Capítulo 16: Celos
Adrián
Dimitri Belikov llegó hecho una furia a la habitación que compartíamos y donde yo me encontraba con Sydney hablando de nuestro próximo encuentro para comenzar con los encantamientos de los elementos de plata que Oksana había recomendado. Se disculpó por interrumpir y entró a nuestro baño dando otro portazo, Sydney y yo nos miramos, esos ojos color ámbar, que me mantenían intrigado desde la primera vez que la vi.
—Rose— dijimos ambos al mismo tiempo sonriendo ante nuestra sincronización, ella comenzó a levantarse de la silla del escritorio donde había estado sentada frente a mí, tomando fuertemente su libreta contra su pecho como si su vida dependiera de ello y con su mano izquierda tocó la cruz que colgaba de su cuello, girándola levemente.
—Debo irme— me dijo sonriendo nuevamente —Necesito saber a cuanto se elevaron los daños ahora.
—Es cierto— dije levantándome del sillón y acompañándola a la puerta —Yo también debo chequear los daños colaterales— comenté mirando significativamente hacia el baño.
—Esos dos, ¿crees que entrarán en razón alguna vez?— me preguntó preocupada.
—Eso espero, todo dependerá de la terquedad de uno y la paciencia del otro supongo— dije sonriendo tristemente, ella me miró pensativa y sonrió también, me gustaba su sonrisa.
—Bueno, entonces después del almuerzo comenzamos nuestra práctica.
—Por supuesto— respondí y la observé mientras caminaba por el pasillo y desaparecía en las escaleras, Sydney Sage era un misterio que me encantaría resolver algún día, pero ahora mismo tenía que evitar que mi guardián se cayera a pedazos en nuestro baño.
—Ya puedes salir— le grite a Belikov cerrando la puerta tras de mí.
— ¿Tienes un trago?— preguntó emergiendo del baño pareciendo completamente miserable, su perfecto cabello todo desordenado, su aura oscurecida.
—Lo siento usuario del espíritu trabajando, no se me permite beber alcohol en horario de trabajo— dije intentando alegrarlo un poco, pero no sirvió mucho, con un gruñido de frustración se tiró en su cama cerrando los ojos y pasando sus manos por su cabello—¿Vas a contarme lo qué paso?
—Ella me odia— dijo abatido —Trate de hablar con ella pero no quiere escucharme.
— ¿Qué le dijiste exactamente?
—Le pedí que habláramos, dijo que no teníamos nada de qué hablar, le dije que me había equivocado y que la extrañaba, que no podía olvidarla.
—Le dijiste lo más importante— él me miró irritado, pero yo continúe —Que la amas que nunca dejaste de hacerlo, que le mentiste porque sentías que no la merecías.
—No me dejo, la hubieses visto, su forma de mirarme, dijo que me olvidaría, que ella era fuerte que me superaría, ni siquiera me dejó acercarme cuando trate de tomar su mano— ahora su voz temblaba —Creo que nunca me había mirado de esa forma, ni siquiera cuando era un Stri... un monstruo y luego... luego llegó el maldito Gabor ese y se fue con él, de la mano con él— estuve a punto de decir alguna cosa como ahora sabes lo que se siente,pero me arrepentí, el hombre estaba desesperado sintiendo como su Roza se le iba de las manos.
— ¿Y tú crees que ellos dos están juntos? ¿Cómo pareja?— pregunté con cautela.
—No, yo sé que no están juntos, no de esa manera, pero es obvio que a él le encantaría que así fuera— dijo irritado, con los celos a flor de piel —Además ella dijo que iba olvidarme, tal vez él pueda ayudarle a hacerlo.
—Belikov mírame, si ella no pudo olvidarte estando conmigo no lo hará con Gabor, sí, el tipo es guapo y tiene sus músculos, pero yo soy mucho más encantador— comenté guiñándole un ojo, él gruño y tiró uno de sus cojines en mi dirección sonriendo un poco.
—Tienes razón, no sobre tus encantos— aclaró sonriendo mientras se sentaba —Ellos no están juntos e incluso si lo estuvieran, yo no vine hasta acá para rendirme, ella no lo hizo cuando estuvo en Rusia o después, yo tampoco lo haré.
—Así se habla— dije dirigiéndome a la puerta, sintiéndome más tranquilo al verlo determinado, en muy poco tiempo este hombre se había ganado todo mi respeto, sabía que su amor por Rose era verdadero a pesar de sus miedos y culpas, también sabía que podía hacerla feliz y yo quería que Rose fuera realmente feliz — ¿Vienes? tenemos que practicar, tal vez puedas enseñarme a estacar usando a Gabor como ejemplo.
Los dos días que siguieron fueron un tormento para Belikov, sí, el hombre estaba determinado, pero Rose no se lo estaba haciendo nada fácil, la mayor parte del tiempo lo evitaba y no le dirigía la palabra, las pocas veces que lo hacía era en un tono frío y desdeñoso y lo peor era que cada vez que tenía cerca a Gabor, se las arreglaba para tocarlo, acercarse a él coquetamente, hablarle al oído, o regalarle una de sus irresistibles sonrisas, llegué a sentir pena por ambos hombres uno era utilizado y el otro torturado y por supuesto el resto del grupo no tardó en darse cuenta, especialmente la guardiana Müller que parecía estar siendo víctima indirecta del juego de Rose. Así que un día me acerqué a Rose para saber que estaba pasando por su cabeza, por supuesto mirando su aura era obvio para mí que Gabor no le provocaba ninguna emoción, había mucho más luz en ella cuando hablaba con Sydney, lo que no me sorprendía en absoluto, ella era especial, yo también lo había notado y en poco tiempo había llegado a admirarla. Mi conversación con Rose no había sido del todo infructuosa, ella reconoció que no sentía nada romántico por Gabor y trató de convencerme de que Belikov ya no le afectaba, lo que por supuesto era una gran mentira, cada vez que su nombre salía en la conversación la luz de su aura aumentaba cambiando a un tono rosa, similar al que yo había visto de vuelta en la corte, en la academia o en el centro de esquí cada vez que estaban cerca uno del otro.
El asunto se había convertido en un tema de conversación recurrente entre Sydney y yo, aunque era probablemente una excusa al menos por mi parte de prolongar mis momentos a solas con ella, ¿Qué me estaba pasando? te gusta , decía la voz en mi cabeza, al principio me negué a creerlo, pensé que solo era curiosidad, algo sobre su aura que cautivaba mi atención, pero luego fueron sus hermosos ojos dorados y después su forma de hablar con tanta pasión de las cosas que le interesaban, me gustaba mucho pasar tiempo con ella y ser capaz de hacerla reír.
Estábamos en una de esa sesiones para encantar objetos de plata, cuando Rose entró algo exaltada
—Encontramos a Donovan— dijo con emoción, el tal Donovan era el último eslabón para llegar a Sonya Karp y por consiguiente al hermano de Lissa. Antes de que Sydney o yo pudiéramos decir algo fuimos interrumpidos por otra voz.
—Hathaway todo listo saldremos en veinte minutos— dijo Danna Müller desde la puerta.
—Excelente, gracias Danna— dijo Rose y luego volteándose a mirarnos continuó —Entonces Sydney lista para salir.
—Claro— dijo Sydney mirándome con preocupación — ¿Qué haremos con Adrián?— no me gustó mucho la pregunta, me hizo sentir como un niño pequeño o una mascota indefensa.
—Ira con nosotros, no vamos a dejarlo solo aquí— dijo Rose sonriendo notando mi incomodidad.
— ¿Belikov va con nosotros entonces?— preguntó Sydney, antes de que pudiera quejarme por estar siendo tratado como un niño desprotegido.
—Por supuesto que va con nosotros es el mejor guardián que conozco, no podemos desperdiciar su talento— dijo Rose despreocupada sin darse cuenta de que tras ella estaban Boris y Dimitri, Boris no pudo esconder su molestia al escuchar el halago a las increíbles habilidades de mi guardián y salió de la habitación sin decir nada, por otro lado Dimitri camino hacia nosotros triunfante
—Gracias guardiana Hathaway, siempre feliz de ayudar— dijo con una sonrisa haciendo sonrojar a Rose
