Autor: Shameblack
Título: Detrás de la devastación (vuelve a salir el Sol)
Fandom: Naruto
Pareja: Naruto/Sasuke
Género: Romance/Angst/¿alguien de verdad lee esto?/Hurt!Comfort
Resumen: Naruto está casado. Sasuke también lo está. Pero nada está bien.
Advertencias: Las mismas que siempre.
N/A: ¿En verdad alguien lee esto? x2
Detrás de la devastación (vuelve a salir el Sol)
IX
Un brindis, por ti y por mi, porque la vida es un asco
Y aunque es extraño el ambiente en el que viven los próximos días, todo sigue adelante. Sakura ha vuelto a trabajar en el hospital y Sarada se ve más feliz. Sasuke le propone ayudarle a entrenar cada tanto y no hay otra palabra para describir lo preciosa que se ve Sarada cuando se le iluminan los ojos y le abraza.
Pasan dos semanas cuando Naruto le avisa de la próxima cumbre de los Kages, que se llevará a cabo en Kumo, para poder intercambiar información y mantener actualizados los tratados de comercio emergentes después de la Gran Alianza Shinobi. Sasuke sabía de la cumbre desde hacía un mes, pero lo que no sabía era que Naruto le pediría que lo acompañara.
—Eres uno de los shinobi más importantes de la Aldea, además que debes de dar tu reporte sobre la información que recaudaste en tu extenuante y ridículamente extensa misión autoimpuesta—explica Naruto sentado en la silla de su oficina, con los pies sobre el escritorio y un tazón de ramen instantáneo en las manos. Sasuke piensa que se ve exactamente como un Naruto de dieciséis años hecho Hokage; sonríe sin querer, pero el rubio no se da cuenta—. Es tu deber.
—No fue autoimpuesta.
—Lo que recuerdo yo, y todos los demás testigos, dice lo contrario—reafirma Naruto, sorbiendo con fuerza sus fideos, porque sabe lo mucho que a Sasuke le molesta.
—Entonces iré en tu comitiva—y suena a mitad pregunta y afirmación exasperada, como si la sola idea le cansara físicamente.
—Ir por tu propia cuenta puede verse como una táctica sospechosa para las demás Aldeas—esclarece el rubio, comiendo lo más ruidoso que puede.
—Solo quieres tener a quien molestar durante el viaje.
—Shikamaru ha aprendido a evadirme cuando estoy con ese humor—se encoge de hombros—. Alguien debe de suplir el puesto.
—Eres un idiota.
—Soy tu Hokage—sorbe—. Shikamaru te dará los detalles del viaje, ahora Uchiha, puedes irte.
—Ojalá te atragantes con esa porquería que llamas comida, Hokage—le espeta enfadado.
Naruto le mira serio para luego señalarle con sus palillos.
—Puedes besarme el culo.
Sasuke gruñe fastidiado y desaparece en una nube de humo que a Naruto le parece enfadada, si es que se puede discernir entre una nube de humo apacible y una molesta.
Se carcajea fuerte, porque sabe que Uchiha aún está cerca y podrá escucharlo. La realidad es que molestar a Sasuke con su cargo de Hokage es uno de sus placeres culposos del cual la mitad del edificio está al tanto. Revisar tantos documentos le exaspera fenomenalmente, y agobiar a Sasuke ha resultado en un ejercicio anti estrés maravilloso para Uzumaki.
Aparte, un Sasuke molesto por lo general conlleva a sexo más intenso. Una situación de ganar-ganar, si le preguntan a Naruto.
—Deja de joderlo, después somos el resto de la población los que tenemos que lidiar con su humor—interrumpe Shikamaru, depositando más papeles sobre su escritorio.
—Si yo tengo que leer y firmar todo el día, los demás pueden aguantar a Sasuke enojado.
—La vez anterior escuché un chidori aquí dentro.
Naruto menea su mano con los palillos, quitándole peso al asunto.
—Aquí dentro, como dices. No ves que vaya por la calle queriendo partir en dos a las viejitas.
—Aún.
—Eres un hombre de poca fe. ¿Cuánto más falta para tener todos los preparativos para la cumbre?
—Dos permisos más y una carta de autorización del convenio.
—Santa mierda, los viejos solo quieren molestarme con sus puñeteras aprobaciones.
—Tú molestas a Sasuke, ellos te molestan a ti—se encoge de hombros—. Alguien tiene que hacerlo. Considéralo el equilibrio del universo.
—Tú también puedes besarme el culo—dice sin enfado, sacándole una casi sonrisa a Shikamaru—. Firmare esos después—señala a los papeles recién llegados—. Le prometí a Boruto entrenar con él.
—Pensé que solo mandarías un clon, como usualmente haces.
El comentario es dicho en un tono neutral, completamente normal, pero a Naruto le causa un poco de remordimiento. Que por lo general, pase más tiempo en su trabajo que con su familia, y lo común sea que mande a un clon para estar con su hijo, solo ratifica su noción del mal padre que es.
—Me vendría bien una escapada de aquí—quita los pies de la mesa y se reacomoda en su asiento—. Regresaré en unas horas. Te firmaré los documentos y revisaré la propuesta de la expansión de la línea de investigación sobre células madre. Si me parece apta, mandaré cuanto antes la aprobación al Centro de Investigación del hospital, para lo cual necesito que redactes una carta.
—¿Qué tan seguro es que la autorices?
—Creo que sería bueno tener alternativas a tratamientos en shinobis con esos problemas. Justo ahora, solo Suna tiene investigación en el campo. Tenemos a los mejores ninja médicos, debemos sacarles provecho.
—Te quejas de tener trabajo, y acabas de imponerme el redactar otro documento para la cumbre—suspira apesadumbrado, sobándose la nuca—. Sería bueno mencionarte que necesito que vayas asignando las misiones de alto rango del siguiente mes.
—Joder. ¿No puedes encargarte tú también de eso? —Shikamaru le observa con una ceja enarcada—, ¿o simplemente esperar que estas dos semanas sean de paz y posteridad?
—Las necesito para antes del jueves, Hokage —da media vuelta y camina hacia la puerta—. Suerte en tu entrenamiento—dice mientras se despide con una mano lánguida, saliendo de la oficina. Naruto suelta un suspiro cansado, para luego quitarse la capa y dirigirse hacia el campo #4, donde había acordado ver a su hijo.
Boruto está esperándole, con la mirada enojada y los brazos cruzados sobre el pecho. No le dice nada y opta por tomar una posición en guardia, mirándole acaloradamente. Naruto le sonríe, y toma su propia guardia. No pasa mucho tiempo para que Boruto haga el primer movimiento, y eso está bien para Naruto. No hablan más que para decir frases cortas; correcciones -de parte de Naruto- y exclamaciones de frustración –por Boruto-. Naruto debe reconocer que el muchacho ha aprendido bastante con el poco tiempo que ha estado bajo la tutela de Sasuke. Sus movimientos son más meditados y piensa más la estrategia antes de entrar en acción. En más de una ocasión logra sorprender a Naruto y marcar algún punto importante.
El sol ya está más al oeste que al contrario y Naruto decide parar por un descanso. Sabe que Boruto no le ha escuchado cuando una patada, fuerte y rápida, conecta con su cabeza y le manda al suelo. El silencio incómodo se extiende por unos segundos y Naruto se soba la cabeza del golpe y la cara por la raspada contra la tierra que se acaba de dar. Escucha a Boruto tartamudear sin decir nada, y está preparándose para decirle que está bien, fue un accidente, acepto tus disculpas, cuando Boruto por fin logra sacar las palabras de su boca.
—¿No te has desvanecido? —Naruto deja de sobarse la cabeza y mira a su hijo, que tiene los ojos llenos de incomprensión—. Ese golpe fue bastante fuerte. ¿Qué clase de clon eres?
Decir que se le cierra la garganta es poco para lo que Naruto siente. Boruto ni siquiera notó que es él en verdad y no un clon. Así de tan poco tiempo pasa con su familia. Se queda boqueando un rato, incapaz de decir algo, porque qué mierda, qué clase de padre es si lo que esperaba Boruto era un clon más como su reemplazo, una sombra vacía.
—No soy un clon—logra decir al final, pero supone que Boruto ya lo había deducido, por la inmensa sorpresa que tiene pintada en la cara.
—¿Papá?
—Buena patada—se vuelve a sobar la cabeza, riendo nervioso—. Creo que me has dado una contusión.
Ninguno dice nada, Naruto porque no tiene idea de qué más añadir, y Boruto muy ocupado luchando las ganas tremendas de llorar que de pronto lo atacaron. El adolescente tiene los puños apretados y no ha dejado de ver a Naruto como si le hubiera salido otra cabeza. Es una mirada difícil de soportar, pero el mayor lo aguanta, esperando que todo termine de acoplarse para Boruto.
—¿Qué hay de tu trabajo?—pregunta con voz ronca y quebrada, denotando el esfuerzo que hace para no romper a llorar.
—He decidido volverme un poco rebelde, pero no le digas a nadie—por fin se levanta del suelo y se sacude la ropa. La cabeza le da varias vueltas y decide que lo mejor será regresar caminando a su oficina; puede ahorrarse la vergüenza de caerse en mitad de la Aldea por correr con una contusión.
—Deberías de volverte rebelde más seguido—Boruto no se ha movido de su lugar, así que Naruto lo alcanza hasta ponerle una mano sobre el hombro.
—Eso intento.
Le da un abrazo, que es rígido por parte del adolescente, e incómodo para Naruto, pero que se siente necesario. Se separan y no hablan. Boruto desvía la mirada y asiente al cabeza, quizá como confirmación a lo dicho por su papá, o como despedida. De cualquier manera es antes que después cuando el muchacho ya se encuentra caminando hacia el otro lado del campo, con las manos metidas en los bolsillos. Naruto le ve irse antes de él mismo ponerse en marcha hacia el edificio del Hokage. La cabeza aún le zumba un poco y hay algo de remordimiento en su pecho; pero la sensación de por fin estar haciendo algo bien, bueno, esa nadie se la va a quitar.
Por supuesto, cuando regresa a su escritorio hay dos pilas más de papeles y un muy molesto Shikamaru a punto de regañarle. Naruto se dice que puede aguantar esto si al final del día ya no se siente tan mierda respecto a sus hijos. Así, se toma la libertad de proponerse entrenar al siguiente día con Boruto, y quizá invitar a Himawari también. Qué importa si está hasta el borde de trabajo por la cumbre. Es el jodido Hokage, jamás habrá poco trabajo, pero sus hijos…Ellos, sí podrían dejar de estar.
—Admiro que hayas decidido empezar a pasar tiempo de calidad con tus hijos—le dice Shikamaru el viernes, luego de que Naruto regresara de entrenar con Boruto y Himawari—, pero escogiste uno de los peores momentos para hacerlo.
—Desde que me hice Hokage, nunca parece un buen momento.
—Sí, pero la cumbre es en dos semanas, y aún no tenemos todo resuelto.
—¿Ya te di la asignación de las misiones importantes, no? Y la carta para la línea de investigación de células madre ya la redactaste y ya hablamos con el jefe del hospital y Tsunade. El reporte respecto a eso ya lo tenemos para exponer en la cumbre, y hasta donde sé ya se revisó el artículo de la Ley de Comercio que se necesitaba corregir.
—Naruto, hay más…
—Harumoto me ha pasado su reporte sobre las Tecnologías Emergentes, y la Comisión de Derechos Shinobis ya ha esclarecido el problema con la Reforma de Jubilación, lo cual también será expuesto en la cumbre y su respectivo reporte lo tengo listo. He revisado más de ochenta reportes diferentes, de los cuales sesenta y cuatro tendrán su espacio en la cumbre y doce competen a las cinco Naciones Ninja. Los asuntos de importancia con Suna los hemos sorteado desde hace medio mes, y los aspectos a negociar con Kirigakure los tengo listados y memorizados. Creo que vamos con un tiempo excelente, y que no es necesario un sermón de tu parte, Shikamaru.
El susodicho le mira serio, su rostro imperturbable. Al final, cierra los ojos y suelta un suspiro, antes de pasarse una mano por la cara y volver a dirigirle la mirada.
—No te felicitaré por lograr recordar todo eso. Revisa los nuevos informes, mándame los aprobados y los que no, necesitarán archivarse para una segunda revisión. Tienes tierra en la cara y apestas.
—Entendido—se pasa la mano por la mejilla y nariz—, y gracias.
—Si vas a quedarte hasta tarde, será mejor que te des un baño.
Naruto no va a decir que odia que Shikamaru tenga razón, pero…en verdad huele mal. Hay baños adjuntos al edificio, pero la última vez que decidió hacer uso de, las cosas no salieron como él hubiera deseado.
Sería media hora lo que tardaría en llegar a su casa, limpiarse y regresar, y aunque son treinta minutos valiosos de su tiempo, no le vendría mal procrastinar un poco más. Así, cuando el rubio Hokage entra por la puerta de su casa, las miradas extrañadas de su familia le reciben, y Naruto se ríe rascándose la nuca. Hinata tiene la expresión perdida, como si tratara de comprender qué sucede, mientras que Boruto, con ojos como platos, dice que no creía que fuera cierto eso de ser rebelde. Himawari es la única que se repone rápidamente y se avienta a sus brazos, con un grito eufórico.
—Hola preciosa-la saluda, besándole las mejillas y la frente, mientras la niña se ríe en sus brazos—. Huelo muy mal, seguro no quieres abrazar a tu apestoso papá.
—¡No me importa!
—En verdad hueles mal—dice Boruto, que por fin se ha acercado y le inspecciona de pies a cabeza—. Ni siquiera yo huelo tan mal. ¿Qué sucede con ustedes los adultos?
—Se llama aroma varonil, y llorarás para que un día te suceda—le saca la lengua, y si todo lo anterior no había tomado en curva a Boruto, aquel gesto infantil lo descompuso por completo.
—¿Qué haces tan temprano en casa? —Hinata pregunta a unos metros, recargada en una pared. Naruto deja a Himawari en el suelo y se sacude la camisa.
—Vine a darme un baño. Probablemente no pase la noche aquí, así que lo poco que pueda estar vale la pena.
—¿Te quedarás a cenar, papi?
Naruto vuelve su atención a Himawari y le acaricia una mejilla con sus dedos. Está a punto de decir que no, porque tiene muchísimo trabajo, tanto que es absurdo cuando se dice que, no pierde nada con quedarse. Igual va a pasar la noche en vela leyendo y firmando acuerdos, y si antes de eso puede pasar un par de horas con sus hijos, qué mejor.
—Sí.
Hinata abre la boca para replicar algo, sorprendida por la respuesta, pero decide mejor callar y sonreír. Después de todo, siempre es grato tener a su marido para una cena familiar.
Naruto se baña rápidamente, se pone ropa cómoda –que para un Hokage no es adecuada, pero qué importa- y se sienta a la mesa para cenar. Himawari no deja de contar anécdotas que se mezclan con comentarios extraños que solo los niños pueden comprender, y cada tanto le habla a Naruto, un insistente "¡Papi!" a mitad de una narración, solo porque sí, como si estuviera diciendo la palabra todas las veces posibles ahora que se la puede dirigir al rubio. Boruto, poco a poco, ha dejado de estar tenso y en más de una ocasión sonríe abiertamente. Hinata se limita a conservar una sonrisa ligera y calmada, aportando poco a la plática, pero siendo comprensiva y dulce como ella.
Naruto se despide de cada uno con un beso y un abrazo fuerte –pese a los intentos de Boruto de escaquearse de ello- y pone rumbo de nuevo a la oficina, listo para enfrentar su martirio personal en forma de papeles llenos de palabras rebuscadas. Y sus días corren de una manera tediosa y apresurada. Shikamaru no vuelve a mencionarle lo inoportuno de su reciente deseo por pasar tiempo de calidad con su familia, pero las miradas que recibe son suficientes para hacer a Naruto sentir una leve vergüenza al regresar de cada entrenamiento con sus hijos y encontrar una nueva pila de archivos amontonada en su escritorio.
Sasuke le visita en dos ocasiones durante esas dos semanas antes de la cumbre. La primera es solo para cerciorar el itinerario y logística del viaje –en el cual Sasuke irá en la comitiva del Hokage, pese a su inconformidad ante ello-, mientras que la segunda es en plena madrugada, con un Naruto nadando entre papeles a revisar y manchas de tinta en su rostro. No hacen nada y es algo que al rubio le consterna. Sasuke se limita a verle trabajar desde el sillón que hay en la oficina. No le quita sus ojos de encima, y después de media hora a Naruto comienza a ponerle nervioso.
—¿Qué pasa?
Sasuke, cruzado de piernas en su lugar, tiene su brazo extendido por el respaldo del sillón, y ante la pregunta por fin recuesta su cabeza y mira al techo. Naruto le repasa con la mirada la silueta de su cuello y verifica la hora en el reloj. Cuarto para las tres.
—Deberías dormir.
—Shikamaru me mataría.
Sasuke voltea su rostro, hasta que le puede ver. La quijada se recorta contra su negro cabello y sus ojos, dos pozos sin fondo, le regresan la mirada con una tranquilidad exacerbada para Naruto, porque es de madrugada y su escolta ANBU sabe que Sasuke está en su oficina, que lo ha estado por casi una hora, y durante este último mes Hinata no ha ido a pagar visita ni una sola vez.
—Ven a dormir.
Naruto le ve, y Sasuke no se ha movido, no ha mostrado siquiera intención de hacerlo, pero el rubio siente como si esos finos dedos tomaran los suyos y le instaran a seguirle. Naruto ha aprendido a decirle que no con el paso de los años, y aunque un Naruto más joven no podría entender la idea de no seguir a Sasuke, éste Naruto hecho Hokage ha logrado vivir con ello. Pero verle así, tan sereno y dispuesto, tan suyo; es imposible que Naruto le niegue, que no camine o corra hasta él, solo para poder sentir su respiración, su calor que llega como una suave brisa a su piel y le vuelve loco. Naruto no sabe cómo ha existido sin tener a Sasuke ahí, mirándole, esperándole a que llegue a su lado, para hacer todo y para hacer nada.
—Vas a ser mi ruina—le alcanza hasta tenerle enfrente y le acaricia la mejilla con su mano. Sasuke no cierra los ojos, no aparta la mirada, solo voltea un poco el rostro hasta besarle el interior de su muñeca.
—Siempre lo he sido.
Naruto se inclina hasta besarle. Es ligero y muy sutil. Es casi imperceptible, pero aún así suspira, y siente como el mundo gira, cómo tropieza y explota, todo en un simple contacto de labios, en un murmullo de pasiones sacadas de cenizas. Está temblando cuando siente los dedos fríos de Sasuke trazarle la frente y enterrarse en su cabello. Ha conseguido acostarse en el sillón, sus pies cuelgan de un extremo y encima los de Sasuke; hay muy poco espacio y pronto siente el bochorno de sus cuerpos. Sasuke le hunde la nariz en su cuello, debajo de su mandíbula y susurra algo contra su piel. Tienen que estarse abrazados para no caerse y dentro de un rato probablemente el peso de Sasuke sea demasiado para sentirlo cómodo, pero por mientras es más de lo que Naruto alguna vez pensó podría tener.
—Duerme.
Naruto le acaricia la nuca y le besa la sien. Cierra los ojos y lo único que es capaz de escuchar es su respiración acompasada con la de Sasuke.
Nunca se lo ha dicho, pero dormir con él, sentirlo respirar a su lado y despertar para verlo aún somnoliento es de sus cosas favoritas. Desde que eran genin, en algunas misiones Naruto despertaba por las noches y veía a Sasuke dormir, y un vacío en su pecho se hacía menos grande al saber que, de cierta manera, estaba acompañado. Tener la cabeza de Sasuke acomodada en su pecho hace que ese vacío sea casi nulo, que todo lo demás parezca tan lejano e inerte hacia ellos.
Despierta al sentir algo rozarle la mejilla. Abre los ojos y lo primero que piensa es que es difícil enfocar entre tanta oscuridad. Cuando logra discernir la sombra que es Sasuke sin quererlo se le forma una sonrisa en la cara. El susodicho le mira desde arriba, su cabello cae a los costados de su cara y acaricia con sus puntas la de Naruto.
No dicen nada por un momento en el que Naruto vuelve a cerrar los ojos y dormitar por un tiempo incalculable para él, pero despierta por un beso en su frente, luego en su mejilla. Los párpados le pesan, pero no la boca, y con los dedos mapea la cara de Sasuke, hasta poder besarle de la misma manera delicada que antes.
—Me encanta como hueles.
Sasuke no se ríe, pero Naruto siente la sonrisa contra su propia boca.
—Pronto va a amanecer.
—Está bien, sólo—besa lo que supone es la mejilla de Sasuke, para luego volver a recostar su cabeza en el sillón—, sólo quédate aquí un poco más.
No hay respuesta, sólo el sonido de ropa al moverse y luego Sasuke volviendo a acomodarse sobre el pecho de Naruto. Éste, por su parte, traza figuras sin sentido por la espalda del otro, hasta que la consciencia le regresa y está despierto por completo.
La despedida es silenciosa como toda la noche lo ha sido. Sasuke se levanta lentamente del sillón, y ambos se sientan contemplando la pared de enfrente, con su pintura craqueada por las esquinas. Naruto entrelaza sus dedos sin darse cuenta, hasta que Sasuke le acaricia la mano con el pulgar.
Para antes de las siete Sasuke ya se ha ido y el calor del sillón comienza disiparse. Naruto se queda sentado un rato más ahí, fingiendo que aún puede sentir los dedos del otro sobre los suyos. De ahí en adelante, su mañana es tranquila y lánguida, y cada tanto se detiene para mirar por la ventana y recordar la madrugada azul, efímera y de ellos.
N/A: Ellos dormidos y abrazados son mi porno intenso (?). Capítulo dedicado a todos los que como yo, son el saco de boxeo de la vida, se han titulado y sacado posgrado en valer verga. ¿Si o no, raza?
En fin, ojalá tengan una semana magnífica, y que esto les haya gustado.
Gracias por leer :)
~Shameblack~
Pd. Vamos a tomar, yo invito los shots de cloro, jalan o que? *se escucha José José y Juanga de fondo*
