Capítulo 11: Cicatrices

Rose

Era la única pista que teníamos, debíamos encontrar a Sonya Karp, pero ¿cómo lo lograríamos? Mikhail Tanner la había rastreado por un año sin hallarla, la única salida era recurrir a la tortura de Strigoi para conseguir respuestas, lo había practicado un tiempo atrás en Siberia con los no prometidos, cuando necesitaba encontrar a Dimitri.

Maldición, Dimitri, Dimitri, Dimitri mientras mi cabeza estuviera lejos de su recuerdo, planeando estrategias e investigando con Sydney o matándome a mí misma en el gimnasio era capaz de sobrevivir el paso de los días a pesar de la certeza de que su amor por mí se había acabado, pero bastaba una pequeña imagen de él en mi memoria para hacerme sentir vacía y triste o una visión directa presenciada desde los ojos de Lissa, sólo eso y podía volver atrás en cuestión de segundos, imágenes cómo cuando Dimitri salió del hospital y preguntó por mí, el reconocimiento público de que no era un Strigoi, la restitución de su posición de guardián, la certeza de Lissa de que él estaba sufriendo por lo que hizo, algo que yo sabía que era cierto, sabía que Dimitri Belikov era capaz de echarse la culpa de todos los males del mundo y más.

Uno de esos horribles días cuando me sentía muy vulnerable, me decidí a contarle a Sydney todo lo que había sucedido desde que deje de verla en Rusia, omitiendo por supuesto el episodio de liberación de Víctor Dashkov desde la prisión. Al final del relato cuando llegué a la parte de la iglesia, feroces lágrimas caían por mis mejillas, aún podía sentir el dolor y la decepción de no tener mi final feliz, pero de alguna manera el desahogarme con ella me ayudó un poco a liberar mi alma y aunque era probable que no pudiera olvidarlo jamás o al menos no pronto, me sentía más en paz después de nuestra conversación.

Por supuesto el tener ahora nuevas pistas sobre las últimas actividades de Sonya Karp, gracias a los expedientes enviados por el muy carismático David Griffin, el humano encargado de la base secreta de los alquimistas en Baltimore y la próxima creación de un grupo de guardianes, comandados por mí para enfrentar Strigoi, con el fin de sacarle información sobre Sonya, mantenían mi mente ocupada la mayor parte del tiempo.

El fin de semana nos habíamos cambiado a una gran casa cercana a Roland park, con cinco dormitorios y cinco baños, con un inmenso jardín y una gran sótano que acomodamos como gimnasio para comenzar nuestro entrenamiento. Esperábamos recibir a más guardianes para comenzar a rastrear a Sonya y aunque estábamos contra el tiempo, teníamos ahora información sobre las últimas actividades de la Strigoi. Hace diez días exactamente yo había dejado la corte con el fin de encontrar al hijo de Erick Dragomir, si lográbamos nuestra misión podríamos evitar que entrara en vigencia la ley de edad que obligaría a los dhampir a convertirse en guardianes a los dieciséis años. Sí Lissa probaba que tenía un quórum, la votación anterior quedaría nula, pero sólo teníamos un par de meses, para encontrar a Sonya, hacerla hablar, encontrar al hermano o hermana de Lissa, convencerlo de su importancia en el futuro de nuestra raza y llevarlo a la corte, para acabar con esa maldita ley.

Abe nos había dejado una mañana, para volar a la corte y entregar un reporte de nuestros avances a la reina, desde allí se dirigiría a Europa para atender unos negocios, así que no nos volveríamos a ver por un par de semanas, sabía que estaba preocupado por mí, pero había dejado de preguntarme cuando le respondí, que se metiera en sus propios asuntos o dejaría de considerarlo mi padre. Por supuesto mis cambios de humor y falta de apetito no sólo preocupaban al viejo, también a Sydney y para mi sorpresa al guardián Gabor, que en lugar de irse con Abe y sus guardianes se quedó con nosotras en la casa de Baltimore a la espera de los nuevos guardianes que llegarían a apoyarnos en nuestra misión.

Al principio sus avances y abiertos coqueteos me incomodaban bastante, el tipo era guapo sin duda, pero es que acaso no se daba cuenta de que yo jamás podría fijarme en alguien, que no fuera...bueno él. En fin la tarde después de la despedida de Abe, mientras nos encontrábamos los dos en el sótano que habíamos preparado cómo gimnasio, fui arrastrada a la mente de Lissa repentinamente, estaba con Christian en su apartamento en la corte, completamente molesta con él por no entender que Dimitri la necesitaba, que estaba deprimido, lleno de arrepentimiento por su pasado y ¿por mí? No pude pensar mucho en eso, sus emociones eran demasiado fuertes para preocuparme de las mías.

—No puedo creer que sigas tan preocupada por él— dijo Christian con exasperación —Es un hombre grande por Dios santo, entiendo tu conexión con él después de su restauración y eso pero, ahora...ahora parece que tú vida gira en torno a él— continuó diciendo con frustración pasando una mano por su cabello — Sí no estás con él estás con la reina, ya...ni siquiera te veo. Lissa sintió su molestia disminuir ante el desliz de Christian, sus ojos azules penetrando los suyos esperando su respuesta.

—Quieres decir qué te gustaría verme más seguido— dijo Lissa nerviosa sin apartar la mirada.

—Lissa— dijo él con un tono cálido en su voz que hizo su corazón acelerarse —Tú sabes que sí, yo fui un tonto, yo...nunca debí dejar pasar tanto tiempo— continuó acercándose a ella y tomando sus manos—Ya no puedo engañarme a mí mismo, yo...nunca te he olvidado, yo no quiero seguir fingiendo, yo nunca he dejado de amarte y...

No pudo continuar, Lissa con su corazón casi saliendo de su pecho, había tomado su rostro en sus manos y lo estaba besando, derritiéndose en sus brazos, cuando él la tomó por la cintura y la acercó con fuerza hacia él. Por un momento yo también estuve pérdida en la sensación de ese beso hasta que unas fuertes manos que me sacudían levemente me trajeron a la realidad, la realidad, esa en donde yo estaba fuera de la corte, preparándome para una misión suicida, y completamente desolada porque hace casi dos semanas mi corazón había sido destruido por el único hombre que había amado.

— ¡¿Hathaway qué sucede?!— preguntó de pronto Gabor con evidente preocupación mientras me sostenía por los hombros tratando de hacerme reaccionar. Me deshice con fuerza de su agarre y salí del sótano rápidamente sin preocuparme del guardián que me seguía aún preguntándome que había sucedido, al llegar a mi habitación, cerré con llave, ¿por qué? había estado bien los últimos días, sin pensar mucho en Dimitri, excepto cuando me dormía y aparecía sin permiso en mis sueños. Pero ahora Lissa, ella tenía a Christian nuevamente en su vida y yo por enésima vez este año sentía rabia contra ella por tener en su vida el amor que yo sólo podía añorar.

— ¡No es justo!—grite arrojando un jarrón contra la pared, nuevamente sintiendo palabras de Sidney de hace unos días atrás daban vueltas en mi cabeza "es cierto que yo no tengo ninguna experiencia en asuntos del corazón, pero es evidente para mí que después de un amor como el que ustedes tuvieron, aun cuando fue breve tiene que haber cicatrices" Cicatrices que al parecer me acompañarían para siempre, pensé amargamente.