Bueno, no estoy seguro de cuál se subirá primero. Si éste capítulo, o el próximo de La Supervivencia del Más Apto. Así que, antes de explicar extendidamente por qué me estoy ausentando y cosas que a nadie le importan del todo, vamos con las Reviews.

BigDragon500- Gracias por leerme. Y sí. Habrá personas que tengan ésa habilidad. Lo que no puedo confirmarte, es quienes la poseerán.

LukasRuderer- Antes de que se me vaya la paloma, gracias por leer mis fanfics. Honestamente el que más me gustó hasta ahora fue El Diablo de Cabello Blanco. Y es porque fue mi primer One-Shot. Quizá de aquí a la creación de mi próximo One-Shot odie esa historia. Quizá… Y básicamente la violencia gráfica será así en casi todos los capítulos que pueda. Así que, si tienes estómago, aguanta colega.

J. Nagera- Lástima que no haya ni una teoría. Espero que en éste capítulo si haya alguna especulación… Y gracias de verdad por los buenos deseos.

Sin más dilaciones, que comience el segundo capítulo.


Sin Muros

Capítulo 2: Algo olvidas, Lynn Loud.


19-3-2018. Estadio de Football Americano de Royal Woods. Michigan. 1 hora antes

Eran las 3 de la tarde, y la joven Lynn Loud Jr estaba nerviosa en las gradas del estadio de Football Americano de Hazeltucky. Estaba nerviosa por primera vez en mucho tiempo porque no había practicado como ella quería. Estaba nerviosa, y juraba por dios que había olvidado practicar algo. Había olvidado realizar algún ritual. Algo estaba olvidando. El amuleto de la suerte máximo estaba ausente. Más aunque brillara por su ausencia, el brillo de éste no era lo suficientemente intenso para que la competitiva y supersticiosa, y sin mencionar despistada Lynn Loud, lo reconociera.

Algo estaba olvidando. Definitivamente algo estaba olvidando.

Pero no era momento de ponerse nerviosa. Esperó por éste juego casi por un año. Donde los Gallos de Royal Woods enfrentarían a Hazeltucky, y Lynn Loud limpiaría su nombre después de la última vez que fueron humillados. Después de todo, era Lynn Loud. La deportista. La castaña. La más temida en el vecindario. Tan temida que ni si quiera los compañeros de Lori se atreverían a burlarse de algún Loud mientras ella hiciera acto de presencia. No dejaría que unos niños semi obesos la intimidaran y siguieran burlándose tanto de su ciudad como de su familia por haber perdido. Y mucho menos porque la razón de aquella derrota fue ridícula.

Limpiaría su honor. Y demostraría una vez más, en otra zona de Michigan, que Lynn Loud es la mejor de todos. Y que todos y cada uno de los aspirantes a atletas deberían dar gracias a Dios de que es una mujer, porque si hubiera nacido hombre, ni si quiera Usain Bolt, Shackil O'Neil, Messi, Ronaldinho, ni ningún deportista tendrían oportunidad ante ella. Cualquier deporte que exista, Lynn Loud será la número uno. Ese fue su juramento antes de subirse al autobús. Eso rezo, y quien quiera que sea el dios que esté observando, es testigo de ello. Lynn Loud será campeona, y nadie la detendrá. Esas son sus palabras, y cual predicador las cumplirá.

O al menos eso le encantaría creer en éste momento. Faltaban aun 45 minutos para que empezara el partido, y aunque Lynn quisiera repetir por vigésima séptima vez su rutina de entrenamiento intenso, ahí mismo en las gradas antes de que la llamen a calentar, sabía que algo le faltaba. Algo olvidaba de su rutina de entrenamiento. Algo que no hizo en casa quizá. No, no quizá. Estaba segura de que algo había olvidado. En casa era lo más seguro. Pero ahora, ¿Qué era? ¿Algo en su habitación? ¿Ver algún partido? ¿Preparar algún sándwich? ¿Qué era lo que olvidaba?

Se hundía en sus pensamientos para no recordar qué pasó en su casa cuatro días antes de irse. No quería pensar en eso. No ahora que necesitaba la mente fría y sin distracción alguna. Necesitaba saber qué era lo que estaba olvidando. Estaba olvidando algo importante. Algo que, seguramente si no averiguara qué era, perdería el partido.

Hora de pasar revista por onceaba ves ése día qué olvidaba. Ya hizo once repeticiones de cada ejercicio, entrenó durante once horas seguidas un día antes del partido, miró varios partidos de futbol americano, y aguantó el ir al baño hasta que su equipo ganara el partido. Daba 11 vueltas por entrenamiento, y entrenaba 3 veces al día, hizo todo lo que siempre hace… Entonces, ¿qué le faltaba? Algo olvidaba. Algo estaba olvidando.

-¡Lynn!

El llamado del entrenador la sacó de sus pensamientos, y dirigió la mirada a éste.

-¡Faltan ya 15 minutos para el partido Lynn! ¡Debes prepararte!

-¡V-voy entrenador! – A una velocidad increíble, Lynn bajó de las gradas dirigiéndose a los camerinos por decirlo así. Revisó su casillero, y vio ahí su uniforme. Era rojo como las hojas de otoño, y con algunos colores amarillos para hacer juego. Unos pantalones algo abultados blancos, su equipo protector, y su casco. Comenzó a vestirse antes que el resto de sus compañeros llegaran, puesto a que ser la única chica en el equipo no le brindaba nada de privacidad. Y menos teniendo en cuenta que sus compañeros al tener dos años más que ella, tenían las hormonas hasta el techo producto de la adolescencia. La única razón por la cual no intentaban hacerle algo, es porque saben que quien le ponga una mano encima a Lynn Loud, equivaldrá a 7 meses de hospital, y la imposibilidad de volver a tocar un balón en su vida. Y no era especulación, ya había pasado.

Lynn tenía todo preparado, y cuando fue a ponerse el casco, notó que de éste calló una foto familiar algo tierna y desastrosa. Eran ella y sus otros diez hermanos. Después de que Lincoln intentara sacar aquella foto (y todo saliera en parte mal, pero terminara bien… y no fue precisamente por ellas), Lynn pidió una copia a blanco y negro, para tenerla siempre que fuera a jugar algún partido. Quizá era eso lo que olvidaba. Jugar con su foto familiar.

Colocó la foto en el casco, y se colocó el mismo. Abrochando éste, y saliendo a la cancha para darle a entender al resto de chicos que podían cambiarse.

El estadio en sólo diez minutos comenzó a llenarse de gente. Ella estaba en la banca con sus compañeros y su entrenador, esperando a que el mismo les diera la charla motivacional y la estrategia. Lynn estaba nerviosa, sentada al lado de dos compañeros que le agradaban. Butcher, un muchacho rubio, ojos azules, con una contextura física más que denotada a pesar de sus 16 años de edad, y el otro es Reginald. Uno de estatura más baja que Butcher, pero más alto que Lynn, más delgado, castaño, con pecas. Ambos eran sus mejores amigos en el equipo de Futbol americano. Los tres eran quienes mejor jugaban juntos. Sabían qué hacer sin siquiera decirlo. Sólo bastaba una mirada para saber qué jugada querrían hacer.

-¿Dejaron un lugar para mi idiotas? – dijo Lynn Loud dirigiéndose a los dos muchachos, para próximamente sentarse entre los dos.

-Habló la reina de la cancha, ¿O no Butcher? – Decía el castaño con pecas.

-¿Qué cuentas Lynn? ¿Aún sigues con tus exagerados rituales?

-Ey Ey Ey, mis rituales funcionan idiotas. Sin ellos no ganaríamos.

-Por favor, tú y tus rituales son-

-Bien muchachos… -El entrenador se quitó la gorra e hizo ademán para que todos se acercaran a él. Acto seguido, los muchachos se acercaron al entrenador y escucharon atentamente sus palabras. – Éste será el primer juego que tenemos contra Hazeltucky desde lo que pasó con el hermano de nuestra jugadora estrella. – Dijo el entrenador entre risas algo bajas, para librar la tensión del momento. Pero notó que el resto lejos de reírse con el entrenador, más bien recordaban aquél incidente con sumo desagrado. Ya habían ganado. Prácticamente, habían ganado ese juego. El muchacho de cabello blanco corrió casi 3 vueltas enteras en la cancha para anotar un touch down. Pero se equivocó de zona.

-Como sea… Éste juego será duro, no lo negaré. Desde el partido anterior, Hazeltucky estuvo entrenando arduamente, y no voy a mentirles muchachos… Sólo nos concedieron la revancha porque sabían que traeríamos a alguien con el apellido Loud. – Seguido de eso, todos miraron a Lynn, provocando en ella, lejos de un sentimiento de nerviosismo, sólo la llenó de determinación. – Así que, por ti es que estamos aquí Lynn. Si perdemos, el equipo de los Gallos de Royal Woods perderá aún más respeto del que perdimos ya con aquella derrota, y no clasificaremos a la final nacional… Aprovechen esta oportunidad muchachos. Jueguen duro, jueguen al máximo, pero sobre todo, como decía mi tátara abuelo, y les estoy hablando de casi treinta generaciones pasadas… - seguido de eso, puso su puño en el pecho – Tengan el valor de entregar su corazón muchachos. Entréguenlo en este juego. Pongan la mano en el pecho, todos, y repitan conmigo muchachos. – Acatando las órdenes, todos y cada uno pusieron su puño en el corazón y repitieron junto al entrenador – ¡Entregaremos, lo entregaremos, juramos por dios, que nuestro corazón daremos. Por Royal Woods, nosotros sus gallos chirriaremos, y con valor, ganaremos!

Aquél rezo motivó aún más a Lynn Loud Jr. Ya no se sentía insegura de sí misma. Se sentía emocionada, extasiada, motivada. No recordaba por qué se sentía tan nerviosa, y no le interesaba saberlo, o mejor dicho, recordarlo. Se había formado junto a sus compañeros, saludando con respeto a sus contrincantes, para luego colocarse en la posición de rutina que era tan efectiva desde que entró al equipo. Butcher a su derecha, y Reginald de delantero. Ella era el medio. Porque no era como el Futbol, donde el delantero es quien se encarga de las anotaciones, aquí quien importa es quien lanza y bloquea mejor y de forma agresiva.

La estrategia era simple pero eficaz. Los primeros puntos se la pasarían a Lynn, Lynn se la daría a Butcher, y antes de que la intentaran embestir, Lynn estaría corriendo a una alta velocidad para recibir el pase de Reginald, y ya tendrían la primera anotación. Al ser una mujer no la tomarían en serio, y ese era siempre el error más importante de sus rivales. Y a su vez su mayor fortaleza.

El partido comenzó, y ya estaba pasando un minuto antes de que el árbitro pitara para dar señal de que se podía comenzar, pero básicamente el partido comenzó. Se aclararon las reglas, los Gallos de Royal Woods sacarían primero, y se formaron. Lynn los llamaba por sus números.

-15, 2, 7, 11, 20. – Cuando dijo el último número, y recibió la seña de Reginald de que estaban preparados, Lynn se tensó como nunca. A penas recibiera el balón y se lo pasara a Butcher, correría tan rápido que nadie la detendría. Sólo debían lograr una anotación, a partir de ahí aprovechar la ventaja, y ejercer presión. Algo sencillo. - ¡Hup! – apenas dio la señal, Lynn recibió el balón contra su pecho. Lo atajó como nunca antes atajó un balón de Futbol americano. Retrocedió pero para la derecha, y vio que dos mastodontes se querían abalanzar contra ella. Antes de que intentaran derribarla, Lynn lanzó el balón hacia Butcher, y salió disparada con una velocidad que hasta un erizo azul muy famoso y adorado por su hermano menor se quedaría anonadado.

Butcher atrapó la pelota, pero con dificultad. Lynn la lanzó fuerte contra él. Y cuando la vio disparada, y vio a los dos mastodontes caer al suelo intentando atrapar a Lynn, supo que tenía que pasársela a Reginald. Lo localizó entre todas las cabezas. Los compañeros de Butcher y los rivales chocaban entre sí para evitar dar paso. A penas vio que Reginald estaba libre, lanzó la pelota a él. Reginald la atrapó sin muchos problemas y comenzó a correr junto a Lynn evadiendo a tanto rival como podía. Cuando vio que tres iban por él supo que podía brincarlos, o lanzarle la pelota a Lynn. Estaba a punto de brincarlos, pero algo que vio en la lejanía lo distrajo, haciendo que, involuntariamente, lanzara el balón hacia Lynn, recibiendo el impacto de aquellos muchachos que lo derribaron.

Lynn atajó la pelota con suma facilidad y comenzó a esquivar a tanto idiota intentara derribarla. Lynn estaba ya en la yarda 30, y comenzó a aumentar la velocidad. Vio a uno de los muchachos intentar bloquearla, y cuando ella estaba a punto de colisionar con él, sin pensarlo puso la cabeza en frente, golpeando el abdomen de su contrincante. Y emulando lo que vio en National Geographic sobre las cabras en Afganistan, con una fuerza sobrehumana levantó su cabeza embistiendo y tirando para atrás a aquél muro humano, el cual se habría golpeado la espalda de haber caído ya.

Nadie cubría, las yardas, o eso parecía, porque nadie perseguía a Lynn. Parecía que el mundo se silenció por completo. Que nada existía ya. Eran Lynn y la zona de anotación. Le faltaban escasos metros, y antes de que pudiera siquiera abrir los ojos, sintió como llegaba a donde quería, anotando de primera. Ya podía oír el público enloqueciendo, ya comenzaba a festejar el primer punto, esperaba oír al público gritar de emoción.

Se quedó paralizada cuando sintió una tensión sobrehumana en el ambiente. Algo, no sabía qué, pero algo estaba pasando. La adrenalina en su cuerpo aún estaba vigente, y cuando vio que nadie hablaba, sino que largaron un suspiro de asombro… ¿Habría lastimado de gravedad al muchacho que embistió? Giró la cabeza hacia atrás, pero vio al muchacho en el suelo contemplando algo en el cielo. Era extraño, porque todos, sus compañeros, rivales, su entrenador, y al ver las gradas notó que todos veían al mismo punto.

Entonces Lynn comenzó a notar un leve temblor con eco.

Pum. Pum. Pum. Pum.

Era algo como… pasos… y se hacían cada vez más fuertes. Para algo mucho peor, estaban acercándose a donde ella estaba. Provenían de su espalda. De atrás de ella. Cuando Lynn Loud miró atrás, observó dos cosas. Primero, fue cómo el cielo se tornó más apagado. Era de tarde, sí. Pero… ¿Cuándo fue que se puso nublado por completo sin que ella lo notara? Entendería que hubiera nubes que cubran el sol, pero era una capa entera de esos cuerpos condensados cubriendo el cielo. Una capa enorme de nubes. Que no daban paso a los rayos del sol.

Y lo segundo, era una criatura con el pelo canoso, de aproximadamente 9 metros o más, con una mandíbula que enseñaba unos dientes gigantes. Parecía tener una segunda mandíbula, o mejor dicho una segunda hilera. Y era porque donde finalizaba sus dientes, en la comisura de la boca, había una segunda sección. Pero lo que más le daba pavor a Lynn Loud de aquella criatura, era la expresión. Tenía una expresión vacía, una expresión triste y desolada. Una que, de hecho, sólo apreció una vez…

La criatura vio a Lynn Loud, y esa expresión vacía cambió a una un poco más iluminada. Con esa boca tan extraña formó una desagradable sonrisa, enseñando que sus dientes frontales eran levemente más grandes que el resto. Acercó su gigantesca mano hacia Lynn, pero esta no se quedó parada y se alejó rápido.

Todo el ambiente se tornó oscuro, y la criatura al procesar con lentitud que Lynn no estaba en su mano, visualizó su ambiente una vez más. Apreciando que, de hecho, había más de una persona en esa zona. No había gritos, no había pánico. Todos veían confundidos, pero aterrados a aquella criatura. No fue sino cuando unos minutos más tarde el líder del equipo de Hazeltucky se intentó hacer el valiente, y le lanzó el balón de Futbol a la criatura. El tiro fue tan certero, que le dio en el ojo a ésta.

Grave error.

La criatura al recibir el impacto miró quien había sido su atacante. Y al notar que el jugador que, de idiota, aún seguía en la posición de haber lanzado. La expresión iluminada cambió a una de enojo. Frunció el ceño, y abriendo su boca mostrando que, efectivamente, tenía dos hileras de mandíbulas, lanzó un rugido que dejó aturdidos a casi todo el estadio de futbol.

Aquí fue cuando el pánico se desencadenó. Las gradas entre gritos comenzaron a vaciarse, y cuando la criatura dejó de gritar, caminó con ese mismo ceño hacia los jugadores.

Por inercia, todos, incluida Lynn Loud, comenzaron a correr. Al ver esto, la criatura persiguió a un paso irregular a los jugadores. Había comenzado una persecución entre las personas de ahí, y la criatura colosal. Lynn, Butcher, y Reginald corrían aterrorizados por la criatura de gran tamaño que los perseguía a un paso irregular, pero rápido. Lynn quería correr más rápido, pero le dolían las piernas por alguna razón. Correr casi 50 yardas ella sola de golpe le golpeó.

Oyó que algo caía, y vió que Reginald era quien había caído.

-¡Reginald! – Dijo Lynn Loud. Butcher al oírla se detuvo y fue a ayudarles a ambos lo más rápido que pudo. -¡Levántate rápido! ¡Amigo vamos, se está acercando!

-N-no puedo… M-mi tobillo está… ¡Ghh! – Un esguince. Tenía un esguince. En el peor momento, el chico tenía un esguince.

Butcher no perdió tiempo pensando y cargó a Reginald. Lynn al ver que Butcher corría a una velocidad parecida a la que tenía hace un segundo, no dudó en seguirles. Estaba aterrada. Muy aterrada.

Un grito extraño sonó de atrás. Quizá alguien que se haya caído igual. Si ese era el caso, Lynn Loud debía hacer algo, debía ayudar. Era su deber como ciudadana por decirlo de algún modo.

Fue entonces cuando vio a la criatura que intentó agarrarla, subiendo al muchacho que le lanzó el balón al ojo. El muchacho forcejeaba e intentaba librarse de las manos delgadas pero enormes de aquella bestia. Los gritos no parecían de miedo, parecían de rabia.

-¡Maldita bestia infeliz! ¡Suéltame! ¡Cuando me baje juro por lo que más quieras que te destruiré! – el muchacho forcejeaba cada vez más y más. La criatura sujetaba su torso, dejando libre sus brazos. El chico aprovechaba esto y golpeaba las manos de la bestia con furia. Diablos, hasta intentando provocarle dolor mordió a la bestia y que lo soltara. Pero aunque el mordisco parecía profundo, el muchacho fue quien emitió el sonido de dolor. Gritó como si algo le hubiera pasado. Las manos del monstruo no parecían apretarse. El monstruo estaba arrodillado agarrando al muchacho con firmeza, y Lynn Loud apreció que su boca se había quemado. ¿Cómo pasó?

-C-condhenhadha v-vesdia… - Gimoteó el muchacho sin que se le pudiera entender bien. –¡Me lash phagarhaz a-aphenas mhe liverhe! – El chico no dejaba de golpear al monstruo intentando zafarse. Seguía y seguía una y otra vez. Pero entonces fue cuando Lynn vio qué buscaba ese monstruo. Acercaba las piernas movedizas del muchacho a su cara, empezó a abrir la boca enseñando las dos mandíbulas que éste poseía. La primera era una hilera de incisivos. Todos perfectamente alineados menos dos del frente, que eran más grandes que el resto. Pero la segunda… Eran colmillos. Colmillos puntiagudos y más largos que los dientes frontales. Parecía que se hacían más largos conforme acercaba al pobre muchacho a su mandíbula.

El muchacho forcejeaba, y cuando la bestia introdujo las piernas en la zona donde estaban los incisivos, y antes de que el muchacho gritara, la bestia cerró sus dientes con notable fuerza. El muchacho dio un grito ahogado, y Lynn Loud fue manchada con la sangre del muchacho. Cuando la bestia mordió al chico, comenzó a estirar su cuerpo como si lo arrancara. Esto provocó, valga la redundancia, que le arrancara un grito ahogado al muchacho. Lo que sea que estuviera diciendo, jamás lo entendería. Porque conforme lo estiraba, Lynn apreciaba como sus órganos, sus intestinos, salían de su cuerpo y algunos caían al piso. Los intestinos estaban colgando, y estaba segura de que cayó al menos un riñón cerca de ella. La criatura abrió de nuevo la boca para tragarse lo que quedaba de su víctima. Lynn presenció aquella monstruosidad paralizada. Aquella bestia miró a Lynn, y esa mirada apagada que poseía, volvió a desaparecer. Teniendo en su lugar una sonrisa un tanto desagradable. La criatura al terminar, se dio la vuelta y fue a donde parecía haber más escándalo. Y se fue caminando a ese paso tan extraño… y tan familiar…

Lynn entonces, cuando vio cómo la criatura fue hacia esas otras personas, y comenzó a agarrar a las personas que podía, Lynn Loud recordó lo que había olvidado… No era un ritual… No era nada similar… Era a su familia… Olvidó despedirse de su familia como debe ser… Pero en específico, al ver a esa criatura a los ojos, recordó que olvidó abrazar a su único hermano. Lynn pudo morir, a manos de esa bestia… Y sólo pudo recordar que no abrazó a su hermanito…


Es todo por ahora. Sin observaciones finales, sin comentarios... Sólo lo que se me ocurrió. Igual tampoco es que me tome en serio este fanfic... O al menos no del todo... Es más un pasatiempo.

Lamento la demora. Y blah blah blah. Hasta la próxima y gracias por leer.