Capítulo 22: Recuerdos
Sonya
El sentimiento de angustia que apretaba mi pecho y que siguió a una maravillosa sensación de calor infinito que había sentido unos momentos antes me hizo estallar en llanto, de pronto me encontraba en el suelo, siendo reconfortada por un joven moroi de hermosos ojos verdes, por un momento olvidé dónde estaba, esto no parecía el infierno, estaba en una habitación de ladrillos que parecían bastante viejos y polvorientos, había una puerta a un costado y algunos Dhampir en la habitación que nos miraban sorprendidos pero ni el moroi que ahora me abrazaba, ni los dhampir, ni siquiera la humana me miraban con terror, más aún ninguno de ellos me provocaba deseos desesperados por beber de su sangre o acabar con sus vidas solo por diversión. Esa nueva sensación me ocasionó un dolor intenso en el pecho, que nada tenía que ver con la estaca que atravesó mi corazón momentos antes, al ser invadida por millones de imágenes de aquellos horribles días que pasé siendo un despiadado monstruo.
A los pocos minutos el moroi me soltó y me ayudó a levantarme, Rose se acercó a mí y me pidió que los siguiera, yo ni siquiera dude confiaba en ella, así que caminé tras ellos hasta una cómoda habitación y a pesar de que hace mucho tiempo no sentía la necesidad de dormir el sólo hecho de ver la cama me hizo sentirme exhausta, por lo que ni siquiera chisté cuando la humana que ahora reconocí como una alquimista, al reparar en su tatuaje de lirio dorado, me ayudó a recostarme. El moroi se arrodilló junto a la cama cerca de mí y me estudiaba detenidamente, a pesar de la intensidad de su mirada, no me sentí incomoda de ninguna forma y entonces lo supe, él era como yo, él escondía en su interior una magia fuerte y poderosa, que podía llenarte de alegría, pero simultáneamente podía llevarte a la locura, esa fue la magia que el introdujo en mí y por ello ahora tenía mi alma de vuelta, ya no era un monstruo y las palabras que Rose dijo en mi oído tuvieron un nuevo sentido para mí "del sufrimiento nacen las almas más fuertes" recordaba haberle dicho algo parecido a su amiga Vasilisa alguna vez, un poco después del horrible accidente donde murieron sus padres y su hermano, en ese tiempo en que ella estaba descubriendo su magia, quise preguntarle a Rose por ella pero me distraje cuando la alquimista me habló.
—Sonya él es Adrián, él estará un tiempo contigo, así que si quieres preguntarle algo— miró al tal Adrián sonriendo y agregó —Al parecer él posee la misma magia que poseías tú— hablando de magia, me concentré un poco más para saber si algo de ella quedaba en mí y tuve que cerrar mis ojos de pronto, la habitación prácticamente brillaba con las auras de estas personas.
—Sage está en lo cierto— dijo Adrián sonriéndole a la alquimista, su aura iluminándose aún más cuando dijo su nombre —Sí tienes preguntas estaré encantado de responder aquellas que pueda.
—Claro, gracias— fue lo único que atiné a decir, estaba un poco abrumada con la energía que irradiaban ambos, volví a cerrar los ojos, escuché unos pasos acercándose y entonces Rose habló fuerte desde la puerta.
—Camarada, ten cuidado con lo que le aconsejas, no vaya ser que se arrepienta de sus decisiones después— dijo y yo abrí mis ojos justo para ver como el aura del guardián resplandecía por un momento y luego se apagaba al verla salir, volví a cerrar mis ojos y su rostro se vino a mi mente sin permiso, Mikhail.
Mikhail, cuando fui strigoi me irritaba pensar en él, sentía que me hacía débil pensar en mi antiguo amor, al que ya no amaba, porque las criaturas sin alma no pueden amar ¿verdad? pero ahora sus recuerdos eran bienvenidos, recordaba cuando nos conocimos en la universidad, cuando yo estudiaba para convertirme en maestra y él era guardián en ese lugar. La mayoría del tiempo yo estaba sola, era un tanto rechazada por mi magia errática, yo era una de esas raras moroi, que no se había especializado en ningún elemento. Pero él nunca me miró con recelo o con lástima, él me saludaba y sonreía cada vez que me veía y poco a poco comenzamos a acércanos más el uno al otro hasta que me invitó a salir, de ahí en adelante todo fue maravilloso, fuimos amigos, novios, amantes y cuando llegó la hora de separarnos, estábamos demasiado enamorados el uno del otro para hacerlo, así que el renunció a su puesto y yo lo solicite como mi guardián y entonces me siguió hasta la academia San Vladimir.
Mikhail y yo logramos ser felices bastante tiempo, hasta que la locura comenzó a hacerse presente, a veces eran las horribles voces que me advertían sobre el peligro que se cernía sobre mí, sobre todos nosotros, otras veces eran las pesadillas y después de un tiempo eran las ganas incontrolables de destruir, me estaba convirtiendo en algo peligroso y estaba arrastrando a Mikhail conmigo hasta el abismo, no podía permitirlo y una noche después de intentar atacarlo, abrumada por una furia incontrolable lo decidí, me convertiría en un monstruo y así él se olvidaría de mí.
De pronto sentí la angustia invadirme de nuevo, yo estaba de vuelta ahora, pero seguramente él ni siquiera querría verme, habían pasado más de dos años, seguramente me odiaría por lo que hice, convertirme por voluntad propia en un monstruo, tal vez estaría con otra persona, tal vez encontró a alguien que de verdad lo hiciera feliz, no pude evitarlo y lágrimas bajaron por mis mejillas y comencé a sollozar, una mano gentil me sacudió y abrí mis ojos el guardián de ojos marrones me miraba preocupado y me ofreció un vaso con agua, no había sentido sed hasta que vi el agua y tome del vaso con desesperación.
— ¿Tienes hambre?— me preguntó cuándo le devolví el vaso y mirando a mi alrededor me di cuenta que el moroi y la alquimista ya no estaban en la habitación.
—No realmente— dije, secando mi rostro con mi mano donde aún sentía la humedad de mis lágrimas.
— ¿Estabas soñando?— preguntó pasándome una caja de pañuelos ante lo cual le sonreí.
—Más bien recordando— dije mirándolo con atención y entonces lo entendí, al ver los rastros de oscuridad que opacaban su aura —¿Tú también eras como yo?¿ fuiste u…un monstruo?— él asintió y luego sin necesidad de pedírselo comenzó a contarme su historia, sobre cómo fue convertido, cómo Rose fue tras él, cómo la mantuvo cautiva, cómo la persiguió para matarla y cómo ella terminó salvándolo y restaurando su alma, nunca mencionó que sucedía algo romántico entre ellos, pero era obvio para mí cada vez que la mencionaba —¿Tú también la veías? ¿A ella? ¿Rose?— pregunté, él me miró confundido —Cuando fuiste restaurado y tratabas de dormir, yo lo veía a él, lo recordaba, hace unos momentos.
—SÍ— dijo suspirando —Las primeras horas después de la restauración recordé algunos momentos...especiales que vivimos juntos y por un momento me sentí feliz porque podría volver a verla, pero luego la realidad de lo que le hice en Rusia, volvió a mí y estaba seguro de que ella me odiaría, me aborrecería, pensé que no soportaría ver en sus ojos su desdén, su desprecio y decidí que era mejor mantenerme alejado— sonrió brevemente y continuó —Por supuesto ella no lo hizo nada fácil para mí.
—Bueno, Rose Hathaway no es de esas que facilita las cosas— comenté y él se rió.
—Créeme lo sé— dijo y cerró sus ojos que se habían humedecido un poco.
— ¿Por qué no se lo explicas?
—Lo haría, si quisiera escucharme.
—Yo sé que lo hará, es obvio que hubo algo importante entre ustedes y si deseas recuperarlo debes luchar hasta el final, es lo que ella hizo ¿no? agotó todas sus fuerzas para recuperarte ¿verdad?— él asintió y una lagrima rodó por su mejilla.
—Y se suponía que yo sería quien te ayudaría— me dijo sonriendo mientras se levantaba —Sólo puedo darte un consejo Sonya, no te rindas antes de empezar y abraza esta nueva oportunidad que te regala la vida, lo que hiciste, no eras tú cuando lo hiciste y aunque al principio te cueste, no puedes llenar tu vida de culpa, no si quieres ser feliz y hacer feliz a otros, puede que para mí sea tarde, no dejes que sea tarde para ti también.
—Del sufrimiento han emergido las almas más fuertes, las almas más fuertes se forman a base de cicatrices— dije y él me miro levantando una ceja —Es lo que Rose me dijo en el sótano, antes de la parte mágica— él sonrió con orgullo su aura iluminándose aún más y dijo
—Descansa Sonya, lo necesitas, yo me quedaré a tu lado por si necesitas algo— dijo sentándose en un pequeño sillón con un libro en sus manos.
Unos minutos después me dormí pensando en Mikhail y en lo feliz que me sentía, a pesar de toda la culpa, por la nueva oportunidad de verlo.
Nota: Gracias a todas por el apoyo, se vienen más avances pero aún habrá algunos obstáculos en el camino, cariños.
