Capítulo 33.- "Culpa"
Las estrellas no se vislumbraban, no había quedado ningún hueco en el cielo para darles espacio; las nubes acapararon todo y con fuertes truenos anunciaron la tormenta eléctrica.
Nashira no había podido dejar de ver los rayos violetas y azules que subían hasta el firmamento y sabía que Kakashi seguía enfrentándose a un enemigo poderoso. Ella jamás le había visto combatir, no sabía a ciencia cierta qué tan fuertes podían llegar a ser algunas personas y aunque se juró que jamás volvería a confiar en Keito, en ese instante quería creer a sus palabras de que Kakashi no era un hombre débil.
El viento sopló con fuerza y volvió a la noción de que su cabello ya no era largo, Kakashi lo cortó para salvarle la vida. Quiso tocar lo que quedó de su cabellera pero estaba tan dolorida y su poca fuerza la estaba empleando en aferrarse al chaleco del hombre que la cargaba.
—Por aquí —oyó la voz de una mujer, supuso que era una enfermera—. Tenemos varios heridos y no hay suficientes camillas para los pacientes, si la señorita no tiene heridas de gravedad le sugiero que la lleve hasta la sala de revisión por su propia cuenta.
Tenten miró a Keito y él estuvo de acuerdo.
—Yo la llevaré.
Nashira vio que la castaña se quedó en la recepción, eso significaba que estaría sola con el hombre con quien alguna vez soñó formar una familia. Pero sus crueles e indiferentes palabras no se habían podido borrar de su mente a pesar de que le costó trabajo volver a ser feliz.
—Estarás bien —le escuchó decir—. Si es eso lo que te preocupa.
Sus labios no hicieron el mínimo intento por moverse para responder, tampoco quiso mirarlo a la cara. Él entró a una habitación donde los enfermeros y médicos se encargaban de atender a algunos de los heridos. Las demás salas estaban llenas, por lo que ésa era la menos congestionada.
—Traigo a una persona herida —dijo Keito.
—Póngala sobre la cama, enseguida se le revisará.
El hombre la recostó con cuidado, Nashira concentró su vista en la luz blanca del techo y puso ambas manos sobre su vientre. Un enfermero se acercó, comenzó a revisar su cuerpo con un jutsu médico y al mismo tiempo hacía varias preguntas.
—¿Qué fue lo que sucedió
—Me golpeé con una pared, una ventana estalló cerca de mí y los vidrios me lastimaron —contestó, sus ojos seguían puestos en la luz blanca. Keito permanecía junto a ella.
—Tienes varias contusiones, tu codo también está lastimado —explicó el enfermero.
—Antes he sufrido una caída, fui atendida y me pidieron no realizar actividades físicas que pudiesen afectar mi esguince. Pero debido a estas explosiones, fue imposible seguir cuidando mi estado.
—Ya veo. Bueno, lo primero que haré es quitarte todos los vidrios que se clavaron en tu piel. Esto puede doler un poco.
Keito se mantuvo al margen de la situación, sus ojos color miel no se despegaron de Nashira viéndola hacer gestos cada vez que uno de los vidrios era extraído. Ese mismo rostro de dolor lo presenció cuando vigiló la prisión de Iwa y ella era golpeada frente a su cara; en ese entonces él no quiso darle importancia aunque su conciencia le reclamaba cada noche que lo que le hizo había sido ruin y desalmado.
El enfermero procedió a curar los cortes, luego, una mujer se acercó para inspeccionar a Nashira.
—Va a estar bien —Nashira oyó a la mujer decirle esas palabras al enfermero—. Sólo déjala en reposo, en cuanto terminemos con la carga de pacientes que están llegando, vigilaremos cada caso. Por ahora los más graves están en el segundo piso.
—Sí, señora.
La mujer se quedó mirando a Nashira, observó su ropa y luego volteó con Keito. Nashira no asimilaba lo que eso quería decir hasta que la vio acercarse al shinobi.
—¿Es una reclusa? Ése es el uniforme para los que son llevados a las celdas de la mazmorra.
Keito miró a la mujer de cabello azul y no sabía qué debía contestar.
—Bueno... Ah...
Nashira dejó de darle importancia al hecho de que su vida siempre estaba marcada por ser expuesta como una mala mujer. Abrió sus labios para contestar por Keito, quien seguía sudando de los nervios.
—Sí, lo soy.
La médica volteó.
—Esta mañana me han llevado a las celdas, estoy bajo investigación. Pero la Torre fue atacada y el Hokage decidió salvar mi vida.
—Entiendo. Gracias por su sinceridad —la mujer miró a Keito—. Entonces, la dejo bajo su vigilancia.
El enfermero y la médica se retiraron de la habitación, el castaño miró hacia la puerta donde se marcharon, no sabía cómo reaccionar y cuando miró a Nashira ella apartó la vista.
El ambiente estaba lleno de quejidos y ciertos lloriqueos infantiles se oían al fondo. Sin más por poder hacer, Keito tomó una silla y se sentó junto a la cama donde Nashira estaba. Un trueno sonó haciendo retumbar los cristales, instantáneamente sus ojos miel vieron la mano de Nashira apretar la sábana del colchón. Él recordaba su pavor por aquellos sonidos.
—Tu cabello, ¿qué ha sucedido con él?
Ella por fin tuvo la oportunidad de llevar su mano hacia la cabeza y acarició las fibras cortas.
—Le pedí al Hokage que lo cortara —contestó.
Keito tragó saliva y se puso a jugar con sus dedos en un acto por mantener la calma.
—Nashira —pronunció con un titubeo—, sé que no es algo de mi incumbencia pero... ¿El Hokage y tú-?
—Cierto, no es de tu incumbencia —interrumpió. Su vista estaba en dirección hacia el techo, no quería mirar al hombre que antes amó.
—Sólo quería decir que, lo siento.
—¿Lo sientes? ¿Qué sientes? —Su voz se volvió molesta.
—Haberte engañado.
Sus cejas se fruncieron y puso todo su empeño en mantener la compostura. Pero su corazón estaba herido y recordó todas las vivencias que la hicieron sentir miserable.
—¿Y es todo? ¿Crees que por disculparte se borrarán todos los recuerdos dolorosos de lo que viví gracias a ti? ¿Crees que así de fácil se soluciona todo?
Sus labios temblaron y las inevitables lágrimas desbordaron mojando sus mejillas y orejas.
—Sé que no puedo cambiar el pasado, pero necesitaba disculparme contigo.
—Claro, claro —Nashira rió con amargura y se limpió la cara—. Tu conciencia te carcomía, y ahora que te has disculpado ya podrás vivir en paz ¿no? Bien por ti.
Keito suspiró y se lamió el labio inferior, dejó de ver a Nashira para ver al suelo.
—Todo lo que he hecho hasta ahora ha sido incorrecto, aprovecharme de ti y de tu inocencia no tiene perdón. También lamento todo lo que Suzuru te ocasionó.
—Ah... Tu esposa, es verdad. Ella fue la que me acusó en todo el pueblo de adúltera y roba maridos. Como si yo fuera la culpable de que tú seas un infiel mentiroso. Dale las gracias de mi parte por hacer de mi vida un infierno.
Keito giró el rostro de Nashira y ella apartó su mano.
—No vuelvas a tocarme —sus ojos estaban húmedos—, ya no tienes el derecho de hacer tal cosa.
—Gracias.
Los ojos violetas de Nashira se abrieron cuando oyeron la expresión.
—¿Por qué? ¿Gracias por dejarme seducir y creer que me amabas? Eres tan maldito.
—Gracias por cuidar a Kuroyi.
Nashira contuvo la respiración al recordar al niño.
—Él me habló de ti —confesó—. Volvía a casa con una sonrisa y me decía que estabas trabajando en la academia y le dabas consejos sobre ser un hombre valiente.
La expresión en el rostro de Keito era serena, Nashira pensaba que él decía aquello con pena por sí mismo.
—Le dije que no le comentara nada a su madre con el pretexto de que se pondría celosa —sonrió débilmente—. Pero mi corazón comenzó a pesar demasiado cuando él me dijo que de grande quería una esposa como tú —suspiró—. ¿Es irónico verdad?
—Kuroyi... Él será un buen hombre —dijo Nashira, Keito volvió a mirarla—. Porque es amable y no intenta hacerle daño a los demás. Él se parece a ti físicamente, pero su interior es muy distinto. Si quieres que sea un hombre de bien, haz algo bueno por primera vez en tu vida y asegúrate de aconsejarlo para que no cometa tus errores.
—Nashira —Keito arrugó la frente y tragó saliva—, es tarde para decir esto y sé que no sirve de nada pero... En algún momento cuando estábamos juntos, pensé que hubiera sido bueno conocerte antes que a Suzuru.
Nashira sonrió.
—¿Sabes? En algún punto de mi vida llegué a pensar que eras el mejor hombre del mundo —su mente viajó hasta un dulce recuerdo—, luego conocí a Kakashi y me di cuenta que estaba equivocada. Kakashi es un hombre maravilloso.
Keito sonrió con pena y apartó su vista.
—Es cierto. Contra el Sexto Hokage ¿quién podría competir? Aunque, lo que te ha sucedido es terrible y quizás ustedes no puedan estar juntos.
—No sería la primera vez que me pasa, la diferencia radica en que por lo menos en esta ocasión me sentiré feliz de saber que mi amor por fin ha sido correspondido.
Un silencio fortuito se instaló en la habitación, no volvieron a intercambiar palabras. Keito se rascó la cabeza y se puso de pie.
—Voy al baño, volveré enseguida.
—Haz lo que te plazca.
—Dejaré esto aquí —se quitó el portador de la pierna y lo dejó sobre la silla.
No dijo más, luego salió de la habitación. Al momento que él se fue un alboroto se escuchó, los enfermeros entraron con Shizune y una anciana que se quejaba de dolor.
—Su brazo está roto —decía un enfermero—, tiene varias contusiones musculares.
—Yo me haré cargo —Shizune empezó a trabajar en la curación del brazo mientras la mujer gimoteaba.
—¡Sé más cuidadosa!
—¡Señora Koharu, estese quieta!
—Tsunade no te enseñó bien.
Nashira prestó atención cuando oyó ese nombre, cayó en la cuenta de que la consejera había sido herida por las explosiones. Un fuerte trueno se oyó y pensó en Kakashi, se preguntó si estaba bien y deseaba que nada malo le ocurriera. Cerró sus ojos y habló en su mente.
—Santo Monje, sé que estos últimos meses he estado bromeando y tomando a la ligera todo, incluso fui grosera frente a tu templo, pero si todavía me consideras un poco y es cierto lo que mi tía dice sobre ti... Te pido que Kakashi pueda ser feliz, él lo merece más que nadie, incluso más que yo. ¿Sabes? Su padre murió cuando él era un niño, y toda su vida ha cargado con responsabilidades absurdas.
Sus ojos se abrieron cuando Koharu volvió a regañar a Shizune. La anciana no le permitía concentrarse lo suficiente.
—Aunque no estemos juntos, quiero que Kakashi sea feliz.
—He terminado —dijo con alivio Shizune—. Ahora quédese quieta, tengo más heridos por atender.
Antes de que la anciana volviese a reprenderla, Shizune se marchó. Koharu se quedó sentada sobre una de las sillas, miraba alrededor a los pocos pacientes que había allí y que ya habían sido atendidos. Luego sus ojos vieron a la mujer sobre la camilla y no tardó en identificarla; se levantó y caminó para verla bien.
—¿Tú qué haces aquí?
Nashira se espantó cuando se dio cuenta que la mujer estaba junto a su cama. Se enderezó despacio para recargarse en el respaldo.
—Creí que Kakashi te había encerrado.
—Hubo un ataque a la Torre.
—Sí, ¿por qué crees que estoy herida? ¡Por tu culpa!
—No ha sido mi culpa, señora. Yo no tengo nada qué ver.
—Antes dijiste lo contrario, Kakashi es demasiado flexible contigo. ¿Ya viste todos los problemas que le has traído a Konoha? ¡¿Cómo nos repondremos de esto?!
Nashira no sabía qué contestarle, sabía que no importaba lo que dijera, Koharu siempre tendría una respuesta desfavorable y ofensiva. La manera tan cruel en que la miraba, le recordó a las decenas de miradas que tuvo que afrontar en su juventud.
—Espero que tu sentencia sea dictaminada pronto y cuando Kakashi se case con Kazumi-
No terminó de dar su discurso porque el vidrio de una ventana se rompió y a la habitación ingresó un hombre enmascarado que estaba huyendo de Kiba y su escuadrón. Al mirarse acorralado corrió hacia Koharu reconociéndola como una de las consejeras del Hokage y la tomó de rehén.
El escándalo atrajo a enfermeros y médicos que al asomarse vieron con horror la escena donde el enmascarado sujetaba a la anciana con la fuerza de su brazo, rodeándola por el cuello y con la otra mano tenía un arma punzocortante. Nashira se quedó inmóvil, estaba a escasos centímetros del atacante y la consejera.
—¡Si se acercan, voy a matarla! —Amenazó.
Kiba entró por la ventana y detuvo a sus perros de caza y a los ninken de Kakashi. Koharu no podía moverse a causa del dolor, en su juventud fue una kunoichi reconocida pero en ese momento su edad y estado no le permitían poder defenderse.
—¡Suelta a la consejera ahora mismo! —Gritó Kiba.
El hombre acercó más el kunai al pecho de Koharu.
—Si das un paso, acabaré con su vida.
Nashira estaba temblando de miedo, veía perfectamente la espalda del sujeto. Sus ojos se desviaron hacia la silla donde Keito dejó su portador, recordó que en él los ninjas guardaban sus armas. Lentamente estiró la mano y lo tomó, con cautela logró sacar un kunai y aunque le traía malos recuerdos su mano se cerró en un puño para sujetarlo con fuerza.
—Doctor, ella va a...
Una enfermera susurró al médico que estaba a su lado, pero él le pidió que se callara. Kiba movió un pie y el enmascarado movió su mano milésimas de segundo después para cumplir con su amenaza.
Para Nashira, todo ocurrió en cámara lenta. Los gritos de terror de los espectadores, Koharu cerró sus ojos y ella levantó el arma para clavarlo en el hombro del sujeto; su mano vibró, el enmascarado soltó a Koharu y se quejó de dolor, sin embargo la pesadilla no acabó allí. En un rápido desplazamiento, aquel hombre soportó su dolor y volvió su mano hacia la anciana para herirla con el kunai.
En la mente de Nashira sólo podía escuchar la voz de Guy en uno de los pocos entrenamientos que tuvieron donde le decía la manera más efectiva de desarmar a alguien. Sabía que no tenía tal habilidad en el combate, sabía que su fuerza era inferior, pero en ese momento no tenía otra opción a su alcance y como último recurso sólo atinó a empujar a Koharu y ponerse en su lugar para sujetar la mano del criminal.
Su codo dolió tanto que no soportó la tensión y el combate de fuerza lo ganó el enmascarado. Los ensordecedores gritos de espanto se cortaron a la mitad, Nashira sentía un calor abrumador en su vientre y sus ojos miraban la máscara de zorro.
Una imagen fugaz se apareció en su memoria: Kakashi.
Aunque estaba allí, sus sentidos se distorsionaron y los ladridos y gritos se oían a lo lejos. Cayó al suelo siendo incapaz de moverse, su visión borrosa detectaba a un canino olfateándola, luego todo se tornó oscuridad absoluta.
(...)
«Kakashi»
Un escalofrío recorrió a Kakashi de pies a cabeza, giró el rostro y miró atrás, luego hacia el oeste. Su respiración estaba estabilizándose después de un fuerte enfrentamiento en el que al final tuvo que acabar con la vida del hombre enmascarado.
Su cuerpo inerte estaba en el suelo mojándose con la lluvia; el Hokage también estaba empapado, dejó de ver hacia el horizonte y volvió la vista al cadáver. Sintió un apretón en el estómago, tenía tiempo que no se sentía tan mal por matar a alguien.
El sonido de unos pasos veloces salpicando agua lo hicieron mirar hacia delante. Shikamaru estaba allí y al notar el cuerpo ensangrentado, pasó saliva.
—No tuve más remedio —dijo Kakashi.
—Lo sé.
—¿Cómo van los demás?
—Naruto atrapó a uno de los criminales, ha sido llevado a interrogatorio. Sasuke dejó inconsciente a la mujer, él ha visto a través de sus recuerdos. No hay más cabellos esparcidos en Konoha, sólo eran amenazas.
Kakashi respiró aliviado.
—Eso es bueno. ¿Qué hay del otro integrante?
—Escuché que un escuadrón lo había localizado y estaban persiguiéndolo, le informaré en cuanto sepa algo.
—Asegúrate de que Nanako también sea resguardada y en cuanto a él —ambos vieron el cuerpo—. Que los forenses se hagan cargo.
—Sí, señor.
—Es seguro que Sai llegue poco antes del medio día, con la información que recolecte podremos determinar los motivos, los involucrados y toda esta faramalla. Iré a hablar con Sasuke, quizás Nanako no tenía toda la información.
(...)
El cielo aclaró con el paso de las horas, la lluvia torrencial había terminado pero gracias a ello, el ambiente se sentía todavía más frío.
Una sección de la Torre había sido restringida, debido a las explosiones era un sitio inseguro por posible derrumbe.
Kakashi estaba en una junta con los jefes de escuadrones de rastreo, combate, Shikamaru, Sasuke, Homura y el Señor Feudal.
El ambiente estaba tenso, nadie había dormido nada a excepción del daimio. Kakashi analizaba unos documentos y se sobaba el puente de la nariz. Su brazo seguía herido por el ataque que recibió con la espada, pero lo ignoró dando prioridad a que los habitantes lastimados fueran atendidos.
La puerta se abrió y Sai apareció horas antes de lo que todos esperaban, hizo una reverencia e ingresó.
—¿Cómo te fue? —Cuestionó Kakashi.
—Aunque posiblemente mi intervención está demasiado retrasada ya que han capturado a los criminales, he recolectado cierta información sobre los involucrados.
—Por favor —Kakashi lo instó a hablar.
—Nanako Zekotari, originaria del Valle del Trigo, su clan fue exterminado por shinobis de Konoha cuando el Señor Feudal del país del Fuego solicitó como servicio al Tercer Hokage acabar con los miembros de una familia problemática que estaban amenazando la seguridad de los habitantes de esa aldea. Tenían esa habilidad de usar su cabello como arma y sacaron provecho de esto para robarle a los pueblerinos.
El daimio carraspeó y se hundió en el asiento. Sai prosiguió.
—Nanako fue la única sobreviviente, su padre la vendió cuando era niña y aunque conservó el apellido, su nombre fue cambiado, originalmente se llamaba Hikha. Fue encarcelada por asesinar a dos guardias de seguridad de un banco. Allí permaneció cuatro años hasta el día que se escapó.
—¿Qué explicación hay del número en su espalda? —Preguntó Kakashi.
—Cero cuatro es el número con el que en la prisión de Iwa, se identifica a los reos que cometieron asesinato. La lista abarca seis crímenes —explicó— Cero uno es por robo y secuestro. Cero dos por tráfico de armas y droga; cero tres es homicidio; cero cuatro asesinato; cero cinco terrorismo y cero seis es violación.
Kakashi recordó la cicatriz de Nashira, su corazón se comprimió de dolor al imaginar el momento en que fue marcada.
—De modo que tienen costumbres así de extremas —dijo Shikamaru.
—¿Qué hay de los otros integrantes? —Preguntó el Señor Feudal.
—Darui Chirase era el líder del equipo —explicó Sasuke—. Su odio por Konoha reside en que su padre fue asesinado por Sakumo Hatake.
—He de suponer que se trataba de un criminal —dijo Kakashi—, mi padre no era del tipo de ninja que matara por placer.
—No hay mucha información sobre él, además ya está muerto y es imposible conocer sus memorias.
Naruto volteó con Kakashi cuando oyó eso, el peliplata ignoró tal acción.
—Los otros dos han sido interrogados por Ibiki —habló Shikamaru—. Hasta el momento se sabe que eran simples vagos que se dedicaban al secuestro, sólo uno de ellos tenía la habilidad de esconder el chakra, por eso es que nos era imposible rastrearlos.
—Planearon esto en conjunto con Kazumi Igarashi —Sasuke complementó.
—¿La hija del daimio? —El poderoso hombre se sorprendió al oír aquello.
—Kazumi estuvo de acuerdo en pagarles una fuerte suma de dinero a cambio de que le ayudaran a concretar su matrimonio con Kakashi —Sasuke explicó—. Ellos no tenían la intención de simplemente apartar a Nashira, sino que querían destruir Konoha. Vieron a Nashira como una debilidad de Kakashi y la utilizaron para su beneficio. Kazumi también deseaba quitarla de en medio.
Kakashi apretó el puño debajo del escritorio.
—Nashira Kitayaka y los criminales no tienen relación alguna —sentenció el Uchiha.
—Aún así, todo este peligro y vulnerabilidad ha sido gracias a que no pusiste atención Kakashi —dijo el Señor Feudal—. Esa mujer te ha distraído demasiado, y mira lo que pasó.
Homura no dijo nada, permaneció en silencio escuchando.
—Me disculpo señor —dijo el Hokage—, pero Nashira no tiene nada qué ver.
—Ahora tenemos que revisar los daños y heridos —Shikamaru intervino para calmar la tensión—. Así tendremos una noción de las pérdidas.
Tocaron la puerta, todos voltearon y Kakashi permitió que ingresaran; Shizune se asomó, traía una carpeta en sus manos.
—¡Ah! ¿Has realizado el conteo? —Cuestionó el Sexto.
—Sí, tengo un informe de la cantidad de heridos. Los que han sido atendidos y no presentan heridas graves, los que continúan hospitalizados, los que han sido dados de alta y los fallecidos.
Kakashi tomó la carpeta y empezó a revisarla.
—Sólo hay un fallecido —explicó Shizune—. Era un anciano que vivía en la zona boscosa.
—Ya veo. ¿Tenía familia?
—Una nieta. Pero él vivía solo.
—Por favor háganse cargo de los gastos del entierro y mantenme informado del día que se lleve a cabo. Lo mínimo que puedo hacer es estar presente en su despedida.
—Sí, señor.
—¿Cómo está Koharu? —Preguntó Homura luego de haber permanecido en silencio por largo rato.
—Ella está bien, ha sido dada de alta. Sus heridas no eran de gravedad, sólo se rompió un brazo.
Kakashi alzó el rostro dejando de lado la hoja en sus manos.
—¿Koharu se vio afectada?
—Una explosión en la Torre fue la causante, yo personalmente la atendí. El impacto de la onda expansiva la hizo caer al suelo y debido a su avanzada edad, sus huesos son muy frágiles.
—Es bueno saber que está bien.
Kakashi quería preguntar por Nashira, sabía que había sido llevada al hospital cuando vio que Keito la cargaba, pero el Señor Feudal seguía atento a la conversación.
—¿Cómo está la señorita Nashira? —Preguntó Naruto y Kakashi se estremeció— Oí por Tenten que ella estaba herida ¿ya está mejor?
Kakashi buscó en Shizune una respuesta antes de que sus palabras fueran pronunciadas. Todos estaban expectantes de lo que pudiera decir, especialmente él. Ella no contestó inmediatamente, antes se aclaró la garganta y abrió su boca aunque no dijo nada.
—¿Cómo está? —Inquirió Kakashi.
—Está en terapia intensiva.
—¿Qué?
Kakashi caminó hacia Shizune, el resto de los shinobis que la conocían, también se turbaron.
—¿Por qué? Ella sólo tenía golpes y cortadas.
Shizune bajó la mirada.
—Uno de los enmascarados logró entrar al hospital, tomó de rehén a la señora Koharu y Nashira lo atacó por la espalda. Antes de herir de gravedad a la señora, Nashira la empujó y se puso en su lugar, ella recibió el impacto en su abdomen.
Las piernas de Kakashi temblaron, por un momento sintió que nada era real y estaba soñando. Sus ojos negros no dejaban de ver a la mujer frente a él y su estómago se revolvió.
—Nashi- Ella...
No podía completar su frase, Shikamaru y Naruto se pusieron de pie cuando vieron lo afectado que se veía Kakashi.
—Kakashi sensei...
—¿Sakura la atendió? ¿Sakura se hizo cargo de ella? —Confiaba tanto en su ex alumna que quería escuchar que estaría todo bien.
—Sí, Sakura fue la que atendió su caso. Por ahora está bajo observación, no hirieron ningún órgano pero ella dictaminó que lo mejor sería tenerla en vigilancia. Ha perdido sangre, así que estamos buscando un donador.
—¿Qué tipo de sangre es Nashira?
—O positivo.
—Yo lo haré —se apresuró a decir Kakashi.
—Usted no puede —replicó la mujer—. No ha dormido, no ha comido y estoy viendo sangre en su ropa lo que indica que ha sido herido ¿por qué no se ha atendido eso? —Señaló.
—Eso no importa, ¡Nashira me necesita!
—Kakashi —habló el Señor Feudal, el Hokage no quiso mirarlo.
—Shikamaru —Kakashi volteó con el pelinegro—, ¿podrías por favor revisar los tipos de sangre de nuestros shinobis? Debe haber algún archivo que indique quiénes poseen el tipo O.
—Sí, enseguida.
—Kakashi estás dejándote llevar otra vez por tus emociones. Como Hokage no puedes actuar de esa manera —le reprendió el daimio.
—Señor —por fin le miró a la cara—, estoy actuando como Hokage. Nashira como cualquier persona de esta aldea, es importante para mí y por si no lo escuchó, ella le salvó la vida a Koharu.
El hombre apretó los labios y se reservó el resto de sus opiniones. Shikamaru salió de la sala de reuniones para averiguar lo que su superior había solicitado.
—Si no desea algo más, voy a retirarme —manifestó Shizune.
—Shizune, procura informarme del estado de salud de Nashira —la orden sonó más como un ruego, la mujer vio en los ojos de Kakashi un sentimiento puro y sólo movió su cabeza asintiendo.
—Sería conveniente que no le dijeran nada de esto a su tía —habló Sasuke—, Nashira no desea que ella se preocupe.
Kakashi tuvo ligeros celos de que el Uchiha tuviera conocimiento de aquellos detalles. Su sharingan le había permitido ver en los recuerdos de Nashira y tenía más información sobre su vida de la que él pudiese saber.
Shizune abandonó la habitación y el Hokage deseó haberse ido tras ella, pero sus deberes como líder le impedían hacerlo; todavía tenía que terminar de organizar los trabajos de reparación, dar una entrevista para informar a la ciudadanía de los acontecimientos y explicar que todo estaba bajo control. Dictaminar una sentencia para los criminales y hablar con el país de la Tierra sobre Kazumi Igarashi, ya que el asunto había alcanzado el nivel internacional gracias a ella y a uno de los hombres que también era del mismo país.
El día se fue, lento y pesado para el Sexto. Apenas había tenido tiempo de beber agua y continuar trabajando; su mente estaba llena de tareas por terminar y entre el montón de actividades, estaba su preocupación por Nashira. Calmaba su pesar pensando que si algo malo hubiese ocurrido, Shizune se lo habría informado de inmediato.
Shikamaru entró en su oficina cuando la tarde estaba cayendo; sus ojos lucían cansados y Kakashi lo comprendía, él tampoco había dormido nada.
—Revisé la lista de shinobis, pero hablé al hospital y me dijeron que ya se presentó un donador de sangre.
—Eso es bueno —respiró con alivio.
—Señor, quizás debería ir a verla. Aunque es posible que no admitan visitas, estoy seguro que se sentirá más tranquilo si directamente obtiene un diagnóstico.
Kakashi se masajeó la frente y apoyó sus codos sobre el escritorio.
—En cuanto termine de acomodar estos archivos iré. No quiero dejar el trabajo a medias.
Shikamaru sabía que Kakashi estaba haciendo hasta lo imposible por mantenerse sereno y en su modo responsable, sintió pena por él. El sentimiento de empatía era fuerte, él en su lugar no sabría qué hacer.
—Puedes ir a casa a descansar —ofreció el Sexto—, ve a ver a tu mujer y a tu hijo.
—Yo podría quedarme y ayu-
—No te preocupes, acabaré pronto. Si no estás al cien por ciento, poco podrás hacer.
Shikamaru no protestó más y aceptó el ofrecimiento.
Las horas pasaron, por fin tuvo un tiempo de descanso. Cerró la puerta de la oficina y bajó apresurado la escalera para ir hacia el hospital.
La noche había llegado, el frío de invierno calaba hasta los huesos y el corazón de Kakashi latía fuertemente. Sus ojos veían en un simple vistazo, los escombros de construcciones, los murmullos de tristeza por quienes perdieron sus patrimonios. Kakashi se sentía culpable por ello.
Las puertas automáticas se abrieron, él ingresó y las personas que estaban en recepción lo recibieron con una mirada casi suplicante, como si él fuese el salvador de sus penurias.
Kakashi preguntó a la asistente sobre Nashira, ella le indicó el piso y el pasillo. No dio cabida a una interrupción y se fue directamente al ascensor.
Llegó al tercer piso, salió buscando el pasillo y al localizarlo siguió sin detenerse. Dobló por la izquierda y se encontró con un enfermero quien le dijo que Nashira estaba aún en terapia intensiva.
Sus ojos distinguieron a escasos metros a un hombre sentado en una silla de plástico en la sala de espera. Se despidió del enfermero y se aproximó hasta el susodicho, quien permanecía quieto con sus manos entrecruzadas sobre el regazo.
—Señor Renji.
El hombré volteó.
—Sexto, qué bueno verle.
Kakashi se sentó junto a él.
—Nashira aún no tiene permitido recibir visitas —se adelantó a explicar, Kakashi no contestó—. Me enteré que estaban buscando un donador de sangre, es una suerte que seamos del mismo tipo.
—De modo que fue usted —musitó—. Gracias.
Renji observó la expresión en los ojos tristes de Kakashi.
—Pero está fuera de peligro, me dijeron que pronto será movida a una habitación para su recuperación.
—Eso es bueno.
—Sé que quizás no viene al caso —Renji se acomodó en el asiento—, pero me preguntaba si usted conoció al famoso escritor y shinobi, Jiraiya.
Kakashi hizo una mueca de gracia al recordarlo.
—Por supuesto. Sus libros son mis favoritos —se detuvo al analizar sus palabras, luego miró al hombre de lentes—. Ah, usted debe pensar que soy un sucio pervertido.
—Para nada. No soy de las personas que juzgan a otros por sus preferencias literarias, de hecho estoy agradecido con Jiraiya por haber publicado su trilogía.
Kakashi se sorprendió.
—¿Eh? ¿Usted también los ha leído?
El hombre asintió.
—Cuando conocí a Nashira, ella no era nada parecida a la mujer que es hoy en día —reveló, Kakashi se quedó atento oyendo—. Ella tenía una mirada vacía y estaba más delgada, quizás un poco demacrada. Estaba buscando trabajo y me ofrecí a ayudarla. Al principio simplemente trabajaba limpiando la oficina donde yo revisaba los trabajos de una editorial, pronto descubrí que ella estaba interesada en el mundo de la escritura.
Kakashi estaba alerta del semblante en Renji.
—Nashira ¿interesada en la escritura? Sabía que a ella le gustaba leer.
—Eh, bueno... Quizás estoy hablando de más.
—No, por favor continúe —dijo casi en desesperación, el hombre se dio cuenta de ello.
—Sexto Hokage, ¿usted tiene sentimientos por Nashira?
Kakashi se quedó sin habla, no había previsto que le cuestionara algo así tan de repente. Apartó la mirada y se recargó en el respaldo de la silla.
—Lo siento, creo que de nuevo he dicho algo imprudente.
—No, no tiene por qué disculparse —interrumpió—. Es verdad, tengo sentimientos por ella, pero hasta ahora no he sido capaz de protegerla como he deseado hacerlo.
—Uhm... De modo que es por eso.
—¿Qué cosa? —De nuevo volteó Kakashi.
—Nada, nada —Renji movió las manos en el aire y Kakashi arrugó la frente impacientándose.
—¿Qué pasa? ¿Qué me está ocultando?
—Señor Hokage, Nashira no es una criminal —Renji se movió en el asiento para ver de frente al peliplata, la seriedad en su cara indicaron que no estaba para juegos—. Su vida ha sido un mar de tragedias y la gente se ha aprovechado de ella.
—¿Por qué me dice todo esto?
—Porque me han dicho que usted la encarceló.
Kakashi negó con su cabeza y después se detuvo, era cierto, él también la había enviado tras las rejas y no había una notificación oficial para dejarla en libertad.
—Eso... Han ocurrido un par de cosas y malentendidos.
—No sé si Nashira se lo haya contado antes, incluso sé que no soy el indicado para hablar de su vida pero ¿sabe? Ella estuvo en prisión por un delito que no cometió. Su vida allí fue un infierno y lo que la hizo escapar de su realidad fue un libro.
Kakashi miró cómo el hombre decía todo aquello, él parecía molesto.
—Un vigilante de las celdas dejó abandonado uno de los libros de Jiraiya, ella lo tomó y lo leyó a escondidas cada que tenía oportunidad, procurando no ser descubierta. Ése fue su escape, eso la hizo imaginar un mundo muy distinto al que estaba viviendo. Por eso ama ese libro y cuando me lo contó, le sugerí escribir el suyo. Ella tenía tantas emociones reprimidas así que le dije que sería bueno descargar sus sentimientos en un escrito.
—¿Lo hizo?
Los ojos negros de Kakashi miraron los iris verduscos tras los cristales de los anteojos.
—Lo hizo —afirmó—. Le ayudé con los primeros capítulos pero después renunció. Dejé de verla y no supe qué pasó exactamente con su obra. Recientemente cuando nos reencontramos, me dijo que sólo pudo costear la impresión de una copia, la echó a escondidas en una caja de obras y seguramente su escrito se perdió en algún almacén.
—¿Qué tipo de escrito era? Quizás pueda encontrarlo.
—Es poco probable que eso suceda —Renji hizo memoria—. Lo único que recuerdo de la historia quizás ella lo modificó después. Ni siquiera tenía un título. Era una novela romántica, era su propia historia de amor, o al menos lo que hubiese deseado que sucediera.
Kakashi sintió un apretón en el estómago.
—¿Algún fragmento de la obra? —El Hokage estaba demasiado interesado, no tenía idea de que Nashira poseyó ese deseo de ser escritora.
—Si le sirve de algo, lo que recuerdo es que la historia mencionaba algo acerca de un hombre ojos color miel, ella siempre hacía alusión a lo atractivos que eran sus ojos. Dos amantes que se conocieron en un día de lluvia bajo el-
—cielo nocturno de verano —completó Kakashi al momento que esas palabras volaron en su mente. Renji se quedó en silencio observándolo.
—Sí, ¿cómo lo sabe?
Kakashi movió su cabeza, tuvo un mal presentimiento.
—Quizás lo he leído en alguna parte —su cabeza estaba hecha un caos pero por alguna razón, su mente proyectaba un libro de tapas rojas.
Unos pasos los hicieron salir de la conversación y miraron al sujeto que pasaba cerca de allí. Kakashi, al mirarlo a la cara lo primero que notó fueron sus ojos claros como la miel. Lo supo enseguida y sus emociones se dispararon dentro de sí mismo.
Keito hizo una reverencia y continuó caminando, Kakashi tenía la cabeza llena de frases al azar sobre la novela y con cada una de ellas comprobaba que efectivamente se trataba de ese libro.
«Sus bellos ojos como la miel eran el motor de su alegría»
«Adoraba verse reflejada en esos ojos color de ámbar»
Sin saber en qué momento pasó, Kakashi estaba de pie mirando la espalda de Keito, quien caminaba lejos de allí. Renji estaba confundido y miró en dirección donde lo hacía el Sexto.
—Tengo que retirarme ahora —excusó— hay un asunto pendiente que debo terminar.
—Claro, tenga buena noche señor.
Sólo movió su cabeza y fue detrás del shinobi que había cruzado por el pasillo. Lo siguió hasta que le miró pararse frente a un dispensador de agua. Keito arrojó el vaso de papel en el cesto de basura y se limpió la boca antes de voltear con Kakashi.
—Señor Hokage —habló antes—, qué sorpresa.
Una enfermera pasó por allí y Kakashi desvió la mirada para no levantar sospechas. Esperó a que la mujer se marchara para hablar.
—Me gustaría hablar contigo, Keito Kurosawa.
El shinobi aceptó, al escuchar su nombre de la boca de Kakashi supo de qué iba el asunto.
Subieron hasta la azotea del hospital, y aunque hacía demasiado frío trataron de ignorarlo. Kakashi en ese momento no podía preocuparse por el clima porque su cabeza estaba saturada.
—Y bien —Keito se quedó mirando hacia el horizonte, Kakashi se situó detrás de él—, ¿qué desea hablar conmigo?
—Es sobre Nashira.
El shinobi se dio la media vuelta y metió sus manos en los bolsillos de la chamarra.
—Sé todo lo que pasó entre ustedes —confesó, Keito no se inmutó—. Hiciste cosas que deshonran el código ninja.
—¿Va a castigarme? —No había burla en sus gestos, Keito sabía que Kakashi estaba celoso.
—Debería suspenderte de tus funciones por tiempo indefinido, pero sé que tienes dos hijos y una esposa y no puedo hacer algo como eso. Pero...
—¿Pero?
—No te hablaré como Hokage, sino como un hombre común; lo que le hiciste a Nashira es repugnante —soltó con enojo—, no sé cómo pudiste jugar así con los sentimientos de una jovencita y todavía ser indiferente a su dolor.
Keito miraba atento a Kakashi sin decir siquiera una palabra.
—Eres una vergüenza como hombre.
—Bueno, es cierto —aceptó con calma—. Soy un desgraciado, un malnacido y todos los adjetivos negativos que me quieran añadir. Pero aunque es cierto que yo engañé a Nashira, no ha sido culpa mía que ella terminara en prisión.
—¿No? —Kakashi dio un paso hacia delante— ¿Entonces de quién fue la culpa de que ella no pudiera rehacer su vida y se viera imposibilitada de hallar trabajo?
—Sé que mi mujer hizo algo horrible al esparcir esos rumores, pero Nashira se vio afectada por culpa de una mujer poderosa que la acusó de asesinar a su esposo. Y además —Keito también dio un paso al frente—, ella pudo haberse librado de pisar la prisión.
—Y según tú ¿cómo iba a demostrar su inocencia?
—No había manera de demostrar tal cosa, pero algunos compañeros me contaron que Nashira intentó escapar y estuvo siendo buscada por un día entero, no había rastro de ella.
Kakashi miraba la determinación en Keito, hablaba con tanta seguridad que presentía que se avecinaba algo desastroso.
—La mujer solicitó ayuda a ninjas de Konoha para poder rastrearla —contó—, pagó una fortuna por su captura para ser llevada a la prisión de Iwa. Sin embargo, los shinobis no podían hallarla y el Tercer Hokage se molestó por ello.
Los ojos ámbar de Keito miraban a Kakashi sin parpadear, como dos estacas que estaban a punto de clavársele en el cuerpo. Dio un paso más al frente.
—La misión se clasificó a Rango B, la poderosa mujer subió el precio de su ofrecimiento y el Tercer Hokage pidió a uno de sus shinobis más increíbles que les diera una lección a ese equipo de inútiles que no podían hallar a Nashira. Entonces, este ninja con su arrogancia se apresuró a llegar al sitio donde se le vio por última vez y gracias a sus poderes oculares detectó movimiento en el bosque —Keito dio otro paso, Kakashi se quedó en el mismo lugar—. ¿Y sabe usted qué pasó?
Kakashi no respondió.
—El shinobi la encontró. Lanzó un kunai cerca de ella y al oír sus gritos de miedo, dio la orden al resto de los ninjas para que fueran en su captura. Así, sin interés alguno por el destino de la pobre jovencita, el shinobi recogió el pago para traerlo a Konoha.
—No entiendo qué tiene que ver esto.
—Bueno señor Hokage, yo soy el responsable de que Nashira haya sufrido un desamor. Pero si ella fue capturada por un precio ridículo, ha sido culpa suya.
Kakashi se estremeció, abrió sus ojos y vio en Keito la satisfacción de haberlo turbado.
—¿De qué estás hablando?
—De que usted fue ese ninja excepcional que gracias al sharingan, encontró a Nashira cuando se escondía en el bosque.
El corazón de Kakashi latió cada vez más rápido.
—Si no me cree, puede revisar su historial de misiones. Busque doce años atrás y verá que no miento.
(...)
Kakashi volvió a la Torre lo más pronto que pudo, fue directamente al archivo donde se clasificaban las misiones de los ninjas. Pidió el acceso a su historial y le fue concedido, entró a una bodega y comenzó a revisar las carpetas, fue justamente a doce años en el pasado y halló los documentos clasificación B.
Sus manos temblaban mientras leía y cambiaba de hoja cuando no era lo que buscaba. Luego se detuvo a leer un texto llamativo que le martilló el corazón.
«Captura de prófuga asesina. Mujer de dieciocho años, complexión delgada, estatura media, cabello azul, piel blanca. Escapó de su sentencia en la prisión de Iwa. Ninja a cargo: Kakashi Hatake. Estado de la misión; Completada. Precio por la misión: 70,000 ryōs»
Sobre la hoja, cayó una gota que fue absorbida, luego se unieron más y más. Kakashi estaba llorando.
Su mente estaba recordando esos momentos, esa misión que para él fue insignificante tenía toda una historia injusta y cruel detrás. La mujer que amaba había sido encontrada por él, él mismo la entregó a su trágico destino.
Kakashi lloraba en silencio, su pecho subía y bajaba y las hojas en su mano habían sido arrugadas. Pensó que de cierta forma, él siempre terminaba lastimando a las personas que más apreciaba y los errores de su juventud le seguían cobrando factura.
—Nashira —jadeó entre sollozos—, Nashira lo siento, de verdad lo siento.
