Capítulo 3Una nueva estudiante.

El despacho de Mephisto era completamente diferente a cualquiera de las habitaciones que había visto en casa de Hana, y no estaba muy segura de cual de los dos estilos era el habitual en Assiah –aunque su instinto le decía que apostara por la anciana adorable–. La habitación estaba abarrotada de muebles regios y elegantes, con las estanterías atestadas de montones de objetos llamativos que no dejaban de captar su atención y era incapaz de prestar la debida atención a Mephisto.

Confiaba en que Echo sí estuviera atendiendo.

Sus ojos volaban de las estanterías llenas de pequeños y coloridos objetos hasta la mesa repleta de papeles del demonio, intentando descifrar algo de lo que había escrito. No sabía como Mephisto podía trabajar y concentrarse allí, ella no sería capaz. Jugueteaba nerviosa con las manos, obligándolas a permanecer quietas en su sitio y, de tanto en tanto, miraba por la ventana con aire anhelante, deseando que aquella reunión terminara cuanto antes. No había pasado ni una hora y ya añoraba las pintorescas calles y el ambiente agradable de la Vera Cruz.

Un carraspeo le hizo volver a centrar su atención en Mephisto, sin un atisbo de vergüenza al haberse visto descubierta ignorándolo abiertamente.

—Asistirás a la academia entonces, tanto a la escuela regular como a las clases especiales de exorcismo —él la miraba sonriente, como si no le diera importancia al hecho de ser ignorado. Por la forma de hablar, parecía que sabía que ella no le había prestado atención y se limitaba a transmitirle a qué acuerdos habían llegado Echo y él—. Hoy ya es tarde, pero si te ves con ánimo puedes comenzar mañana. Y en cuanto a dónde vivirás… puesto que inicias el curso a la mitad y ni siquiera estás pagando una tasa de matriculación… no podemos hacerte un sitio en la residencia femenina. Por suerte para ti, tenemos un edificio adecuado, es el mismo en el que están instalados los hermanos Okumura. Aunque por el momento preferiría que mantuvieras tu condición demoníaca en secreto, ya sabes que ellos son los hijos de Satán y si te descubren antes de tiempo no creo que les moleste demasiado.

Trató de mantenerse estoica y regia, pero le estaba costando horrores. Sin siquiera preverlo, Mephisto le estaba sirviendo en bandeja de plata lo que más anhelaba encontrar en Assiah. Había pensado que acercarse a Okumura Rin siendo ella un demonio y él un exorcista sería una Odisea, pero las piezas iban encajando poco a poco sin siquiera darse cuenta. Por una vez en su vida sintió que la suerte la estaba bendiciendo.

Hizo acopio de sus mejores sonrisas y le dedicó a Mephisto la más amplia y seductora de su repertorio mientras se levantaba, le debía más de lo que el demonio adulto creía.

—Muchas gracias señor Pheles, no sabes cuánto agradezco el favor que me estás haciendo —seguro que no imaginaba qué tipo de favor era el que estaba agradeciendo, pero eso no importaba demasiado.

—Una última cosa, Akari-chan —se obligó a apretar los labios y mantener su sonrisa imperturbable, odiaba las confianzas que se había tomado con ella tan de repente. Estaba acostumbrada a las reverencias y los títulos de respeto, no a que la trataran como si fuera una niña, sin embargo, sabía cuándo no era el momento de hacer un escándalo—. Aunque me resulta atractivo, no deberías ir paseándote por ahí con un vestido de Gehenna, llamas demasiado la atención —hasta el momento no lo había pensado, pero era cierto que la moda de Assiah era bastante diferente y su ropa era más llamativa que la de la gente de a pie—. De todas formas, para asistir a clase necesitarás un uniforme de la escuela. Como un favor especial intentaré proporcionarte lo que necesites para aparentar que vives en Assiah desde siempre, cualquier cosa que necesites contacta conmigo —Akari asintió, a pesar de que no sabría ni por donde empezar para hacerse pasar por una humana normal y corriente—. Como tu familiar tiene forma de un gato normal y corriente, por el momento también es mejor que mantenga oculta su identidad —no sabía lo que era un familiar, pero igualmente asintió—. De momento lo mejor es que mantengamos en secreto todo tu… asuntillo. No te digo que no te muestres ante nadie, pero procura haberte ganado el respeto y la aprobación de tus compañeros antes de revelarte.

Akari no podía objetar nada, Mephisto había sido claro, conciso y bastante prudente en sus consejos. Ella misma hubiera llegado a esa conclusión antes o después.

—Todo está claro entonces, por el momento me retiro, ya nos veremos Mephisto —hizo una leve inclinación de cabeza a modo de despedida y salió del despacho intentando mantener su fachada estoica.

—Menos mal que solo íbamos a hacer un visita rápida —musitó el gato con fastidio.

La demonio no se molestó en contestar, su cabeza burbujeaba demasiado como para discutir con el djinn, por mucha razón que en el fondo sabía que tenía.

Mephisto guardó silencio observando como la figura de Akari se alejaba con la gracia de una bailarina. Ya conocía y estaba prevenido contra la naturaleza inherentemente seductora y perversa de los súcubos, pero nunca negaría que a pesar de ello las consideraba criaturas dignas de ser observadas y admiradas por su gracia y belleza. Y aquel medio súcubo era uno de los más hermosos que había visto jamás.

—¿Qué te parece Amaimon? —preguntó a su hermano aún sindesviar la mirada de la puerta.

El Señor de la Tierra había aparecido casi en el mismo instante en el que Akari había salido de la habitación y relamía una piruleta con aire aburrido.

—No me interesa —Mephisto ya esperaba una respuesta así, además de que a Amaimon siempre le habían gustado más las chicas más inocentes, como la estudiante rubia que se preparaba para ser exorcista.

Por otra parte, a él sí que le interesaba ver el giro que tomarían las cosas con aquella nueva pieza incorporada en su tablero de ajedrez. No era más que un peón, pero tenía la fuerza y la actitud de una reina.

Las cosas se pondrían interesantes.

Akari saltó sobre su nueva cama mientras la risa nacía de su garganta sin poder controlarla. Estaba más feliz que nunca, aun no podía creerse que todo hubiera salido bien.

Se había dado una larga ducha y se había puesto algo de ropa que había encontrado en su habitación, indudablemente cortesía de Mephisto. Desde la otra cama de la habitación, nuevamente con el aspecto de un muchacho, Echo la miraba con aire reprobatorio; seguro que había deducido hacía rato que todo aquello era lo que Akari había estado esperando. Especialmente desde que había comenzado a sugerir que escaparan en aquel momento que podían y ella se había limitado a hacer oídos sordos.

—Cualquiera diría que incluso te agrada la idea de hacerte exorcista —gruñó Echo. Por supuesto, su comentario estaba cargado de malas intenciones.

Akari siguió saltando sin contestar, demasiado feliz como para dejar que el djinn empañara su humor con palabras malintencionadas. De todas formas, tarde o temprano Echo aprendería que era demasiado egoísta como para que le molestara matar a otros demonios; ya lo había hecho anteriormente, cuando alguno pretendía pasarse de listo con ella. Ella se había criado con los ideales de pisar a quien hiciera falta para conseguir lo que quisiera, nunca aceptaría por las buenas un "no" por respuesta, por lo que si tenían que caer unos cuantos demonios a su paso lo suficientemente estúpidos como para dejarse matar no era su problema.

Además, a lo largo de sus dieciséis años de vida había aprendido a luchar y a matar como demonio, quizás fuera interesante aprender a pelear como humana para variar.

—Supongo que no vas a querer escucharme —el djinn suspiró resignado, a pesar de que solo llevaban un par de días juntos parecía que empezaba a hacerse una idea de cómo sería la convivencia—, pero si no queda más remedio… —hizo un gesto solemne que atrajo la atención de Akari. En su mano se materializó un precioso colgante dorado con un pequeño dije en forma de llave y un diamante engarzado. Era una joya, si bien algo sencilla, preciosa. Mucho más bonita que la mayoría de las que tenía en su tocador de Gehenna—. Esto es un amuleto de contención, nos servirá para mantener tus poderes demoníacos bajo mínimos y poder ocultarlos. Mephisto apenas ha tardado en sentir tu presencia a pesar de que tú misma ya estabas intentando pasar desapercibida. No sé hasta que punto pueden otros exorcistas detectar demonios, pero por el momento esto debería mantenerte segura.

Akari miró desconfiada a Echo, pero su mirada era férrea y penetrante. No dejaba lugar a la protesta y por una vez decidió ceder ante él, aunque fuera como muestra de agradecimiento por haber encarado a Mephisto junto a ella.

—Está bien, pero solo porque es bonito —aceptó a regañadientes cogiendo la joya.

Sintió los efectos nada más colocarse el collar y no pudo evitar dar un respingo. Sus orejas habían disminuido, seguían siendo más puntiagudas que las del humano estándar, pero ya dejaban de parecer las de un elfo. Sus alas también habían desaparecido en contra de su voluntad y, muy a su pesar, descubrió que no podía hacerlas reaparecer. Sin embargo, lo peor de todo fue la debilidad. Su cuerpo sufrió una sacudida y sus piernas dejaron de sostenerla por unos instantes, sus sentidos estaban aletargados y sentía un desagradable cosquilleo por todo el cuerpo que poco a poco iba desapareciendo.

—¿Qué está pasando? —gruñó. Se sentía como si hablara bajo el agua, aunque poco a poco parecía que el efecto exagerado estaba mitigando. Estaba débil y torpe, dudaba que si tuviera que pelear pudiera hacerlo en aquellas condiciones.

—Te lo he dicho, ese collar va a contener tus poderes demoníacos. Es una llave purificada con un rito muy específico, nadie debería notar nada. Para volver a lo que eras antes solo tienes que quitártelo. A pesar de llevarlo sigues siendo más fuerte y rápida que un humano normal, además de que tus sentidos siguen siendo más agudos. Tienes que aprender a moderarte para no llamar la atención —Akari bajó la mirada a sus manos, si ella se sentía tan enferma y seguía siendo mejor que los humanos, realmente no entendía cómo podían sobrevivir unas criaturas tan débiles en un mundo infestado de demonios—. De todas formas, deberás seguir escondiendo tu cola, la esencia demoníaca no puede hacerse desaparecer por completo.

Akari guardó silencio unos instantes, poco a poco se iba encontrando mejor, aunque era notable la diferencia.

—Confiaré en ti —dijo finalmente cuando el hormigueo desapareció—. Solo espero que ésto de resultado, no es agradable sentirse como yo ahora mismo.

Le dio la espalda a Echo para mirarse en el espejo. Debía reconocer que la joya era preciosa y el brillo del diamante hacía parecer sus ojos aún más oscuros.

—Ya que confías en mí… ¿qué te parece contarme de una vez por todas qué es lo que pretendes exactamente al seguir el juego de Mephisto? —le gruñó Echo, desdeñando su comentario.

—¿Qué es un familiar? —preguntó ignorando el comentario.

—No puedes simplemente cambiarme de tema cuando no quieres hablar de algo, Hime —reprochó el djinn frunciendo el ceño. Akari guardó un silencio expectante—. Un familiar es un demonio que puede ser invocado a través de un círculo por ciertos exorcistas y está obligado a ayudarles en el combate. Algunos de esos exorcistas tienden a tener siempre a su familiar a su lado —explicó con sencillez—. Incluso he escuchado que algunos de esos demonios aprecian a los humanos —negó con la cabeza, como si la idea le pareciera ridícula.

—Bueno, tú no eres un familiar. Tú eres mi criado, ¿no? —en cuanto captó la mirada furibunda del niño estalló en carcajadas, no había tardado mucho en darse cuenta de lo mucho que le molestaban aquella clase de comentarios.

Se rio tanto que se cayó de espaldas haciendo un gran estruendo al tirar una caja. Seguía estando torpe y sintió el golpe más de lo que debería haberlo hecho, pero igualmente siguió riéndose. Los gruñidos de Echo solo hacían que sus carcajadas se escaparan de su pecho con más fuerza. Solo consiguió sobreponerse cuando escuchó unos golpes secos en la puerta de su cuarto.

—Es uno de los hermanos Okumura —dijo Echo transformándose en un gato—. Y no soy tu criado, solo velo por tu seguridad.

Akari ignoró ese último comentario y se acercó a la puerta con emoción contenida.

—Akari-hime, la cola —advirtió Echo en un susurro tan suave que casi sonó como un maullido.

La chica se detuvo al percatarse de que Echo tenía razón y la liódelicadamente contra su vientre antes de seguir acercándose con cautela a la puerta.

Al abrir se encontró con un chico alto, con el cabello castaño cuidadosamente peinado y unas gafas cuadradas que le daban aspecto de eruditoy enmarcaban unos ojos turquesas que la observaban con atención. O mucho había cambiado Rin en los últimos años, o se encontraba frente al hermano menor Yukio.

Se decantaba más por la segunda.

—Hola —saludó expectante tras estudiar su rostro durante unos instantes más. Tenía algunos lunares en la mejilla que le daban mucha personalidad a su rostro, sin embargo, no era Rin. Ni siquiera podía sentirse un poco nerviosa por estar en pijama frente a él.

Notó como Yukio la sometía al mismo examen que ella antes de hablar. Tuvo que reprimir un suspiro de alivio al ver que la voz del chico no tembló ni dio muestras de estar cohibido por su presencia. Hasta el momento, todos los hombres que había conocido en Assiah o habían podido dirigirle más de dos palabras sin trabarse. Era agradable encontrar a alguien que podía resistirse un poco más a sus encantos: si todos los exorcistas eran así, iba a ser mucho más agradable de lo que esperaba estar en estudiando en la Academia de la Vera Cruz.

—Hola, buenas noches. Perdona por presentarme así sin avisar, soy Okumura Yukio —se presentó educadamente—. Tú debes de ser Hoshikuro Akari*, ¿verdad? La nueva alumna becada de Mephisto —tardó unos segundos en caer en la cuenta de que "Hoshikuro" seguramente era un apellido que Mephisto se había inventado para rellenar el papeleo. Sonrió divertida.

—Sí, soy yo. Encantada.

—Mi hermano y yo también vivimos en este edificio, en el ala norte —explicó—. Si necesitas ayuda con tus clases o para adaptarse no dudes en contar con nosotros. Como además voy a ser uno de tus profesores, Mephisto me ha pedido que te consiga todos los apuntes del curso hasta el momento —Akari cogió los papeles que el chico le tendía manteniéndose imperturbable. Losmellizos Okumura tenían su misma edad, por lo que ser un exorcista lo suficientemente cualificados como para ser profesor a su edad era toda una hazaña—. Y bueno, ya es tarde así que mañana te pondrás al día, hoy estarás cansada. Solo añadiré que Ukobach es el demonio familiar de Mephisto y es quien se encarga de preparar nuestras comidas. Ahora que vives aquí, también lo hará para ti.

—Genial, no sé cocinar —y menos mal que Yukio lo había mencionado, porque no había caído en la cuenta de que también tendría que alimentarse. Estaba acostumbrada a vivir rodeada de demonios cuyo único propósito era el de hacerle la vida más sencilla; no terminaba de hacerse a la idea de que ahora tendría que hacerlo todo por su cuenta. Era un alivio saber que no tendría que aprender a cocinar.

Yukio le dedicó una última sonrisa antes de desearle buenas noches y dejarla sola. Akari permaneció quieta en la puerta un rato más. De pijama había escogido unos pantalones cortos y una camiseta enorme negra que le llegaba a la mitad del muslo y ocultaba por completo el pantalón. La idea de que hubiera podido ser Rin quien la viera con aquellas pintas tan poco adecuadas no dejaba de rondarle la cabeza y torturarle; no podía echarlo todo a perder de buenas a primeras.

—Quedarse en la puerta como un pasmarote no es una conducta normal en un humano, Akari-hime, llamarás la atención —ignoró el tono burlón en la voz de Echo y olvidó todas sus reflexiones de hacía un momento.

—En realidad tengo hambre, estaba pensando en buscar la cocina y comer algo —reconoció finalmente. En todo el día solo había desayunado en casa de Hana y se había comido una manzana caramelizada. Sumando eso a que su cuerpo estaba como atontado realmente tenía hambre.

Echo bufó de nuevo, pero al ver que Akari salía del cuarto no le quedó más remedio que seguirla. Vagaron un rato por los pasillos, pero por suerte, gracias a su olfato, no tardaron mucho en dar con la cocina. Era amplia y estaba meticulosamente ordenada, como si alguien pasara muchas horas allí tratando todos los utensilios con mucho mimo.

Akari giró sobre sí misma, sin saber siquiera por donde empezar.

—Es tarde, así que no quiero llamar a Ukobach —no quería molestar al demonio y empezar con mal pie, especialmente si su estancia allí dependería tanto de él. Debía recordar que no seguía en Gehenna y en teoría, en Assiah no era nadie y no estaba obligado a servirle. Torció el gesto para luego volver a sonreír —. Pero seguro que cocinar no es tan difícil, ¿verdad Echo? Los humanos lo hacen habitualmente.

—Nunca he cocinado —ya se había acostumbrado al tono cortante del djinn, por lo que lo ignoró y comenzó a curiosear por todos los armarios.

Abrió y cerró puertas y sopesó ollas y sartenes. Tras desechar varios alimentos y objetos que no había visto en su vida, encontró un paquete que le llamó la atención al fondo de uno de los armarios y lo cogió con impaciencia.

"Ramen instantáneo"rezaba la etiqueta.

Lo leyó varias veces, le dio vueltas tratando de comprender las instrucciones, finalmente dio un par de vueltas por la cocina tratando de identificar los aparatos que se citaban en el paquete; daba igual cuántas veces lo intentara, no se podía ni imaginar qué aspecto tendría un microondas.

Al final se decantó por ponerle agua del grifo y poner el paquete en el electrodoméstico que tenía más a mano y toqueteó los botones hasta que se encendió una luz. Estuvo contemplando su futura cena durante un rato a través del cristal y cuando se aburrió lo sacó con las manos desnudas sin molestarse por las quemaduras.

—¡Itadakimasu! —exclamó con una sonrisa antes de cometer el peor error de su vida y llevarse unos palillos a la boca.

La cara que puso debió hablar por sí misma, porque Echo soltó una carcajada.

—Gochisou sama deshita** —replicó aún con tono jocoso.

—Esto está malísimo, ¿en serio los humanos pueden comérselo? —Akari ignoró la broma de Echo y miró de mal humor el paquete.

—Bueno, no estoy seguro de que lo hayas hecho bien —Echo soltó otra risita e hizo que Akari le fulminara con la mirada. El gato estaba recostado en una esquina de la encimera y parecía más que nunca un gato gordo y perezoso.

¿Cómo os atrevéis a entrar en MÍ cocina? —dejaron de discutir en el acto para mirar al recién llegado.

Era un pequeño demonio rojo que había aparecido sobre la mesa de la cocina y les miraba iracundo, con los brazos en jarras y el ceño fruncido. Su voz sonaba extraña y Akari tardó unos segundos en darse cuenta de que se estaba dirigiendo a ellos telepáticamente.

Dejó el bote de "ramen instantáneo" sobre la mesa de cocina y haciendo uso de toda su humildad –que no era demasiada– inclinó un poco la cabeza y adoptó un expresión de arrepentimiento.

—Supongo que tú eres Ukobach, lo siento mucho —su voz debió sonar convenientemente arrepentida, porque el demonio suavizó su expresión. Sin embargo siguió sin relajar su estado alerta—. Tenía hambre y decidí buscarme algo de comer. Al ser tan tarde no quería molestar a Ukobach-san.

Se dejó escrutar durante unos segundos más por el demonio hasta que éste dejó caer los brazos, abatido.

Ya que eres nueva supongo que puedo hacer una excepción por hoy y no me enfadaré —Akari sonrió aliviada—. Siéntate, te prepararé algo para cenar.

No estaba acostumbrada a que le dieran órdenes ni a seguirlas cuando lo hacían, pero en aquel momento decidió dejarse llevar y esperar pacientemente a que le sirvieran la cena. Observó admirada la soltura yrapidez con la que se desenvolvía el demonio en su cocina y, en cuestión de minutos, tenía frente a ella una sopa que olía de maravilla y unas empanadillas al vapor que le hicieron la boca agua.

—Esto está muchísimo mejor que las manzanas caramelizadas o el ramen instantáneo —exclamó sonriendo nada más probarlo. Echo no contestó, demasiado ocupado relamiendo su cuenco de sopa, pero Ukobach la miró con el ceño fruncido, debatiéndose entre tomárselo como un insulto o un halago.

Ver la velocidad a la que desaparecía la comida del plato debió ser lo suficientemente aclarativo porque sonrió satisfecho.

—Es que Ukobach es un excelente cocinero —dijo una voz tras ella haciendo que casi se atragantara con su última empanadilla.

Estaba tan concentrada en su comida y tan poco habituada a no tener sus sentidos al cien por cien que no se había dado cuenta de que alguien más había entrado en la cocina. Ni siquiera había escuchado sus pisadas.

Un escalofrío recorrió su espalda al reconocer al chico.

Okumura Rin.


Hoshikuro Akari*: Aquí tenéis un pobre intento por mi parte de hacer un juego de palabras (o más bien, de hacerlo Mephisto xD). Según mis escasos conocimientos de japonés, Hoshikuro significaría estrella negra y Akari significa luz, así que Akari sería algo así como la luz de la estrella negra. Una alusión a sus raíces demoníacas.

** Según tengo entendido "Itadakimasu" se usa para agradecer por los alimentos antes de comer y "Gochisou sama deshita" se usa para después de comer, Echo se está burlando de Akari al usar esa expresión.