Capítulo I: Cueca brava


Desde que había llegado a Chile el sábado, era poco lo que se había separado de Yuuri y definitivamente, aquel lunes no era la excepción, aunque tuviera que hacer la hora mientras su querido cerdito estaba en clases.

Pero ahí estaba ahora, con Yuuri y sus amigas mientras decidían qué era lo que almorzarían.

O al menos fue así hasta que se toparon de lleno con un afiche que mostraba a dos personas con pañuelos en la mano y abajo, con letras resaltantes, se podía leer "cueca brava".

―Yuuri, ¿qué es cueca? ―cuestionó en un cuchicheo para que solo él lo pudiera escuchar.

―El baile típico de Chile.

―¡Wow!

―De hecho, ese afiche dice que habrá una clase gratuita a la una de la tarde, y estarán regalando mote con huesillos ―agregó una la más menuda de las chicas que los acompañaban, de ojos grises.

Amazing! ¿Tú sabes bailar cueca, Yuuri?

―Algo ―reconoció―. Me enseñaron el año pasado.

―Y obligado, porque no quiso ir a las clases que se impartían ―dijo una chica de ojos verdes en tono criticón.

―Entonces yo también quiero aprender ―intervino Viktor con una sonrisa―. Así bailamos juntos, ¿no te parece?

Y Yuuri suspiró antes de asentir.

.

―Entonces, armen un círculo entre ustedes.

Yuuri asintió y le tradujo a Viktor la orden dada.

Para Viktor el español aún era una lengua completamente extraña. Así que era él el que se encargaba de traducirle lo que era dicho.

Le contó a grandes rasgos que la llamada cueca brava era la cueca común del pueblo chileno, sin tanta parafernalia dada por los terratenientes de los grandes fundos de antaño, y que por eso, por ser la expresión del roto chileno, era mucho más libre y coqueta, lo que también habría provocado que fuera prohibida por O'Higgins a inicios del 1800, quien la relacionaba con la vulgaridad de los "rotos".

Pero fuera de eso, la cueca era, en palabras simples, una danza que emulaba un cortejo.

Así que dicho aquello, el instructor les instó a aplaudir y a zapatear, siguiendo el ritmo básico de la música.

Para Yuuri aquella modalidad era completamente nueva, considerando que el había aprendido sobre la marcha por obra y gracia de Sarina, que no se había quedado tranquila hasta que él finalmente había bailadlo un pie de cueca con ella.

Viktor, por otro lado, estaba fascinado. Le encantaba la idea de poder bailar un pie de cueca junto a Yuuri. Aunque, si debía ser sincero, amaba todo lo que incluyera a Yuuri Katsuki en la ecuación.

Lo siguiente que les pidieron hacer fue el paso básico del baile y desplazarse de esa manera, cuidando de mantener los hombros alineados con los del compañero.

―Entonces ―dijo el instructor―, sepárense en dos grupos, hombres a un lado, mujeres al otro, y formen dos líneas paralelas. ―Y como la proporción de mujeres era mayor, algunas de ellas fueron a parar a la fila de los hombres.

En ese momento, Viktor se dio cuenta que quedaba frente a Sam, mientras que Yuuri quedaba con Sarina como pareja de baile. Por lo que no perdió el tiempo en hacerle un gesto disimulado a la mujer de ojos verdes para intercambiar lugares. Para Viktor no tenían gracia las clases si no podía bailar junto a su querido novio. Sarina sonrió y se puso frente a Sam, al tiempo que le guiñaba el ojo a su amiga con coquetería.

―¡Viktor!, ¿qué haces? ¡Vuelve a tu fila! ―pidió Yuuri abochornado, mirando hacia los lados.

―¡Por supuesto que no! Yo solo bailaré con Yuuri. ―Y lo dijo en modo berrinchudo, así que Yuuri sabía que no podía decir nada contra eso, y que no le quedaba de otra que asentir.

Si al instructor le pareció mal el cambio de lugares que hicieron, no dijo nada y siguió dando la clase con normalidad, esta vez explicando cómo debía ser tomado el pañuelo, y casi escandalizándose cuando una mujer había sacado un pañuelo desechable del bolsillo.

¡Deshonor! Saca esa cosa de mi vista.

Fue Yuuri quien ayudó a Viktor a tomar de forma correcta su pañuelo ―cortesía del instructor―, quien ya lo estaba tomando entre sus dedos índice y corazón, como las mujeres.

No, mira. El pañuelo lo debes tomar entre el índice y el pulgar, y más suelto, porque no es necesario moverlo tanto. ―Sintió una pequeña punzada de satisfacción cuando notó que un haitiano del grupo también había tenido la misma confusión y que el instructor lo corregía. Al menos no era el único que no entendía un carajo y que se guiaba por lo que solía hacer el resto.

Una melodía comenzó a sonar, y el instructor comenzó a explicar cómo debía ser bailada, demostrando junto a su compañera cómo debía hacerse la figura del ocho

Recuerden, la cueca brava siempre la guiará la mujer. Es ella la que va dando el paso que el hombre debe seguir. No es como la cueca de campo, con la mujer sumisa, acá la mujer le mantiene la mirada al hombre y lo desafía, le coquetea.

Claro estaba que Yuuri no iba a reproducir aquellas mismas palabras a Viktor, sobre todo en medio del baile, así que en cambio prefirió simplificarlo en pocas palabras.

―Viktor, no apartes tus ojos de mí.

Viktor sonrió.

―Por supuesto que no lo haré.

Cuando la clase terminó, el instructor los instó a aprovechar el tiempo restante a bailar varios pies de cueca, para que pudieran aplicar lo aprendido.

En ese momento, cuando ya el entorno dejó de importar, Viktor y Yuuri se internaron en su propio mundo. Se coqueteaban, se miraban, uno "perseguía" al otro y viceversa, buscando conquistarse mutuamente, haciendo florituras con el pañuelo; al inicio no lo hacían bien, se equivocaban, no seguían el tiempo de la canción y el zapateo daba pena, pero reían con deleite. Porque estaban bailando juntos luego de tanto, y aquello era lo único que importaba.


Notas de autora:

¿Merece un review?