Capítulo 10: Pistas

Sydney

Estaba alojada en un hotel cercano al aeropuerto de Baltimore esperando su llegada, no podía creer que nuevamente estaba trabajando para Abe, pero esta vez en una misión solicitada por la reina misma y apoyada por los alquimistas. Este hotel serviría como nuestro cuartel general mientras investigábamos el paradero del misterioso hermano de la princesa Dragomir. Me estaba preguntando con que idiota trabajaría y cuantas malvadas criaturas de la noche tendría que soportar mientras lo hacía, cuando escuché que alguien tocaba mi puerta.

— ¿¡Sydney! eres tú?— una voz increíblemente familiar preguntó chillando en cuanto abrí la puerta.

— ¡Rose Hathaway!— chillé de vuelta y sin darme cuenta estaba abrazándome y me sentí muy aliviada de verla, al menos era una criatura de la noche a la cual podía tolerar.

—Como siempre encantado de verla señorita Sage— Abe Mazur me saludó un momento después de soltar a Rose y no pude resistir el escalofrío que me producía su presencia.

—Señor Mazur— saludé de vuelta estrechando su mano tratando de ser gentil y profesional.

Inmediatamente comenzamos a trabajar, hablamos un par de horas sobre los datos reunidos hasta ahora, como el hecho de que alguien había robado los registros financieros de Erick Dragomir, una cuenta bancaria a nombre de una mujer llamada Jane Doe, que por lo que sabíamos podría ser Dhampir, Moroi o incluso humana y por lo revelado por la reina esa cuenta fue creada para encubrir la existencia del niño o niña en cuestión. Además habíamos averiguado que Lord Dragomir era asiduo a visitar el casino Witchinghour y había sido visto innumerables veces en compañía de algunas bailarinas de ese lugar.

Llegó la hora de la cena y Abe se ofreció a pedir algo de comida y en vista de que no íbamos a avanzar más ese día, decidimos descansar un poco mientras esperábamos la comida.

—Jamás pensé que dejarías a Lissa para convertirte en guardiana de la reina— comenté tratando de entablar una conversación con Rose, que estaba de espaldas en una de las camas, mirando el techo y mordiendo sus uñas distraídamente.

—Tampoco yo, créeme— dijo con un suspiro, acomodándose de lado en la cama para mirarme.

—Y entonces ¿te pidió unirte a su guardia después que salvaste su vida?

—Sí exacto y no es como que puedas decirle que no a Tatiana Ivashkov— comentó con una pequeña sonrisa.

—Además es la tía de tu novio, tienes que causar una buena impresión.

—Adrián y yo ya no somos novios— dijo con una mueca —Y Tatiana puede quererme como guerrera incluso puede admirarme, pero no lo aprobaría de todos modos.

— ¿Es por eso que terminaron?— Pregunté curiosa.

—No exactamente— dijo bajando la voz.

—Entonces ¿fue por Belikov? ¿Están juntos de nuevo, es por eso que recibió una bala por ti?

—ja ja ja ja ¿es una broma Sydney? Dimitri Belikov rompió completamente mi corazón horas antes de recibir una bala por mí— dijo sin una gota de humor, me pareció percibir una lágrima rodando por su mejilla, pero se volteó mirando a la pared antes de que pudiera cerciorarme, estuvo en silencio largo rato, hasta que Abe y la comida hicieron su aparición.

— ¡Viejo por fin llegas! Muero de hambre— dijo de pronto levantándose de la cama sin mirarme y pasando a toda velocidad hasta sentarse en la mesa dónde Abe y sus guardianes habían situado la comida.

La mesa estaba repleta de comida chatarra, pizza, alitas de pollo, papas fritas con queso cheddar, aros de cebolla y palitos de ajo, por supuesto también mi ensalada y mi bebida dietética. Nos sentamos a la mesa, Rose sonreía pero era evidente que algo la deprimía, la había visto así antes, cuando estábamos en Rusia, pero esto era diferente y se hizo más obvio cuando unos 20 minutos pasaron, había comido apenas dos trozos de pizza, unas tres papitas y la mitad de una dona de chocolate, una cantidad de comida muy por debajo de los estándares de Rose Hathaway.

—Tengo sueño— dijo de pronto —Me voy a dormir, buenas noches— y se dirigió a la habitación rápidamente. Abe y yo nos miramos, obviamente sorprendidos, pero ninguno se atrevió a ir tras ella. Unos minutos más tarde Abe y sus guardianes se alistaban para retirarse.

—Sage tengo una nueva misión para ti— dijo Abe antes de cerrar la puerta —Necesito que averigües que está sucediendo con Rose.

— ¿Desde cuándo tanto interés en lo que sucede con una guardiana?— pregunté en voz alta antes de darme cuenta.

—Ella no es cualquier guardiana, es mi hija— respondió sonriendo con orgullo y cerró la puerta tras él. Una parte de mí conocía la respuesta, había escuchado rumores entre los alquimistas y por supuesto no era difícil encontrar el parecido, pero aun así era extraño ver a Zmey preocupado genuinamente por alguien.

Unos minutos más tarde cuando me dirigía a mi cama escuche los sollozos de Rose, quise acercarme y tratar de consolarla, era evidente que sufría, pero cómo podía ayudarla yo, no tenía idea de cómo curar penas del corazón, pero me hice una promesa a mí misma, averiguaría como hacerlo, no por Zmey, sino por Rose Hathaway, una excelente amiga y protectora de aquellos a quienes quiere.

A la mañana siguiente Rose apenas toco su comida y luego de ducharse y vestirse bajó a ejercitarse en el gimnasio del hotel, volviendo justo a tiempo para nuestra visita al centro alquimista de la ciudad, donde íbamos a reunirnos con David Griffin, encargado de los archivos financieros del mundo Moroi.

Uno de los guardianes de Abe, llamado Boris Gabor nos acompañó hasta las dependencias del centro alquimista, era un hombre alto de unos 22 años, con un cuerpo bien formado como todos los Dhampir, su cabello castaño claro y ojos celestes, llamaban bastante la atención de las mujeres que se cruzaban en nuestro camino, pero Rose no parecía notarlo, a pesar de las miradas interesadas que el guardián le lanzaba de vez en cuando.

David Griffin nos recibió cortésmente, era evidente que era un alquimista experimentado que no dejaba ver el nerviosismo que las malvadas criaturas de la noche le provocaban, nos condujo a una sala privada y nos dio libre acceso a todos los archivos financieros de los Moroi de la realeza muertos en los últimos cinco años. Unas cinco horas más tarde habíamos dado con el nombre de la titular de una cuenta bancaria que recibía grandes cantidades de dinero de una cuenta secreta que pertenecía a los Dragomir y que había sido abierta quince años atrás.

—La cuenta está a nombre de Sonya Karp— dije y Rose jadeó tras de mí, acercándose rápidamente para mirar la pantalla y verlo por ella misma — ¿La conoces?— pregunté, Rose asintió y dijo

—Era mi profesora en San Vladimir, lo último que supe sobre ella es que se convirtió en Strigoi por voluntad propia. Entonces fue mi turno de jadear.