Bella POV
Sentí un dolor punzante en mi cabeza y entonces abrí los ojos, me di cuenta que estaba recostada en el piso del sótano.
Entonces no fue un sueño me dije.
Escuche a alguien bajar las escaleras, me di cuenta de que era Charlie y traía el kit de primeros auxilios.
—¡Bella! — exclamó aliviado y luego agregó—. Hija, que bueno que despertaste, estaba muy preocupado.
Me senté, sentí un dolor agudo en la parte derecha de mi cabeza y emití un gemido. Él se acercó a mí con el kit, lo abrió, saco alcohol y un pedazo de algodón, lo humedeció y lo presiono en la herida que tenía.
Exclamé adolorida.
—Lo siento—se disculpó.
—No te preocupes—le dije, deje que me curara y pregunté—¿Cómo se llama mi… madre?
—Se llama Rosemarie—dijo nostálgico.
Salimos del sótano sin decir nada, le ayude a colocar el refrigerador en su lugar y nos dirigimos al living.
—Bella, en verdad lo siento—dijo y luego añadió—.No pensé que fuera a pasar eso, me excedí.
—No te preocupes, papá—le reste importancia—. Yo fui la que te lo pidió.
—Me preocupe muchísimo—admitió—. No sé qué sería de mí si algo te pasara.
Le dedique una pequeña sonrisa. Y tome una decisión.
—Tenemos que ir buscar a mi padre biológico—le pedí y admití—. Para despertar a mi madre y para pedirle explicaciones de por qué la dejo, por qué nos dejó.
Suspiró lentamente y asintió.
—Lo haremos—acepto—. He estado siguiendo los movimientos de tu padre y él se encuentra en Virginia, exactamente en un pueblo llamado Mystic Falls.
Asentí.
—¿Cuándo iríamos? —pregunté.
—Tendria que pedir un traslado, también tengo que ver los papeles del instituto para tu traslado y lo más importante tienes decidir qué vas a hacer con tu relación—dijo y luego añadió—. Sé que la familia Cullen son vampiros, fríos para ser más exactos.
Me quede sin aliento.
—¿Cómo lo sabes? —pregunte en un susurro.
—Siempre lo supe, por eso no quería que estuvieras con Edward, ese tipo de vampiros son muy volátiles y peligrosos—aclaró.
—¿Tipo de vampiro? —pregunte confundida—. ¿Hay más de un tipo de vampiro?
—Si, como te dije anteriormente tu padre es un vampiro original, los vampiros originales son más parecidos a los humanos físicamente hablando—respondió—. Ellos tienen colmillos, pueden morir por una estaca atravesada en el corazón, se queman al contacto con el sol o al contacto de una planta llamada verbena y también pueden hipnotizarte.
Quedé sorprendida.
—Esto es demasiado—explique—. No tenía suficiente con un tipo de vampiro ahora hay más, también brujas y seguro también existen hombres lobo.
—Bueno, si existen los hombres lobo—admitió Charlie.
Me lleve las manos a la cabeza.
—Ok—acepte—. Tenemos que irnos lo más pronto posible a Mystic Falls, tenemos que encontrar a mi padre y despertar a mi madre.
—Lo haremos, hija—respondió—. Arreglare todos los papeles y buscare una casa, tu encárgate de los Cullen.
—Lo hare—dije—. Te quiero, papá. Nunca dejaras de ser mi padre, recuérdalo siempre.
Vi cómo se sonrojo y sonrió avergonzado. Me acerque a darle un abrazo y un beso en la mejilla.
—Es hora de irnos a dormir, fueron muchas emociones en tan poco tiempo—dijo.
Nos dirigimos a las escaleras con camino a nuestras respectivas habitaciones, entre a mi habitación, me recosté en mi cama y caí profundamente dormida.
Me desperté debido al sol dándome en el rostro, di un par de vueltas en la cama y me estire, agradecí mentalmente no tener a Edward a mi lado observando cada movimiento que hago. Me sentía liberada, con ganas de hacer muchas cosas; es hora de un nuevo comienzo, una nueva Isabella.
Me levante, me vestí y me dirigí a la cocina a preparar el desayuno, cuando entre a la cocina me encontré con Charlie haciendo jugo de naranja y preparando unas tostadas con mantequilla. Me sorprendió esa actitud y sonreí con cariño.
—Buenos días, papá— salude—. ¿Cómo amaneciste?
Se giró sobresaltado y solté una pequeña risita.
—Bella, me asustaste— me regañó y luego agregó—. Todo bien, me tome el día libre para arreglar todo y pedir mi traslado.
—¿Cuándo crees que este todo listo para irnos? —pregunté.
—Mmm… Estuve pensando en que tal vez tú te puedas ir este lunes y yo me quedo arreglando todos los papeles—confesó.
—¿Por qué quieres que me vaya antes? —pregunté confundida.
—No quiero que los Cullen te agobien por tu separación con Edward—respondió.
—Si tienes razón, seguro intentaran hacerme entrar en "razón"—bufé con fastidio.
Él rio y yo reí con él.
—Bueno todo decidido entonces, te vas este lunes por la tarde—dijo—Te vas a quedar en un hotel y mientras vas buscando a tu padre, yo llevaré a mi hermana. No vamos a tener que llevar nada de esta casa, venderé todo y comprare una casa en Mystic. Y como allá siempre es soleado, te daré dinero para que compres ropa adecuada a ese clima.
—Papá, no puedo aceptar eso—negué y luego agregue—Tengo algunos ahorros, con eso me alcanzara.
—Por favor, Bella—me pidió—Por favor.
Suspiré cerrando los ojos.
—De acuerdo—acepte a regañadientes—. Pero también usare mis ahorros.
—Ok, hija—dijo.
—Papá—dije—¿Sabes cuáles son los poderes de los Cullen?
—Sí, pero no te preocupes sus poderes no funcionan contigo—respondió—. Y más aún ahora que el hechizo se disolvió.
Suspire aliviada.
—¿Cuál es mi apariencia real? ¿Cuáles son mis poderes? —pregunte rápidamente.
El rio suavemente por mi curiosidad.
—Tus ojos son celestes y tu cabello es de un rubio oscuro, encrespado,. Tu madre cuando te vio por primera vez dijo que te parecías demasiado a tu padre, por eso tu abuela hizo ese hechizo, para que te parezcas más a tu madre por ende te parecerías más a mí y a Renee—dijo—. La verdad no sé cuáles sean todos tus poderes, pero una cosa si es clara, eres una bruja y una muy poderosa.
Me quede sorprendida.
—Entonces no fue mi imaginación— susurre.
—¿Qué? —pregunto Charlie confundido.
—Lo que pasa es que ayer cuando me vi al espejo mis ojos eran celestes y cuando los cerré y volví a abrir eran del mismo color de siempre—respondí.
Me miro sorprendido.
—Eso significa que el hechizo se está disolviendo muy rápido—dijo alarmado.
—¿Eso es malo? —pregunté.
—Eso significa que te parecerás a tu padre y que tus poderes irán aflorando—dijo preocupado—. Tienes que encontrar lo más pronto posible a tu padre para que te proteja de sus enemigos y tienes que aprender a usar tus poderes o se saldrán de control.
Me asuste, pero recordé las palabras de mi abuela y me arme de valor.
—Lo hare, papá—le dije con valentía—. Todo saldrá bien.
Me sonrió.
—Ya casi está listo el desayuno, pon la mesa por favor—pidió.
Lo hice, tomamos desayuno y luego él se fue a arreglar los papeles de su trabajo y de mi instituto. Decidí llamar a mi madre Renee y luego armarme de valor para llamar a Kath.
—Hola mamá—salude cuando contesto.
—Bella, hija—dijo al borde del llanto—. Perdóname por favor, no te quiero perder, solo lo hicimos para protegerte….
—Mamá— la interrumpí—. No te preocupes no hay nada que perdonar, sé que lo hicieron pensando en lo mejor para mí, nunca dejaras de ser mi madre, te amo y siempre te amaré.
—Ay hijita—dijo llorando—. Yo también te amo y eso nunca cambiará.
Seguimos hablando un rato más sobre mis planes de terminar con Edward, mudarnos a Mystic, buscar a mi padre y despertar a mi madre. Corte la llamada asegurándome que mi mamá estuviera más tranquila. Y fui a mi habitación en busca del número de Kath, cuando lo encontré me senté en la mecedora de mi habitación que estaba frente a la ventana y empecé a recordar como conocí a Kath.
Ella me salvo la vida, estaba de regreso a mi casa luego de hacer un trabajo con unas compañeras del instituto, era muy tarde cuando de pronto de un callejón salieron 5 delincuentes que intentaron secuestrarme, cuando de pronto llego ella, Kath, no vi nada estaba tirada en el piso con los ojos cerrados por el miedo, solo recuerdo el sonido de golpes y gemidos de dolor por parte de los delincuentes. Luego sentí como alguien me toco el hombro, era Kath preguntándome si estaba bien, me lancé a sus brazos agradeciéndole por salvarme.
Kath me acompaño hasta mi casa, decía que quería estar segura de que llegara sana y salva hasta mi hogar, intercambiamos números de teléfono y desde ese momento nos volvimos inseparables , después de seis meses ella me dijo que se tenía que ir y que no sabía cuándo regresaría. Desde ese momento no volví a saber más de ella.
¿Y si es una vampiresa?, me pregunte después de recordar cómo me salvo.
Me arme de valor y marque el número.
—Hola— escuche la voz de Kath hablando en un tono muy frio.
Senti un nudo en mi garganta y aclare mi garganta.
—Kath—susurre y luego dije en un tono mas claro—Kath, soy Isa.
—¡¿Isa?! — preguntó sorprendida y luego pregunto más calmada—¿Isabella Swan?
—Sí, Kath—respondí sonriendo—¿Cómo estás?
—Dios, Isa ¿Por qué no me llamaste antes? — reclamó.
—Kath, han pasado demasiadas cosas la verdad— admiti nostálgica y luego añadi— Te extrañé demasiado, perdón por no llamarte antes.
—Isa, yo también te extrañé mucho—admitió—Cuéntame todo, hasta el más mínimo detalle.
Le empecé a contar que me mude a Forks, como conocí a los Cullen y la muerte de mi abuela. Hasta le conté que mis padres no son Renee y Charlie, pero omití la parte de que mi madre es una bruja que está en una especie de coma mágico y mi padre un vampiro original llamado Niklaus Mikaelson.
—Entonces voy a romper con Edward y luego Charlie y yo nos mudaremos a Mystic Falls para buscar a mi verdadero padre— termine de contar.
—¿Mystic Falls? —pregunto, si no la conociera tanto pensaría que todo estaba bien, pero sé que está nerviosa.
—¿Hay algún problema, Kath? —pregunte haciéndome la confundida.
—No, Isa— respondió y luego añadió—Justo en unos días voy a ese mismo pueblo, nos vamos a poner ver después de tanto tiempo y celebraremos tu cumpleaños como se debe.
Me quede sorprendida, no esperaba esa respuesta, pero me alegre rápidamente porque después de tanto tiempo nos íbamos a poder ver de nuevo.
—Kath, eso es fantástico—casi chillé.
—Calma, Isa—me dijo divertida.
Y yo solté una pequeña risita.
—No me puedo calmar, Kath, después de tanto tiempo me voy a reencontrar con mi única y mejor amiga—respondí emocionada.
Ella soltó una carcajada, nos despedimos y corte la llamada. En ese momento escuche como se abria la puerta de casa, entonces me fije la hora que era y me di cuenta lo mucho que pase hablando por teléfono.
Me levante y baje corriendo, vi a Charlie quitándose la chaqueta y dejarla en el perchero.
—Papá, lo siento estuve hablando con mamá y con una amiga, y no me di cuenta de la hora—me excuse.
—No te preocupes, hija—respondió y luego preguntó —¿Qué te parece si vamos a almorzar a un restaurante?
—Me parece una idea estupenda—respondí alegremente.
—Ok, Bella, aquí traje una foto de tu padre, para que puedas reconocerlo—me dijo dándome un sobre.
Me di avergoncé por no haber pensado en ese pequeño (gran) detalle. Abrí el sobre y me encontré con una foto un poco antigua de un hombre que no pasaba los 25 años, el cabello de un rubio oscuro encrespado y los ojos de un color azul oscuro que contrasta con el tono de su piel blanquecina.
Mi padre me dije internamente.
Era algo surrealista, mi vida dio un giro de 360 y ya no podía cambiar nada, solo queda seguir adelante.
—Es demasiado joven—admití.
Charlie soltó una carcajada y yo lo mire confundida.
—Es un vampiro, Bella—respondió divertido —. Creo se transformó como a los 21 años.
Me sonroje de la vergüenza.
—Tu madre también es joven—dijo divertido.
Puse lo ojos en blanco.
—Ok, deja de burlarte de mí—le respondí fingiendo estar enfadada.
Él solo negó con la cabeza sonriendo.
—Iré a cambiarme y luego vamos a almorzar— le dije mientras me encaminaba a mi habitación.
Entre a mi habitación y busque que ponerme, toda mi ropa me parecía fea, ya entendía a Alice el querer cambiar mi look. Decidí ponerme unos jeans y un suéter verde esmeralda, lo más decente que tenía. De todas maneras no me convencía lo que me puse.
Baje y encontré a Charlie viendo el futbol en la TV.
—Papá, ya estoy lista—le llamé.
Volteó a verme y me miro confundido.
—¿No odiabas ese suéter? —pregunto.
—Fue lo más decente que encontré en toda la ropa que tenía—admití.
—Ya veo que si estas cambiando—respondió un poco triste.
—Papá, no dejare de ser yo—le dije—. Solo son algunos cambios
—Me da miedo perderte—admitió
—Yo nunca dejare de ser tu hija y tú nunca dejaras de ser mi padre—le dije con cariño.
