Capítulo 35.- "Cartas"

Nashira solía observar el parpadeo de la luz verde de la pulsera en su muñeca, cada vez que iba a dormir. Le recordaba su arresto y un sinfín de cosas más.

Le resultaba extraño que donde antes estuvo la pulsera que Kakashi le regaló, ahora estaba un aparato que simbolizaba la restricción de su libertad. No era muy grato traer dicho objeto, era humillante.

Estiró su brazo y se acarició por encima del hombro hasta sentir el relieve de su cicatriz, ese número que también era una condena.

Abrazó su almohada mientras meditaba en todo lo que había tenido que vivir. Extrañaba esos días cuando sólo debía preocuparse por pensar en insultos para Kakashi.

Sintió el peso sobre sus párpados y poco a poco el sueño logró atraparla. Sin embargo, apenas había descansado un par de horas cuando su tía ingresó a la habitación y con una voz ruidosa consiguió despertarla.

—Nashira, Nashira.

—¿Qué pasa, tía? —Se quejó y se cubrió la cara con la cobija.

—Abajo hay un hombre que quiere verte.

—¿Es un médico?

Su tía quitó la manta y le destapó el rostro, Nashira apenas podía abrir los ojos.

—No trae el uniforme de médico, creo que es un ninja normal.

La mente de la joven mujer comenzó a trabajar. Se le había informado que mientras tuviera arresto domiciliario, no podría recibir otra visita que no fuera del equipo médico para atender su herida. Puesto que quien en ese momento quería verla, no era del personal mencionado, tuvo la idea que podría ser que su sentencia estaba definida y había ido por ella para llevarla a la cárcel.

Miró su pulsera, el led ya no estaba parpadeando, ni siquiera emitía la luz verde. Se enderezó con cuidado y miró a su tía.

—Creo que no tengo más opción que recibirlo.

—Te traeré un poco de agua para que te laves la cara. Luego le diré que suba.

Y así fue. Después de cinco minutos, Genma tuvo autorización de la anciana para subir hasta la habitación de Nashira.

Dejó de mirar la fotografía sobre la repisa donde vio a un extraño sujeto con gabardina, bufanda y un par de marcas púrpura bajo sus ojos.

Subió la escalera y dio dos golpecitos a la puerta. Nashira estaba sentada sobre el colchón creando en su cabeza toda una película de su destino.

—Buenos días. Soy Genma Shiranui —hizo una reverencia. Eso le pareció extraño considerando que estaba bajo arresto. El hombre dejó un maletín en el suelo.

—Ah, sí, es un placer.

Se sintió estúpida luego de responder eso. Recordaba a ese hombre, fue uno de los ninjas que entraron a la oficina de Kakashi y la vieron salir de debajo del escritorio.

—Creí que sólo los médicos podían venir.

—Bueno, así era. En realidad estoy aquí por otro asunto.

Genma sacó de su chaleco unas pinzas extrañas que Nashira jamás había visto y se acercó para luego tomar su brazo y estirarlo de modo que la herramienta pudiese atravesar el gancho que unía un extremo de otro. De un sólo apretón la pulsera se abrió y cayó sobre el colchón. Genma recogió el objeto y se lo guardó.

—¿Qué...? ¿Por qué has hecho eso?

—Son órdenes del Señor Feudal y del Hokage. Nashira Kitayaka, quedas en libertad.

Los labios de la mujer temblaron y su boca se abrió en repetidas ocasiones queriendo decir algo pero ni ella misma sabía qué. Estaba en shock, pensaba que era un sueño.

—¿Li-libre? ¿Hablas en serio?

—No tengo permitido bromear con estas cosas. Me ordenaron que viniera a informarte tu situación —Genma sacó un pergamino de su chaleco—. Es mejor que lo leas.

Nashira tomó el rollo y con sus manos temblorosas le quitó el sello para extenderlo. Pudo apreciar la caligrafía de Kakashi y sintió un cosquilleo en su estómago.

C. Nashira Kitayaka:

Por este medio hago constar de manera oficial que los cargos por los que fue inculpada, han sido descartados.

Tras una exhaustiva reunión con los líderes del país, se ha probado exitosamente su inocencia, por lo que se llegó al acuerdo de otorgarle su libertad.

Asimismo quiero hacer de su conocimiento que los actos delictivos por los que fue injustamente acusada anteriormente y le costaron la privación de su libertad para cumplir una condena de 1 año y dos meses en la prisión de Iwa, han sido eliminados de su historial.

El equipo de Fuerza de Interrogación y Tortura de Konoha de la División de Inteligencia, los ciudadanos Homura Mitokado, Koharu Utatane y su servidor, el Sexto Hokage Kakashi Hatake, ofrecemos una sincera disculpa por los daños causados a su persona.

Somos conscientes de la gravedad del problema ocasionado y lamentamos mucho el error que cometimos.

Tenga usted a bien a recoger el importe total de su finiquito por sus servicios prestados en la Torre de Konoha así como en la Academia Ninja.

Sin otro asunto en particular, me despido de usted con los más distinguidos sentimientos afectivos.

Gracias por su ardua labor y constante compromiso con la aldea de Konoha.

Kakashi Hatake.

Nashira terminó la lectura pero continuó observando las letras grabadas con tinta. Se sorprendió por esa extraña formalidad mas luego imaginó que se debía a que se trataba de un oficio serio del Hokage.

Respiró hondo. Kakashi ya sabía sobre su pasado en la prisión de Iwa.

—Hay algo más que también es tuyo.

Genma se inclinó para tomar el maletín y lo puso sobre el colchón de la cama; levantó las cerraduras de palanca y abrió la valija dejando una vista perfecta para que Nashira pudiese observar el contenido. Sus ojos se abrieron con asombro.

—¿Qué es todo este dinero?

—Su finiquito.

—¡Es demasiado!

El shinobi sacó una hoja del maletín.

—Aquí se desglosan las cantidades. Como puedes ver, el total es correcto.

La mujer tomó el papel y comenzó a leerlo, estaba incrédula de lo que estaba viendo. En las especificaciones había una cifra muy grande que se describía como el pago para cubrir los daños causados.

—No puedo aceptarlo —le quiso devolver la hoja pero Genma no se movió.

—Lo siento, tengo órdenes de entregarte esto y no puedes devolverlo. Sé que es imposible remediar con dinero el daño que te causaron, pero si me permites aconsejarte: tómalo.

—Pero, ¿que no están pasando por una crisis económica? Los trabajos de reparación, ¡tantas cosas por hacer!

—Ese dinero lo donó el Señor Feudal —Genma se cruzó de brazos—, es como quitarle un pelo a un gato. No deberías sentirte mal por recibirlo, es lo mínimo que pueden hacer por ti luego de toda la humillación y el zafarrancho que te hicieron pasar.

Nashira se rascó la mejilla.

—A ver, un momento... ¿El Señor Feudal ha pagado mi finiquito?

—Sí.

—¡Santo Monje!

Nashira se llevó las manos a la cabeza y se quedó meditando en aquella frase.

—Bueno, firma este papel de recibido porque ya debo irme. Aún tengo muchas cosas por hacer.

—Oye, hay algo que quiero saber.

El ninja se quedó con su mano a medio camino.

—¿Qué es?

—Kakashi, quiero decir... el Sexto Hokage, él ¿cómo está?

—Él está bien, aunque todavía está lleno de trabajo y casi no tiene tiempo de descansar pero fuera de todo eso, me parece que sigue funcionando.

(...)

—Terminé.

Después de un día sumamente agotador, Kakashi había concluido su trabajo de sellar y clasificar las misiones para esa semana. Todavía estaba en la oficina guardando el resto de sus pertenencias cuando aquellos pensamientos aparecieron en su memoria haciéndole recordar el día que renunció a su puesto de Hokage.

El Señor Feudal estaba frente a él y su gesto no parecía muy convencido de lo que había escuchado.

¿Renunciar? ¿Estás hablando en serio Kakashi?

Sí, señor. He cometido muchos errores, he querido proteger Konoha pero he fallado.

Es cierto, aunque lejos de pensar que haces esto por el bien de la aldea sólo puedo ver en tus ojos y actos desesperados la manera de mantener sana y salva a esa mujer.

No voy a negarlo, Nashira es una persona importante para mí. Es injusto que por mi culpa, ella se haya visto involucrada en todo este problema.

Kakashi, no puedes renunciar a tu puesto de Hokage.

Es la única manera de-

¿De estar con la mujer que amas? ¿Eso ibas a decir?

El Sexto guardó silencio y bajó el rostro. No había forma de ocultarlo, él mismo había creído que era posible poder estar cerca de Nashira si renunciaba a su cargo y se volvía un shinobi común; pero estando allí de pie frente al hombre más poderoso del País del Fuego, sus palabras y planes sonaban ridículos.

Ah, bueno... Quién diría que Kakashi Hatake se enamoraría ¿eh? Quita esa mirada de perro regañado, no puedo pemitirte abandonar el puesto porque no hay nadie en esta aldea más capaz que tú.

Mis equivocaciones han afectado demasiado.

De hecho, hicimos mal en obligarte a participar ese concurso de conseguir una esposa. Me incluyo en esto, había pensado que de alguna forma funcionaría fortalecer los lazos con el País de la Tierra.

Respecto a Nashira...

Sí, lo sé. Voy a ordenar que se le quite todo crimen, y tendré que ofrecer una disculpa también. ¡Pero tú definitivamente no vas a dejar de ser Hokage! Sólo cumple con tus deberes y el tiempo determinará el resto.

De eso, habían pasado cuatro días. Kakashi escribió una carta para Nashira, aunque su manera de expresarse fue concretamente formal. Todavía no había reunido el valor suficiente para ir a visitarla, seguía con el remordimiento de haberla entregado aquel día cuando fue llevada a la prisión de Iwa y no sabía con qué cara se lo confesaría.

Los días continuaron su curso normal, los trabajos de reconstrucción se retomaron gracias a los ingresos económicos de la multa que se estaba pagando a Konoha.

Una tarde, Kakashi estaba en el pasillo de pie frente al gran ventanal que había sido destrozado por la explosión. Ahora estaba reparado y la pintura de la pared era nueva, no había señal del incidente pero los recuerdos seguían almacenados en el Hokage.

—Con que aquí estás.

Kakashi miró hacia un lado, el hombre moreno que avanzaba en su dirección detuvo sus pies cuando estuvo a escasos metros del líder de Konoha.

—Ibiki.

—¿Cómo van las cosas? He oído que ni duermes por el excesivo trabajo.

Kakashi arqueó las cejas con cansancio y resopló.

—Pues no puedo negarlo, sabes cuánto se han complicado los días.

—¿Y cómo está la novia del supremo líder? —Dijo con burla esperando molestarlo pero Kakashi no cambió el gesto.

—No la he visto desde aquella vez que la saqué de la mazmorra —confesó.

—¡Imposible! —Ibiki estaba impactado— ¿Por qué? Puedes tomarte un descanso e ir a visitarla.

—No sé si deba hacerlo. He sido una carga para ella desde que nos conocimos, aquella noche cuando la vi herida, magullada, con su cabello hecho añicos y sus ojos opacos, me di cuenta que he sido algo malo para su vida.

El moreno puso la mano sobre el hombro de Kakashi y lo zarandeó.

—Antes te has burlado de mí porque no pude mantener una novia y ahí vas tú haciendo lo mismo —le reprendió.

—No es verdad.

—Kakashi, no voy a meterme en tus decisiones pero —de su gabardina oscura sacó un artículo muy peculiar—. Quizás debas llevarle esto.

Kakashi miró la pulsera que le había regalado y la agarró cuidadosamente, como si se tratara de algo muy frágil.

—Esto...

—Tuve que quitarle todas sus pertenencias cuando la mandé a la celda. Se había quedado guardada junto con su ropa en uno de los casilleros.

—¿Debería ir personalmente a entregarle sus cosas?

—No deberías, debes hacerlo.

(...)

Subir la colina nunca había resultado tan pesado, las piernas de Kakashi parecían estar temblando y sus pasos titubeantes le impedían avanzar con propiedad. Su cabeza era un completo caos mientras ideaba la manera de volver a hablar con ella, no sabía qué le diría y de qué forma podrían verse con naturalidad.

Ocurrieron muchas cosas que los apartaron el uno del otro y Kakashi temía que ella lo odiara. Incluso quiso esperar un tiempo antes de que llegara el día de tener que enfrentar su miedo. Quería que Nashira tuviera un espacio para asimilar todo lo ocurrido y pudiera descansar de él.

Con nerviosismo miró la casa de la tía Madoka y avanzó hasta allá. Su mano derecha traía una bolsa de papel donde estaba guardada la ropa de Nashira, y la pulsera descansaba dentro del bolsillo del pantalón de Kakashi; todo el camino la fue tocando para reforzar su valor de ir a ver a su amada.

Llegó hasta la puerta que vio por primera vez cuando la lluvia los empapó a los dos y ella le ofreció una toalla. Levantó su mano y enroscó sus dedos en un puño para tocar la madera; su corazón estaba latiendo muy fuerte.

El sonido de la perilla le indicó que estaban por abrir y así fue, lentamente la luz del interior de la casa le iluminó el rostro.

—¡Sexto!

La anciana lo miró encantada y juntó sus manos sobre su pecho, Kakashi hizo una reverencia.

—Buenas tardes, disculpe que haya venido así tan inoportunamente.

—No, nunca es inoportuno si se trata de usted. Por favor pase.

—Gracias.

La tía Madoka se hizo a un lado y le permitió el acceso, Kakashi entró mirando la fotografía que le regaló a Nashira y que estaba sobre una repisa junto a su antigua foto familiar. Sintió el calor dentro del hogar y miró la chimenea encendida; un aroma a canela estaba en el aire.

—Voy a traerle una taza de té.

—Ah, no necesita molestarse.

—No —ella sonrió dulcemente—, no es molestia alguna. Es bueno tener visitas en este crudo invierno, así no me siento tan sola.

La mujer fue hacia la cocina y Kakashi se quedó confundido con sus palabras, luego puso la bolsa de papel sobre la mesita de centro y se quitó la bufanda. La tía Madoka volvió a la sala con una tetera y dos tazas.

—Siéntese, debe usted estar muy cansado.

—No tenía planeado alargar mucho mi estancia, no quiero ser una molestia. Sólo vine a entregar unas pertenencias —miró hacia la escalera, se veía demasiado oscuro—. ¿Nashira está dormida?

Un gesto en el rostro de la anciana fue suficiente para indicarle a Kakashi que algo no estaba bien; por instantes presenció el miedo y su cuerpo se tensó, mas, los labios de la anciana fueron más veloces que su reacción.

—Mi sobrina no está.

—¿Salió? ¿Tardará en volver?

El Hokage lucía demasiado inocente ante los ojos de la mujer mayor. Negó con su cabeza y caminó hacia uno de los muebles para abrir una gaveta y sacar un sobre.

—Nashira me pidió que le entregara esto, había decidido esperar por si las cosas cambiaban pero me temo que no ocurrirá.

Extendió su mano con el sobre blanco y Kakashi lo tomó sin comprender qué sucedía. Lo miró por ambos lados pero únicamente tenía escrito su nombre con tinta negra.

Lo abrió cuidadosamente y sacó dos hojas, entonces comenzó a leer mentalmente aquellas palabras.

Kakashi Hatake.

¿Estás bien? Estoy segura que cuando leas esto todavía no habrás tomado ni un bocado por haber estado ocupado trabajando ¿no? Y ahora mismo estás sorprendido porque he acertado. Por favor, no te excedas en tus labores, no es bueno para tu salud.

Sé que debes estar preguntándote por qué he escrito una carta para ti y debo decir que hasta hace apenas unos minutos antes de hacerlo, es que lo he decidido. Te lo dije antes, que no había lugar en el que deseara quedarme por siempre aunque reconozco que en esta ocasión no es así; sin embargo, algo dentro de mí me dijo que era lo mejor. Me he marchado, Kakashi, y no lo he hecho porque te odie o tenga algún rencor, simplemente pienso que es la mejor decisión.

Necesitamos descansar el uno del otro, estos meses han sido demasiado intensos para ambos y aunque no negaré que fue divertido, sabes que también ha sido doloroso. No tengo el coraje suficiente para ir a verte, no después de todo lo que ha pasado. Quizás te enojarás conmigo por esto que escribo pero he pensado que mi presencia te ha hecho daño en muchas formas.

Quiero que seas un hombre feliz, un hombre que es capaz de sonreír con sinceridad y de experimentar todo tipo de alegrías. Por eso, quiero que pases este tiempo reflexionando sobre ti y lo que deseas hacer, no te estanques detrás de un escritorio, ¡eres Kakashi Hatake! y también eres un hombre maravilloso.

Gracias por cuidar de mí, gracias por salvarme y devolverme el valor que antes creí perder. Fuiste como un oasis en un inmenso desierto y siempre estaré agradecida de haberte conocido.

Estaré lejos y trataré de cumplir un sueño frustrado de mi juventud. Quiero que algún día puedas estar orgulloso de mí así como también deseo estar orgullosa de mí misma. Quiero que ese día llegue pronto.

Si con el pasar de los días conoces a alguien más que te haga vibrar y vuelque tu mundo, procura seguir mis consejos y todo lo que te dije. Pero esta vez, fíjate bien en dónde pones tus ojos y tu corazón.

Gracias mi Excelentísmo Señor Sexto Hokage. Te quiero como mi mejor amigo, y te amo como mi más grande y único amor.

Nashira Kitayaka.

Kakashi sintió algo húmedo descender por su mejilla y no reflexionó en ello hasta que la voz de la anciana lo hizo despertar del trance en que estaba. Alzó el rostro y se dio cuenta que estaba llorando, de inmediato se limpió los ojos y rió amargamente para atenuar la situación.

—Sexto...

—Estoy bien, estoy bien —dobló las hojas y volvió a guardarlas—. Sólo me he dejado llevar por la profundidad de estas palabras.

La mirada triste de la tía Madoka no le reconfortó en lo absoluto.

—Mi sobrina se volvió demasiado intrépida —la mujer se sentó en el sofá y se aferró a su mandil—. La recuerdo cuando era más pequeña, era alegre y tímida, pero siempre miraba la vida con optimismo.

Kakashi acarició las letras del sobre, las veía con pena.

—¿Hace cuánto tiempo que se marchó?

—Hace dos días. Ni siquiera me dijo a dónde iría pero sé que habló con un amigo.

«Renji»

Kakashi se sentó junto a la mujer, su ánimo había caído súbitamente y agachó la cabeza. Sintió calor en su espalda, era la mano de la anciana que trataba de darle apoyo moral.

—Debí venir antes, quizás ella no se hubiera ido —hizo una pausa y meditó la lectura anterior—. No, eso hubiera sido egoísta.

—¿Hmm? ¿Por qué?

—Nashira se sentía avergonzada de estar en Konoha, no podía obligarla a permanecer aquí después de todas esas humillaciones —pensó.

—¿Hokage? —La mujer insistió.

—Nashira quiere cumplir un sueño y yo no puedo impedirle que vaya tras él. Pero ella ya estaba bien de salud cuando se fue, ¿verdad?

—Sí. Estuvo siendo cuidada por los médicos, gracias señor Hokage.

Kakashi no podía tomar ese agradecimiento porque se seguía culpando de la situación. La anciana no sabía que su sobrina en realidad había estado en arresto domiciliario. ¿Le habría ocultado también que estuvo en prisión?

—¿Usted siempre ha estado en contacto con Nashira?

—Bueno, no realmente. Como le dije, Nashira era una niña alegre y sonriente, incluso después de que su madre los abandonara, mi sobrina no pareció cambiar en lo absoluto. Después de que mi hermano y sobrino murieron, Nashira me dijo que quería trabajar y rechazó mi ofrecimiento de vivir en Konoha así que dejamos de vernos por algunos cuatro años. Desde entonces, han sido intervalos de nuestras convivencias pero noté que se volvió ligeramente fría y grosera, aunque pienso que quizás es herencia de su madre.

Kakashi entendió que durante los cuatro años que la tía Madoka no tuvo contacto con su sobrina, se debió a que estuvo en Iwa. Su carácter cambió por las tragedias que vivió y posiblemente no quiso contarlo a la anciana por vergüenza.

—Señora Madoka, cualquier cosa que sepa sobre Nashira por favor no dude en hacérmelo saber.

(...)

Kakashi se fue a casa y la noche entera le sirvió para recapacitar el rumbo inesperado que había tomado su vida. Aunque por momentos consideró la posibilidad de enviar shinobis a localizarla, entendió que lo que Nashira deseaba era libertad.

Ella no estaba negando el afecto que le tenía, pero estaba dejando de manifiesto que deseaba escapar un poco de los pesados días que ambos vivieron. Miró otra vez la carta y al releerla supo interpretar que ella le estaba dando esa misma libertad de escoger su propio camino sin que los sentimientos influyeran.

A pesar de que ella todavía fue capaz de permitirle rehacer su vida si alguna vez encontraba un nuevo amor.

Dejó las hojas sobre la cama y se llevó las manos al pantalón donde sintió el objeto que al final no pudo entregar y prefirió conservar.

La pulsera sobre la palma de su mano pesaba tanto como el corazón de Kakashi, y entonces desahogó sus emociones en un mar de lágrimas donde nadie pudiera cuestionarle ni reprocharle nada.

El amor era doloroso, y aunque en ese momento no parecía poder sanar de aquello, Kakashi sabía que un día podría estar tranquilo así como Nashira pudo superar todas sus heridas.

(...)

Las noches se volvieron melancolía, la lectura había sido pausada por tiempo indefinido y el libro de tapas rojas estaba guardado en un cajón que Kakashi no se permitía abrir.

La pulsera estaba dentro de un estuche de cartón junto a las demás cosas del ninja, y servía como recuerdo cada vez que Kakashi se sentía solitario.

Para alimentar un poco las remembranzas del rostro de la mujer de cabello azul, Kakashi reproducía una y otra vez el video de la entrevista que le hizo cuando pensó engañarla disfrazado de Sukea. Una sonrisa imposible de ocultar se le dibujó en los labios y añoró con fuerza poder ver de nuevo esos ojos violetas.

En Konoha todo volvió a ser pacífico, nada parecía haber cambiado; lo único que cambiaron fueron las estaciones cuando el frío invierno por fin se fue dando lugar a la hermosa primavera. Kakashi en su habitual recorrido a la oficina podía apreciar todas estas cosas y a veces se detenía a admirar los bellos cerezos que florecían.

—¡Titi! ¡Titi!

El hombre apartó la vista de una flor y miró en dirección opuesta para reconocer esa voz aguda e infantil, entonces sonrió al descubrir de quién se trataba. Sakura llevaba de la mano a una niña sonriente que estiraba los brazos hacia él.

—Sarada, cada vez te pareces más a Sasuke —se agachó para cargarla—, ¿pero qué es eso de Titi?

—Ella quiere decir tío, pero aún no puede —Sakura rió.

—Ah, ya veo, con que es eso ¿eh?

Le hizo cosquillas a la pequeña y ella comenzó a reír a carcajadas contagiando así al mayor.

—Kakashi sensei ¿está todo bien?

Las cosquillas se detuvieron y Kakashi suspiró. Volvió su vista a su ex alumna y aunque ella no pudo ver el resto de su cara, sus ojos bastaron para decirle que él estaba sonriendo.

—Lo está.

—Sí, es bueno escucharlo —Sakura deseaba cuestionar algo más pero no quería arruinar el momento, no obstante, Kakashi ya sabía de sus intenciones.

—Bueno, no niego que Nashira sigue en mi mente todo el tiempo —confesó. Sakura lo miró fijamente—. Pero ahora puedo decir con calma que su decisión de irse fue muy acertada.

—¿Está usted seguro? Quiero decir, han pasado más de cinco meses desde entonces.

Kakashi acarició la mejilla de Sarada, luego entregó de nueva cuenta a la pequeña niña a los brazos de su mamá.

—Si hubiésemos querido continuar como antes quizás las heridas y las culpas no nos habrían dejado en paz. Es preferible haber vivido un amor puro y efímero a que se convirtiera en resentimiento y tristeza.

Sakura no lo dijo pero lo pensó: ese romance había durado menos que un pestañeo. A lo que recordaba de confesiones anteriores cuando Kakashi volvió a visitarla, él y Nashira apenas y habían tenido un par de días juntos.

—Bueno, es hora de ir al trabajo. Cuídense mucho ¿de acuerdo?

—Kakashi sensei, espere.

—¿Qué pasa?

Los labios de Sakura se abrieron pero no salieron palabras, luego se puso seria antes de tratar de sonreír.

—No es nada, sólo quería pedirle que no se olvide de comer y recuerde que puede visitarnos cuando quiera.

Kakashi se rascó la cabeza.

—No creo que es sea muy buena idea, Sasuke se pone de mal humor.

—Él no volverá a hacer algo como eso, ya hemos hablado y ahora es un poco más flexible. ¿Sabe? Él repentinamente ha traído entre sus cosas un cascabel.

El Hokage se cruzó de brazos y frunció el ceño.

—¿Un cascabel?

—Es extraño... No me lo ha mostrado, pero cuando iba a lavar su ropa lo encontré. ¿Cree que él quiera comprar una mascota? ¡Ah! Podría ser que por Sarada...

—¿Una mascota?

Kakashi se puso a meditarlo, ¿a Sasuke le gustaban los animales y se preocupaba por conseguirles cosas como ésas?

«Sharingan»

—¡AH!

—¿Qué ocurre sensei?

Kakashi miró a Sakura con sus ojos bien abiertos y ni siquiera parpadeó.

—¿Qué? —Ella insistió.

—Nada, nada, nada —movió sus manos en el aire—... No deberías decirle a Sasuke que encontraste ese cascabel, es más, ni siquiera le digas que me contaste sobre él ¿de acuerdo?

—Pero ¿por-?

—Tú sólo no lo hagas, quizás no es algo por lo que debas preocuparte. Nos vemos luego, adiós.

No le dio oportunidad de decir nada más y se fue con pasos apresurados hasta llegar a su oficina. Se dejó caer sobre la silla y se masajeó los ojos.

—Quiero pensar que estoy equivocado, no es lo que creo que es... Sasuke jamás haría algo como eso, él... él es frío.

—¿Quién es frío?

—¡Ah! —Abrió los ojos y miró a Sai, estaba de pie junto a la puerta—. No te escuché entrar.

—Sólo vine a dejar unas solicitudes para que las revise.

—Shikamaru insiste con lo de un asistente ¿no? —Sai asintió y dejó las carpetas sobre el escritorio—. No nos damos abasto con el trabajo.

Kakashi tomó un folder y lo abrió, se puso a leer los datos y habilidades del solicitante.

—Supongo que esto me tomará tiempo.

—Descuide, sabemos que usted sabrá elegir. Me retiro ahora.

—Gracias, Sai.

Kakashi se dedicó toda la mañana a revisar con calma las solicitudes; al leer cosas como "dispuesta a hacer todo lo que el Hokage ordene", o "admiro mucho al Sexto", no pudo evitar recordar el sarcasmo de Nashira y los consejos que le dio.

«Te hablan bien, te quieren endulzar el oído para que caigas. No puedes ser débil, Kakashi»

—Bien, creo que ya tenemos una buena elección.

Miró la fotografía de una joven mujer de veintidós años que recientemente se había graduado de chunin y se describía como responsable, honesta, dispuesta a aprender y a trabajar en equipo.

—La nueva asistente del Hokage —pronunció y puso la hoja sobre el escritorio para sellarla con tinta roja.

Se mantuvo observando el sello hasta que su mente se distrajo con otro pensamiento y giró en su silla para ver la aldea desde el gran ventanal de su oficina. Se puso de pie y caminó hasta tocar el muro. Por fin había logrado la paz que tanto deseó y la prosperidad que necesitaban.

—Ahora entiendo tus sentimientos —musitó—. Has pensado en mí, Nashira. ¿También has logrado tu sueño? A veces quiero escribirte y contarte todo lo que ha pasado desde que te fuiste pero no sé dónde estás, sólo espero que donde quiera que te encuentres, estés bien.

Bajo un inmenso cielo estrellado, el viento soplaba ligero ondeando un cabello corto y oscuro que brillaba con la luz de la luna. Un aroma a vainilla llegó hasta sus fosas nasales trayéndole consigo el recuerdo de un hombre con cabellos plateados y se paró a observar el firmamento con la nostalgia de siempre.

Sus iris violetas se contagiaron del brillo que emitían las estrellas y con un fuerte sentimiento pronunció el nombre de su amor.

—Kakashi.