Blaise entró en el despacho de la directora McGonagall respaldado por el profesor Horace Slughorn, mirando la sala redonda con indiferencia igual que las grandes ventanas y el montón de retratos que la adornaban.
-Siéntese, por favor -le indicó la bruja de pie detrás de su escritorio.
El aludido obedeció y miró a su directora interrogante y desaprensión.
-Imagino que sabe porque le he mandado llamar, señor Zabini.
-El profesor Slughorn me mencionó algo que le pasó a Potter y que creen que fui yo -respondió Blaise arrastrando las palabras con los brazos cruzados en su silla.
-Bueno, no me gusta juzgar a nadie sin pruebas. Así que le daré la oportunidad de pronunciarse.
-Es muy amable por su parte, profesora, pero yo no fui. Ni siquiera sabía que Potter estaba herido por algo hasta que me lo contó el profesor Slughorn…
-Entonces, ¿podría decirme que estaba haciendo la tarde de hace dos días?
-Que sea mi directora no quiere decir que deba saber que hago fuera del horario escolar.
-Solo cuando no sé es sospechoso de haber herido gravemente a otro alumno, señor Zabini -respondió McGonagall con una firmeza que no permitía réplicas. Hasta el arrogante Blaise achantó ante la actitud de la bruja, pero por su supuesto, no lo demostró.
-Estuve con Daphne Greengrass en los jardines, estudiando -farfulló el chico la respuesta sin dejar de mirarla a los ojos.
-¿Y Daphne Greengrass me diría lo mismo si se lo pregunto?
-No tiene porque no hacerlo.
La directora observó a Slughorn, quién vió todo con cara de circunstancia.
-Puedes irte, Zabini.
Él no vaciló antes de levantarse y cruzar la puerta para salir del lugar.
Tras un par de intentos, pudo abrir los ojos sin molestias. Lo veía todo borroso y eso lo confundió de nuevo por un momento.
-¡Harry! -escuchó una voz llena de alivio a su lado. Debía ser Ginny, pero no pudo verla hasta que Hermione le puso las gafas con cuidado.
Por fin logró enfocar los ojos y ver los dos rostros de las chicas tan cerca de él. Este intento incorporarse y Ginny lo ayudo.
-¿Estamos en la enfermería? -quiso saber Harry, mirando a su alrededor un poco confuso todavía.
-Sí -dijeron ambas.
-¿Cuanto tiempo llevo aquí?
-Dos días -respondió Ginny.
-Creo que antes de que preguntes más, deberíamos avisar a madame Pomfrey -supuso Hermione interrumpiendo la conversación.
-Es cierto, ¿te encargas tú, Hermione? No quiero dejar a Harry solo.
La chica se marchó en busca de la enfermera. No tardó más de un par de minutos en regresar. Madame Pomfrey se concentró en hacer algunas pruebas al chico sin hacer caso de la presencia de las chicas.
-Bueno, señor Potter, está perfectamente -determinó la bruja guardándose la varita en el bolsillo de la bata-. Se quedará otro día más para reposar, pero no tenéis que preocuparos más.
Madame Pomfrey los dejó para atender a un muchacho de cuarto que parecía haberse lesionado el brazo. Ginny no desaprovecho la oportunidad para hablar más con Harry.
-¿De verdad he estado dos días inconsciente?
-Sí. ¿No recuerdas nada de lo que te paso antes de perder el conocimiento? -se interesó Hermione.
-Sí, pero está un poco difuso -Harry formó una mueca de concentración, como si intentase aclarar y ordenar todas las imágenes en su mente-. Sé que estaba en el baño de chicos cuando de pronto oí un chirrido tan espantoso que creí que me explotaría la cabeza o que se me romperían los tímpanos. El dolor era tal que acabe por caer al suelo y vi que me estaba hechizando Zabini.
-Neville dijo que le había visto de camino al baño, cuando te encontró -observó Ginny-. ¿Aún sigues oponiendote a que le suelte la lengua a la serpiente Zabini? -añadió volviéndose hacia Hermione, mirandola con desafío.
Hermione cortaba el tallo de algunas plantas de adelfas sin atender demasiado a su labor. A su lado, Theodore la llevaba viendo un buen rato de reojo sin dejar de hacer su poción ni interrumpir la de la chica hasta que sonó la campana que indicaba el fin de las dos horas de Pociones.
-No se olviden de poner una muestra de sus trabajos en mi mesa con su nombre antes de salir, gracias -les mandó el profesor Slughorn alzando la voz por encima de los ruidos de la gente recogiendo sus cosas y los murmullos de las primeras conversaciones de la salida de clases.
Hermione hizo todo esto con aire distraído sin darse cuenta de que Theodore la seguía de cerca, quién solo se digno a pararla cuando la masificación de gente se disolvió.
-Hermione, ¿qué te pasa? -le preguntó posandole una mano en un hombro.
La aludida casi salto del sobresalto y se giró por impulso. Se relajó al ver que era Theodore quien llamaba su atención, no sabía porque, pero la presencia del chico apaciguaba los pensamientos que no habían dejado de acosarla durante todo el día.
-Buff, es complicado de contar… -confesó ella, apartando la mirada hacia el suelo.
-¿Sabes que en clase casi te cortas o te quemas varias veces? -le informó Theodore a Hermione. Esta alzó la vista hacia él y tardó un segundo en darse cuenta del significado detrás de esas palabras-. Has estado muy absorta en clase y eso no es propio de ti, por lo que concluyó que te ocurre algo grave, algo que no deja de preocuparte
Ella no respondió y siguió viéndolo fijamente, una cosa de las que más admiraba de Theodore era que nunca dejaba de sorprenderle cuan perspicaz podía ser.
-Si estás distraída, tu rendimiento y tus notas se van a resentir -él se apuro a seguir hablando, antes de que le diera demasiado tiempo a pensar-. Así que si necesitas desahogarte con alguien, hablame -se calló para hacerle entender a Hermione que la escuchaba.
-Supongo que sabes que Harry está en la enfermería -empezó a decir ella apretandose uno de los codos con la otra mano.
-Todos los saben -Theodore rodó los ojos hastiado, preguntándose cómo es que todos tenían que cotillear sobre las vidas ajenas.
-Bueno, pues este mediodía despertó y nos contó a Ginny que le sucedió antes de ser herido… Según Harry fue Zabini -al oír eso, Theodore abrió mucho los ojos en una expresión que la chica no supo interpretar.
-¿Theodore?
-Es imposible que sea Zabini.
-¿Perdón?
-Yo lo vi fuera del castillo cuando se supone que atacaron a Potter.
