Autor: Shameblack
Título: Detrás de la devastación (vuelve a salir el Sol)
Fandom: Naruto
Parejas: Naruto/Sasuke
Género: Romance/Angs/Hurt!Comfort/Friendship/¿?
Resumen: Naruto está casado. Sasuke también lo está. Pero nada está bien.
Advertencias: Adulterio, deseos reprimidos, inexactitudes con el canon


Detrás de la devastación (vuelve a salir el Sol)

V

Capítulo dedicado a Ezheptik. Cariño, feliz cumpleaños vencido

«No queríamos dormir,
nos queríamos comer a besos
No queríamos dejar de cometer ni un solo exceso
Nos venía a saludar en el balcón la luna llena
Nos bastaba con dejar morir
dejar morir la pena»

Horas- Jorge Drexler

La espera es larga y difícil. Se extrañan, y la necesidad constante de sentirse, de saberse debajo de la piel del otro se mantiene ahí, en el fondo de sus mentes. Sasuke sigue reportándose como siempre, el nudo en la garganta y la frustración al escucharle la voz al otro lado de la línea solo incrementan con el paso del tiempo. Naruto se escucha igual, si es que hay que ser honestos, como si los días les pesaran eternidades y el mundo ahora fuera demasiado grande, pero no lo suficiente para contenerles, para saber qué hacer en esos momentos. Sasuke se reprocha, son adultos, hay que joderse y punto; pero solo es cuestión que vuelva a escuchar a Naruto decir su nombre para que la noche se vuelva fría y exasperante.

Para cuando se dan cuenta han pasado cinco meses desde la última vez que se vieron. Está lloviendo con tranquilidad y Uchiha ha decidido encerrarse en la cabaña aislada que se consiguió en mitad del bosque circundante a la aldea de la Niebla. Las gotas de lluvia son un distractor, tenue y monótono, de sus propios pensamientos, que si bien antes tendían irse a la oscuridad de su mente, ahora solo se encuentran revestidos en ira y frustración. Se pregunta qué está haciendo, ahí, qué va a hacer después, cuando le vea, cuando el mundo ya no pueda con ellos y las cosas exploten. Es demasiado pronto para derrumbarse, se dice, pero no sabe si es verdad.

Sin embargo, todo aquello queda sumido en el fondo cuando lo siente, y tan pronto como puede darle una forma a la sensación, se levanta y camina hacia la puerta, pero no importa, porque se abre y detrás de ella está Naruto, con los ojos amables, la sonrisa grande y gotas escurriéndole del cabello.

Sasuke había pensado que cuando volviera a verle no le dejaría salir, que arremetería contra él y se quedaría a vivir en esa sensación, insatisfecha al grado que lo ha estado dejando intranquilo durante todos esos meses. Pero es más sorprendente ver que lo único que hacen es mirarse, conociéndose de nuevo, por siempre, recapitulando todo lo que se puede mirar en un rostro. Sasuke no dice nada y da media vuelta, se sienta a la mesa y pone una botella de sake en medio. No hay necesidad de mucho más.

Le sigue hasta la mesa y da el primer sorbo de la botella. Le mira por el refilón de su ojo, con mechones rubios cubriéndole parte de la frente y cuando termina le pasa el sake. Sasuke se pregunta si hay necesidad de esto, si en verdad es así como va a funcionar, pero eso no evita que tome la botella y de él su trago. Después, se recordará, que es así cómo se les ha ido el tiempo.

Cuando Naruto se levanta de su lugar y atraviesa la habitación hasta la ventana más grande la lluvia sigue cayendo afuera, pero ahora incluso más tranquila que antes. Se recarga ahí y se limita a observar. Sasuke le ve el perfil recortado contra la suave luz del exterior y siente su corazón achicarse.

—No dejo de extrañarte—dice bajito, aún con la mirada perdida en la lluvia de afuera y los puños lánguidos a sus costados.

Sasuke mira la botella en la mesa y suspira, cansado.

—Eres idiota, pudiste venir antes—y no sabe si es verdad, si es que hubiera podido ir antes, en ese preámbulo de cinco meses de no verse. Pero sabe que no importa, porque a final de cuentas es Naruto quien puede hacer algo, no Sasuke que sigue estancado en una misión que comienza a parecer una fachada para estarse alejado de todo.

Cuando sube la mirada de la botella y se encuentra con la de Naruto, la sensación en su pecho se hace más fuerte y no hay nada más allá que querer acabar con esto. Duele lo ridículo que es, lo necesario que se ha convertido, incluso si ninguno de ellos lo huebiera probado antes.

—Ven aquí—sale como una súplica, y Sasuke se odia un poco, pero luego nada al ver cómo Naruto se avienta a él, cómo le toma del cabello, del cuello y le besa. Y esto es lo que habían estado buscando, lo que nunca se había tenido antes y qué importa.

Se desarman a besos rápidos y furiosos; hambrientos de años, de vidas enteras. Afuera la lluvia arrecia y los dedos de Naruto sobre su piel se sienten como gotas calientes, que le exploran, que no dejan paso a nada más.

Se tiran en la cama y hay ruido, hay besos, hay suspiros escondidos en hombros suaves. Hay manos que buscan y hay labios que encuentran. Sasuke grita, gruñe y Naruto se bebe todo con sed aberrante. Le bebe el alma y le mira atravesándosela y esto jamás lo van a tener con nadie más. Nadie jamás les hará sentir de esta manera y eso está bien. Es suficiente.

Se aprenden los caminos para ir por sus cuerpos, para encontrarse en la mitad y reconocerse. Naruto le deja tocar en todos lados, le deja hacerle lo que le plazca y le gime en la oreja, le murmulla su nombre y se oprime contra él cuando termina. Sasuke le deja besarle las manos, las mejillas e incluso lo que queda de su brazo. Se aprieta contra él y se siente desfallecer. Se lo dice y Naruto sólo sonríe. "Te tengo" y es suficiente, y qué han estado haciendo estos años, donde habían estado sus manos, por qué no se tenían.

No hablan mucho más que para decirse sus nombres, para dejar frases a medias y soltar suspiros ahogados. Naruto le besa detrás de las rodillas, le mapea la espalda con besos húmedos y traza cada punto, cada línea en ella. Es demasiado pero no importa, porque si alguien debe de hacer que Sasuke se sienta amado es Naruto, con sus ojos de azul infinito y su sonrisa escondiéndose detrás de la curva de su pierna.

Pasan tres días encerrados, recuperando el tiempo, satisfaciendo por mientras para aguantar después la sequía. Sasuke le respira sobre la piel, le entierra las yemas de sus dedos en las piernas y gime su nombre al atardecer. Quiere llorar, quiere reír y no puede entender qué es lo que va a suceder, pero solo implora que suceda después, que lo que tenga que pasar sea después de que ellos terminen de reconocerse, cuando tenga las fuerzas para dejar ir a Naruto de entre sus brazos.

A la mañana del cuarto día, Naruto le despierta con un beso en la frente, le murmura su nombre sobre sus labios y con la sola mirada le promete lo que nunca nadie, ni siquiera Dios, le ha prometido antes. Su mundo, por unos instantes, se concentra en Naruto, en su sonrisa, en sus manos francas y en su voz ronca cuando la lluvia amaina en el mediodía. Quiere saber si es igual para él, si siente lo mismo, si le va a extrañar con el mismo dolor que Sasuke lo hará. Pero no dice nada, deja que su cabeza vuelva a acurrucarse en el hueco de su cuello y le respira la esencia. Se toman de donde pueden y fingen que todo está bien, que no hay nadie esperándoles allá afuera y que tienen la eternidad para estar juntos.

Naruto le deja un cuchillo en su mano, a modo de despedida o de promesa, Uchiha no sabe. Le mira irse, con la cabeza entornada para mirarle todo lo que puede. Cuando por fin desaparece de su vista siente que le han quitado aire, se siente débil.

Los siguientes ocho días duerme poco, se despierta antes que el Sol y se dedica a despellejarse los nudillos a golpes secos en rocas, hasta que la sangre le empapa los dedos y tiene que parar.

Tantos meses después, el cuchillo que le dio Naruto se mantiene estoico en el alféizar de la ventana en un motel decadente cuando vuelven a encontrarse, cuando se devoran de nuevo y no hay tiempo suficiente para nada. Esa vez es Sasuke quién se marcha al amanecer, el cuchillo ahora en manos del Hokage. "Tienes que traerlo de vuelta" le dice en un tono que para cualquier otra persona sonaría molesto, pero que a Naruto sólo le saca una sonrisa.

La siguiente vez no es muy diferente a las dos anteriores, y poco a poco ambos pueden aceptar que así será de ahora en adelante; que pueden vivir a base de estas migas de pan cada cien días. Y aún no comprenden cómo llegan a ello; cómo el verse cada tantos meses y fugarse unos días, tenerse para ambos, se vuelve su rutina. Pero para cuando voltean sobre sus hombros han pasado ya años. Años de lugares esporádicos, de besos furiosos, a veces suaves, de promesas reconfortantes y brazos fuertes en noches crudas de invierno.

Naruto le lleva fotos de Sarada y Sasuke se estruja el pecho. "Es una niña preciosa", dice y es verdad, es idéntica a él y es idéntica a Sakura. Se siente basura por no haber sido su padre, pero siente que ha hecho lo correcto, porque alguien tan roto como él, no tendría la capacidad para ser el ejemplo de una niña.

—¿Cuándo crees que esto acabe? —le susurra a Naruto una noche de verano, con su cabeza recostada en su brazo y el cielo oscuro sobre ellos.

—Pronto.

Ninguno se la cree, pero por ahora está bien. Aún no es momento de explotar. Sasuke piensa que ya llegará el día y que ambos sabrán qué hacer en ese momento. Que por ahora pueden vivir en la ambivalencia que los mantiene, en esa pasión desenfrenada y amor perpetuo, con su enfado y frustración cultivados cerca, para no olvidarlos.

Sin embargo, Sasuke se pregunta si ese día ha llegado cuando tiene delante de sí a su hija, toda una mujer (o todo lo mujer que se puede ser a los trece años) y su inacabable misión por fin ejecutada. Al final se da cuenta que no hay a dónde correr, y que el pasado en algún momento te tiene que alcanzar.

Naruto le sonríe apenado y Sasuke piensa que probablemente ya sea hora de regresar a casa, con su mujer que no ama y con su hija que es una perfecta desconocida. Una voz en su cabeza, muy parecida a un Naruto de trece años, le dice que podría ser peor. Sarada, después de todo, podría odiarlo y Sasuke no se lo reprendería (una parte de él también se odia).

El día que regresa a la Aldea es espléndido. El sol está que brilla de lo lindo y Sarada no deja de sonreír. La niña piensa que ahora serán una familia de verdad, probablemente que Sakura brincará a sus brazos y Sasuke la colmará de besos. Le da un poco de lástima saber que no va a ser así, que lo que Sarada quiere reconstruir y llamar familia, solo será la convivencia bajo el mismo techo de dos adultos que hace más de una década que no saben del otro y que nunca se van a complementar. Quizá si sintiera un poco de amor por Sakura fuera la historia a un rumbo diferente, pero lo único que ella puede obtener de él es su aprecio y una piza de cariño que a lo largo del tiempo fue más Naruto quien se lo restregó que lo que Sasuke llegó a desarrollar por sí mismo.

Sakura es una buena mujer, y por un instante se siente culpable que ella terminara con un hombre que no la ama y nunca lo hará.

Supone que todo el esfuerzo que hará para tratar de hacer las cosas más amenas vale la pena una vez que ve la cara de Sarada cuando llegan a la casa y Sakura le mira. Si para hacer feliz a su hija, esa de cual no procuró en toda su vida, es fingir un poco de más aprecio y cariño del que tiene, bueno, quizá pueda hacerlo.

—Has cambiado—es lo que Sakura le dice una vez que Sarada ha salido de la casa, con excusa de ir a visitar a sabrá-quién.

—Tú no—le contesta con la voz grave, y se permite acariciar un mechón rosa que enmarca su rostro. Sakura se sonroja, pero de la manera en que un adulto lo hace, y no una chiquilla enamorada. Toma su mano entre las suyas y le sonríe con añoranza.

—Sarada va a tardar, quizá tengas hambre.

—La verdad es que no.

Ella le contempla firme por unos segundos, antes de acercársele y abrazarle, pasándole un brazo por la espalda y el otro por el cuello. Uchiha concede y le aprieta levemente contra su pecho. Es imposible que no compare el cuerpo menudo y fresco de Sakura, con el de Naruto, firme, fuerte y cálido. Cuando le rodea la cintura la siente pequeña, haciéndole extrañar las líneas bruscas y la espalda forzuda de Uzumaki, sus manos grandes y calientes sobre su piel. Se aparta con la mayor delicadeza que se puede permitir y no se sorprende al ver la mirada algo dolida de su mujer.

Al rato Sarada regresa, y les pide que salgan los tres a caminar por la Aldea. Sasuke piensa que es una buena idea, más que nada porque no reconoce prácticamente nada y la década que estuvo ausente no va a regresar.

Los edificios son aún más grandes que antes, y aquellos techos de teja tan característicos de la Aldea de la Hoja ya son escasos, es desuso, supone. La gente ni siquiera le mira al pasar por la calle y pronto él solo es un tipo más del montón. No sabe si la idea le agrada o no.

Visitan una casa de té que está cerca del lugar donde viven y Sarada le hace aprenderse la mitad de la ciudad de atrás para adelante e incluso con los ojos cerrados. No es complicado, porque es un Uchiha y no hacerlo sería humillante, casi un sacrilegio, pero la expresión de asombro en Sarada vale la pena cada una de las veces que exagera de sus habilidades y presume. Luego deciden ir a parar a un restaurante local (lo que ahora es local antes simplemente era de la Aldea, no había un margen entre las localidades) y se sorprende un poco al ver a la misma niña que acompañó a Sarada en su búsqueda y detrás de ella a Chōji.

—Es bueno tenerte de vuelta—le dice de manera afable como saludo.

—Gracias—dice porque no tiene muchas ganas de saber qué responder a eso, y cree que nunca ha entablado una conversación de más de diez palabras con el hombre.

Chōchō –la hija de Chōji con una inquietante habilidad para hacerse espacio donde no le llaman- termina sentada al lado suyo y de una u otra manera Sakura invita a los Akimichi a almorzar. Sasuke piensa que está loca, qué clase de fortuna millonaria los hará capaces de pagarles la comida, pero se calla al ver la cara de felicidad de Sarada.

Es injusto que la culpa le haga querer cumplirle los caprichos a su hija-algo-más-que-desconocida. Es aún más injusto que Chōchō haya decidido sentarse a su lado y le pregunte por todas las cosas que Sasuke no quiere responder.

—¿Qué te pasó en el brazo?-es de las primeras preguntas, y la cara contrariada de Chōji es muy cómica.

Sasuke se limita a mirarla de mala manera, pero eso parece no tener efecto en la adolescente, que simplemente se mete otra papa a la boca y le mira, expectante.

—¡Chōchō! ¿qué clase de pregunta estás haciendo? —dice azorado Chōji, con un rubor creciente en su rostro y cuello—. Discúlpala Sasuke, aún no sé de dónde saca esos modales.

—No te preocupes—le contesta, más que nada porque Sakura parece gritárselo con la mirada, y supone que es una forma de mantener al gran hombre tranquilo.

Lamentablemente no pasan más de cuatro minutos cuando la joven Akimichi decide hacer otra pregunta, igual de directa y entrometida como la primera. Sasuke, por dentro, se ríe de las caras de Chōji.

—Señor Uchiha, ¿cómo conoció a la mamá de Sarada? —pregunta una vez más Chōchō, con sus ojos medio cerrados y recargada en el asiento. No se le escapa la manera en que le llama "Señor Uchiha" y a Sakura "mamá de Sarada", como si él no se mereciera ser reconocido como su padre. Supone que es justo ya que más de diez años de ausencia tienen su consecuencia. Mira a Chōchō y cree reconocer algo como rencor en su mirada. No sería la primera vez.

Cuando ha pasado suficiente tiempo después de la pregunta y toda la mesa le mira atento, incluso su propia hija, que se sonroja pero voltea a verle también, claramente interesada en la respuesta, Sasuke se pregunta si en verdad Sakura no le ha contado a Sarada cómo sus padres se conocieron (que no es nada romántico, cabe aclarar), pero que es una pregunta suficientemente neutral como para dignarse en contestar.

—Nos asignaron como compañeros de equipo.

En vista en que las niñas parecen necesitar más detalles que ese (pero esa en sí es la respuesta, qué carajo), Sasuke decide elaborar un poco más con un: —El Hokage también era nuestro compañero.

Sabe que no aporta nada a su historia romántica con Sakura, pero siente conveniente sacar a relucir, de un modo u otro a Naruto.

—¿Eso es todo? —pregunta la morena, con aire casi desinteresado.

—Si papá, ¿no fue más romántico que eso? —cuestiona Sarada, con las cejas enarcadas y algo parecido a la duda en su frente.

—Fue la primera en aprender a caminar en los árboles.

De refilón puede ver a Sakura rodando los ojos, divertida y Chōji con cara extrañada. Enfrente las niñas no tienen una cara más complacida que antes.

—¿Eso es romántico? —dice Sarada, como quien dice "¿Clavarte un cuchillo en el ojo es divertido?".

—Hizo que me fijara más en ella—, porque en cierta medida es cierto, saber que Sakura había sido capaz antes que él en realizar algo le había hecho notar como algo más que una molestia a la niña de pelo rosa. Pero la realidad es que en aquel momento estaba demasiado ocupado tratando de ganarle a Naruto.

—¿Y eso es por qué trepando los árboles podías verle debajo de la falda?

—¡Chōchō!

—No soy un pervertido—ahora definitivamente Sakura se está riendo.

—Cada quien con sus mañas.

Cree que estamparle un puñetazo no es buena idea, no sólo porque el padre de la mocosa está enfrente, cruzando la mesa, si no porque al parecer Sarada le tiene verdadero afecto.

—Me hizo darme cuenta que era lista y eficaz. La mayoría de las niñas eran estúpidas y chillonas—en un futuro pensará lo estúpido que es justificarse frente a una adolescente con la mirada incrédula y estúpidos adornos en el pelo, pero justo ahora Sasuke siente la necesidad de explicar el ficticio amor hacia su mujer.

—Papá eso no suena romántico—se queja por lo bajo Sarada, con los brazos cruzados sobre la mesa y la barbilla recargada en ellos.

Sasuke está a punto de explotar, qué mierda quieren de él, pero justo en ese instante la suave risa de Sakura le interrumpe, y con gestos delicados provoca que la atención arribe a ella.

—Eso es porque le preguntaste cómo nos conocimos—dice la mujer, con la boca esbozando una sonrisa dulce y sus ojos entornados, enfocando a su hija—. Tu papá no se enamoró de mí en ese momento.

—¿No?

—Tuvieron que pasar muchos años, una guerra y un montón de disculpas para que se diera cuenta de eso.

—¿En serio papá? —y ahora es la mirada esperanzada de Sarada la que le quita las palabras y le hace asentir con firmeza. No tiene idea de qué habla Sakura, qué disculpas y qué puñeteros sentimientos, pero con tal de callarle la boca a la mocosa y satisfacer a su hija, puede decir unas cuentas mentiras piadosas. O bueno, dejar que Sakura las diga por él.

Decirles que en realidad se había quedado sin más recursos porque el imbécil de Naruto había decidido casarse con Hinata y Sakura parecía la opción más viable, dista mucho del destino romántico que las niñas a esa edad se imaginan. Supone que es aún peor contarles cómo es que fue la boda y la noche de bodas.

Cuando han terminado de comer y están por salir del restaurante (con la grata sorpresa que Chōji pago su parte de la cuenta) siente a Sakura rezagarse un poco y mirarle avergonzada.

Decide que es buena idea comentarlo ahora como luego, así que se le acerca y la mira sereno.

—¿Muchos años, una guerra y un montón de disculpas?

—Solo querían escuchar una historia de amor—le responde como justificación, el suave rubor en sus mejillas—. Además, estabas a punto de quemar viva a Chōchō.

—No me agrada—gira la cabeza y la puede ver afuera junto a su hija, haciéndola reír ampliamente—, pero supongo que puedo aguantarla por Sarada.

—Lo sé—le pone una mano en el brazo, provocando que ahora la mire a ella—. Podemos regresar a casa.

—Creo que prefiero terminar de ver la ciudad hoy. No sé si mañana aún esté libre.

—Por supuesto.

Y con eso salen por fin del restaurante, para despedirse amablemente (Sarada y Sakura, Sasuke se limitó a mover la cabeza) de los Akimichi.

En algún punto del recorrido, terminan enfrente de las oficinas de Hokage y a Sasuke le da un vuelco el corazón. Por unos instantes se siente tan cerca. Pero sabe que ya mañana podrá preocuparse de eso, que por hoy tiene que disfrutar de Sarada, porque no sabe cuándo podrán tener una oportunidad como esta.

Sin embargo, cuando están bajando los escalones de las oficinas que habían subido con la excusa que Sasuke pudiera tener una visión más amplia de las calles, siente una mano tomarle del hombro y frenarle. Al regresar la cabeza lo primero que ve es la sonrisa amable de Naruto, después sus ojos azules como el mar, fijos en él.

—¡Hokage! —exclama sorprendida Sarada, que de inmediato se pone derecha y seria. Sakura se acerca sonriente, y le pasa un brazo por los hombros a su hija.

—Naruto, qué tal.

—Sakura, Sarada—saluda, con una sonrisa amable y servicial junto con un movimiento de cabeza. Después regresa su atención a Uchiha—. Sasuke—y la sonrisa se vuelve un poco más pequeña, más íntima y sus dedos le punzan con ganas de tocarle la boca y quedarse ahí.

—Hokage—responde con su voz más seria e intenta que no se note en absoluto las enormes ganas de tocarle que comienzan a bullirle debajo de la piel.

—Espero estés disfrutando tu día de descanso—le dice, su mano deslizándose de su hombro a su espalda, solo unos centímetros y Sasuke lo ve, cómo a Naruto también le cuesta mantenerlo cordial y diplomático, lo suficiente para que nadie trata de ver ese gesto como algo más.

—Podrías darme una semana.

—Me lo estoy pensando—sonríe y las cinco puntas de sus dedos oprimen un poco donde tocan, y Sasuke tiene que mantener la cara impasible, el gesto un poco malhumorado—, estoy seguro que les encantaría.

—Sabes que sí—responde Sakura con suavidad, abrazando ahora a Sarada por detrás—. ¿Cómo va el trabajo? Espero no hagas enojar a Hinata llegando tan tarde.

—Jeh, trato de no hacerlo, en verdad—la mano que no toca a Sasuke sube hasta que está rascándose la nuca, en ese gesto de antaño—. Sobre todo ahora, pero, al parecer todos los demás Kages han decidido ponerse algo locos. Aunque probablemente piensan lo mismo de mí.

—No estás tan loco—le consuela burlona Sakura, haciendo reír también a Naruto.

—Solo un poco estúpido—y lo dice casi sin pensar, arrepintiéndose casi al instante, porque Naruto es su Hokage y debe de mostrarle respeto, incluso aún más con Sarada enfrente. Pero la reacción del rubio es sublime, y le mira con picardía en la mirada y suelta una carcajada amena, llamándole idiota después. Algo en su pecho se calienta, con la familiaridad de la acción vibrando en su corazón. Se siente como un chiquillo de trece años, y el mundo parece menos tenso.

—Me alegra que estés aquí—le dice con confianza, luego que la risa a remitido. Sasuke asiente con la cabeza y Naruto toma esta pauta como su salida, despidiéndose cordialmente de Sakura y Sarada, regresando a su despacho.

—Ustedes sí que son muy amigos—dice Sarada cuando ya se encuentran a más de una cuadra del lugar—, mira que insultar al Hokage…

—Así es como se expresan su cariño—le responde Sakura, que camina del otro lado de Sarada—. Así fue como se hicieron amigos, aunque no lo creas. Todo el día peleando, sin parar.

Sasuke se detiene antes de decirle que es más que eso, porque no cree conveniente sacar a relucir de que otras muchas maneras se expresan sus sentimientos. Se limita a mantenerse callado el resto del trayecto, escuchando de fondo la conversación entre Sakura y Sarada. Se mira los dedos y los aprieta en un puño hasta que se le vuelven blancos. Mañana que le vea… No tiene idea de qué va a hacer, pero supone que Naruto se siente igual que él.

Esa noche, acostarse a dormir junto a Sakura es, por decirlo poco, extraño. La única persona con la que ha dormido los últimos años ha sido Naruto, y es difícil conciliar eso con esto, comprender que no va a sentir los brazos del rubio abrazarle por detrás en las madrugadas y su pecho caliente y silbante crear un ritmo a su espalda. Que no va a ser la voz ronca y grave de Uzumaki decir su nombre por las mañanas y no serán sus labios los que besen su cuello para fastidiarlo. No quiere crearse una rutina en la cama con Sakura, porque no tiene sentido y de qué les va a servir.

Así que trata de no ser muy grosero y dormir lo más alejado posible de Sakura, dándole la espalda. No es que le interese mucho cómo la haga sentir, pero prefiere ahorrarse los problemas que pueda conllevarle a Sarada.

—Buenas noches—le dice Sakura en la oscuridad de la habitación. La siente acostarse a un lado en la cama y Sasuke contiene el deseo de pedirle que se mantenga lo más alejada que pueda.

—Descansa—responde y se voltea a darle la espalda.

Esa noche sueña con la cabaña en mitad del bosque, la lluvia golpeando afuera y una botella de sake en la mesa. Sueña con Naruto mirándole fijamente desde abajo, con sus brazos acariciándole las caderas y de pronto sus ojos azules se cierran, la lluvia comienza a caer dentro de la habitación y Sasuke gotea. Unas gotas caen en las mejillas tibias de Naruto, rodando. Están en el Valle del Fin, tienen trece años y Sasuke acaba de perder a su mejor amigo. Le repasa el rostro con la mirada, luego los dedos, su banda se cae y queda a un costado de la cabeza de Naruto. Sabe cómo continua la historia, pero en lugar de levantarse e irse a seguir su camino de venganza y odio, se tumba a su lado, esperando que Naruto vuelva a abrir los ojos y vea que esta vez se ha quedado.


N/T: Okay, probablemente hay una inexactitud con la actitud de Sarada frente a Sasuke en su regreso. Soy responsable, me dio pereza releerme Gaiden y pues ya qué. En lo personal me causó mucha gracia la escena de la comida con los Akimichi. Chōchō es un personaje que en el manga me encantó así que tendrá más participación en esta historia.

Por otro lado, quería dejar bien impregnada la intensa pasión que tienen estos dos. Simplemente no me caben las palabras para expresar de qué manera se adoran, pero espero haberle hecho justicia.

Cualquier error ortográfico, de sintaxis o tal es culpa mía, por no haberle dado beteo (pedir beteo, como sea) y escribir un buen tramo estando privada de horas de sueño. Me ha gustado el resultado, que he de aclarar es más largo que los capítulos anteriores (aún así es muy corto, pero de cualquier manera).

Ni siquiera me voy a molestar en justificar el retraso en la actualizada. Que me raptaron los aliens o me volví loca leyendo le fenomenología del espíritu. A lo que saben igual y me fui de putas, quién sabe. Lamento el retraso.

¡Gracias por leer!:D Feliz inicio del verano, o de invierno, donde sea que estén.

~Shameblack~

Pd. Jorge Drexler es AMOR. He llegado a creer que si no te gustan sus lindas letras te falta algo de humano, así de simple.