Capítulo 13: Resolución
Dimitri
Entre al bar como todas las noches de la última semana y me acomode en la mesa del rincón, donde Adrián ya me esperaba con una botella de vodka, la primera de la noche y un par de vasos plásticos, al parecer ya no se nos permitía usar los de vidrio, debido a un par de episodios destructivos, era un milagro que aún nos dejaran entrar a este lugar. Este bar se había convertido en uno de mis santuarios del olvido, cuando había descubierto que pasar unas cuantas horas bebiendo hasta caer prácticamente desmayado en el sillón de mi apartamento, me libraba de soñar con Roza. Lo irónico era que había acabado compartiendo mis penas con nada más y nada menos que Lord Ivashkov, el ex de la única mujer que significaba todo para mí, la única que alguna vez me hizo feliz, aquella que me hizo ver que mi vida no era vida sin su fuego, sin su luz y a la que empuje fuera de ella porque tenía miedo de no merecerla. Claro ahogar mis penas en alcohol convirtiéndome en un despojo del hombre que ella admirada y a quien había amado, no me hacía para nada digno de ella, pero eso dejaba de molestarme en cuanto terminaba mi segundo vaso.
No habían pasado ni cinco minutos desde que me senté, cuando Ivashkov comenzó a reír fuertemente.
— ¿Qué es tan gracioso?— pregunté
— ¿Quieres conocer al padre de nuestra ex?— preguntó Adrián otra vez rompiendo a carcajadas, seguramente ante mi rostro de sorpresa ¿de qué hablaba? Rose no conocía a su padre, cómo él podía conocerlo ¿significaba qué ella lo había conocido hace poco? ¿Mientras yo estaba...lejos? tal vez Janine había decidido finalmente entregarle a Rose información sobre él, sobre la identidad de su padre.
—Buenas noches Lord Ivashkov, guardián Belikov— saludó un hombre detrás de mí, era una voz que conocía bien, pero era imposible, no podía ser él ¿o sí? me gire cuidadosamente y lo vi en todo su esplendor, con una sonrisa burlona en su rostro.
— ¿Zmey?— fue todo lo que logre decir.
—Dimitri, creo que tu madre no aprobaría que me llamaras así— comentó fríamente, haciendo referencia a un regaño que recibí de mi madre, la primera vez que lo vi en nuestra casa, para recibir los consejos de Yeva.
—Mister Mazur— corregí, ante lo cual su sonrisa creció enormemente.
—Es Abe ¿recuerdas?— preguntó divertido —Por favor dime que tu pasado Strigoi no afectó tu memoria. Su comentario envió escalofríos a mi espalda, por supuesto él lo sabía, a estas alturas no me sorprendía que todos supieran sobre mi pasado y mi milagrosa restauración.
—Veo que ya se conocían— dijo Adrián en un tono divertido —Por favor toma asiento Abe, comparte con nosotros estamos brindando por Rose. Abe se sentó e inmediatamente se giró para darme una mirada inquisidora.
— ¿Brindando por la mejor alumna, que un mentor puede tener o tal vez por una alumna increíblemente leal y excepcional que hizo todo lo que pudo y más para traerte de vuelta?— preguntó secamente, su mirada fría sobre mí, si alguna vez tuve miedo de la reacción que Janine Hathaway podría tener al enterarse de mi relación con Rose, Abe Zmey Mazur me aterrorizaba completamente.
—Ambas, ¿verdad Belikov ?— dijo Adrián sonriendo —Aunque deberíamos agregar por el amor perdido por supuesto— dijo Adrián tomando su vaso y levantándolo hacia mí— Por Rose continuo sonriendo sin duda ante toda esta incómoda situación.
—Por Rose— dijo Zmey sin dejar de mirarme.
—Por Roza— dije finalmente sosteniendo la mirada de su padre. Podía avergonzarme y arrepentirme de haber alejado a Rose de mi lado, pero no me avergonzaría de haberla amado, de amarla todavía, no dejaría que me arrebataran lo mejor que me había pasado en la vida. Abe me miro intrigado, pero no comentó nada, de pronto tuve la sensación de que sabía mucho más de lo que decía sobre mi relación con su hija.
Unos minutos después del brindis Adrián y él comenzaron a hablar de la ley de edad y los asuntos propios que se discutían por estos días en la corte, así que tome la oportunidad y me prepare para marcharme.
— ¿Te vas?— preguntó Adrián cuando tomaba mi abrigo.
— Sí, estoy cansado— dije —Nos vemos mañana Adrián, buenas noches señor Mazur.
—Buenas noches Dimitri, recuerda llamar a tu madre Olena estará feliz de recibir las buenas noticias, estaba devastada cuando se enteró de tu muerte.
Asentí y salí rápidamente del bar, eran al menos dos horas antes más temprano de lo que solía quedarme por allí, el aire fresco y las palabras de Zmey me acompañaron hasta mi apartamento. ¿Debía llamar a mi madre y dejarle saber que había sido restaurado? sabía la respuesta, pero tenía miedo, después de vivir estos días lleno de culpa y remordimiento, recordando las cosas horribles que hice, que hice a otros, que hice con mi Roza ¿tenía derecho a correr y buscar consuelo en el que solía ser mi hogar? la idea era tentadora pero aterradora a la vez.
Unas horas después sin poder dormir, decidí escribirles, dándole las buenas noticias y prometiendo una visita lo antes posible, deje la carta en mi mesa de dormir y pensé en roza, en lo fácil que hubiese sido todo si ella estuviera conmigo ahora, casi podía escucharla "Dimitri todo saldrá bien, ellas estarán encantadas de verte, yo estoy segura de que harán una gran fiesta para celebrar tu regreso" tomando mi mano me arrastraba hasta la puerta de mi casa donde mi madre y mi abuela me estaban esperando con una dulce sonrisa, pero en cuanto entraba a casa, Roza ya no estaba, comenzaba a llamarla pero no aparecía, entonces me volteaba para salir de casa a buscarla, mientras mis hermanas se reían, al salir escuchaba a mi abuela decir "no vuelvas sin Roza" caminaba por un callejón y la divisaba a lo lejos en un hermoso jardín que no había visto antes, su hermoso cabello ondeaba al viento, me acercaba más a ella y tocaba su cabello y ella se levantaba bruscamente y me gritaba "no me toques Dimitri Belikov, no te atrevas a tocarme, te odio, te odio, tú no eres mi Dimitri, eres un extraño para mí"
Desperté sobresaltado, sudoroso y con lágrimas en los ojos, últimamente todos mis sueños eran sobre Roza diferentes lugares, diferentes situaciones, pero en todos ellos Roza me rechazaba, se alejaba de mí, pero nunca antes había sido tan doloroso. Rápidamente salí de mi cama y me metí en la ducha, dejando que el sufrimiento me embargara, ¿en qué me estaba convirtiendo? no era ni siquiera la sombra de lo que había sido, ni siquiera me acercaba al hombre que ella admiraba, el hombre al que había amado. Necesitaba tomar una decisión, no podía seguir ahogándome en alcohol y no hacer nada, Roza no lo hizo cuando lo peor sucedió, mi Roza no se rindió, ella luchó para restaurarme, ella lucho por mí, por nosotros, yo tena que hacer lo mismo, se lo debía y pasaría el resto de mi vida buscándola para poder reparar mis errores si era necesario, así que me dirigí al único lugar donde podía encontrar respuestas, la residencia de Ibrahim Mazur.
