Disclaimer: No soy J.K y tampoco soy dueña de Warner Bross, obviamente Harry Potter no me pertenece, de ser así le cambiaría bastantes cosas.

Esta historia fue hecha para mí buena amiga Rebe Marauder en el juego "Amigo Casi Invisible" del foro Hogwarts a través de los años.


Quizá no fue coincidencia encontrarme contigo.

Tal vez esto lo hizo el destino.

-Colgando en tus manos, Carlos Baute.


Epílogo

─¡Papá!─ gritó Albus ─¡James se está comiendo mis panqueques!

─James─, dijo mi esposo haciendo acto de su paciencia infinita ─Te he dicho muy bien que estabas castigado por usar las bromas de tu tío George con tu prima. Y tú castigo era que te quedarías sin postre.

James, con sus escasos ocho años, era más travieso que nuestros dos hijos mayores juntos, le encantaba jugar bromas, y hacer travesuras.

Había perdido la cuenta de todas las veces que lo habíamos castigado, pero siempre terminábamos por ceder al ver sus ojitos tiernos y su carita de angelito, si me preguntaban era un pésimo error, pues siempre nos la volvía a jugar.

─Papá─ se dirigió a mí ─dile a mi papi que me de mis panqueques ─hizo una mueca, sacando su labio inferior un poco más que el superior y ojos de escarbato. Cerré los ojos con fuerza y negué con la cabeza.

─Estás castigado, James. Y no se hable más del asunto, devuélvele el plato a tu hermano.

─Son la peor familia de todas, los odio─. Se levantó y salió del comedor.

Suspiré y apreté en puente de mi nariz.

─Solo está enojado, no se preocupen se le pasará─ comentó Teddy, sin levantar la vista del periódico que estaba leyendo.

Volteé a ver a Oliver, el cual se encontraba de espaldas terminando de preparar el desayuno, por la tensión de sus hombros y su cabeza gacha adivine que las palabras de nuestro hijo pequeño le habían dolido y mucho.

Me levanté y acercándome a él, lo abrace por la espalda.

─Sabes que James, te ama. No llores─. Susurre en su oído, él asintió y sorbió suavemente.

─¡Hey! ¡Los arrumacos a su habitación!─ solté una carcajada al oír la intervención de Albus, siempre era muy ocurrente y desde que estaba en nuestras vidas la felicidad siempre nos acompañaba. Emma, no se había equivocado, amábamos a Albus con toda nuestra alma y por verlo feliz daríamos cualquier cosa. Bueno, esa realidad aplicaba para nuestros tres hijos.

─Que solo le estaba diciendo algo a tu padre, Al ─. Dije sonriendo y separándome levemente.

La puerta del comedor se abrió de vuelta y nuestro pequeño hijo hizo acto de presencia, se acercó corriendo a donde nos encontrábamos y nos abrazó al mismo tiempo, o al menos esa era su intención.

─No los odio─, hablo él ─los amo muchísimo, pero me enfade porque no me querían dar postre, ¿me perdonan?

Ambos nos inclinamos a su altura y dándole un beso en cada una de sus regordetas mejillas, olvidamos lo que había dicho.

Jamás imaginé que una persona pudiera ser tan feliz con tan pocas cosas, pero ahora lo comprobaba, con amor y una familia pequeña yo era el hombre más dichoso del mundo y todo gracias a él, Oliver Wood, el hombre que me había mostrado el lado más bonito de la rutina. Mi amor eterno. Mi más bonita coincidencia.


Una pequeña escena de estos dos que ame y odie a partes iguales.

Esta mini historia, no tiene drama, no hay muerte, nadie llora y te deja un sabor dulce en la boca (todo lo contrario a la realidad), pero es una historia y aquí todos se merecen ser felices.

Gracias a todas las que me acompañaron en este proyecto y espero verlos en mis siguientes creaciones locas.

Rebe, espero que está historia te haya gustado y haya cumplido tus expectativas.

Me despido, nos seguimos leyendo.

Ane.