Capítulo 50: Preparaciones
Dimitri
Amanecía en Budapest cuando aterrizamos, al bajar del avión dos Suburban nos esperaban, un guardián se nos acercó para darnos la bienvenida, era nada más y nada menos que Boris Gabor, el hombre que estaba interesado en Rose y que lo había hecho más que evidente en aquellas semanas que pasamos en Kentucky buscando a la hermana de Lissa y que en algún momento fue bendecido con toda la atención de mi Roza mientras yo luchaba por hacer que me escuchara y me perdonara.
—Guardián Belikov— saludó el hombre estrechando mi mano y sonriendo genuinamente.
—Guardián Gabor— respondí con respeto aunque me parecía sospechoso su entusiasmo al recibirme, agradecía el profesionalismo y decidí no enfocarme en el hecho de que este era el tipo que había besado a Rose a la fuerza y que me había hecho pensar que la perdía para siempre, la perdiste de todos modos, dijo la odiosa voz en mi cabeza, antes de que pudiera centrarme en la información que el guardián me estaba dando.
—... entonces viajaremos en los dos vehículos hasta nuestra central de operaciones donde te daré toda la información que hemos recopilado ¿me imagino que Pavel te instruyó en el grueso del asunto?
—Sí, él me dio la información sobre la identidad de los moroi involucrados así como la agrupación de Strigoi que han contratado para su seguridad— dije con irritación, sintiendo los ojos de todas las personas de mi equipo en mí, el acuerdo de seguridad de los malditos que estaban tras Rose había sido proporcionado por Galina y sus secuaces en uno de los tratos que ella firmó antes de que yo hubiera sido convertido y me hubiera unido a sus filas para luego traicionarla y acabar con ella, mi respuesta violenta al enterarme de ello no había pasado desapercibida por los guardianes y guardianas que me acompañaban.
—Perfecto, será peor cuando te enteres de los otros negocios sucios que tienen esos desgraciados— dijo Gabor obviamente dándose cuenta de mi rabia ante el tema.
Partimos en los dos vehículos hasta el que sería nuestro lugar de operaciones en las afueras de Budapest, yo viajaba junto a Gabor y cuatro guardianes más que eran parte del equipo que había viajado conmigo desde Barcelona, mientras los otros seis restantes viajaban en el otro vehículo junto a un Moroi llamado Bernard, que había venido con Gabor a buscarnos para llevarnos al que sería nuestro lugar de trabajo por ahora.
La casa era magnifica, una pequeña mansión ubicada en el barrio de kerucles, rodeada por un espléndido parque que nos mantenía relativamente ocultos de los curiosos y que probablemente había sido construida hace más de un siglo, contaba con ocho habitaciones en las cuales debíamos residir veinte personas, pero las acomodaciones ya habían sido pensadas y dado lo amplio del lugar el espacio era suficiente para dormir cómodamente aunque dudaba que fuéramos a dormir mucho una vez comenzada nuestra cacería. La mañana la pasamos en el sótano del lugar donde Gabor nos informó de los últimos movimientos hechos por el grupo de Moroi que debíamos atrapar, ellos se hacían llamar los obscuros, era una agrupación de al menos 70 moroi, de los cuales el 90% pertenecía a la realeza y recibían los beneficios de sus negocios sucios desde la comodidad de la corte o en el lujo y anonimato de sus mansiones alrededor del mundo, sabía por Pavel que sus principales ingresos eran recibidos por tráfico de drogas pero Gabor tenía información mucho más espeluznante, que no me había sido revelada con anterioridad debido a que era un tema delicado y habían personas muy importantes en nuestro mundo involucradas en el asunto, los obscuros realizaban también trata de blancas con niñas humanas y dhampir de edades entre nueve y catorce años. Un calor horrible se apoderó de mi cuerpo al enterarme de esta situación, la sangre me hervía y deseaba acabar con alguien usando mis propias manos, el vaso que sostenía fue el que pagó las consecuencias al hacerse añicos por la presión que recibió al apretarlo en mi puño, todos me miraron pero no dijeron nada sobre los cortes que me provoqué a mí mismo, trate de consolarme con la idea de que al encontrar a esos hijos de perra, me aseguraría de ver con mis propios ojos como eran destruidos uno por uno, lo haría con mis propias manos, tal como el pobre vaso que había sido aniquilado momentos antes.
Después de la reunión me dirigí al baño para limpiar mis heridas, mientras lo hacía recordé uno de esos momentos agridulces que pasé junto a Rose Hathaway en la academia, mi Roza había lastimado sus manos por no usar guantes para el frío y yo me dediqué a curarla, fue entonces cuando me di cuenta de lo peligrosa que se estaba volviendo nuestra relación, el solo hecho de tocar sus manos y la cercanía en que nos encontrábamos en esa pequeña habitación del gimnasio, me había llevado a imaginar lo excitante que sería besarla, pero era imposible, era incorrecto, ella era mi estudiante, yo no debía cruzar esa línea. Una voz femenina me saco de mi trance abruptamente.
—Bienvenido Guardián Belikov— me saludó una sonriente Danna Müller —Boris me dijo que te cortaste rompiendo un vaso con tus propias manos, quería verlo por mí misma ¿Necesitas ayuda?
—No por el momento Danna— dije mientras envolvía mi mano sangrante en una venda —Pero gracias de todas maneras.
—Fue una gran sorpresa saber que venías a esta misión, no pensé que querrías dejar a Rose tan pronto, después de lo que te costó recuperarla— su comentario me tomó por sorpresa, cuando Danna y Boris se unieron a las filas de guardianes de Ibrahim Mazur, ni siquiera yo estaba seguro de si algún día recuperaría a mi Roza, la única forma de que ella supiera con certeza algo sobre nuestra relación era si...
— ¿Haz hablado con ella?— la idea de que Roza supiera mi exacto paradero llegó a mí con sentimientos encontrados, por un lado me sentí aliviado ya que tal vez Rose no seguiría pensando que yo la había dejado porque no la amaba, pero por el otro era probable que ella estuviera de camino a Hungría para enfrentarse cara a cara con los hombres que alguna vez quisieron acabar con su vida y que la separaron de su familia a temprana edad.
—Lo suficiente para saber que estaban juntos nuevamente, pero eso fue hace un par de semanas, Abe nos pidió específicamente no divulgar ninguna información sobre esta misión a nadie, mucho menos a su única hija.
—Yo ni siquiera pude despedirme— dije sin poder evitar que la tristeza se notara en mi tono de voz.
—Bueno Belikov, al menos puedes hacer esto sabiendo que ella está a salvo en alguna otra parte y que te recibirá con los brazos abiertos cuando vuelvas.
—Eso si es que alguna vez me perdona por dejarla sin decir adiós.
—Estoy segura de que lo hará, al menos a ti, no sé si Abe tenga tanta suerte— le sonreí, de verdad quería creer en sus palabras.
A la mañana siguiente mientras desayunábamos recibimos la visita de un grupo de alquimistas y guardianes enviados por la reina que conocían los detalles más escabrosos de las operaciones de los obscuros. Los alquimistas nos proporcionaron información actualizada sobre la organización y los guardianes se unieron rápidamente a nuestras filas, nuestro pequeño ejército contaba ahora con 55 personas, 35 guardianes oficiales, 12 no prometidos y 8 moroi usuarios de fuego, tierra y agua, distribuidos en dos grandes casas en distintos lugares de Budapest, Gabor y yo estábamos al mando de un grupo de 25 personas y ambos queríamos salir a dar nuestro primer golpe, que se había programado para el final de la semana por lo cual los entrenamientos comenzaron de inmediato. Abe nos había proporcionado un excelente equipo de entrenamiento, una tonelada de ropa deportiva y armas de diferentes tipos y calibres para cuando comenzáramos los ataques, incluso teníamos nuestro propio campo de tiro, sonreí ante la imagen que vino a mi cuando imaginé lo entusiasmada que Roza estaría en un lugar así. Me había prometido a mí mismo no volver a pensar en ella para poder enfocarme en la misión, pero era imposible, más aún cuando comprobé que Boris y Danna tenían una relación, por alguna razón verlos juntos me hacía extrañarla más, deseaba abrazarla y besarla o solo escuchar su voz. Finalmente me di cuenta que no era sano para mi tratar de no pensar en ella porque entonces la extrañaba más, así que abrazaba esos pensamientos mientras me dedicaba a entrenar para nuestra misión.
En mi tercera noche en Budapest fui completamente sorprendido por la presencia en el gimnasio de la misma Janine Hathaway, habíamos estado practicando tiro con los Moroi y al terminar nos dirigimos al gimnasio para continuar el entrenamiento enseñándoles algunos movimientos de combate, al entrar a este fuimos testigos de un rudo enfrentamiento entre Danna Müller y la extraordinaria pelirroja, por un momento pensé que Roza había venido con su madre pero deseché el pensamiento de inmediato, era ilógico pensar que Janine la traería en contra de los deseos de Abe de mantenerla alejada de todo este asunto. Cuando el combate entre las dos mujeres terminó y ella salió ganadora los aplausos no se hicieron esperar.
—Belikov te estaba esperando— dijo cuándo me vio —¿Listo para luchar conmigo?
Me acerqué sin dudar y comenzamos a caminar en círculos, ambos esperando que el otro lanzara el primer golpe. Janine fue la primera en perder la paciencia, al igual que Rose no le gustaba esperar para comenzar la pelea, así que se lanzó hacía mi con una patada directa a mi estómago, el que yo bloqueé rápidamente y simultáneamente golpeé sus costillas con mi puño izquierdo, después el combate se llenó de puñetazos y patadas de ambas partes sin que ninguno lograra una real ventaja por varios minutos, entonces noté que sus golpes llegaban con menos fuerza y tuve mi oportunidad de derribarla pero al caer ella logró girarse y darme con su rodilla en la ingle, el dolor fue intenso lo que me hizo perder mi ventaja en segundos, lo siguiente que pude registrar fue que ella estaba sobre mi simulando mi muerte con su estaca de práctica.
—Impresionante combate— dijo Gabor ayudándome a levantarme en medio de una lluvia de aplausos —Felicitaciones Janine ninguno de nosotros había podido derribar al gran Belikov.
—Digamos que hace tiempo que estaba esperando esta oportunidad, no podía desaprovecharla ¿verdad Belikov?
—De ninguna manera— respondí sabiendo exactamente a qué se refería, por supuesto la entendía, si tuviera una hija que hubiese estado en una relación con un hombre siete años mayor, que además fue su mentor también hubiera querido tener la oportunidad de golpearlo y verlo retorcerse en el suelo.
— ¿Sin Rencores Belikov?
—Ninguno— dije con sinceridad.
Al final de la semana llegó nuestro primer paso en la misión, sabíamos que los obscuros esperaban un embarque con niñas para su horripilante negocio, nuestro plan era desbaratar la operación y rescatar a las niñas, pero además capturar a algunos de sus hombres para sacarles mayor información sobre los planes de seguridad del lugar donde el grupo de moroi se escondía, sabíamos que entre más detalles supiéramos mayor sería nuestra ventaja cuando necesitáramos actuar. Antes de salir tomé mi computadora y comencé a navegar con el solo propósito de mirar el sitio de facebook de Roza, era una especie de tortura personal que había adquirido en mi segunda noche lejos de ella, todo lo que hacía era mirar sus fotos, una de mis preferidas era donde ella aparecía con un vestido blanco abrazada a Vasilissa, había sido tomada la noche en la que Abe nos invitó a la cena para celebrar el nombramiento de la princesa como miembro del consejo real moroi, esa era la misma noche en que Abe me había informado que debía dejarla, tal vez esa era la razón porque me gustaba tanto la foto, además de que se veía hermosa y su sonrisa era radiante, fue la última foto que le tomé pensando en lo maravilloso que sería nuestro futuro juntos.
— ¿Estás listo Belikov?— preguntó Janine Hathaway minutos más tarde cuando me uní a los demás en el estacionamiento.
—Más que nunca.
—Excelente, solo recuerda permanecer con vida, no quiero bajas en mi turno.
—Yo tampoco las quiero en el mío— dije subiéndome a la van, con la imagen de mi hermosa Roza sonriendo para mí y la esperanza de volver a verla pronto.
