Capítulo 34.- "Renunciar"
Sutilmente la luz blanca se filtró a través de las pupilas de Nashira cuando abrió los ojos. Sentía su cuerpo pesado y por varios segundos no entendió lo que estaba pasando ni el lugar en donde se encontraba.
Miró con debilidad hacia un lado y vio una máquina que no dejaba de sonar, luego sintió una punzada en su mano derecha y notó que tenía un catéter. Su vientre dolía, no era capaz de enderezarse a causa del malestar.
—¡Nashira!
La conocida voz de una mujer la hicieron mirar hacia el otro lado. Sakura se acercó de inmediato y con un gesto de preocupación comenzó a examinarla de pies a cabeza.
—Qué bueno que ya despertaste.
Nashira quiso hablar pero su voz no salió, luego se percató del terrible dolor en su garganta. La voz se le cortaba y era rasposa, con angustia miró los verdes ojos de la kunoichi.
—Tranquila, estuviste recibiendo respiración asistida, el tubo te lastimó la garganta pero pronto estarás mejor.
—¿Todos están bien? —Logró preguntar, Sakura afirmó—. Eso es bueno.
—Han pasado cuatro días desde que fuiste herida, estábamos muy preocupados por ti pero en cuanto les dé la noticia de que ya reaccionaste, van a ponerse muy contentos.
Nashira pensó en Kakashi, quería saber cómo estaba él pero previo a que pudiese decir algo, un enfermero ingresó a la habitación y se acercó a Sakura. El hombre miró con sorpresa a Nashira pero luego su mirada se volvió seria y regresó toda su atención a la pelirrosa.
—Quieren hablar con usted, el consejero Shikamaru la espera en la dirección.
Sakura volteó con la mujer que estaba sobre la cama y suspiró.
—Por favor, encárgate de hacer las anotaciones correspondientes de la paciente y después de eso, cambia el suero.
—Sí, señora.
—Nashira, volveré a verte en unas horas. Descansa un poco más, todavía vas a necesitar reposo.
Sin poder argumentar nada, Nashira se quedó mirando la espalda de Sakura hasta que ésta salió de la habitación.
Sakura fue directamente hasta la dirección del hospital y tal como el enfermero lo había mencionado, el pelinegro estaba esperándola. Shizune también estaba allí, cuando ella abrió la puerta, dos pares de ojos voltearon a verla.
—Buenas tardes Shikamaru, es inusual que vengas hasta acá.
El moreno se rascó la frente con su dedo índice e hizo una mueca de incomodidad.
—Traigo un mensaje, el Hokage me pidió que se los hiciera saber.
—¿Y qué pasa? ¿Kakashi sensei ya se ha hecho cargo de esos criminales?
Shikamaru se cruzó de brazos.
—Esta mañana hubo una reunión, se determinó que los criminales irán a la prisión de sangre. Puesto que la mujer que pertenece al grupo tiene la habilidad de moldear su chakra y pasarlo a sus cabellos, el Hokage dijo que ya le pidió a Lady Tsunade que prepare una medicina que pueda reprimir toda esa concentración de chakra. Por supuesto, su cabello tendrá que ser cortado para evitar futuros problemas.
Shizune se sentó en la silla frente al escritorio y resopló.
—Lady Tsunade hubiese ordenado la ejecución inmediata, no estoy criticando al Sexto, es sólo que me parece absurdo que los dejen vivir después de todo lo que pasó.
Shikamaru estuvo de acuerdo.
—Bueno, ¿y qué es lo que querías decirme? —Sakura le recordó el motivo por el que se presentó en el hospital, Shikamaru relajó los hombros.
—Ah, es cierto. Como sabes, Kazumi Igarashi quien antes fuera una de las candidatas a contraer matrimonio con el Hokage, ha sido acusada de complicidad con el grupo delictivo así como también ha resultado culpable de traicionar a su padre el Señor Feudal del país de la Tierra. Pero el hombre sigue enfermo, su salud ha empeorado por causa de un envenenamiento. Ya estás al tanto de todos los hechos ¿no es así?
—Sí, Sasuke me ha informado.
Shikamaru asintió y prosiguió su discurso.
—El Tsuchikage ha sido notificado del problema que enfrentamos por culpa de Kazumi, pero ha solicitado que al Señor Feudal no se le diga nada todavía justamente porque está mal de salud y nos ha pedido que enviemos un médico para tratar el veneno que se ha expandido por su cuerpo, la petición se ha hecho de manera formal por lo que esta es una misión que se pagará.
—Por pura casualidad ¿Kakashi sensei ha pensado en enviarme a mí?
Sakura miró su respuesta en los ojos negros del Nara.
—Konoha tiene excelentes médicos, eso es lo que dijo el Sexto. Pero ya que se trata de la salud de un hombre poderoso y tenemos a su hija custodiada, ha decidido que el trabajo sea impecable de tal modo que después podamos exigir una disculpa.
Sakura y Shizune se miraron, la pelirrosa pensó en Sarada.
—Iré. Si es lo que Kakashi sensei ha ordenado.
—Hay algo más —Shikamaru se aclaró la garganta y sus manos pasaron a los bolsillos de la chamarra que estaba usando—. Estos días han sido intensos, discusiones y debates por llegar a un acuerdo común, el Hokage está demasiado estresado intentando lidiar con todas sus responsabilidades.
—¿Qué es lo que sucede? —Intervino Shizune— Pensé que una vez que se dictaminara el castigo para los criminales, sólo quedaría preocuparse por reconstruir las zonas dañadas de Konoha.
—Bueno sí, pero de eso me estoy haciendo cargo yo. El castigo para los tres sujetos que invadieron nuestra tierra está decidido, pero Kazumi Igarashi aún no tiene una sentencia. Se discute si se le otorgará el perdón.
—¡De ninguna manera! —Exclamó Sakura con visible enojo— Esa mujer es tan culpable como los demás, ¿por qué tendría que salir limpia de esto?
—Debido a que es la hija del daimio.
—¿Y eso qué? ¡¿Quién demonios ha sido el estúpido que sugirió tal idiotez?!
Shikamaru miró hacia el techo y recordó la reunión en la sala de juntas, había sido espantosa y él siempre procuró tranquilizar a Kakashi para que no hiciera alguna imprudencia.
—El Señor Feudal del Fuego —afirmó—. Él quiere que Kazumi no sea reprendida. Verás, hay un interés de por medio, ya que en un principio quería que ella se casara con el Hokage para así obtener los beneficios de un flujo importante en la economía. Ahora que ha resultado culpable, nada del matrimonio podrá llevarse a cabo pero él no desea obstaculizar los lazos de amistad con el país de la Tierra, por lo que planea que se deje sin castigo a Kazumi y a cambio pedir favores.
Shizune chistó y Sakura apretó los puños.
—Eso es realmente una tontería. Lo mínimo que deben hacer es pagar por los daños que la niña mimada ocasionó, y a ella también hay que encarcelarla.
—El Hokage está de acuerdo con tu opinión, Sakura. Pero el daimio es un hombre terco y ha hecho varias amenazas. Lo peor no sólo es que quiera la libertad para esa mujer, sino que al final, se decidió algo terrible.
Ambas mujeres vieron consternación en la expresión facial del pelinegro, Shikamaru se masajeó el cuello.
—¿Qué se decidió? —Preguntó Sakura.
—El daimio pidió que Nashira permanezca detenida. Kakashi sensei alegó mucho esa decisión, explicó que ella no está relacionada en lo absoluto con lo sucedido pero ese hombre insistió que ella es culpable de manera indirecta por provocar distracciones en el Hokage y ser la debilidad que ocasionó esta tragedia. Todavía exige que se demuestre con pruebas que Nashira no está involucrada, creo que sus antecedentes penales no son muy favorables para su imagen por eso es que tanto él como los miembros de la asamblea del país del Fuego han presionado al Sexto para que no le dé la libertad, a menos que se pueda comprobar su inocencia.
Sakura llevó una mano a sus cejas y comenzó a frotarlas, Shizune suspiró de impaciencia.
—Esa gente está enferma.
—Sólo soy el que entrega el mensaje —Shikamaru sacó de su chamarra, un sobre con un papel y lo puso en el escritorio—. Es la orden oficial de que Nashira permanezca bajo custodia policial. Los shinobis que la vigilarán llegarán en unos minutos.
—Pero a Nashira le tomará unos días recuperarse por completo, se le puede dar de alta pero aún así tiene que estar en reposo absoluto —dijo Sakura.
—Por eso es que el papel es claro con respecto a su caso. Nashira tendrá arresto domiciliario, es lo mejor que Kakashi sensei pudo conseguir para ella.
Shizune se levantó y caminó de un lado a otro mientras meditaba aquellas palabras; Sakura se apoyó en el escritorio y se quedó mirando el sobre.
—Todo esto está lastimando a Kakashi sensei —masculló la pelirrosa.
—Eso es seguro, pero por desgracia aunque él sea el líder de Konoha, el Hokage no tiene poder sobre el Señor Feudal —dijo Shizune con resignación.
—Tampoco podrá verla —volvió a hablar Shikamaru, atrayendo la atención de las kunoichis—. Suena estúpido, lo sé, pero el Hokage tiene prohibido ver a Nashira. Así que, no hay nada que podamos hacer contra eso.
Sakura se mordió el pulgar mientras su mente vagaba en alguna parte. No comprendía cuan injustos podían ser los poderosos y lo crueles que eran con los sentimientos de los demás.
Dos días pasaron, poco a poco se procuraba restaurar lo que las explosiones destruyeron. Había gran movimiento en la aldea y los ninjas estaban demasiado ocupados.
Kakashi se sumergió en sus responsabilidades no queriendo dejar espacio para pensar en Nashira, aunque era inevitable sacarla de su cabeza. Y no porque no la amara y decidiera olvidarla a su suerte, sino porque había llegado a la conclusión de que lo mejor para ella era descansar de él al menos en lo que se calmaban las cosas.
Había recibido la noticia de que ella despertó y estaba en recuperación. Quiso ir a verla, lo ansió demasiado pero no tenía el derecho de hacerlo. Lo único que pudo hacer por ella fue enviarle flores por medio de Ino, disfrazando el presente como obsequio de la familia Yamanaka para que el daimio no se diera cuenta de ello. No quería discutir con ese hombre, no por el momento.
(...)
Los murmullos de los pasillos y los ruidos de los carros de dispensación de medicamentos, así como las pisadas de los pacientes y personal del hospital, eran lo único que Nashira podía escuchar. Todavía estaba en cama mas ya podía enderezarse un poco, pero para una mujer activa como ella era una tortura tener que estar sin hacer nada todo el día.
Fue notificada de su estado actual: que era custodiada por policías y tendría arresto domiciliario. En ningún momento reprochó algo ni se molestó con Kakashi, ella sabía que todo era parte de su trabajo y creyó que él también la estaba pasando mal. A pesar de eso, fueron autorizadas las visitas aunque en una medida estricta.
Un día antes de ser dada de alta, Ino ingresó a su habitación y le dejó un pequeño florero con cuatro hermosas camelias blancas. Ella las miró y también se percató de la sonrisa juguetona de la rubia.
—Gracias, son muy bonitas —expresó con calma y levantó su mano para acariciar los pétalos.
—Hmm... Bueno, en realidad no son de parte mía —se acercó y susurró—, son del Hokage.
Nashira se sonrojó y quiso ocultar una sonrisa, que aunque pudo mostrarla en plenitud, al final un sentimiento de melancolía la invadió y su gesto terminó siendo una mueca de dolor.
—No pongas esa cara, estoy segura que pronto todo estará bien entre ustedes dos —Ino le dio palmaditas en el hombro—. Además, por muy loco que parezca, Kakashi sensei las eligió. Él solía pedirme consejos respecto a las flores, pero esta vez me ha dicho explícitamente que quería Camelias para ti.
Nashira miró los ojos celestes de Ino y se sintió llena de tranquilidad.
—¿Todas las flores tienen un significado?
—Por supuesto. ¿Sabes? Las Camelias son un símbolo de pasión, de un fuerte sentimiento entre dos enamorados. Quizás el Hokage intenta decirte algo ¿no lo crees?
Ino esperó que Nashira contestara pero ella se quedó callada como si estuviese pensando en algo. Su mirada estaba vacía y triste, su cuerpo aún tenia los moretones y arañazos que sufrió y su cabello estaba disparejo. Verla en ese estado sólo pudo recordarle a su amiga y antigua rival Sakura.
Una idea surgió en la mente de la rubia kunoichi y para intentar levantar el ánimo de Nashira, le propuso algo.
—Si quieres puedo emparejar tu cabello —Nashira alzo la vista—. Me contaron que por tu propio bien, el Hokage tuvo que cortarlo y toda mujer merece un corte digno. No te espantes, soy buena en esto, si me permites yo puedo hacerme cargo.
Nashira se tocó los mechones de su cabello, ni siquiera se había puesto a pensar en que efectivamente tenía la melena desigual. Algunos mechones le llegaban por debajo de la mandíbula, y otros estaban lo suficientemente cortos como para llegar a duras penas debajo de su oreja.
—Pero ¿está permitido que me des tal atención?
—Claro que sí —Ino sonrió—, no estoy infringiendo ningún reglamento. Entonces... ¿Me dejas hacerlo?
Con impresionante habilidad, Ino acomodó el corte de cabello de Nashira. Ella jamás había llevado la cabellera tan corta y no estaba segura de que le quedara bien; pensó que tardaría en crecer.
Ino le prestó un espejo y entonces se miró, pero no sólo puso atención a su nueva imagen sino que, vio sus labios partidos y un color amarillento en su piel, sí, se veía fatal. Se veía justo como cuando estaba en prisión.
—¿Verdad que ha quedado espectacular? —Habló Ino.
—Sí... Se mira bien.
Le devolvió el espejo. La conversación se vio interrumpida a causa de unos golpecitos en la puerta. Rápidamente Ino fue a abrir y tras mirar de reojo a Nashira, salió sin dar explicaciones. Tal acción confundió a la mujer y luego de algunos minutos, la puerta fue abierta nuevamente dejando ver a Iruka y cinco niños más, entre los que se encontraba Kuroyi. Ino volvió a entrar justo por detrás de la multitud.
—Parece que tienes unos visitantes muy especiales —dijo la rubia.
—Buenas tardes, Nashira —Iruka hizo una reverencia y los niños al verlo, imitaron su acto—. Disculpa que estemos aquí tan tarde, pero apenas hemos podido venir a verte.
—No, no se disculpe. De todos modos usted es un hombre sumamente ocupado y hay prioridades.
—Los niños me pidieron acompañarme, ellos están muy agradecidos porque les salvaste la vida cuando los muros estaban cayendo.
Nashira recordó el incidente.
—Señorita Nashira, gracias por ayudarnos —dijo uno de los pequeños y le sonrió tiernamente provocando que sus ojos se humedecieran.
—Yo realmente estoy feliz de que todos estén bien.
—Señorita, señorita —Kuroyi habló con entusiasmo—. Ya no voy a ser un cobarde, voy a convertirme en un gran shinobi y la próxima vez yo la protegeré.
Nashira sonrió e Iruka soltó una carcajada.
—Kuroyi, es preferible que no haya una próxima vez. No queremos que vuelva gente mala para hacer daño a la aldea.
—Pero ¿entonces cómo voy a proteger a la señorita Nashira?
—No necesitas protegerme. Pero si quieres hacer algo por mí, entonces conviértete en un gran ninja y nunca lastimes el corazón de las personas.
A Kuroyi le brillaron los ojos y extendió una sonrisa mostrando que se le había caído un diente de leche.
—Escuché que mañana serás dada de alta —dijo Iruka.
—Sí. Lamento mucho no poder trabajar más con usted, yo... yo de verdad me estaba divirtiendo en la academia —expresó con pena.
—También te extrañaremos. Quizás las cosas se solucionen y todo vuelva a ser como antes así que no te desanimes.
Kuroyi miró a sus compañeritos y después buscó los ojos del director.
—¿La señorita Nashira no volverá a la academia?
—Por el momento, ella debe recuperarse ¿no es así? —Le guiñó un ojo al niño.
—¡Ah! —Exclamó otro de los infantes— ¡Su cabello!
—Es cierto, su cabello ¿qué le pasó?
Nashira se ruborizó y pensó en una mentira piadosa para acabar con la curiosidad de los estudiantes.
—Por accidente pegué goma de mascar en él y no podía quitarla así que tuve que cortarlo.
Iruka e Ino sonrieron.
—Debe tener más cuidado —la regañó uno de los niños—. Pero aún así, se mira bien.
—Sí, se mira muy bonita —afirmó Kuroyi y se cruzó de brazos. Nashira vio en él el mismo gesto que solía hacer Keito.
(...)
Cierto día, Kakashi bajaba la escalera para dar fin a su día laboral e ir a casa. Cruzó por la sección de cubículos y sus ojos se desviaron hacia el sitio donde solía trabajar Nashira. En lugar ahora era ocupado por un shinobi de rango Chunin y el escritorio había sido movido de lugar.
Se quedó parado viendo con nostalgia el escenario, luego sintió una presencia detrás de él. Miró por encima de su hombro a un anciano de lentes y túnica.
—¿Se le ofrece algo, señor Homura?
El hombre aclaró su garganta y se puso a un lado suyo.
—Me enteré de lo que el Señor Feudal ha pedido para esa mujer, Nashira.
Kakashi movió su cabeza y siguió mirando el cubículo.
—Debe sentirse muy feliz ¿no? Quiero decir, después de todo es lo que tanto usted como Koharu siempre quisieron para ella. Y es curioso ya que Nashira al final salvó la vida de la señora.
Homura no habló y bajó la mirada, Kakashi se giró para continuar su camino a la salida y entonces el anciano se atrevió a decir algo.
—Honestamente, tanto Koharu como yo nos sentimos apenados.
Kakashi se quedó con un talón en el aire.
—¿Apenados? ¿Ustedes? Esto sí que es nuevo.
—Queremos disculparnos contigo Kakashi. Koharu recibió información de Nashira, algunos detalles eran incorrectos.
—No es a mí a quien deben pedir disculpas sino a Nashira. Pero además por si no se han dado cuenta, sus inútiles disculpas no sirven de nada a estas alturas.
—Es verdad. Sólo queríamos remediar el error pero como dices, no sirve de nada.
—Si tanto quieren mostrar su arrepentimiento, ruéguenle al Señor Feudal que deje en paz a Nashira.
No quiso quedarse a oír más y se fue, caminó hacia su casa y en el trayecto observó con pesar y tristeza lo lento que iba la restauración de las zonas afectadas. No se contaba con suficiente presupuesto para pagar los materiales de construcción y por eso a veces se paraban las obras.
Sakura había ido al País de la Tierra, Sai le había acompañado. Sasuke se quedó cuidando a Sarada y aunque había mucho trabajo en Konoha, Kakashi decidió que sería bueno dejarlo pasar tiempo con su hija y no darle ninguna misión.
Por pura curiosidad Kakashi avanzó hasta el área donde Nashira vivía con su tía y se detuvo una vez que detectó a los shinobis que patrullaban.
La orden había sido que ella permanecería en su casa sin derecho a poner un sólo pie fuera de ésta. A la tía Madoka se le hizo creer que Nashira había estado ayudando a Iruka en su trabajo cuando sufrió un ataque por parte de los criminales y que el Hokage decidió protegerla impidiéndole salir.
Kakashi miró desde lejos la ventana por la que algunas veces subió, extrañaba esos momentos y los albergaba como hermosos recuerdos.
—Señor.
Por estar sumergido en sus propios pensamientos, no había sido capaz de notar que uno de los shinobis que vigilaban el domicilio de Nashira, se había acercado. El hombre se rascaba la nariz como signo de estar avergonzado y no miraba a su superior a los ojos; Kakashi lucía muy despreocupado y se llevó las manos a los bolsillos del abrigo.
—Descuida, ya me voy —dijo Kakashi antes de que el shinobi pudiera darle el sermón de que la orden era que nadie podía visitar a Nashira excepto los médicos y enfermeros para seguir la evaluación de su recuperación.
—Yo no iba a prohibirle nada, el Hokage es usted, y todos estamos muy apenados de que el daimio haya ordenado algo a nuestro líder.
—Bueno, ya sabes cómo son las cosas. Entre más dinero tiene alguien, más poder posee.
—Pero aún así —aquel ninja no sabía cómo expresar su idea y se comenzó a sobar el cuello—... Ya sabe, si usted desea ir y visitar a la mujer... Nosotros no dire-
Kakashi levantó las palmas indicándole que no continuara hablando.
—Créeme que si yo lo quisiera, iría a esa casa sin importar qué. Si no lo hago es porque estoy dando espacio a que las cosas vuelvan su curso normal. Ya encontraré la forma de que el Señor Feudal se olvide de Nashira y deje de ensañarse con ella.
(...)
—Te traje un té de hierbas, tómatelo todo para que no tengas frío.
La tía Madoka le puso la taza sobre la mesita de noche y una servilleta de tela en un lado. Nashira estaba recostada en su cama y al momento que su tía entró en la habitación, dejó de lado un libro.
—Es extraño Nashira, ¿por qué nadie viene a visitarte? Ni siquiera el Hokage, eso no habla muy bien de él —se puso las manos en las caderas.
—Bueno tía, recuerda que todos están muy ocupados reconstruyendo la aldea. Este ataque fue de improvisto.
—Sí pero, mira cómo terminaste. Tu hermoso cabello... No me explico cómo es que pasó.
Nashira sonrió y dio un sorbo a su té.
—Dime, Nashira —la anciana se sentó en una orilla de la cama—, ¿el Hokage y tú han discutido?
—No ¿por qué piensas eso?
—Pues no lo sé pero, mi intuición de mujer y de tía me dice que estás ocultándome algo, además —señaló el brazo de Nashira—, ¿qué es este aparato extraño en tu muñeca?
Nashira puso la taza sobre el mueble. Se le había colocado una pulsera de rastreo para detectar sus desplazamientos y así evitar que pusiera un pie fuera de la casa. Sus movimientos estaban controlados.
—Es del hospital —mintió—, de ese modo monitorean mis pulsaciones.
—Eh qué novedoso —la anciana tocó la pulsera.
—Tía ¿puedes hacerme un favor? Ya que estoy aquí sin poder hacer nada, necesito que me traigas unas hojas en blanco y un bolígrafo.
—¿Qué quieres hacer?
Nashira suspiró y llevó una mano a su pecho.
—Quisiera escribir.
(...)
«Unieron sus labios en un suave beso. Ella de verdad lo amaba.»
Kakashi miró con amargura la novela que Nashira había escrito y cada fragmento que relataba la relación amorosa entre los protagonistas, sólo lograba causarle dolor. Esa historia no volvería a ser la misma nunca jamás.
Cerró el libro y lo puso dentro de un cajón, se quedó sentado sobre la cama y apoyó sus codos sobre sus piernas mientras entrelazó los dedos a la altura de su boca.
Lo había meditado demasiado y había llegado a una conclusión para su vida y la de Nashira. Cada vez que Kakashi veía por la ventana de su oficina, sólo podía pensar en el futuro de Konoha y sus habitantes; había soñado con dejar una aldea pacífica y feliz para que Naruto no tuviera dificultades cuando tomara el puesto de Hokage pero en ese instante nada de lo que planeó estaba siendo una realidad.
Sakura volvió del País de la Tierra, el tratamiento para el padre de Kazumi había sido un éxito y el hombre se reponía en su hogar. Una vez que Sakura y Sai entregaron su reporte a Kakashi, éste tomó una decisión.
En un salón estaban reunidos el Sexto Hokage, Consejo de Konoha, el Señor Feudal de la Tierra del Fuego y la Asamblea. El Consejo de Iwagakure, el Tsuchikage y el representante oficial del Daimio de la Tierra.
Todos permanecían sentados esperando escuchar lo que Kakashi tenía que informar. Él acomodó unos documentos y pidió a Shikamaru que los repartiera; mientras éste lo hacía, Kakashi comenzó a hablar.
—Como se les notificó anteriormente, tuvimos problemas con una banda de criminales y Kazumi Igarashi, la hija del Señor Feudal Masahiro Igarashi, está involucrada. Ella pagó una fuerte suma de dinero para cubrir el servicio por el que contrató a estos individuos, el cual consistió en difamar a la ciudadana Nashira Kitayaka y hacer creer que ella pertenecía a su grupo delictivo. Kazumi también resultó ser culpable del envenenamiento a su padre.
—Un momento —interrumpió el representante del daimio—, ¿tienen pruebas que confirmen lo que usted está diciendo?
—Tenemos shinobis con habilidades visuales, Sasuke Uchiha es uno de ellos. Él, por medio de su sharingan obtuvo toda esta información.
—Eso no comprueba nada —dijo un consejero de Iwagakure—, Sasuke Uchiha es el mismo ninja renegado que nos ocasionó problemas en el pasado ¿cómo podemos creer en su palabra?
Kakashi apretó los puños.
—Sasuke ya no es ese ninja, y ha demostrado con hechos que está a favor del bienestar de este mundo. Pero no estamos reunidos para hablar de él, sino del castigo a Kazumi.
Los representantes del país de la Tierra, miraron al Señor Feudal del Fuego, él por supuesto no estaba muy tranquilo con las palabras de Kakashi ya que no estaba de acuerdo en castigar a Kazumi para no tener conflictos.
—Analizando sus palabras, señor Hokage —habló un consejero—, a la señorita Kazumi sólo se le puede acusar de difamación, lo cual tratándose de una simple pueblerina no tiene repercusión alguna.
—Disculpe señor pero eso que usted asegura, es ridículo —intervino Shikamaru—. Así sea un simple civil o una persona poderosa, la difamación es un delito que nuestro código castiga sin importar de quién venga y hacia dónde se dirija. Kazumi cometió un crimen en este país y será juzgada conforme a nuestras leyes.
El hombre miró con frialdad a Shikamaru, Kakashi estuvo agradecido de que le callaran la boca.
—Mi consejero está en lo correcto. Si esto hubiese ocurrido en su país, y fuera la hija de nuestro daimio la que se viera vinculada en los actos criminales, ustedes no dudarían en darle un castigo justo.
—Me parece que aunque tiene sentido lo que dices Kakashi, nuestros hombres así como nuestro Señor Feudal, necesitarán una prueba física de que la señorita Kazumi está involucrada —dijo el Tsuchikage.
Shikamaru volteó con Kakashi, y éste asintió dándole el espacio de volver a hablar. El pelinegro sacó un papel y pidió que los demás tomaran la segunda hoja de los documentos repartidos.
—Sakura Uchiha, nuestra médico ninja, fue quien atendió al Señor Feudal Masahiro. Se hizo un análisis del veneno contenido en una muestra de sangre y tras varios estudios se determinó que el origen del veneno proviene de una semilla de abrina, mezclada con otros ingredientes. Las abrinas son semillas que se pueden encontrar en flores como las adelfas, las cuales, según tenemos entendido, sólo se encuentran en su país, es decir, el país de la Tierra. Más específicamente, en el jardín privado de la residencia del Señor Feudal. ¿Quién más tiene acceso a tal jardín? Según sus propias normas, sólo el Señor Feudal, su esposa y Kazumi Igarashi pueden entrar allí.
—Eso es mentira —refutó el representante del daimio—. El jardin residencial está abierto a los empleados de la mansión.
—Mire bien el propio plano de dicho jardín —mostró el gráfico y todos vieron con atención—. La copia de tal diseño la obtuvimos con autorización del propio daimio. Es cierto, hay una sección abierta para todo el personal que labora en la residencia pero existe un extremo que está prohibido para quienes no son parte de la familia Igarashi.
—Y eso es porque la señora de la casa, quien es amante de las plantas y ha estudiado sobre ellas, tiene conocimiento de que existen plantas venenosas que podrían afectar a inocentes. Debido a que son estéticamente bellas pero peligrosas, decidió que permanecerían apartadas de las demás y sólo personas conocedoras de sus propiedades podrían ingresar —dijo Sai—. Sabemos que Kazumi conoce sobre la flora de su país, por lo que fue ella quien entregó las semillas a los criminales que envenenaron al daimio.
No hubo una respuesta a eso, los hombres del país de la Tierra leían cuidadosamente los estudios químicos y sus rostros eran sombríos. Se oyeron murmullos mientras discutían entre sí, las posibilidades de aquellas acusaciones. Después de más de diez minutos de debate, uno de los consejeros habló.
—Solicitamos al Sexto Hokage, que el castigo de la señorita Kazumi sea implementado en nuestro propio país bajo nuestras leyes.
—Rechazado —dijo Kakashi.
—Pero señor-
—Kazumi puede ser castigada bajo sus leyes respecto al envenenamiento de su padre, pero en nuestro país ella cometió el acto de difamación y dio acceso directo a los criminales para que entraran a Konoha a destruir nuestra aldea.
—Pero ella no estaba consciente de que eso pasaría.
—Ella reveló información confidencial de asuntos shinobis, dando notificaciones de un mapa secreto e indicando el lugar donde estaba guardado. Kazumi es tan culpable como esos bandidos que ocasionaron explosiones y la muerte de uno de nuestros aldeanos.
Más murmullos fueron escuchados.
—Entonces ¿qué se determina por esto?
Kakashi dejó abajo las hojas y los recorrió con la mirada despiadada. Estaba hastiado de tratar con hombres incapaces de ver más allá de un estatus social.
—Kazumi Igarashi irá a prisión a cumplir una condena de tres años.
—¡¿Qué?!
Todos excepto el Tsuchikage, se mostraron alarmados.
—Eso podría afectar al señor Feudal.
—No creo que lo afecte más que el envenenamiento que su hija le causó. Esa es la sentencia que hemos determinado, además de las multas que les cobraremos por el abuso de confianza.
—¿De qué estás hablando, Kakashi? —Intervino el Tsuchikage y miró confundido al peliplata.
—Kazumi se presentó como candidata a ser mi esposa. Es una irresponsabilidad de parte de ustedes el no evaluar las intenciones reales de la mujer que enviaron. A cada una de las participantes se les permitió ingresar y tener una estancia razonable de acuerdo a los estatutos de la competencia, confiamos en los kages dejándoles enviar una representante y al final esa confianza nos costó caro.
Kakashi abandonó su lugar y caminó hacia una lado de la mesa.
—Podría seguir dándoles motivos por los que Konoha es víctima, pero no tiene caso. Ustedes lo saben y están al tanto de todo, así que estando completamente informados, en la cuarta página pueden revisar el monto total a cubrir por los daños ocasionados a nuestra aldea. Negarse a pagar tal cantidad significa romper lazos con nuestro país.
Hubo un silencio abrumador en aquella sala, Kakashi había sido tan severo con sus palabras que nadie se atrevió a refutar y en su lugar, con enojo visible en sus rostros vieron los números y comenzaron a hablar entre sí para llegar a un acuerdo con el pago.
La junta terminó. Todos abandonaron el lugar menos Kakashi, quien se quedó de pie junto a la mesa mirando los papeles que preparó.
—Ya está hecho —musitó.
—Kakashi Hatake —un hombre mayor se puso detrás de él obligándolo con su voz a voltear.
—Señor Feudal, pensé que ya se había ido.
—Antes de la reunión dijiste que hablaríamos de ese tema importante, bien, he hecho como me lo has pedido y no hablé ni contradije tus órdenes con Kazumi. He de decir que no estaba de acuerdo con tu forma de proceder pero tampoco esperaba que aceptaran pagar la multa.
—Gracias.
Kakashi hizo una reverencia y el hombre siguió mirándolo.
—Bueno, entonces respecto a lo que dijiste antes...
Kakashi se enderezó y sus ojos oscuros vieron con firmeza y sin titubear al poderoso hombre dueño del país del Fuego.
—Solicito formalmente que Nashira Kitayaka quede en libertad y su expediente no sea marcado con este malentendido.
—¿Pides que se elimine de su historial criminal?
—Así es. De ser posible, también quiero que se quite el crimen anterior por el que fue acusada.
—Eso puede ser complicado —el anciano se cruzó de brazos.
—Por favor. Yo haré tal cual lo prometí a usted.
Kakashi inclinó la cabeza y puso ambos brazos a sus costados.
—¿Eso quiere decir que oficialmente estás renunciando?
Los labios de Kakashi se abrieron bajo su máscara, y su voz se dejó escuchar con plena seguridad de su decisión.
—Sí. Yo, Kakashi Hatake, renuncio a mi puesto de Hokage.
