Capítulo 30: Cercanía

Rose

Lissa y yo pasamos la noche juntas hablando de cosas tristes, alegres, molestas y esperanzadoras, hablar con ella largamente me hizo recordar todas aquellas cosas que vivimos en nuestra niñez y no pude evitar sentir nostalgia, de ese tiempo cuando nuestras únicas preocupaciones eran cosas como hacer deberes o no hacerlos en mi caso, cuál era el chico más guapo de la clase, quién era una completa perra engreída o qué vestido usar para opacar a la maldita perra engreída. Ahora no había duda de que la adultez nos había alcanzado inevitablemente.

No había visto a Dimitri desde la noche anterior cuando salimos de casa de Christian después de darle la noticia a Lissa sobre la existencia de su media hermana. Caminamos juntos a la residencia de Adrián, donde hablé brevemente con Sydney y después de cerciorarme de que todo estaba bien, Dimitri me acompañó a mi departamento, no hablamos de nosotros, sino de las cosas que habíamos logrado en la misión y lo que estaba por venir y él me comentó que saldría de la corte al día siguiente, ya que Sydney debía reportarse en el centro alquimista de Pensilvania y Adrián la acompañaría como representante de la reina.

—Muy amable de su parte ofrecerse a acompañarla— dije sonriendo.

—Él está en serio interesado en ella— comentó Dimitri.

—Lo sé, es una pena.

— ¿Celosa?

— ¿Qué?— pregunté riendo, pero Dimitri estaba mortalmente serio, así que deje de caminar y lo miré con curiosidad — ¿En serio crees que estoy celosa?

—Él fue importante para ti, estuvo contigo cuando yo no pude— dijo Dimitri con inseguridad.

—Corrección él es importante para mí, él estuvo ahí es cierto, esperando que yo le diera una oportunidad que en realidad nunca tuvo y aunque llegué a quererlo mucho nunca fue de la forma que él deseaba, pero siempre tendrá un lugar importante en mi corazón y en mi vida.

—Lo sé— dijo Dimitri acercándose a mí y tomando mis manos —Y aunque debo reconocer que sí me sentí celoso cuando supe de su relación, me alegra que haya estado ahí para ti, es un buen hombre y merece ser feliz.

—Cierto, me gustaría que él y Sydney pudieran estar juntos.

—Por supuesto que pueden— dijo y yo lo mire confundida —No deben según nuestras reglas, sin embargo si algo he aprendido es que puedes perder tiempo valioso preocupándote por las reglas, en especial cuando te alejan de la persona que amas— y entonces sin ninguna advertencia una de sus manos estaba en mi cintura y sus labios se posaron en los míos.

Al principio el beso fue casto y dulce pero rápidamente fue aumentando en intensidad, Dimitri me tenía atrapada contra el muro de mi edificio, nuestros cuerpos tocándose completamente, mis brazos rodeando su cuello, su dedos jugando peligrosamente con el borde de mi camiseta, enviando ondas de calor por todo mi cuerpo sólo al rozar mi piel con sus dedos, eso fue hasta que unas voces acercándose nos obligaron a separarnos. A pesar de la interrupción Dimitri no se alejó completamente de mí, con su mano aún en mi cintura apartó un poco su cuerpo del mío en una postura menos comprometedora pero claramente íntima, una hermosa sonrisa iluminaba su rostro y sabía que mi expresión era similar, mi corazón saltaba en mi pecho y sentí que me sonrojaba bajo su intensa mirada, un par de guardianes salían de mi edificio conversando, miraron por un momento en nuestra dirección y continuaron su camino, yo estaba sin palabras en parte por el ardiente beso y lo maravilloso que se sentía volver a tener esa conexión con Dimitri, cuando solo semanas atrás pensaba que lo nuestro ya no tenía remedio, pero más aún por el hecho de que no pareciera importarle demostrar su afecto hacía mí en público, en un lugar como la corte, El Dimitri Belikov que yo conocía era bastante más reservado, claro tampoco es que pudiera demostrar su interés públicamente porque nuestro amor era absolutamente inapropiado ante los ojos del mundo, especialmente cuando todavía era su estudiante. Caminamos de la mano hasta mi puerta y nos despedimos más recatadamente, con la promesa de que después de volver de Pensilvania nos reuniríamos a conversar, esta vez de nosotros, estaba segura que era la primera noche desde que lo perdí en las cuevas en que me sentía completamente feliz.

La mañana siguiente paso rápido, la reunión de la reina y Lissa con los Mastrano fue corta y quedó estipulado que se pediría una sesión extraordinaria del consejo, la cual sería llevada a cabo en dos días. Almorcé con Lissa y Christian en su departamento y luego tuve que dirigirme a una reunión con Hans Croft. Hans había sido informado sobre la próxima visita de los miembros del consejo y me informó que era probable que programaran el juicio de Tasha para los días siguientes a la sesión del consejo, ya que era necesario que estuvieran todos los representantes de la realeza Moroi para procesar los crímenes de Tasha y sus cómplices. Esta noticia hizo pesar mi corazón, Tasha era culpable de traición, el castigo para ese crimen era la muerte y el pensar que la primera tarea de Lissa como miembro legítimo del consejo seria enjuiciar a la única familia de Christian era aún peor. Debía decirles pero no de inmediato, Lissa ya había tenido que soportar bastantes emociones estos días así que postergaría la noticia unas horas. Caminé a mi departamento a ponerme ropa cómoda y me dirigí al gimnasio para hacer algo de ejercicio.

Llevaba un poco más de una hora ejercitando cuando sentí sus ojos en mí, era extraño considerando que había bastante gente en el lugar, pero sabía que era él, me volteé y lo vi caminando hacia mí, le sonreí y tomé un sorbo de mi botella de agua.

—Me imagine que te encontraría aquí— dijo inclinándose para besarme levemente en los labios.

—Yo no me acercaría mucho si fuera tú— le dije refiriéndome a mi estado sudoroso, él se rió.

—Oh Roza ésta no es la primera vez que estoy contigo cuando ejercitas.

—Es cierto, pero no solías acercarte tanto— él se acercó aún más y tomó mi rostro entre sus manos.

—Eso era porque tú solías acercarte más que suficiente— entonces me acerqué más a él y lo besé, él me rodeo por la cintura de inmediato y respondió al beso con ardor, pronto un par de personas aclararon su garganta y tuvimos que separarnos.

— ¿Eso fue lo suficientemente cerca para ti?— pregunté, él solo se rió y tomó mi bolso, caminamos juntos hacía la salida y no pude evitar escuchar algunos comentarios malintencionados sobre nosotros, me molesté un poco, pero decidí que no dejaría que estropearan mi buen humor. Dimitri no dijo nada tampoco así que era claro que él tampoco deseaba que arruinaran nuestro momento.

Él me acompañó hasta mi edificio y hablamos principalmente de su visita al centro alquimista con Adrián y Sydney, cuando llegamos a mi departamento lo invité a pasar pero el declino la oferta y dijo que me esperaría en su departamento en una hora para cenar.

— ¿Es una cita?— pregunté.

—Lo es— dijo y besó mi mejilla —Te veo en una hora Roza.

Una hora después caminaba hacia el edificio de Dimitri cuando me encontré con Eddie, que se encontraba con Mia y Jill.

— ¿Pero si no es la gran Rose Hatthaway?— preguntó Mía acercándose para darme un abrazo.

—La inigualable— contesté sonriendo mientras le devolvía el abrazo, luego me acerqué a saludar a Eddie y Jill — ¿Cómo has estado?— le pregunté a esta última tomando su mano.

—Bastante bien, estamos retomando el asunto de practicar nuestra magia y Eddie nos está enseñando a luchar.

—Siempre feliz de ayudar— dijo Eddie sonriendo —Tú te ves bastante bien ¿alguna cita ardiente?— preguntó tomando mi mano y haciéndome girar para él. Llevaba unos leggins azul claro y una blusa blanca con mangas largas de encaje, zapatos de tacón alto del mismo color y mi chaqueta de cuero negra, con mi pelo suelto y un poco de maquillaje, para resaltar mis ojos y mis labios.

—Tal vez— dije mirando mi reloj, por supuesto ya iba con algunos minutos de retraso —De hecho ya voy atrasada— comenté nerviosa.

—Tranquila, seguro a Belikov no le importará, él sabe que ser puntual no está dentro de tus mejores cualidades— lo golpeé en el brazo y él hizo un gesto de rendición.

— ¿Belikov?— preguntó Mía y yo sólo sonreí—Pero... ¿cómo? ¿Cuándo?

—Lo siento pero no puedo contar nada ahora, voy atrasada, los veré pronto, los quiero— dije y me alejé en dirección al departamento de Dimitri.

—No te dejaré en paz hasta saberlo todo— gritó Mía tras de mí, yo me giré y levante mis pulgares dejándola saber que entendí el mensaje, luego seguí mi camino.

Llegué al departamento con casi quince minutos de retraso, cuando Dimitri abrió su puerta en seguida me disculpé.

—Juró que iba a llegar puntual, pero me encontré con Eddie, Mía y Jill en el camino— él sólo me sonrió y se hizo un lado para dejarme pasar, el aroma al interior del lugar era exquisito, Dimitri había cocinado para mí y había puesto la mesa con cuidado, con una pequeña vela encendida y unas hortensias blancas en un pequeño florero. Me giré para hacer un comentario sobre su lado romántico hasta ahora escondido, pero él capturó mi boca con la suya antes de que pudiera hablar. Después de cenar y conversar de mil cosas diferentes llegó la hora de la verdad, así que Dimitri tomó mi mano y nos dirigió hacia el sofá.

—Antes de empezar...— dijo con seriedad—Quiero que sepas que te amo Roza y sea lo que sea que decidas sobre nosotros, eso nunca cambiará.