Capítulo 2: Culpa y olvido

Dimitri

—El amor se desvanece, el mío lo ha hecho—tan pronto como las palabras dejaron mi boca me sentí horrible, como si no hubiese sido, si no el monstruo dentro de mí quien hablaba, aún más cuando ella me miró de esa manera, con tanto dolor en sus hermosos ojos. ¿Por qué ella no podía verlo? ¿Cómo era posible que no lo entendiera? ¿Es qué acaso no se daba cuenta que sin importar lo que sintiera siempre terminaba haciéndole daño?

Cuando se levantó de mi lado y salió de la iglesia sólo pude quedarme ahí, con mis ojos cerrados, esperando que de una vez por todas se rindiera y me olvidara, que olvidara todas las promesas que le había hecho y que jamás podría cumplir. El sólo pensar que no podría volver a tenerla me enfermaba y hacía doler mi corazón, pero sabía que era lo mejor para ella, mi mundo ahora era obscuro, lleno de culpa y remordimiento, yo ya no podía ofrecer lo que ella pedía, amor, como podía sentir amor si todo a mi alrededor estaba manchado de sangre, cuando pude haberla matado a ella, a Christian o a la princesa, a todos aquellos a quienes había jurado proteger. Renunciar a ella era lo mejor, algún día lo entendería.

Al terminar el servicio, me quede ahí sentado un poco más, tratando de convencerme de que era lo suficientemente fuerte para mantenerme lejos de ella. No sería fácil, me dije, recordando que solo hace unos minutos, cuando ella había intentado tocarme, me había sobresaltado al instante, sabiendo que un sólo toque de sus dedos podría hacerme flaquear en cualquier momento. De pronto sentí que alguien se aproximaba sentándose a mi lado, por un momento pensé que era Rose otra vez, pero estaba equivocado, no era ella, no era su aroma el que percibía, ni sentí la electricidad que irradiaba entre nosotros cuando estábamos cerca uno del otro, abrí los ojos y vi a Tasha Ozera, mirándome en silencio. Al parecer ni siquiera en este lugar lograría algo de paz.

—Hola— dijo ella con una sonrisa en su rostro.

—Hola Natasha— respondí fríamente mientras me levantaba. Su sonrisa cayó ante mi indiferencia, pero ello no le impidió levantarse y seguirme al salir de la iglesia.

—Sólo quería saber cómo estabas, te han tenido tan resguardado que no hemos tenido oportunidad de hablar— dijo ácidamente mientras miraba alrededor a mis guardianes.

—Estoy bien— mentí, sabiendo que mi cabeza y mi corazón eran un absoluto desastre— Gracias por preocuparte— ella agarro mi brazo tratando de llamar mi atención, me sentí incomodo por un momento, pero sólo la miré captando una real preocupación en sus ojos azules.

— ¿En serio lo estás?— preguntó nuevamente mientras caminábamos por los jardines que rodeaban la iglesia.

—Lo estoy, es sólo...ha sido, ha sido difícil.

—Lo imagino, no puede ser fácil— me respondió, con una cálida sonrisa. Desvié la mirada de pronto pensando que desde mi regreso, no había visto a Rose sonreír, al menos no una sonrisa de auténtica felicidad, como aquellas que me regaló en la cabaña o en nuestra caminata en el bosque cuando creíamos que habíamos encontrado una forma de estar definitivamente juntos.

—Por cierto ¿has visto a Rose?— preguntó de pronto —Tenía que darle un recado de Lissa.

¿Lissa está bien?— pregunté un poco angustiado y un tanto aliviado por distraerme de pensar en Rose.

—Ella está bien, no te preocupes por ella, estaba con Christian cuando la vi— eso me tranquilizo un poco.

—Bueno, por lo visto no encontraré a Rose aquí— dijo Tasha y antes de que pudiera contestar Mikhail Tanner lo hizo por mí. Ni siquiera había notado que caminaba cerca de nosotros hasta que habló.

—Ella estuvo aquí, pero se fue antes de que el servicio terminara ¿verdad Belikov?— pude percibir sin lugar a dudas el tono de reproche en su voz —Pero por lo visto no quieres hablar de ello— continuó. Me detuve para mirarlo, un poco incómodo por su tono, estaba sonriendo pero en sus ojos pude ver molestia y algo más que no pude descifrar. Tasha asintió mirando al guardián y luego se giró hacia mí, soltando mi brazo dijo.

—Bueno entonces iré a buscarla a su dormitorio, seguro estará pasando el rato con Adrián.

Escuchar eso hizo que mi cuerpo se tensara por completo. Inconscientemente apreté mis puños con fuerza antes de darme cuenta de que ya no debía reaccionar así. No es tu problema Dimitri renunciaste a ella ¿recuerdas? Dijo una voz en mi cabeza.

Afortunadamente Tasha no noto mi cambio y se despidió rápidamente caminando en dirección a los dormitorios de los guardianes. Mi ya de por sí mal estado de ánimo empeoró y no era por Tasha, era porque aún pensaba en Adrián y Rose, oh por Dios ¿por qué olvidarla era tan difícil?

—Para alguien que dice que ya no la ama, pareces bastante celoso— dijo Mikhail en tono molesto —No me digas ¿eres de esos ex novios posesivos Belikov?— ¿Qué? ¿Mikhail sabía sobre lo nuestro? ¿Escuchó acaso nuestra conversación?

— ¿Nos escuchaste?— pregunté nervioso y un tanto agradecido de que mis guardianes guardaran su distancia.

—No fue necesario, sólo vi su rostro cuando iba saliendo de la iglesia— respondió ácidamente sin esconder su molestia ni su preocupación por Rose. —¿Sabes?— continuó hablando cuando yo no respondí —Cuando vino a mi pidiendo ayuda, porque existía la remota posibilidad de devolverte a tu estado Damphir, pensé que estaba loca, en serio lo pensé, pero ella estaba tan esperanzada y determinada a conseguirlo que me hizo creer que era posible, si ella podía encontrar la forma, entonces yo también podía tener esperanzas— suspiró, había un dejo de tristeza y decepción en su voz —Pero ahora, viendo como tú has actuado con ella, creo que preferiría no haberla ayudado y definitivamente creo que aunque ahora tengo pruebas de que esa posibilidad existe, renunciaría a recuperar a Sonya sí supiera que al volver sólo sería para rechazarme y negar que me ama.

No pude responder, me sentía podrido, hería a Rose una y otra vez, aun cuando ella había hecho todo por salvarme y más. Yo era un monstruo sin lugar a dudas, yo aún lo era.