Disclaimer: No soy J.K y tampoco soy dueña de Warner Bross, obviamente Harry Potter no me pertenece, de ser así le cambiaría bastantes cosas.

Esta historia fue hecha para mí buena amiga Rebe Marauder en el juego "Amigo Casi Invisible" del foro Hogwarts a través de los años.

Esta historia fue corregida por una personita maravillosa, Veronica Alejandra. Muchas gracias, linda.


Ayer es solo un recuerdo,

mañana nunca es lo que se supone que es.

-Bob Dylan.


Capítulo 2.

Unos golpes insistentes sobre mi rostro me sacaron de aquel estado semiconsciente en el que me encontraba; abrí los ojos lentamente tratando de adaptarme a la intensa luz que entraba en la estancia, después de unos cuantos segundos mi vista se enfocó en el regordete rostro de mi hijo James, el cual con sus pequeñas manitas trataba de llamar mi atención.

Sonreí y lentamente me incorpore de aquella incómoda posición en la que me había quedado dormido la noche anterior, mis ojos fueron con rapidez a la cama de la derecha, la cual se encontraba ahora vacía, seguramente Teddy había bajado ya a desayunar.

Tomé a James en mis brazos y salí de la habitación, el olor de tostadas con mantequilla llegó hasta mis fosas nasales; realmente creí que todo el alcohol que había bebido en la noche abandonaría mi estómago y decidiría formar parte de la decoración del gastado piso.

Después de unos cuantos minutos que tomé para relajar aquellas nauseas, bajé completamente las escaleras y me interné en la cocina, donde Ginny preparaba el desayuno y Teddy se encontraba sentado en un lateral de la mesa comiendo tranquilamente, con sumo cuidado coloqué a James en su sillita alta para bebés que Hermione nos había obsequiado apenas se enteró de la llegada de nuestro primer hijo.

─Es tarde─ dijo mi esposa sin siquiera dignarse a voltear hacia mí.

Afirmé solo con un gutural sonido y continué alimentando a James con su papilla.

—Es tarde y aún estas aquí, ¿no crees que es sorprendente?─ pregunto de forma irónica.

Repetí el anterior gesto sin prestar la más mínima atención a sus palabras; no valía la pena.

—Estoy harta, Harry. Ya no puedo seguir así. ─ Voltee hacia ella topándome con sus enormes ojos azules, mirándome fijamente sin parpadear.

— ¿A qué te refieres, Ginevra?

Una sonrisa de medio lado se formó en su rostro.

— ¿A qué me refiero? —preguntó con el tono chulesco que de costumbre.

—Te diré a que me refiero, Potter. Me refiero a que estoy harta de estar sola todo el día, a que la compañía de dos niños no es suficiente, a que ahora quiero hacer algo para mí sin preocuparme en nada más. ¿Y sabes qué?

—Habla. —Encogí los hombros y la alenté a continuar.

—Quiero el divorcio.

Quiero el divorcio. Quiero el divorcio. Quiero el divorcio.

¡Joder! Esas malditas palabras se repitieron sin cesar en mi cabeza, una y otra vez sin descanso. Seguramente mi reacción y expresión justo en ese momento debió ser memorial, estaba seguro que cualquier persona pagaría una fortuna por esa primicia, ¿Sería algo bueno revelar la decisión de mi esposa tan pronto? No, seguramente no. Me tomó más tiempo del que me hubiera gustado reaccionar de alguna forma a su petición.

—Supongo que es la mejor decisión, si lo pensamos fríamente.

—Así es, mi decisión ya está tomada Harry. Los papeles del divorcio llegarán pronto.

— ¡Los niños se quedarán conmigo! —grité alterado antes de que ella incluso dijera nada sobre ellos—.¡E…Ellos vivirán con su padre! No permitiré que te los lleves.

—Supuse que dirías eso y, en realidad, es algo que no debe preocuparte. Puedes tenerlos, al menos, por un tiempo. He firmado un contrato la semana pasada con Holyhead Harpies. Durará tres años.

De acuerdo, oficialmente, era demasiada información que procesar en tan poco tiempo. Incapaz de permanecer un segundo más de pie, me dejé caer en la silla al lado de James. Abrí y cerré la boca sin lograr articular ningún sonido coherente.

Ella se encontraba tan impasible, tan distante, tan fría que, por un momento, solo por un momento, la desconocí. Ella no podía ser la misma persona con la que me había casado, con la que crecí, con la que planee toda una vida. No podía ser aquella tierna y dulce niña que me juraba amor eterno, definitivamente esta persona frente a mí, no era mi Ginny.

—No espero que lo entiendas, Harry. Realmente ni yo misma lo entiendo, pero sé que es lo correcto. ─ Con parsimonia apagó todos los fogones y, con tranquilidad, se acercó a los niños—. Teddy.─ Se dirigió al mayor el cuál la miró fijamente─. Te quiero Teddy. ¿Sabes que mamá te ama, cierto? —preguntó al borde del llanto. El niño, de ya casi siete años, la miró sin comprender.

— ¿Por qué quieres llorar, mami? ¿Estás enferma? No estés enferma, yo te quiero mucho. —Teddy tomó el rostro de su madre entre sus pequeñas manos y limpió aquellas lágrimas que corrían libremente por sus pálidas mejillas.

—No, mi amor, mami no está enferma. ¿Pero sabes? Mamá no estará en casa por un tiempo y tú y tu hermanito se quedaran con papi. ¿Quieres mucho a papi, cierto? —El niño asintió efusivamente y volteó a verme, regalándome una enorme sonrisa en el proceso. Le sonreí de la misma forma y asentí en un gesto que él entendió como una buena señal.

Teddy besó las mejillas de su madre y, como todo niño, perdió el interés rápidamente, volviendo su atención hacia la comida en el plato. De la misma forma que con mi hijo mayor, Ginny se despidió de James. Nuestros ojos se conectaron por largo tiempo y, ahí en ese momento, fue cuando distinguí nuevamente aquella chispa que desde hace mucho tiempo no veía en los preciosos ojos de mi esposa, aquella chispa que simplemente la encendía en llamas, unas llamas que le devolvían la vida, la vida que a mi lado casi perdió.

Asentí mucho más seguro que hace unos minutos y le tendí la mano.

—Te deseo mucha suerte, Ginny, haz que las Harpies se den cuenta de la buena decisión que tomaron al reclutarte. Y no vuelvas si no es con el campeonato sobre tus hombros. ¿De acuerdo? Ellos te estarán esperando ─dije señalando con mi cabeza a nuestros hijos.

Asintió aún sin soltar mi mano y sin necesidad de hablar me agradeció.

—Nos veremos pronto, se feliz, Harry.

—De acuerdo, Ginny. Lo seré.

La vi desaparecer por la puerta de la cocina y, a la distancia, escuché la puerta de la entrada cerrarse.

Había terminado una etapa de mi vida, una etapa que creí sería eterna. Pero, curiosamente, todo estaba bien, un capítulo se había terminado, pero la historia continuaba; el presente era aquí y ahora y yo no necesitaba nada más que a ellos, solo nosotros tres seríamos felices.


Eso es todo por ahora, pronto estaré subiendo una nueva actualización.

Anelem.