Capítulo 43: Romance

Dimitri

Desperté en la cama con Roza, ambos totalmente desnudos con solo una sábana que nos cubría levemente, nuestros cuerpos tocándose completamente, la sensación era maravillosa, era prácticamente un sueño hecho realidad, en mis días como su mentor y a pesar de que era muy inapropiado, imaginé en más de una ocasión como sería despertar con ella en mis brazos, esta realidad era infinitamente mejor o lo hubiera sido si mi tiempo con ella no estuviera por terminar.

La noche anterior cuando llegamos a su departamento solo deseaba tenerla entre mis brazos, no quería desperdiciar ningún segundo que pudiera pasar con ella y estaba determinado a demostrarle de todas las formas posibles cuanto la amaba y lo que significaba para mí. Abe me había hecho prometer que no le diría a Roza absolutamente nada sobre su requerimiento de dejar la corte después del juicio de Tasha, debía dejarla sin siquiera despedirme, ella me odiaría de seguro, pero al menos podía asegurarme de que no dudara de lo que sentía por ella. El hombre había sido vehemente en que cumpliera mi palabra haciéndome saber que de lo contrario él se aseguraría de que Rose nunca quisiera volver verme, había visto a Zmey destruir a un hombre solo con chasquear sus dedos, si existía la posibilidad de recuperar a mi Roza en el futuro debía estar en buenos términos con su padre y esperar que Roza nunca desconfiara de mi amor.

Regocijándome en la dicha de tenerla desnuda en mis brazos comencé a besar su frente, sus mejillas, su mentón, sus labios, hasta que comenzó a despertar regalándome una dulce sonrisa.

—Buenos días camarada— me dijo volviendo a besar mis labios, pronto el beso se volvió intenso y mi excitación evidente, mis manos y mi boca viajaron por todos los rincones de su cuerpo y sus gemidos me volvían loco de deseo, no pasó mucho tiempo y la hice mía de nuevo.

— ¡Wow camarada! podría acostumbrarme a despertar así todos los días de mi vida— dijo Roza aún con la respiración agitada, me encantaba mirarla después de hacer el amor, la abracé fuertemente contra mi pecho, no queriendo que viera lo que me provocaba su declaración, mis sentimientos eran encontrados yo estaría más que feliz de despertar así con ella por la eternidad, pero ahora mismo nuestro futuro era incierto.

—i menya moya zhizn', navsegda (Yo también mi vida, por siempre) — susurré en su oído, rogando que con solo decirlo se hiciera realidad.

—Te amo Dimitri Belikov— dijo y comenzó a apartarse, saliendo de mi abrazo.

— ¿Dónde crees qué vas milaya?— dije tomándola de la muñeca antes de que lograra levantarse de la cama.

—A ducharme, por mucho que quiera quedarme en la cama contigo me siento un poco pegajosa y me está perturbando— dijo y no pude evitar el sonrojo que me provocaron sus palabras —Te diría que nos bañemos juntos pero seguro me ensuciaría de nuevo— continuó soltándose de mi agarre y guiñándome un ojo al cerrar la puerta del baño tras ella.

Me quedé en la cama por unos minutos hasta que sentí el agua correr y luego de ponerme los boxers me dirigí a la cocina para preparar algo para desayunar, Roza no cocinaba así que su despensa no tenía mucha variedad de alimentos, pero logré encontrar los ingredientes necesarios para hacer tostadas francesas. Cuando Rose entró a la cocina casi treinta minutos después usaba mi camisa, le quedaba bastante grande pero se veía increíblemente sexy.

—Ahora entiendo porque no la encontraba— dije acercándome a ella y tomando uno de los botones superiores de mi camisa para soltarlo y así poder ver más de su perfecta piel.

—Pues tienes que aceptar que me veo bien el ella— dijo girando para que pudiera apreciarla desde todos los ángulos, por supuesto se veía totalmente sensual —Además si la hubieras encontrado no estarías preparando mi desayuno así de sexy dijo posando su mano en mi pecho y acariciándolo suavemente, agarré su mano justo cuando está bajaba pasando mi ombligo y besé su palma, sabía que si la dejaba llegar más lejos no sería capaz de controlarme.

— ¿Tienes hambre?— pregunté y su estómago respondió antes que ella, ambos reímos y la guié a la mesa para servirle lo que había preparado.

Después de desayunar tuve que dejarla unas horas para dirigirme al gimnasio, no quería hacerlo pero Mikhail y yo debíamos comenzar un programa de técnicas de combate para nuevos guardianes y hoy era nuestra primera clase, le había dicho que la compensaría al volver y ya tenía planeado algo para cuando la volviera a ver.

Al llegar al gimnasio encontré algunas caras conocidas de San Vladimir, entre ellas el guardián Castile, lo cual me sorprendió un poco, primero no me había comentado que deseaba asistir y segundo él era uno de los mejores de su promoción junto con Roza, había luchado con él en Las Vegas cuando aún era un Strigoi y sabía de primera mano que podía ser letal, Eddie era sin lugar a dudas uno de los que no necesitaba unirse a este programa. También estaba Samuel, él era bastante bueno también pero supuse que tenía sentido que tomara estas clases, ya que después de haber sido herido en la misión con Roza, había estado fuera de las pistas por semanas y debía recuperar el tiempo perdido, especialmente si se uniría a la guardia real.

Teníamos catorce alumnos, por lo cual dividimos la clase en dos con siete alumnos cada uno, Eddie quedó en mi grupo y fue el primero en ofrecerse a pelear, yo no se lo hice nada fácil, me había dado cuenta hace un tiempo que mi velocidad y resistencia se habían incrementado probablemente producto de mi pasado Strigoi, pero la verdad es que lo brutal de mis ataques tenía más que ver con la ira que me provocaba el tener que dejar a Roza. Afortunadamente Castile pudo bloquear la mayoría de mis golpes y fue capaz de propinarme una buena patada en el hombro que me hizo tambalear, por supuesto él aprovechó mi desequilibrio golpeando mi muslo y haciéndome caer, solo que antes de hacerlo completamente fui capaz de agarrarlo y llevarlo conmigo inmovilizando su brazo, con la estaca de práctica logré estacarlo antes de que ambos tocáramos las colchonetas.

Los aplausos y felicitaciones del resto de los estudiantes no se hizo esperar y rápidamente uno a uno los nuevos guardianes se fueron ofreciendo para tomar el lugar de Eddie, todos ellos tenían buenas técnicas de combate debido a todos los años preparándose para guardianes, pero ninguno de ellos estuvo tan cerca de derribarme como Castile. Al terminar la clase les dejé como tarea el descubrir las razones por las cuales habían fallado para trabajar en ellas en nuestro próximo encuentro.

Cuando todos se fueron Mikhail y yo nos quedamos a ordenar los insumos usados y Eddie se ofreció a ayudar, en 10 minutos todo estaba en su lugar, Mikhail se despidió rápidamente diciendo que debía llevar unos encargos a Sonya, así que Castile y yo comenzamos a caminar hacia nuestras viviendas que estaban relativamente cerca.

—No sabía que pretendías entrar a esta clase— comenté cuando salíamos del gimnasio

—Tampoco yo hasta que supe que tú serias uno de los instructores.

—No creo que en realidad lo necesites, fuiste el mejor en combate.

—Sí pero aun así no pude derribarte, eres casi tan rápido como un Strigoi— dijo Eddie con admiración.

— ¿Lo notaste eh?

—Difícil no hacerlo, fue casi como volver a Las Vegas, solo que sin ojos rojos ni colmillos— dijo haciendo una mueca de disgusto —Lo siento no debí decirlo, tienes que disc...— comenzó a decir pero yo no lo deje continuar.

—Descuida Eddie, ya no me incomoda hablar del tema, supongo que Roza tiene razón, por mucho que me disguste ahora forma parte de lo que soy y supongo que es tiempo que le saque ventaja.

— ¿Cómo? ¿Dándonos palizas?— dijo y ambos reímos.

—No voy a negar que me divierte golpear a nuevos guardianes, pero creo que será más útil cuando me encuentre algún maldito strigoi.

—Comparto el sentimiento— respondió con sinceridad, ya íbamos llegando al sector de edificios de los guardianes, pero antes de separarnos para ir a nuestros respectivos departamentos me miró con seriedad y por un momento pensé que me diría algo sobre Rose, alguna amenaza por si la hería o me pediría que me alejara de ella, pero entonces me preguntó— ¿Sí te ofrecieran ser guardián de alguien que crees que puede llegar a interesarte románticamente tomarías el puesto?

—Por supuesto— dije si siquiera pensarlo.

—Pero no sería poco ético, se podría crear un conflicto de intereses o algo así, además yo no tengo tanta experiencia en la vida real como otros guardianes y ella...ella es...una princesa o lo será si los rumores de que Lissa será reina en un futuro son ciertos y si ella es princesa estará aún más fuera de mi alcance, quiero decir ella ya está completamente fuera de mi liga ahora y...

—Woah Castile respira— dije tomándolo por los hombros para calmarlo un poco, cuando me di cuenta que tenía su atención comencé mi discurso —Pues te diré algo, ella no podría interesarte románticamente, ella ya te interesa de esa forma— dije y el asintió en silencio —Así que el conflicto ya existe aceptes el puesto o no, tienes que entender que cualquier decisión que tomes no la tomaras pensando en ti, la tomaras pensando en ella, si rechazas el puesto y te alejas será por miedo a salir herido, si aceptas el puesto será por miedo a perderla, así que te preguntaré si tienes que dar tu vida por alguien, sea Moroi o no, de la realeza o plebeyo, ¿por quién preferirías hacerlo?

—Por ella, por Jill— dijo con convicción y yo sonreí.

—Lo imaginé, entonces ya tienes tu respuesta— dije y él asintió, nos despedimos entonces y me dirigí rápidamente hasta mi departamento para preparar mi sorpresa para Roza.

Una hora más tarde estaba recogiendo a Roza fuera de su edificio, hermosa como siempre llevaba un vestido largo de verano de color azul con estampado de flores, su cabello suelto tal como me gustaba y una dulce sonrisa en su rostro.

— ¿Camarada robaste un auto?— preguntó luego de saludarme con un suave beso en los labios.

—No fue necesario— dije abriendo la puerta del copiloto del Toyota Cruiser que había rentado.

— ¿Dónde me llevas?

—Es una sorpresa— le dije entrelazando nuestros dedos y dándole un beso en los nudillos, antes de encender el motor.

Después de una hora de conducción a través de las calles de la corte encontré el viejo camino que llevaba a un lugar escondido del que muy pocos sabían, podía notar que Roza estaba perdiendo la paciencia, a pesar de que la había dejado escoger la música durante todo el viaje y que trate de distraerla hablándole sobre historias de mi niñez mientras ella compartía conmigo algunas travesuras de la suya, Rose Hathaway no era muy amiga de las sorpresas y estaba desesperada por saber dónde nos dirigíamos y que tenía planeado.

—Ya estamos por llegar— le dije apretando ligeramente su mano.

—Ya era hora camarada— dijo mirando por la ventana —¿Estamos en un bosque? ¿Mira qué es eso Dimitri? ¿Son ruinas?

—Lo son, son las ruinas del antiguo palacio de la corte— dije estacionando el auto y bajándome para abrir su puerta, caminamos unos quince minutos a través del antiguo y deteriorado edificio.

Después del recorrido encontramos el lugar perfecto para lo que tenía en mente, besé a Roza y le pedí que me esperara mientras iba a buscar algo al auto, cuando volví con las cosas ella estaba a la orilla de un pequeño riachuelo refrescando sus pies, cuando me vio arreglando todo, se acercó y me abrazo por atrás.

—Un picnic camarada, este día no podría ser más excelente, gracias— dijo empinándose para darme un beso en la mejilla.

—Lo que sea por ti Roza, nunca lo dudes— le dije tomando su mano y acercándola a la manta para sentarnos, destapé el vino y serví dos copas —Te amo Roza y tu mereces lo mejor y yo espero algún día ser lo mejor por ti y para ti, siempre— dije chocando mi copa con la de ella.

—También te amo Dimitri— dijo dándome un pequeño beso en los labios—Tú eres lo mejor que me ha pasado.

—No, aún no lo soy, pero lo seré, te lo prometo Roza.