Me niego a dejar morir a este fandom, así que aquí me tienen, actualizando otra historia y espero ayude pues estaré inactivo por un tiempo, esto debe compensarlo, levanten sus manos y envíen su ki al fandom, necesita de nuestra energía.
Bueno, ya lo saben los peronajes de AnR no me pertenecen, prosigan:
MALOS AUGURIOS
"Servid a Jehová con temor, y alegraos con temblor" Salmos 2:11
La expectativa del viaje no me dejaba descansar, tal fue mi insomnio que pude escuchar los susurros de Nio, y desearía nunca haberlos escuchado, sus sueños son muy raros, el sol comenzó a asomarse por mi ventana, sabía que ya no podría dormir así que tomé mis utensilios de aseo y decidí ir a tomar un baño en el río, me sentía con ganas de limpiarme al aire libre, el barco partiría a las seis de la tarde por lo cual también era una buena forma de ocupar mi tiempo.
Al salir el calor matutino del astro dorado acaricia mi piel, llena de energía me escabullí por los pasillos, salí por la puerta lateral, me dirijo con emoción por el sendero estrecho que me llevaría al río.
-¿Uh? ¿Haru?- escucho, descubro a la dueña de la voz, Haruki vistiendo una blusa blanca y más bragas del mismo color sale de entre unos arbustos, no falta decir que muchas preguntas se formaron en mi cabeza -Buenos días- me saluda con una jovial sonrisa.
-Buenos días, Haruki- respondo rápidamente -¿Qué estás haciendo?
-Ummh, oh, venía a bañarme y de repente el jabón se me cayó entre estas plantas, jejejeje, iba aventándolo al aire- me contesta un poco abochornada -Ven, vamos, nos bañaremos juntas- entonces fui yo quien se sonrojó.
No me opuse, ambas somos mujeres y aunque a ella le gusten las chicas, sé que no le sería infiel a su esposa, seguimos con el resto del camino abrigadas de las miradas ajenas por una hilera de árboles, conversamos sobre el inminente viaje.
-Siempre quise salir y conocer el mundo pero extrañas circunstancias y algunos imprevistos me lo impidieron, luego me casé y tuve que trabajar día y noche para alimentar a mi familia- profiere Sagae suspirando con pesadez al terminar -Soy de una familia noble, no me prepararon para esto, pero no me arrepiento- menciona esbozando una sonrisa, ella está cansada, su mirada con ojeras lo decía a pesar de ello sus ojos conservaban un brillo vivaz.
-Es bueno que tengas esta aventura entonces- le digo con amabilidad -Yo también deseaba salir a explorar pero mi tía es muy sobre protectora y me lo impedía, logré convencerla y hoy estoy lista para partir.
-Me encanta tu entusiasmo- me dice sacudiendo mi cabello -Es una lástima que lo vayas a perder- profiere dejándome aturdida, ¿porqué sigue diciendo cosas como esas?
Estando cerca del riachuelo pude escuchar el agua salpicando y moviendo la fina capa sedimentaria del fondo, llegamos a la pequeña playa de arena gris en la orilla, al poner nuestros pies descalzos sobre el suelo arenoso percibimos la presencia de una mujer saliendo del agua, la belleza que salió solo podría haber sido una ninfa de río, sus senos generosos resplandecían con el agua, tenían un sutil movimiento mientras la mujer caminaba balanceando sus amplias caderas, la cintura era pequeña, vientre delgado, piernas carnosas, nalgas redondas y firmes, inclusive me sentí atraída a aquella magnífica aparición, lujuria era el nombre de tal ser.
-Haruki 3- silba la mujer -¿Vienes a recordar viejos tiempos?- menciona logrando que Haruki apretara la mandíbula reprimiendo su ira, no sé qué tipo de relación pudieron haber tenido pero ahora Sagae la odia con todo su ser.
-Si fuera así te hubiera ido a buscar en un burdel- contesta la pelirroja, Isuke ahora era quien apretaba los dientes enardecida.
-¿Cómo te atreves?- gruñe mostrándole los dientes blancos y bien cuidados que poseía.
-Tú sabes como- espeta Sagae hiriendo aún más a la pelirosa, se notó en su mirada que adquirió cierto decaimiento.
-Idiota, no tenías ni idea de lo que...- decía cuando un brazo escamoso se apareció de entre al agua, agarró el brazo de Isuke y la hundió ante nuestra sorpresa.
-¡AAAAAAH!- grité aterrada y paralizada, sabía lo que era, un Kappa, un destino terrible le esperaba a esa mujer y yo estaba ahí para presenciarlo.
-¡Maldición!- escucho antes de ver a Haruki lanzarse al río.
-¡Ahí!- escucho que alguien grita, volteo, un grupo de guardias siendo guiados por Chitaru se apresuraban en llegar, estaban muy lejos, arriba en la colina, no podían ayudarnos a tiempo.
-¡Aaah!- escucho aquel quejido femenino, regreso mi vista al río, la pelirosa se arrastraba por agua tosiendo con dificultad y respirando erráticamente, de inmediato olvidé mi miedo y la socorrí.
-Apóyese en mí- le digo al colocar su brazo sobre mi hombro y asirla por la cintura para ayudarla a salir, sé que es estúpido pero la cercanía de ese deseable cuerpo desnudo que tocaba mi piel descubierta me excitó, su aroma sublime sólo provocó que mi corazón se agitara aún más, decidí ignorar mis emociones abrumadoras y me centré en sacarla del agua.
Una vez fuera llegaron los guardias -¿Qué pasó?- inquiere Namatame con prisa.
-Un...kappa- pronuncia Isuke mientras escupía agua, usé mi toalla para cubrirla aunque deseaba seguir admirando aquel escultural cuerpo, todavía me pregunto porque no pude yo haber sido bendecida con tal perfección, mis medidas no son despreciables pero tampoco tan admirables, sí, estoy celosa de su suerte.
-Rayos- clama Namatame mirando la calma en la que se encontraba el agua, ya eran un par de minutos que Sagae había entrado.
Mi pecho se entumeció ante la sola idea de que aquella chica fue tomada por ese monstruo, en la superficie del riachuelo se genera una perturbación, el agua salpica y se arremolina, entonces pude percibir unos cabellos rojos saliendo, mi horrible sensación minimizó cuando la vi alzarse por sobre las aguas, tenía grandes rasguños por el cuerpo, su blusa destrozada permitía apreciar su busto el cual tenía una belleza diferente al de la pelirosa, moderado pero firme, pezones más pequeños y cierta rigidez donde los músculos pectorales se encontraban y si debo hablar de músculos debo admitir que me impresionó su abdomen, no creía que un cuerpo humano pudiera tener tanta definición y seguir luciendo femenino, ella salía con lentitud, me fijé mejor y noté que arrastraba algo.
-No es posible- musita Chitaru sin querer creer lo que veían sus ojos, la pelirroja sacaba el cuerpo inerte del Kappa, yo tampoco lo creía pero ahí estaba, cabeza calva en el centro rodeado por un pelambre negro, piel escamosa, manos palmeadas, un caparazón en la espalda, la criatura tenía abierto sus ojos, sus oscuros y penetrantes ojos, la lengua le caía por un costado mientras saliva se derramaba de su boca, Haruki cansada de cargarlo lo avienta a la arena.
-¡Haruki!- grito sonriendo, sentí gran alivio, la conozco poco tiempo pero ya me agrada, tome la toalla de Sagae y fui a cubrirla con un abrazo.
-Gracias, Haru- dice agotada, y no es para menos un Kappa es un demonio de piel impenetrable no me imaginaba que hizo para matarlo.
-Le rompiste el cuello- dice Chitaru que se agachó a revisar el cuerpo.
Tras esas palabras todos los presentes comenzaron a susurrar frases de asombro y temor, no comprendo el miedo que la pelirroja causa tal vez se deba a la "sangre maldita" que mencionó Isuke.
-Llévenlo a la armería, que me fabriquen una armadura con su piel- pide cubriendo sus heridas con la toalla, Chitaru asiente.
Sagae agotada pretende irse pero es detenida por la pelirosa que la cogió de la muñeca y pronuncia con suavidad -Gracias.
-No tienes porque- indica al seguir su camino de regreso al Palacio, yo la acompañé, después de todo ya no tenía ganas de bañarme en el río, una ducha era más segura.
-¿Debes estar bromeando?- fue lo primero que dijo Nio cuando le conté lo ocurrido.
-¡Es verdad, salió del agua arrastrando esa cosa!- indico con euforia, claro que yo tampoco lo creyera si no lo hubiera presenciado.
Hashiri pareció aceptar mi anécdota como verdad, su rostro se puso pálido, y empezó a temblar -De sólo pensar que eso podría ocurrirte estando sola me da escalofríos- menciona al lanzarse sobre mí acostándome en la cama, me abraza con fuerza colocando su mentón sobre mi hombro y me susurró -Desde ahora, tu despertar será el mío, seguiré tu camino y tu lecho también acogerá mi sueño- puedo sentir su tibio aliento contra mi cuello y sus manos aferrándose con fuerza a mi cintura, sé que no puedo seguir ignorando los actos de Nio, ella está enamorada o ilusionada conmigo, nunca estuve más confundida y dudosa de cómo proceder, la quiero mucho, pero jamás me he sentido especialmente atraída a una mujer o a un hombre, soy una romántica es verdad, una romántica sin ninguna relación previa o verdadero interés en el amor más allá de la inspiración que me provoca, he sopesado la idea de que soy un ser asexual,esto, esto me supera.
-Nio- susurro entre suspiros, resisto las ganas de abrazarla con la misma intensidad, no quiero que se haga una idea errónea, ella es mi mejor amiga, la conozco de toda la vida, fuimos educadas juntas, prácticamente somos hermanas.
-Haru- murmulla, siento su lengua acariciando mi cuello, un gemido escapa de mi garganta y cuando su mano se posó en mi pecho no pude soportar más, me sacudí escapando de su agarre y salí presurosa de la habitación, ni siquiera pude ver la expresión en su rostro cuando huí, seguro estaba decepcionada, perdón Nio, no puedo corresponderte.
Me dirigí al único lugar donde Nio no entraría, la biblioteca, no puedo encararla, no todavía.
-Haru- la voz de Kouko me distrae.
-Kouko, buenos días- saludo.
Se acerca sosteniendo unos libros -Escuché lo que pasó, ¿estás bien?
-No...digo sí...no, no me pasó nada- me puse tan nerviosa que no pude articular una oración decente.
-¿Uh? Que bien- expresa confundida, me alegro que Kaminaga no sea de esas personas curiosas cualquier otro me hubiera preguntado por ese nerviosismo -Dicen que Sagae le quebró el cuello, ¿es verdad?- ella se veía más interesada en el asunto del Kappa.
-Sí, no sé cómo fue posible- admito, un demonio como ese es más fuerte que un humano, de donde sacaba tal fuerza la pelirroja.
-Sígueme, te contaré algo- dijo tan serena como siempre, la seguí hasta que nos sentamos frente a una mesa -No sabes sobre el mito que rodea a la familia Hinoyagi, ¿verdad?
Sacudo mi cabeza en negación, debe ser algún cuento rural pues yo he leído todos los libros míticos y folclóricos del Imperio.
-Te contaré- dice al sentarse adecuadamente -Hace mucho tiempo existía una mujer hermosa, su belleza fue tal que un Dios de fuego bajo a la tierra en busca de ella, cuando fue rechazado...
-Tomó a la mujer por la fuerza...- era Haruki, el susto que me provocó fue nada en comparación del rostro aterrorizado de Kouko -De aquel ultraje nació un niño con poderes de fuego, Amateratsu viendo tal abominable acto envió al Dios al Yomi, pero el daño estuvo hecho aquella criatura que nació tuvo que vivir con la maldición de matar con fuego cada vez que la ira se apoderaba de él, tras asesinar a su familia levantó un grito al cielo diciendo "Que mi sangre no descanse hasta que el responsable de mi dolor sea exterminado por mi mano", desde entonces cada hijo primogénito de la familia Hinoyagi nace con poderes de fuego y sólo él transmite el poder a su primer descendiente hasta que ese Dios caiga ante sus manos- explica sentándose con nosotras.
-Eres tú, ¿cierto?- digo con respeto.
La pelirroja sonríe -No sé que tanto es cierto pero de que puedo crear fuego...lo hago- su mano se enciende en llamas sorprendiéndome, Kouko también se veía maravillada, son escasos los seres mágicos que poseen el poder del fuego y más raros son los que puedan controlarlo como ella hacía -Ahora, ¿dónde están las cartas náuticas? Quiero familiarizarme con la geografía- indica al levantarse, es una suerte de que no le afecte la supuesta maldición que recae en ella pero si eso te dota de la fuerza necesaria para asesinar un Kappa y prender fuego con las manos no me parece tan terrible.
Se acercaba la hora de partir y tuve obligatoriamente que toparme con Nio, evité mirarla, lo hice tan bien que no sé cuál era el gesto de su cara cada que me veía, llegamos a los astilleros y yo estuve demasiado callada, basta con decir que incluso Tokaku me llamó la atención por ello.
-No creí que extrañaría verte parlanchina- fue lo que me dijo -¿Te impresionó el ataque del Kappa?- afirme con mi cabeza, era en parte cierto, todavía estaba abrumada por aquel susto pero lo de Nio era más preocupante -A mí me impresiona lo osadas que se han vuelto esas criaturas, mira que atacar doncellas tan cerca de la ciudad- no había pensado en ello, es verdad esos seres suelen actuar en fuentes de agua apartadas, no en un afluente transitado como un riachuelo cerca de un palacio.
-Algo los ha incitado a expandirse, es algún tipo de energía oscura que emana de los bosques sombríos- señala Nio, su voz era normal, no percibí congoja o algo similar, di un leve suspiro y le dirigí la mirada recibiendo una sonrisa como recompensa, una sonrisa presuntuosa y bufona, se divertía con mi incomodidad, típico de Nio.
-Eso es algo de lo que deberán ocuparse las autoridades locales, nosotros zarpamos hacia la mar- profiere Hanabusa al acercarse por detrás, venía acompañada por un hombre canoso de elegante vestir -Permitan que les presente al sensei Mitsubishi- indica con un encantador tono.
Nos vimos obligadas a reverenciar a tan distinguido personaje, ese hombre trajo la industria y el modernismo a Japón.
-Mucho gusto, señoritas- nos saluda cortésmente.
-El gusto es nuestro- menciona Nio -¿Acaso el sensei planea acompañarnos?
-Oh, no señorita, sólo vengo a celebrar la botadura de mis buques- profiere con una suave articulación de voz.
Mientras Nio conversaba con el señor Mitsubishi Sumireko fue distraída por Shiena que le susurró unas palabras -Disculpen, señor Mitsubishi, Meichi desea hablar con usted- indica.
-Por supuesto, hasta luego señoritas- se despide cordialmente, mi tía es alguien importante, la mano derecha del emperador y todo el mundo le tiene gran respeto, nunca me sorprende que cuando su nombre es mencionado alguien deba moverse a otro sitio.
-Este barco es hermoso- comenta Tokaku mirando el largo de la nave -70 metros de eslora, 7 de manga y 3,25 de calado, perfecto para aguas poco profundas.
-No tenía idea de que te gustaran tanto los barcos, Tokaku- expresó genuinamente asombrada.
-Mi padre es Almirante- responde mientras toca el metal -Además, fijaos en sus partes, cuatro calderas, dos máquinas de triple expansión, dos hélices, cuatro cañones de 75mm, dos ametralladoras y un tubo lanzatorpedos, un perfecto buque diplomático, camarotes individuales, comedor y dos bodegas, una de provisiones y otra para lo que recolectemos.
-Son tres no te olvides de la munición y repuestos- menciona Nio -A todo esto, ¿de dónde sacaste todos los detalles de la nave?
-Por un demonio, que mi padre es almirante- gruñe dirigiendo una cruda mirada a la rubia.
-¡CUIDADO!- escuchamos, el terror con que esa palabra resonó sacudió nuestro cuerpo, nos apartamos del barco sin saber cuál era el peligro del que nos alertaban -¡AAAAAAH!- un gutural y desgarrador chillido recorrió el astillero, un hombre caía desde el buque su cuerpo golpeó contra los andamios, todo me pareció ir lento tan lento que pude apreciar con detalle el horror, la cabeza del hombre se incrustó en una varilla metálica la sangre nos salpicó, la vara entró por debajo de la mejilla y salió por la sien contraria, la sangre se derramaba por la boca, el cráneo hecho añicos permitía observar materia encefálica escurriéndose, fue espantoso, no lo soporté me lancé entre lágrimas a los brazos de Nio, que importaba que todavía me sintiera confusa respecto a los sentimientos de ella hacia mí, no quería seguir mirando aquella grotesca escena, sé que ocurrió hace unas horas pero esos ojos desorbitados me acompañarán cuando logre dormir, y me seguirán cada día de mi vida, ese instante comprendí la futilidad de la vida, un segundo vasta y sobra para acabar con una vida, horrible, mi estómago se retuerce de tan sólo recordar, mis ojos siguen enrojecidos por las lágrimas que solté, la muerte ataca en cualquier momento no le interesa la estabilidad mental de quienes observen su labor, no quiero recordar, deseo olvidar, me aferró con fuerza a Nio, lloro como si el difunto fuera conocido mío, fue espantoso.
-Todo está bien, Haru, todo está bien- me susurra Nio acariciando mi espalda, su voz fue tan consoladora.
-Sácala de aquí, Hashiri- ordena Tokaku, entre las dos me llevaron de regreso a la mansión, mis piernas no respondían.
Pasé el resto de la tarde sentada frente a un espejo con un paño húmedo quitando la sangre que me saltó y proseguí haciéndolo incluso cuando ya no hubo rastro de ella, mi rostro empezaba a irritarse, por suerte Nio estaba conmigo y evitó que me arruinara el rostro, me contuvo contra su pecho hasta que sacié mis ganas de llorar, mi cuerpo cedió al cansancio emocional y me dormí.
-El barco está por partir- escuché un susurro tras mi puerta, reconocí la voz de Shiena, miré por la ventana y el naranja del cielo me sorprendió ya era muy tarde -Partimos en una hora, Meichi se impacienta.
-No está lista, debe reponerse- esa era Nio preocupada por mí, debo reconsiderar corresponder a sus sentimientos pero no hoy y seguramente no está semana, la impresión de la muerte no se desvanece.
-Nio, debemos ir- reconocí aquella voz severa -Tendrá que reponerse en el barco, me perdí la botadura por estar al pendiente de ella- sus palabras son graves y carentes de calor, pero lo último que dijo me demuestra que me aprecia aunque le provoque problemas, la puerta se abrió y la vi, su cabello castaño siempre peinado, sus ojos rosas brillantes mirándome -Arriba Haru, esto querías, ya debemos salir- profiere acariciando mi pelo, su mano suave recorrió mis mejillas como lo haría una madre.
-Voy- susurro perdida en la forma tan maternal con la que me miraba.
Con ayuda de Nio preparé mis maletas y estuve justo a tiempo para partir, sé que no lo he mencionado pero fueron dos naves las inauguradas, dos buques gemelos, Argo y Amateratsu, yo abordé el primero y mi tía el segundo, nosotros navegaríamos por el Océano Pacífico y ella tomaría ruta por la Asia continental, antes de subir Yuri me besó la frente y me deseo buena suerte, es una lástima yo esperaba intimar más con ella, viví todo el tiempo con ella en ausencia de su presencia, siempre ocupada en asuntos más vitales que mi existencia.
-Dis...disculpe- una chica de mirada tierna me tocó el brazo, su cabello era de un plateado hermoso -Estoy...
-¿Perdida?- supuse y ella asintió, mi voz era igual de apagada y tímida que ella -Te ayudaré- dije.
-Haru...- pronunció Nio.
-El barco está por partir, ¿que pasaría si debe ir en la otra nave?- explico, ella pareció comprender -¿Estaba con alguien?- le pregunté a la muchacha.
-Sí...mi hermana- contesta, sus ojos morados temblaban con cada palabra, se veía tan indefensa.
-¿Como es ella?
-Igual a mí.
-Oh, gemelas, habrá una para ambas- bromea Nio, le dirijo una mirada de reprobación -Lo siento- susurra agachando la mirada.
Emprendimos la búsqueda, los minutos pasaban las amarras fueron soltadas y el barco dejó el puerto, siendo despedido por una gran muchedumbre, cuando esto ocurrió debimos desistir, está chica tendría que acompañarnos, dijo que pertenecía a los pasajeros de la nave así que estaba donde debía.
-¡Mahiru!- oímos gritar.
Nuestra acompañante sonrió al escuchar el sonido -¡Shinya!- clama, el par se abrazó muy emocionado, la otra gemela tenía una gran cicatriz en el rostro y vestía un uniforme marinero que contrastaba con el vestido tradicional de su hermana.
-Mahiru, dije que esperarás en el camarote- expresa sosteniendo las mejillas de la chica.
-Te tardabas...salí...me asuste, ellas me...ayudaron...
La muchacha nos vio y sonrió -Muchas gracias, señoritas, no saben como me hubiera afectado perderla.
-No fue nada- exclama Nio con su sonrisa de Gata.
Shinya esbozando una sonrisa pícara mira a su gemela y dice -Que buen par encontraste Mahiru, me alegra saber que siempre piensas en ambas- esta chica se llevará muy bien con Nio puedo presentirlo.
Mientras conversábamos llegaron el resto de las chicas.
Azuma se presentó con una reverencia -Haru, veo que ya conociste a las gemelas.
Hanabusa colocándose frente a Tokaku prosigue -Dejen que les presente a nuestra experta en botánica...- señala a una joven mujer de cabello morado, encantadores ojos marinos, debo admitir que quien quiera que nos haya reunido tiene buen gusto.
-Hi, soy Takechi Otoya, espero nos llevemos muy bien- menciona con una expresiva sonrisa, me miró, he visto ese tipo de mirada antes, hambrienta, la mirada de un depredador cuando divisa la presa que tanto había ansiado encontrar, la misma mirada de Haruki cuando besaba a su esposa; la saludamos con una reverencia.
-Y este es el capitán de la nave, Fujiro Miyamoto- presenta Sumireko, nuevamente saludamos con una inclinación, el hombre era alto, tez morena, cabello negro, un bigote adornaba su rostro, la ceja derecha se veía dividida en tres partes demostrando su experiencia.
-Mucho gusto señoritas, he venido ha invitarlas a participar de la cena inaugural en el comedor del capitán, el cual debo añadir también es suyo como Meichi-dono ordenó- comenta con elegancia.
Desearía poder escribir el resto del día, no puedo, mi cuerpo está cansado y mi mente también, el sueño me acecha, no, no quiero dormir, si lo hago veré aquel hombre morir de nuevo, ya no puedo escribir, mi mano tiembla, mi mente cede ante el recuerdo, puedo sentirlo, hoy conciliaré el sueño entre lágrimas y mañana despertaré con gritos.
