Capítulo 39.- "La familia del Sexto"
El primer año de matrimonio había sido toda una aventura para Kakashi, nunca se imaginó que su vida sexual fuera tan activa y creativa, comenzaba a creer que tener a una escritora de erotismo por esposa era la cosa más increíble que le pudo pasar. Y además, jamás se había sentido tan amado.
Su semblante había sido resplandeciente y todos sus colegas notaron el aura de paz que su ser emanaba. Kakashi estaba pasando su mejor etapa en mucho tiempo.
No obstante, la miel sobre hojuelas no había sido eterna y por una temporada las cosas se volvieron feas. Tuvo que documentarse mucho para entender esa situación y no caer en la desesperación y el miedo que lo invadieron cuando se vio en medio de todo aquel embrollo.
Volvió a casa luego de su día laboral y de haber pasado por el mercado para comprar yogur de fresa. Dejó la bolsa sobre la mesa de la cocina y al no encontrar a su esposa en la sala, fue directo a la habitación.
—¿Sigues escribiendo? Te va a doler la espalda —le reprendió al verla encorvada sobre el colchón y una libreta apoyada en sus rodillas.
—Sabes que necesito terminar esto antes de la fecha. ¿Trajiste el yogur?
—Lo dejé en la cocina. ¿Qué quieres cenar hoy?
—Lo que sea que hagas está bien —Nashira cerró su libreta y la puso en un lado para luego sobarse la espalda—. Lamento que tengas que hacerte cargo.
—No pasa nada.
Se sentó a su lado y le apretó la mejilla, ella hizo un gesto de molestia. Kakashi alzó la vista al techo y soltó un largo y fuerte suspiro.
—No le he dado mantenimiento a ese techo.
—Ya lo harás después. Ahora vamos a la cocina que me muero por probar el yogur.
A punto de bajar los pies y tocar el suelo, Kakashi detuvo a Nashira de un brazo y ella giró el rostro para verlo, él no la miraba a los ojos sino que estaba entretenido observando otro lugar.
—¿Quieres tocar? —Preguntó ella.
—Sí.
Ella tomó su mano y con cuidado la posó sobre su cuerpo. Kakashi sonrió pero la curva de sus labios quedó cubierta bajo la máscara.
—También quiero saber qué te dijo el médico.
—Uhm... Dijo que todo está bien y que los mellizos ya miden cerca de veinticinco centímetros.
—Vaya, están creciendo rápido.
Kakashi acarició con delicadeza el vientre de su mujer, quien tenía veinticuatro semanas de embarazo.
—Aumenté siete kilos, no quiero imaginarme cómo voy a terminar —Nashira se llevó una mano a la frente.
—No deberías quejarte del peso.
—Estoy gorda, Kakashi.
—A mí me encanta que estés así.
—No digas esas cosas frente a tus hijos, el médico me dijo que ya pueden oír mi voz y los ruidos del exterior. Cualquier tontería que digas podría influir en su sano crecimiento —exageró con un tono grave.
—De acuerdo, entonces... ¡Oh! ¿Lo sentiste?
—Por supuesto genio, los llevo dentro de mí. Esta es la tercera vez en el día, me temo que sean igual de intrépidos que tú. De verdad espero que no tengan tu carácter.
—No digas eso, será lo mejor del mundo si son como yo —alardeó—. Entonces vamos a la cocina.
Se puso de pie y levantó a Nashira con cuidado hasta que ella pisó el suelo.
—Por cierto, ¿se puede saber qué hacen tantos ninjas vigilando la casa?
Las cejas de Kakashi se elevaron al sorprenderse de que Nashira lo descubriera.
—Yo les pedí que te cuiden.
—¿Y eso para qué? Me siento como prisionera, a donde quiera que vaya me siguen, a veces cuando estoy en el baño temo que me estén observando.
—Recuerda que soy el Hokage, y en tu estado actual serías un blanco fácil. No quiero tener que arrepentirme por algo otra vez en mi vida, así que me encargaré de que los bebés y tú estén bien.
Nashira se cruzó de brazos y lo miró fijamente, luego sus rasgos se relajaron y sonrió resignada a la forma de ser de su esposo.
—No tiene remedio, señor Hokage.
—Por ahora sólo debemos preocuparnos por los nombres que les pondremos, así que mientras preparo la cena ¿por qué no lo discutimos?
Los días se convirtieron en un conteo para el nacimiento de los herederos de la pequeña familia Hatake.
La tía Madoka estaba tan entusiasmada con la llegada de los bebés a quienes llamaba nietos. Y todos los domingos hacía rezos al Santo Monje para que nacieran sanos y fuertes.
Kakashi compró varias revistas sobre guías infantiles para estar preparado y recibir a sus hijos como un buen padre, sin embargo, procuraba leer lejos de todos en un espacio solitario y tranquilo para no ver las muecas de burla de sus colegas.
Hubiera sido más fácil para él si las cosas se mantenían así, pero estaba tan aterrado de fracasar como padre que algunas veces tuvo pesadillas.
En ocasiones se paró frente a la tumba de su padre para soltar palabras al viento en busca de un consuelo que lo ayudara a entender qué cosas se aproximaban a su vida con la llegada de dos pequeños integrantes que dependerían de él incluso más que Konoha.
Debido a que Nashira estaba embarazada de mellizos y se trataba de una niña y un niño, Kakashi pensó que sería buena idea hablar con dos expertos en la crianza de sus retoños.
Se encontraba parado frente a la puerta rojiza de una modesta vivienda con un amplio jardín. Tocó el timbre dos veces y la puerta fue abierta casi de inmediato para mostrar a una bella kunoichi de cabello oscuro y ojos claros, quien se maravilló de ver al Sexto visitando su hogar.
—Hola Hinata, lamento haber llegado de improvisto. Yo me preguntaba si Naruto se encuentra en casa.
—Ah, claro, pase por favor.
Ella lo llevó hasta la sala donde Naruto jugaba con su hijo, Kakashi pudo llegar a esa conclusión luego de ver la innumerable cantidad de piezas de bloques regadas por el suelo. El rubio alzó la cabeza cuando miró a su esposa entrar con Kakashi y se levantó del piso.
—Kakashi sensei, qué sorpresa. ¿Se perdió en el sendero de la vida? —Rió.
—Algo así —Kakashi se rascó la cabeza—, de hecho... Creo que por primera vez es así.
Los ojos del Sexto fueron directo sobre el niño que lo observaba desde la esquina de un sillón y sus pupilas lo analizaban queriendo reconocerlo. Tras varios segundos, sonrió.
—Boruto se parece tanto a ti, sin duda será tu viva imagen.
Naruto rió con orgullo y se cruzó de brazos inflando el pecho. Hinata volvió con dos tazas de té y las puso sobre la mesa.
—Gracias, Hinata —dijo.
—Sexto, es inusual que usted se presente aquí. ¿Ocurrió algo? —Cuestionó ella.
—Bueno, en realidad quiero pedir algunos consejos. Como saben, Nashira está embarazada y cada vez se acerca más la fecha del parto.
—¿Consejos de qué? —Naruto se adelantó.
—Sobre cómo ser un buen padre —respondió con pena, un leve sonrojo se le notó.
—¿Eh? ¿De verdad? ¡Esto es inusual, dattebayo!
—Entonces ¿es verdad que la señora Nashira tendrá mellizos?
Kakashi movió su cabeza afirmando a la pregunta de Hinata y a ella le brillaron los ojos.
—Serán niño y niña. Ya que tú sabes cómo cuidar de un niño, quisiera palabras de aliento. Nunca me había sentido tan viejo.
—Kakashi sensei, la edad es lo de menos.
Naruto tomó un trago del té y luego miró a su hijo para exponer una amplia sonrisa llena de satisfacción. El pequeño Boruto estaba entretenido armando unos bloques y se concentraba demasiado en ello.
—Los niños son pequeñas máquinas destructivas.
—¡Naruto! —Le reprendió Hinata y el rubio se rió mientras se sobaba la cabeza.
—Es cierto, ya ves cuántas travesuras ha hecho Boruto en menos de dos semanas.
—Creo que lo que el Hokage quiere saber es cómo empezar a cuidar de un bebé.
—Pues no hay mucha ciencia detrás de ello, sólo hay que darles de comer y cambiarles el pañal.
Hinata negó con su cabeza y manteniendo su compostura, volteó con Kakashi para darle una explicación más certera.
—Los niños son diferentes, así que sólo procure hacer un buen equipo con Nashira. Asegurarse de que tenga todas sus vacunas y su estómago asimile bien la leche de fórmula, con el tiempo hay que preparar alimentos más elaborados pero las citas con el pediatra deben sacarlo de toda duda.
Kakashi prestó atención a las visibles marcas bajo los ojos de Hinata, eran como ojeras pero se disminuía su color debido al maquillaje. Luego volteó con Naruto para hacer un comparativo; allí entendió quién era la persona al mando del bebé.
—Ah qué difícil debe ser cuidar solo de un bebé, sin la ayuda de nadie ¿verdad? —Soltó repentinamente.
—Por eso yo siempre ayudo a Hinata, ¿verdad?
La débil sonrisa de Hinata y el temblor de su ceja le dieron la respuesta a Kakashi.
—Naruto ¿no estarás causándole más problemas a Hinata? ¿Alguna vez has preparado la comida de Boruto?
—Kakashi sensei, ¡tengo dos pies izquierdos! Soy desastroso para la cocina.
—Naruto, el dicho de los pies izquierdos es para gente que no sabe bailar. ¿Al menos lavas la ropa?
—Descompuso la lavadora la última vez —reveló Hinata.
—Bueno pero no fue mi culpa ¿sabe? Olvidé sacar un shuriken de mi chamarra.
—Eran tres.
Naruto miró consternado a su mujer, Hinata sonrió y le acarició la cabeza como si fuera un cachorrito.
—Está bien, algún día aprenderás.
(...)
Kakashi iba pateando una piedra en el camino, llevaba más de dos cuadras haciéndolo hasta que la piedrita salió volando a otra dirección intransitable y sólo miró con resignación la despedida de su fugaz amiga.
Volvió la vista a la puerta de la casa que parecía gritarle en la cara que ni se le ocurriera tocar, lo pero ignoró como siempre y aventuró su dedo a oprimir el botón del timbre. Luego de unos segundos, la puerta fue abierta y pudo ver con claridad a una pelirrosa sonriente que lo recibió con gusto. El rubor de sus mejillas y el color verde de sus ojos era más notable, Kakashi sabía que Sakura estaba demasiado contenta.
Sarada se asomó y sonrió feliz al verlo extendiendo sus brazos al aire esperando ser cargada por Kakashi. El corazón del shinobi se volvió tibio y se imaginó a su futura hija recibiéndolo de esa manera. Sin dejar pasar más tiempo, cargó a la niña.
—Kakashi sensei, qué bueno verlo. ¿Cómo está Nashira?
—Ahora está mucho mejor, la dejé en casa de su tía.
—Es bueno oír eso, por favor pase.
El sonido de unos pasos provenientes del pasillo, captaron la atención del Hokage. Miró hacia allá y vio a Sasuke distraído, él ni siquiera notó su presencia y fue directo a Sakura. Lo observó en su faceta de esposo y padre y quiso tomar nota mental de ello.
—Sakura, ya se despertó.
—Iré a alimentarlo, tú lava los biberones.
La kunoichi volteó con Kakashi e hizo una ligera reverencia.
—Voy a la habitación, pero usted está en su casa, sensei.
Sasuke se estremeció cuando oyó eso y lentamente giró la cabeza para ver a su antiguo maestro de pie siendo testigo de todo mientras cargaba a Sarada.
—Hola.
—¿Qué haces aquí?
—Vine a visitarlos, recuerda que como Hokage es mi deber velar por el bienestar de mi aldea.
Sasuke bufó y se dio la media vuelta para ir al fregadero a lavar los biberones. Kakashi caminó detrás de él y se apoyó en la pared para verlo en su labor de padre.
—Eres muy habilidoso para solo tener una mano.
—¿Acaso también es deber del Hokage burlarse de los ciudadanos?
—No me estoy burlando, sólo te expreso mi admiración.
—Deja los juegos Kakashi ¿a qué has venido? ¿Una misión?
—No, tu hijo nació apenas hace tres meses y te daré tiempo de disfrutarlo.
—El bebé llora mucho —dijo Sarada con su vocecita tierna y Kakashi le sonrió.
—¿En serio? —Ella movió su cabeza— Pero tú eres una buena hermana mayor y lo vas a cuidar mucho ¿verdad?
—No, se lo regalo.
Sasuke miró a su hija, su actitud cambió desde que nació el niño. Parecía madura y frívola, aunque a veces era dulce y cariñosa con el pequeño pero de pronto se ponía celosa.
—Qué bonito, Sarada se parece a ti Sasuke.
—Muy gracioso.
—Dejaré de lado las bromas, en realidad he venido porque necesito consejos. Sabes que Nashira pronto dará a luz y no sé qué hacer.
—¿Qué consejo podría darte alguien como yo? —Sasuke volvió su vista al fregadero— Uno aprende de sus errores ¿no?
—¿Crees que quiero cometer errores en el cuidado de mis hijos? Tú has cuidado de Sarada, tratar con niñas es muy diferente a tratar con niños.
—Sarada es una niña lista, entiende todo y aprende rápido. No ha habido gran problema con ella.
—Pero papá ahora quiere más al bebé —le susurró Sarada a Kakashi.
—Entonces yo voy a quererte más que tu papá ¿sí? —Le contestó con el mismo tono.
—Kakashi, deja en paz a mi hija.
Sasuke cerró el grifo y se secó la mano. Fue hacia Kakashi y tomó a Sarada.
—Ah, ya entiendo. Entonces los papás son más celosos con las hijas —se sobó el mentón—, eso es interesante. ¿Qué más?
—Que más ¿qué? ¿No tienes que irte a casa o algo así?
—Vamos Sasuke, te lo estoy pidiendo de padre a padre.
Sarada miró a ambos, tras un breve análisis volteó con el pelinegro y le agarró la cara.
—¿El tío Kakashi también es mi papá?
—No.
La carita de la niña se volvió un puchero.
—¿Por qué no?
Sasuke miró con recelo al Sexto como reclamándole por mortificar a su hija.
—Porque tú tienes el cabello negro y yo lo tengo plateado ¿ves? —Kakashi quiso salvar la situación.
Ella asintió.
—Papá, tengo hambre.
Sasuke suspiró y miró a Kakashi, éste casi pudo leer su mente: "Ser papá no es nada fácil".
—Bueno, entonces no les quitaré más su tiempo así que me retiro.
El peliplata giró hacia la puerta de salida y antes de abrirla dijo unas palabras que incomodaron a Sasuke.
—Creo que jugar al cascabel no es tan divertido después de todo, ¿verdad, Sasuke?
Volteó para dedicarle una última sonrisa y alzó su mano en despedida. Sasuke había palidecido por el comentario y su mente trabajó a gran velocidad para encontrar la forma de que Kakashi hubiera descubierto aquello.
—Papá, yo quiero jugar al cascabel.
—No Sarada, tú nunca debes jugar a eso.
(...)
Las semanas pasaron y por fortuna para Kakashi, no había demasiada carga de trabajo. Recién terminó de acomodar unos papeles y su armoniosa paz se vio interrumpida por voces escandalosas que invadieron su privacidad en la oficina.
Ino y Sai estaban allí, cargando una maleta grande y la pusieron sobre el escritorio.
—¿Qué es todo esto?
La pareja se miró en complicidad, luego fue Ino quien aclaró todo.
—Ya que usted está a punto de ser papá, queremos ayudarlo en su labor con este nuevo rol.
—¿Eso qué significa?
Sai abrió la maleta y sacó dos muñecos de plástico.
—Vamos a enseñarle a cambiar pañales.
—¡¿Eh?!
—No puede negarse, eso sería ser desconsiderado con Nashira —dijo Ino—. No tomará ni diez minutos. Sai, ponlos en el escritorio.
—Ahora observe cómo se hace esto, yo he cambiado el pañal de Inojin tantas veces que he perdido la cuenta —dijo con orgullo Sai.
Kakashi aceptó aquella enseñanza, después de todo no le vendría mal aprender.
—Ahora inténtelo usted.
Kakashi tomó el pañal y lo puso tal cual lo hizo Sai.
—Le doy un siete de diez.
—¿Qué? pero si lo he puesto bien.
—Olvidó limpiar al bebé.
Kakashi parpadeó, le sorprendía la seriedad con que Sai e Ino se tomaban aquello.
La práctica tomó más de diez minutos pues en el proceso, Ino le explicó cómo se colocaba al bebé para darle biberón y la manera de acomodarlo para hacerlo eructar. Además le proporcionó un termómetro infantil y le instruyó para saber cómo utilizarlo.
Kakashi agradeció sus enseñanzas y todo lo anotó en un cuaderno que repasaba diariamente. Quería estar completamente listo para lo que viniera y que nada lo tomara desprevenido.
Cierto día fue a la tienda de ropa en la sección de bebés para comprar algo adecuado. La gente lo miraba y se cuchicheaban, Kakashi ni siquiera se percataba de aquello, estaba demasiado enfocado en los artículos y su mano recorría todo el estante hasta que su cuerpo chocó con otra persona sacándolo de su realidad.
—Lo siento, me he distraído... ¿Uh? ¿Rock Lee?
El muchacho arqueó sus pobladas cejas y los oscuros ojos de Kakashi viajaron hacia el niño que descansaba sobre su pecho, era igual a Lee.
—Hokage, qué sorpresa encontrarlo aquí. Escuché que pronto su esposa tendrá mellizos.
—Ah, sí. Las noticias vuelan rápido ¿no? Veo que Metal Lee ha crecido mucho, ¿cómo está su madre?
—Ella está bien, se ha quedado en casa descansando es por eso que me traje al niño.
—Eso es bueno, eres un padre responsable. Entonces... ¿Ambos coincidimos en comprar ropa para nuestros hijos?
Lee se ruborizó.
—Creo que así es. Los calcetines ya no le quedan y necesita unos pares más ¿verdad, Metal Lee?
Kakashi miró con calma la relación del shinobi con su pequeño y se visualizó a sí mismo con su padre. Lo extrañaba, y en ese momento el sentimiento melancólico era más fuerte que en ocasiones anteriores.
—Incluso tú sabes lo que el niño necesita, sin embargo yo sólo vine por inercia, ni siquiera sé qué debo comprar.
—Debido a que serán recién nacidos, es aconsejable que les compre ropa de algodón. ¿Cuándo nacerán?
—El médico dijo que la fecha del parto está prevista para febrero.
—En ese caso, será una temporada fría por lo que debe comprar ropa de invierno. Puedo ayudarlo a escoger si lo desea.
Kakashi tomó las manos del ninja.
—Lee, eres el ser más maravilloso y amable que pueda existir.
(...)
Nashira releía la última página de sus escritos y tras hacer varias correcciones, dejó el bolígrafo a un lado y estiró sus brazos. Vio la hora y se extrañó de que Kakashi aún no llegara a casa.
Se levantó de la silla del comedor y abrió el refrigerador para sacar algunas verduras. Las lavó en el fregadero donde se descongelaban los filetes de pescado y procedió a picar los tomates. Quería dejar listas las cosas para facilitarle a Kakashi el trabajo de cocinar.
—Ese hombre ya está tardando mucho, cómo desearía tener otro teléfono para llamarle.
La puerta de la sala se escuchó y oyó los pasos descalzos, ya conocía esa manera de caminar así que cuando calculó que él pasaría por la puerta de la cocina, volteó.
—Ya llegué, ¿qué estás haciendo?
—Sólo picaba verduras ¿por qué tardaste tanto?
—Fui a la tienda.
—Pero ya hicimos la despensa hace dos días.
—Sí, pero estaba recordando que los bebés no tienen ropa.
Nashira pestañeó incrédula y dejó el cuchillo sobre la tabla de picar.
—¿Disculpa? ¿Qué dijiste?
—Que fui a comprarle ropa a los bebés.
—Kakashi, faltan tres meses para que nazcan.
—Pero no debemos dejar las cosas para el final, además ya que estaba cerca de la tienda quise aprovechar.
Nashira volvió a su tarea de cortar verduras.
—Supongo que tienes razón. ¿Y cuánto compraste?
—Treinta cambios.
—¡¿Qué?! ¡¿Treinta?!
—Nashira, son dos bebés, incluso quince cambios para cada uno se me hace poco.
—Pero ya le había comprado cinco cambios a cada uno.
—Pues sí, pero uno nunca sabe qué cosas puedan pasar.
—Kakashi, ¿estás bien? Desde hace semanas te noto raro, haces cosas extrañas y hablas dormido. Estoy preocupada por ti ¿qué ocurre?
Él fue a lavarse las manos y le quitó el cuchillo para seguir con la cena.
—No pasa nada.
—Me estás mintiendo. Te conozco, y pones esa cara cuando me ocultas algo.
—De verdad, todo está en orden.
—¿Acaso ya no me tienes confianza? Te he visto hablar frente al espejo e incluso te vi arrullar una almohada.
El hombre respiró profundo y miró los ojos violetas de su esposa.
—Estoy asustado.
—¿Asustado? ¿De qué?
—De no ser un buen padre.
Nashira frunció el ceño.
—¿Qué?
—He estado pidiendo consejos, tomando nota de cómo cuidar y criar a un bebé, y en mi caso serán dos criaturas al mismo tiempo. Es lógico que esté asustado, no quiero arruinarlo.
Nashira soltó una risita que hizo que Kakashi arrugara la frente.
—Adelante, búrlate.
—No me estoy burlando de ti. Es que no puedo creer que estés temeroso de algo como eso y te pongas todo histérico. Kakashi, yo soy la que va a parir ¿sabes cuánto me va a doler? Tú no tienes nada de qué temer, somos un equipo y trabajaremos juntos.
—¿Y qué tal si soy pésimo como equipo?
—Tranquilo, vas a ser un buen padre.
—¿Cómo estás tan segura?
—Muy sencillo. Si yo no estuviera convencida de ello, créeme que jamás me hubiera dejado embarazar.
Kakashi apretó los labios y meditó su respuesta.
—Considerando que en la primera entrevista que te hice aseguraste sentirte complacida de no ser madre y ahora estás a punto de dar a luz a mellizos... Supongo que tienes razón. Debo ser genial ¿no?
—Allí vas de nuevo con tu egocentrismo. Pues sí señor Hokage, es usted un hombre genial. Ahora dejemos la charla y mueva esas manitas que su mujer y sus hijos tienen hambre.
—Sí señora.
Kakashi continuó cortando los vegetales mientras Nashira lo observaba y lo recordó solitario y triste frente a la tumba de su padre, cuando aquella noche en la colina por error le lanzó un kunai. Tardó tiempo en relacionarlo y darse cuenta que Kakashi era el mismo sujeto de esa noche lluviosa.
Luego, aquel encuentro en el mercado que no resultó bien, pues al notar que había engañado a una vendedora, Nashira no tuvo buena impresión de él.
Había días que pensaba en lo que hubiese sucedido si Kakashi se interesaba en las candidatas que tuvo para casarse con él. Después de todo, los líderes querían una esposa para el Sexto y siempre decían que no cualquier mujer era apta para ser la esposa del Hokage. Pero como ironía de la vida, ellos dos terminaron juntos.
Nashira llevó una mano a su vientre, ella también estaba temerosa de no ser una buena madre pero confiaba que la experiencia de la vida le ayudaría a enfrentar cualquier situación.
—Nashira, ¿por qué me estás tocando el trasero?
—Es lindo.
—Ya lo sé, pero estoy haciendo de cenar.
—Puedes continuar, no te afecta en nada. Sólo quiero aprovechar, no podré hacer esto delante de los niños.
—En ese caso, será mejor que los dos aprovechemos.
(...)
Tres años más tarde.
Tic, tac, tic, tac... El habitual sonido que producía el segundero del reloj se hacía más notorio cuando la tarde comenzaba a caer. Kakashi sólo miraba ansioso esperando que se llegara la hora de su salida, pues tenía un fuerte motivo para llegar a casa: su familia le esperaba allí.
«¡Por fin las siete!»
Kakashi se despojó de su túnica y la guardó en el armario de la oficina. Bajó las escaleras y se encontró con algunos subordinados, todos hicieron una reverencia para despedirlo, y él les sonrió contento.
Salió de la Torre rumbo a la librería para comprar dos libros de cuentos. Uno para Masami y otro para Isamu, sus mellizos.
El muchacho encargado del mostrador lo despidió con gusto luego de haber realizado otra venta en el día, y por tratarse del Sexto Hokage, su jefe le daría una comisión extra.
Tras la compra, Kakashi fue camino a su casa. Miró las luces encendidas en el interior y sintió un calor extraño en su pecho, algo así como satisfacción.
Abrió la puerta y en el recibidor se quitó los zapatos.
—Ya llegué.
Apenas habían pasado cinco segundos de pronunciar aquella habitual frase, y las pisaditas veloces de dos niños de tres años salieron de un pasillo para aumentar su velocidad y correr hacia él. Kakashi sonrió y se agachó para recibirlos.
—¡Papi!
Masami era una niña con el cabello plateado igual que el de Kakashi, y un lunar adornaba su mejilla izquierda. Sus ojos eran violetas como los de Nashira.
Isamu tenía el cabello azulado como su mamá, pero sus ojos eran idénticos a los de Kakashi y tenía un lunar en el lado derecho del mentón.
—¿Se portaron bien?
—¡Sí! —Contestó Masami, era demasiado enérgica.
—¡Mami hizo pastel! —Isamu estaba emocionado, Kakashi le acarició la cabeza.
—Ah, ya llegaste.
Nashira se asomó por la puerta de la cocina y Kakashi se enderezó cargando a sus hijos.
—Estoy en casa.
—¿Te fue bien en el trabajo?
—Sí, todo estuvo tranquilo.
Caminaron juntos a la cocina, Kakashi vio un pastel bellamente decorado con fresas y tres velas, los niños se emocionaron.
—Sé que no te gusta mucho lo dulce, pero pensé que a los niños les haría feliz.
—No te preocupes, es la primera vez que preparas un pastel así que lo comeré.
—Sabes que mi tía me ha estado reprendiendo por ser mala en la cocina, y ya que estoy libre por haber terminado la obra, es bueno que aprenda cosas nuevas.
—Mami, quiero pastel.
—Espera Isamu, primero papá debe pedir un deseo.
Nashira cargó al pequeño y después miró a Kakashi, con un rostro apacible y lleno de amor le expresó dulcemente:
—Feliz cumpleaños, cariño.
La sonrisa de Kakashi quedó oculta bajo la máscara.
—Gracias, querida.
—¿Hoy cumples años, papi? —Preguntó Masami.
—Así es.
—Yo también quiero cumplir años.
—Y yo —secundó Isamu.
—¿Por qué quieren cumplir años? —Cuestionó Nashira.
—Para comer pastel —contestó Masami.
—Bueno, si prometen portarse bien les daré de mi pastel ¿de acuerdo?
Los niños movieron su cabeza. Kakashi se sentó en la silla mientras mantenía a la niña sobre sus piernas, Nashira se puso junto a él y en su regazo estaba Isamu.
—Es hora de pedir un deseo, cierra los ojos Kakashi.
—No creo que pueda pedir algo más.
—Siempre hay algo más, créeme.
Haciendo caso de las palabras de su esposa, Kakashi cerró sus ojos para concentrarse en un deseo. Los niños lo miraban atentos y curiosos.
Dentro de la mente de Kakashi, las palabras de sus sentimientos hacían eco y aunque había un sinfín de cosas que podría desear, tras haber vivido ínsipidamente en soledad y tristeza creyendo que no era merecedor de compañía, en ese momento junto a su esposa y sus dos hijos en el día de su cumpleaños número treinta y nueve, deseó poder tener una larga vida para disfrutar de su familia.
Tras haber pedido el deseo, abrió sus ojos.
—Es hora de soplar las velas.
—Papi, debes bajarte la máscara —dijo Masami—, sino no se van a apagar.
—¡Pronto papi! —Isamu estaba desesperado.
—De acuerdo, calma todo el mundo.
Kakashi bajó la máscara hasta su cuello y se acercó para soplar las velas y cuando la llama se apagó, los niños aplaudieron felices.
—Vamos a comer pastel, mami.
—Primero tienen que darle un regalo a papá.
Los niños estaban confundidos, Nashira se puso de pie y besó la mejilla de Kakashi, luego puso a Isamu en el regazo de su esposo y los mellizos imitaron el acto de su mamá. Kakashi se vio envuelto en el cariño de sus hijos y sus manos sujetaron sutilmente la espalda de los niños.
—Te quiero, papi —dijo Masami.
—Yo también te quiero —dijo Isamu.
—Y yo —habló Nashira.
Kakashi sonrió mostrando finalmente sus blancos dientes.
—Y yo los amo a ustedes.
La solitaria rutina de Kakashi había culminado, los días grises no tenían cabida en el presente y su sueño de pasar el resto de su vida en una pensión con aguas termales lejos de Konoha, había sido reemplazado por el deseo de estar con su familia.
Kakashi no sólo había conseguido una esposa, sino que encontró un bello amor para toda la vida.
FIN.
MUCHAS GRACIAS POR LEER ESTA HISTORIA.
