Capítulo 15: Frialdad

Al llegar a la casona donde finalmente volvería a ver a Roza, nunca imagine toparme con una alquimista, pero allí había una, de unos 19 años, llamada Sydney, que nos saludó con toda la cortesía y educación que podía permitirse tratándose de una persona que recibía a dos malvadas criaturas de la noche. Ella nos acompañó hasta la que sería nuestra habitación para dejar nuestras maletas y luego nos llevó hasta el galpón donde entrenaban los guardianes, entre ellos Roza. Cuando Abe me dijo que me ayudaría a verla nuevamente, nunca pensé que encontraría la forma de incluirme en la misión secreta a la que la había enviado la reina, pero lo hizo y aquí estaba yo finalmente acercándome a ella, aunque no fue como lo imaginé.

En mi viaje hasta aquí imaginé mil escenarios, algunos donde Roza corría a mis brazos, me besaba y ambos volvíamos a sentirnos felices como en esos últimos momentos en el bosque, antes de las cuevas, cuando creíamos que habíamos encontrado la forma de estar juntos finalmente, otros no tan optimistas donde me odiaba y exigía que saliera de inmediato de su vista, pero nada me preparó para lo que encontré, ahí estaba mi hermosa Roza haciendo gala de sus increíbles habilidades de lucha con un guardián que parecía estar disfrutando demasiado de su cercanía, especialmente cuando ella lo derribó y se sentó a horcajadas sobre él manteniéndolo en su lugar para "estacarlo", mi cuerpo se puso rígido al observar como ella le sonreía, de una manera tan similar a aquellas veces cuando luchábamos juntos, no pude evitar sentirme celoso, celoso de que estuviera compartiendo con otro algo que de alguna manera nos había conectado tantas veces en el pasado, incluso cuando ninguno de los dos se atrevía a decir lo que estábamos sintiendo el uno por el otro. Cuando finalmente se levantó, las cosas no fueron mejores para mí, ella se giró tambaleándose un poco, ante lo que el galante guardián reaccionó ayudándola a estabilizarse, entonces nos vio, saludó con un abrazo fuerte a mi nuevo cargo Adrian Ivashkov y a mí con solo una mirada y un frío tono en su voz

—Un gusto volver a verlo guardián Belikov— sus palabras me acompañaron por horas, Rose jamás había usado mi título antes, ella me llamaba por mi nombre o por el ridículo sobrenombre que había elegido para mí y que justo ahora moría por escuchar.

Una hora después de la fría bienvenida, fuimos a una reunión donde se nos informó sobre los avances que habían obtenido en la misión de encontrar a Sonya Karp y lo que se esperaba de Adrián en la tarea de restaurar a la Strigoi, Roza comenzó a explicar que Adrián debía encantar una estaca con su poder del espíritu y que debía ser él quién estacara a Sonya.

—Bueno para ser sincera, no esperaba que tú fueras mi usuario del espíritu— dijo Rose sonriéndole a Adrián coquetamente, por supuesto a mí no me había dirigido la palabra y con suerte me miraba, toda la reunión estuvo sentada en medio de Sydney Sage y el guardián con quién luchaba cuando llegamos, Boris Gabor, quién no ocultaba para nada su fascinación por ella —Pero al parecer eras la única opción disponible.

—Oh pequeña Dhampir, hieres mis sentimientos— respondió Adrián fingiendo dolor en su pecho, ante lo que Rose rodó los ojos.

—En fin Adrián como te decía, tendrás que encantar la estaca y luego traspasarla por el corazón de Sonya, lo malo es que suena más fácil decirlo que hacerlo, lo bueno es que tu guardián puede enseñarte cómo hacerlo— dijo Rose mirando brevemente en mi dirección.

—Sí bueno, seguro que puedo aprender como traspasar el corazón de alguien con una estaca, pero aunque sé que mis poderes son increíbles ¿cómo se supone que haré para encantar una estaca de plata?— respondió Adrián pareciendo realmente preocupado —Ósea, recuerdo algo de nuestra reunión con el hermano de Dashkov, pero en realidad no estaba poniendo mucha atención.

—No estabas en condiciones de poner atención ¿verdad?— respondió Rose con irritación.

—Alguien podría culparme, mi novia se va a las vegas para una escapada de chicas y termina rompiendo la ley para descubrir cómo salvar a su ex— ante sus palabras Roza mordía fuertemente su labio como tratando de evitar decir algo de lo que pudiera arrepentirse, por supuesto también estaba evitando mirarme, yo era ese ex al que Ivashkov se refería, el ex por él que ella arriesgó todo y más, el maldito idiota que lo echó todo a perder por cobardía y autocompasión.

—En fin, ya tocamos ese tema en el pasado— dijo con firmeza en una actitud completamente profesional —El hecho es que tenemos trabajo que hacer y yo conozco a la persona que va ayudarte a entender cómo realizar el encantamiento, arreglaré la forma de contactarme con ella a la brevedad, mientras tanto deberías comenzar tu entrenamiento para que puedas estacar a Sonya ¿Guardián Belikov, tú puedes encargarte de eso?— preguntó por primera vez en toda la reunión dirigiéndose a mí.

—Por supuesto Roz...Rose— respondí, intentando ocultar mi nerviosismo, bajo mi máscara de guardián.

—Es guardiana Hathaway— me corrigió secamente y prosiguió sin demostrar ninguna emoción, Dios cuando se volvió tan buena ocultando lo que sentía —Bien en el galpón encontrarás lo necesario para comenzar el entrenamiento, en cuanto me contacte con Oksana tendremos otra reunión ¿Boris puedes acompañarlos y presentarles a los otros? Sydney vamos a necesitar tu computadora— y con esas últimas indicaciones la reunión se dio por terminada. Salí del estudio con la sensación de que a pesar de estar tan cerca de Roza ahora, nunca habíamos estado más separados el uno del otro.

En el galpón fuimos presentados formalmente al resto de los guardianes, había solo una mujer aparte de Rose, su nombre era Danna Muller, también estaban los hermanos Adams y un chico llamado Samuel, que parecía recién salido de alguna academia. Después de las presentaciones me dirigí junto a Adrián al lugar en donde tenían los maniquís y estacas de entrenamiento, por supuesto existía la posibilidad de que darle a Adrián una estaca fuera una pésima idea, especialmente sabiendo que más de alguna vez él pensó en acabar conmigo, tanto como yo con él. La primera media hora de entrenamiento fue de ensayo y error, mas error que ensayo, pero rápidamente Adrián fue puliendo un poco sus movimientos e incrementando su fuerza, una hora más de trabajo y finalmente le di el descanso que había estado pidiendo desde los primeros veinte minutos.

Después de una necesaria ducha, nos avisaron que estaba servida la cena lo cual implicaba también una visita de Adrián a la humana alimentadora que Abe había arreglado que viniera a la casona cada dos días. Acompañé a Adrián a verla y luego nos dirigimos al comedor para cenar, nos habían explicado que se repartían las tareas de limpieza y cocina. Hoy el turno de cocina era de los hermanos Adams y el menú era arroz, pollo frito y variadas ensaladas, aunque la comida estaba bastante buena no comí casi nada, esperando que apareciera Roza a cenar, pero nunca se presentó. Me levanté antes de que todos terminaran, con la mitad de mi plato intacto y disculpándome diciendo que necesitaba descansar. Cuando entré a la cocina encontré a Sidney Sage preparando una bandeja que de seguro era para Rose.

— ¿Rose está enferma?— pregunté, sintiendo preocupación cuando vi la cantidad de comida que había en la bandeja, era muy poca en comparación a las porciones que solía servirse en la academia.

—Tal vez— respondió Sydney con un tono de preocupación en su voz —No come ni socializa de la misma forma que hacía en Rusia, pero es primera vez desde que llegamos aquí que pide comer en su habitación— casi me atraganto con el sorbo de agua que me había llevado a la boca.

— ¿Estuviste en Rusia con ella?— pregunté realmente intrigado.

—Sí, tuve que encontrarla, era un desastre ocultando sus matanzas—claro que lo era, sonreí ante la imagen mental que tuve de Rose enterándose de la existencia de los alquimistas, casi podía imaginar su reacción y lo que diría valiéndose de su extraña lógica.

— ¿Crees que le molestaría si yo llevo su bandeja?— pregunté sabiendo de antemano la respuesta.

—Lo siento guardián Belikov, pero creo que tomara algo más que llevarle la comida, para arreglar lo que sea que haya pasado entre ustedes.

— ¿Ella te habló de nosotros?

—Algo así— dijo ella con una sonrisa triste y tomando la bandeja se dispuso a salir de la cocina —Buenas noches guardián Belikov, debo llevar esto antes que se enfrié— y se fue rápidamente, dejándome completamente intrigado.

Me dirigí entonces a la habitación que compartiría con Adrián tomé uno de mis libros y trate de leer algo inútilmente, Rose estaba tan cerca de mí pero no estaba conmigo, si su indiferencia y el evitar verme eran un indicador de algo, no era de algo bueno para mí, pero no me rendiría, no sin siquiera empezar a luchar.