—Ah... Sí —Kakashi se sobó el cuello—. Disculpa que no haya enviado una carta con respecto a tu retiro de la competencia.

—No hay problema, no hay nada de lo que deba disculparse. Aunque mis esperanzas de ganar eran altas en un principio, desistí por motivos meramente diplomáticos. Pero si alguna vez piensa en divorciarse yo estaré disponib-

—¡Kurotsuchi! —Interrumpió su abuelo— El Hokage viene cansado, vuelve a tu entrenamiento.

Ella hizo un puchero y frunció el ceño.

—Bueno señor Hokage, fue un gusto verlo otra vez. Ahora me retiro.

—El gusto también ha sido mío. Esfuérzate en tu entrenamiento.

Ella alzó el pulgar.

—Si usted lo dice.

Una vez que la nieta del Tsuchikage abandonó la sala, el anciano retomó la conversación.

—¿Aún quieres ir con el daimio?

Kakashi asintió.

—Por eso estoy aquí.

—Bueno, pues supongo que con tu visita se alegrará un poco —Kakashi bajó su mirada—. Le pediré a uno de mis shinobis que los guíen hasta su territorio.

(...)

La mansión del Señor Feudal era todo un espectáculo, rodeada de murallas de piedra y guardias en sus puertas que impedían el acceso a cualquiera.

Kakashi se presentó como el Hokage y luego de unos minutos se confirmó su identidad y se le permitió la entrada. Los jardines estaban secos debido al invierno pero se podía apreciar que durante primavera eran preciosos.

Sasuke y él fueron llevados hasta una sala de espera donde permanecieron un momento antes de que Kazumi cruzara la puerta y apareciera frente a ellos. Hizo una reverencia y luego sus ojos azules vieron a Sasuke que estaba justo a un lado del Hokage.

—Es un honor que usted esté aquí, Kakashi —expresó.

—Oí lo de tu padre, ¿cómo se encuentra?

Ella tenía una expresión de tristeza.

—Ahora está estable, pero el médico dice que debe descansar mucho.

Kakashi asintió.

—Quizás cuando le vea, él se sienta mejor. Después de todo, ha venido para hablar con él ¿no es así?

Kakashi vio a los escoltas de Kazumi.

—Si no te molesta ¿podemos hablar en privado?

Ella miró a sus hombres y les pidió que salieran de la habitación. Kakashi notó que Sasuke se adelantó hacia la puerta para darles espacio y agradeció no tener que pedirle nada.

Cuando se quedaron libres de miradas, Kazumi se acercó para tomar asiento en uno de los sillones color turquesa.

—¿Qué es lo que desea hablar conmigo?

Kakashi tragó saliva y buscó las palabras adecuadas.

—Sobre el compromiso.

Kazumi sonrió.

—Claro, debí imaginarlo. Mi padre está muy emocionado al respecto.

—Bueno,... no es exactamente lo que estás pensando.

—¿Eh?

Kakashi sentía que sería imposible decir aquello sin lastimar a la mujer que con sus ojos brillantes y sus oídos atentos sólo quería escuchar lo que él tenía que decir.

—Kazumi —hubo un silencio—, yo no...

—¿Uhm? —Le buscó la mirada— ¿Qué cosa?

—No puedo casarme contigo.

La sonrisa en los labios de Kazumi se desvaneció.

—Lo siento.

—Disculpe, yo no entiendo —ella hizo un gesto de incomprensibilidad.

—Dije que no me casaré contigo —aclaró y vio en los iris azules de ella, su reflejo.

—Vino hasta este lugar... ¿para decirme esto?

Kakashi asintió.

—Iba a decírtelo antes pero todo conspiró en mi contra y te fuiste de Konoha sin que pudiésemos hablar.

Ella estaba estupefacta.

—Pero, pero ya no hay más competidoras.

—Kazumi, esto no tiene nada que ver con las candidatas o concursos para ver quién se queda con el Hokage —explicó—. Simplemente no puedo hacerlo.

—Señor Kakashi, es que usted no me ha dado la oportunidad de mostrarle mi cariño.

—No se trata de eso, sé que eres una excelente persona y no lo pongo en duda. Esto es personal Kazumi, tarde o temprano alguno de los dos sería muy infeliz.

Ella arrugó la frente y se levantó dándole la espalda para limpiarse los ojos.

—Esto es más doloroso de lo que imaginé —susurró y Kakashi se sintió terrible.

—Lamento que todo esto haya llegado hasta este punto. Desde un principio me vi forzado a ser partícipe de este juego.

—Yo de verdad le quiero —aseguró y miró al hombre—. De verdad.

—Discúlpame.

Kazumi volvió a limpiarse los ojos y suspiró.

—Sé que esto es despiadado de mi parte pero sólo quiero pedirle un favor.

—¿Cuál es?

—No le diga a mi padre de esto. Al menos no todavía, verá... él está delicado de salud y una noticia así —sus mejillas se humedecieron y Kakashi pudo ver con claridad sus lágrimas—... No quiero que le pase algo malo por mi culpa. Sólo quiero que mejore de salud y entonces, yo hablaré con él para explicarle todo.

—No es tu culpa Kazumi, esta decisión no tiene nada qué ver contigo.

—Por favor —se arrodilló, Kakashi se quedó impactado y se apresuró a intentar levantarla—. Por favor no se niegue al matrimonio todavía, vamos a fingir que todo está bien y yo le diré después que no nos casaremos.

—Levántate, no debes arrodillarte ante mí.

—Sólo lo haré si usted acepta mi propuesta —lloró poniendo de nervios a Kakashi.

—Kazumi, levántate... ¡Está bien, no le diré nada!

Ella sollozó y permitió que Kakashi la pusiera sobre sus pies.

—Gracias señor Hokage.

—Aún así, me gustaría ver a tu padre, si es posible.

Ella asintió.

—Le indicaré el camino.

Kakashi miró hacia el techo y respiró con resignación, salir de aquel embrollo sería más complicado de lo que pensó.

La mujer lo guió hasta una lujosa habitación donde dos guardias vigilaban la puerta. Ellos se hicieron a un lado cuando Kazumi apareció y abrieron la puerta permitiéndole ingresar; Kakashi iba justo detrás de ella.

La habitación era grande y espaciosa, tenía adornos brillantes y un espejo enorme en una esquina. En la cama se encontraba sentado el anciano, que al verlos sonrió con debilidad. Una enfermera le había suministrado un medicamento, luego hizo una reverencia y abandonó el lugar.

—Papá, el Sexto Hokage ha venido a verte.

El hombre movió su cabeza con aprobación y Kakashi se inclinó para saludar con cortesía.

—Gracias por venir hasta acá. Es usted un gran hombre.

—Espero que su salud mejore pronto.

El anciano miró a su hija y achicó los ojos para enfocarla.

—¿Has estado llorando?

Ella se sobresaltó.

—No, bueno... Ha sido la emoción por ver al Sexto —mintió.

—El amor en los jóvenes es así de profundo —se dijo a sí mismo el Señor Feudal y Kakashi miró de reojo a Kazumi.

—Si no es mucha indiscreción ¿puedo saber qué le sucedió? —Cuestionó Kakashi.

—He querido mantenerlo en secreto por nuestra propia seguridad pero usted es alguien en quien confío —dijo con una voz apagada por el cansancio—. Hace unos días un grupo de criminales logró infiltrarse a la mansión, ellos tenían el objetivo de secuestrar a mi hija. Los guardias se enfrentaron a ellos, pero uno de los maleantes casi consigue tocar a Kazumi por lo que me interpuse y fui herido con un arma envenenada.

Kakashi escuchaba atento a la historia y veía que el anciano lucía severamente preocupado.

—¿Lograron capturar a los agresores?

—Por desgracia escaparon, aún temo por el bienestar de Kazumi —ella puso su mano sobre el dorso de la mano de su padre—. Han amenazado con volver y no estamos en condiciones para afrontarlo, ellos no parecían ser personas normales.

—¿Ha hablado de este ataque con el Tsuchikage?

—Ahora mismo no serviría de nada, no subestimo a los ninjas de mi país pero es de conocimiento general que los mejores shinobis son los de la tierra del Fuego.

—¿Qué está sugiriendo?

—Sexto Hokage, por favor llévese a mi hija con usted.

Kakashi abrió los ojos con asombro ante la petición.

—Sólo con usted ella estará segura.