Capítulo 32: Complicaciones

Rose

A medida que Dimitri hablaba, mi corazón se apretaba más y más en mi pecho, había demasiada emoción en su voz y esos ojos que adoraba estaban clavados en los míos, suplicantes y llenos de amor, nunca en el tiempo que lo conocía lo había visto dejar caer así su máscara, excepto tal vez en nuestra noche en la cabaña y el día de su restauración cuando lloró en los brazos de Lissa.

Después de escucharlo contar desde su punto de vista algunas partes de nuestra historia y confesar que en varias ocasiones había sentido que debía alejarse de mí, comencé a recordar mis dudas sobre sus verdaderos sentimientos por mí, de pronto me sentí muy insegura y no pude evitar preguntar

— ¿Te arrepentiste alguna vez, de lo que pasó en la cabaña?

—Jamás— dijo él con firmeza, pero pude notar que mi pregunta lo hirió un poco.

—Lo pensé sabes, después de la iglesia, pensé que tal vez te arrepentías de lo que sucedió entonces o qué todo había sido una mentira, que tú nunca sentiste lo que decías por mí, qué en realidad nunca me amaste y por eso ya no soportabas que me acercara a ti— las lágrimas comenzaron a caer por mis mejillas y él acercó su dedo para secarlas, tomó mi barbilla obligándome a mirarlo a los ojos que estaban húmedos con lágrimas no derramadas.

—Escúchame Rose Hathaway— dijo sin dejar de mirarme —Nunca me he arrepentido de lo que sucedió en la cabaña, jamás mentí sobre lo que sentía, sobre lo que aún siento por ti, lo único que lamento fue haberte alejado de mí, no era lo que deseaba, después de recuperar mi alma lo primero que quise fue verte, eso fue hasta que dormí por primera vez y mis pesadillas comenzaron, ellas estaban repletas de los rostros de las personas que asesiné y de la mujer que amaba convertida en una adicta a la mordida de vampiro— quise decir algo pero no me dejo —No quería verte porque cuando lo hacía veía aquello en lo que te convertí cuando eras mi prisionera en Rusia y esos recuerdos me hacían aborrecerme por no haber sido capaz de protegerte de mí mismo, sé que dirás qué no fue mi culpa, qué yo no tenía alma, qué no era yo, pero aun así yo me sentía responsable, pero en lugar de buscarte, de hablarlo, te alejé de mí, cuando debería haberte recibido de vuelta en mi vida con los brazos abiertos, porque tú eres lo más maravilloso que me ha sucedido, te amo ¿Me escuchas? Te amo y quiero que seas parte de mi vida para siempre— cuando terminó de hablar sus propias lágrimas corrían por sus mejillas al igual que las mías y entonces lo comprendí este era mi Dimitri, el Dimitri que había decidido meses atrás aceptar nuestro amor y luchar por él y que un giro del destino me había arrebatado en las cuevas, pero ahora de alguna manera después de todo el horror, la culpa y el rechazo estábamos juntos nuevamente y eso era todo lo que importaba, al menos en ese momento.

—Te extrañé tanto— dije entre sollozos besando su rostro una y otra vez —Te amo Dimitri Belikov y también quiero que seas parte de mi vida para siempre. Él suspiro aliviado y me regaló una hermosa sonrisa antes de besarme con fuerza.

—Mi Roza— dijo él cuando nos apartamos para respirar y comenzó a jugar con mi cabello, mirándome con adoración —Eres tan, tan hermosa.

—Camarada, ¿estás seguro que no estás hablando de mi cabello?— Bromeé.

—Sí Roza, tu cabello es hermoso, toda tú eres hermosa, tan hermosa que duele— dijo en un tono seductor mientras me tomaba por la cintura y me recostaba en el sofá posicionándose sobre mí, mis manos inmediatamente se aferraron a su cuello y mis labios fueron atrapados por los suyos. Rápidamente la temperatura de nuestras acciones fue en aumento, sus manos viajaban libres por debajo de mi blusa hasta detenerse justo en el broche de mi sujetador, él se detuvo por un momento para mirarme a los ojos y pedir mi permiso y yo no pude evitarlo y dije haciéndome la ofendida

— ¿Qué te hace pensar que soy de esas chicas que van a todo en la primera cita?— dije jugando con él, aunque por un momento pensé que mi broma arruinaría el momento y mordí mi labio sintiendo la mirada seria de Dimitri sobre mí.

—Pensé que podía tener suerte en la primera cita, Roza— la forma en que dijo mi nombre con su sensual acento más cargado me hizo estremecer, él lo notó y sus labios estaban en los míos nuevamente, automáticamente mis piernas rodearon su cintura y sus labios bajaron lentamente por mi cuello. Dimitri no perdió tiempo se levantó del sofá y manteniéndome agarrada a él con mis piernas rodeándolo me llevó a su habitación. Estábamos sobre la cama, él quito mi blusa y yo saqué su camiseta, acariciando su exquisita piel mientras lo hacía, nuestros labios estaban moviéndose en sincronización nuevamente cuando su teléfono sonó interrumpiéndonos, Dimitri maldijo en ruso, pero no hizo ningún movimiento para responder, sin embargo como siguió sonando era difícil concentrarse. Él beso mis labios como disculpa y me dejó tendida en la cama para contestar.

—Belikov— dijo contestando el teléfono, mientras se sentaba en la orilla de la cama —Es el guardián Croft— me dijo en un susurro y yo me acerqué a él en silencio apoyando mi cabeza en su regazo, Dimitri acariciaba mi cabello y seguía hablando con el guardián sobre la visita a los alquimistas, de pronto el suave toque de mi amado y su apacible voz lograron relajarme a tal punto que mis ojos se cerraron y entonces me encontré de frente a Adrián en un sueño espiritual.

—Rose, al fin— dijo frenéticamente, sus ojos estaban irritados y con profundas ojeras y enseguida me sentí alarmada, Adrián no parecía mal la última vez que lo vi y muy pocas veces me llamaba por mi nombre.

— ¿Qué sucede?

—Es Sydney, él la tiene, él se la llevó— respondió angustiado.

— ¿Quién se la llevó? Adrián me estás asustando.

—Mi padre, él nos descubrió besándonos, se puso como loco, comenzó a insultarla y yo salí en su defensa y cuando le dije que la amaba, me golpeó, dijo que era una vergüenza para la familia y la arrastró hasta una habitación para encerrarla, por favor Rose ayúdala, tienes que ayudarla, trate de alcanzarla en un sueño pero no pude— Adrián estaba desesperado y sus ojos brillaban con lágrimas contenidas —Por favor Rose, si él la lleva con los alquimistas, la castigarán, la torturaran por involucrarse con alguien como yo.

—Está bien Adrián la ayudaré, encontraremos una forma para hacerlo, pero primero necesito que te calmes un poco ¿por qué no llamas a la reina y le dices lo qué sucede? así tendremos algo más de apoyo, recuerda que nosotros no deberíamos atacar a un Moroi y mucho menos a uno de la realeza.

—No puedo, él tiene mi teléfono y además tal vez ella este de acuerdo con él, tal vez tampoco entienda que la amo— dijo mirando sus manos que temblaban, me acerqué a él y tomé sus manos.

—Adrián tienes que estar tranquilo, sé que no es fácil pero debes hacerlo por ella, debes intentar nuevamente alcanzarla en un sueño y decirle que todo saldrá bien que nosotros no permitiremos...— en ese momento el entorno del sueño comenzó a desvanecerse, me estaba despertando, Dimitri me estaba despertando —Dile que Rose Hathaway no permitirá...— y así Adrián se desvaneció ante mis ojos.

Me encontraba ahora tendida en la cama de Dimitri y él me miraba con una expresión que no pude descifrar, yo estaba a punto de decirle que necesitábamos salir inmediatamente a buscar ayuda para Sydney, pero no pude, Dimitri parecía herido y no sabía la razón, hasta que dijo fríamente

— ¿Vas a contarme qué era lo qué soñabas con Adrián?