Capítulo 16: Distante

Rose

No podía creer que Dimitri Belikov estuviera aquí, ¿por qué? justo ahora que me estaba sintiendo capaz de olvidarlo él tenía que aparecer ¡y con Adrian!, que estaba pensando él al traerlo hasta aquí ¿era alguna especie de retorcida venganza? algo cómo "tú me hiciste sufrir así que ahora es mi turno y he traído al origen de tu tormento hasta tu puerta". En fin ya llegaría el momento de preguntarle sus motivos, por ahora yo estaba ocupada tratando de contactarme con Oksana y de evitar a toda costa ver a Dimitri.

Sydney apareció con una bandeja de comida, justo cuando yo había terminado de hablar con Mark y Oksana y habíamos acordado una video llamada a primera hora de la mañana siguiente. Le comenté a Sydney sobre lo que hablamos mientras comía, pero me di cuenta de que había algo que no me estaba diciendo.

—Habla ya— le dije desafiante.

—No quieres oírlo.

—Prueba.

—Creo que estas equivocada sobre Belikov.

— ¿De qué hablas?— pregunté con temor, por un momento pensé que diría algo como que se había dado cuenta de que aún tenía algo de strigoi, pero no, lo que dijo fue aún peor, al menos para mí salud mental.

—Creo que mintió cuando dijo que no te amaba— me quedé helada como podía Sydney creer eso después de todo lo que le conté. Sabía que no era sano para mí prestar oído a cualquier cosa que la haya hecho creer algo así pero mi curiosidad fue más grande.

— ¿Por qué lo dices?

—Algo en la forma en que te mira, no lo sé no soy una experta, pero es evidente que tú lo afectas de alguna forma.

—Culpa, siente culpa por lo que me hizo en Rusia, pena tal vez por no poder amarme más o vergüenza por no cumplir la promesa que me hizo meses atrás— dije todo aquello en un amargo y frío tono de voz tratando de impedir que Sydney siguiera con el tema pero no fue suficiente.

—Si bueno parecía preocupado en la cena, prácticamente no toco su comida esperando que aparecieras, incluso me preguntó si estabas enferma.

— ¿Qué le dijiste?— pregunté entre horrorizada e intrigada.

—Si el amor es una enfermedad— dijo Sydney con toda la seriedad del mundo.

— ¿Quéeee? ¿Cómo pudiste?— pregunté irritada y Sydney comenzó a reír fuertemente.

—Sólo le dije que habías pedido comer en tu habitación y entonces se ofreció a traerte la bandeja— Sydney Sage había dejado de reír y ahora me miraba seriamente de nuevo.

— ¿Estas bromeando verdad?

—No, en serio se ofreció— no podía creer lo que Sydney decía pero ella no mentía era una mujer de hechos y convicciones, por supuesto no me permití emocionarme por la posibilidad de que Dimitri quisiera venir a verme en mi habitación.

—Seguro sólo quería cerciorarse de que estaba comiendo saludable— dije sonriendo con nostalgia, mi Dimitri se había preocupado por el balance en mi dieta en el pasado.

Sydney me sonrío, tomo la bandeja y salió de la habitación, prometiéndome que arreglaría todo para la reunión de mañana, justo cuando cerró la puerta las lágrimas escaparon de mis ojos. Me odié a mí misma, hace semanas que había dejado de derramar lágrimas por Dimitri y habían bastado unas pocas horas de verlo para sucumbir a la tristeza de haberlo perdido.

A la mañana siguiente me jure a mí misma que no dejaría que su presencia me volviera afectar de esa manera, lo cual fue bastante difícil considerando lo hermoso que se veía al entrar al estudio junto a Adrián, pero me mantuve firme y logre estar completamente en modo negocios durante toda la reunión.

Oksana nos explicó con lujo de detalles la forma de encantar plata, le aconsejó a Adrián comenzar con joyas de plata pequeña, cómo anillos o aros para luego pasar a las cosas más grandes, hasta llegar a la estaca. Sydney por supuesto tomó notas a lo largo de la reunión y luego de terminar la video llamada estaba lista con un plan de trabajo para Adrián, que le permitiría, trabajar en los encantamientos y entrenar con Dimitri efectivamente durante el tiempo que fuera necesario.

—Maravilloso— dije un tanto aliviada de que la reunión estuviera terminando —Pero necesitaremos que alguien supervise tu trabajo Adrián.

— ¿Por qué razón, acaso no confías en mí?

—Nop— respondí con sinceridad —Por esa razón trabajaras con Sydney— ambos me miraron como si hubiera dicho una blasfemia, pero no dejé siquiera que pudieran alegar dando por terminada la reunión justo antes de que alguno de los dos abriera la boca.

Sydney por supuesto sabía que dialogar conmigo en este momento no daría frutos, además tenía claro que entre más rápido actuáramos, más pronto concluiríamos esta misión, por ello salió rápidamente con Adrián y Dimitri tras ella. Aproveché la repentina soledad para deslizarme en la cabeza de Lissa, solía hacerlo al menos dos o tres veces por semana, tomando en cuenta que no podía hablar directamente con ella y a pesar de mi explosión de celos cuando ella y Christian se reconciliaron, estaba feliz por ella, por ambos, sabía de primera mano cómo añorar a alguien que amas podía destruirte.

Afortunadamente no estaba con Christian en ese momento, estaba con Ambrose el fabuloso amante de la reina, se habían encontrado entrando al palacio, cuando Lissa se dirigía a una reunión con la asistente de la reina para arreglar los detalles de la próxima visita a la universidad, hablaron brevemente sobre el descontento de los Dhampir por el asunto de la ley de edad y él le aseguró que la reina haría lo que fuera por evitar que se hiciera realidad, sí solo supieras Liss, pensé. Minutos más tarde Lissa entró a palacio, emocionada por la reunión pero deseando que yo pudiera estar con ella, ir con ella a Leight como habíamos planeado. Antes de verme atrapada en la nostalgia salí de su cabeza y lo que me esperaba en mi propia realidad fue mucho peor.

Dimitri Belikov estaba de pie apoyado en la esquina de la biblioteca, con un libro en sus manos mirándome preocupado. Yo lo mire por una fracción de segundo directamente a los ojos, tratando de encontrar alguna señal que corroborara lo que supuestamente había visto Sydney en él el día anterior, pero no encontré nada además de tal vez algo de ansiedad. Por supuesto la razón de su ansiedad quedo muy clara para mí en cuanto abrió la boca.

— ¿Cómo se encuentra la Princesa?— sentí ganas de reírme de mi misma por albergar esperanzas sobre su posible interés por mí.

—Pues deberías haberte quedado en la corte si querías saber sobre ella— respondí secamente, inmediatamente Dimitri se enderezó devolvió el libro a la biblioteca y camino hacia mí, su rostro impasible pero sus ojos parecían tristes.

—Roza— dijo él, su voz suave y cálida, pero no me dejaría engañar otra vez por esa voz o por ese apodo que adoraba.

—Es guardiana Hathaway para ti— dije con irritación, fingiendo buscar algo entre unos papeles que se encontraban sobre el escritorio ¡oh Dios! ¿por qué era tan difícil olvidarlo? ¿Por qué era tan fácil para él afectarme de esta manera? —La reunión terminó, no tenemos nada de qué hablar.

—Por supuesto que debemos hablar, yo... yo necesito que me escuches, por favor Roza, vamos a hablar, necesito que entiendas que me equivoqué.

—Por enésima vez es Guardiana Hathaway— dije levantando mi voz —Y no, no necesitamos hablar, yo me equivoqué, yo te presioné y no es necesario que te disculpes, lo entiendo, no me amas, tal vez nunca lo hiciste, tal vez todo fue una ilusión, no sientas culpa o pena por mí, yo soy fuerte, tú lo dijiste, superaré esto, te superaré, voy a olvidarte, así que puedes dejar de preocuparte.

—No, tú no lo entiendes, te extraño Roza— dijo tratando de alcanzar mi mano, la cual yo quite a tiempo, su voz reflejando angustia, algo similar a lo que había escuchado en él en la cabaña, después de atacar a Jesse —Yo no...no te he olvidado, no puedo olvidarte Roza— a pesar de que mi propio corazón se contraía en mi pecho al escuchar esa voz, respondí con toda la frialdad de la que fui capaz.

—Oh claro que puedes Belikov, si el amor se desvanece, los recuerdos se evaporan.