Capítulo 42: Deseos
Rose
Aquella tarde después del nombramiento de Lissa como miembro oficial del consejo, almorzamos en casa de Adrián y luego Dimitri y yo nos dirigimos a su habitación en palacio para descansar, pero claro Dimitri y yo solos en una habitación con una cómoda cama y demasiada tensión sexual en el ambiente convertimos el descanso en algo más abrasador, digamos que redefinimos la palabra descanso. El me besó con intensidad apenas cerró la puerta y estuvimos solos y aislados del resto del mundo, de pronto olvidando todo mi nerviosismo y la inseguridad que había estado creciendo en mí desde su constante y continuo rechazo comencé a desvestirme para él, dejándole claro aquello que más deseaba. Su mirada llena de fuego solo me motivó a seguir pero antes de que pudiera despojarme de toda mi ropa él estaba sobre mí, sus manos sobre mi piel explorando cada rincón de mi cuerpo, sus labios y su lengua luchando contra la mía, el deseo y la pasión intensificándose a cada segundo. Con solo un par de piezas se ropa entre nosotros y su boca haciendo maravillas sobre mi piel pude pedir sin tapujos lo que más necesitaba.
—Hazme tuya camarada— él respondió con un sonido gutural extremadamente sexy y me tomó convirtiendo nuestros cuerpos en uno por segunda vez. La primera vez que Dimitri y yo hicimos el amor fue diferente por muchas razones, pero la principal era que nuestra relación estaba llena de complicaciones, hoy en este lugar nada podría interponerse entre nosotros, ni el cargo, ni la edad, ni el deber, ahora estábamos juntos después de semanas de angustia y dolor y nos expresamos todo nuestro amor y entrega en una exquisita lucha cuerpo a cuerpo. Desnudos y con nuestros cuerpos sudorosos entrelazados tuve la sensación de que no necesitaba nada más en este mundo.
—Te amo mi Roza— dijo él con la respiración agitada después de nuestro intenso encuentro.
—Te amo camarada— respondí con una sonrisa —Se suponía que veníamos aquí a descansar.
—Pues debes saber que nunca había tenido un mejor descanso— dijo besándome dulcemente en los labios. Yo reí y luego un suspiro se escapó de mis labios cuando una importante duda surgió en mi cabeza, mordiendo mi labio me atreví a preguntar.
— ¿Cuantas?— él me miró con curiosidad y de pronto me sentí estúpida —No, olvídalo no debería haber preguntado, es solo...es...
—Cinco, tú eres la quinta y la única a la que amado— dijo acariciando mi mejilla y mirándome a los ojos para que pudiera ver la sinceridad de sus palabras, sabía que no mentía, pero mi curiosidad estaba desatada y en mi cabeza surgían preguntas como ¿fueron relaciones serias o de una noche? ¿Amigos con derechos? ¿Entre esas cuatro mujeres de su pasado estará Tasha? no supe cómo darle voz a esas dudas y finalmente dije
—Pero, pensé... no lo sé tal vez 25 o el doble.
—Una por cada año de vida ¿qué crees que soy?
— ¿Un dios?— dije sintiendo cómo mis mejillas se acaloraban, él se rió y besó mi frente.
—Sabes que no soy tal cosa, estoy lejos de serlo y lo sabes— dijo poniéndose serio de pronto, sabía que estaba pensando en sus fallas y eso podía llevarlo a lugares muy sombríos, así que rápidamente me acerqué más a él y le dije al oído.
—Lo fuiste hace unos momentos— mordí el lóbulo de su oreja y comencé a besar su cuello, su mandíbula, hasta llegar a sus labios, en segundos estábamos ambos enredados nuevamente en los brazos del otro listos para volver a amarnos.
Después de una larga tarde en los exquisitos brazos de Dimitri Belikov logré salir de su habitación y dirigirme a mi departamento con el fin de prepararme para la cena de celebración que Abe había organizado para Lissa. Luego de una necesaria ducha, llegó el momento de vestirme así que opte por un vestido blanco corto que hacía resaltar el color de mi piel, me encantaban los vestidos pero en mi línea de trabajo no siempre podía usarlos, así que esta era la ocasión perfecta y la reacción de Dimitri al verme hizo que me sintiera mucho más segura de mi elección. En completo silencio paseó sus ojos por todo mi cuerpo haciéndome sonrojar.
— ¿Sin palabras camarada?— pregunté cerrando mi puerta y besándolo levemente en los labios.
— ¿Quieres ser mi novia?— preguntó a modo de respuesta y yo lo miré confundida, había estado segura de que lo éramos pero en realidad él no me lo había pedido y tampoco habíamos hablado del tema.
—Pensé que ya lo era, es decir después de esta tarde y... — antes de que pudiera seguir hablando me besó con ferocidad y un gemido escapó de mi boca, hubiera deseado que me tomara justo en ese momento, si tan solo no hubiese cerrado mi puerta, no habían palabras para describir las cosas que este hombre me hacía sentir.
Llegamos hasta la casa de mi padre tomados de la mano, cuando entramos todos ya estaban allí, Adrián y Sydney hablaban animadamente con Jill y Eddie, los padres de Jill conversaban con mi madre y Abe le mostraba a Lissa su casa mientras Sparky metía sus manos en la cocina, preparando un postre especial para la celebración en honor a su novia.
—Por fin llegas Belikov, me pregunto qué te detuvo— dijo Adrián con una sonrisa pícara observándonos detenidamente, por un momento se me pasó por la cabeza que podía ver en nuestra aura imágenes de lo que habíamos estado haciendo durante la tarde, Dimitri se estremeció seguramente pensando lo mismo así que decidí intervenir.
—Digamos que mi novio fue largamente distraído por mí— dije dándole énfasis a la palabra novio, me encantaba poder decirlo en voz alta, pude notar un leve sonrojo en el rostro de mi dios Ruso al escuchar mis palabras eso hasta que la mirada acusadora de mi madre lo hizo palidecer en un segundo. Sabía que Janine Hathaway al igual que el 90 por ciento de los habitantes del mundo Moroi no estarían contentos cuando nuestra relación saliera a la luz pero no dejaría que ella ni que nadie echara abajo mi felicidad, así que arrastré a mi novio hasta donde mi madre estaba con los Mastrano para que no le quedaran dudas de que esto era cierto y serio y nada podría mancharlo ni siquiera sus ganas de juzgarme o dictar mi vida.
—Hola mamá, no sabía que estabas de visita en la corte— dije después de saludar a los padres de Jill, ella se levantó para abrazarme y estiro su mano para saludar a Dimitri, sabía que estaba siendo educada al no hacer preguntas incomodas pero su mirada era una que había conocido por años y que sin lugar a dudas decía que más tarde hablaríamos del tema.
—Guardián Belikov, entonces el milagro era cierto, fuiste restaurado por el espíritu, es impresionante lo que hizo la Princesa.
—Lo es, al igual que lo que hizo Adrián con Sonya Karp— dijo mi padre acercándose junto a Lissa y Christian justo en el momento en que dos muchachas entraban con copas de champange para hacer un brindis —Lo más asombroso Janine, fue como nuestra hija descubrió la forma de hacer el milagro, pude percibir el orgullo en su voz especialmente por las cosas ilegales que hice para descubrirlo.
—Por Vasilisa, por la vida y gloria del Dragón y por los milagros— dije levantando mi copa logrando efectivamente que la atención pasara de mí a mi amiga y hermana, la razón por la que estábamos reunidos.
La cena transcurrió sin contratiempos, el postre que preparó Christian se llevó todos los aplausos, era un delicioso coulant de chocolate y después de probarlo todos le dieron sus felicitaciones, yo conseguí un par de repeticiones y la promesa de Sparky de que le enseñaría a Dimitri a hacerlo para mí. Cuando todos estábamos conversando, relajados y tomando una copa, Abe llamó a mi novio y se lo llevó hasta su despacho, seguramente para interrogarlo y amenazarlo, no pude pensar mucho en el asunto porque Eddie se sentó a mi lado en cuanto Dimitri salió tras Abe.
—Te advierto, tu madre ha estado haciendo varias preguntas sobre tu relación con Dimitri, está muy interesada en saber cuándo comenzó— dijo susurrando.
— ¿Qué le dijiste?
—Oh bueno, que no tenía idea cuando comenzó pero que era bastante intensa cuando él aún era Strigoi y tú no me dejaste matarlo en las vegas.
¿Queée?— logré preguntar atragantándome con mi gin tonic.
— jajaja caíste, no te preocupes solo le dije que al parecer habían comenzado a salir cuando volvieron de la misión, no sé si me creyó pero le aseguré que era todo lo que sabía.
—Gracias Eddie— dije y luego recordé algo que había querido preguntarle más temprano.
— ¿Qué sucede entre Jill y tú?
— ¿A qué te refieres?— preguntó haciéndose el inocente pero su mirada se posó en la joven Moroi sin su consentimiento suavizando su expresión.
—Es obvio que te gusta y si quieres mi opinión ella siente lo mismo— él sonrió entonces y me miró con curiosidad.
— ¿En serio lo crees?
—Positivo, deberías jugártela— justo entonces Janine Hathaway hizo su aparición y me pidió que la acompañara al balcón, Eddie me regaló una sonrisa de apoyo y yo la seguí preparándome para una inevitable discusión.
—No voy a pedirte explicaciones— dijo una vez que estuvimos fuera —Entiendo que eres una adulta y sé qué puedes tomar tus propias decisiones, pero aun así hay algo que necesito saber
—Dispara— dije sorprendida de su calma y la sinceridad de su voz.
— ¿Ustedes tenían algo antes del ataque a la academia?
—Habíamos declarado nuestro amor solo unas horas antes de que se desatara el caos— respondí sin entrar en detalles pero creo que Janine entendió perfectamente lo que mi respuesta implicaba.
— ¿Él no te forzó o te manipuló de alguna forma?— preguntó cautelosamente probablemente sintiendo que su suposición me molestaba, de todas formas le respondí.
—Nunca, de hecho era yo la que intentaba, no muy sutilmente por cierto, que él actuara sobre lo que sentía por mí.
—Por supuesto, la paciencia nunca ha sido una de tus virtudes— dijo mi madre sonriendo, luego me sorprendió con un abrazo el que devolví con agrado, Janine Hathaway no era buena con la demostraciones de cariño, pero esto nos hacía falta a las dos —Solo espero que se asegure de hacerte feliz de lo contrario tu padre y yo... —no pudo terminar su amenaza porque entonces mi dios Ruso apareció en el balcón.
—Disculpen la interrupción— dijo, su voz se escuchó extraña tal vez por la incomodidad de la situación, su mirada se veía atormentada, no sabía si era por la previa y seguramente nada agradable conversación con mi padre o por la posible ira que pensaba recibiría de mi madre, en un par de segundos estaba a mi lado, tomó mi mano entrelazando sus dedos con los míos.
— ¿Todo bien Camarada?— pregunté notándolo agitado.
—Sí mi Roza, sólo algo cansado, deberíamos ir a descansar, si nos disculpas Janine— dijo y sin más palabras entramos a la casa para despedirnos rápidamente de todos y caminar hasta mi hogar.
Dimitri no emitió ni un sonido en nuestro camino hasta mi departamento, algo en su silencio me molestaba, me hizo pensar que su conversación con Abe había sido aún más terrible de lo que imaginaba, tal vez le había exigido que me dejara o algo peor, al parecer me estaba convirtiendo en una paranoica, por supuesto que mi padre no haría algo así, él me amaba y quería mi felicidad ¿verdad?
Mis dudas pronto fueron olvidadas cuando al abrir la puerta de mi departamento Dimitri me tomó en sus brazos provocando que un leve grito escapara de mi boca, cerrando mi puerta con uno de sus pies comenzó a dirigirse hasta mi dormitorio, momentos más tarde me depositó en el centro de mi cama y comenzó a despojarse de su ropa, yo solo podía mirar con admiración su perfecto cuerpo hasta que solo quedaban sus boxers, entonces se acercó a la cama y me tendió la mano para que me levantara, mirándome con una intensidad que no había sentido antes se deshizo de mi vestido dejándome solo en mi ropa interior de encaje, sus ojos llenos de amor y deseo recorrieron mi piel seguidos de sus manos y su cálida boca, pronto las ultimas prendas de ropa que nos separaban desaparecieron y estábamos nuevamente enredados en mi cama, esta vez nuestro encuentro fue lento y agonizantemente placentero, él no dejaba de repetir que me amaba y decía mi nombre una y otra vez como lo había hecho aquella noche, bajo el encantamiento de lujuria. Jadeantes y sudorosos sobre mi cama, mis manos seguían acariciando el pecho de Dimitri mientras él susurraba palabras en ruso en mi oído
—YA ne khochu ostavlyat' tebya, ya lyublyu tebya, moya lyubov', nikogda ne somnevaysya. (No quiero dejarte, te amo mi amor, nunca lo dudes)
— ¿Que dices Camarada?— pregunté con curiosidad.
—Que te amo, te amo mi Roza, siempre, nunca lo dudes— me respondió sonriendo, pero vi tristeza en su mirada, algo estaba pasando pero no podía entender qué era y antes de que pudiera preguntar sus labios atacaron los míos — ¿Si pudieras pedir un deseo cuál sería?— preguntó después del delicioso beso.
—Dormirme cada noche desnuda en tus brazos— dije sin siquiera pensarlo.
— ¿Qué pedirías tú?— logré preguntar antes de que el sueño me venciera por completo.
—Que nunca dudes de mi amor— le escuché decir antes de dormirme.
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