Capítulo 41: Deudas

Dimitri

Después de una estresante tarde en el salón de la corte y el sombrío anuncio de la reina sobre el eventual juicio de Tasha, Adrián, Sydney, Roza y yo nos despedimos de los demás y caminamos hacia las habitaciones que nos había proporcionado la reina en el palacio, más tarde tendríamos una cena en la casa de Abe para celebrar el nombramiento de Lissa como miembro oficial del consejo, por lo cual habíamos decidido descansar un poco antes del evento. Al llegar a las habitaciones Adrián y Sydney se despidieron de nosotros y yo abrí mi puerta para dejar entrar a Roza.

—Bonita habitación Camarada— dijo sonriendo, era una suerte que tuviéramos servicio de limpieza, de lo contrario Roza hubiese descubierto los rastros de mi arrebato con las botellas de vodka, aunque si mirabas el lugar exacto en donde la botella se estrelló podías distinguir la marca que quedó y las pequeñas gotas de líquido que adornaban la pintura.

—No tan bonita como tú— dije cerrando la puerta, sin desperdiciar ni un momento la tomé entre mis brazos y la besé con fuerza, ella respondió con ansias emitiendo un exquisito gemido cuando nuestras lenguas se tocaron, mis manos bajaron de su cintura hacia su perfecto trasero y sin poder evitarlo lo agarré con ganas.

— ¿Alguien se siente travieso?— dijo ella sonriendo seductoramente cuando rompió el beso, retrocedió unos pasos alejándose de mí pero sin dejar de mirarme a los ojos comenzó a desabotonar su blusa lentamente, sus ojos llenos de lujuria, me congelé por un momento admirando a la bella y sexy mujer en frente de mí.

No podía creer mi suerte, Rose Hathaway mi estudiante se había convertido de la noche a la mañana en la persona más importante de mi vida, al principio todo estaba en nuestra contra, yo y mi sentido del deber y las ganas de hacer siempre lo correcto eran probablemente nuestro peor enemigo, pero llegó un momento en que ninguna excusa fue suficiente y Roza y yo nos entregamos el uno al otro sin miedos, sin restricciones ni culpas y con la esperanza de que al final del camino podríamos finalmente estar juntos como ambos deseábamos. En este momento, en esta habitación nuestros deseos eran similares a los que sentíamos meses atrás, pero al mismo tiempo todo era diferente, Roza y yo éramos diferentes, nuestras circunstancias también lo eran, ya no había relación mentor estudiante, ella era mayor de edad y a mí ya no me importaba nada más que hacerla feliz y tenerla entre mis brazos una vez más, hacerla mía por segunda vez y para siempre.

Reduje la distancia entre nosotros justo cuando la blusa blanca caía de la mano de mi Roza y ella estaba de pie en un sexy sujetador blanco y los pantalones negros de su uniforme, me miraba mordiendo su labio y solo con verla cada parte de mi cuerpo ardía con intensidad.

— ¿Ves algo que te guste?— preguntó antes que pudiera atraparla entre mis brazos, recordé de inmediato la primera vez que la escuché preguntarme lo mismo, hace meses en la academia en un encuentro que tuvo con el idiota de Jesse Zeklos, en esos días en que comenzaba a sentirme peligrosamente atraído por mi estudiante.

—Todo— fue lo único que pude decir antes de capturar sus labios con los míos en un beso lleno de pasión, rápidamente el resto de nuestra ropa salió, dejándonos solo en nuestra ropa interior tendidos en la cama besándonos y acariciándonos como si no hubiera un mañana,

—Hazme tuya camarada— dijo Roza entre gemidos, mientras besaba sus deliciosos pechos, entonces no hubo nada que nos detuviera y ambos nos fundimos en una lucha llena de amor, lujuria y gozo.

—Te amo mi Roza— dije con la respiración agitada después de nuestro intenso encuentro, estábamos desnudos y abrazados, ella me miraba con adoración mientras jugaba con mi cabello, no había ningún otro lugar en el mundo donde hubiese querido estar en ese momento.

—Te amo camarada— dijo ella con una sonrisa— Se suponía que veníamos aquí a descansar.

—Pues debes saber que nunca había tenido un mejor descanso— le respondí besándola dulcemente en los labios. Ella rió y luego soltó un largo suspiro, mordió su labio por un momento y preguntó de pronto

— ¿Cuantas?— me tomó un momento entender que era lo que estaba preguntando y ella lo tomó de forma equivocada al parecer —No, olvídalo no debería haber preguntado, es solo...es...

—Cinco, tú eres la quinta y la única a la que amado— dije acariciando su mejilla y mirándola a los ojos para que pudiera ver la sinceridad de mis palabras.

—Pero, pensé... no lo sé tal vez 25 o el doble.

—Una por cada año de vida ¿qué crees que soy?

— ¿Un dios?— dijo sonrojándose y bajando la mirada yo reí y la besé en la frente.

—Sabes que no soy tal cosa, estoy muy lejos de serlo— dije con seriedad, fue su turno de acercarse y seductoramente me dijo al oído

—Lo fuiste hace unos momentos— mordió el lóbulo de mi oreja y continuó besando mi cuello, mi mandíbula, hasta llegar a mis labios en segundos estábamos ambos enredados en los brazos del otro listos para una intensa segunda ronda.

No podía creer que hace solo semanas yo había pensado que podría vivir sin esta mujer en mi vida, ahora sintiendo su piel contra la mía, su respiración agitada en mi oído, la forma en que repetía mi nombre mientras se dejaba llevar por el placer, me daba cuenta más que nunca que había estado trastornado solo al pensar en estar lejos de Rose Hathaway, en dejarla ir, ella era mi todo, mi hogar, mi roca, lo único que necesitaba para sanar, para ser feliz, mi Roza.

Después de una larga tarde llena de adoración, éxtasis y promesas de amor, llegó el momento de ir a la cena que Abe Mazur había organizado para celebrar a Lissa. Yo decidí tomar una ducha solo en mi habitación ya que de lo contrario no saldríamos jamás de este lugar, ella caminó sola hacia su departamento, donde me esperaría para irnos juntos a la casa de su padre en la corte. Cuando llegué a buscarla ella llevaba un vestido blanco corto que dejaba ver con absoluta claridad sus perfectas piernas y se ceñía completamente en la parte superior de su cuerpo haciéndose más ancho alrededor de sus caderas, el color resaltaba de manera exquisita el tono de su piel, estaba seguro que si abría la boca en ese mismo momento estaría babeando. No la había visto en un vestido desde el encuentro con Donovan y aunque entonces se veía absolutamente sexy no era nada comparable con esto, estaba radiante, de pronto comencé a imaginarla en un vestido del mismo color, tal vez más largo, caminando a mi encuentro con flores en su mano, despierta Dimitri, ni siquiera le has pedido que sea tu novia y ya quieres que se case contigo.

— ¿Sin palabras camarada?— preguntó cerrando su puerta y empinándose un poco para besar levemente mis labios, aun usando sandalias de taco alto no alcanzaba mi altura.

— ¿Quieres ser mi novia?— dije tomando sus manos, fue lo único que atiné a decir, ella me miró confundida y luego sonrió tímidamente.

—Pensé que ya lo era, es decir después de esta tarde y... — paró de hablar cuando la besé con ferocidad, ella dejó escapar un gemido y estuve a punto de tomarla entre mis brazos y devolverme hasta el interior de su departamento para hacerla mía nuevamente, si tan solo no hubiese cerrado su puerta.

Llegamos hasta la casa de Abe tomados de la mano, en el camino varias personas nos habían mirado con molestia, en nuestro mundo las parejas Dhampir no eran comunes, las mujeres de nuestra raza debían prácticamente entregar su cuerpo a los Moroi para tener más Dhampir, así que dos Dhampir juntos que además eran guardianes y no podrían procrear era un tanto escandaloso en esta sociedad, pero en realidad me había dejado de importar hace mucho tiempo lo que los otros esperaban de mí, todas mis creencias y convicciones habían sido cuestionadas en cuanto Rose comenzó a envolverse en mi vida y ahora que veía ésta como una nueva vida, después de la muerte de mi alma y su restauración, no estaba dispuesto a que otros dictaran mis decisiones nunca más.

Cuando entramos todos ya estaban allí, Adrián y Sydney hablaban animadamente con Jill y Eddie, los padres de Jill conversaban con Janine, Abe le mostraba a Lissa su casa mientras Christian metía sus manos en la cocina, preparando un postre especial para la celebración.

—Por fin llegas Belikov, me pregunto qué te detuvo— dijo Adrián con una sonrisa pícara y observándonos detenidamente, por un momento se me pasó por la cabeza que podía ver en nuestra aura imágenes de lo que habíamos estado haciendo durante la tarde, la sola idea me hizo estremecer.

—Digamos que mi novio fue largamente distraído por mí— dijo Rose y me hizo sonrojar un poco, eso hasta que la mirada acusadora de Janine me hizo palidecer en un segundo. Rose entonces me arrastró con ella hasta donde estaba su madre con los Mastrano.

—Hola mamá, no sabía que estabas de visita en la corte— dijo Rose después de saludar a los padres de Jill, Janine se levantó para darle un breve abrazo a su hija y estiro su mano para saludarme.

—Guardián Belikov, entonces el milagro era cierto, fuiste restaurado por el espíritu, es impresionante lo que hizo la Princesa.

—Lo es, al igual que lo que hizo Adrián con Sonya Karp— dijo Abe acercándose junto a Lissa y Christian justo en el momento en que dos muchachas entraban con copas de champange para hacer un brindis—Lo más asombroso Janine, fue como nuestra hija descubrió la forma de hacer el milagro— me congelé por un momento Abe me había contado en nuestro último encuentro, antes de unirme a la misión de búsqueda de la hermana de Lissa, que de alguna manera el anillo encantado por el espíritu que Rose llevaba cuando la mantuve secuestrada fue la clave para descubrir la forma de restaurarme, eso y que al parecer su hija sí creía en los cuentos de hadas y haría lo que fuera por probarle al mundo que eran reales.

—Por Vasilisa, por la vida y gloria del Dragón y por los milagros— dijo Rose levantando su copa, sacándome de mi momento de trance, con nuestras propias copas en alto todos la seguimos en un brindis por la princesa.

La cena transcurrió sin contratiempos, el postre que preparó Christian se llevó todos los aplausos, era un delicioso coulant de chocolate y después de probarlo todos dieron sus felicitaciones al joven Moroi y algunos cómo mi Roza pidieron repetición, lo que me llevó a la conclusión de que era mejor si pedía la receta. Cuando todos estaban conversando, relajados y tomando una copa, Abe me llamó a su despacho. En cuanto entramos él se puso en modo negocios y me invitó a sentarme, él tomó su asiento tras su escritorio y me miró con seriedad, al principio pensé que sería una conversación sobre todas las maneras de tortura que recibiría si llegaba a herir a Rose alguna vez, pero fue muchísimo peor.

—Entonces ¿mi hija y tú están juntos nuevamente?

—Sí señor, le pedí que fuera mi novia y ella aceptó— dije con una enorme sonrisa, él también me sonrió pero su sonrisa era siniestra o al menos me lo pareció cuando dijo

—Entonces ha llegado el momento de pagar tu deuda, después del juicio de Tasha dejarás la corte y a mi hija.