Disclaimer: No soy J.K y tampoco soy dueña de Warner Bross, obviamente Harry Potter no me pertenece, de ser así le cambiaría bastantes cosas.

Esta historia fue hecha para mí buena amiga Rebe Marauder en el juego "Amigo Casi Invisible" del foro Hogwarts a través de los años.

Este capítulo fue corregido por una personita maravillosa, Veronica Alejandra. Muchas gracias, linda. Siempre aprendo muchísimo con tus notas, a parte de que me resultan muy refrescantes.


Voy a vivir el momento para entender el destino,

voy a escuchar el silencio para encontrar el camino.

-Mark Anthony.


Capítulo 3

Habían pasado cuatro meses desde que me divorcié de Ginny, mi vida dio un giro de trescientos sesenta grados desde su partida me había convertido en papá y mamá de tiempo completo y me sentía bien a pesar de todo.

Pero las cosas comenzaron a complicarse desde que me encontré con él. Jamás creí que la intervención de una persona llegaría a alterar toda la tranquilidad que tanto me había costado construir.


Tres semanas antes.

Después de mucha insistencia de mis dos hermanos, en especial de Ron, me decidí aceptar salir con ellos; además era la primera vez en tres meses que Ginny tenía algunos días libres y me había pedido estar con los niños. Obviamente, se lo permití, pues ellos la extrañaban muchísimo, en especial Teddy, que siempre preguntaba por su mamá. Era muy triste ver que pasaba horas enteras frente a la puerta esperando que su madre entrase por ella. Así que cuando Ginny me avisó de su llegada con dos días de antelación acepté de inmediato, todo fuese por la felicidad de mis pequeños.

Ron, creyendo que la situación sería incómoda para mí, me había obligado, literalmente, a salir del cuadro familiar. Hermione no estaba del todo convencida de la decisión precipitada de nuestro mejor amigo, pero lo había aceptado sin objetar (cosa rara en ella). El plan de Ron era simple: unas pequeñas vacaciones de tres días con dos noches en las playas de Brighton, al sur de Inglaterra. Le había exigido que el lugar al que decidiera ir fuese un lugar cercano para estar disponible en caso de cualquier emergencia.

Y ahí nos encontrábamos en uno de los hoteles mágicos más prestigiosos de la localidad, un recinto realmente increíble y poderoso por dentro y fuera. El servicio era también impecable, nuestra suite tenía una hermosa vista a la playa y era más grande que el número 12 en Grimmauld Place. Sencillamente, era imponente.

─¡Harry! ¡Harry! ─entró Ronald corriendo, y respirando entrecortadamente. Lo miré interrogante, levantando una ceja.

─No puedo creerlo, Harry. ¡Adivina, quiénes son los que se hospedan en la suite de al lado!

—No lo sé, Ron. ¿Quiénes son?

Él nombrado rodó los ojos y se cruzó de brazos.

—Es por eso que te dije que adivinarás, si te lo digo no será tan genial. ¡Adivina! Te daré una pista, es nuestro equipo favorito de Quidditch.

Solté una carcajada pues con «esa pista», me había dicho todo. Pero, solo para seguirle el juego, continué actuando sorprendido.

—¿Los Puddlemere United? ¿Estás de coña?

—Te lo juro, Harry. Les acabo de ver, Hermione los vio también, ¿verdad Hermione?

—Si, Ron —rodó los ojos y negó con la cabeza.

Ronald en el fondo seguía siendo un niño para muchas cosas, como el Quidditch y el ajedrez.

—Te creo, amigo. Más tarde los veré. ¿Les parece si vamos a comer? Me muero de hambre —enfaticé.

Ambos asintieron y con eso salimos del piso para dirigirnos al restaurante del resort.

—Dealmente, do entiendo, cobo eds que has podido con dos diños du solo, edtos udtimos beses —comentó Ron, con la boca llena de comida, como de costumbre.

Me encogí de hombros y sonreí al escuchar la típica regañina de Hermione hacia Ron y sus faltas de modales al comer.

—Amo a mis hijos, Ron. Para mí no representa ningún problema cuidarlos a tiempo completo, lo sabes.

—Lo sé, Harry, lo sé. Pero entiende que es complicado; eres divorciado y tienes a dos niños a tu cargo. Lo siento amigo, pero tu vida terminó.

—Yo creo que apenas da inicio, ¿no te parece, Harry?

Nuestras miradas viajaron rápidamente hacia la persona que acababa de intervenir, frente a nosotros un rostro conocido y amigable de perfectos dientes blancos nos sonreía con verdadera alegría.

»—Hola, chicos. ¿Cómo han estado?

Oliver Wood no había cambiado casi nada, a excepción de que estaba mucho más formado que en Hogwarts, sin embargo, seguía conservando aquella sensación de calidez y seguridad que siempre les había profesado a sus compañeros de colegio.

—¡Oliver! —Ron fue el primero en reaccionar y levantándose estrecho con fuerza la mano de Wood—. Es realmente una sorpresa encontrarnos aquí. Que pequeño es el mundo, ¿no crees?

—Si lo creo, Weasley. Y ustedes, ¿no se alegran de verme? —comentó dirigiéndose a Hermione y a mí. Ambos nos levantamos y lo saludamos con efusividad, bueno, la efusividad fue de mi parte. Pues de los tres que nos encontrábamos allí, era yo el que había mantenido una relación más cercana con nuestro antiguo prefecto.

—Es un placer volverlos a ver a los tres, chicos. ¿Puedo sentarme a comer con ustedes? —Accedimos alegremente y, una silla extra apareció para nuestro invitado—. ¿Qué ha sido de sus vidas? —preguntó interesado—. Por lo que alcancé a oír, ¿estás soltero, Harry? ¿Y tienes dos hijos?

Asentí y lancé una mirada de soslayo a Ron, el cual mantenía una competencia con el rojo de su cabello.

—Así es, Oliver. Hace tres meses que soy papá soltero y te aseguro que jamás había sido tan feliz.

—Seguro que sí. Yo quisiera tener hijos, pero con el equipo, competencias, partidos, entrenamientos y esas cosas realmente no tengo mucho tiempo.

—¿Equipo? No me digas que…

—Wood, hay entrenamiento a las siete —dijeron algunos miembros del Puddlemere United.

—¡No lo creo! ¡¿Juegas en los Puddlemere?! —Ron se levantó extasiado y, desde ese momento, se pegó como lapa a Oliver, tratando de sacarle hasta el más mínimo detalle sobre los integrantes de su equipo de Quidditch favorito.

Hermione y yo solo negamos divertidos, pues, a pesar de todo el tiempo, Ron seguía teniendo esa inocencia infantil que hacía de los problemas situaciones más llevaderas. La comida y el encuentro con nuestro compañero resultó ser todo un éxito y, al despedirnos, nos pusimos de acuerdo de vernos de vuelta, antes de que las vacaciones terminaran.

Sin embargo, después de ese día, nuestros horarios no coincidieron en ningún momento. A pocos minutos de que se activara nuestro traslador, que nos llevaría a casa, Wood nos encontró en la recepción.

—Lo siento, chicos, ya no pudimos reunirnos, los entrenamientos me están matando ─comentó dramáticamente. Negamos restándole importancia.

—No te preocupes, Oliver. Lo entendemos, tu vida como jugador profesional de Quidditch es sumamente ocupada, ya será en otra ocasión que nos encontremos —comenté amable.

—Sobre eso quería hablarte, Harry. En cuatro semanas tendré algunos días libres y estaré en Londres. Me sentiría muy complacido si me pudieras conceder un tiempo a solas.

Lo miré incrédulo y tras de mí escuche las risas quedas de Hermione y Ron.

»—¿Podrías concederme un tiempo, Harry?

—Eh… —carraspeé—, Este…si, claro, claro que si, Oliver. En cuanto estés en Londres, mándame una lechuza a esta dirección. —Le tendí una tarjeta con la información del correo de mi hogar.

—De acuerdo, te veré allá. —Tomó el papel y lo guardó con cuidado en su cartera. —. Que tengan un buen regreso a casa, chicos. Cuídense.

Oliver se alejó con una enorme sonrisa en su rostro y no regreso la vista hacia atrás.

—Harry —oí que decía Ron. Con un tono insinuante, volteé a verlo y noté su sonrisa ladina que me sacaba de quicio.

—No se atrevan a decir nada —les advertí y continué mi camino, preguntándome internamente sobre lo que Oliver tenía que decirme «a solas» en Londres.


Miré nuevamente la carta que había llegado esa mañana y que aún no me había atrevido a abrir, sabía de quien era, claramente. Y la curiosidad me estaba matando, pero aun así estaba resistiendo abrirla, no sabía lo que dentro vendría; desde la última vez que lo vi, había hecho muchas hipótesis sobre lo que mi excapitán tendría que hablar conmigo, pero cada conjetura era más loca que la anterior, así que había optado por restarle importancia al asunto, al menos hasta esa mañana, antes de que una lechuza negra como la noche me despertase por su insistente picoteo contra la ventana de mi habitación.

Después de varios minutos, logré juntar el coraje necesario y con sumo cuidado abrí la carta:

«Hola, Harry.

Espero que no hayas olvidado nuestra última charla; me gustaría que nos reuniéramos mañana a la hora que mejor se te acomode. Estaré esperando tu respuesta hoy mismo.

Saludos, Oliver».

Tres escuetas líneas hicieron que la curiosidad incrementara. Con letra temblorosa, respondí al reverso de la nota, al terminar, até la misma a la pata de Ewkes (mi lechuza), y vi por la ventana como poco a poco se perdía en las inmensidades del cielo.

Bien, estaba hecho, al día siguiente me enteraría de una vez por todas que era lo que Wood quería de mí y esperaba que aquella opresión en el pecho a causa de los nervios que me venían atormentando desde hace cuatro semanas se terminasen de una vez por todas.


He aquí el tercer capítulo de esta historia. Realmente me costo un poco de trabajo hacer que mi musa volviera a mirar con amor esta historia pero aquí estoy de vuelta.

Espero que el encuentro entre ambos no haya resultado muy violento.

¿Sugerencias?

Besos.