Autor: Shameblack
Título: Detrás de la devastación (vuelve a salir el Sol)
Fandom: Naruto
Pareja: Naruto/Sasuke
Género: Romance/Angst/Hurt!Comfort/Friendship/¿?
Resumen: Naruto está casado. Sasuke también lo está. Pero nada está bien.
Advertencias: Adulterio, deseos reprimidos ya no tan reprimidos, Canon-Divergence (?).

N/A: Me he tardado horrores en seguir con esta historia (siempre me pasa), pero en algún momento me pesó un poco más que antes todo Naruto (la serie me refiero) y aunque ya tengo toda la historia en mi cabeza, encontrar las palabras correctas para narrarla es difícil.

En fin, aquí está lo que nadie me pidió pero tenía pensado desde un principio: la escena de sexo en la Aldea.

Así que, de antemano, lo lamento, no soy buena escribiendo porno explícito sin meterle sentimientos y ambigüedades, así que, eso, mal porno, dirty talk de pena, y palabras altisonantes, porque no me imagino a Naruto y Sasuke teniendo relaciones y no insultarse.

En fin, ojalá les guste.


Detrás de la devastación (vuelve a salir el Sol)

VI

Cuando despierta aún no ha amanecido y Sakura sigue quieta a un lado. Es una mañana que se siente fresca y puede ver la condensación en las ventanas. Voltea y nota la hora. Cinco de la mañana y el ya está despierto. La realidad es que siempre ha sido una persona que amanece temprano, no por gusto, pero por la loca costumbre de dormir poco -como si siempre hubiera alguien detrás de él, respirándole sobre el cuello, instándolo a huir, a protegerse-, y aunque ya no es necesario, aunque ya no corre el mismo riesgo que antes, aquella vieja costumbre es difícil de hacerla a un lado.

Se levanta de la cama y decide a ir a preparar café. No recuerda con exactitud si a Sakura le gusta el café cargado o no –o en general, si le gusta-, pero por si las dudas decide preparar para dos. La cocina está silenciosa, y pronto la cafetera comienza a hacer correr el agua. Sasuke se recarga contra la encimera y echa la cabeza hacia atrás y cierra los ojos. Si pusiera suficiente empeño, podría recordar sobre su piel otras mañanas frescas, con Naruto arrinconándolo contra la mesa y besándole el cuello. Joder, cómo lo extraña.

—¿Papá? —la voz cautelosa de Sarada se hace paso por la silenciosa habitación, provocándole a Sasuke abrir sus ojos. Nota la mirada extrañada de su hija y la pose precavida y tensa. Entiende que Sarada no está ni un poco adormilada, lista para atacar si se tratase de cualquier otro intruso, desacostumbrada a ver a alguien más despierto tan temprano en la madrugada.

—Es muy temprano.

—Sí, tengo esa maña, no puedo dormir por muchas horas o me duele la cabeza—explica la muchacha, ahora relajada y bajando los hombros—. ¿Has puesto café? —Sasuke asiente con la cabeza, volteando a ver la cafetera—. Supongo que pusiste para ti y mamá, pero ella lo dejó hace varios años. Ahora solo bebe té.

—No lo sabía.

—Supongo que es algo que no se comenta en las cartas—Sarada se rasca la cabeza, para luego voltearle a ver—. Pero yo sí tomo café.

—¿No estás muy joven?

A modo de contestación, Sarada se limita a encogerse de hombros, para luego sacar de la alacena dos tazas, una blanca con una vaca caricaturizada, y otra roja, con tribales grises y negros.

—¿Qué harás hoy? —pregunta Sarada, mientras abre el refrigerador para sacar huevos y jamón.

—Tengo que ir a hablar con el Hokage.

De inmediato, Sarada voltea a verle, con ojos grandes y tristes.

—¿Irás en otra misión?, ¿vas a volver a irte?

Sasuke siente la culpa rodearle el pecho y apretárselo. Sarada tiene la cara llena de miedo y tristeza ante la sola idea de saber que su padre volverá a irse. Él comprende que había pasado más de diez años siendo un mal padre, desnaturalizado e irresponsable, pero no soporta la idea de seguirlo siendo, no cuando la imagen de su hija es más real que nunca. La realidad es que no va a ir a la oficina del Hokage para una nueva misión, si no para poder organizar la información y datos recolectados más recientemente. Sin embargo, tarde que temprano Naruto le pedirá ir a otra misión, puesto que sigue siendo un ninja a disposición de la Aldea, sin embargo lo mínimo que puede hacer es pedirle al Hokage que no sea una misión larga, pues ya no se cree capaz de volver a separarse de su familia –entiéndase de su hija-, sin sentirse angustiado y culpable. Además, no podría dejar ir a Naruto justo ahora que pueden pasar más tiempo juntos.

—No, solo vamos a recolectar datos y organizar información—Sarada asiente con la cabeza gacha y pone un sartén al fuego, mientras corta el jamón en trocitos.

Después de unos momentos de silencio, solo llenados por el sonido del café y del cuchillo contra la tabla de cortar, la voz de Sarada vuelve a abrirse paso, ahora tímida y pequeña, casi un murmullo.

—Eres muy buen amigo del Hokage, ¿cierto? Más que mamá de él.

—Si—contesta en un murmullo también, observando a su hija, que comienza a dorar el jamón.

—¿Podrías…—se detiene, como si se estuviese pensando las cosas—. Sé que es egoísta y que es estúpido, que yo también soy un ninja, y debería de comprender estas cosas pero papá, ¿no podrías pedirle un tiempo al Hokage antes de volverte a enviar en una misión? —la cafetera sigue haciendo ruido mientras Sarada voltea a verle, con los ojos rojos y luchando para contener las lágrimas—. Siento que es tan injusto, no te conozco de nada, y no quiero que te vayas aún. Quiero estar cerca de ti, aunque sea un poco más. No quiero que seas un desconocido, y no quiero que yo solo sea una adolescente más para ti. El debería entender, el también tiene hijos, el debería…

Sarada se calla al sentir la mano fría y liviana de Sasuke tocándole la mejilla, subiéndole la quijada para verle los ojos. Se limita a mirarla, acariciándole la piel y luego el cabello. En verdad Sarada se parce mucho a él. Una auténtica Uchiha.

—Yo tampoco quiero irme aún—empieza, con un tono de voz bajo y sereno—. Sé que no he sido el mejor, y que no puedo hacer nada por el tiempo perdido, pero quiero intentarlo ahora. Mi padre no fue el mejor de todos, y en si mi familia me duró muy poco. No quiero lo mismo para ti.

De fondo el sonido que avisa que el café está listo comienza a emerger de a poco, mientras afuera las calles se van despertando, con su gente sigilosa y algo adormilada. Sarada al fin deja las lágrimas escaparse y le sonríe, le abraza por la cintura y entierra su rostro a la altura de su pecho, respirando profundo y lento, tratando de controlarse. Sasuke le palmea la espalda y se mantiene ahí, correspondiendo el primer abrazo con su hija, sintiendo su respiración y su corazón latiente con la punta de sus dedos. Este pequeño e inexperto ser humano, sangre de su sangre, que aunque no lo conoce de nada está dispuesto a hacerlo; esta maravillosa jovencita, que solo quiere pasar tiempo con su forajido padre, le está abrazando, como si para ella él significara algo, aunque ahora solo sea algo más que una silueta difusa, que un nombre en su vida. Por segunda vez en su vida Sasuke tiene la sensación de que alguien le ama incondicionalmente, sin merecérselo.

Y aunque ninguno se percata de ello, aquel es el primer momento donde se vuelven padre e hija, donde comparten un pequeño espacio en el tiempo, y que es todo suyo.

El tiempo siguiente se va entre silencios amenos, dos tazas de café y dos omelette. Sarada es la primera en irse, despidiéndose con una sonrisa tímida. La casa vuelve a quedarse silenciosa, y Sasuke se da cuenta que no quiere esperarse para descubrir cómo es una conversación con Sakura por la mañana, no estando listo para soportarlo.

Mientras camina por las calles, con el sol iluminando de manera tenue el horizonte, se decide que le preguntará a Sarada cuando tiene tiempo para entrenar juntos. No confía en que Konohamaru sepa aprovechar el potencial del Sharingan, y ¿quién mejor que Sasuke para enseñarle todos los secretos sobre ello? Además, supone, ayudará a mejorar la pobre relación padre-hija que tienen. En cuanto a Sakura, evitarla por ahora es lo que le parece más adecuado.

Sin darse cuenta sus pies le llevan en dirección del monte de los Hokages, donde el rostro de Naruto le regresa la mirada a la villa, como si con solo ello pudiera protegerla. Y por un segundo Sasuke siente lástima por ellos, por todos los aldeanos, por todo aquello ajeno a él, porque siente –no, sabe- que siempre serán un segundo lugar para Naruto, porque Sasuke siempre ha estado ahí, y los años no han cambiado eso. Es ridículo, se dice, porque venidos a eso, Naruto también ha sido su prioridad en todo. Prácticamente, el rubio idiota es el único motivo que lo hizo regresar a la Aldea.

Se sube al monte, y sobre la cabeza de Naruto se sienta a meditar, sintiendo el sol bañarle la cara. A la hora que ya ha estado ahí, percibe a alguien caminar hacia él y sentarse a su lado.

—Estás viejo—saluda Sasuke, aún con los ojos cerrados y la mano reposando sobre una de sus rodillas flexionadas.

—Podría decirte lo mismo. Ese corte de pelo no te va—responde Kakashi, suspirando aliviado cuando ya se ha acomodado en el piso—. Esperaba que fueras a saludarme, pero supuse que simplemente no irías-

—Supusiste bien.

— -así que vine yo. No fue difícil dar contigo, solo tuve que seguir la pista de Naruto, o en su instancia, buscar lo más parecido a él.

—¿Qué mierda quieres, Kakashi? —Sasuke se voltea fastidiado para encarar a su viejo maestro. El cabello no ha perdido su color, pero en la cara de Hatake se muestran más arrugas y ojeras que antes, haciendo mella en él el puesto de gobernador que alguna vez tuvo. Su pose es distraída y relajada, y debajo de la legendaria máscara Sasuke puede notar una leve sonrisa. A decir verdad es que Kakashi le agrada, tanto que no siente inconveniente en compartir su silenciosa y armoniosa mañana con él.

—Ha sido un largo tiempo desde que te vi-tiene la mirada perdida en el horizonte—. En algún momento pensé que simplemente no regresarías—se ríe—… Lo cual es estúpido, porque aquí tienes a tu familia, pero…

Ambos se quedan en silencio y Sasuke comprende lo que Kakashi no dirá. No dirá nada sobre el sentimiento de enojo que aún siente Sasuke por la villa, por los malos recuerdos y el dolor que le ocasiona. Que si fuera por Uchiha, jamás habría regresado, o no del todo, no como ahora se propone hacer. Si algo siempre supo hacer su antiguo sensei, fue leerle el dolor en la cara y el enojo en los ojos. Creía haber olvidado lo mucho que a veces le molesta Kakashi.

—Me hubiera gustado poder enseñarle a Sarada sobre el Sharingan en tu ausencia—voltea a verle, con la mirada oscura—…me digo a mi mismo que jamás tuve el tiempo, pero la realidad es que siempre sentí que no me correspondía. Fui tu maestro y mira cómo salió.

—No es que haya sido precisamente tu culpa—apacigua Sasuke, que siempre entra en una incomodidad extraña cuando recuerda su niñez y las decisiones, malas y buenas, que hizo.

—Pude haber hecho más por ti—le sonríe triste, para luego mover la mano en un gesto descuidado—. Aunque eso ya no importa, y ahora estás aquí, volviendo para ser un padre responsable.

—¿Era eso lo que querías decirme?

Kakashi se queda en silencio, quizá solo para hacer sus palabras más pesadas, o el momento más tenso, pero Sasuke nota la fina línea de sus hombros, y las manos algo rígidas en su regazo. Su ex maestro jamás fue uno que diera pláticas de corazón, y Sasuke sentía que justo ahora, más de una década tarde, iba a recibir una.

—Sé para ella lo que yo no pude ser para ti—la voz la mantiene serena y está más seria de lo que acostumbra, pero es en sí la forma de decirlo, los hombros tiesos y los ojos ubicados en otros tiempos lo que le cala más a Uchiha—. Aún no es demasiado tarde.

—Espero que no.

No dicen nada más por media hora, que es lo que tarda el sol en llegar a un ángulo un poco más molesto y picante. Kakashi se levanta lento y se despide con la mano en alto y una sonrisa tenue que se le dibuja a través de la máscara. Sasuke asiente con la cabeza y le ve irse.

Se mira los dedos después, y por unos instantes desearía estar en otro lugar, donde la culpa no pudiera alcanzarle.

Se dice que es demasiado temprano para ir a pagar la visita al Hokage, pero minutos después se encuentra subiendo las escaleras hacia la oficina de Naruto. No toca la puerta y pasa silencioso al lugar, para ser recibido por la mirada agradable del Hokage desde atrás del escritorio. Sasuke se queda de pie cerca de la puerta, manteniéndole la mirada, hasta que Naruto dibuja una sonrisa tenue en su cara y se ríe.

—Te he sentido desde un kilómetro. ¿Por qué tardaste tanto?

Se encoge de hombros y avanza hasta que está a centímetros del escritorio, que en ese momento es un lío de papeles, pergaminos y libros. Nauto tiene las manos echadas sobre unos documentos que antes estaba leyendo, con una pluma entre los dedos.

—¿Quieres hacer el reporte?

—Eres el jodido Hokage, tú dime.

Naruto se queda callado unos momentos, como si estuviera considerando todas las opciones. No le quita la mirada de encima, y Sasuke preferiría que hiciera algo ya, lo que fuera, porque es un suplicio mantenerse estoico bajo esos ojos intensos que ahora le perforan.

—El reporte, pues, el reporte de la misión…

—¿Qué con el reporte?

Naruto se levanta de su silla, en un movimiento suave y lento, apoyando ambas palmas sobre el escritorio.

—No estoy pensando para nada en el puto reporte.

A Sasuke se le corta un poco la respiración y no sabe que se ha movido, hasta que siente el filo del escritorio encajársele en la espalda baja y tiene las manos de Naruto a centímetros de su cadera. No pasan de las nueve de la mañana, pero no importa, porque no puede esperar más, porque tienen las ansias comiéndoles las entrañas desde hace horas, días, años, toda la vida y detrás del hombro de Naruto se ve toda la villa, y Sasuke solo puede pensar en besarle y quitarle a tirones la ropa.

—¿Cuántos ANBU?

—Cinco—se repasa los labios con la lengua—. ¿Qué tan sigiloso puedes ser?

Sasuke no le responde porque le agarra la nuca y le acerca hasta que se están besando y por fin Naruto le agarra las caderas y le pega a su cuerpo. Se besan con desesperación y apuro, quitándose entre mordidas las palabras. Naruto le empuja hasta que tiene a Sasuke sentado en la silla, y le trepa las piernas para poder sentarse en su regazo. Le zarandea hasta lograrle quitar la ridícula capa y le desviste con brusquedad hasta que puede tocarle el pecho con libertad y besarle las clavículas. Sasuke lleva su mano hasta el cuello de Naruto y tira de él para poder hablarle al oído. Desde hacía mucho tiempo –casi recién empezaron a explorar la nueva faceta de la relación-, Sasuke descubrió lo mucho que a Naruto le pone que le hablen sucio. Sabe que Hinata jamás será capaz de algo así, por lo que en algún momento fue simplemente una fantasía más del rubio que se quedaría en eso. Hasta que Sasuke dijo algo sin querer una ocasión y Naruto se estremeció como si le hubiera tocado. Desde ese momento es casi un placer propio de Sasuke deshacer a Naruto a base de frases sucias e insinuantes mientras le besa la oreja o le tira del pelo.

—¿Sabes que quiero? Quiero ponerte contra el escritorio, quiero que veas la villa mientras te abro con la lengua—siente a Naruto estremecerse, y clavarle los dedos en un hombro— y que me supliques porque te coja, que me implores que te la meta tan fuerte que olvides tu nombre, mientras tienes de vista tu preciosa Aldea—le habla al oído suave y bajo, le lame un poco el lóbulo antes de continuar—, y cómo nadie nunca va a saber lo mucho que al Hokage le gusta que el traidor Uchiha le rompa el culo.

Naruto jadea y se convierte en un gemido quedito, y Sasuke no tiene que hacer mucho para sentir la erección del rubio pegándole en el estómago.

—Sasuke—suspira, hundiéndole la cara en el cuello—. Si, lo que quieras. Házmelo. Por favor.

No es que lo sepa de primera mano, pero sabe que Naruto jamás se deshace con Hinata como lo hace con él; jamás le suplicará a ella lo que a Sasuke sí, y tener esa certeza solo logra volverlo un poco más loco, lo infla de ganas de besarle, de marcarle.

Le vuelve a besar con coraje, y la mano la baja desde el cuello hasta debajo del culo de Naruto, para poder cargarle de un solo movimiento. Lo levanta sin problemas y da la vuelta hasta tener el panorama de la villa frente a sí, Naruto dándole momentáneamente la espalda. Lo deja caer en el escritorio hasta tumbarlo por completo en él, le recorre lentamente todo el pecho con la mirada hasta llegar a su cara.

—¿Te gusta lo que ves? —pregunta el muy canalla, como si no lo supiera ya, como si no supiera que más que nada le gusta besarle cuando aún tiene el traje de Hokage encima, cuando puede asegurarse que la capa quede impregnada con el aroma de ambos. Es un placer que pocos conocen, y Sasuke se regodea en ello.

Se separa lo suficiente hasta que las piernas de Naruto se le resbalan a los costados y éste tiene que apoyarse sobre sus hombros para poder verle.

—Quítate la ropa, pero deja la capa en el escritorio—Sasuke se para aún más lejos, dejando espacio para Naruto.

—Esto del vestuario de Hokage realmente te calienta, ¿eh? —sonríe, sentándose al filo del escritorio—. Dime Sasuke, ¿cuántas veces has pensado en hacérmelo aquí? ¿En mi oficina?

Naruto se desabrocha con deliberada calma la chaqueta naranja, hasta dejar ver la clásica camisa de rejilla debajo. Le mantiene la mirada firme, y se sonríe con altanería cada que ve la frustración en la cara de Sasuke. Se quita la chaqueta y se apoya hacia atrás en el escritorio, con la cabeza ladeada. La realidad es que Sasuke ha imaginado un poco más de cientos de veces hacer cosas indescriptiblemente indecorosas con Naruto en la oficina de Hokage. Unas cuantas más, mientras Naruto está al teléfono con algún otro mandatario o la propia Hinata. Y justo ahora, la visión que tiene enfrente la ha imaginado tantas veces en su mente, la villa detrás de los hombros de Naruto y éste sonriéndole, ansiándole, porque puede darle la espalda a la Aldea pero no a él.

—Es más divertido si tú también me ayudas con la ropa.

—Creí que te dije que te desvistieras—lo ignora Sasuke, con su pose rígida y a una distancia prudente y enloquecedora del rubio—. Sigue el pantalón.

Naruto se pone de pie y se desabrocha el cinturón, pero sin la intención de bajar el pantalón el resto del camino. Sasuke se convence que eso es suficiente y en un parpadeo vuelve a estar pegado a Naruto, acorralándolo contra el escritorio y mordiéndole el cuello. La mano se la lleva hasta la entrepierna y el sonido que hace Naruto contra la presión es increíble, es el tipo de sonidos de los que se construyen los sueños eróticos, y pronto tiene ambas piernas del rubio rodeándole las caderas y moviéndose todo lo que puede contra él. La capa sigue en el escritorio, arrugada y blanca. Sasuke apoya en ella la mano mientras con el cuerpo recuesta a Naruto sobre ella. Le quita como puede la camisa de rejilla y le muerde hasta escucharle quejarse y estirarle el pelo, con los ojos azules oscurecidos por el deseo y un gemido a punto de salirle.

Le baja los pantalones y todo lo demás hasta las rodillas y no pierde el tiempo en besarle el interior de las piernas, y luego lamer. A Naruto se le entrecortan las palabras, pero Sasuke pude adivinar entre los jadeos algo parecido a su nombre. Le lame de la base a la punta y después le toma en la boca, bajando por completo y Naruto lleva una mano a su cabello y aprieta, dejando escapar un suspiro tan fuerte y sonoro que retumba en las paredes de la habitación.

—Mierda—susurra Naruto, empezando a jalarle el pelo el tiempo que la cabeza de Sasuke sube y baja—, mierda Sasuke. Nadie me la chupa como tú, joder. Me vas a matar.

Sasuke le mirá echar la cabeza hacia atrás y tomar aire, con los dedos en su cabeza apretándole y el otro brazo apoyado en el codo para poder mirarle. De súbito se detiene y se saca a Naruto de la boca, dejándole duro y rojo. Naruto podría matarle con la mirada, pero no tiene el tiempo cuando Sasuke le maniobra hasta que ambos pies del rubio tocan el suelo y le da la vuelta para abrazarle por detrás. Le huele el cuello y se pega a la espalda baja del otro, solo para que sienta la erección que ha traído desde antes de que se empezaran a besar.

Le empina hasta que el rubio tiene el pecho contra la capa en su escritorio y su erección se mantiene presionada contra la superficie. Sasuke se hinca detrás de él y le muerde una nalga.

—Ayúdame con tu otra mano.

Sasuke no tiene que elaborar cuando la mano izquierda de Naruto se alarga lo suficiente para poder agarrarse y estirar hasta abrirse lo suficiente para darle espacio a Sasuke a trabajar. Éste último se toma unos instantes para contemplar a Naruto, abierto ante él y jadeante, antes de pasarle la lengua desde los testículos hasta el inicio de la espalda. Escucha al rubio tomar aire precipitadamente y se sonríe un poco por ello. Lame con cuidado todo lo que encuentra y Naruto está retorciéndose como un poseído para cuando Sasuke decide meter un poco la lengua. Para cuando le ha metido dos dedos Naruto se ha corrido y vuelto a poner duro en instantes y Sasuke se asombraría si no fuera porque ha visto ese suceso más de una decena de veces.

—Por favor, por favor—dice en una letanía de súplicas, que aumentan o disminuyen de tono dependiendo de la profundidad en la que se encuentren los dedos de Sasuke y se intercalan con órdenes e insultos—. Bastardo hijo de puta, házmelo ya, joder, deja de jugar. Te juro que te voy a arrancar el otro brazo si no haces nada ya.

Sasuke le saca los dedos y se escupe la mano para embarrarse un poco, tiene la ropa mal puesta y solo se ha abierto los pantalones lo suficiente para podérsela sacar. No trae lubricante encima y es hasta que se posiciona y su punta toca con delicadeza a Naruto que decide hacérselo saber.

—No tengo nada, solo un poco de saliva—caracolea un poco entre las nalgas del rubio, como para hacer énfasis—. No grites.

—Hijo de perra, seguro lo hiciste a propósito, cabró-…

La última sílaba le sale en un gemido cuando Sasuke le interrumpe por haberle penetrado bruscamente. El rubio se lleva el puño a la boca para poder morder algo y la mano que antes sostenía su propia nalga se afianza con fuerza de la orilla del escritorio. Sasuke no espera a indicaciones de Naruto para comenzar a moverse, reajustándose hasta que siente que es el ángulo adecuado para ambos. Comienza a moverse más rápido y certero y pronto Naruto está convertido en un sinfín de gemidos y suspiros ahogados y feroces.

—Hazlo mejor, bastardo. Más rápido—dice enfadado Naruto, comenzando a moverse para encontrarse con Sasuke en medio—. ¿Eso es todo lo que tienes? Quizá debí de ponerte a ti en cuatro.

Sasuke le enreda los dedos en el cabello y tira fuerte, hasta que Naruto se levanta del escritorio y tiene ambas manos apoyadas en él, con Sasuke jalándole del pelo hasta que se asegura que en esa posición puede hablarle al oído y aún así Naruto puede ver toda la villa.

—¿Te gusta lo que ves? —Naruto jadea y Sasuke comienza a moverse rápido y fuerte, provocando una cadencia de golpe de piel contra piel que resuenan en las paredes— ¿Te gusta ver tu jodida villa mientras te hago mi perra?

—Más fuerte—es todo lo que contesta entre dientes el rubio, que ahora mira con detenimiento toda la aldea, cada techo y cada árbol que se despliegan en su ventana. Sasuke se lo concede y Naruto se da cuenta que solo sigue de pie porque Uchiha le tiene afianzada la cabeza, porque no siente las piernas y muy poco los brazos.

—¿Cómo se siente mi verga, Naruto? ¿No te gusta?

—Sasuke cabrón—toma aire y se mueve todo lo que puede para que sea más rápido—, sabes que me putas encanta, ni se te ocurra detenerte o te mato, lo juro. Joder así, así Sasuke, más fuerte, así.

Sasuke le suelta el pelo y como puede lleva su mano hasta la erección de Naruto. Éste echa la cabeza hacia atrás, recargándola en el hombro del otro, tratando de normalizar su respiración sin conseguirlo. Sasuke le toca apresurado, con dedos que aprietan fuerte pero son lo que Naruto necesita, lo que siempre ha querido. Mueve su mano rápido y no hace falta mucho para que el rubio se retuerza contra su pecho y exhale rendido hacia el techo, estremeciéndose entero. Sasuke le muerde el hombro y termina, deteniendo su mano y apretando, tratando de hundirse lo más que puede. Naruto está a una nada de gritar, de gemir fuerte y claro, pero Sasuke le busca la boca y se están besando, con movimientos torpes y desubicados debido al orgasmo, pero que a ellos se les antojan perfectos.

Naruto deja su peso contra Sasuke, y éste le pasa el brazo por la cintura y coloca su barbilla sobre su hombro, para poder ver el escritorio. La capa está completamente arrugada y casi en el suelo. Naruto la ha manchado y si no la limpia pronto el olor va a quedarse impregnado fuertemente. Siguen respirando fuerte y rápido, pero poco a poco ambos se van calmando y Sasuke siente los dedos de Naruto tocar su mano y deslizarlos para hacer figuras sobre su piel. Le besa el cuello, lento y perezoso y Naruto suspira suave, lleva su otra mano hasta su cabello oscuro y entierra los dedos con delicadeza.

—No vuelvas a mandarme lejos—dice Sasuke, con sus labios contra la morena piel y la mano extendida sobre el abdomen el rubio.

Naruto podría decirle que no fue precisamente él quien le mandó lejos de la villa por tanto tiempo, pero prefiere seguir acariciándole, esperando que el día no pase y que ese cachito en el tiempo se haga eterno.

—No podría aunque quisiera.

Naruto debería pensar en los cinco ANBU que son sus guardias personales, en cómo se encuentran esparcidos custodiando la oficina; debería preocuparse de que los hayan visto, que los hayan escuchado. Y quizá se preocuparía si no fuera porque Sasuke es portador del Sharingan y del Rinnegan, y si no van a sacarles provecho para esto, ¿para qué lo harán?

—He mancillado mi capa de Hokage, ¿estás contento?

—Hm—asiente Sasuke, que sigue sin verse capaz de dejar su cuello-. Lo dices como si fuera la primera vez.

—Me enfadaría si no supiera lo mucho que te gusta hacerlo—sus dedos se detienen en el brazo de Sasuke, y regresan hasta su mano, para quedarse ahí—. Ayúdame a subirme los pantalones.

—¿No te gusta regalarle a la villa la vista de tu pene flácido?

—No está flácido—voltea hacia abajo—. No aún. Vamos, no puedo agacharme así como así.

Sasuke, más que hincarse para poder alcanzar los pantalones que ahora le rondan los tobillos a Naruto, se desliza por su cuerpo, con su mano sube lo que puede la prenda hasta que la otra del rubio le ayuda. Está acuclillado a la altura del trasero de Naruto y no pierde oportunidad para morderle una nalga. El rubio da un respingo y se ríe, mientras se termina de subir la ropa.

—Te destrocé el culo—dice Sasuke cuando vuelve a su altura, mientras el Hokage se termina de vestir.

—Una forma petulante de expresarlo, ¿no crees? ¿Te hace sentir muy machote decirlo?

—No seas imbécil, no me refiero a eso. Literalmente te lo destrocé. Estás sangrando.

—Oh—Naruto se da la vuelta para quedar cara a cara con Sasuke y es entonces que es capaz de sentir el dolor punzante en una zona muy específica—. Serás cabrón.

—Tú dijiste que lo querías más fuerte.

—Y de no habérmelo hecho así, te hubiera matado—se acerca y le besa rápido—. Mierda, y ni siquiera es medio día, ¿cómo carajo voy a aguantar sentado?

Sasuke se encoge de hombros y se abrocha el pantalón, para luego ser ayudado por Naruto para ponerse todo lo demás. De cualquier otra persona le molestaría el gesto, pero sentir los dedos ágiles y gentiles del rubio lo tranquiliza, y no puede evitar las ganas de estrecharlo un poco y besarle lento.

—El reporte…

—Ya me lo darás después—le quita un mechón de la frente y se aparta, sonriendo como cuando niños, con los ojos encendidos y las mejillas rojas—. Ahora, te tienes que ir. Ya puedes romper el genjutsu en mis guardias.

—Deberías contratarte otros si no lo notaron.

—¿Estás de broma? Tienes el Sharingan y el jodido Rinnegan, no los puedes culpar.

—Tú podrías notarlo.

—Y por eso soy el puto Hokage. Anda, que debo de limpiar aquí y fingir que no es un sacrificio estar sentado.

Sasuke le mira unos instantes, en los que Naruto se sienta y hace todas las caras y quejas que no podrá por el resto del día. Cuando vuelve a mirarle Sasuke está a centímetros, y le sostiene la barbilla con los dedos. Le besa muy suave y gentil, y podría ser solo una ilusión porque cuando vuelve a respirar ya no está ahí, y Naruto se encuentra solo en su oficina, con la capa hecha una bola y tirada en una esquina y la sensación de que todo él y el cuarto huelen a sexo.

No tiene mucho tiempo de quejarse porque enseguida entra Shikamaru por la puerta, y no hace ningún gesto que indique que sabe algo, o que huele algo, pero a Naruto igual se le suben los colores al rostro y lo adjudica como pena por no haber terminado de firmar los documentos.


N/A: Trataré de presionarme y exprimirme para poder terminar con la historia de una vez (no que vaya a apresurar la historia, si no que voy a tratar escribir más en estos días). Odio mi vida porque nunca puedo hacer una historia concisa y pequeña que no sea un one-shot. Kill me, please.

(¿Alguien se dio cuenta que es un capítulo más largo que los anteriores? Así es nenes, disfrútenlo)

Solo para quienes estén interesados en la relación de los hijos con sus padres (que yo sí, porque me parece fundamental), quizá esto se centre un poco más en Sarada que en Boruto, pero ambos van a estar en su momento. También, me voy a pasar por el arco del triunfo la película de Boruto (solo tomaré algunos datos de ella), y todo lo actual de Boruto, porque una parte de mi cree que es mierda y la otra no encuentra el interés y encanto como para dedicarle tiempo a verlo. Así que Canon-Divergence a lo grande.

En fin, gracias por leer, perdón por el porno patético.

~Shameblack~

Sexo en el oxxo en exceso...¿con un marcatexto?