El teniente caminaba por el patio central sujetando a dos niñas de los brazos, una a cada lado, mientras una trataba de zafarse de su agarre, la otra caminaba resignada como presintiendo su castigo; llegó a la puerta del palacio, donde entregó a la joven morena a la acompañante de la reina, después de dedicarle una mirada seria, se dio media vuelta y se dirigió hacia el costado izquierdo del edificio acompañando de la joven de cabello castaño. Natsuki miraba con culpa como la niña que no había hecho nada más que tropezar con ella era llevada muy seguramente a recibir su castigo, aunque no podía entender como el teniente Sergei castigaría a un inocente, si lo que más quería era reprenderla a ella misma por cuatro desesperantes meses que ha vivido; mientras ve como se aleja, la joven castaña voltea sobre su hombro y con unos ojos carmesí realmente extraños sintió una su fría mirada atravesar hasta los más profundo de ella misma.

- Vez lo que has provocado, ahora alguien más tiene que pagar por tus berrinches – Natsuki solo trago saliva al recordar lo severo que puede ser el teniente Sergei, si lo era con ella no podía imaginar cómo sería con extraños. – Vamos, entremos que tu madre quiere verte. –

- Ella no es mi madre – dijo en un susurro.

Un par de horas después de haber recibido su reprimenda, la joven princesa caminaba por un pasillo del primer nivel del ala este mientras refunfuñaba sobre el castigo que le habían dado cuando decidió asomarse por una de las ventanas que daba hacia una pequeña área descubierta, al bajar la mirada de percato que en aquel lugar había una pequeña casa junto a unos establos.

- No recuerdo esta parte del castillo, pensé que ya lo había recorrido todo – se dijo para sí la morena.

Mientras examinaba aquel lugar nuevo se percató que había alguien en los establos, alguien estaba dando de comer a los caballos que ahí se encontraban; la curiosidad fue más grande por lo que se acercó más a la ventana para distinguir de quien se trataba, por la posición alta en que se encontraba no lograba ver bien, solo podía ver como se movía la paja con lo que parecía un trinche; así estuvo por varios minutos hasta que la persona en el establo se detuvo, sintiendo la mirada de alguien, salió lentamente inspeccionando a su alrededor para ver de quien se trataba, hasta que dirigió su mirada hacia las ventanas del castillo, ahí logro observar la silueta de alguien que se escondió tras la pared al percatarse que había sido descubierto.

Al volverse a encontrar con esos ojos intrigantes, la joven princesa sintió un escalofrío recorrer su espalda, no pudo soportar los pocos segundos esa mirada por lo que tuvo que esconderse detrás del muro de piedra.

- Pero ¿Qué fue eso? Fue lo mismo que paso hace unas horas, su mirada es muy fría… y triste. –

Pasaron un par de minutos hasta que Natsuki decidió salir de su escondite, pero para su sorpresa la castaña ya se había retirado del lugar.

Una extraña sensación permanecía en el pecho de la morena y la imagen de esos ojos no podía dejar su cabeza.

- Necesito descifrar que es este sensación que siento en mi pecho y creo que esa niña tiene la respuesta – frunció el ceño y se retiró a su habitación por el resto del día tratando de hacer a un lado lo que había pasado.

Al día siguiente, esa sensación había mitigado las ganas de salir huyendo de cada una de las clases que su madre le había impuesto, fue tanta su distracción que lo único que obtuvo en cada ocasión fue un duro regaño por parte de sus maestros.

- ¿Qué tienes? – pregunto su madre preocupada, pues no había probado bocado alguno.

Era la hora de la comida, se encontraban en el comedor principal, una larga mesa al centro del salón y madre e hija son las únicas que se encuentran en el enorme lugar.

- Eh… nada… solo estaba pensado –

- En qué piensas, si puedo saber –

- Sobre lo que paso ayer –

- ¿Te sientes mal por lo ocurrido? –

- Bueno en realidad no sé lo que siento, no sabría describir esta sensación, jamás había sentido algo así – Natsuki solo movía en círculos la cuchara en su sopa ya fría.

- Vaya, no creí que los eventos pasados que afectaran tanto, pero si te molestan tanto creo que deberías ir directo a la fuente del problema, tal vez podrías empezar disculpándote con la joven – Natsuki solo dejo caer el cubierto sobre el plato sorprendida por lo que sabía su madre.

- Esa Akane, está en todo, no me deja ni respirar – pensó la morena.

- Te equivocas, no fue Akane quien me dijo, yo lo vi todo. –

Horas más tarde, la joven se decidió a ofrecer sus disculpas, después de perderse por algunos instantes llegó a los establos que había visto el día anterior, permaneció en el pasillo observando con detenimiento a su alrededor para detectar su objetivo, pero pareciera que esta vez no se encontraba cerca, tal vez ese había sido su castigo, ¿porque pensó que la castaña estaría en ese lugar una vez más?, tal vez ya se encontraba en su hogar, lejos del castillo para no meterse en más problemas, pero entonces ¿porque estaba dentro del área del castillo?, ¿qué estaba haciendo con ese cubo de agua? Aun así debía disculparse, tendría que buscarla en el poblado.

- ¿Puedo ayudarla en algo su majestad? – una voz a su derecha la saco de sus cavilaciones provocando que diera un pequeño salto hacia atrás y tomara una posición de defensa, después de unos segundos en los que trataba de asimilar lo que estaba viendo respondió.

- ¿Qué? –

- Que si desea que la ayude en algo, parecía que estaba buscando algo o esperando a alguien –

- No yo solo… yo estaba… disculpa ¿me dijiste "su majestad"? – relajó su pose anterior.

- Así es, usted es la princesa perdida, o ¿me equivoco?, esa es la forma en que me debo de dirigir hacia usted o cualquiera de la realeza –

- Eh… en realidad no es necesaria tanto formalidad –

- Entiendo… ¿desea que le ayude con algo? –

- ¿Qué? No, yo solo vine a disculparme contigo –

- ¿disculparse conmigo? –

- Si, por lo ocurrido ayer, temo que mis acciones hayan provocado problemas con el teniente Sergei, no debió ser de esa forma, en realidad no sé porque te arrastre conmigo hacia el pueblo, así que vine a ofrecerte mis disculpas –

- Sus acciones no han provocado problema alguno con mi Padre, su majestad –

Debieron pasar algunos segundos en los que la morena tuvo que procesar la información que acababa de recibir.

- Disculpa, ¿dijiste "mi Padre"? –

- Así es, el teniente Sergei es mi padre –

En la mente de la joven princesa no cabía la idea de que el gruñón, quejumbroso y antipático teniente Sergei tuviera familia, y mucho menos que su descendiente fuera muy hermosa. Mientras trataba de asimilar dicha afirmación, la joven morena trataba de articular palabra alguna pero el sonido no escapaba de su boca. La joven castaña frente a ella observaba divertida los gestos que la joven princesa hacia.

- Disculpa mi comportamiento, es solo que no sabía que el teniente tuviera familia – el militar era demasiado reservado en lo que respecta su vida privada, no es que tuviera que contarle a cuanta persona se tapara que tenía una hija.

- No tenga cuidado su Majestad –

- Podrías dejar de usar los honoríficos, no es necesario que los uses conmigo –

- Como usted diga su Ma… lo que usted diga –

- Mi nombre es Natsuki – la morena extendió su mano derecha para estrechar la mano de su contraparte, un poco confundida, la castaña accedió al gesto y tomo la mano ofrecida.

- Mi nombre es Shizuru, un placer conocerla –

Después de unos momentos de silencio, la morena intento continuar con la conversación.

- Y ¿Qué es lo que haces aquí, en este lugar tan retirado? ¿Por qué no te he visto en el interior del castillo? – una pregunta difícil de contestar, la castaña dio un paso hacia atrás y sujetó con fuerza su vestido, esasituación se había vuelto incomoda.

- Lo lamento su Majestad, no debo hablar de eso, si me disculpa debo ir hacer mis deberes – de dar oportunidad a una respuesta, la joven se inclino un poco en señal de respeto y se dirigió a paso veloz hacia los establos que se encontraban cerca.

- ¡Espera! – la morena intento sujetar a la castaña por el brazo pero justo en ese instante escucho llamar su nombre, lo que la distrajo lo suficiente para perder su objetivo, volteo para ver el origen de la voz que la llamaba y logro divisar que se trataba de Akane, dudo por unos segundos si ir tras la castaña o hacer caso a su llamado, le intrigaba la niña de ojos rojos que había conocido, pero sabía que si no hacía caso y regresaba con Akane la reprimenda sería muy severa, así que con mucho pesar regreso por el pasillo hasta donde se encontraba la asistente de su madre.

Pasaron los días y la morena estaba más distraída de lo normal, a pesar de los molestos que pudieran llegar a ser los sermones de sus maestros como en ocasiones pasadas, esta vez los ignoraba por completo, realmente estaba intrigada por la misteriosa niña de ojos carmesí que había encontrado en el propio palacio, ¿que otros misterios podría descubrir dentro de esos muros de piedra? ¿Por qué no pudo responder a su pregunta? ¿Por qué el teniente le había prohibido hablar de eso? ¿Realmente el teniente Sergei es su padre? Eran preguntas que no la dejaban conciliar el sueño.

Su comportamiento no fue ignorado por su madre, debía ser algo muy importante para afectarla de tal manera, sin embargo debía ser cautelosa al tratar el tema, su relación había empezado de forma turbulenta y no había mejorado mucho en esos meses que habían transcurrido.

- ¿Hay algo de lo que te gustaría hablar? Has estado muy distraída estos últimos días –

- Lo siento – respondió sin energía en su voz

- Sabes que puedes contarme lo que quieras, quiero que te sientas cómoda en el castillo, no quiero que sientas que estoy tratando de sustituir tu hogar, lo único que quiero es… -

- ¿el teniente Sergei tiene familia? –

- Perdón, ¿Qué dijiste? –

- Que si el teniente tiene familia –

- ¿Porque preguntas eso? –

- El otro día que me iba a disculpar con la niña con la que choque en mi escape, bueno, estaba molestas por la reprimenda que me habían dado así que vague por el castillo, de alguna forma fui a dar a un área del castillo que no había explorado del castillo, alejada de las áreas comunes, fue ahí donde la vi, a la niña, estaba dando de comer a unos hermosos caballos, muy diferentes a los que tienen en las caballerizas, le ofrecí mis disculpas y ella las acepto, sin embargo me intrigo el hecho que no la había visto en el castillo y aun así aquí la encontré, le pregunte qué era lo que hacía en ese lugar, pero evadió mi pregunta, se disculpo y me dijo que no tenia permitido hablar de eso –

- Ya veo –

- Digo, porque un padre trataría así a sus hijos, porque le prohibió hablar, ¿porque la mantiene alejada del resto del castillo? – conforme continuaba, la molestia en su voz se había presente hasta el punto de casi gritar.

- Ya veo – fue lo único que pudo formular su madre. Después de unos segundos de meditar, prosiguió –la situación del teniente Serguei es un poco delicada y no me corresponde adentrarme en dicho tema.

- ¿no puedes intervenir en esta situación? –

- Me temo que no, esto es algo que él mismo debe decidir compartirlo o no –

- Entiendo "entonces de que sirve ser la princesa si no hacer lo que quieras" – pensó la joven morena.

- Pero puedo darte un consejo – los ojos de Natsuki desprendieron un ligero brillo de esperanza – tu eres la primera que ha logrado acercarse a su hija, incluso intercambiar algunas palabras, ¿Por qué no te ganas su confianza? Conviértete en su amiga y estoy segura que sabrá como recompensar esa amistad y tal vez puedas conocer esa historia que esconden tanto –

Natsuki sonrió cabiendo que era una excelente idea; dos cosas eran ciertas, podría sosegar su curiosidad y al fin podría tener una amiga en ese nuevo lugar, alguien con quien pudiera platicar y hacer llevadera su estancia en el castillo.

Al día siguiente se encontraba en el mismo pasillo a la misma hora, observando con atención el establo, sin embargo en esta ocasión no veía ningún movimiento; decidió adentrarse más a ese terreno, así que se acerco pero sin ningún resultado; cuando estuvo a punto de retirarse, sintió una presencia a su espalda, por instinto giro su cuerpo y dio un paso hacia atrás; ahí estaba ella, la castaña, la que sería su futura amiga.

- Por favor no hagas eso – le replico la morena con una mano en su pecho por el susto que le había generado.

- ¿hacer que su majestad? –

- Eso, aparecer sin hacer ruido, casi me matas del susto –

- Lo siento su alteza, no volverá a pasar –

- Te dije que no me llamaras así, tengo un nombre –

- Lo lamento su al… lo siento, no volverá a ocurrir – dijo la castaña con una pequeña reverencia – pero si me disculpa tengo que seguir con mis actividades diarias –

La princesa se confundió un poco por la actitud indiferente de la castaña, muy diferente a su actitud divertida de la ocasión pasada.

- Vine a platicar contigo, me gustaría ser tu amiga – la castaña se detuvo en sus pasos.

- Será mejor que desista su alteza, no es una buena idea –

- ¿Por qué lo dices? ¿Tu padre te dijo que no lo hicieras? ¿Por qué no te deja tener amigos? ¿Por qué estás sola en este lugar? –

- No puedo hablar de eso, debería retirarse, es lo mejor, alguien como usted debe estar muy ocupada, no debería involucrarse con alguien como yo – dicho esto, la castaña continúo con su camino y continúo con sus tareas diarias en los establos.

Confundida y un poco irritada por su comportamiento y comentarios, Natsuki respondió.

- Eres como yo, estás sola, pero eso va a cambiar, no soy de las personas que abandonan lo que quieren y veras que tu y yo seremos grandes amigas, así tenga que hablar con tu padre – dio media vuelta y se retiro a paso veloz, sin ver como la joven de ojos rojos la observaba con una sonrisa sincera.


ÉPOCA ACTUAL

- Vaya, vaya, no pensé que me extrañabas tanto – dijo una voz femenina detrás de ella.

Natsuki volteo hacia el origen de la voz y sin tiempo en pensar en su acciones se abalanzó contra la dueña de esa voz, tomo con ambas manos el cuello de las ropas que traía y la levanto del suelo lo suficiente para aventarla contra el tronco de un árbol cercano.

- ¡Dime que es lo que está pasando, que me está pasando! – grito con gran furia la morena.

- Ara, sé que me quieres mucho pero no es necesaria tanto afecto – la extraña joven de ojos color violeta la veía con cierta diversión. –pero aun cuando yo también te quiero mucho, esta no es forma de tratar a una deidad –

De pronto Natsuki comenzó a perder su fuerza, sus rodillas comenzaron a fallar, su agarre comenzó a ceder, no tuvo más opción que caer de rodillas frente a la pelirroja, pareciera como si un enorme peso comenzara a caer sobre sus hombros hasta que quedo de frente al mismo suelo sin poder levantarse por mas esfuerzo que hiciera.

- Ya te lo había dicho, no puedes levantar tu mano en contra mía, aun cuando lo mereciera. – la extraña joven se arrodillo frente a ella y la toco en el hombro, con eso la extraña fuerza que empujaba a la morena contra el suelo desapareció y por fin pudo poco a poco estabilizar su respiración.

- Solo quiero saber qué es lo que me está pasando, porque esta sensación, porque llegan a mi mente imágenes de sucesos que jamás he vivido – decía entre jadeo y jadeo – solo de algo estoy segura y es que tú tienes las respuesta a todo esto – volteo a verla con un brillo de ira en su mirar esmeralda.

- No puedo decirte nada, tengo prohibido hacerlo, es parte de las leyes. –

- A pesar de tu divinidad, ¿hay leyes que están encima de ti? No lo entiendo –

- el universo es basto y misterioso, ustedes los humanos necesitarían mil vidas para empezar a comprenderlo –

- Yo ya casi no soy humana, con cada día que pasa la oscuridad se carcome mi corazón y mi cordura –

- Debes resistir, ya estás muy cerca de cumplir tu misión, cuando lo hagas todo se aclarara – la pelirroja se arrodillo a su lado y trato de colocar su mano izquierda sobre el hombro de la morena en señal de apoyo – Yo estaré contigo hasta el final –

- ¡No me toques! – Natsuki golpeo su mano en señal de rechazo, perdiendo el equilibrio y cayendo sobre su espalda al darse la media vuelta. – Ya has hecho suficiente, tú y tu especie – La pelirroja se levanto indignada viéndola por la rabadilla de su ojo.

- En realidad ha sido culpa de las dos –

De pronto se escuchas los pasos de alguien rompiendo las ramas de los árboles y las hojas secas que se encuentran en el suelo, las dos voltean hacia el origen del ruido y ven que no es nadie más que Nina; la más joven sorprendida por lo que está viendo se arrodilla en señal de respeto.

- No es necesaria tu reverencia jovencita, puedes levantarte – dijo la pelirroja – ayúdala a levantarse – La más joven levanto su mirada y la redirigió hacia Natsuki, que yacía sobre el suelo con la respiración agitada, se levanto veloz y tomo por el brazo y el hombro a la morena.

- Me retiro –

- ¿Cumplirás tu promesa? – dijo la morena mientras era sostenida por Nina – Cuando todo esto termine, ¿Cumplirás tu promesa? –

- Yo estaré cerca, hasta ese día –

Se vieron fijamente unos segundos hasta que otro ruido las distrajo, las tres voltearon hacia el origen, pero al regresar la mirada hacia su objetivo anterior, este había desaparecido.

- ¡Natsuki! – volvieron a escuchar y las dos morenas regresaron si vista de nuevo hacia el origen del ruido, segundos después aparece ante ellas Shizuru, su semblante denotaba preocupación – Por fin las encuentro –

- Shizuru ¿Qué haces aquí? –

- Me preocupe por ti, te veías molestas después de nuestra pequeña practica y ahora parece que no te sientes bien –

- Estoy bien, no te preocupes por mi – al notar su pose encorvada siendo sujetada por su compañera de viajes, se reincorporo y echo sus hombros hacia atrás, tomando una postura más erguida - deberías regresar con tu abuela, debe estar preocupada –

- ¿Por qué haces esto? – Natsuki se disponía a irse cuando escucho esas palabras.

- ¿hago qué? –

- Te alejas, huyes de quienes se quieren acercar a ti – el semblante de la castaña se había tornado un poco molesto, enfocando su mirada en la joven de ojos color miel. Nina sintió ese malestar dirigido hacia ella pero no supo qué hacer, si disculparse, intervenir o simplemente salir corriendo.

- Yo no huyo de nadie y mucho menos de ti pequeña – le respondió con un aire de superioridad.

- Estas haciendo lo mismo que aquella vez –

- ¿Cómo dices? –

- Tal vez hayan pasado muchos años pero lo recuerdo, cuando te conocí – la morena se dio la vuelta por completa para estar frente a frente con la castaña –cuando llegaste a la casa, tenias el mismo semblante que tienes ahora, alguien triste, desesperada, solitaria y también nos evitabas, a menos que fuera la abuela –

- Las cosas cambian –

- Si, las cosas cambian, pero tú no lo has hecho, y como aquella ocasión, te prometo que voy a traspasar esas paredes que has construido a tu alrededor –

- No deberías hacer promesas que no podrás cumplir –

- Te olvidas que yo siempre obtengo lo que quiero – dicho esto, la castaña dio me día vuelta y se marcho a paso veloz.

Natsuki por su lado solo hizo una mueca de molestia y se marcho en sentido contrario; Nina por su parte se quedo en el mismo lugar viendo a ambas mujeres retirarse y tratar de decidir qué hacer a continuación.

La abuela Kaede aun permanecía en su asiento disfrutando del hermoso paisaje, se sentía revitalizada con cada respiro, su nieta se había despedido para retirarse a su habitación, todo parecía en completa calma cuando apareció en escena una castaña muy molesta, caminaba a paso veloz mientras hablaba para sí misma, tal era su enfado que no se daba cuenta de quien la observaba.

- ¡Shizuru! – hablo la anciana en un todo alta para que pudiera escucharla - ¡ven aquí querida! – la joven se detuvo en sus pasos sorprendida por el hecho que su abuela tuviera que gritarle para llamar su atención.

- Ya voy – respondió apenada, jamás en su corta vida se había sentido tan molesta como para olvidarse del resto del mundo que la rodeaba.

- ¿Qué es lo que te pasa? – pregunto la anciana una vez que su nieta había llegado a su lado – jamás te había visto tan fastidiada, ¿te sucedió algo? – la mujer mayor coloco sus manos sobra las de su sobrina y las apretó con fuerza.

- No es nada abuela – mintió.

- Sabes que puedes contarme lo que sea, jamás hemos tenido secretos, no empecemos ahora – la castaña la miro con resignación.

- Es solo – hizo una pausa – creí que sería distinto, que le agradaría verme y saber lo que había pasado estos años –

- Te refieres a Natsuki –

- Pero parece como hace 10 años cuando llego aquí, reservada, fría, indiferente, solo contigo se comporta diferente y eso me molesta, creí haber dejado algo en ella, ni siquiera el hecho que me preocupo por ella a pesar de solo ser una conocida. –

- Bueno cariño, hay personas que en un instante te pueden cambiar la vida, además han pasado 10 años, todo puede pasar en ese tiempo –

- Supongo –

- Tal vez solo necesitar hacerle recordar esos momentos que pasaban juntas; ahora que lo pienso, me sorprende que lo recuerdes, eras muy pequeña. –

- Bueno… dicen que cuando algo te impacta a tal grado lo puedes recordar sin mucho esfuerzo, supongo que algo hizo para que fuera tan importante –

- Puede ser querida – pasaron unos segundos en silencia hasta que Shizuru continuo.

- Abuela, ¿Por qué se tienen tanta confianza?, pareciera que se conocen de años. –

- Mi pequeña, es difícil explicar nuestra relación – al ver la decepción en esos ojos Camín prosiguió – pero algo si te puedo decir, Natsuki es una buena persona, muy en su interior es comprensiva, amable y noble, lo que ves es lo que quiere que veas, es lo que proyecta, pero si eres lo bastante astuta y paciente para penetrar esos muros que ha construido te darás cuenta de ello –

- Lo sé abuela, algo dentro de mi me dice que me necesita –

- Aunque no lo parece, ella es frágil y nos necesitara a su lado en algún momento – lo que la mujer quería decir es que Shizuru debería estar a su lado para lo que está por venir.

- Ay abuela, que haría yo sin ti, siempre sabes que decir – la castaña la abrazo con fuerza mientras cerraba los ojos para grabar ese momento en su memoria.

A pesar del momento, la anciana Kaede sabía que no podría estar cuando eso sucediera, sus días estaban contados, lo único que podía hacer es cumplir con su destino.

- No te preocupes Shizuru, tengo un buen presentimiento – la anciana le dedico la mejor sonrisa que podía al decir estar palabras.

Ya había oscurecido, en lo alto se alzaba la luna imponente sobre la ciudad, vigilante silenciosa.

En la cima del monte, lejos de la mansión, en la punta de una escarpada quebrada, recargada sobre el tronco de un enorme abedul, se encontraba la morena, contemplando el gigantesco astro en el firmamento, opacando todas las estrellas que se esforzaban por ser apreciadas. Ausente del mundo a su alrededor, no se percato del intruso que se acercaba rápidamente, solo hasta que se encontraba algunos pasos de distanciadesvió su mirada esperando al curioso.

- ¿Qué sucede Nina? –

- ¡Natsuki! – dijo exaltada – ¡por fin te encuentro! –

- ¿Qué sucede? Pareciera que llevas horas buscándome –

- ¡llevo horas buscándote! – hizo una pausa para jalas aire – desapareciste sin decir nada, todos están preocupados –

- No tienen porque preocuparse, saben muy bien que soy así, desaparezco cuando menos lo esperan –

- No todos conocen tus hábitos, y sabes muy bien a que me refiero – al entender estas palabras, Natsuki volvió su mirada hacia el horizonte.

- No debería preocuparse por mi –

- Tal vez deberías decírselo en la cara y no esperar a que lo deduzca –

- ¿te encuentras bien? – pregunto la morena al sentir la irritación en la voz de su compañera, se levanto de su lugar y se puso frente a ella –te siento un poco molesta –

- Bueno, creo que todos tienen un límite y yo estoy llegando al mío –

- ¿a qué te refieres? –

- A nada… en fin ya te encontré y te hice llegar el mensaje, ahora me retiro –

Perpleja por lo ocurrido, la morena no supo cómo reaccionar y simplemente se quedo de pie viendo como su compañera de viajes de internaba de nuevo en el bosque.

- ¿Qué acaba de ocurrir? –

Era media noche, la residencia estaba completamente oscura y en completo silencio, en el primer piso, en el pasillo que dirigía a las habitaciones se encontraba la castaña en pijama sentada en el suelo, recargada sobre la puerta de su habitación, esperando. Comenzaba a dormita cuando escucho unos pasos provenientes del pasillo de la parte trasera de la residencia, levanto su mirada y vio como una sombra se acercaba a ella; al darse cuenta de que alguien estaba presente se detuvo en el acto.

Shizuru se levantó de su lugar y sacudió sus ropas antes de dirigirle sus siguientes palabras.

- ¿Qué haces? Deberías estar dormida ya – dijo la sombra - ¿me vas a dar otro sermón? Al parecer hoy no fue mi día, todos los han hecho, si es así mejor ahorra saliva –

- No estaba mintiendo en lo que te dije antes, yo a lograr entrar en ese corazón tuyo, de una u otra forma – se veía una gran determinación en sus ojos – buenas noches –

- Deberías rendirte Shizuru, ya no hay nada que puedas salvar – la castaña se detuvo antes de tocar el picaporte de la puerta.

- Sabes que yo nunca me rindo – volteo a verla con una mirada desafiante – esto es una promesa – algo en su mirada hizo que la morena diera un paso hacia atrás, después de esto la castaña entro a su alcoba y cerró la puerta con delicadeza.

Natsuki permaneció en ese lugar por alguno segundos tratando de comprender esa sensación que esa niña le hacía sentir, esa sensación que ya había sentido antes, mucho antes, pero no recordaba donde o cuando. ¿Qué era esa calidez? ¿Por qué solo la sentía en su presencia? ¿Por qué a pesar de sentirse bien la aterraba a la vez? ¿Por qué no quería que se alejara pero a la vez sabía que era más prudente mantenerla lejos? ¿Por qué?

Los siguientes días fueron muy frustrantes para Shizuru ya que la morena hizo todo lo posible para evitar el contacto con ella, ya fuese que se levantara en la madrugada para perderse en el inmenso bosque todo el día o permanecer al lado de la abuela platicando con ella durante horas y horas. La única actividad que podría distraerla era practicar artes marciales en el gimnasio de la casa, pero aun así esa morena testaruda lograba colarse en sus pensamientos.

Esta situación no paso desapercibido por la abuela Kaede, sabía que tenía que hacer algo antes de que partiera de ese mundo, así que ideo una estrategia que les permitiría a esas dos pasar tiempo juntas y arreglar sus diferencias.

- ¡¿Qué voy a ser qué?! –

- Ya lo escuchaste, la próxima semana mi nieta regresa a clases y necesito que alguien este al pendiente – ambas mujeres se encontraban en el gran estudio.

- Pero ¿Por qué yo? Estoy segura que a Nina no le importaría ayudarte –

- Porque eres fuerte, astuta, decidida, tienes un aire intimidante, perfecto para evitar que cualquiera se le acerque, y porque lo prometiste –

- Si te prometí que te ayudaría pero no mencionaste nada de esto –

- Además a Nina le propuse otro trabajo que acepto sin basilar, esa niña es muy inteligente –

- ¿Me estas escuchando si quiera? –

- Si te estoy escuchando, pero he decidido ignorarte –

- ¿Qué? –

- Por favor, hazlo como un favor a esta pobre anciana en sus últimos días –

- Oye eso es jugar sucio –

- Entonces ¿estás de acuerdo? – la expresión de la morena había cambiado de molestia a resignación, por extraño que pareciera, nunca podía decirle que no a la abuela Kaede

- Supongo que no tengo de otra, lo haré –

- ¡Perfecto! A partir de ahora eres oficialmente guardaespaldas de mi nieta – la anciana abrazo con fuerza a la morena.

- A partir de ahora soy guardaespaldas de Shizuru – Natsuki dirigió su vista hacia el gran ventanal del estudio con una mirada de resignación.