Disclaimer:
Todo lo que aquí reconozcáis le pertenec Rowling.
Yo no gano beneficio económico ni lucrativo al escribir esto.
Solo lo hago porque me gusta.
Aviso: Este fic parteicipa en el Amigo casi invisible del foro Hogwarts a través de los años.
Elegí una de las peticiones de Anelem.
Quería un Bill/Remus.
Espero que te guste.
Capítulo 03.
El tiempo había pasado y Ante la negativa de Remus a mantener algún tipo de relación con él, Bill había decidido comenzar una tentativa relación con Fleur Delacour. Era una joven hermosa y encantadora que le hacía reír con sus ocurrencias y con sus intentos de hablar en inglés.
Al principio él se había ofrecido para enseñarle el idioma y algunos sitios interesantes de Inglaterra pero tras meses de risas y charlas hasta altas horas de la noche, se dieron su primer beso.
El pelirrojo veía a Remus en las reuniones de la orden pero no pasaban de leves inclinaciones de cabeza y miradas disimuladas al otro cuando creían que el contrario no se enteraba.
***HP***
Entonces llegó el día de la batalla en el departamento de misterios.
Justo esa mañana, Sirius había estado molestando al licántropo sobre el tema Bill como al animago le gustaba llamarlo y Lupin había acabado lanzándole una maldición punzante en su intimidad.
Esa misma noche tenían planeado, más bien Black había planeado tener una noche a lo merodeador como hacía tiempo no tenían.
Eso significaba alcohol, algo para picar y recordar divertidas anécdotas de sus años de estudiante.
Y seguramente Canuto no se contendría de sacar al mayor de los hijos de Arthur y Molly.
Remus se habría marchado a su habitación, y Sirius con tal de conseguir su perdón habría dormido tras la puerta de su amigo en su forma canina.
Pero no pudo ser.
Tras un rayo rojo, su mejor amigo y confidente desapareció tras un velo para no volver.
A pesar de su gran dolor, tuvo la suficiente cabeza como para sujetar a Harry impidiéndole atravesar aquella tela maldita.
Más tarde, en Grimmauld Place, lloró como un niño tomando Whisky de fuego directamente de la botella.
Tan absorto estaba en sus pensamientos, que no se percató de que alguien había entrado en la casa.
-¿No invitas? -Preguntó una voz masculina.
Al girarse, el hombre lobo boqueó como un pez al encontrarse con la cara de Bill a centímetros de la suya.
-¿Qué haces aquí? -Gruñó abrazando la botella como si ésta fuera la única que pudiera evitar que se desmoronara ahí mismo.
-He venido a ver como estabas. Mamá me ha contado lo de Sirius y…
-Pues puedes irte por donde has venido. -Espetó. -Vete con tu barbie francesa. Yo estoy bien. ¿No lo ves?
-No. No lo veo. Estás tomando alcohol como si fuera agua.
-¡Mi mejor amigo ha muerto! ¿Cómo quieres que esté? Saltando y riendo por la casa?
-Entonces no me digas que estás bien cuando es mentira.
Remus se enfureció.
-¡Tú no entiendes nada! ¡Nada! ¡Solo eres un crío!
-¿Ah sí? ¿Yo soy un crío? Pues me parece que eres tú el que se está comportando como uno.
-¡Márchate! -Le gritó. -¡He dicho que te marches!
El lobo le empujó pero debido a lo consumido, sus reflejos eran lentos así que el rompedor de maldiciones logró atraparlo.
-¡Suéltame! -Se revolvía como un animal salvaje.
-Cálmate Remus. Solo quiero acompañarte hoy. No es bueno que alguien esté solo en estas condiciones.
-No estoy solo. -Murmuró. -Está ese desagradable elfo doméstico y no nos olvidemos del amabilísimo retrato de la señora Walburga Black.
-Entonces, disfrutemos ambos de su maravillosa compañía. Podemos beber frente a su retrato. ¿Qué te parece?
-A Canuto le habría gustado eso. -Dijo sonriendo un poquito por primera vez desde lo ocurrido.
-Vamos entonces. Hagamos algo que le divierta a tu mejor amigo.
-Él no podrá verlo. -Sorbió por la nariz.
-Tal vez sí.
Y con esas palabras, el pelirrojo dirigió a Remus hacia el retrato.
Colocaron una pequeña mesa y dos sillas delante y comenzaron a beber sin importarles los estridentes gritos de la enfurecida mujer.
Horas después, subieron las escaleras de manera tambaleante.
Ambos se acostaron en la cama del hombre castaño.
Sus labios se encontraron primero y minutos después lo hicieron sus cuerpos.
Mientras se acariciaban, el licántropo trataba de convencerse de que solo era a causa del alcohol y no como le había dicho su amigo infinidad de veces. Que sentía algo por ese chico.
