Después de aquél encuentro, Ochako pudo comer algo decente por primera en mucho tiempo, e incluso pagar una posada para pasar aquella fría noche.
A pesar de estar decidida a no darle muchas vueltas al asunto, aquel par de rubíes siguieron acechándola en su memoria hasta el amanecer. No tenía sentido.
Cuando logró relajarse, durmió hasta pasando el medio día, y sólo despertó porque tenía un hambre tremenda.
Con pereza, abandonó la posada en busca de algo para terminar con su apetito, y tras rondar por varias calles, su olfato la guio hasta un pequeño y acogedor lugar que ofrecía la más perfecta lasagna que ella hubiera probado, sobre todo por el precio, pues su inexistente economía hacía mucho que no le permitía comer algo así de sustancioso.
Con el estómago por fin lleno, caminó distraída hasta un pequeño parque.
Sentada en una de esas frías bancas, los rayos del Sol acariciaron con calidez su blanca piel, y se sintió sorprendida por lo bonito que le parecía todo de pronto.
Era casi como que el Sol imitaba el calor que estaba naciendo en su corazón.
Hundida en su propia miseria, llevaba demasiado tiempo olvidando que sí, a veces, el mundo es alegre y amable.
El tiempo pasó volando, el reloj al centro de la plaza le indicaba que habían pasado casi dos horas.
Y sí, la decisión estaba tomada, iría a aquél Bar... ¿Qué podía perder? No era como si tuviera otra cosa más interesante que hacer, y sobre todo, algo en su interior le decía que debía ir.
Corrió a la estación de trenes, si no lo hacía pronto, se arrepentiría.
Pero al tener el boleto en la mano y esperar a abordar, inesperadamente el cielo volcó sobre ella una suave llovizna que fue suficiente para dejarla empapada.
"Tan pronto llegan los malos augurios" pensó mientras suspiraba mirando al cielo. Pero no había vuelta atrás, como siempre.
Al subir al tren, eligió el último asiento con vista a la ventana, sujetando con fuerza el boleto que le dio el rubio sin nombre, y cada cierto tiempo no podía dejar de observarlo, como si buscara en ese pedacito de papel la respuesta de qué le esperaba en ese bar.
Los 90 minutos del viaje pasaron en un parpadeo para ella, el sonido de la locomotora la hizo saltar de su asiento y se apresuró a bajar del tren caminando directo al Bar.
Cada paso que daba era más lento, su corazón golpeaba tan frenéticamente su pecho que creía que podría salirse de su cuerpo, y la respiración comenzaba a faltarle.
"¿Por qué me siento así?" Apretó con fuerza su mano en el pecho, tratando de descifrar sus propios sentimientos, la fachada del Bar se extendía frente a ella, imponente.
Impulsada por la adrenalina que su corazón bombeaba, empujó la puerta del lugar para entrar.
Antes sus ojos se desarrollaba un escenario diferente a todo lo que conocía, la luz era tenue, dándole al lugar un aspecto cálido, 10 mesas estaban hábilmente repartidas con un escenario en el centro, la castaña miraba asombrada el lugar, nunca había visitado un bar por varias razones, la más importante: Ahí solían reunirse los mafiosos y Ochako los odiaba. Pero su corazón latía con aprobación, en el lugar había en realidad poca gente e incluso había una que otra parejita en plan romántico.
—¡Bienvenida!— Gritó alguien desde la barra con entusiasmo y Ochako que estaba ensimismada en sus pensamientos dio un pequeño brinco asustada y después miró a la persona que parecía recibirla. Era un pelirrojo de cabello lo suficientemente largo para ir sujetado en una coleta, pero con un par de mechones rebeldes a los lados, con una camisa blanca y tirantes que le hacían notar un cuerpo atlético y ejercitado.
Si el poco conocimiento que tenía sobre esos lugares no le fallaba, ese chico era el Barman del lugar.
—¿Qué haces mirando a mi novio?— Preguntó una mujer parándose justo enfrente de ella, Ochako contuvo la respiración, asustada. Aquella mujer la atravesó con una mirada asesina, pero inmediatamente después relajó el gesto.
—Nah, puedes mirarlo todo lo que quieras, está guapísimo lo sé, casi sería pecado no verlo.— Agregó la mujer, dándole una gran sonrisa que Ochako devolvió un poco incómoda pero suspirando con alivio. —Me imagino que vienes a ver el espectáculo.— la castaña asintió con timidez —¡Ven, como eres tan mona te dejaré sentarte en una buena mesa!—
La extrovertida mujer la guió hasta una mesa vacía justo frente al escenario.
—¿Quieres un copa? ¿Un café?
Ochako negó agitando los brazos.
—¡Pero di algo! Jajaja no voy a morderte ¿Sabes?
Ochako estaba tan nerviosa y se sentía tan fuera de lugar que no podía decirle nada, afortunadamente el pelirrojo llamó a la chica que la había guiado.
—¡Mina, Bakugou te está llamando! Sabes que se pone histérico si no estás en el escenario cuando él lo dice.
—¡Ah, ya voy!— gritó de vuelta la mujer —Es un maldito histérico, eso pasa si estás soltero demasiado tiempo— Susurró levemente haciendo un puchero —Si necesitas algo, por favor levanta la mano, te atenderán enseguida, ¡Adiós!— Con una sonrisa le guiñó un ojo y corrió hacia una puerta a un lado del escenario.
Mientras observaba el escenario, la sonrojada chica se comenzó a preguntar si en verdad había sido buena idea ir después de todo, si alguien comenzaba a hacer preguntas, como el por qué estaba allí, definitivamente no tenía ni una respuesta. De hecho ahora que lo pensaba ni ella misma sabía qué estaba haciendo allí...
Mientras se alborotaba el cabello tratando de ordenar sus ideas, una voz masculina inundó el lugar por los altavoces. Ella alzó la mirada para encontrar un rubio de ojos miel parado frente al escenario.
—Muchas gracias por acompañarnos durante ésta velada, sin más preámbulos las estrellas de la noche darán su espectáculo, esperamos lo disfruten.— Con picardía guiñó un ojo e hizo una leve reverencia, el telón se abrió, dejando ver a la chica que la había atendido enfundada en un vestido blanco de satín, que le llegaba un poco más arriba de la rodilla y con un sugerente escote en V.
Sus ojos color miel y el singular color rosado de su piel y cabello le daban una apariencia misteriosa y llamativa, y al ver como todos en el lugar la miraban hipnotizados, sonrió, victoriosa.
Cuando Ochako logró despegar la mirada de aquella hipnotizante mujer, se encontró al rubio culpable de que estuviera allí, sentado frente a un piano, completamente concentrado en su papel en la melodía. Uno a uno, los demás integrantes comenzaron a acompañarlo envolviendo a los asistentes en una perfecta melodía de Jazz. La peli-rosada se dejó llevar, balanceándose, haciendo que los holanes de su vestido se movieran suavemente al compás que marcaba la canción y tomó con seguridad el micrófono, para comenzar a cantar.
Todos en el lugar miraban embelesados el espectáculo, incluida Ochako, sorprendida por el talento y la belleza de esa mujer, que denotaba fuerza y seguridad. Una punzada pequeña de celos y admiración pinchaba su corazón... ojalá ella pudiera hacer algo tan hermoso.
De pronto se sintió observada y al desviar un poco la mirada se encontró con aquel par de ardientes rubíes que la habían ayudado la noche anterior. Él la miraba sin intención de ocultarlo, y ella sentía como si ese par de joyas pudieran atravesarla y ver a través de todo, se sintió expuesta, casi desnuda, y un escalofrío la recorrió de pronto.
Miró hacia otro lado y descubrió al pelirrojo Barman observando a la cantante, sonrió con nostalgia, recordando a aquél hombre que creía el amor de su vida, quien probablemente en algún momento la miró de la misma forma.
Una lágrima se escapó traicioneramente y ella la limpió deprisa y miró de nuevo al escenario, descubriendo que la mujer peli-rosa la observaba preocupada, segundos después terminó la canción, el público aplaudió de pie, y Ochako imitó aquello.
La hermosa cantante sonrió satisfecha, siguiendo con la segunda, tercera, cuarta y quinta canción, cada una cautivadora a su manera. Ochako aplaudía con ganas, jamás había presenciado un espectáculo así y hacía demasiado tiempo que no miraba algo bello, sonreía alucinada ante aquella preciosa voz femenina acompañada de vez en cuando por ecos de las notas del propio rubio. Todo aquello la envolvía en una especie de sueño brumoso que la hacía olvidar incluso que un par de ojos carmesíes no dejaban de observarla.
De pronto y sin anuncio, las luces se apagaron y sólo una se prendió, iluminando únicamente al rubio, y la castaña dio un respingo al percatarse de que éste la seguía observando "¿Acaso no pestañea ni una vez? ¿No se cansa?" pensó, mientras que un extraño sentimiento la recorría "¿Miedo?".
Sin embargo no pudo reflexionar mucho sobre aquello, pues el piano comenzó a sonar y el rubio comenzó a cantar, ella sonrió maravillada con aquella masculina pero brillante voz, era la primera canción que la dejaba admirarla en solitario.
To be the sun and shed my light upon everyone... I'm not sure I'm meant to play that part.
But maybe I can find some meaning in trying to be like the moon up in the sky, shining down to ease your twisted heart.
Los sentimientos extraños que llevaba cargando desde la noche anterior comenzaron a crecer lentamente y revolverse en su estómago conforme escuchaba la canción. Llevó sus manos a su pecho, de dónde provenía una inquietante punzada que se hacía más marcada con cada estrofa que el rubio cantaba.
Por primera vez, no la miraba, parecía concentrado en esa música que sus dedos creaban, pero sentía que esa canción era para ella.
Why don't you dry your eyes? You're standing there all by your lonesome.
No need to be so afraid- now you'll be safe (You and I session)
I'll wait for you (all we gotta do)
Wait for you (confide in my tune)
Y entonces, sus rubíes se encontraron con sus ojos chocolate. Fue por un segundo, un imperceptible momento. Pero a ella le pareció una eternidad, y claramente, esos ojos radiantes le dijeron "Esto es para ti" y tan inevitable como la llovizna de esa misma tarde, sus lágrimas comenzaron a correr.
You're probably gonna wind up facing days of endless sorrow
Cuz when it rains, it pours and won't let up until tomorrow
But listen to my voice and dry the tears from your face because
It's a temporary showcase.
Rápidamente limpió la humedad de su rostro y volvió a fijar su mirada en el pianista, él la volteaba a ver por momentos fugaces, pero poco le importó. Se comenzó a sentir expuesta y frágil, juzgada por las personas del lugar. Sin embargo estás ni siquiera la miraban.
This overwhelming sense of utter hopelessness, trapped inside a cage like a songbird within your heart.
Your life reflected in the candle burning still connected ever-so directly to the time that you have left
And it's burning fast.
But maybe if you found a way to spread your wings and fly away
Even in a planetarium with a fake sky, maybe that's alright, so I
Say yeah! (yeah!)... Singin' in the moonlight...
Honestly, sadly there's no guarantee you can always come to me, so I'll leave this melody for you behind
Fading back into the night, please before you leave my sight, I'd like to hear you say my name, you and I beneath the moonlight...
Con una última y larga nota, la canción terminó y el lugar se llenó del eco de los aplausos, el telón se cerró y todo se llenó de los murmullos y cuchicheos de los asistentes, emocionados y satisfechos por el espectáculo. Pero la pobre Ochako era caso aparte, agachó su cabeza mordiéndose el labio inferior, "¿Qué demonios acaba de pasar?" se sitió mareada por el exceso de adrenalina y su corazón latía ansioso.
De repente la mesa se movió y al alzar la vista allí estaba, el causante de toda su confusión, sentado ausentemente frente a ella, apoyando su rostro en su mano, como si nada y con el gesto distraído, casi parecía aburrido.
Ella brincó en su asiento.
—Si viniste...— dijo en tono seco el hombre frente a ella.
—Tú me dijiste que viniera— Respondió ella con recelo ¿Ahora se hacía el desentendido?
—Y al parecer eres lo suficientemente suicida como para seguir a un extraño que bien podría ser un violador, a un lugar desconocido.
Ochako lo fulminó con la mirada y él se rió burlón. Pero alguien los interrumpió.
—¡Oh! ¿Vienes a ver a Bakugou? Wow, eso sí que es raro, nunca una mujer tan bonita ha venido a ver a este amargado— Dijo el pelirrojo que se había acercado sin que la castaña lo notara.
—Pfft cállate imbécil, el que está cara redonda esté aquí no es asunto tuyo— le dijo cortante.
Ochako alzó una ceja, confundida "¿Cómo me acaba de decir?"
—En vez de estar de entrometido, tráenos un whisky y has tu trabajo para variar, Kirishima.
—¡A-ah! ¡Espera!— Gritó la castaña agitando sus manos.
—¿No te gusta el whisky?— preguntó el rubio, extrañado.
—N-no es eso, es solo que...— Ochako se removió incómoda en su asiento —Lo que pasa es que...ahm, soy menor de edad...— Los dos hombres se miraron, atónitos.
—Vaya, como las de tu edad no te soportan fuiste por una menor, que gran estrategia, y que perverso también...— El pelirrojo se carcajeó todo lo que pudo hasta que Bakugou lo calló de un puñetazo en el estómago, pero estaba sonrojado hasta las orejas mientras le gritaba de groserías al barman que aún en el suelo se seguía burlando, y Ochako miraba sorprendida y un poco divertida por todo.
—¿De qué te ríes cariño? ¡Ah! ¡Sigues aquí!— la mujer peli-rosa se había acercado a la mesa, emocionada —¡Oh por Dios! ¿En verdad vienes a ver a Bakugou? ¿Cómo es que te embaucó para que vinieras? ¡Eres demasiado bonita para él!
—¿Verdad? Eso dije yo— Agregó Kirishima, levantándose del suelo. Bakugou estaba callado, con la cabeza gacha y los brazos cruzados.
—¡YA! LARGO DE AQUÍ JODER. SON UNA MOLESTIA. SI VIENE A VERME A MI O NO, NO ES SU PUTO ASUNTO. MALDITA SEA NI SIQUIERA ME DEJAN HABLAR A MÍ.— Gritó el rubio rojo del coraje y posiblemente vergüenza, golpeando la mesa.
—Por ese carácter es que debería huir ahora que puede, señorita.— Le cuchicheó cínico el pelirrojo a la castaña.
—¿Te gustó el espectáculo?— Le preguntó la pelirrosa, sentándose a su lado e ignorando olímpicamente el drama del rubio. Kirishima hizo lo mismo.
—¡Sí!— contestó emocionada y más relajada Ochako –Nunca había visto algo así, ambos cantan muy bien, y la música es hermosa.— el rubio se movió inquieto y bufó.
—A todo eso... ¿Cómo te llamas?— Preguntó la peli-rosa.
—Ochako Uraraka— respondió sonriente.
—¡Qué bonito nombre! Yo soy Mina Ashido— le dijo la cantante devolviéndole una radiante sonrisa.
—Y yo soy Eijirou Kirishima, un placer Uraraka.
—¿Ya acabaron? ¿Ya puedo hablar yo? ¿O van a seguir jugando a los amiguitos?— preguntó el rubio con tono mordaz.
—Yo quiero preguntarte algo más Uraraka... te ves, ahm, cansada y pálida ¿Te ha pasado algo malo de camino aquí? Podemos ayudarte con gusto, aquí los maleantes abundan, es mejor apoyarnos, no tengas pena.— Añadió con dulzura Ashido.
—Rosada, no seas entrometida— le reprendió el rubio, con seriedad.
—Eh... no, está bien. No me molesta. A decir verdad, yo vivo en la calle...— Añadió con una sonrisa vacía, y la pareja se miró.
—¿Y tu familia?
—Murieron.—
De pronto Mina se arrepintió de haber preguntado tan bruscamente.
—Uraraka yo...
—Hey Uraraka- habló el rubio que estaba ya de pie —Vayamos afuera, ahora—- Agregó con una mirada fría, advirtiéndoles a los demás que no era una invitación para todos.
Ambos salieron del bar, y comenzaron a caminar por las calles, con un silencio sepulcral entre ambos y la tensión casi se podía cortar.
Hasta que el rubio suspiró.
—Esos idiotas lo arruinaron todo, lamento que pasaras por eso.
Él en verdad se veía preocupado, se detuvo a mitad de la oscura calle, donde solo un pequeño farol se veía muy a la lejanía, la observó fijamente.
—N-no, está bien, la curiosidad es algo normal, y no pretendo ocultar lo que soy.
Él suspiró de nuevo, un poco molesto por su inocencia, después de todo, en ese mundo podrido lleno de malas personas, lo mejor era no ser transparente. Removió sus bolsillos y sacó un llavero tintineante con un solo par de llaves.
—Ven a vivir conmigo.
Uraraka observó el par de llaves que él le ofrecía cómo se tratara de un arma.
—¿Qué? ¿Está bromeando verdad?— preguntó la castaña mirando con recelo tanto al rubio como a sus tontas llaves.
Él bufó.
—¿Parezco algún idiota que bromea? No tienes a dónde ir ¿O me equivoco?
—No tengo, pero no soy tan suicida como para...
—No me malentiendas— la interrumpió —No tengo ninguna doble intención. Viajo mucho y sería bueno algo de compañía— añadió el rubio sin darle importancia y sin mirarla, en parte porque no se le daba mirar a la gente al rostro y también porque era un poco vergonzoso. Pero era listo, jugaba bien sus cartas, al conocerla sintió ese impulso de protegerla, y no podía aceptar un "no" por respuesta.
—Agradezco tu intención pero... no puedo.
Él apretó los dientes, no le gustaba rogar, pero no iba a desistir tan fácil.
—¿Por qué?
—Porque... Sólo traigo desgracia— susurró ella con un nudo en la garganta.
La risa con sorna que el rubio soltó, Ochako no la vio venir. Alzó la mirada y él se jugaba el cabello.
—Tch, mientras más te conozco más ingenua me pareces. No sé qué te haya sucedido, ni cuántas personas hayas perdido. Pero no eres especial ¿Sabes?, en ésta época llena de asquerosos mafiosos creo que no hay nadie que no haya perdido a alguien. A todos nos ha pasado algo, pero ¿De qué mierda sirve quedarse lamentando por algo que no tiene remedio? Si la vida te ofrece una segunda, tercera o milésima oportunidad... tómala. No atraes la desgracia, el mundo está lleno de ella y a veces nos toca y a veces a no. El mundo sigue su curso aunque miles de personas mueran a diario, tú decides si te quedas en el suelo o avanzas. Tú que puedes, avanza.
A pesar de lo que él decía entibiaba el corazón de Ochako, comenzó a llorar ante la mirada ansiosa del rubio. Sus sollozos llenaban todo el silencio, y lo recordó, recordó que Izuku alguna vez le dijo que la lluvia no siempre es mala, la lluvia limpia, purifica, la lluvia a final de cuentas, es vida. Igual que el llanto.
Mientras lloraba, sentía que su alma se liberaba de un peso invisible que llevaba cargando desde quién sabe cuándo.
Cuando comenzó a calmarse, el rubio le palmeó torpemente la cabeza.
—Bakugou Katsuki
—¿Eh?
—Es mi nombre, tonta.— Dijo él mientras le ofrecía de nuevo las llaves —Tómalas y regresemos al bar con ese par de idiotas antes de que llamen a la policía y me acusen de secuestro u homicidio.
Ella tomó torpemente las llaves y secó sus lágrimas y de pronto fue consciente del frío que hacía.
—Soy un prodigio ¿sabes?— le dijo el rubio
Él sonrió cínicamente mientras se quitaba el saco y lo ponía en los pequeños hombros de Ochako.
—Tu mala suerte de mierda, jamás podría contra mi.
De pronto ella fue consciente de lo alto que era el rubio, y de lo hermosa que se veía la calle solo iluminada por la luz de la luna. Y una risa genuina que sonaba casi extraña por las vidas que llevaba sin reír de verdad, brotó de su garganta. Y le sonrió. Y él sonrió, y su corazón se permitió suspirar de alivio.
Notas de autor: Todo tiene un porqué y se irá descubriendo poco a poco, ustedes tranquilos y yo nerviosa (?)
Como siempre, esto no sería posible gracias a mi hermosa beta ;;;; gracias por soportar mis horrores de escritos y ponerle la cursilería que yo no tengo xD
¿Qué papeles se imaginan para los demás personajes? Ya tengo todo, pero sería bonito escuchar sus opiniones
Si ven algún fallo en la ortografía que les de cáncer, haganmelo saber, reviso esto mínimo unas 5 veces, pero aún así no veo nada :'v
¡Hasta la próxima!
