Capítulo 30.- "Traición"

Nashira miraba con asombro el caos dentro de la Torre del Hokage. Minutos antes, Iruka le había pedido que llevara unos documentos para que cuando Kakashi volviera, los revisara sin atrasos; pero no se imaginó que en su ausencia las cosas se pondrían tan mal.

Shikamaru estaba harto, con unas enormes ojeras que casi gritaban que no durmió toda la noche. La anciana consejera había provocado un sinfín de problemas en tan pocos días y se rehusaba a dejar a Shikamaru tomar decisiones.

Sai estaba en las puertas de Konoha ayudando a Kotetsu e Izumo quienes no se daban abasto con el control de entradas. Koharu había rechazado el ingreso de algunos proveedores simplemente porque según sus intuiciones, eran gastos innecesarios.

Sin el control y autoridad de Kakashi, se desencadenaron una serie de tragedias que mantenían a todos estresados y hasta irritados.

No hizo mucho ruido cuando fue a dejar los papeles sobre el escritorio, sólo vio de reojo cómo el pelinegro seguía hablando un hombre que sostenía una cámara fotográfica sobre su pecho.

—Por el momento no se pueden autorizar reportajes ni entrevistas —explicó Shikamaru al hombre—. Cuando el Hokage regrese, podremos revisar eso con calma.

—Sólo les pido que lo consideren. Mantener al pueblo informado del trabajo de los ninjas para resguardar a sus habitantes sería fantástico.

Genma abrió la puerta de la oficina interrumpiendo aquella conversación, para Shikamaru resultaba incluso más interesante ver al shinobi a tener que tratar con el testarudo periodista.

—Cuando te desocupes, ven inmediatamente y trae el mapa contigo.

—No lo tengo, el Sexto lo ha guardado.

Genma hizo un gesto de desesperación.

—Aún así vienes, Ibiki quiere hablar con nosotros.

Shikamaru resolló y sus cansados ojos miraron a Nashira, ella se despidió moviendo su mano en el aire y él asintió.

Habían pasado varios días desde que Kakashi y Sasuke partieron al país de la Tierra y para Nashira, era como una eternidad.

Todas las noches contemplaba la llave que le entregó Kakashi y se cuestionaba si su felicidad podría ser una realidad y si la disfrutaría abiertamente sin tener que temer las consecuencias de ello.

Una tarde a la hora de salida de su trabajo, escuchó rumores de que Kakashi ya había regresado esa mañana y puso orden en las puertas de la aldea regañando a los encargados del control y vigilancia. Su corazón saltó de alegría por saber que él estaba de vuelta y no podía esperar a verlo y preguntarle si todo estaba bien; sin embargo, la emoción de su interior se frustró ligeramente al oír que Kakashi no había retornado únicamente con Sasuke, sino que le habían visto con alguien más, pero la persona vestía una túnica que cubría completamente su cabeza y pies, y no sabían de quién se trataba.

Salió de la academia y continuó hacia la casa de su tía Madoka, iba a paso lento recordando todos los rumores que circularon en el trabajo. Se veía el brazo que aún tenía la férula y aunque el dolor era menos intenso en comparación a días anteriores, dejó de entrenar con Guy y Lee mientras se recuperaba.

(...)

—Te quedarás en la misma habitación.

Kakashi dejó una maleta sobre el sofá del cuarto y se dio la media vuelta para abandonar el lugar, pero los brazos de Kazumi rodearon su cuerpo imposibilitándole salir.

—Gracias por acceder a la voluntad de mi padre.

Kakashi apartó los brazos de la joven mujer.

—Sólo hago esto porque pagará por ello como si fuera una misión —le recordó, Kazumi hizo una mueca de pena y sonrió con amargura.

—Pero aún así, es usted muy considerado.

—Descansa bien.

—¡Espere! Todavía hay algo que me gustaría hablar con usted Kakashi.

—¿Qué es?

Ella se mordió los labios y juntó las manos sobre su pecho. Volvió a mirarlo con intensidad.

—¿Es cierto que no quiere casarse conmigo?

—Hablamos de esto antes de venir a Konoha ¿no es así?

—¿Es por otra mujer? —Avanzó un paso hacia el Hokage sin dejar de verlo— ¿Es a caso su amiga Nashira?

Kakashi no respondió al instante, se quedó planteándose decenas de posibilidades si respondía que sí. No quería afectar a su amada por su propia culpa.

—Ella no tiene nada qué ver en esto —aseguró.

—Uhm... Si usted lo dice —el dedo de Kazumi recorrió el marco de un espejo que colgaba en la pared y se detuvo al mirar su reflejo en él—. Entonces yo le creo, Kakashi.

—Me voy ahora, asegúrate de descansar.

El peliplata salió de la pieza, Kazumi caminó hacia la puerta y se recargó en el muro mientras veía cómo Kakashi se alejaba. Su cabeza se enderezó cuando vio a una anciana aparecer, la mujer mayor le sonrió y ella hizo una reverencia como cortesía.

—Así que finalmente Kakashi hizo oficial el compromiso.

Kazumi sonrió.

—Me gustaría saber... ¿Usted conoce a su amiga Nashira? Estoy inquieta respecto a ella, Kakashi dice que sólo son amigos pero tengo curiosidad.

Koharu hizo un gesto de burla y se apoyó sobre el bastón que utilizaba recientemente.

—Se llama Nashira Kitayaka —explicó la anciana—, es originaria de otra aldea de este país. Era una simple costurera.

Kazumi se quedó escuchando el resto de la historia, pero en algún punto de ésta, su mente se llenó de ideas.

(...)

Kakashi se apresuraba a llegar a su oficina, cuando regresó a Konoha había encontrado un caos asombroso. Izumo y Kotetsu tenían un gran descontrol con los accesos a la aldea, y Sai los estaba ayudando.

Se enteró por sus propias bocas que Koharu había estado interviniendo sin importarle nada, y ellos, aunque en un principio se negaron a escuchar sus órdenes, fueron luego reprendidos por Homura quien se unió a las ideas locas de la consejera.

—Ya estoy aquí, díganme qué ocurre.

Ibiki y Genma, así como Shikamaru, estaban esperándolo. Kakashi tomó asiento y les prestó atención a lo que tenían que hablar.

—Encontramos una inscripción grabada en una de las cuevas de la montaña que colinda con el sureste de la aldea —explicó Ibiki—. Sé que dijiste que paráramos con esta búsqueda pero un usuario del byakugan detectó chakra en ese lugar, así que fuimos a revisar si alguien estaba atrapado allí y aunque no encontramos a nadie, vimos los grabados.

—¿Puedes explicarme qué tipo de grabados son?

Ibiki mostró una fotografía.

—Parecen indicaciones, pero no se pueden leer. Sasuke es el único que podría descifrar el mensaje. Creímos haber visto algo similar en el mapa, pero tú nos dijiste que elimináramos todas las copias.

—Tengo el original en mi casa —se levantó—, iré por él ahora mismo.

Kakashi salió de la oficina, bajaba la escalera cuando vio a Izumo completamente acelerado. Él estaba en la Torre buscándolo y al verlo se acercó.

—¡Sexto!

—Izumo ¿qué haces aquí? Kotetsu no puede hacerse cargo él solo de vigilar.

—Estuvimos revisando las listas de ingresos y salidas, y tenemos un problema.

Kakashi frunció el ceño.

—¿Qué es?

—Hay un hombre que no se ha retirado de la aldea y su permiso expiró hace días.

(...)

Nashira caminaba hacia el mercado, estaba preocupada porque aunque se decía que el Hokage ya había regresado a la aldea, ella no lo había visto. La intriga no la dejaba en paz, por lo que se ofreció a ir a comprar unas cosas para la cena y así de paso despejar su mente.

Estaba cansada emocionalmente por imaginar cosas inciertas, y aunque era difícil, todavía mantenía la esperanza de que se resolvería la situación entre ella y Kakashi.

Entre tanto que ocupaba su mente y caminaba, al mirar hacia el frente sus pies dejaron de responder y se quedó quieta viendo cómo un hombre conocido corría en sentido contrario a ella. Sus ojos se llenaron de brillo y su corazón se aceleró.

El hombre se paró en seco a tomar aire y entonces ella despertó de su trance.

—Kakashi... ¿Estás bien?

—Sí —jadeó y se apoyó sobre sus rodillas.—... Es bueno verte otra vez.

Ella sonrió.

—Así que volviste. Me tenías preocupada ¿por qué no me habías buscado?

Kakashi se enderezó y respiró hondo.

—Estaba ocupado, han sucedido muchas cosas. Ahora mismo estoy apurado.

—Entiendo. Y... ¿cómo te fue?

Kakashi se le quedó mirando y no pudo sostener la vista.

—Hablemos de esto después ¿sí? Ahora tengo que ir a solucionar un problema —iba a correr otra vez pero antes volteó con Nashira—. ¿Me puedes hacer un favor?

Nashira movió su cabeza.

—Claro.

—Ve a mi casa y tráeme un mapa.

—¿Mapa?

—Lo he dejado allí, debe estar por el librero —explicaba y se buscaba la llave en el chaleco— ¡Demonios! —Exclamó al no encontrarla.

—¿Qué pasa? No entiendo.

—Olvidé mi llave, debí dejarla en la oficina.

—No te preocupes, tengo la copia. Entonces ¿qué tipo de mapa es?

—Parece un pergamino, es como de este tamaño —hizo una medida imaginaria con sus manos—, se ve muy antiguo así que no será difícil identificarlo. Iré a resolver el inconveniente y te estaré esperando en el parque ¿de acuerdo?

—Entendido.

(...)

Nashira corrió hacia la casa de Kakashi. Entró y se quitó los zapatos para ir en busca del dichoso mapa.

Buscó en el librero, movió cuadernos y libretas pero no halló nada. Abrió los cajones y encontró varios documentos, mas ninguno era lo que buscaba.

Se quedó viendo alrededor de la sala y pensó en el armario; Kakashi era tan despistado que muy probablemente en un descuido dejó el pergamino dentro con toda su ropa.

Corrió a la habitación a buscar, abrió las puertas del mueble y vio la ropa perfectamente doblada; y al mirar por debajo de una caja de zapatos, finalmente encontró el rollo de papel.

Lo extendió para asegurarse que era el correcto y vio las arrugas y lo frágil que lucía.

—¡Éste es!

Correr en un día frío no era muy agradable, el viento helado le golpeaba en la cara; un poco más y dejaría de sentir su propia piel. Pero su consuelo llegó cuando sus ojos divisaron a Kakashi esperándola.

Levantó su mano para que la viera y Kakashi corrió a su encuentro.

—Por fin llegué —suspiró aliviada y puso el pergamino en sus manos— ¿es éste?

Kakashi lo abrió.

—Sí, lo es. Gracias Nashira —le sobó la cabeza.

—Tendrás que recompensarme de algún modo ¿sabes? —La sonrisa de Nashira desapareció cuando recordó lo del rumor—. ¿Es verdad que alguien más ha venido a Konoha con ustedes?

Kakashi bajó la vista y no contestó, Nashira le buscó el rostro pero él se negó a responder.

—¿Quién es? —Preguntó ella— Dímelo. ¿Es quién creo que es?

—Hablemos de esto mañana.

—¿Por qué mañana? ¿Por qué no de una vez? ¿Pasó algo? Quiero saberlo ahora.

—Nashira, es muy largo de explicar y ahora mismo no puedo, tengo que reunirme con otros shinobis para hablar de esto —alzó el mapa—. Debes entenderme.

La mirada de Nashira se volvió tristeza pura, pero no dijo nada para evitar que se fuera. Una parte de ella comprendía que Kakashi ya cargaba con demasiados problemas.

—Está bien. Hablemos mañana.

—Eres una gran persona.

Le estiró una mejilla y después se retiró en un abrir y cerrar de ojos. Nashira permaneció allí sobándose la cara y queriendo disolver la pena que sentía. Se miró el brazo con angustia.

—Ni siquiera preguntó qué me pasó.

(...)

El día siguiente no fue mejor para ella, la noche anterior había sentido tan frío y distante a Kakashi que difícilmente pudo conciliar el sueño. Casi era su hora de descanso, estaba acomodando unos papeles y oyó a Iruka hablar por teléfono con alguien; se preguntó si se trataría del Hokage. Presentía que algo andaba mal y que Kakashi le ocultaba algo sumamente importante.

Caminaba por el pasillo hacia el exterior del edificio, por delante de ella unos niños salieron corriendo para disfrutar del descanso y entre ellos estaba Kuroyi quien se veía muy contento.

Todos los infantes oscilaban entre los seis y siete años, entonces se preguntó cómo unas criaturas tan indefensas podrían convertirse en ninjas tan fuertes. Pensó en los niños genios, así como Kakashi había sido considerado toda su vida, y sintió pena por el destino de aquellos que sin quererlo, estaban obligados y presionados por la sociedad a ser ejemplares y sacrificar sus propios sueños por el bien de unos cuantos.

Avanzó más allá de la academia para sentarse en una banca del camino solitario, aunque pudo haber pasado su descanso en el comedor, no quería ver más personas en esos momentos ni tampoco le apetecía escuchar a los niños jugar. De cierta forma se sentía triste.

Observó la llave en su mano y la acarició con delicadeza para aferrarse a la promesa de Kakashi y esa felicidad que tanto anhelaba, no obstante su paz se vio truncada cuando esa voz femenina mató el silencio de su entorno.

—Nashira, hola. Qué gusto verte de nuevo.

Volvió la cabeza hacia un lado y se sorprendió de ver a Kazumi. Inmediatamente se levantó de la banca y su expresión era como si hubiera visto a un fantasma, ni siquiera era capaz de responder sólo estaba demasiado confundida.

Kazumi rió con aparente inocencia y vio la llave en la mano de Nashira.

—Es extraño, aquí hace más frío que en mi país.

Nashira continuaba viéndola y miles de interrogantes volaban dentro de su cabeza. Aunque tenía miedo de preguntar por no querer escuchar lo que imaginaba, terminó por hacerlo.

—¿Por qué estás aquí?

Kazumi se acomodó el cabello como si hubiese esperado ansiosa a que la pregunta fuera hecha.

—Kakashi me trajo.

Los labios de Nashira temblaron.

—Kakashi... ¿Fue por ti?

Kazumi asintió.

—Estoy realmente feliz. ¿Sabes? Él me contó mucho sobre ti, ya que eres su buena amiga así que pensé ¿por qué no pedírselo? —Tomó la mano de Nashira y la miró fijamente— Kakashi me dijo que antes trabajaste como artesana ¿no es así?

Nashira vio las manos de Kazumi sosteniendo la suya, la llave estaba atorada entre ellas y podía sentir cómo resbalaba a punto de caer al suelo.

—Entonces ¿qué tipo de artesana eras?

—Costurera —habló, pero su tono no fue especialmente alto. Los ojos de Kazumi brillaron.

—¡Genial! —Sonrió— Entonces será todavía mucho mejor.

—No entiendo de qué hablas —las manos de Kazumi apretaron la de Nashira.

—Tú podrías hacer mi vestido de novia. Claro, te pagaremos por el trabajo así que por eso no debes preocuparte. Estoy segura que Kakashi estará feliz de saber que su mejor amiga es quien ha diseñado y creado el vestido de novia de su futura esposa.

La llave cayó al piso y con ella, también se derrumbó el corazón de Nashira. La sonrisa en los labios rojos de Kazumi era una puñalada a su pecho que calaba más que el propio frío del ambiente. Verla allí hablando de matrimonio y recordar al Kakashi que se negó a dar explicaciones no era otra cosa sino la prueba definitiva de que al final la felicidad que tanto quería no iba a suceder nunca.

Aunque estaba casi destrozada, todavía surgió una esperanza de que nada fuera cierto y negó con su cabeza que lo que Kazumi aseguraba, fuera la verdad.

—Lo siento, debes estar confundida —habló y vio fijamente a la mujer pelinegra.

—¿Confundida? ¿Por qué?

—Kakashi... Él no iba a casarse contigo —soltó sin tapujos.

—¿Qué? —Kazumi alzó una ceja y chistó— ¿Por qué no?

Los labios de Nashira temblaban pero sostuvo su valor para continuar expresándose.

—Porque él no te quiere, él —buscaba las palabras adecuadas—... Kakashi dijo que no quiere casarse contigo.

Kazumi puso ambas manos en sus caderas y caminó para acercarse más a la mujer de cabellos azules.

—Kakashi es el Sexto Hokage —habló sin dejar de mirar a Nashira—, él es el líder de esta aldea y en sus hombros recae la responsabilidad de cuidar de todo su pueblo. ¿Sabes que ahora mismo todo en este sitio es un caos? No lo sabes ¿verdad? Seguramente Kakashi no te ha contado nada porque sólo eres su amiga, pero yo lo sé todo Nashira. Económicamente Konoha está muy mal, y las villas aledañas no están mejor —acercó más su rostro—. Soy la única que puede ayudarlos a recuperar la prosperidad, y Kakashi lo sabe.

—No es cierto —Nashira habló, pero en ese instante ella misma dudaba de la veracidad de sus creencias—. Kakashi me dijo...

—¿Por qué eres tan obcecada? Kakashi me dijo, Kakashi esto —imitó— ¿Eres sorda o qué? ¿A caso estás interesada en él?

Nashira respiraba con dificultad y su corazón latía descontroladamente. No quería creer que fuera cierto, no quería volver a sentir la misma decepción y traición que vivió en su juventud. Kakashi le había asegurado que la quería, se lo había demostrado.

Miró la llave en el piso y se agachó para recogerla, Kazumi se cruzó de brazos.

—Kakashi me dijo que me quiere —habló mientras veía el objeto en su mano—. Por eso me niego a creerte.

—¿Y ya has hablado con él? —Dijo en tono de burla— ¿A caso ya lo has visto desde que regresó? Si te dijo que te quiere entonces ¿por qué me trajo con él?

—¡Por supuesto que lo he visto! Lo he visto ayer.

—¿Y qué explicación te dio?

—Eso a ti no te incumbe —Nashira la miró con molestia.

Kazumi rió.

—Nashira ya deja de engañarte y aferrarte a un sueño, Kakashi no te quiere.

—Te equivocas.

—Si tanto te quisiera como insistes, él no hubiera dudado en rechazar el compromiso conmigo y volver contigo, y mira —extendió sus brazos—, aquí estoy.

—Debe haber una razón lógica para que estés aquí, yo confío en él.

La voz de Nashira temblaba dejando evidencia de que estaba temerosa de no estar en lo cierto. Kazumi ya se había dado cuenta de su inminente miedo.

—Qué lástima, sinceramente me causas pena. Yo quería que las cosas entre nosotros fueran tranquilas pero gracias por demostrarme que no eres una persona sincera ni de confianza —clavó sus ojos azules sobre Nashira—. Así que cuando me case con él, voy a exigir que te vayas de aquí.

Nashira no quiso seguirla escuchando y salió corriendo en dirección opuesta, estaba tan alterada que lo único que deseaba era salir de dudas de una vez por todas y hablar con Kakashi. Se dirigía hacia la Torre y se aguantaba las ganas de llorar, quería repetirse una y otra vez que nada de lo que Kazumi dijo era verdad.

El camino estaba rodeado de árboles, la vereda de cemento era un trayecto largo que se abría en varias calles. Sus ojos veían a lo lejos el edificio y sintió que jamás llegaría; estaba tan asustada de escuchar que todo había sido mentira y Kakashi eligió proteger Konoha cuando una mujer de máscara saltó de un árbol y se puso frente a ella.

Nashira retrocedió dos pasos cuando la vio, la mujer parecía ninja por la vestimenta pero era una ropa extraña que no se parecía en lo absoluto a los atuendos que ya conocía.

Quiso ignorar el hecho de que estaba allí imaginando que era coincidencia y al intentar cruzar por un lado, la fémina volvió a interponerse.

—Necesito pasar, por favor.

—No irás a ningún lado —respondió—. Escucha bien lo que tengo que decirte.

Los ojos violetas de Nashira veían la máscara con forma de zorro.

—¿Qué quieres de mí?

—No interfieras en la relación de Kakashi.

Nashira abrió mucho los ojos.

—¿Qué? —Estaba incrédula— ¿Quién eres tú para decirme lo que tengo que hacer?

Quiso irse pero entonces la mujer de la máscara la empujó tirándola al suelo. Nashira cayó sobre su brazo lastimado y se quejó por el rotundo dolor. Todavía estaba en el piso sosteniendo su brazo, cuando sintió el pie de la ninja sobre sus costillas.

—Haz lo que te he dicho: no interfieras. Vas a causar más problemas si sigues aferrándote a él.

—¿Quién eres? ¿Por qué te entrometes en mi vida?

Con una pierna, Nashira apartó de golpe el pie de la mujer y se levantó aún sosteniendo su brazo. Estaba en desventaja ya que ella no era kunoichi.

—Es por tu propio bien.

—¡Cállate! —Gritó enojada, estaba dolorida física y emocionalmente y las lágrimas amenazaban con salir. Movió sus pies para irse y entonces la ninja extendió frente a sus ojos un pergamino que le resultó familiar.

—¿Reconoces esto, Nashira?

—El mapa de Kakashi —musitó sorprendida—. ¿Qué haces con él? ¿Cómo sabes mi nombre?

—¿Sabes lo que es? —La kunoichi pasó su dedo por las marcas oscuras señaladas en el mapa—. Son explosivos muy poderosos. Y esto que ves aquí —señaló el área donde se localizaban—, esto es Konoha. ¿Ahora lo entiendes?

Ella negó, su cabeza se movía incrédula.

—¿Por qué tienes eso? ¡Ese mapa no es tuyo!

—Este mapa tú misma me lo entregaste ¿o a caso ya lo has olvidado?

Un hombre apareció detrás de Nashira y ella miró que al igual que la mujer, el sujeto vestía el mismo uniforme con la máscara de zorro.

—Anoche me entregaste ese mapa.

—No es verdad —dijo con nervios por el miedo que ambos le provocaban—. ¡Yo se lo entregué a Kakashi!

El ninja comenzó a reírse.

—No sabes nada de las habilidades. Has caído en la trampa con tanta facilidad que hasta me das pena.

—Nashira, haz caso a lo que te ordeno —otra vez habló la mujer enmascarada—. Sólo retírate, y no vuelvas a involucrarte con Kakashi. De ser posible, vete de Konoha.

—No voy a obedecer a ninguno de ustedes, no tengo por qué creer en lo que dicen.

La ninja alzó su mano frente al mapa.

—Te dije antes que son explosivos —bajó sus dedos meñique y anular dejando alzados sólo el resto—. Y estas bombas sólo pueden ser activadas con mi técnica especial. Sólo los miembros de mi clan conocen esto y a menos que me obedezcas, no las haré explotar. Renuncia a Kakashi y vete de Konoha.

Nashira retrocedió y su espalda quedó pegada al tronco de un árbol. No conocía mucho del mundo ninja, pero estaba insegura de que todo lo que la mujer le decía fuera cierto. Lo que sí le preocupaba era el hecho de que el mapa estaba en sus manos, y no entendía cómo es que ellos lo podían haber tomado.

—Nashira...

—¡Basta! —Exclamó asustada— ¡Déjenme en paz!

—La tipa es una idiota —habló el hombre—. Deja de darle oportunidades y terminemos con esto.

—Tú no te metas —le contestó y volvió la cabeza a Nashira—. Mira el punto negro que se sitúa en el lado superior izquierdo del mapa —le indicó—. ¿Lo ves? ¿Sabes qué sitio es?

Nashira negó.

—Bueno, descubrámoslo.

Con su posición de manos y nombrando una técnica, la ninja activó la bomba y la detonación se escuchó a kilómetros de allí. Nashira se espantó al oír la fuerte explosión y casi se cae de rodillas por el impacto. No creía que fuera cierto pero la mujer había activado el explosivo. Repentinamente se escucharon gritos, y el terror se apoderó de Nashira.

—¿Ya te diste cuenta que no es mentira? ¡Ahora lárgate!

—¡Kakashi se va a enterar de esto!

—¡Ya te di muchas oportunidades, Nashira! —La tomó del abrigo— Si no te vas de Konoha ahora mismo, lo vas a lamentar. Si no quieres que haya más heridos o que todo esto se vuelva polvo por tu culpa —vio el terror en sus ojos violetas—... Tú y tu mala suerte de enamorarte de shinobis.

Nashira se sorprendió ante esas palabras.

«¿Qué? ¿Por qué lo sabe? ¿Quién es?»

—Mira este lugar —señaló otro punto del mapa—. Es la dichosa Academia Ninja de Konoha, esa repugnante institución que arroja a esos malditos ninjas para acabar con todo. Pero sé que tú piensas que los niños no tienen la culpa ¿verdad? Aunque al igual que yo, también odias a los shinobis de la Hoja.

—¿Q-quién eres tú? ¿Por qué hablas como si me conocieras?

La mujer se quitó la máscara revelando su identidad. El corazón de Nashira casi saltó fuera de su pecho.

—Porque tú y yo fuimos compañeras. Porque tú compartes este mismo dolor.

—Nanako —expresó con lágrimas en sus ojos.

—Voy a destruir ese lugar si no te vas ahora. Te doy esta oportunidad porque tú me dejaste escapar aquella vez.

—Tú y yo no somos iguales —Nashira apretó los puños—, nunca lo seremos. No voy a dejar que me manipules de esta manera, ¡tú sí merecías ese castigo! ¡Yo no!

Nashira giró y salió corriendo con toda la velocidad que sus piernas le permitían, avanzaba hacia la academia para llegar pronto. Quería decirles a todos lo que había sucedido para que lo evitaran, y justamente cuando pasaba por el portón, una fuerte explosión derrumbó los muros de una sección del edificio, la tierra estalló haciendo saltar rocas y tumbando paredes. Los gritos de espanto de los niños la hicieron temblar y se imaginó lo peor, se culpó por ser egoísta y haber elegido a Kakashi.

Corrió en dirección al sitio de la explosión para ayudar a salvar a quienes quedaron atrapados. Tenía mucho miedo, no quería pensar que alguien pudo haber muerto por su culpa, no se lo perdonaría jamás.

Cruzó un montón de piedras y escuchó que unos niños pedían auxilio. Varios maestros ninjas estaban acercándose con rapidez, pero ella no podía esperar a que llegaran. Vio una abertura entre la pared y el piso y se arrastró para ingresar. Su brazo le dolía y se quitó el abrigo para ponerlo en el suelo y dejar que los niños cruzaran sin rasparse.

—¡Váyanse pronto! ¡Salgan de aquí!

Sus ojos vieron espantados cómo algunos infantes estaban sangrando. Su mueca de horror era imposible de quitar.

Los pequeños lloraban desesperados, ellos aún no estaban listos para soportar cosas así y Kakashi se había prometido que cuidar de los niños era su prioridad. Procurar su bien y que crecieran en una era de paz. Todo lo que él amaba se estaba destruyendo, y la culpa se la comía poco a poco.

—Salgan por aquí —les ayudaba a cruzar—, con cuidado vayan con sus profesores.

Otra explosión tuvo lugar, aunque con menos intensidad. Sin embargo, el piso vibró haciendo que más paredes cayeran imposibilitando una salida fácil. Nashira había cubierto con su cuerpo a dos niños a los que les caería un pedazo de concreto; el dolor había sido sofocante pero nada serio para considerarlo de gravedad.

—Salgan de aquí —les pidió.

Kuroyi estaba asustado y corrió a abrazarla, él temblaba y escondía su rostro en su cuello. El resto de los niños había logrado salir.

—Kuroyi, tienes que irte. Todavía cabes por la abertura.

—Señorita, tengo miedo. Tengo mucho miedo —lloriqueaba.

—No puedes tener miedo —lo separó para verlo a los ojos—. Escúchame bien, sal de aquí ya.

El niño movió su cabeza aceptando y se arrastró por el piso para cruzar, Nashira fue detrás de él y entonces cuando pensó que lo habían logrado y todo estaba bien, la ninja le arrebató a Kuroyi y le puso un kunai en el cuello. Nashira se horrorizó al ver tal escena.

—Te dije que te fueras, te di muchas oportunidades pero veo que te gusta sufrir.

—¡Deja al niño en paz! —Exclamó y vio a su alrededor para encontrar ayuda.

—No, no vendrá nadie a salvarte —le aseguró y presionó el arma en Kuroyi, él comenzó a llorar—. ¿Quieres ver cómo se muere?

—¡No! —Gritó entrecortadamente— ¡Nanako déjalo! ¡Por favor!

—Lo haré si haces lo que te voy a decir.

—Sí, sí lo haré pero deja al niño, por favor él no tiene la culpa.

—Entonces si quieres que este mocoso viva, vas a decir que todo fue idea tuya.

Los labios de Nashira temblaron.

—Vas a explicarle a tu amado Kakashi, que tú planeaste robarle el mapa y que gracias a ti es que ahora Konoha está en peligro —sonrió con malicia—. Si te niegas —movió el kunai hacia otra parte del cuello de Kuroyi—, no sólo mataré a este niñito sino que todos morirán. ¿Sabes que hay explosivos debajo del área donde vive tu tía? ¿Y también bajo la tumba del padre de tu amado? ¿No sería espantoso que por tu egoísmo tu querida tía muera y se profanen los restos de tu suegrito?

—Yo...

Repentinamente Nanako desapareció ocultándose tras uno de los muros, pero Nashira podía verla claramente. La mujer le tapó la boca a Kuroyi y el arma seguía amenazando su vida. Dentro de su confusión Nashira pudo ver cómo llegaban ninjas y entre ellos apareció Kakashi, justo detrás estaba Kazumi.

Todos se quedaron allí y ella estaba siendo observada por decenas de miradas.

—¿Nashira? —Kakashi le habló— ¿Estás herida? ¡¿Qué te pasó en el brazo?!

Él se veía muy preocupado, Nashira sufrió al oírle preguntar por su brazo. Eso sólo le decía que el Kakashi de la noche anterior, era falso. Sus ojos viajaron hasta Nanako quien le mostró que si no obedecía, el pequeño iba a ser asesinado.

—Nashira.

Kakashi iba a acercarse pero ella se alejó.

—¡No te acerques!

Todos guardaron silencio y se miraron entre sí.

—¿Qué sucedió? Nos enteramos de las explosiones —habló Ibiki—. Sentimos un chakra maligno y queremos saber si tú viste algo.

—¡Fue ella! —Gritó Kazumi atrapando la atención de todos los espectadores— Yo la escuché ¡ella estaba hablando con unas personas extrañas! Decían algo de destruir Konoha.

—¿Qué? —Rock Lee intervino— Eso no puede ser verdad, Nashira no es así.

—¡Por supuesto que lo es! ¡Yo la vi, Kakashi! —Insistió.

Nashira comenzó a derramar lágrimas.

—Eso no es verdad —dijo Kakashi—. Nashira es incapaz.

Los ojos de Nashira vieron con dolor a Kuroyi quien seguía sufriendo de terror con esa arma amenazando su cuello y su rostro mojado de lágrimas.

A punto de hablar, tres hombres enmascarados aparecieron frente a ella y todos se quedaron sorprendidos.

Los ninjas cambiaron la postura y miraron a través de sus máscaras al resto de los shinobis. Kakashi se puso en posición de ataque y todos lo imitaron.

—Qué divertido es verlos así de confundidos —habló un hombre.

—¿Quiénes son ustedes? —Exigió Kakashi.

—Tu peor pesadilla —rió—. Dale gracias a esta señorita que ahora tengamos el mapa que tanto cuidaron —mostró el pergamino y Kakashi se aturdió, el día anterior no lo pudo encontrar en su casa y no tenía idea de dónde podía estar—. Es gracioso que no supieran que entre ustedes había una espía ¿verdad, Nashira?

Todos la miraron, Kakashi seguía incrédulo. Sus ojos se encontraron pero ella apartó la mirada.

—Nashira no es una espía —dijo Kakashi.

—Es lindo que aún le tengas fe, pero por desgracia Nashira fue contratada para engañar al ingenuo Hokage Kakashi Hatake. ¿No le diste tú una copia de la llave de tu casa? ¿Cómo crees que obtuvimos el mapa? —Cambió el tono de su voz— ¿Quién crees que lo sacó?

—Eso no es verdad.

—Pues por desgracia sí lo es. Y gracias a este mapa, ahora podemos activar todos los explosivos que ustedes con sus débiles técnicas no pueden localizar —rió—. ¡Qué pena! —Volteó con Nashira— Gracias, pero ya no te necesitamos.

En un abrir y cerrar de ojos, los tres hombres desaparecieron dejándolos a todos estupefactos. No vieron el momento en que se fueron, todos estaban conmocionados y Kakashi no dejaba de ver a Nashira.

Quiso acercarse a ella pero se detuvo, tragó saliva y continuó observándola.

—Nashira —ella volteó, estaba sucia, y sus mejillas mojadas. Sus ojos no eran los mismos, estaba asustada y podía darse cuenta—. Nashira, dime que no es cierto.

Ella quiso explicar la verdad, pero el horror otra vez apareció cuando al ver de reojo, Nanako había hecho sangrar a Kuroyi. El arma seguía en su cuello y aunque no se había clavado, estaba lastimando al pequeño.

Más lágrimas corrieron por su cara y odió su vida, maldijo el día en que nació.

—¡Nashira por favor dime la verdad!

—Es cierto —habló con sollozos, Rock Lee la miró con dolor—. Yo tengo la culpa. Te engañé, Kakashi.