Capítulo 34: Luchas
Adrián
Jamás imaginé que me enamoraría de una humana, hasta que Sydney Sage apareció en mi vida, todo comenzó de una manera bastante inocente, al menos para mis estándares, ella me ayudaba mientras yo encantaba objetos de plata y al principio nuestras reuniones de trabajo, eran solo eso, trabajo, su aura fue lo primero que me llamó la atención había visto algunas auras similares, en las que a veces se veía algo de purpura, pero la de ella brillaba intensamente cuando descubría algo que podía ayudarnos con nuestra misión, era hermoso mirarla cuando trabajaba, su manera de ser tan responsable y profesional en lugar de aburrirme me intrigaba, especialmente cuando comencé a notar la pasión con la que realizaba todo y por supuesto también estaban esos hermosos ojos casi dorados que parecían llegar directo hasta mi alma cuando nos mirábamos. De pronto descubrí que era verdad lo que Rose me había dicho, que cuando en realidad amara a alguien querría ser digno de ella, que desearía merecerla y entonces supe que estaba perdido.
Las relaciones amorosas entre humanos y vampiros habían dejado de practicarse al menos de manera aprobada por nuestro mundo. Hace siglos atrás era algo común y de ellas habían surgido nuestros protectores los Damphir, pero en este siglo era un tabú, mi familia jamás lo consentiría y aunque en realidad eso no me importaba tanto, considerando que mi padre jamás aprobaba nada de lo que hacía, la espantosa reacción que podrían tener los alquimistas y que ponía en peligro la vida de Sydney me aterraba. Pase noches enteras mientras estábamos en kentucky sin poder dormir tratando de convencerme a mí mismo de que era algún tipo de capricho, hasta que comencé a dibujar de nuevo, a dibujarla a ella, habían pasado casi dos años desde que me había sentido realmente inspirado y entonces lo supe Sydney Sage se había convertido en mi musa y no estaba dispuesto a renunciar a ella.
Ella sabía que lo nuestro no podía ser, pero podía ver que también comenzaba a sentir algo por mí, de pronto no solo era yo el que estaba perdido, ambos lo estábamos y lo sucedido esta noche era la prueba que necesitábamos para entenderlo. Desde que llegamos a la corte ella se estaba quedando en mi casa debido a que mi tía la reina aún necesitaba que ella estuviera presente cuando se diera a conocer el quórum de Lissa ante los miembros de la corte real. Habíamos acordado después de esa noche cuando la besé en la casona, cuando le dije lo que sentía y se durmió en mis brazos, que no volvería a tocar el tema, ella estaba confundida y aterrada y aunque era duro para mí alejarme le prometí que no volvería a hablar de mis sentimientos, así que cuando la traje a mi casa lo hice como un amigo, como un representante de la corona y estuvo bien hasta que volvimos del viaje a la instalación alquimista. Mi madre no estaba así que me ofrecí para hacerle de cenar, comencé a preparar unos sándwiches de pollo grillado y vegetales que eran mi especialidad y ella estaba sentada en uno de los sofás con las piernas cruzadas escribiendo algo en un cuaderno, note que en ocasiones dejaba de escribir y llevaba inconscientemente el lápiz a su boca mientras pensaba, me encantaba mirarla cuando estaba concentrada y ahora no era la excepción, ella lo notó, se levantó sonriendo del sofá y caminó hacía donde yo estaba terminando de preparar nuestra cena, me concentré lo suficiente para notar la luz que rodeaba su aura cuando me miraba y que estuvo iluminándose toda la noche, era igual de luminosa que la de Rose cuando estaba cerca de Dimitri y aunque no quise mantener mis esperanzas muy altas considerando todo lo que estaba en nuestra contra me sentí feliz de saber que ella me correspondía, por supuesto yo estaba dispuesto a sacrificar cualquier cosa por su bienestar y mantendría mi promesa de ser solo amigos no importaba cuán difícil fuera, en esos momentos no pude evitar pensar en lo tormentoso que había sido para Dimitri tratar de enterrar sus sentimientos por Rose cuando estaban en la academia. La cena terminó y mientras terminábamos de lavar los platos todo cambió.
—Entonces ¿qué se supone que haremos?— preguntó de pronto —Sí queremos estar juntos, pero no podemos ¿Qué se supone que hacemos con lo que sentimos?— su tono de voz suplicaba una respuesta, que yo no tenía, ¿qué podía decirle? ¿Huir? ¿Vivir con los vigilantes? ¿Olvidarnos el uno del otro?
—Me encantaría tener la respuesta Sydney, pero no la tengo, yo no sé lo que debemos hacer, no voy a mentirte, se perfectamente lo que me gustaría hacer, pero no podemos, tú lo dijiste, que no debemos estar juntos, tú me nombraste una por una todas las razones, por las que no...— Dije suspirando sin dejar de mirarla a los ojos —Las razones por las que no debemos amarnos.
—Entonces eso es todo, solo te rendirás, sin haber luchado siquiera— su tono era de reproche, ella quería luchar, estaba dispuesta a luchar por lo nuestro, lo que decía era tan inesperado que no pude reaccionar, ella comenzó a caminar saliendo de la cocina y entonces yo la alcancé la tomé por el brazo y la acerqué hacia mí hasta que mis labios estuvieron sobre los suyos, por unos minutos todo fue perfecto ella correspondió el beso con fervor y yo estaba completamente perdido en la sensación de su cuerpo pegado al mío, sus dedos enredándose en mi cabello que no lo oí cuando entró, no pude hacer algo hasta que fue tarde, mi padre Nathan Ivashkov llegó y comenzó a gritar enfurecido mi nombre, insultó a Sydney acusándola de querer involucrarse conmigo por mi apellido y mi dinero, cuando le dije que parara, que no tenía ningún derecho a tratarla así comenzó a reírse.
—Vaya, vaya, ahora este es tu nuevo capricho, una alquimista, no te bastó con involucrarte con la problemática damphir esa, pues te diré algo, deberías llevarla a la cama de una vez y sacarla de tu sistema, seguramente te dejara morderla mientras se lo metes, son todas iguales, damphir y humanas son todas unas putas.
— ¡Basta! deja de insultar a la mujer que amo— grité con furia, el rió aún más fuerte y se abalanzó sobre Sydney que estaba a mi lado agarrada de mi brazo, cuando note que se acercaba a ella la empujé tras de mí escudándola con mi cuerpo y entonces me golpeó, su puño vino directo a mi mandíbula, rompiendo mi labio.
—No te atrevas a decir eso de nuevo— me amenazó.
—La amo, amo a una alquimista, amo a Sydney Sage— grité nuevamente — ¿Qué harás para impedir que estemos juntos?
—La entregaré a los alquimistas, para que la castiguen como se merece, no volverás a verla jamás.
—Sobre mi cadáver— dije y su puño volvió a caer en mi cara, esta vez haciendo que mi nariz sangrara, su segundo golpe conectó con mi estómago haciéndome doblar mi cuerpo y soltar mi agarre de Sydney, eso fue todo lo que necesitó para llegar hasta ella, sin poder hacer nada lo vi agarrarla del brazo y arrastrarla hasta el sótano, todo el tiempo ella gritaba mi nombre, era un maldito inútil, le devolví su alma a una strigoi, la estaqué en el corazón y no podía defender a la mujer que amaba. Corrí a la cocina para tomar mi teléfono y poder llamar a alguien para pedir ayuda, pero mi padre había vuelto del sótano y llegó hasta el aparato antes de que yo pudiera tomarlo.
—¿Esto quieres?— preguntó fríamente —Sera mejor que no intentes nada o voy a tener que probarte que es una zorr— antes de que terminara de hablar le lancé una patada a las costillas con toda mi fuerza se tambaleó un poco pero cuando se recuperó me tomó por el cuello de la camisa —Si vuelves a tocarme tu preciosa humana sufrirá las consecuencias ¿Lo entiendes?— yo solo asentí con mi cabeza —Ahora sube a tu habitación y no salgas si no quieres que la alquimista pruebe mis colmillos. Cumplí su orden sin poder sacarme la repulsiva imagen de mi cabeza, una vez en mi habitación trate de alcanzar a Sydney en un sueño espiritual pero me fue imposible, después de intentarlo por más de media hora hice lo único que pensé podía ayudarnos, alcancé a Rose en un sueño espiritual.
Durante el tiempo que pasó antes de que la ayuda llegara estuve viviendo mi propio infierno, imaginándome como después de esto Sydney me aborrecería, pensando que todo era mi culpa por haber sucumbido a la tentación de besarla, sintiéndome inútil porque no logre defenderla, porque no era siquiera capaz de alcanzarla en un sueño y cerciorarme de que estaba bien y prometerle que la dejaría en paz solo porque no podía seguir poniendo su vida en peligro. Entre mis guerras internas noté que el timbre sonó, sabía que no era mi madre ella había ido a visitar a una amiga fuera de la corte y no planeaba volver hasta la mañana siguiente, además ella tenía llaves, minutos después escuché a mi padre subir las escaleras y entrar a su habitación alguien venía con él pero no tenía energías para pensar mucho en ello. Finalmente más pasos se escuchaban en la casa, personas entraron, personas subieron, voces familiares se acercaban a mí, ¿Quiénes eran? ¿Por qué estaban aquí?
—Adrián ya estamos aquí ¿sabes dónde está Sydney?— preguntó Rose Hathaway suavemente arrodillándose junto a mí, cuando la miré a los ojos recién me percaté que había llegado la ayuda.
—Él la drogó por eso no puedo alcanzarla en el sueño— fue todo lo que pude decir, estaba aliviado de que hubiesen llegado, pero a la vez me sentía horriblemente angustiado por Sydney —Perdóname Sydney, perdóname— rogué en voz baja.
— ¡La encontramos!— gritó Eddie y mi corazón se aceleró en mi pecho ¿cómo estaba ella, dónde estaba? ¿Qué le había hecho mi padre? ¿Me odiaría? ¿Querría verme de nuevo?
—La encontramos Adrián, ella te necesita debes ayudarla— dijo Dimitri con firmeza, la seguridad en su voz me hizo despertar, me puse de pie y salí con Rose de mi habitación dispuesto a enfrentar la horrible realidad que me esperaba, su odio.
—Tal vez lo que necesita es alejarse de mí— murmuré y bajé las escaleras con reluctancia.
Ella estaba sentada en uno de los sofás abrazando sus piernas contra su pecho, mirando a la nada mientras Eddie le hablaba aunque no podía escuchar lo que le decía, ella lo miró y le dijo algo y enseguida el guardián apuntó hacia mí que había llegado al final de la escalera ella se levantó al verme y corrió en mi dirección poniendo sus dos manos en mi rostro.
— ¡Oh Adrián ¿estás bien? estaba tan preocupada!— dijo acariciando con su pulgar mi labio roto, sentí ganas de reír y de llorar, ella no me odiaba, estaba preocupada por mí, aun me amaba, sentí como mi alma volvió a mi cuerpo y besé su frente suavemente.
—Estaré bien ¿cómo estás tú, qué te hizo ese maldito?— pregunté mirándola de pies a cabeza.
—Él me inyectó algo, que me mantuvo inconsciente por un rato pero el efecto se estaba pasando cuando el guardián Castile me encontró— dijo ella mirando hacía Eddie.
—Encontramos esto en el sótano— dijo el guardián Tanner levantando un par de frascos en una bolsa transparente mientras Samuel traía una jeringa en una bolsa más pequeña.
—Es la droga que usan algunos moroi para los escarceos— dijo Dimitri al acercarse y mirar más de cerca los frascos.
—Maldito debería matarlo— dijo Rose enfurecida.
— ¿Donde esta él?— pregunté, recordando por primera vez a mi asqueroso padre.
—En su habitación inconsciente y bien amarrado a una silla— dijo Rose con una sonrisa orgullosa.
—Excelente— dije y de pronto recordé que ella y Dimitri tenían una cita esta noche y seguramente la interrumpieron para venir en nuestra ayuda —Gracias por su ayuda, yo no sabía qué más hacer Rose, perdóname por arruinar tu noche romántica, seguro Belikov estará feliz de compensarte— comenté, sintiéndome cada vez más aliviado.
—Tú no fuiste quien la arruinó Adrián— dijo Rose con molestia, al principio pensé que hablaba de mi padre, pero la mirada ensombrecida de Dimitri parecía contar otra historia.
