Capítulo III: La piojera


Los siguientes días pasaron con tranquilidad. Viktor solía deambular ―a veces en compañía de Yurio— hasta que Yuuri se desocupaba de sus obligaciones diarias. Ahí el japonés los llevaba a diferentes lugares que, según su apreciación, podrían ser interesantes para sus dos invitados rusos. Muchas veces sus amigos chilenos se unían y hacían de todo una experiencia única. No se quejaba de ellos, claro que no, pero Yuuri debía admitir que le gustaría tener un poco más de privacidad con su novio, sobre todo considerando que el departamento de Max solía estar ya bastante lleno, lo que lo cohibía de hacer demasiado ruido durante las noches. Aparte, si consideraba lo molestoso que solía ser Javier ―y que ya le había dado bastante material con anterioridad― era razonable que no quisiera alimentar aquel bullying eterno que le sería hecho.

Pero si quitaba la pequeña frustración sexual que lo complicaba, debía decir que aquellos días habían sido bastante amenos, y eso que recién estaban a 13 de septiembre. Ese jueves en particular, había coincidido que la mayoría estaba libre, incluido un Lucas que había salido de un turno particularmente difícil en el hospital.

―Y bueno, Viktor ―había comenzado un animado Javier con una cerveza en la mano―, ¿ya has probado el terremoto?

―Terre… ¿qué? ―Y miró a Yuuri en busca de ayuda.

―No te asustes ―fue lo primero que dijo Yuuri cuando vio en la mirada de Viktor que este se imaginaba un movimiento telúrico―. Es el nombre de un trago popular de estas fechas.

Los ojos de Viktor se iluminaron ante la mención de alcohol. Y no es que fuera un borracho, pero era ruso, y debía reconocer que su resistencia había aumentado con el tiempo.

Yuuri pudo ver cómo Javier sonreía al notar que ya había logrado su cometido, por lo que no le sorprendieron las siguientes palabras.

―¿Vamos a la piojera entonces?

Era realmente una suerte que la piojera quedara a dos estaciones de metro del edificio donde Maximiliano vivía y que tampoco fuera muy difícil llegar caminando, por lo que media hora después estaban todos instalados ―incluyendo Yurio, quien tendría que conformarse con una coca-cola― en una mesa de madera con manchas de dudosa procedencia, todos tenían un vaso ya del susodicho trago al frente ―excepto Sam y Yurio―, y Viktor lo inspeccionaba al tiempo que probaba su sabor.

Según le había comentado Yuuri, era la mezcla de un vino llamado pipeño, con granadina y helado de piña. Tenía un sabor dulzón ―debido a la granadina― que iba aumentando a medida que el helado se iba derritiendo, lo que lo hacía un brebaje engañoso al beberlo.

Y eso lo pudo comprobar Viktor de primera mano cuando terminó de beber el primer terremoto y se sintió ya un poco achispado.

¡Una réplica, por favor! ―pidió de la forma en que había notado que otros lo pedían.

Yuuri, a su lado, bebía de su vaso con moderación, como si cuidara de no emborracharse. Tanto así que Viktor se preguntó qué habría pasado las veces anteriores que había probado el dichoso brebaje.

Además de los terremotos, los chilenos habían quedado en pedir chorrillanas, que según le explicaron, consistían en papas fritas, cebolla caramelizada, huevo y carne; una bomba calórica que Viktor encontró deliciosa.

Pronto había un ambiente bastante ameno en la mesa, e incluso Sam y Yurio, que estaban completamente sobrios, se dejaron llevar por este.

Menos mal que pudiste beber esta vez ―comentó Erika a Max, quien solía ser el taxista del grupo y por obvias razones no solía beber en aquellas reuniones.

―Creo que nunca he visto a Maximiliano ebrio ―comentó Yuuri en inglés ya un tanto achispado.

Viktor, en medio de su pronta ebriedad, agradeció el gesto.

―Y no lo vas a ver probablemente ―le comentó Lucas mientras bebía su segundo terremoto―. Se controla demasiado bien y tiene buena resistencia.

―¡Lo podríamos utilizar para esos concursos que siempre hacen, de beberse cinco litros de terremoto solo! ―intervino Sarina.

―No es mala idea, ¿eh? ―comentó Javier con una sonrisa traviesa, al tiempo que miraba al hombre de cabellos claros de reojo.

―Nadie va a concursar en nada ―les cortó Maximiliano en tono rotundo―. Que vaya Lucas, y así se pone a cantar encima de la mesa.

Viktor rio, acordándose de los shows en Rusia en el bar de Ivan.

―Eso sería bueno para reírnos un rato ―comentó con ligereza.

Sarina rio.

―Se ve bastante ridículo cuando hace eso.

Lucas enrojeció y se bebió el resto del terremoto de un trago, sin utilizar la bombilla.

―Igual me quedé con tu hermana ―murmuró con tono desafiante.

Viktor sonrió y se encogió de hombros.

―Natalya siempre ha tenido gustos… peculiares.

Y todos en la mesa hicieron un "ooooh" que solo hizo que las orejas del pobre chileno ardieran.

.

Cuando Viktor ya estaba pasando a su cuarto vaso de terremoto, pensó que aquel trago hacía honor a su nombre, porque él ya se estaba sintiendo bastante terremoteado. Y tal parecía que Yuuri, aunque había hecho lo posible por controlarse, estaba en un estado etílico parecido al suyo.

―Viktoruuu ―murmuraba el chico de lentes restregando su mejillas contra la suya, mientras Yurio ponía una mueca de asco, Sam sonreía con picardía y el resto de los chilenos no les ponían atención por estar demasiado ebrios a esas alturas.

Viktor esbozó una sonrisa corazonada ―de imbécil, según palabras de Lucas y Yurio― y abrazó a su querido cerdito de vuelta. Ni loco se quejaría, aunque probablemente su novio sería molestado por toda la eternidad luego de mostrarse tan cariñoso en público. Algo conocía a Javier como para sospecharlo.

Estaban en eso cuando un sujeto de largo y canoso pelo crespo se puso cerca de ellos con una guitarra y comenzó a tocar los primeros acordes de una canción desconocida para él, pero que los demás cantaron con fervor, incluido Yuuri.

Viktor esbozó una sonrisa de tonto enamorado al verlo tan desinhibido cantando aquella cancón que él ni siquiera entendía.

Aunque el premio a la mejor interpretación se lo llevaba Lucas por lejos. El hombre cantaba con fervor y parecía que ya estaba barajando la posibilidad de subirse a una de las mesas para continuar con su interpretación. Y parecía que aquello sí que solía repetirse con bastante más frecuencia de la que él pensaba, porque Javier y Max lo tenían disimuladamente agarrado por la espalda para que no se hiciera famoso también en la piojera, agarre que se hizo más fuerte cuando el hombre comenzó a mostrar reales intenciones de subirse sobre la mesa.

¡Shuéltenme conshetumareeeee!

El problema fue cuando Yuuri pareció tener la misma idea que su amigo y se subió de improviso a la mesa, con una bombilla como micrófono, e interpretó la canción con una divertida voz ebria y una dudosa pronunciación del español.

Y Lucas, aprovechando que tanto Max como Javier habían terminado boquiabiertos mientras miraban al usualmente correcto japonés, se subió también a la mesa y acompañó en la interpretación a su compañero.

Javier miraba a ambos con un tic en la ceja y los intentaba bajar, mientras que Max miraba a todos lados y notaba que la atención estaba puesta en su mesa. Miró a Erika, que ocupaba el puesto a un lado de Yuuri, y frunció el ceño.

¿Por qué no lo detuviste?

La mujer rubia, que ya iba por su segundo terremoto, se encogió de hombros.

Nadie me dijo que debía hacerlo.

Sam tomaba fotos como loca y había hecho que Yurio grabara un video. El pobre adolescente miraba todo con pena ajena y agradecía estar en un país donde nadie lo conociera.

¡La polera, la polera! ―gritaba y aplaudía una entusiasmada Sarina―. ¡Ahhh! ¡Tú no, enfermo! ―agregó cuando su hermano hacía el ademán de despojarse de la prenda―. ¡Que se la saque Yuuri!

¡Sarina, por la chucha! ―la reprendía Max.

¡Bájense de ahí el par de weones! ―gritaba Javier con vergüenza ajena, aunque no podía evitar soltar unas carcajadas de vez en cuando.

Viktor era el único ―aparte de Erika que solo aplaudía al ver el show― que no hacía alboroto. Aparte del hecho de no entender ni mierda de lo que los chilenos decían, estaba bastante ocupado en mantener la mirada fija en los movimientos que su novio realizaba, quien le había dejado la interpretación principal a Lucas y solo hacía sonidos inciertos, mientras se movía como el bailarían nato que era.

Pronto su polera pasó a mejor vida, y aparte de un grito de júbilo por parte de Sarina, Viktor solo sabía que deseaba pasar sus manos por aquel abdomen.

Javier y Max, luego de darse cuenta que era inútil intentar bajar a los dos hombres de la mesa ―sobre todo luego de unas patadas por parte del japonés―, y de notar que los demás asistentes del lugar parecían estar pasándolo de lo lindo con la interpretación, finalmente decidieron rendirse y esperar a que los dos bajaran por iniciativa propia. Recuperaron sus vasos de terremoto de donde los habían dejado, y luego de una réplica, todo dejó de importar.

Cuando el show finalmente terminó, el músico les dio las gracias, especialmente a los dos hombres que bebían apresurados de sus vasos para apalear la sed, y se marchó del lugar con varios billetes a cuestas, en lugar de las usuales monedas que solía recibir.

¡Ahí me avisan cuando vengan y hacemos un show en conjunto!

El hombre incluso les había querido pasar parte de sus ganancias por el show, pero ambos declinaron la oferta con amabilidad.

¡Noshotrosh hashemosh eshto por amorsh al arte, caballero! ¿Shierto, Yuuri?

Shiii, pol amolsh al altee.

Cuando finalmente ―sobre todo para Yurio― pidieron la cuenta y cada uno aportaba con algo de dinero, estaban en tal estado de ebriedad que fue una suerte que Sam y Yurio estuvieran tan sobrios como en un principio, porque ellos fueron los encargados de sacar cuentas y asegurarse de que estaban pagando realmente lo consumido.

Hicieron el camino con tranquilidad hacia el departamento.

Javier y Max eran los encargados de llevarse a un alcoholizado Lucas que había comenzado a entonar sus usuales canciones de los prisioneros, y cantaba "Tren al sur" a todo volumen, al punto de casi hacer sangrar las orejas de sus amigos.

¡Y no me digash pooooobre por ir viajando ashiiiiii! ¡¿No ves que estoy conteeeeeeeento?!

¡Cállate, mierda! ―le gritaron los dos al unísono luego de tener la certeza de que no podrían aguantar otra estrofa.

¡Que son peshados los weonesh!

Yurio era el encargado de llevarse a una ebria pero tranquila Erika que solo se reía de las payasadas que hacían sus amigos.

Sam era la encargada de llevarse a Sarina, quien pese a su estado de ebriedad, aún parecía poder pensar con bastante coherencia.

Weona, dime por favor que grabaste todo.

Grabé cada maldito segundo, mujer.

Y Viktor y Yuuri se estabilizaban mutuamente, a la vez que ―ambos bastante ebrios― se decían cosas al oído y reían.

―Yuuri, me gustaría hacerte tantas cosas… ―le decía con voz cargada de sensualidad, o al menos toda la que podía haber en un cuerpo con evidente estado etílico.

―Yo también, cariño, yo también. ―Y sí que pretendía hacer algo al respecto.

Cuando llegaron al frontis del departamento, fue Yuuri quien se acercó tambaleante a un Javier que ya estaba considerando seriamente en dejar botado a Lucas en medio de la calle para que se lo llevaran preso por hacer el ridículo en la vía pública.

Préstame tu departamento por esta noche.

Javier parpadeó un momento y miró a Yuuri como si no entendiera de qué estaba hablando. Luego miró hacia Viktor que los miraba con curiosidad y recién ahí su cerebro pareció hacer sinapsis.

Con una sonrisa le pasó las llaves.

No hagas nada que yo no haría.

Yuuri asintió. Nadie más que él sabía todo lo que quería hacerle a Viktor desde hace meses.

Cuando volvió con Viktor, este notó de inmediato la decisión en su rostro, y esbozó una sonrisa ebria.

―Amazing, Yuuri!

Así que cuando llegaron al piso donde ambos departamentos estaban, Viktor y Yuuri se metieron rápidamente al del hombre de cabellos negros y cerraron de un portazo.

Alguien va a tener acción parece… ―comentó Sarina con una sonrisa ebria.

Oye no po, ¿quién les dio permiso de meterse en mi departamento? ―cuestionó Lucas, quien era el otro inquilino del dichoso departamento.

Dormís en la cama de Yuuri por último, deja de weviar. Yo también dormiré acá por hoy ―agregó Javier cuando entraron al departamento de Max.

―Son unos cerdos ―gruñó Yurio.

―Se quieren dar amorsh ―le rectificó Erika con tono jocoso―. Ya, creo que me voy a mi casa.

No, mejor espera un rato hasta que se me quite la curadera y te voy a dejar yo ―dijo Maximiliano con la voz aletargada―. ¿Cuánto chucha dura el pipeño en el cuerpo?

Con todo lo que te tomaste, yo creo que mañana. Estais fermantando, weón.

Puta la weá, entonces deja que te pague el uber ―pidió y Erika aceptó. No confiaba en poder llegar sana y salva con su nivel etílico actual. De hecho, iba a aprovechar de despejarse un poco antes de irse a su casa.

Y pese a que había tomado bastante, Max parecía ser el único que se mantenía medianamente cuerdo, hasta el grado de que se dio cuenta cuando Sarina y Sam se apartaban del resto y comenzaban a ver algo en su celular, riéndose en el proceso. No pudo ni siquiera pensar en retarlas cuando Lucas, que aún seguía apoyado en su hombro, decidió abrir la boca.

Voy a llamar a Natalya.

¡Ni se te ocurra!`―Y había real pánico en su voz.

Pero esh que la echo de menosh ―lloriqueó mientras intentaba marcar el número de su polola, o al menos fue hasta que alguien le quitó el aparato.

Compadre, por tu bien te informo que requisaré tu teléfono hasta mañana ―le dijo Javier con solemnidad.

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Ajenos al resto de sus amigos, Viktor y Yuuri se desnudaban con parsimonia, riendo ante los reflejos aletargados de ambos y por la propia ebriedad que traían a cuestas.

―No sabes las cosas que quiero hacerte…

―Puede hacerlo, siempre y cuando me dejes hacerte lo mismo…

―Soy todo tuyo, cariño…

Se besaban y se estimulaban como si no se hubieran visto hace demasiado tiempo, y así se sentían, sobre todo cuando la mayoría de las veces deseaban estar juntos a cada minuto del día. Pero era bueno de cierta forma, porque hacía que, cada vez que podían amarse, lo hicieran con profunda devoción.

Pronto las caricias comenzaron a subir de nivel e intensidad, hasta que uno de ellos comenzó a invitar a que el otro le poseyera con bestialidad.

Y pronto se dejaron envolver por un espiral de pasión que lo consumía a ambos.

Gruñeron y gritaron sin que nada importara. Luego ya se iban a preocupar de los traumas de los vecinos y de las bromas que de seguro reinarían a día siguiente. Porque en ese momento nada más tenía sentido; solo el contacto de sus cuerpos.

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Notas de autora:

¡Espero que les haya gustado capítulo! Si esperaban un lemon detallado, lo sieeeeeento jjajajajajaja, pero eso es privado de la pareja, ¡no sean curiosos!

Por cierto, cuando los diálogos están en cursivas significa que están hablando en español (o en ruso cuando lo amerite) y que alguien (dígase Viktor) se está perdiendo de la conversación. Cuando está en letras normales es porque hablan en inglés.

Este fic transcurre en Chile, así que los chilenismos pueden estar tanto en los diálogos como también en algunos pasajes de la narración. Estoy segura que se me pasaron unos cuantos.

¡Saludos! Las fiestas patrias ya terminaron, pero este fic va un poquito más atrasado xD.

PD: Les cuento que pasé un susto de muerte al reiniciar el compu por accidente, aunque varias ya lo saben xD.