Capítulo 31: Promesas

Dimitri

El viaje a Pensilvanya transcurrió sin contratiempos, fue bastante interesante ingresar a una instalación alquimista con sistemas modernos de alta seguridad, pero personas con creencias tan arcaicas que parecían pensar que con sólo mirar en nuestra dirección arderían en llamas, gracias a Dios las personas que nos recibieron se mostraron un poco menos exageradas que las que circulaban por el lugar. Durante la Reunión Sydney y Adrián fueron prácticamente interrogados por un par de alquimistas a cargo del departamento de operaciones Moroi, mientras yo me sentaba a vigilar desde un sillón cercano, no existía posibilidad de que alguno de ellos atacara a Adrián el vampiro o a Sydney la humana, con una malvada criatura de la noche como yo vigilando de cerca, en especial considerando el terror que nos tenían, así que me relajé un momento y mi mente enseguida vagó hacia mi Roza.

Desde el beso en casa de los Mastrano, mis pensamientos estaban repletos de ella pero de una buena manera, de una excelente manera en realidad, no con la angustia de hace unos días en que mis temores de perderla me llevaron a pensar que tal vez se estaba enamorando de Boris Gabor y que finalmente me olvidaría para siempre. Sabía que la conexión física entre nosotros seguía latente, lo había comprobado nuevamente anoche después de darle la noticia a Lissa sobre la existencia de su media hermana, cuando la acompañaba a su departamento y la besé fuera de su edificio y sentí su apasionada respuesta llena de amor y deseo, por supuesto que aún teníamos una conversación pendiente y esta noche pensaba invitarla a mi departamento a cenar esperando que pudiéramos hablar por fin de nosotros.

Después de volver a la corte busqué a Rose en el gimnasio y la acompañé hasta su edificio, antes de despedirnos le hice la invitación y ella aceptó. Era por esa razón que ahora me encontraba preparando una sencilla cena para la que sería algo así como nuestra primera cita, miré el reloj mientras escurría los fetuccini y terminaba de preparar la salsa alfredo, Roza debía llegar en 5 minutos, había conseguido unas hortensias y las coloque en un pequeño jarrón en la mesa, antes de dirigirme a mi habitación para cambiarme. Unos minutos después estaba sentado en mi sofá mirando fijamente a la puerta, sabía que Rose hathaway jamás era puntual pero ya llevaba más de diez minutos de atraso y comencé a pensar que tal vez ella se había arrepentido, tal vez ella ya no quería hablar de nosotros, tal vez finalmente se dio cuenta que no la mereces,dijo la voz que me atormentaba siempre que sentía que la perdería, estaba dejando que la angustia se apoderara de mi pecho cuando finalmente golpearon a mi puerta.

Rose estaba ahí con una hermosa sonrisa en su rostro, prácticamente no escuché sus disculpas sobre haber sido retrasada por sus amigos, estaba tan feliz de que estuviera ahí que prácticamente la devoré cuando entró en mi departamento y cerré la puerta.

— ¿Quién eres y que hiciste con el estoico Dimitri Belikov?— preguntó con picardía mientras besaba su cuello, reí y ella tembló levemente cuando las vibraciones alcanzaron la piel de su cuello.

—Descubrió que ya no quiere controlarse cuando está cerca de ti— dije volviendo a besar sus labios, esta vez con suavidad y tomando su mano la acompañé hasta la mesa.

La cena transcurrió con normalidad con Rose alabando mi comida, riendo y llenándome de besos cuando puse en la mesa donas de chocolate como postre, cuando terminé de lavar todo después de discutir con Rose que insistía en ayudarme, nos dirigimos al sillón para hablar, por supuesto hubiera preferido solo besar a Rose y perderme en todas las sensaciones que ella me provocaba, pero no podía seguir retrasando lo inevitable, sabía que ella ya no confiaba en mi cien por ciento, como hacía antes de las cuevas y no la culpaba, la había herido demasiadas veces, entonces solo me quedaba aclarar las cosas con ella, debía contarle todos mis errores, abrirle mi corazón como hice antes, sólo así ella volvería a creer en mí.

—Antes de empezar... — dije seriamente —Quiero que sepas que te amo Roza y sea lo que sea que decidas sobre nosotros, eso nunca cambiará.

—Dimitri yo...—comenzó a interrumpirme.

—No Roza, necesito que hablemos, necesito que me escuches— ella asintió —Hace un año cuando recién te conocí en Portland y descubrí lo valiente y decidida que eras supe que serias importante en mi vida, al principio fue por razones profesionales porque ese potencial que tú tenías nos ayudaría a mantener segura a Lissa, pero rápidamente se fue convirtiendo en algo más y me odié a mí mismo por permitirme sentir lo que sentía, por querer abrazarte y besarte cada vez con más vehemencia y después del encantamiento de lujuria, por recordar noche tras noche tu cuerpo contra el mío, la suavidad de tu piel, tu aroma— el sólo recordarlo mandaba ondas de calor a todo mi cuerpo, Rose me miraba en silencio un exquisito rubor en sus mejillas que me hacía querer revivir el bendito hechizo aquí y ahora especialmente cuando mordía su labio de esa manera, aclaré mi garganta y continué —Pero no podía evitarlo, una parte de mi estaba feliz al saber que tú también sentías algo por mí, la otra solo se culpaba de que las cosas hubiesen llegado tan lejos, consideré incluso pedir que alguien más tomara mi lugar como tu mentor, pero no quería renunciar a verte, a estar cerca de ti, aunque fuera guardando mi distancia. Cuando me di cuenta de que no podía dejar de pensar en ti, cuando finalmente acepté que lo que me sucedía contigo no era solo un absurdo enamoramiento si no algo más fuerte, llegó la oferta de Tasha.

—¿En serio lo consideraste, verdad?¿dejarme?— preguntó Rose con tristeza en su voz, sus ojos anegados en lágrimas que se negaba a derramar, los míos también se humedecieron un poco, el pensar en dejarla fue doloroso para mí, pero estaba dispuesto a hacerlo porque era lo correcto.

—Lo hice— confesé —Cuando estabas con Mason y a pesar de que me dolía verte con otro, pensaba que él podía hacerte feliz... pero luego apareció Adrián y... bueno no podía solo dejarte bajo sus garras.

—Entonces fue algo bueno que apareciera— dijo Rose sonriendo divertida.

—Lo fue, por muchas razones— dije —En fin Spokane lo cambió todo, después que te encontramos me juré a mí mismo que jamás te dejaría porque me di cuenta de que te amaba y de que si tú sentías lo mismo, encontraríamos la forma de que funcionara, por supuesto también me prometí a mí mismo que no cruzaríamos ninguna línea y que respetaríamos todas las reglas de la academia, hasta tu graduación, eso fue hasta el episodio con Jesse, cuando sentí que podía perderte de nuevo...entonces ya nada importó solo tú y yo, ni las reglas, ni nuestra diferencia de edad, ni Lissa.

— ¿Te arrepentiste alguna vez, de lo que pasó en la cabaña?— preguntó Rose con inseguridad.

—Jamás— dije con firmeza, no entendía como ella podía pensar algo así.

—Lo pensé sabes, después de la iglesia, pensé que tal vez te arrepentías de lo que sucedió entonces o qué todo había sido una mentira, que tú nunca sentiste lo que decías por mí, qué en realidad nunca me amaste y por eso ya no soportabas que me acercara a ti— ahora algunas lágrimas caían por sus mejillas, me apresuré a secarlas con mi dedo y tomé su barbilla obligándola a mirarme, mis propias lágrimas amenazando con desbordarse.

—Escúchame Rose Hathaway, nunca me he arrepentido de lo que sucedió en la cabaña, jamás mentí sobre lo que sentía, sobre lo que aún siento por ti, lo único que lamento fue haberte alejado de mí, no era lo que deseaba, después de recuperar mi alma lo primero que quise fue verte, eso fue hasta que dormí por primera vez y mis pesadillas comenzaron, ellas estaban repletas de los rostros de las personas que asesiné y de la mujer que amaba convertida en una adicta a la mordida de vampiro— ella quiso interrumpirme pero no la dejé —No quería verte porque cuando lo hacía veía aquello en lo que te convertí cuando eras mi prisionera en Rusia y esos recuerdos hacían que me aborreciera a mí mismo por no haber sido capaz de protegerte de mí mismo, sé que dirás qué no fue mi culpa, qué yo no tenía alma, qué no era yo, pero aun así yo me sentía responsable, pero en lugar de buscarte, de hablarlo, te alejé de mí, cuando debería haberte recibido de vuelta en mi vida con los brazos abiertos, porque tú eres lo más maravilloso que me ha sucedido, te amo ¿me escuchas? te amo y quiero que seas parte de mi vida para siempre— cuando terminé de hablar mis propias lágrimas corrían por mis mejillas al igual que las de Rose.

—Te extrañé tanto— dijo Rose entre sollozos mientras besaba mi rostro humedecido —Te amo Dimitri Belikov y también quiero que seas parte de mi vida para siempre— me aseguró y cuando escuché esas palabras supe que haría lo que fuera para hacerla feliz, para ver feliz a mi amada Roza.