Capítulo 31.- "Nashira Kitayaka"
Las pupilas de Kakashi se habían contraído, su mente se negaba a creer lo que Nashira estaba diciendo.
Ibiki miró al Hokage, veía la incredulidad en sus ojos y después volvió hacia la mujer de cabello azul que casi temblaba ante la presencia de tantos ninjas observándola.
Al fondo se escuchaban llantos infantiles, algunos profesores intentaban tranquilizar a los niños heridos. Iruka llegó corriendo junto a Naruto, y al notar la gran multitud de shinobis decidieron acercarse.
Keito y su esposa también aparecieron en escena. En cuanto oyeron la explosión se preocuparon por su hijo menor pues, Kuroyi era el único que se encontraba allí ya que Isao se había graduado de la academia.
Keito se metió entre el tumulto de gente buscando a Kuroyi, pero se quedó pasmado cuando descubrió que Nashira estaba siendo observada y nadie se acercaba a ella. Entonces su esposa lo alcanzó y abrió mucho su boca cuando la reconoció.
Estiró de la manga a Keito y él volteó.
—¿Qué hace esa mujer aquí?
Su tono era claro, estaba molesta. Pero Keito no respondió y regresó su mirada a Nashira.
Kakashi insistió. En esos momentos no le importaba si todos estaban siendo espectadores, sólo quería que Nashira dijera la verdad y terminar con su pesadilla. Él confió en ella hasta ese momento.
—Nashira, habla con sinceridad.
Las cejas de la pobre mujer se arrugaban con preocupación y sus labios se abrieron aunque no estaba segura de lo que debía decir. Culparse por un crimen que no cometió no era fácil, y tampoco era justo. Pero Kuroyi seguía en manos de Nanako y estaba sangrando; en ese instante a su mente llegó la idea de que su destino siempre había sido el sufrimiento.
—Yo lo hice —habló.
—¡Por supuesto que lo hiciste!
La anciana consejera y Homura hicieron acto de presencia. La mujer miraba con odio a Nashira y se puso junto a Kakashi para continuar hablando.
—Ella es una criminal —aseguró. Iruka miró confundido a sus compañeros—. Nashira Kitayaka es una mujer de lo peor.
—Le pido de la manera más respetuosa que no se meta en esto —le dijo Kakashi, él comenzaba a fastidiarse de oír la misma cantaleta.
—Escucha lo que Koharu tiene que decir —intervino Homura—. Hemos averiguado quién es realmente esta mujer.
—Todo este tiempo te lo dijimos, Kakashi. Eres una vergüenza como Hokage por permitir que esta tipa se ganara tu confianza.
—¡Basta!
Kakashi espetó con visible enojo y dispuesto a caminar hacia su amada, sus pies se congelaron cuando Koharu inició su discurso.
—Nashira es una asesina.
La mirada de Kakashi quedó fija en los ojos tristes de su ex asistente. Varios murmullos llenaron el ambiente que hasta hace unos segundos atrás, era silencioso.
—Eso es mentira —dijo Kakashi.
—Ella asesinó a un terrateniente de la aldea del Manantial por órdenes de una organización criminal muy peligrosa. Estuvo en prisión como castigo a su delito pero por lo visto no aprendió de sus errores.
Las miradas de algunos se volvieron frías, Nashira se limpió las lágrimas y trató con toda su fuerza de voluntad el soportar el llanto. Miraba a Kakashi como si se alejara poco a poco, mas él no se movía y sólo se podía oir la voz de la anciana.
—Yo no maté a nadie —dijo Nashira.
—¡Sinvergüenza! ¿Cómo te atreves a negarlo?
—¡No lo hice!
—Lo hiciste.
Nanako salió de su escondite y los gritos de espanto de la madre de Kuroyi no se hicieron esperar al ver que su hijo estaba de rehén.
—Nashira y yo somos compañeras ¿verdad?
Nashira miró al pequeño niño. Su dolor era casi palpable.
—¡Te ordeno que sueltes a ese niño ahora! —Kakashi gritó y Nanako empezó a reír.
—¿Eh? El inútil del Sexto Hokage ¿me da órdenes? Deberías avergonzarte por creer que Nashira te amaba.
Naruto estuvo a punto de correr hacia ella pero Iruka lo detuvo al ver que el infante moriría si lo hacía.
—Nashira al igual que yo, compartimos una marca ¿no es así? —La miró— Cero cuatro Kitayaka.
Kakashi se quedó sin aliento cuando vio la espalda de Nanako. Ella mostraba con orgullo el 04 grabado en su piel, era idéntico al de Nashira y todo parecía indicar que lo que Koharu decía era cierto.
—Este número se coloca a aquellos que asesinan —explicó como si disfrutara contar la historia—. Qué hermoso ¿verdad?
—¡Por favor, suelta al niño! —Gritó Kakashi.
Nanako le dio una última mirada a Nashira y le sonrió.
—Suerte con tu destino.
Aventó a Kuroyi al suelo y desapareció como si se hubiese teletransportado. Kuroyi cayó desmayado y Keito se apresuró a cargarlo; su mujer lloraba y con ira miró a Nashira, avanzó hasta ella y la abofeteó con tanta fuerza que el sonido estalló. Rock Lee la apartó para que no volviera a tocar a Nashira; esta última escondía el rostro tras un mechón de cabello.
—¡Eres una maldita! ¡Mil veces maldita! —Gritaba furiosa la esposa de Keito. Kazumi veía asombrada la escena— ¡Por tu culpa mi hijo está herido!
—Señora, cálmese —pidió Lee quien intentaba mantenerla quieta.
—Esta mujer —habló viendo a todos—, ¡esta sucia mujer no sólo es una adúltera, sino también una asesina!
—¡Suzuru! —Keito alzó la voz— Ya basta. Llevemos al niño al hospital.
—Vaya ¡qué descubrimiento! —Koharu volteó con Kakashi— Ahora que has oído todo esto ¿qué vas a hacer, Kakashi? ¿Te quedarás de brazos cruzados o por fin actuarás como un Hokage debe hacerlo?
El Sexto observó a Nashira. Ella continuaba escondiendo su mirada y su mano sobaba su mejilla. Se veía terrible y humillada.
—Nashira —insistió Kakashi, ella no volteó—. ¿Es verdad? ¿Estuviste en prisión por asesinato?
Los ojos violetas de Nashira se asomaron entre sus cabellos. Su expresión vacía le partió el corazón.
—Sí —dijo—. Es verdad.
Kakashi arrugó la frente, Naruto pudo verlo.
—Esto no puede quedarse así —la esposa de Keito volvió a hablar—. ¡Ella es cómplice de esa mala mujer que le hizo daño a mi hijo! ¡Usted es el Hokage! ¡¿A caso no le importa la vida de los inocentes?!
—Esta mujer tiene razón —dijo Koharu—. A menos que quieras que todos corran peligro, Nashira no puede quedar libre como si nada hubiera pasado. Gracias a tu falta de concentración, ahora Konoha está en riesgo.
Kakashi vio a Nashira, ella ya no coincidía con él y en su lugar estaba como perdida. La mano se había quedado fija en su mejilla, el ardor seguía allí.
La mirada del peliplata se volvió dura y volteó hacia un lado.
—Ibiki. Llévatela.
El shinobi todavía titubeó en mover sus pies para dirigirse a Nashira, seguía a la espera de que Kakashi se retractara pero entonces vio que aunque el dolor en sus gestos era profundo, el Hokage sentía esa obligación de priorizar el bienestar del pueblo.
Ibiki tomó a Nashira de las muñecas y las llevó justo detrás de su espalda; al momento de estirar sus brazos pudo escuchar un quejido de parte de ella.
—¡Con cuidado! —Rock Lee se acercó— Ella hace poco se ha lastimado el codo —habló en voz baja para Ibiki, él no respondió y caminó empujando a Nashira.
—Ojalá te castiguen lo suficiente —le dijo Suzuru, Nashira sólo miró hacia el suelo.
—Kakashi, necesitamos hacer una reunión urgentemente —Homura se adelantó y Kakashi siguió inmóvil—. Hay que armar una estrategia para capturar a estos enemigos.
—Homura está en lo cierto —apoyó Koharu y volteó con Kazumi—. Querida, tú debes ir a tu habitación, es peligroso que estés aquí expuesta.
Kazumi miró a Kakashi, él continuaba mostrándole su espalda, era como si se hubiese hecho de piedra. Estiró su mano y tomó un pedazo de la tela de su manga, casi al instante él apartó el brazo y se giró pasando de ellos para ir hacia otra dirección.
—Asegúrate de que Kazumi regrese con bien a la Torre —le pidió a Naruto y el rubio volteó a ver a la joven.
—Kakashi sensei, no entiendo lo que sucede. ¿Quiénes eran esas personas? ¿Por qué la señorita Nashira está involucrada?
—Naruto —Iruka puso su mano sobre el hombro de éste para que dejara de hablar.
—Iruka, le pediré a Shizune que envíe médicos del hospital para que todos los niños sean revisados y atendidos. Yo... Lo lamento.
Kakashi se veía devastado, ni siquiera podía ocultar su dolor.
—Está bien Sexto. Por favor, haga todo lo que considere necesario.
Sin decir nada más, Kakashi se marchó y Naruto volteó con Iruka. Sus entrecejo estaba fruncido y esperaba obtener respuestas para comprender la situación. Ya no era un niño para que le ocultaran cosas.
—¿Qué fue todo eso, Iruka sensei? ¿Nashira es una espía?
—No lo sabemos, pero me temo que Konoha está en peligro.
—¿Qué hará Ibiki con ella? ¿Van a encarcelarla?
—Supongo que antes va a interrogarla. Me pregunto si ella estaba hablando en serio cuando dijo que era parte de esos criminales o sólo lo hizo para-
Naruto se desesperó cuando Iruka se detuvo a mitad de su hipótesis y se quedó como pensando.
—Será mejor que sigas las indicaciones del Hokage y lleves a la joven mujer a un lugar seguro. Ella es la hija de un hombre poderoso y nos veríamos envueltos en problemas internacionales si algo le sucede.
—Yo no entiendo nada —Naruto se cruzó de brazos—. ¿Qué hace esa mujer aquí? además ¿es cierto que Kakashi sensei estaba enamorado de la señorita Nashira?
—Naruto, deja de hacer tantas preguntas. Tenemos mucho trabajo así que apresúrate.
Iruka se fue dejando al muchacho con la frustración de no entender nada. Naruto miró a Kazumi que estaba hablando con los consejeros y se aproximó a ella.
—El Hokage me pidió que la llevara a la Torre, así que vamos.
(...)
La habitación tenía poca iluminación, Nashira tenía sus manos atadas a su espalda y estaba sentada frente a una mesa vacía. Ibiki hablaba con unos hombres afuera de la pieza pero sus murmullos podían ser fácilmente escuchados aunque ella prefirió no prestar atención para descifrar de qué iba la charla, sino que su cabeza estaba saturada del rostro triste de Kakashi.
Su intranquilidad estaba aturdiéndola cada vez más y sentía una opresión en su pecho. No quería llorar porque no podría limpiarse las lágrimas, y además, de nada servía derramar llanto.
La puerta se cerró e Ibiki estiró la silla que estaba del otro lado de la mesa, se sentó y se recargó en el respaldo. Sus ojos la veían con firmeza pero ella no levantó la mirada y prefirió seguir observando las grietas de la madera del mueble.
—Nashira Kitayaka ¿ese es tu nombre real? —Ella movió su cabeza indicando que la respuesta era afirmativa— El Hokage me ha pedido que te interrogue, es importante que seas honesta conmigo y no me ocultes nada, toda información puede ser de utilidad para atrapar a estos maleantes.
—¿Vas a torturarme si no contesto?
Ibiki apoyó un brazo sobre la mesa y notó que su volumen de voz era bajo y tímido, como una clara muestra de que se sentía avergonzada.
—Prefieres no saber la respuesta —dijo con su grave voz—. Ahora quiero que me digas ¿quién era la mujer que estaba con el niño?
Nashira tragó saliva y se tomó su tiempo antes de contestar. Ibiki no la apresuró, una parte de él le tenía lástima por haber visto tal humillación pública.
—Se llama Nanako Zekotari, no sé mucho sobre ella.
—¿En dónde se conocieron?
Sus labios temblaron, no quería hablar del pasado pues le había costado mucho trabajo superar esas heridas y volver a ello la hacía sentir vergüenza y pena de sí misma.
—En prisión.
—¿Cuál prisión?
—La prisión de Iwa.
Ibiki se sobó la barbilla queriendo recordar dicho lugar.
—Está en el Valle Amatista —aclaró Nashira—. Ese valle colinda con la aldea del Valle Rocoso y con la aldea del Manantial.
—¿Qué fue exactamente lo que te llevó a prisión? ¿Cuál fue tu delito?
Nashira finalmente miró los oscuros ojos de Ibiki, pero además prestó atención a las cicatrices de su rostro; esas marcas le recordaban a la cicatriz de Kakashi.
—Me acusaron de asesinato.
—¿A quién?
—A un terrateniente del Valle Rocoso.
—¿Cómo lo asesinaste?
—No lo hice —su voz se cortó—. Yo no lo maté.
—Entonces ¿cómo fue que terminaste allí si dices que no eres culpable?
—Porque su esposa me acusó, dijo que yo lo había hecho.
—Necesito que seas más clara con tus respuestas.
Nashira dejó de verlo y se cuestionó si tenía caso contar su historia; era humillante y odiaba hablar de ella. Su vida no podía ser más miserable y no quería tener que cargar el peso en su conciencia por las atrocidades que pudiesen ocurrir en Konoha si Nanako cumplía su amenaza de destruir todo con los explosivos.
Respiró hondo y se rindió a cualquier esperanza que pudiera ayudarle.
—Mi vida es información irrelevante —dijo con una voz vacía y desolada—. Preocúpense por encontrar a Nanako y a esos hombres.
—Tú eres parte de ellos ¿no? Así que sabes quiénes son.
—Sólo conozco a Nanako, pero no somos amigas. Todo lo que sé de ella es que tiene una habilidad especial para activar esos explosivos, ella sabe en dónde están y los maneja a su antojo.
—¿Por qué engañaste al Hokage? ¿Cuál era tu objetivo?
«Yo no lo engañé»
—Si no respondes a mis preguntas, no podré ayudarte. El Hokage desea saber cuáles eran tus intenciones.
Nashira sintió cómo sus ojos se humedecieron. Podía decir la verdad y quizás salir librada, pero tenía miedo de que las cosas resultaran peor. No obstante, las palabras de Kazumi hacían eco en su mente recordándole que no podría estar a su altura porque Konoha necesitaba de ese matrimonio. Y aunque Kakashi le dijo que la quería, ella sólo se sentía insignificante y jamás podría solucionar un problema así de grande. Al final, él se cansaría de ella y tendría más peso su obligación con la aldea.
—Dígale al Hokage que Nashira Kitayaka no es una buena mujer —sus cejas temblaron.
—¿Eso qué significa?
—Sólo eso —pronunció—. No hay nada detrás de esas palabras ¿verdad? Uno puede ser bueno o puede ser malo, no hay intermedios para eso. Es todo lo que diré, no hablaré más de mí.
—Tú no deseas que use otros métodos más severos para obtener tu información —intentó asustarla pero sus ojos estaban demasiado cansados y vacíos como para demostrar temor del dolor físico.
—Haz lo que quieras. No volveré a hablar.
(...)
—¡Todo es tu culpa! ¡Si no te hubieras involucrado con esa mujer nada de esto estaría pasando!
Koharu tenía más de cinco minutos hablando en aquella reunión de emergencia. Los shinobis guardaban silencio escuchando sus regaños al Hokage, Kakashi por su parte no decía nada y su expresión tampoco cambiaba.
—Esa mujer sucia y depravada sólo estaba burlándose de nosotros fingiendo ser buena. ¡Y tú la metiste a este lugar! ¡Le diste una copia de las llaves de tu casa!
—Kakashi —habló Homura—, Nashira entregó el mapa a esos sujetos. Ellos tienen acceso a los explosivos y por lo visto, conocen el método para detonarlos. ¿Qué castigo le darás?
—Necesitamos el reporte de los heridos y los daños causados —interrumpió Shikamaru—. Además no sabemos si Nashira se vio obligada a culparse.
—No te estoy hablando a ti —dijo Homura—. Kakashi es el Hokage, y él es el responsable.
La puerta se abrió e Ibiki ingresó, las miradas fueron puestas sobre él esperando su conclusión del interrogatorio. Kakashi estaba desesperado y buscaba en sus gestos alguna respuesta.
—La mujer que tenía al niño se llama Nanako Zekotari. Ella y Nashira estuvieron en la prisión de Iwa en el Valle Amatista. Al parecer, ella sabe cómo localizar los explosivos y detonarlos, según la propia Nashira, es una habilidad especial.
—¿Cómo es que ella puede encontrarlos si nosotros no hemos visto nada? —Genma preguntó.
—Posiblemente sea un truco visual.
—El byakugan no detectó nada.
—¿Qué más te dijo Nashira? —Kakashi habló, Ibiki recordó las últimas palabras y al ver los expectantes ojos del Hokage, supo que ansiaba oír que todo era mentira.
—Sus palabras exactas fueron... "Dígale al Hokage que Nashira Kitayaka no es una buena mujer".
Kakashi se levantó de su asiento y se quedó mirando a Ibiki.
—¿Sólo eso? ¿Qué hay de sus días en prisión?
—Sólo me ha dicho que fue acusada injustamente de haber asesinado a un terrateniente, pero se negó a hablar más de ella. Lo considera trivial para estos asuntos.
Koharu bufó.
—Al menos admite que no es una blanca paloma.
—¡Nashira no se puede negar a hablar! —Exclamó Kakashi, Ibiki se recargó en la puerta—. ¡Tú eres el que interroga!
—Sabes bien que no quieres que use métodos más extremos con ella —argumentó y Kakashi cambió su semblante reconociendo la verdad de esa frase—. Nashira se rehúsa a contar su pasado y hasta ahora todo indica que ella es cómplice, pues tampoco ha negado ser parte de estas personas.
—No olvides, Kakashi, que ella entregó el mapa a esos hombres.
—Koharu tiene razón.
Kakashi apretó el puño.
—¿Qué motivos podría haber tenido para hacer algo como eso? Nashira no es esa clase de persona.
—¡Deja de aferrarte!
—¡No! —Golpeó la mesa y por primera vez miró con furia a los consejeros— No había manera de que Nashira y yo nos conociéramos, ella trabajaba en un mercado cuando la vi ¡fui yo quien le pidió que trabajara como mi asistente!
—Es posible que una vez que comenzó a trabajar aquí, se haya contactado con los criminales y entonces vieron la oportunidad perfecta para obtener lo que querían.
Kakashi iba a refutar pero a su cabeza llegaron los recuerdos de las ocasiones que ella le pedía que la despidiera. Se preguntó entonces ¿por qué insistía tanto? Movió su cabeza en negación y levantó la vista mirándolos a todos: Homura, Koharu, Ibiki, Genma, Shikamaru y Sai.
—Llamen a Sasuke —pidió—. Si Nashira no habla, que él se encargue de revisar en su mente.
—Kakashi, es suficiente —Koharu replicó—. Estás tratando por todos los medio de excusar a esta mujer en lugar de pensar en un plan para recuperar ese mapa y evitar que más tragedias ocurran.
—Ustedes dos —Kakashi volvió hacia Homura y Koharu— ¡salgan de aquí ahora mismo!
El rostro de asombro de todos los asistentes fue demasiado notable, Koharu estaba anonadada por el atrevimiento de Kakashi.
—¿Cómo te atre-?
—¡Dije que salgan! No los necesito en esta reunión absolutamente para nada —su voz era firme y ni siquiera parpadeaba cuando los veía—. Yo haré las cosas a mi modo porque ¡yo soy el Hokage!
—Kakashi —Homura intervino—, tienes que pensar con la cabeza fría. Es una situación delicada.
—Sí, y la única forma de calmarme es si ustedes no están aquí. Ya han ocasionado suficientes problemas ¿saben? Me voy unos días y al regresar me doy cuenta que las puertas de la aldea son un caos gracias a que ustedes meten las narices donde no les incumbe. ¡Quizás ha sido culpa suya que esos criminales pudieran entrar a Konoha!
—¡Eres un insolente!
—Ya escuché mucho. Sai —volteó con el shinobi—, sácalos de aquí.
Sai se levantó al momento y saltó la mesa para llegar al otro extremo, Koharu estaba furiosa y apartó de golpe las manos de Sai que ya se habían posicionado sobre sus hombros.
—¡No me toques! ¡No hemos terminado de hablar Kakashi!
—No. Ya hemos terminado todo lo que había que hablar. Odio que me digan lo que tengo que hacer como si fuera un niño estúpido. Mi único consejero será Shikamaru —el moreno se sorprendió al oír eso—. Sai, por favor.
—Sí señor.
—¡Kakashi!
—Ya oyó, señora. El Hokage no los quiere aquí.
Entre quejas y empujones, Sai logró sacar a Koharu. Homura se fue por su propia cuenta no sin antes mirar por última vez a Kakashi. El peliplata volvió a desplomarse sobre la silla.
—Entonces —Shikamaru habló—... ¿Vamos por Sasuke?
—Sí. Llévenlo con Nashira y pídanle que vea dentro de sus recuerdos. Necesito saber qué fue exactamente lo que sucedió.
—Si me dejas decir algo —Ibiki alzó la mano—, ¿qué objetivo tiene que descubras si Nashira es culpable o no? Quiero decir, ¿esto cómo nos podría ayudar a capturar a los enemigos? O ¿es mero capricho tuyo?
Kakashi bajó la mirada y apoyó los codos sobre la mesa. Las preguntas de Ibiki eran claras y él estaba en lo cierto, lo primordial en esos momentos era encontrar a los sujetos que atacaron Konoha.
—Hasta ahora sólo sabemos que uno de los integrantes puede localizar las bombas. Investiguen su clan, quizás nos dé información valiosa.
—Yo me hago cargo de eso —dijo Sai.
—¿Qué hacemos con Nashira? —Preguntó Ibiki— La he dejado en la habitación de interrogatorio, está siendo vigilada mientras espera una sentencia.
Kakashi respiró profundo y recordó su sonrisa. Tomar una decisión así no era fácil y le dolía, pero su deber como shinobi se anteponía a sus propios sentimientos.
—Llévala a una celda —todos lo miraron impactados, no imaginaron que diría algo así—. Tal como muchos piensan, aunque Nashira es importante para mí... No sé nada de ella y no quiero arriesgar la vida de mi pueblo por mis emociones. Estará allí hasta que Sasuke nos revele la verdad, y según lo que nos diga ya veré si la dejo en libertad o...
«...pero te quiero más a ti»
—O si la envío a prisión.
El ambiente se puso tenso, todos en esa sala sabían que Kakashi estaba tomando decisiones muy duras que le dolían incluso más que cualquier herida física.
—Entendido —dijeron todos.
(...)
Nashira fue escoltada hasta una de las celdas de la mazmorra de la Torre. Ibiki abrió la reja y se paró a un lado esperando a que los shinobis la llevaran dentro. Una vez allí, liberaron sus manos y entonces el moreno pudo ver un objeto en la muñeca de ella.
—No se pueden tener objetos personales en las celdas. Cualquier joya o accesorio, debe ser entregado.
Nashira miró la pulsera que Kakashi le había regalado y comenzó a quitársela. La observó por instantes antes de entregarla a Ibiki. La reja se cerró y se oyó el clic del candado.
—El Hokage ha ordenado que permanezcas en este lugar mientras se llega a una resolución.
Ella no contestó y en su lugar se sentó en el suelo para abrazar sus rodillas.
—Más tarde te traerán un poco de agua.
Esperó a que ella dijera algo, cualquier cosa, pero era como si se hubiese quedado muda. No hubo más palabras, entonces se marcharon.
—Tía Madoka —pensó—, ojalá nunca te enteres de que estoy aquí.
Sus ojos violetas miraron a las celdas aledañas pero todas estaban vacías. Su corazón estaba destrozado pero en ningún momento sintió rencor hacia Kakashi, entendía que él sólo estaba haciendo su trabajo.
—Sabía que estaba mal quererte, lo sabía.
(...)
La noche llegó, Kakashi permaneció en su oficina sin intenciones de ir a casa. Estaban en estado de alerta y todavía tenía que organizar las estrategias de seguridad. Sasuke entró sin solicitar permiso y miró al Hokage, él apenas pudo mantener su vista fija en el Uchiha.
—¿Has hablado con ella?
—Aún no. Fui a la caverna para revisar el texto grabado pero es imposible de descifrar.
—Ya veo.
Kakashi estaba demasiado desanimado y no podía ocultarlo.
—El mapa sigue en mi memoria —dijo Sasuke—, el sharingan me ayudó a guardar esa información. Sin embargo, me he dado cuenta que ninguno de los puntos que vienen en él, corresponden a las explosiones de hace unas horas.
—¿Qué quieres decir?
—Es posible que esas bombas ni siquiera existan. O podría ser que no todos los explosivos estén marcados en el mapa.
Kakashi arrugó la frente.
—Esto es demasiado complicado —se lamentó.
—Iré con Nashira, veré qué información puedo obtener para resolver este conflicto.
—Hazlo, por favor.
—Kakashi —lo miró fijamente—, sobre eso de que Nashira estuvo en prisión... Yo ya lo sabía.
Kakashi se puso de pie y miró a Sasuke con incertidumbre.
—Si lo sabías ¿por qué no me lo dijiste?
—Porque no es algo de mi incumbencia. Si ustedes dos eran tan cercanos, lo más lógico que es se conocieran bien.
—Nashira siempre se negó a contarme sobre su vida. Incluso esa marca en su espalda, ella aseguraba que era un accidente de su infancia.
—Si se negó a contarte algo como eso, es porque no le inspiraste la suficiente confianza.
Kakashi se quedó callado.
—Tal vez Sakura tenía razón, tú no estabas protegiéndola y permitiste que todos se colgaran de su desgracia para añadirle crímenes.
—¿Quieres decir que ella es inocente?
—No puedes culparla de un asesinato, tú y yo hemos matado más personas. Si lo hizo, sus motivos habrá tenido ¿no crees?
—¿Qué más sabes sobre ella?
—La gente de su pueblo habla mal de ella, todo lo que oí fueron cosas que la gente piensa o los rumores que se han extendido sobre su vida. No hay nada certero. Iré ahora y después determinaré si es mi deber hablarte de su pasado.
El Hokage caminó hacia Sasuke.
—¿Determinarás? ¡No! ¡Vas a decirme lo que viste!
—Es su privacidad —argumentó—. Si no encuentro nada que afecte a Konoha no tengo por qué decírtelo, lo demás que quieras saber depende de si ella decide contarte sobre su vida.
Iba a contradecirlo pero se abstuvo.
—Sólo ve y mira en sus recuerdos.
Sasuke se dio la media vuelta y salió. Kakashi se recargó en el borde del escritorio y llevó una mano a su frente; se sentía angustiado y exhausto.
—Nashira...
(...)
La mujer estaba acostada sobre el suelo, sus ojos estaban cerrados y se abrazaba a sí misma queriendo desvanecer el dolor en su codo. El lugar estaba escasamente iluminado y de vez en cuando se escuchaban los pasos de los guardias muy lejos de allí.
Pero repentinamente se oyeron unas pisadas fuertes que se acercaban. Por un instante tuvo la ilusión de que fuera Kakashi, aunque realmente no quería verlo, pero sus anhelos acabaron cuando vio al esposo de la doctora detrás de los muros.
Se sentó y esperó oírlo decir algo pero él seguía serio sólo observándola. Pudo ver que bajo uno de los mechones negros de su cabello, su ojo tenía un color distinto, luego su ojo derecho se tornó rojo y sintió temor.
—Tranquila —habló—, no voy a hacerte daño.
—T-tus ojos-
—Tengo órdenes, y —hizo una pausa, no creía lo que estaba a punto de decir—... Disculpa la intromisión.
Nashira dejó de sentir su propio cuerpo y entró a un estado de trance donde perdió la consciencia.
Sasuke comenzó a visualizar dentro de sus memorias y encontró a una Nashira joven que corría bajo la lluvia para llegar a casa. En su encuentro salió un ninja que la asustó y que después se ofreció a llevarla a su hogar.
Un fuerte sentimiento surgió en ella y se enamoró del shinobi, pasaron tiempo juntos y ella creyó que su relación duraría para siempre hasta el día que él la trató de manera indiferente.
La esposa de Keito se enteró de su infidelidad y molesta por lo ocurrido, decidió enfrentar a Nashira para mostrarle que estaba embarazada. El corazón de la pobre joven se desgarró de tristeza y no conforme con verla sufrir, Suzuru la acusó de adulterio en el pueblo.
Debido a los rumores, quedó imposibilitada de encontrar un empleo puesto que su trabajo como artesana se vio afectado, mas, un viejo terrateniente la contrató como sirvienta.
Aprovechándose de su situación, el hombre quiso tomarla como amante y su esposa se enteró. Frustrada por la jovialidad y belleza de la mujer, le tendió una trampa para vengarse tanto de ella como de su marido. Colocó veneno en la merienda que Nashira llevó al terrateniente, el hombre murió y ella fue culpada del asesinato.
Al escuchar que el hombre había muerto por su culpa y que la viuda quería que la encarcelaran, huyó hacia el bosque para esconderse. Logró ocultarse bien y allí permaneció un día entero hasta que fue descubierta y llevada a la prisión de Iwa donde fue marcada con un fierro ardiendo con los números 04.
Sus días en prisión no fueron particularmente los mejores, sufrió humillaciones y golpes, Keito estuvo vigilando la cárcel por dos meses, siendo indiferente al sufrimiento de la muchacha.
Su vida había sido miserable hasta el día que salió de allí y recuperó su libertad.
Sasuke continuó viendo a través de los recuerdos hasta llegar a la situación actual. Nashira quedó en el suelo respirando agitadamente, él la miró con pena.
—¿Qué me hiciste?
—Debes hablar con Kakashi. Debes decirle tu historia, si no eres culpable de nada ¿por qué te aferras a un castigo inmerecido?
—¿Tú cómo sabes que no soy culpable?
—Porque todo este tiempo sólo has sido engañada —Nashira abrió sus ojos—. Ese ninja, ese anciano poderoso, esa mujer. Debiste decir que tenían de rehén a ese niño.
Nashira no comprendía cómo era posible que Sasuke supiera lo acontecido en su vida. Se levantó del suelo y apretó las rejas frías.
—¿Lees la mente?
—Tengo algunas habilidades.
—No puedes decirle a Kakashi lo que sea que hayas visto, él no tiene nada que ver con mi pasado.
—No se lo diré —Nashira respiró aliviada—, eso ya no es asunto mío.
—Gracias.
Sus manos resbalaron y pegó la frente en el acero frío.
—Sin embargo... Comprobar tu inocencia en este crimen de las explosiones no será sencillo. Te has declarado culpable frente a muchas personas, demostrar lo contrario no bastará con mi palabra.
Nashira continuó en la misma posición, sus ojos veían al suelo.
—No me importa si me quedo encerrada por el resto de mi vida —confesó—. No tengo a dónde ir.
—Tienes una tía.
—Ella en algún momento me dejará.
—¿Qué hay de Kakashi?
—Él... ¿Sabes? Él al final se casará con la hija del Señor Feudal porque Konoha está atravesando por una crisis.
Sasuke recordó la escena donde Kazumi discutió con Nashira. Le había mentido diciéndole que Kakashi la había elegido a ella.
—Me voy.
—Recuerda que no puedes decirle nada a Kakashi. Si lo haces...
—Voy a asegurar a tu tía —Nashira le miró con confusión—. La mujer extraña, ella te dijo que hay explosivos en el área donde vive tu tía ¿no es así?
—¡Es cierto! ¡Tienes que salvaguardarla!
Sasuke asintió y se marchó. Nashira continuó mirando su silueta hasta que desapareció de su vista.
(...)
Kakashi cruzaba un pasillo largo para volver a su oficina, apenas había terminado de dar indicaciones a un escuadrón y ya era cerca de la media noche. Iba tan distraído pensando en estrategias y en Nashira que no podía concentrarse. No quería abandonar la Torre porque, aunque la mujer estaba en la mazmorra del edificio, si se marchaba sentiría que ella estaría desprotegida.
—Kakashi.
Volteó hacia atrás y miró a Kazumi, ella tenía una expresión de angustia. Imaginó que estaba asustada y confundida con todo lo que había ocurrido; la había llevado a Konoha prometiendo cuidarla y se olvidó de ella por un buen rato.
—¿Qué ocurre? Debes dormir, aquí no pasará nada peligroso.
—No lo sé, es sólo que lo veo demasiado preocupado. Yo sólo quiero saber si todo estará bien.
—Lo estará. Ahora duerme.
Kazumi se acercó y lo abrazó, Kakashi quedó desconcertado por el repentino acto.
—Lamento que su amiga Nashira lo haya traicionado. Yo jamás podría hacer algo como eso.
—Nashira no tiene nada qué ver en estos disturbios.
—¡Por supuesto! ¿A caso no escuchó que ella le entregó ese mapa al hombre enmascarado? —Lo soltó y se abrazó a sí misma— Eso es una traición.
—Debe haber alguna razón coherente, Nashira no es ese tipo de persona.
Kazumi frunció el ceño.
—¿Por qué la defiende tanto? ¡Ella-!
—Ella es la mujer que amo.
El descontento en el rostro de la joven fue visible, sus puños se cerraron y su labio inferior tembló.
—¿Pensaba terminar nuestro compromiso por una mujer como ella? ¡Una criminal!
—Tú y yo nunca tuvimos un compromiso real, quiero que lo sepas. Quizás los consejeros te dijeron otra cosa pero de mi boca jamás lo escuchaste.
—¿Sabe que mi padre no estará contento con esto? ¡Es una humillación! —Sus ojos se llenaron de lágrimas— Que alguien como yo sea apartada por una asesina como Nashira —decía con rabia—... No, esto es imperdonable.
—Lo siento, hablemos de esto después, ahora estoy ocupado.
Kazumi sujetó su manga. Estaba llorando.
—Yo ya le he dicho que le quiero, ¡le quiero mucho! ¿Por qué no me acepta?
—Kazumi.
—¡No entiendo por qué prefiere a esa mujerzuela! Todo este tiempo no ha hecho más que engañarlo, ¡burlarse de usted! —Jadeó— E-ella abusó de su confianza entrando a su casa, robándose ese mapa y encontrándose en el parque con ese criminal para entregárselo. ¿Qué otra prueba quiere? ¡Estoy segura que usted lo sabe pero se niega a creerlo!
—Kakashi.
La voz de Sasuke interrumpió la conversación; Kazumi calmó su llanto e histeria para limpiarse las lágrimas.
—¿Terminaste? —Preguntó Kakashi.
—Sí. Tenemos que hablar.
—Vamos —el Hokage miró a Kazumi—. Ve a dormir, después continuamos esta charla.
Ella aceptó y miró de reojo a Sasuke, por milésimas de segundo sus miradas se encontraron, luego ella volvió a su habitación.
Los shinobis caminaron hacia la oficina, Kakashi podía sentir su corazón latir acelerado por el temor de escuchar algo no grato.
Cerraron la puerta, ni siquiera tomaron asiento. Sasuke empezó a hablar.
—Como información valiosa puedo decirte que Nashira fue engañada.
—¿De qué hablas?
—Ella recuerda haber hablado contigo encontrándose en una calle, según su pensamiento, fuiste tú quien le pidió que fuera por el mapa así que ella lo recogió y posteriormente te lo entregó.
—Yo no le pedí tal cosa. Eso significa que alguien se transformó en mí.
—Así es.
—Entonces ¿por qué ella se ha culpado?
—Había un rehén, un niño... Esa mujer Nanako amenazó a Nashira para que se culpara y si no lo hacía, mataría al pequeño.
Kakashi recordó las humillaciones que tuvo que enfrentar la desdichada mujer y su corazón se comprimió.
—¿Qué me dices de su marca? Ella y Nanako tienen el mismo número.
—La marca fue hecha en la prisión de Iwa. Allí estuvo por un buen tiempo, supongo que es una marca de desprestigio para señalar criminales.
Kakashi llevó una mano a su frente.
—¿Por qué no me lo dijo?
—De información relevante puedo decirte que Nanako escapó de prisión usando explosivos. Ella tiene esa habilidad, pero ya que sé eso desde el pensamiento de Nashira no puedo conocer los detalles.
—Sai ya está encargándose de esa información. ¿Algo más?
—Nanako le confesó a Nashira que el área donde vive su tía tiene explosivos. Será mejor evacuar.
—Le diré a Shikamaru.
—También la tumba de tu padre.
Kakashi arqueó una ceja.
—¿Qué cosa?
—Hay un explosivo debajo de su tumba. Pienso que Nashira tampoco quería que se profanara el lugar donde están los restos de Sakumo Hatake.
—Sasuke... ¿Qué más viste?
—Lo demás no lo puedo contar. Si quieres saberlo, es mejor que hables con ella.
Se dio la media vuelta para retirarse pero se paró antes de salir.
—Quisiera hablar con Kazumi, la hija del Señor Feudal.
—Ahora ya debe estar dormida. ¿Pasa algo?
—Entonces vendré mañana a hablar con ella.
Sin expresar nada más, salió de la oficina. Kakashi se acercó al ventanal y observó el cielo estrellado.
—Prisión de Iwa —musitó—. ¿Por qué me resulta familiar ese nombre?
Mientras pensaba en ello, una explosión fue escuchada y se alertó. Corrió fuera de la habitación hacia la terraza de la Torre y miró la nube de humo que se extendía. Shikamaru subió a gran velocidad para encontrarse con Kakashi.
—¡Tenemos problemas! El suelo es como un campo minado, no sabemos en qué lugares surgirán más explosiones.
Kakashi continuó mirando la nube.
—Desde las sombras pueden causar estas explosiones —masculló—. ¿Qué debería hacer?
