Corrió por todos los pasillos de aquel grande castillo, iluminados solo por la tenue luz que irradiaban las lámparas de fuego colgadas en cada pared. Solo había estado ahí una vez, pero recordaba muy bien el camino desde su habitación hasta la del príncipe. Cuando estaba a punto de llegar, se percató de que la puerta estaba cerrada –Tal vez ya este durmiendo- pensó Aang para sus adentros, pero esto no lo podía detener, le tenía que decir lo que se había estado guardando por todo este tiempo. Recostó su oreja en aquella fría puerta de metal, al no escuchar nada tomo una bocanada de aire y abrió la puerta

-¡Zuko, yo…! – El avatar entro a la habitación con gran valor, pero al momento de estar ahí se percató que no había nadie. ¿Dónde podría estar? Ya eran más de las 12 de la noche y no había mucho que hacer afuera ¿Tendría otra noche de insomnio y tuvo que salir a tomar aire fresco? De pronto el joven Avatar recordó algo… estaba tan apresurado al momento de entrar a la habitación que no se había percatado de que los guardias de Zuko no estaban tampoco, ni fuera de la habitación, ni en ninguno de los pasillos ¿Y si ocurrió una emergencia, y tuvo que salir del castillo? El monje entro de nuevo a la habitación, esta se encontraba muy ordenada, parecía que el príncipe Zuko no había llegado a dormir. Sin pensarlo dos veces, Aang salió corriendo hasta la entrada del castillo.

-¿Algún problema, Avatar? – Dijo uno de los guardias que resguardaban la entrada

- Yo… eso quería preguntar ¿Ocurrió algo con el Príncipe Zuko? No logro encontrarlo en su habitación – La cara del joven maestro denotaba preocupación, a decir verdad, el Avatar se veía algo exaltado.

-Es normal que el príncipe Zuko vaya por las noches a su estudio a trabajar, no hay nada de qué preocuparse, Avatar. – Dijo el guardia sin preocupación alguna, esbozando una gran sonrisa.

-No dudo de su capacidad, es solo que la habitación estaba completamente vacía, y ninguno de sus guardias se encontraban dentro del castillo… -Apenas el Monje había terminado la oración, cuando las caras de los guardias cambiaron drásticamente, tres de ellos salieron corriendo directamente hacia los adentros del palacio. Después de unos minutos, regresaron a la entrada con un aspecto totalmente diferente.

-Avatar, le recomendamos regresar inmediatamente a su habitación, en caso de que estemos bajo un ataque, le será notificado.

-¿Un ataque? Pero… quien querría atacar al príncipe Zuko… es decir… la guerra ya término ¿No es así? – Aang no podía entender como después de tantos meses, los problemas aún no habían terminado.

-La guerra término para el resto de las naciones, Avatar, sin embargo en la nación del fuego no corrimos con la misma suerte, y para serle sincero, no sería tampoco el primer atentado contra el príncipe Zuko. Por favor regrese a su habitación, no querrá ocasionar más problemas – Dijo el guardia, mientras este le daba indicaciones al resto de entrar al palacio. En cuestión de minutos todos habían desaparecido.

El Avatar no podía creer lo que el guardia le acababa de decir ¿Por qué alguien atentaría contra el príncipe de la nación? La guerra por fin había terminado, las tres naciones vivían en paz, él era el avatar, si Zuko de verdad había sido secuestrado, no había persona en el mundo que sería capaz de encontrarlo más que él. El monje tomo su planeador y voló hacia la parte trasera del castillo, si los guardias en la entrada no habían visto nada, definitivamente el secuestrador había logrado escapar por ahí.

El patio de la nación del fuego era inmenso, había seis establos llenos de animales que ayudaban a proteger al castillo, inmensas áreas de entrenamiento e incontables hectáreas llenas de árboles, que lo hacían parecer más bien un bosque. El monje decidió primero entrar al establo donde se encontraba descansando Appa, pero se encontró con la sorpresa de que este no estaba dormido, ni mucho menos, a decir verdad, El bisonte también se veía algo exaltado.

-¿Qué pasa amigo? – El avatar corrió a acariciar al bisonte, pero este no parecía calmarse. De pronto soltó un gran gruñido, mientras señalaba con su cabeza a la puerta. Aang entendía muy bien lo que su viejo amigo le quería decir, no pensó dos veces, saco a Appa del establo, y ambos salieron volando por los aires de aquel bosque.

Ya eran aproximadamente las dos de la mañana, el cielo era completamente oscuro, lo único que iluminaba la noche era la luz que reflejaba la inmensa luna, que parecía estar aún más grande que de costumbre. El avatar no podía distinguir muy bien entre los arbustos, así que iba cautelosamente tratando de escuchar un ruido o ver alguna luz que le diera una pista. De pronto ocurrió, escucho un grito, justo en medio de ese inmenso bosque, Aang sabía reconocer esa voz muy bien, no era de nadie más que del príncipe. En menos de dos minutos el Monje ya se encontraba pisando tierra firme.

El joven Avatar nunca podría haberse imaginado con la imagen que se encontraría al aterrizar. A unos escasos pasos de él se encontraba Zuko, con una espada enterrada en el estómago, bañado en un charco de su propia sangre. Salió corriendo hacia su dirección, de su cara brotaban ya unas lágrimas inconscientes.

-Zuko ¡Zuko! ¡Despierta! – El monje tomo al príncipe entre sus brazos, y aunque este era mucho más grande y pesado que él, logro de alguna forma subirlo hasta los hombros de Appa. Se dirigieron rápidamente hacia el palacio, cuando aterrizaron, ya había cientos de guardias en la entrada, apuntando flechas hacia Aang.

- ¡Cálmense todos! Soy el Avatar, encontré a Zuko ¡Necesitamos ayuda!- Rápidamente los guardias bajaron los arcos, se acercaron hasta el bisonte, y ayudaron a Aang a bajar al príncipe del bisonte. En la escena ya se encontraban Sokka, Toph y el tío Iroh.

-¡Aang! ¿Qué fue lo que sucedió? ¿Por qué Zuko viene herido? Tío Iroh, ¡será mejor que vaya llamando al médico familiar! – Dijo Sokka, mientras Aang tomo de los brazos a Zuko, para trasladarlo a su habitación. Todos salieron detrás del Monje.

A decir verdad, el avatar no podía articular ni una sola palabra, su mente solo estaba ocupada pensando en correr lo más rápido posible y salvar la vida de su querido amigo. Al llegar a la habitación la puerta estaba abierta, dentro de ella se encontraban ya alrededor de cuatro médicos, con el equipo necesario para ayudar a Zuko – Avatar, sé que estas preocupado, pero necesitamos que todos salgan para poder examinar la condición de Zuko e interferir si es necesario – Dijo el médico familiar, mientras el resto le ayudaba a desalojar el cuarto.

El Avatar nunca había sentido una agonía como la de esa noche, incluso se podría decir que la noche anterior a vencer a el señor de fuego se había sentido más pasadera. Llevaba ya dos horas recargado en la puerta de la habitación del Príncipe, sentado en aquella alfombra roja con toques dorados, con su cabeza hundida entre sus rodillas. No podía siquiera articular una palabra, o levantar la mirada, lo único que sus ojos veían era la imagen del príncipe bañado en sangre. Aang nunca había visto una herida así, y ahora que era de alguien tan cercano a él, sinceramente le partía el alma.

Su amigo Sokka se había quedado a su lado por todo este tiempo, mientras el tío Iroh y Toph habían ido a investigar la escena del crimen, para poder atrapar a los culpables con el resto de los guardias.

Pasaron un par de horas más, el Avatar estaba tan hundido en sus pensamientos, que no se había percatado de que el tío Iroh y Toph ya habían llegado. Al verlos, Sokka se levantó rápidamente.

-¿Los encontraron? ¡Apuesto que han de ser del reino tierra! Escuche que muchas personas aún buscan venganza con la nación del fuego – Al escuchar las palabras de Sokka, el Avatar levanto rápidamente su cabeza. Estaba lleno de furia y listo para acabar con quien sea que haya lastimado a su amigo.

- La verdad es sorprendente, el ataque fue de los mismos guardias del palacio – Dijo Toph desanimada mientras se sentaba a un lado del joven Avatar.

El avatar rápidamente se levantó del suelo, tenía una mirada furiosa, incluso parecía que podría entrar en el estado avatar en cualquier momento -¿Quieres decir que todos los guardias se pusieron de acuerdo para matarlo? – El avatar estaba furioso, parecía más bien que le gritaba al Tío Iroh

-Bueno, no todos. La gran mayoría fueron amenazados, o incluso usados como rehenes, pero un grupo importante de personas planeó el ataque – Los ojos del Avatar se veían cada vez más llenos de furia, sus puños se apretaban cada vez más fuerte- Aang, sé que has estado ocupado con otras naciones, pero la verdad no es el primer ataque hacia Zuko por parte de la nación. Mi sobrino no te había querido decir nada porque pensaba que es algo que podría arreglar el solo, pero ya vimos que no es así. Avatar, cien años no se eliminan de manera fácil. Por cien años el pueblo creía que vencer a las demás naciones era el único propósito del Señor del fuego, por cien años se educaron a los jóvenes a luchar y destruir todo lo que no fuera de esta nación, a decir verdad, muchas personas ven a Zuko como el traidor de la nación, el que destruyo la oportunidad de obtener la supremacía sobre todo el mundo. Zuko ha tenido que lidiar muchos problemas durante estos meses, y la coronación se siente más amarga que dulce entre el pueblo.- Mientras más hablaba Iroh, más se sentía culpable el avatar consigo mismo. ¿Cómo había sido tan egoísta? Prefirió tomarse un tiempo a solas con Katara que ayudar a su amigo a restaurar las naciones, no se imaginaba los problemas que podría estar enfrentando el príncipe en este momento. El monje bajo lentamente la mirada y volvió a sentarse bajo aquella alfombra, con su cara de nuevo hundida.

Después de poco tiempo, el médico familiar salió de la habitación. Esta vez, Aang si estaba lo suficiente pendiente, fue el primero en levantarse y preguntar por su condición.

-El príncipe sufrió varias fracturas – dijo el médico, mientras se quitaba los guantes llenos de sangre – Fue golpeado varias veces en la cabeza, hasta que perdió el conocimiento. Tiene fracturas en la espalda y piernas. En cuanto a la espada, fuimos capaces de sanar la herida que afortunadamente no daño ningún órgano, aunque ahora se encuentre fuera de peligro, perdió mucha sangre y tiene varias fracturas, así que necesitara reposo por un mes. En este momento sigue inconsciente, pero no tarda mucho en que despierte.

-Es bueno saber que mi sobrino esta fuera de peligro, deberíamos descansar todos que ha sido una noche larga – Dijo el tío Iroh

-Tío, si no le molesta, quisiera quedarme cuidando a Zuko. Es muy peligroso que se quede solo en esa condición y ya no confió en nadie para que lo proteja. Además, en cualquier momento puede despertar y si necesita algo, quiero estar ahí para ayudarlo.

-Bien Aang, no puedo interferir en tus deseos, pero tienes razón, creo que todos estaremos un poco más tranquilos si tu estas a su lado – El tío Iroh esbozo una pequeña sonrisa.

Todos desalojaron rápidamente aquel pasillo, el Avatar tomo aire de nuevo, y abrió aquella fría puerta de metal. Era la segunda vez en la noche que la abría, las dos veces se encontraba muy nervioso, solo que era por razones totalmente diferentes. Paso por la entrada y vio que una de las espadas del espíritu azul no se encontraba –Malditos- Pensó el avatar –Robaron su propia espada para apuñalarlo- Siguió caminando hasta encontrar la cama del joven príncipe. Zuko se encontraba acostado, con la cabeza recargada a un par de almohadas. Traía puesta una bata muy ligera, que dejaba ver su pecho. El avatar alcanzaba a visualizar la venda que cubría su herida. Pocas veces había visto al príncipe de manera tan vulnerable, y a decir verdad, le rompía el corazón.

-Zuko… perdóname.- El monje se sentó a un lado de él, en aquella grande cama- Desde que te conocí hasta el día de hoy había escapado de mis sentimientos. Ahora entiendo porque te molesta tanto mi forma de pelear, siempre has sentido que tomo el camino fácil. Pero en cambio tú, tu siempre estás dispuesto a cargar con el trabajo de los demás. El encontrar la paz de tu nación no solo recae en tus hombros y yo me disculpo por no haber hecho nada durante estos meses, fui cegado por mis sentimientos por Katara y preferí estar con ella mientras tu sufrías así, Zuko, prometo nunca dejarte solo, yo… yo te venía a buscar esta noche para decirte que durante mucho tiempo pensé en ti y que no he podido olvidar aquellas noches que pasábamos en aquel bosque cuando recién empezamos nuestra amistad. Zuko, sé que ha pasado tiempo y probablemente tus sentimientos ya cambiaron, yo solo tenía la necesidad de decírtelo, porque no podía aguantar más con ese secreto – Lagrimas brotaban sobre las mejillas el joven Avatar. Su mirada estaba directamente fijada en el suelo y no se había logrado percatar de que el príncipe ya abría los ojos. De pronto este, como pudo, lo tomo por la cintura y lo puso lo más cerca posible a él. El avatar estaba sorprendido, Zuko estaba terriblemente dañado pero aun así tenia fuerza para cargarlo. De pronto lo tomo sus mejillas entre las manos y junto sus labios a los de él, como tanto había estado esperando por todo este tiempo…