Capítulo 47: Renuncia
Dimitri
Cuando llegué al aeródromo Abe estaba esperándome, le entregué mi maleta al sobrecargo y me dirigí a la escalera para subir, pero el moroi me detuvo para presentarme formalmente al guardián Pável quien iría conmigo hasta nuestra primera parada que sería en Barcelona España, prometió también que tendríamos una videollamada en un par de horas en donde me daría una explicación sobre la "misión" que debía realizar para él, por todo lo que sabía este era solo un maldito plan para castigarme por haberme fijado en su hija cuando aún era menor de edad y mi estudiante.
Al subir al avión me senté en un cómodo asiento junto a la ventana tratando de contener la angustia que sentía por Roza. El avión era bastante amplio y moderno con todas las comodidades imaginables, la tripulación consistía en dos pilotos y una auxiliar de vuelo, la cual se acercó a mí de inmediato para solicitarme que abrochara mi cinturón y preguntarme si querría algo después del despegué, la chica era una Moroi de rasgos asiáticos delgada y de mediana estatura, vestía el uniforme usual de aeromoza en color azul marino y su chaqueta tenía bordada una M de color rojo, de Mazur probablemente, su falda por otra parte era demasiado corta para mi gusto. Después del despegue se volvió a acercar a mí para entregarme el agua que le había pedido, se me quedó mirando por un rato, yo la veía mover la boca pero en realidad no prestaba atención, finalmente le dije que no necesitaba nada más y se alejó con una sonrisa forzada, pareciendo decepcionada.
—Fanny es inofensiva, solo quiere agradar, creo que la asustaste— comentó Pavel riendo cuando se sentó al frente mío en un largo sofá.
—Lo siento pero no entendía nada de lo que decía, además le di las gracias después que me entregó el agua, pensé que era suficiente para dejarme en paz.
—Te informaba sobre el horario de las comidas y sobre la disponibilidad de refrigerios y snacks a bordo.
—Perfecto, pero no tengo apetito ni ganas de hablar— dije volviéndome a la ventana irritado, sin volver a hablarle al guardián.
No podía entender qué había salido mal, como es que estaba a bordo de un jet privado dirigiéndome a España sin mi Roza, después de los últimos maravillosos días que pasamos juntos, recordaba con dolor que hace casi un mes atrás pensé que la perdía para siempre por mi estupidez y autocompasión y ahora nuevamente la dejaba, sin una explicación, sin despedidas, si yo me sentía destrozado y sin esperanza, ella, ella estaría destruida, decepcionada y me odiaría, me aborrecería, solo esperaba que Eddie cumpliera su promesa de velar por ella, le había dejado también una nota a Ivashkov, esperando que ellos pudieran acompañarla y consolarla, hasta que yo regresara y me arrastrara por su perdón, si es que volvía a verla algún día.
Antes de dirigirme al avión me di cuenta que tenía varias llamadas perdidas de Roza y un audio, me moría por escucharlo pero a la vez me aterraba saber lo que decía, no sabía cómo sería su reacción, así que preferí no hacerlo de inmediato esperando tener algo de privacidad y armarme de valor. Cuando Pavel se levantó de su asiento para dirigirse al baño aproveché para hacerlo y enseguida mi corazón se encogió, su voz estaba rasposa y entrecortada, su tono era de súplica, apenas escuché la primera palabra mi garganta se apretó y mis ojos se llenaron de lágrimas "camarada por favor, no te vayas no...no me dejes, sé que fui una tonta, me porté como...como una niña...lo sé, lo siento, pero por favor regresa, te amo... yo sé que tú me amas también, por favor te lo ruego" cuando llegó a la última parte ella y yo estábamos llorando, mis lágrimas caían libres por mis mejillas tenía lo puños apretados, me sentía completamente impotente y derrotado, lo único que deseaba era volver, abrazarla asegurarle que esto no tenía nada que ver con ella, que yo no me iba por su culpa, como podía pensar algo así, después de todo lo que pasamos, que la dejaría por una tontería así, pero aquí estaba yo en un avión pagado por su padre alejándome de ella quizás para siempre.
—Toma esto te hará sentir mejor— dijo Pavel entregándome una taza con té de manzanilla y unos pañuelos.
—No lo creo, pero gracias— dije dejando la taza en la mesilla y limpiando mi rostro.
—Ella estará bien, es una Hathaway después de todo— dijo mirándome con seriedad —Y tú también debes recuperarte, lo que te pedirá Abe no será fácil y si quieres volver a verla algún día debes estar enfocado en la misión.
—La misión, la misión, ni siquiera se ha dignado a explicar algo sobre la maldita misión.
—Lo hará— dijo mirando su reloj —Yo diría que en diez minutos, te traeré la laptop.
Minutos después Pavel estaba conectando la llamada con Abe, ellos hablaron en turco por un par de minutos y luego fue mi turno para hablar con el Moroi o mejor dicho escucharlo, al principio solo ver su cara y escuchar su voz me molestó y lo único que quería hacer era gritarle por alejarme de Roza y por dejar que sufriera sin justificación, me sentía irritado con el hombre especialmente porque no entendía porque la historia de cómo conoció a Janine era importante en esta supuesta misión.
—Mi padre tenía negocios en Escocia y cómo él esperaba que yo me hiciera cargo de su pequeño imperio, me llevó hasta allá para reunirse con un Moroi que resultó ser el padre de Janine, él nos invitó a su casa, a la fiesta de cumpleaños de su hija Janine, yo no la conocía pero cuando lo hice quedé impactado, ella era hermosa y todo en ella irradiaba energía, por suerte mi padre extendió la visita y yo tuve la posibilidad de conocerla mejor, ella al principio no se dejó impresionar por mis avances, yo tenía en ese tiempo veintidós años y ella había cumplido dieciocho, le faltaban solo unos meses para salir al mundo con un Moroi a cargo y yo estaba tratando de convencerla de que se uniera a nuestros guardianes, pero ella se negó, toda su vida se había preparado para luchar por los Moroi de la manera correcta, siendo una guardiana oficial, de cierta manera ella sentía que debía demostrar su compromiso con la causa y diferenciarse de otras mujeres Dhampir que elegían otros estilos de vida— dijo en un tono malicioso obviamente refiriéndose a las putas de sangre —En fin la pasión con la que hablaba de su futuro defendiéndonos de los monstruos era contagiosa, el asunto es que en pocos días nos enamoramos, algo entre el hermoso y húmedo paisaje y el fuego y la belleza de ella me cautivaron, lamentablemente pronto tuvimos que separarnos así que prometimos escribirnos.
—Es un hermoso cuento, pero que tiene que ver conmigo o con la misión— dije irritado.
—Si no me interrumpes lo sabrás —dijo con burla riéndose de mi impaciencia y continuó hablando —Durante los tres meses que le quedaban para graduarse nos escribimos, yo le enviaba una carta por semana y en todas incorporaba un pétalo de rosa, ella no siempre respondía a tiempo estaba bastante ocupada con el entrenamiento de campo y esas cosas, dejamos de escribirnos cuando tuvo su primer cargo, ambos sabíamos que su profesión no le dejarìa tiempo para escribir de vuelta, mucho menos para una relación, tú entiendes como es eso.
—Lo hago.
—Lo sé, bueno por un par de meses no supe nada de ella excepto que su primer cargo era un Moroi de la realeza llamado Anthon Drozdov, el cual tenía casi cuarenta años y era conocido por sus andanzas en comunas de Dhampir, recuerdo que en mi última carta yo le pedí que tuviera cuidado con él, pero esa era mi carta de despedida así que no obtuve respuesta— el Moroi suspiró fuertemente y cerró los ojos, luego siguió con la historia —Un día recibí una carta de un guardián que no conocía, me decía que trabajaba con Janine y que necesitaba mi ayuda, ambos estaban escondidos en un lugar remoto de Holanda, no te daré detalles pero el asunto es que el maldito de Drozdov trató de propasarse con ella, por supuesto ella se defendió y eso no le gustó nada al moroi, la atacó de vuelta, ella no se defendió la segunda vez, tú sabes ellos son primero, pero gracias a dios, hubo un guardián que la salvo y me escribió para rescatarlos, él te acompaña en el vuelo.
—¿Pavel?— dije mirando al guardián con asombró, él solo asintió y entonces pensé que esa era probablemente la razón por la cual él trabajaba para Abe, no sólo por haber salvado a su amor, si realmente había atacado a un Moroi de la realeza, no era posible que pudiera trabajar como guardián oficial de la corte, incluso si hubiesen podido probar el horrible comportamiento del tal Drozdov, lo extraño era que no hubiese sido castigado, ni Janine, ambos atacaron a un Moroi de la realeza y luego huyeron abandonando sus obligaciones, en nuestro mundo eran faltas gravísimas, era completamente injusto y una de las tantas razones por las que cada vez me cuestionaba más todo lo que me habían enseñado como guardián.
—En fin yo tenía información de peso sobre el tal Anthon y su hermano Luka, eso fue suficiente para mantenerlos callados y evitar denuncias, por supuesto cuando me llevé a Janine y a Pavel a Turquía ambos se quedaron trabajando para mí, después de un tiempo ella y yo retomamos nuestra relación, en su cumpleaños número diecinueve le pedí que fuera mi esposa, ella aceptó y un par de meses después nos enteramos de que esperábamos a nuestro primer bebé, yo era joven e idealista, estaba en las nubes, iba a casarme y a tener mi primer hijo, pero ya en ese tiempo había hecho varios enemigos, cuando Janine tenía seis meses de embarazo, atacaron nuestra casa en Turquía, Mataron a dos guardianes y a mi madre que se interpuso para evitar que le hicieran daño a Janine y a nuestro bebé, sólo Janine y otro guardián sobrevivieron, pero entonces me di cuenta del peligro que corrían las personas que más amaba, por ello en pocos días nos mudamos a Perm Rusia, nuestra bebé nació allí, la llamamos Rosemarie por los pétalos de mis cartas y en honor a mi madre Mary— se detuvo entonces esperando alguna reacción o comentario de mi parte sobre esta información del nacimiento de Roza, yo estaba demasiado anonadado para decir algo, la ciudad me era familiar no solo porque estaba en mi país natal, sino porque mi babushka había vivido allí bastantes años antes de mudarse a Baia con nosotros, estaba sin palabras así que solo hice un gesto y esperé que continuara —Janine y yo intentamos vivir una vida feliz como familia junto a nuestra pequeña, fuimos felices los tres por un poco más de tres años, hasta que el segundo ataque se produjo, fue entonces que decidimos separarnos.
—Y entonces Janine tuvo que dejar a Rose en la academia— dije con tristeza, por ellos y por Roza no podía ser fácil hacer ese sacrificio, preocuparte por la vida de los que amas a tal punto que debes renunciar a ellos.
—Ambos lo hicimos, yo acompañé a Janine a la corte para inscribir a la niña como Rosemarie Hathaway, necesitábamos que no la vincularan conmigo para que pudiera estar realmente segura por ello no podía continuar llevando mi apellido, además Janine se reportó disponible para una nueva locación en la corte, ella ya había sido asociada conmigo por lo que también debía distanciarse de Rose, entonces vino lo más difícil dejar a nuestra hija, la dejamos en San Vladimir y luego de una muy dolorosa despedida, después de renunciar a las dos personas que más amaba en el mundo volví a Turquía, mi plan era cazar a los malditos que mataron a mi madre y que destruyeron nuestra posibilidad de ser felices y una vez exterminada la amenaza reunirme con mi familia, casarme con mi prometida y volver a ser una verdadera familia.
— ¿Los encontraste? ¿Pudiste acabar con ellos?
—No, pasaron los años y nunca pude encontrarlos hasta la pascua pasada, cuando seguí su pista hasta Rusia, ellos habían contratado la protección de una mafia Strigoi la cual había hecho tan difícil ubicarlos, los tenía, el plan estaba listo, pero entonces mi hija renunció a la academia, para ir a cazar a su ex mentor al que le había hecho una promesa, Janine me informó del asunto y yo tuve que enfocarme en su búsqueda, una vez que encontré a Rose en Rusia me enfoqué en hacerla volver a américa y perdí la pista de los malditos.
—¿Es para encontrarlos que me necesitas?— pregunté tratando de evitar pensar en el paso de Rose por Rusia.
—No, ya los hemos localizado y están siendo vigilados de modo de no volver a perderlos, lo que necesito ahora es que los detengas y acabes con ellos, desde que salió a la luz su relación conmigo he recibido amenazas contra Rose, sé que ella puede defenderse, sé que mientras este en la corte está protegida, lo que me preocupa es cuando este el Lehigh con la princesa.
—Sabes que sí me hubieras contado esto desde el principio yo me hubiera ofrecido a acabar con cualquier maldito que estuviera amenazando la vida de Roza ¿verdad?
—Lo sé, pero no podía darte toda la información cuando aún estabas con Rose, conozco a mi hija, a veces es demasiado valiente y temeraria para su propio bien, si ella se hubiera enterado de alguna forma, hubiese querido acabar con los malditos con sus propias manos y yo no quería ponerla en peligro, más de lo que ya está.
— ¿Crees que yo le hubiera dicho?¿qué yo hubiera querido ponerla en peligro?
—No conscientemente, pero...
— ¿Pero qué?
— ¿Recuerdas Spokane verdad?— claro que lo recordaba cómo podría olvidarlo, Rose y sus amigos cayeron en las manos de los Strigoi, fueron directo a su trampa por mi indiscreción aun cuando fue con las mejores intenciones, pero esto era diferente.
—No es lo mismo.
— ¿No lo es? Dimitri tú la amas, ella hubiese sido capaz de ver que algo sucedía, hubiese presionado, tal vez tu hubieras flaqueado, tal vez no, pero yo no iba arriesgarme— sabía que tenía razón por supuesto, si yo hubiera sabido hace días que su vida estaba en peligro, no la hubiera dejado ni a sol ni a sombra, hubiera actuado extremadamente protector y ella lo habría notado, de una forma u otra no hubiese terminado bien —Entonces qué dices Dimitri ¿lo harás, atraparas a esos malditos, acabaras con ellos, aun cuando existe la posibilidad de que no vivas para volver a verla?
— ¿En serio tienes que preguntar? Abe yo renunciaría a mi vida, por ella, por su felicidad sin pensarlo dos veces.
