Capítulo 38.- "Ceremonia y luna de miel"

Era una noche tranquila en Konoha, las calles aún seguían siendo muy transitadas a esa hora y los establecimientos continuaban abarrotados de clientes. Era justamente el tipo de ambiente que todos habían anhelado después de las tragedias, era lo que mantenía en Kakashi la tranquilidad de saber que estaba haciendo las cosas bien.

Las risas y bromas de un grupo de shinobis inundaban todo el bar y celebraban con júbilo alzando sus vasos con sake. Era la fiesta de despedida de soltero del Sexto Hokage de Konoha y sus más allegados compañeros y amigos estaban con él para expresarle sus más profundos buenos deseos.

—¡Por fin dejarás de ser Kakashi el desabrido!

Guy le pegó un manotazo en la espalda y a Kakashi casi se le derrama el sake en la superficie de madera. Las risas de Genma y Yamato podían ser escuchadas incluso a una cuadra del lugar.

—Es sorprendente que vayas a casarte —habló Ibiki—, no te ofendas pero llegué a creer que te quedarías soltero por el resto de tu vida.

—No entiendo esa obsesión conmigo y mi soltería, ustedes también son solteros y no veo señales de que eso cambie algún día. Excepto con Yamato.

El castaño escupió el sake y luego se disculpó con el dueño del local, quien lo veía desde el otro extremo de la barra.

—La diferencia es que tú eres Kakashi Hatake —dijo Guy—, y no sueles ser un hombre que se interese por una relación romántica.

—Ah... ¿Y me vas a decir que tú sí? Guy, desde que te conozco siempre has estado enfocado en entrenar.

—También tengo un rol de padre, por si no te has dado cuenta. Lee es como mi hijo así que no, no sólo me enfoco en entrenar.

Kakashi dudó unos segundos antes de bajarse la máscara y beber de su vaso, el dueño del local abrió mucho los ojos cuando vio su rostro, incluso Genma, quien no se terminaba de acostumbrar a eso.

—Bueno, pues ahora serás un hombre casado —Ibiki le dio unas palmaditas en el hombro—. No tienes que sofocarte tanto con el trabajo, debes hacer feliz a tu mujer.

—En todos los sentidos, mi estimado Kakashi —completó Yamato y alzó sus cejas de forma atrevida.

—Si necesitas consejos sobre asuntos de esa índole, sabes que siempre puedes consultarme —Guy levantó su mano.

—También a mí puedes preguntarme —Genma hizo lo mismo.

—Oh, basta —Kakashi puso su vaso sobre la barra—. ¿Creen que soy un niño? Para su información yo tengo mucha experiencia y conocimientos, quizás más que ustedes.

—Leer un libro no te da práctica —dijo Ibiki y Genma soltó una carcajada. Kakashi frunció el ceño.

—No hagas corajes, sólo estamos bromeando —Guy aclaró su garganta y se concentró en observar las botellas vacías—. Entonces ¿cuándo será la boda?

—La próxima semana. Nashira ha estado ocupada estos días preparando las cosas que se necesitan para la ceremonia y yo he tenido que reorganizar mi agenda para dejar libre ese día, de hecho se le ha extendido una invitación a los kages. Son muchas cosas que se tienen que dejar listas que siento que me va a estallar la cabeza.

—No te estreses Kakashi, de eso no se trata —dijo Yamato.

Ibiki miró a todos lados como buscando algo y después volvió su vista al Hokage.

—Pensé que Iruka, Shikamaru y Sai también vendrían. O incluso Naruto, ya que fue tu alumno.

Kakashi apoyó sus codos en la superficie de la barra de madera pulida.

—Iruka estaba ocupado con cosas de la Academia, Shikamaru y Sai dijeron que no podían venir y en cuanto a Naruto... Bueno, es posible que suene ridículo pero sigo viéndolo como a ese niño que estaba a mi cargo, sería imposible para mí, invitarlo a beber alcohol.

—¿Y Sasuke? —Cuestionó Guy y Kakashi sonrió.

—Aunque lo hubiese invitado, él no habría venido de todas formas.

Los murmullos y la charla dentro del bar, continuaron un par de horas más. Kakashi moderó su consumo en el alcohol, lo único que buscaba esa noche era un poco de paz y relajación, convivir con aquellos shinobis y compartir más que tristes momentos.

En su camino a casa, Kakashi observó el cielo estrellado y pensó que hubiera sido bueno tener un familiar que pudiera acompañarlo en su boda, de preferencia su madre o su padre, aunque a esas alturas de la vida, sólo le bastaba con mirar de frente al futuro y no lamentarse por las irremediables pérdidas.

—Rin, Obito... ¿Me están observando también?

(...)

Los días siguieron su curso normal. Con el pasar de éstos, Kakashi recibió notificación de los kages respecto a la invitación a su boda y sorprendentemente todos habían aceptado. Kakashi y Nashira no querían una ceremonia demasiado ostentosa, pero incluso así, sólo por el hecho de que Kakashi era líder de Konoha, las cosas no podían ser menos llamativas y poco a poco el pueblo se fue enterando que su Hokage estaba a punto de ser un hombre casado. Esta noticia provocó alegría pero también le rompió el corazón a unas cuantas jovencitas.

Keito se enteró al escuchar a sus compañeros hablar del tema y aún avergonzado de sí mismo, sintió tranquilidad de saber que Nashira había encontrado un mejor amor.

Kakashi se dispuso a visitar a su prometida pero se sorprendió cuando la tía Madoka le impidió verla. Parado frente a la puerta con sus ojos bien abiertos, el Hokage veía a la anciana quien muy apenada hizo una reverencia.

—¿Po-por qué? ¿Le pasó algo a Nashira? ¡No me diga que se fue otra vez!

El corazón de Kakashi empezó a martillar con abrumadora fuerza, temeroso de que todo hubiera sido una ilusión.

—No, no, ella no se ha ido a ninguna parte. Pero según nuestras costumbres, el novio no puede ver a la novia tres días antes de la ceremonia.

—¡¿Eh?! —Kakashi arrugó la frente haciendo una mueca de decepción— No es necesario seguir al pie de la letra las reglas, no va a pasar nada.

—Yo lo entiendo perfectamente, y créame que Nashira también está poniendo mucho esfuerzo en esto. Pero ella de pronto ha querido obedecer los mandados del Santo Monje, al menos para la ceremonia, por favor le ruego que nos disculpe.

Kakashi se rascó la cabeza y suspiró.

—De acuerdo, entonces así será. La aldea del Valle Rocoso tiene tradiciones y costumbres muy diferentes a Konoha.

—¡Ah! Casi lo olvido.

La anciana entró de lleno a la sala y volvió con una caja de cartón.

—Tenga esto, mi sobrina me pidió que se lo entregue. Es el traje que usted usará, lo terminó antier y es mejor que se lo pruebe para saber si le quedará bien.

Kakashi tomó la caja.

—Sabe que yo uso esta máscara y me preguntaba si eso no será un inconveniente.

—Para nada, eso no afecta. Usted puede usarla si eso lo hace sentir cómodo.

—Bien... Entonces supongo que me retiro. Por favor no olvide decirle a Nashira que la ceremonia es el sábado al medio día en el jardín de Konoha.

La anciana asintió y le sonrió con amabilidad.

—Nos veremos ese día, Sexto.

Kakashi no dijo más y se fue a su casa. No esperó mucho tiempo y al llegar se probó el atuendo para ver si podría colocárselo de manera correcta pero comenzó a estresarse cuando vio que le era imposible. Miró las prendas con angustia y su cabeza maquinaba la forma de salir de aquel problema.

—Necesito a alguien que sepa colocar esto, ¿qué debería hacer? ¿A quién le pido ayuda? Sólo Naruto se ha casado con un traje parecido a éste, pero dudo que él sepa colocarlo bien. Quizás si le pregunto a... No —negó con su cabeza—, eso jamás. Bueno, entonces...

Una hora había pasado y Kakashi seguía en el piso frente al espejo pensando en alguien que pudiera ayudarle a ponerse el traje para la ceremonia sin que se burlara de él. Luego de meditarlo y meditarlo, decidió salir de dudas e ir a preguntar directamente.

(...)

Los infernales tres días que fueron un martirio para Kakashi, por fin habían concluido y el tan esperado día de la boda había llegado.

El jardín de Konoha estaba llenándose de invitados y las hermosas decoraciones que estuvieron a cargo de Ino y su familia, eran la sensación. Hinata y Hanabi se ofrecieron para elaborar bellos postres para la mesa de los novios, mientras Sakura, Naruto y Sasuke estaban en una habitación del edificio intentando vestir a Kakashi.

—¡Suma la panza, sensei! —Decía Sakura, quien le rodeaba el haori con la cinta púrpura, Kakashi se lamentaba en su interior por haberles pedido ayuda.

—No estoy gordo, Sakura.

—Estira más la cinta —dijo Sasuke, quien tenía cargada a Sarada y sólo se dignaba a observar desde una esquina.

—No estoy segura de que así sea la forma correcta, ¿tú qué piensas, Naruto?

El rubio se sobó el mentón y achicó los ojos, veía muy de cerca la ropa de su ex maestro. Kakashi casi empezaba a sudar.

—Este traje es muy distinto al que yo usé en mi boda, pensé que sería más fácil de colocar.

—La tira púrpura no sé cómo cerrarla, ni sé para qué es este aro ¿por qué no le pidió ayuda a Nashira? —Preguntó Sakura.

—Porque tenía prohibido verla de acuerdo a su tradición religiosa, pensé que ustedes sabrían hacer esto ¿qué debo hacer? Ya casi empieza la ceremonia.

—Si me lo permiten, yo puedo ayudar.

La voz masculina que provino desde la puerta, llamó la atención de todos los presentes en la habitación. Un hombre de traje negro y anteojos estaba allí mirándolos a través del cristal con sus ojos verdes.

—Señor Renji —pronunció Kakashi.

—¿Renji? —Naruto volteó.

—Es amigo de Nashira.

—Entonces ¿puedo? —Movió su mano señalando el obi.

—Si usted sabe atarlo, entonces no veo el problema —Kakashi respondió. Sakura y Naruto se apartaron para observar.

—Los obi para la vestimenta del novio, son diferentes en la aldea del Valle Rocoso —explicaba mientras pasaba un extremo de la tela por el aro de metal.

—Bueno, admito que soy ignorante en estas cosas, me da cierta vergüenza no conocer mucho de esta aldea a pesar de que voy a casarme con una mujer que es originaria de allí.

—En realidad no todos saben atar el obi de aro, esto lo aprendí de joven cuando mi profesor se casó. Creí que nunca lo pondría en práctica.

Todos observaban con cuidado la manera en que Renji terminaba de atar el lazo. Finalmente acomodó el cinturón y el haori.

—Listo, ya quedó.

Una ovación y aplausos se oyeron detrás, Renji y Kakashi miraron a Sakura y Naruto emocionados, y Sarada comenzó a imitarlos al ver que estaban aplaudiendo.

—¡Sensei, se mira genial! —Dijo la pelirrosa.

—Es cierto, de verdad parece otro, si no fuera por la máscara creería que se trata de un actor de películas.

—Muy gracioso Naruto —Kakashi se cruzó de brazos.

—Bueno, mi trabajo aquí ha terminado —dijo Renji—. Estaremos esperándolo. No olvide que usted debe ir a recoger a Nashira, ella debe estar en el primer piso.

Kakashi arqueó las cejas con preocupación.

—¿Qué? Nadie me explicó nada ¿hay más cosas que debo hacer?

—Simplemente ustedes deben salir juntos al patio, la ceremonia es muy sencilla, el reverendo encargado de llevar la ceremonia será quien les guíe los pasos a seguir. Incluso puedo asegurar que Shirita no sabe lo que debe hacer, y posiblemente esté igual de nerviosa que usted.

—Con que es eso.

—Vamos Kakashi sensei, que no decaiga ese ánimo —Sakura le dio palmaditas en el hombro—. Es el día de su boda, tiene que sonreír.

—Aunque con esa máscara no podemos ver su sonrisa. ¿Cómo va a besar a la novia si no se la quita? —Naruto se puso las manos en las caderas.

—No creo que haya tal cosa como un beso público —dijo Renji—. La ceremonia no lo pide.

—Oh, rayos. Yo quería ver algo de romanticismo —dijo Sakura con decepción.

—Lo único que hará falta es un familiar —la repentina frase de Renji hizo que todos le prestaran atención, y sus rostros dejaron de estar relajados para tensarse—. Quiero decir, alguien que acompañe al novio cuando intercambie votos matrimoniales. Normalmente es la madre del novio y el padre de la novia, pero puede ser cualquier familiar. En el caso de Nashira, ella tiene solamente a su tía.

—¿Y si no tengo familia? —Kakashi lo miró con angustia y Renji se sintió mal por haber provocado esa situación.

—No creo que importe mucho, puede ser cualquiera que usted desee.

—Nosotros lo haremos.

Kakashi se sorprendió mucho cuando oyó la voz de Sasuke, Sakura y Naruto también miraron hacia él.

—Somos tus ex alumnos, si no tienes familia creo que podemos hacerlo, al menos por esta ocasión.

—Sasuke... ¡Sí! ¡Sasuke tiene razón! Nosotros estaremos en representación de su familia —dijo Sakura muy animada.

—¡Sí, estoy de acuerdo, dattebayo!

—Chicos —Kakashi sonrió bajo la máscara y de un momento a otro estiró sus brazos para rodear a sus tres ex alumnos, incluyendo a la pequeña Sarada que Sasuke cargaba—... ¡Los quiero mucho!

—¡Oiga Kakashi sensei me despeina, 'ttebayo!

(...)

Al momento que Kakashi vio a Nashira vistiendo la ropa tradicional de novia, sus ojos brillaron por lo radiante que ella lucía. Su uchikake era blanco y largo con bordes dorados, el obi de su traje era de la misma tela que el que usaba Kakashi, la diferencia radicaba en que el aro era más amplio. Su cabello estaba recogido y adornado con kanzashi muy elegantes; sólo dos mechones caían por cada lado de su rostro. El maquillaje de sus ojos resaltaba el color violeta de sus iris y sus labios tenían un ligero color rojizo.

Kakashi seguía impresionado mirándola, ella lo observó de pies a cabeza y sonrió con satisfacción.

—Sí, justo así me imaginé a mi esposo.

El peliplata se sonrojó y quiso ocultarlo sobándose el puente de la nariz. Nashira caminó hacia él y levantó su mano derecha mostrando su dorso; Kakashi entendió el mensaje y la tomó con delicadeza.

Cada paso que daban tomados de la mano, ocasionaba un cosquilleo interno en el Hokage pero esta vez su corazón se sentía ligero y su alma, llena de felicidad.

Cuando los invitados vieron a los novios comenzaron a ovacionar emocionados, la Mizukage Mei sonrió con aprobación y un poco de asombro de ver al popular ninja que solía ser conocido como frío y sanguinario, pero que en ese momento estaba vestido con un traje de novio y tomando de la mano a una bella mujer.

Una rubia mujer se situó a su costado mientras sostenía una copa con vino blanco y veía a la pareja.

—¿Quién lo diría? Kakashi Hatake se casa.

Mei miró de reojo a la mujer a su lado y se echó el cabello hacia atrás proyectando un aire de arrogancia.

—Bueno, era de esperarse, la última vez tuvo varias candidatas tras él.

Tsunade soltó una risita y luego miró a la Mizukage.

—Al final, Kakashi siempre hace lo que quiere. Míralo, se quedó con su ex asistente.

—Los hombres son incomprensibles. Pero en fin, tengo que admitir que se miran bien juntos.

Kakashi y Nashira se pusieron de rodillas sobre dos cojines y el reverendo inició la ceremonia. La tía Madoka estaba detrás de su sobrina, mientras que el antiguo equipo siete respaldaba a su sensei.

Naruto miró con orgullo la espalda de su maestro y sus ojos azules brillaron conmovidos por la escena. Sakura llevó una mano a su pecho y sonrió sutilmente ante ese sentimiento de alegría que le causaba ver a Kakashi junto a la mujer que él amaba. Sasuke tenía un semblante de tranquilidad y aunque no expresó su sentir, deseaba que la pareja alcanzara y mantuviera esa felicidad que tanto habían necesitado.

El anciano reverendo dio un discurso corto y posteriormente inició con el rito espiritual. Kakashi tomó la sortija de oro que estaba sobre un platito y la colocó cuidadosamente en el dedo anular de Nashira, luego la miró y ella no pudo evitar sonreírle. La mujer hizo la misma acción con el Hokage.

El anciano rezó en un idioma incomprensible al tiempo que vertía vino de arroz en dos platitos blancos de cerámica.

—Por favor, beban el agua sagrada.

Nashira hizo un sonido extraño, el reverendo la miró y ella tosió queriendo ocultar que estaba soportando la risa. Kakashi curvó sus labios y sonrió antes de bajarse la máscara. Ya sospechaba lo que Nashira había pensado:

«No me estoy embriagando con alcohol, esto es agua sagrada»

Todos estaban a la expectativa de ver el rostro de su líder pero entonces, Sasuke se atravesó de modo que Kakashi pudiera revelar su rostro para beber el contenido del recipiente sin que nadie más pudiese verlo. Quejidos de decepción se escucharon, el reverendo les ordenó guardar silencio y Sakura apretó los labios para no reír.

—Dos almas que se unen bajo los estatutos religiosos sagrados e inquebrantables, el Santo Monje les guíe siempre por el buen camino que todo matrimonio debe seguir —dijo el reverendo y la tía Madoka asintió con su cabeza—. Por favor, los familiares pasen al acto de la entrega formal de sus seres amados.

La anciana tomó la mano de Kakashi y lo miró directamente a los ojos.

—Con mi alma llena de júbilo quiero desearles un matrimonio muy feliz. Por favor, cuide bien de mi sobrina, téngale mucha paciencia y ámela con todo su ser.

—Así lo haré.

Naruto se limpió una lágrima. Sakura avanzó hasta Nashira y tomó sus manos, luego Naruto puso la suya también y Sasuke dudó unos segundos antes de unirse. Sarada estaba en los brazos de Ino y observaba atenta a lo que sus padres hacían.

—Nashira, te confiamos a nuestro sensei y Hokage. Y deseamos que sean muy felices en esta nueva etapa de sus vidas —expresó Sakura, Nashira movió su cabeza aceptando sus palabras.

—Señorita Nashira, es mejor que sea muy sutil con Kakashi sensei, él a veces puede ser raro y decir cosas desagradables, incluso es capaz de sacarla de quicio pero es un buen tipo, dattebayo!

Se oyeron risas al fondo y Kakashi rodó los ojos, Nashira le mostró sus blancos dientes a Naruto cuando sonrió ampliamente por aquellas palabras.

—Voy a dar lo mejor de mí.

La presión fue hacia Sasuke, quien no había dado sus buenos deseos y las miradas habían caído sobre él. Sakura le hizo muecas para que dijera algo, él arrugó la frente y se arrepintió de ofrecerse a participar. Con resignación abrió su boca y habló.

—Felicidades.

—Gracias, Sasuke.

El reverendo indicó a los novios que se tomaran de las manos y se miraran fijamente, luego agitó sobre sus cabezas un ramo sagrado mientras pronunciaba una oración al Santo Monje. Al finalizar, dio las palabras para terminar la ceremonia.

—Que el cielo y la tierra sean testigos del fruto de su amor y su futuro en unión sea próspero cada día. El Santo Monje de la Montaña del Valle Rocoso guíe sus pasos. Felicidades por este comienzo.

Los presentes aplaudieron y entonces Kakashi ayudó a Nashira a ponerse de pie. A pesar de que no hubo un beso, el abrazo fue la muestra de cómo sellaron su juramento.

Luego del acto religioso, comenzó la fiesta y se sirvió el banquete. Kakashi y Nashira se sentaron frente a una mesa y desde allí recibieron a quienes se acercaban a felicitarlos. Gaara fue uno de los primeros acompañado de Kankuro.

—Ah, ¿recuerdas cuando me diste esa noticia espantosa de que querían conseguirme una esposa? —Dijo Kakashi y Gaara afirmó.

—Pero me da gusto ver que se ha casado con una mujer que usted ama y no por obra de una imposición.

Nashira miraba al pelirrojo y su hermano sin comprender bien quiénes eran; pronto Kakashi se dio cuenta de su confusión.

—Ah, te presento al Kazekage Gaara y él es su hermano Kankuro. Ya debes saber que son del País del Viento.

Nashira estiró su mano para saludar.

—Mucho gusto, Nashira Kita...

Cortó su frase antes de continuar, su mano seguía sobre la de Gaara y los tres shinobis la observaban.

—Nashira Hatake —contestó. Kakashi la miró con ternura al caer en la cuenta de que a partir de ese día, no sería más un hombre sin familia.

—El placer es nuestro —respondió Gaara.

—Ah, con que allí están.

Una mujer rubia elegantemente vestida, se acercó a los novios y los dos shinobis del país del Viento. En sus brazos cargaba a un niño de melena oscura y ojos dormilones.

—Temari, no te había visto desde que llegué —habló Kankuro—. Hola Shikadai, cuánto has crecido —le sobó la cabeza al niño.

—Estuve ocupada, Shikamaru no puede hacer nada por sí solo.

—¿Es usted la esposa de Shikamaru? —Preguntó Nashira.

—¿No lo parece, verdad? —Sonrió con orgullo. Nashira vio al niño en sus brazos y sonrió al notar el aterrador parecido que tenía con el consejero del Hokage.

Todos los invitados disfrutaban de la celebración, Kakashi y Nashira recibieron un sinfín de felicitaciones y regalos. La tía Madoka había llorado mucho por la emoción y Rock Lee le ofreció un pañuelo al recordar a su sensei en sus momentos más intensos.

Luego de agarrar valor tras la motivación de sus compañeros, Yamato preguntó a Chiharu si podía bailar con ella, la mujer tímidamente aceptó su ofrecimiento y la pareja no pasó desapercibida.

Los niños jugaban emocionados por todo el jardín, entre ellos había uno en especial que cuando vio el momento oportuno, se acercó al nuevo matrimonio y de su pantalón sacó un sobre.

—Señorita Nashira, señor Hokage, muchas felicidades.

Ella y Kakashi voltearon a verlo y por un segundo, Nashira pensó que Keito también estaba allí. Sus ojos miraron alrededor para luego volver al pequeño.

—Kuroyi, ¿viniste solo?

—No, el director Iruka me trajo —sonrió dulcemente—. Pero quería decirle que se ve muy bonita.

Ella puso su mano sobre la melena del niño y luego lo abrazó.

—Gracias, Kuroyi.

—Quería comprarles un regalo pero aún no tengo dinero.

—Está bien, no tienes que darnos nada —dijo Kakashi—. Aunque podrías...

—¡Kakashi! —Nashira lo miró asustada pensando que él realmente pediría un obsequio al menor.

—Podrías convertirte en un buen ninja —dijo el Hokage—. Uno del que podamos sentirnos orgullosos ¿verdad?

Nashira estuvo de acuerdo.

—Prometo que lo seré —el niño levantó el sobre a la altura de su cara—. Esto es de parte de mi papá, me pidió que se los entregara.

Nashira y Kakashi se miraron, luego ella tragó saliva y lentamente levantó sus manos antes de tomar el sobre. Levantó la pestaña y sacó una tarjeta; Kakashi estiró el cuello para leer junto con Nashira el contenido, mas no había mucho texto, sólo un par de líneas escritas con tinta negra.

«Nashira, Sexto Hokage.

Deseo sinceramente que sus vidas resplandezcan con el amor y que la vida les conceda la alegría que se merecen. ¡Felicidades!

Keito Kurosawa.»

El pulgar de Nashira rozó levemente el borde de la tarjeta, pero tan diminuta acción no pasó desapercibida para Kakashi. Sus ojos dejaron de ver la tarjeta para mirar el cuello de Nashira; ella volvió a guardar la nota en el sobre y miró a Kuroyi.

—Dile a tu papá, que el Hokage y yo agradecemos sus buenos deseos y esperamos que éstos se multipliquen para su familia.

El niño miró con ojos brillantes el rostro de Nashira y tras una bella sonrisa, aceptó moviendo su cabeza. Kakashi puso su mano sobre el dorso de la mano derecha de su mujer, y cuando el niño se marchó a jugar lejos de ellos, decidió hablar con su habitual calma.

—¿Sabes que para nuestra luna de miel unos colegas nos han regalado unas vacaciones en un hotel con aguas termales?

—¿Hablas en serio? ¿Luna de miel?

—¿Qué te sorprende? Creí que te gustaría la idea.

—No es que no me guste, es que pensé que estarías tan ocupado trabajando que no aceptarías algo como unas vacaciones.

Kakashi acarició sus dedos.

—Necesito un descanso y qué mejor que pasar el tiempo con mi esposa. Además, tú y yo estamos faltos de privacidad ¿no lo crees?

Nashira se estremeció y apartó su mano para tomar una copa.

—Señor Hokage, es usted un sucio pervertido.

—No puedes afirmar algo sin antes probarlo.

—¿Qué quieres decir?

Kakashi se sirvió champán y observó detenidamente el líquido burbujeante dentro del cristal.

—Ya sabes... Hasta que no estés en mis brazos no puedes hablar de mi forma de ser.

El sonrojo era evidente en las mejillas de la novia, y eso fue una victoria silenciosa para Kakashi.

El resto de la fiesta avanzó de modo pacífico y llegada la noche, los invitados empezaron a retirarse.

La tía Madoka ayudaba a Nashira a quitarse el traje mientras ella se veía en el espejo y recordaba las palabras de su ahora esposo, quien le dijo que irían de luna de miel tan pronto como llegara la mañana. Kakashi se encargó de acomodar sus horarios y actividades para poder tener una semana libre; Nashira estaba poniéndose nerviosa con sólo pensarlo.

—Puedo decir que mi misión en este mundo ha concluido —la voz de su tía la hizo volver en sí y la miró por el espejo—. Tu padre siempre me pidió que cuidara de ti.

—Tía, aún si me hubiera quedado soltera para el resto de mi vida, no tenías de qué preocuparte. Soy una mujer fuerte ¿no?

—Es cierto. Pero no te niego que me siento más tranquila de saber que el día que yo no esté aquí, tú tendrás a tu lado a alguien que te ama.

—No hables de cosas trágicas, me pones de nervios. Necesito estar relajada y no perder la compostura.

Nashira se puso un pantalón y la anciana se le quedó mirando directamente a la parte baja de su cuerpo. Tal observación fue demasiado intensa al punto de que la mujer de cabello azul se intimidó.

—¿Qué pasa? ¿Tengo algo?

—¿Por qué usas esas bragas tan feas?

—¡Tía! —Con apuro se subió el resto de la prenda y la abotonó— Son cómodas.

—Niña, si vas a tener tu primera noche de casada al menos intenta usar algo más sensual.

El rostro de Nashira se puso colorado y con horror miró a la anciana, se cubrió la cara y se dio la media vuelta para darle la espalda. Había olvidado eso, no le prestó la atención debida a muchas cosas referentes a una vida matrimonial y recordó las veces que Kakashi se burló de sus bragas con frutas y estrellas.

—Bu-bueno... No es como que Kakashi se vaya a poner algo sexy para mí ¿sabes? —se agachó para ponerse los zapatos.

—Él no necesita ponerse nada, él ya es sexy.

Nashira se preguntó si era normal que una anciana como su tía, dijera tales cosas pero desde que tenía uso de razón, la mujer siempre había sido así.

(...)

Nashira miraba a todos lados y aunque ya había estado allí en varias ocasiones, la forma en que miraba aquel lugar era distinto. Su mano acarició el borde del sofá y sus pies prestaron atención a la textura de la alfombra. Kakashi continuaba mirándola en su momento de adaptación y sin poder evitarlo, sonrió ante la tierna y dulce imagen que proyectaba en la sala de su casa.

—¿Estás bien? Pareciera que no conoces este lugar.

—Estoy algo incrédula, puede sonar patético pero siento que no será tan sencillo adaptarme a un nuevo hogar.

—Bueno, después de todo ésta también es tu casa así que si consideras que debemos cambiar algo de ella, sólo tienes que decirlo. La pintura, las cortinas, los muebles, lo que sea que quieras.

Nashira miró hacia el pasillo recordando el camino hacia la habitación de Kakashi y sin que pudiera decir algo, él ya sabía lo que surgía en su mente.

—Y sí, por allá está nuestra habitación.

—Dios, Kakashi ¿por qué eres así?

Él rió cuando la vio tan avergonzada y se dirigió a ella para pasarle un brazo por la cintura. Nashira dio un respingo cuando sintió su tacto y evitó a toda costa mirarlo a la cara. Sólo podía pensar en sus bragas de piñas.

—Estás muy asustadiza hoy ¿no? ¿Te sientes mal?

—N-no. Estoy cansada, eso es todo.

—Hmm... Con que es eso. Bueno, ¿por qué no tomamos un baño y después vamos a dormir? Nos tenemos que levantar temprano para ir a nuestro próximo destino.

La cara de Nashira estaba ardiendo.

—Un... baño —musitó y sus ojos estaban perdidos en el vacío.

—¿Vamos?

—¡No, no, no! —Retrocedió unos pasos y luego quiso arreglar su extraño comportamiento, sonrió nerviosa y movió su mano en el aire—. ¿Qué te parece si primero me baño yo? Tengo un montón de maquillaje que debo remover.

Kakashi arqueó una ceja.

—Está bien.

Nashira estaba sentada sobre la cama mordiéndose el pulgar y sintiendo su corazón latir con abrumadora intensidad. El chorro de la regadera se había dejado de escuchar y en cualquier momento Kakashi saldría para ir a la habitación.

—El dijo que dormiremos, él lo dijo. No debo estar asustada, él no es ese tipo de persona —mascullaba en repetidas ocasiones para creer en ello—. ¿Por qué no hice abdominales mientras estuve lejos?

Se lamentó y apretó los puños. La puerta se abrió y miró a Kakashi entrar, él estaba de lo más tranquilo y hasta alcanzó a ver que bostezaba mientras se quitaba la toalla del cuello.

—Sigues despierta, pensé que estarías en el quinto sueño.

—Ya estaba por dormirme pero quería asegurarme de que no resbalaras en el baño —mintió y se acomodó sobre el colchón para cubrirse con la sábana.

—Por eso es bueno que compartamos la ducha —dijo Kakashi al mismo tiempo que se echaba una crema en los brazos.

—No tenía idea de que eras ese tipo de hombre.

—¿A qué te refieres?

—De los que cuidan su aspecto. Eso explica por qué nunca hueles mal.

Kakashi tapó el bote de la crema y enseguida sacó una mochila donde lo guardó.

—¿Qué haces? ¿Para qué es esa mochila?

—Es mi equipaje, ¿recuerdas que mañana iremos de luna de miel?

—¡No preparé nada! —Nashira se enderezó de golpe— ¿Qué debería hacer? Ni siquiera tengo ropa bonita, ¡ni una mochila para guardar las cosas!

—No te estreses tanto, estoy seguro que con unos tres cambios de ropa será suficiente. Las yukatas del hotel servirán de mucho. Ahora, vamos a dormir.

Apagó la luz de la habitación y se subió a la cama soltando un jadeo de relajación. Nashira volvió a recostarse.

Durante unos minutos, no hubo más que silencio pero la mente de Nashira como la de Kakashi, estaban siendo demasiado ruidosas.

—Kakashi...

—¿Hmm?

—¿Aún conservas el libro que escribí hace muchos años?

Él se giró para ver lo poco que la luz nocturna le permitía apreciar de la figura de su esposa.

—Sí. Está en un cajón.

—Sé que pagaste por él pero ¿sería mucho pedir que lo tires?

—¿Lo odias?

—No necesito recuerdos de un amor fallido. Es una historia demasiado absurda y distorsionada de la realidad.

Kakashi inconscientemente pensó en algunos fragmentos eróticos que contenía la historia.

—Escribiste mucho sobre la intimidad de los protagonistas, ¿es ridículo que me sienta celoso?

—Nada de eso sucedió realmente. Yo estaba enamorada y aunque también me encontraba emocionalmente herida, había considerado esa parte en mi supuesta relación. Pero no me había dado cuenta que se debía a las insistencias de Keito por tener intimidad que yo comencé a imaginar situaciones de esa índole. Pero al final, nunca acepté.

Kakashi continuó observándola.

—No quiero incomodarte con mis preguntas —dijo él—, pero... ¿Te causa repugnancia que yo te toque?

—No realmente, y aunque suene ilógico viniendo de alguien como yo que ama la lectura erótica, la verdad es que estoy asustada.

Kakashi estiró su brazo y la rodeó para pegarla a su cuerpo.

—No tiembles. No intentaré nada, sólo quería abrazarte.

—¿Crees que yo quiero temblar? —Ella se estremeció— Odio esta parte de mí.

—Todos tenemos puntos débiles.

Nashira levantó el rostro y su frente quedó a la altura de la barbilla de Kakashi.

—¿Tú tienes puntos débiles?

—Quién sabe —contestó con un tono burlón—. ¿Te gustaría averiguarlo?

—Demonios Kakashi, ¿ves cómo sí eres un pervertido? Es normal que esté asustada.

Él rió y se aferró más al cuerpo de su amada, cerró los ojos y se quedó dormido. Nashira permaneció despierta un poco más para pensar en su nueva vida junto al idiota que le ofreció trabajo de asistente cuando quedó desempleada por su culpa.

El día llegó y luego de una ajetreada mañana preparando el equipaje, por fin Kakashi y Nashira llegaron al lugar donde les esperaba una semana de vacaciones juntos. El hotel tenía una vista rústica y tradicional pero era un hermoso diseño tomando en cuenta que era un sitio de buen prestigio.

Una de las empleadas los llevó hasta su habitación y Nashira seguía asombrada mirando a su alrededor las decoraciones del edificio. Las puertas eran corredizas, el piso de la pieza era de tatami y una elegante mesita negra estaba en el centro de la habitación. Un gran ventanal daba una espectacular vista al paisaje natural y verdoso de los días de primavera.

—¡Qué bonito es este lugar! —Dijo Nashira con emoción y caminó hacia la ventana para observar los alrededores.

—Lo es. ¿Alguna vez has estado en aguas termales?

—No.

—¿Qué? ¿Hablas en serio?

Nashira volteó.

—De verdad.

—Esto es repentino —Kakashi se rascó la cabeza—. Bueno, supongo que no te resultará incómodo.

—¿De qué hablas?

—De nada. Ahora, deberíamos ponernos la yukata —se dirigió a un armario y abrió la puerta encontrando así las prendas colgadas—. Aquí están.

—Kakashi puede que esto suene mal pero ¿qué tiene de divertido un onsen a parte del agua caliente?

—Hay algunas atracciones alrededor del hotel, podemos ir a visitarlas después. Lo importante es relajarnos después de estos días tan pesados. Toma, póntelo.

Nashira tomó la yukata y contempló el estampado azul.

—¿Qué haremos?

—¿Tienes hambre?

—Sí, no pude comer nada gracias a tus "apúrate".

Kakashi arrugó la frente.

—Lamento eso, soy un poco rudo cuando me veo presionado. Entonces vamos al restaurante del hotel, comemos algo, visitamos las tiendas de los alrededores, después volvemos a la habitación para descansar y para finalizar, vamos a las aguas termales.

—¿Cuándo hiciste ese itinerario?

—Lo acabo de hacer. Anda, ponte la yukata.

El restaurante era tranquilo y sólo murmullos podían oírse ambientando el lugar. En su mayoría los huéspedes eran parejas y cada quien parecía estar en lo suyo. Kakashi estaba sentado dándole la espalda al resto de las personas y sólo Nashira podía ver su rostro descubierto.

—Hace mucho que no probaba algo tan delicioso.

—Sabes que no sé cocinar, no piensas reprenderme por eso ¿verdad?

—Ya te dije que no. Pero si quieres, podría enseñarte.

—Siempre y cuando no te portes todo grosero y altanero.

Nashira detectó repentinamente a una joven mujer que los estaba viendo, luego, apartó la vista y volvió a su conversación con el hombre que estaba sentado junto a ella.

—Qué tipa tan rara.

—¿Dijiste algo? —Preguntó Kakashi.

—No, no me hagas caso. Ah ¿esto de aquí es pulpo?

Por más que quiso creer que todo era producto de su imaginación, Nashira notó que estaban siendo observados hasta que se dio cuenta que la mujer no le prestaba demasiada atención a ella sino que su interés radicaba en Kakashi.

El día transcurrió rápido y pronto anocheció. Kakashi tomó una toalla grande para ir a lavarse antes de entrar al onsen. Nashira lo veía muy contento y relajado mientras tarareaba alguna melodía.

—¿No irás?

—¿A dónde?

—A lavarte. La sección de mujeres está del lado izquierdo. Vi el cartel hace rato.

—Un momento... ¿Dices que cada quien irá por su lado?

Kakashi asintió.

—¿Y qué se supone que debo hacer?

—Vas, te quitas la ropa, te lavas el cuerpo perfectamente y después entras al agua caliente.

Nashira parpadeó.

—¿Y ya?

—Sí, es fácil ¿no?

—¿Y eso es divertido?

Kakashi entendió la anterior pregunta de su esposa y comprendió que le parecía poco atractiva la idea de meterse al agua.

—Créeme que después de relajarte un rato en el onsen, saldrás como nueva.

Nashira tomó una toalla aún sin estar segura de lo que estaba haciendo. Caminaron juntos un tramo y en un pasillo se separaron para cada uno ir a su respectiva sección. Tras la tela que cubría la entrada estaban los casilleros y cestos para guardar las pertenencias. Nashira entró y se sorprendió de ver a tantas mujeres que estaban desnudándose, inevitablemente se apenó y apartó la vista para caminar hacia una esquina.

Algunas mujeres hablaban entre sí y parecía no importarles verse desnudas, eso para Nashira era increíble y sus manos seguían aferrándose al nudo de su yukata. No tenía idea de que debía quitarse toda la ropa frente a tantas mujeres y después lavarse junto a ellas para compartir las aguas termales.

—Esto es horrible —pensó y comenzó a temblar de nervios.

De reojo miró entrar a la mujer que observó a Kakashi durante la comida en el restaurante. Su cabello largo y negro la hicieron recordar a Kazumi, y su aire de grandeza la estaba sofocando. La joven no dudó en quitarse la yukata y después su sujetador, Nashira miró a otra parte aún sosteniendo el nudo de su prenda.

—No puedo hacer esto, es tan vergonzoso.

—Oye —miró hacia un lado y se sorprendió cuando observó a la chica sin nada de ropa, inconscientemente se comparó con ella—. ¿Me pasas el shampoo?

El bote estaba sobre el casillero, Nashira estiró la mano para alcanzarlo y luego se lo entregó. La joven mujer le echó un vistazo de pies a cabeza examinándola descaradamente y dándose cuenta del gran pudor que cargaba Nashira.

—Gracias —le contestó con una sonrisa poco sincera para después dirigirse a las regaderas.

—Odio este lugar.

Nashira desistió y salió de allí, caminó hacia su habitación y al entrar se tiró sobre el futón a esperar a que Kakashi volviera pero sin quererlo, se quedó dormida y no despertó sino hasta la mañana siguiente. Giró sobre la colcha y percibió que Kakashi no estaba, su futón seguía perfectamente acomodado, como si jamás se hubiese acostado.

Miró el reloj, eran las nueve de la mañana. El día estaba nublado y las luces de la habitación seguían apagadas. Se rascó la cabeza y después bostezó preguntándose en dónde estaba Kakashi.

Pronto salió de dudas cuando miró un recado sobre la mesita.

«Fui al restaurante»

Nashira bufó y volteó hacia el espejo donde su melena alborotada era perfectamente visible.

—Claro, deja sola a tu esposa.

Hizo lo propio para verse presentable y se dirigió a esa sección del hotel. Buscó alrededor hasta que localizó a su marido pero su pie se detuvo cuando vio la presencia de una fémina que se había sentado frente a él. La mujer era la misma de la noche anterior y estaba muy sonriente platicando con Kakashi quien afortunadamente usaba su máscara a la mitad de la cara.

Dudó unos momentos antes de caminar hacia ellos pero al final lo hizo y se mostró segura de sí misma para presentarse sin mostrar sus celos. Carraspeó atrayendo la atención de ambos y sonrió con altanería.

—Buenos días —saludó.

—Ah, por fin te despertaste —dijo Kakashi.

—Sí, mi amor —enfatizó y luego posó su vista en la joven—. Ah, es usted la mujer que vi anoche en el onsen.

—¡Oh! Es cierto —habló la morena—. Y usted es la que me pasó el shampoo.

Kakashi las miraba a ambas.

—¿Se conocen?

—No, sólo nos vimos por casualidad cuando estábamos en la sección de mujeres.

—Es una lástima que usted no se haya animado a entrar al agua, se veía demasiado asustada ¿se sentía mal?

El tono con que lo dijo, más la mueca fingiendo preocupación, añadiéndole que la había dejado en ridículo frente a Kakashi, era todo lo que Nashira necesitaba para mirar a una gemela de Kazumi.

—¿No entraste al onsen?

Nashira miró a Kakashi y no pudo sonreír por más que quiso.

—Recordé que tenía algo que hacer—luego volvió a dirigirse a la mujer—. Disculpa, ¿conoces a mi marido?

—Ah, me parecía que lo había visto antes y luego confirmé que se trata del Sexto Hokage, estaba tan emocionada que quise saludarlo pero no tenía idea de que era un hombre casado ¿le molesta?

Nashira quiso creer que estaba exagerando las cosas por culpa de sus celos y para evitar seguir condenando a la muchacha, respiró hondo y se sentó junto a su esposo.

—En realidad sólo pensé que ustedes se conocían.

—Bueno, lamentablemente no es así pero dicen que las oportunidades aparecen una sola vez en la vida y no quería desaprovechar ésta.

Todo iba bien para Nashira, podía estar tranquila pensando que la joven sólo era una admiradora de Kakashi como muchas chicas de Konoha hasta que sintió algo extraño en su pierna y su sonrisa apacible desapareció para prestar atención a lo que sucedía.

No se movió, continuó sintiendo los roces sensuales de una piel cálida. Miró la expresión en el rostro de la muchacha y vio un semblante de flirteo con unos ojos cafés que veían con intensidad a Kakashi. Casi de inmediato Nashira se dio cuenta que la chica pensaba que estaba acariciando la pierna de Kakashi por debajo de la mesa, pero en su lugar estaba acariciándola a ella.

Pensó en estrategias, en muchas maneras de enfrentar esa situación y reclamarle a la muchacha de sus imprudentes acciones pero se abstuvo hasta que ella dejó su pierna en paz y se puso de pie.

—Me retiro, fue un placer platicar con usted señor Hokage —guiñó su ojo y sin voltear con Nashira, ella se dio la vuelta y se marchó.

—Qué agradable niña.

Nashira frunció el ceño y su cara de pocos amigos se hizo evidente. Kakashi iba a bajarse la máscara para beber té pero se detuvo cuando miró la expresión en su rostro.

—¿Qué tienes? ¿Te duele algo?

—Me siento sucia.

—¿Por qué no tomas un baño? Además... ¿Por qué no fuiste al onsen?

—No tenía idea de que hay que compartirlo con más mujeres. Me fue imposible desnudarme ante tantos ojos, simplemente no puedo Kakashi. Yo no soy como tú.

—No pasa nada, es lo más normal del mundo.

Nashira giró su cabeza y continuó con su frente arrugada, sus ojos violetas contemplaban al peliplata y se cerraban para enfocarlo mejor.

—¿Qué? ¿Qué tengo?

—Nada.

—¿Eh? ¿Estás enojada?

—No.

—Mientes.

—¿Sabes qué? Te voy a ser sincera, odio el hecho de que para entrar a las aguas termales tienes que desnudarte completamente frente a tantas personas. No lo soporto, ver tantos cuerpos así y que las miradas te recorran de pies a cabeza. Incluso ver que hay jovencitas con mejor figura que la mía, aunque no lo quiera no puedo evitar sentir pena de mí misma.

Kakashi desistió de beber té y puso la taza sobre la mesa.

—Bueno, entiendo que sea difícil para ti ya que nunca antes has hecho algo así. Pero no deberías sentirte mal, ningún cuerpo es perfecto.

—Entre ustedes los hombres no importa mucho, pero para nosotras las mujeres no es tan sencillo.

—Claro que importa, ¿sabes cuántos hombres me miran cada vez que me desnudo para entrar al agua? Ellos ponen esa cara de sorpresa y hasta parece que se enojan, pero yo lo ignoro y puedo vivir con ello.

Nashira puso los ojos en blanco.

—Qué modesto es usted señor Hokage ¿algo más que quiera presumir?

—Si no te sientes cómoda, podemos rentar una hora en el onsen privado.

A Nashira le brillaron los ojos y puso ambas manos sobre la mesa.

—¿Se puede hacer eso?

—Claro. Estuve leyendo la guía del hotel y es un servicio interesante.

—¡Haberlo dicho antes! Eso suena mil veces mejor que el onsen público. Así, sí podré relajarme—estiró los brazos como si ya lo estuviera disfrutando.

—Perfecto, en ese caso pediré una hora en recepción. ¿Quieres que sea en la noche?

—Me parece adecuado.

Terminaron de almorzar y pasearon por allí mientras hablaban de cualquier cosa. Al volver al hotel el cielo ya había oscurecido; fueron a su habitación y antes de llegar se toparon con la mujer de cabello negro quien estaba entrando a la habitación contigua. Nashira y ella se miraron, y la sonrisa que se curvó en los labios rojos de la muchacha parecía estarla retando. Le había costado olvidar las caricias de esa mañana y nuevamente se molestó.

—¿No vas a entrar?

Kakashi tenía la puerta abierta y esperaba que Nashira pasara primero, pero al verla de pie observando hacia la puerta de la habitación de un lado, pensó que algo andaba mal. Su cara dejó de ser amigable.

—¿Nashira?

—Ah, sí. Vamos adentro.

Kakashi cerró la puerta y se quitó las sandalias. Vio que su mujer estaba tocando las paredes con suma cautela y pegaba una oreja a éstas como si quisiera oír algo.

—¿Qué haces? Es de mala educación espiar a los vecinos.

—¿Crees que el sonido pueda traspasar estas paredes? Quiero decir, ¿alguien puede oír los ruidos de aquí adentro?

Kakashi se sobó el mentón reflexionando en ello, luego tocó la pared para comprobar el material.

—No son muy gruesas por lo que un sonido lo bastante fuerte es capaz de ser oído claramente. ¿Por qué lo preguntas?

—Eh... Con que es así ¿no?

Nashira habló para sí misma mientras su rostro parecía llenarse de un aura oscura. Kakashi ladeó la cabeza cuando la vio arrimarse más a la pared y sujetar con fuerza uno de los muebles de madera.

—¡Oh!

La repentina exclamación estremeció a Kakashi haciéndolo respingar, había pensado que Nashira vio o descubrió algo malo pero antes de poder hablar, ella empezó a hacer ruidos extraños que lo dejaron frío.

—¡Uh, uh! ¡Oh cielos! ¡Oh, Kakashi! —Empujaba el mueble para que rechinara— ¡Sí, sí! ¡Justo así!

La ceja derecha de Kakashi comenzó a temblar y con pavor fue testigo de cómo Nashira sobreactuaba gemidos y golpeaba el piso. No tenía idea del porqué estaba haciendo tal cosa. Ella se talló en la pared y dio dos golpecitos con su mano.

—¡Me encanta cuando haces eso!

—Nashira ¿qué demonios estás haciendo?

La voz de Kakashi se oyó con un volumen alto que surgió tras su consternación, Nashira se le quedó mirando y tras reflexionar esa pregunta volvió a hablar.

—¿A ti también te gusta cuando te toco así, mi vida? —Dijo con voz fuerte, Kakashi se puso de todos colores— ¡Uh, uh, uh!

Sin pensarlo más veces se dirigió hasta ella y le tapó la boca mientras hacía sus ruidos exagerados.

—Basta de uh, uh, ¿qué pasa contigo? Los huéspedes se van a quejar de nosotros.

Nashira apartó la mano que le cubría la boca y miró a Kakashi a los ojos.

—¿Qué no lo entiendes? Esa tipa te ha estado coqueteando desde que llegamos sin importarle que soy tu esposa. Sólo quiero que escuche bien quién es la dueña de tu cuerpo.

—¿Qué? ¿Y por eso estás fingiendo que tenemos sexo?

—Ella me acarició la pierna bajo la mesa cuando intentaba tocarte, es lo menos que se merece. Y tú te mereces un castigo por seguirle la corriente.

—Nashira, en ningún momento he hecho tal cosa. No me digas que te has puesto celosa ¿es eso?

Nashira pestañeó con sus mejillas ruborizadas y se apartó de Kakashi dándole la espalda.

—Por supuesto que no. Yo no soy ese tipo de mujer.

El Hokage observó su espalda y se bajó la máscara. Nashira continuaba haciéndose tonta con el nudo de su yukata y jugando con él, luego las manos de Kakashi tocaron sus hombros con tanta sutileza que la piel se le erizó al instante.

—¿Qué dem-?

—No debes sentirte celosa, sabes que hemos pasado por muchas cosas como para terminar por algo demasiado absurdo —Kakashi pegó su rostro tras la oreja de la mujer y ella enroscó los dedos de sus pies.

—Tienes razón —rió nerviosa y trató de liberarse de esa situación pero las manos de Kakashi la rodearon por completo.

—Ya es la hora, Nashira.

Ella estaba completamente avergonzada.

—¿De qué? Aún no son las nueve, a esa hora apartaste el onsen ¿no?

Kakashi giró su rostro para verla de frente.

—No hablo de eso.

—¿Ah, no? Dijiste que ya es hora —su voz titubeaba y presenció cómo los oscuros ojos de Kakashi se entrecerraron y la vieron con demasiado deseo.

—Es hora de entregarnos a la pasión.

Un jadeo de temor se escuchó en la habitación, Nashira sentía que su cuerpo se había endurecido y su corazón palpitaba demasiado rápido.

—Espera, espera, aún no estoy lista.

—Ya no puedo esperar.

—¡Kakashi, alto! Estoy muriéndome de miedo, ¿no puedes darme más tiempo?

Él se separó y no dijo nada, sólo la observó con una mirada pacífica que la hizo estremecer. Ella seguía ruborizada y decidió no verlo directamente a la cara.

—Yo... estoy asustada.

—¿Te provoco temor? ¿Piensas que te haré daño?

—Sé que no harías algo como eso, pero —apretó el nudo del yukata—, me da pena que veas mi cuerpo. No es muy lindo. Soy buena escribiendo erotismo, pero soy muy mala para llevarlo a la práctica.

Kakashi miró su mochila y fue a buscar un libro de tapas naranjas. Nashira se sorprendió de que él cargara con el Icha Icha.

—¿Por qué traes eso?

—Por si acaso.

Se sentó en el suelo y le pidió a Nashira que se sentara entre sus piernas, ella dudó unos segundos y luego accedió. Recargó su espalda en el pecho de Kakashi y el peliplata abrió el libro en una página en particular para leer con voz serena de tal modo que ella pudiera oírle.

Los fragmentos de aquella lectura combinados con la sensual y grave voz de Kakashi lograron que la tensión de Nashira se esfumara de a poco. En cierto punto de la lectura, ella dejó de ver las hojas del libro para mirar los labios de Kakashi moviéndose con cada palabra. Cuando él se dio cuenta de esto, pausó el relato.

—La verdad es que estoy usando ropa interior de lunitas y me da pena que las veas y te burles de mí —confesó Nashira.

Kakashi cerró el libro y lo puso a un lado, luego su mano viajó hasta el nudo de su propio yukata y comenzó a deshacerlo. Nashira miró embobada cómo el hombre se desprendía de su ropa para dejar al descubierto su torso desnudo y con sensualidad observó cada detalle de su cuerpo, desde su cuello, pasando por sus pectorales y su ombligo hasta llegar a su ropa interior. Fue allí donde a Nashira casi se le salieron los ojos.

—¡Traes bóxers de perritos! ¿Es en serio Kakashi?

—Bueno, supuse que tú traerías tus bragas de frutas o figuras y quería que te sintieras a gusto así que me compré éstos. ¿Te gustan?

Nashira se cubrió la cara para mitigar la risa que amenazaba con salir. Cuando sintió que la había controlado, se descubrió los ojos y se encontró con un Kakashi que ya se había desnudado. Su pecho sintió una fuerte opresión y casi podía asegurar que estaba sofocada pero no podía apartar la vista.

—¡Santo Monje! —Trataba de respirar.

—Es su turno, señorita escritora. ¿Nashira? Nashira deja de verme la entrepierna.

El labio inferior de Nashira estaba temblando al igual que sus manos, pero aún así tuvo el valor suficiente para deshacer el nudo de su yukata y quitárselo. Kakashi la observó y una pequeña sonrisa se dibujó en su boca cuando vio que efectivamente, ella estaba usando ropa interior de lunitas.

—Es tan tierno y sexy. ¿Cómo puedes estar avergonzada de tu cuerpo?

—Sé que lo dices porque quieres tener sexo pero yo también quiero, así que no voy a discutir.

Kakashi se rió y ella arrugó las cejas.

—No le llames tan feo, no vamos a tener sexo.

—¿Ah, no?

—No.

La tomó de las muñecas y la acercó más a él hasta que sus rostros casi rozaban y en un susurro terminó la frase.

—Vamos a ser bondadosos el uno con el otro y haremos el amor.

—Odio cuando te pones todo meloso porque me siento débil y tonta.

—Señorita escritora, tome nota porque esto puede servirle para futuras obras.

Le dio un suave beso y después se separaron para verse.

—Señor Hokage, béseme como le enseñé y esta vez no se detenga.

—¿Me da usted permiso de tocarla?

—Su Majestad, usted tiene mi autorización.

Tras aquellas palabras, se fundieron en besos y sus manos se llenaron de exorbitantes caricias húmedas y tibias: irrigándose de deseo sus cuerpos se unieron bajo la noche y el perfume de su pasión.

Los dedos de Kakashi descubrieron nuevos caminos por recorrer y la melodía de sus suspiros era el resultado de los profundos hallazgos en la piel.

La luna de miel se había convertido en un recuerdo que perduraría para siempre en sus memorias y daba comienzo a una sublime vida rebosante de alegrías, donde las cicatrices dolorosas de un pasado abrumador ya no eran más que un simple rocío en un día soleado.

Ámame con tus palabras y bésame con tus caricias,

tócame con tus manos y sujétame con pasión;

que mi cuerpo reclama por probar de tus delicias

y enredarme en tus brazos hasta perder la razón.