Porque tengo fe en nosotros.


Y dice así:

Steve no sabe por qué pensó que sería buena idea ofrecerle un lugar permanente a Danny en su casa. Bueno, bueno, él sabe bien por qué lo hizo —no es un secreto que Danny no había pasando muy buenos momentos desde su llegada a la isla y que el dinero no era abundante para él, aunque es cierto que su situación es mejor de lo que era en principio, cuando llegó a Hawai'i— pero le cuesta entender por qué decidió que esa era la mejor solución en lugar de buscarle un sitio barato y cercano, uno que les permitiese a los dos tener un espacio propio para cuando se cansasen de estar juntos. Danny había mirado la idea con renuncia desde un primer momento, cosa que le había molestado, y había aceptado a regañadientes cuando Steve le dijo que prácticamente estaban viviendo juntos con todas las noches que pasaban en la casa de todas formas.

Los primeros días de convivencia no habían sido malos, nada más lejos, pero con el pasar del tiempo la evidencia que su tiempo juntos en la casa iba a ser tan volátil como lo era su relación en el trabajo es difícil de ignorar. No está del todo seguro si el saber que Danny no tendría otro sitio había afectado la situación o no.

La verdad, no le interesa si ese es el caso. Lo que le importa es que puede sentir la certeza de la convivencia sería manejable temblar bajo la pruebas de que tienen dos visiones completamente distintas sobre cuáles son las reglas establecidas, sobre cómo deben hacerse las cosas y sobre por qué unas cosas son perdonables y otros no. Es un contraste tan grande a la situación previa que la paciencia se les está agotando a grandes zancadas a los dos.

No es como si tuviesen mucha para empezar, francamente.

—Las duchas son de tres minutos —le recuerda a Danny cansadamente cuando lo ve caminar escaleras arriba.

Danny suspira en respuesta. Se pasa una mano por la cara con aire cansado y Steve sofoca el impulso de disculparse con todas sus fuerzas. Los últimos días no han sido fáciles.

Por un lado está Rachel y su propuesta inesperada colgando sobre ellos, la última visita de su hermano pesando en los hombros de Danny —no han vuelto a mencionar el asunto desde entonces—, y por otro lado está la aparición quimérica de una mujer en la que Danny no sabe si confiar y que Steve piensa que puede ser la clave para encontrar a Wo Fat.

Y aunque la agente especial Jenna Kaye es una incógnita dentro del gran panorama de las cosas, es un paso más cerca de hallar la verdad. No puede dejarla ir.

—Esto no va a funcionar, Steven.

Las palabras tranquilas lo detuvieron con más eficacia de lo que podría haber sido una discusión en plena fuerza.

Steve tarda un momento demasiado extenso para darse cuenta que Danny no está leyendo su mente, que no se está refiriendo a la discusión que dejaron en el limbo antes de llegar a la casa. Afortunadamente. No son pocas las veces en las que cree que realmente puede ver hasta dentro de su alma con una mirada.

—¿Qué?

Se escucha tan patético que hace el esfuerzo para sonar más ligero. Danny es impredecible en muchas cosas y Steve tiene que ser cuidadoso cuando se trata de hablar sobre su relación.

—Esto, nosotros conviviendo... no está funcionando —dice, cuidadosamente—. No va a funcionar. Cuanto antes lo aceptes, más fácil- deja de hacer esa cara, por favor.

—¿Qué cara?

—Esa cara que haces cuando no te sales con la tuya. Mira, no estoy diciendo que debemos terminar ni que no puedo quedarme aquí como antes pero es- claramente no vamos a ninguna parte.

—Si con cada aspecto de nuestra relación vas a retroceder... de verdad que no llegaremos a ninguna parte.

No se pierde el relámpago de dolor que aparece en la cara de Danny, es tan rápido que podría pasarlo por alto si no supiera exactamente lo que significa.

—No estoy retrocediendo —le responde en voz baja—. Si creyera que no puedo manejar la intensidad del enfoque McGarrett habría salido de esta isla después de atrapar a Hesse.

—No estamos en el trabajo, Danno.

Su relación es... independiente del trabajo. Tiene que serlo. Steve necesita que sea independiente del trabajo, que se mantenga separada de los casos y crímenes que enfrentan a diario en la mayor medida posible. Se ha esforzado para dejar las cosas en cajas totalmente diferentes. No es tan fácil como solía ser, no, pero lo necesita para mantenerse cuerdo.

No está seguro si puede enfrentar cada día con la posibilidad de poner a Danny en la línea de fuego si ellos empiezan a mezclar las cosas.

A Danny le cuesta todavía más que a él separar ambos aspectos, e igualmente se está adaptando con mayor facilidad de la que había esperado, dada su tendencia a quejarse de todo.

—Lo sé —dice y se acerca un poco, disipando la distancia que había entre los dos. Steve se relaja en el gesto y Danny se ríe en respuesta—. Eso es de lo que hablo.

—¿Qué?

Danny lo mira con exasperación y algo más a lo que Steve no puede identificar. Es una mirada que le entibia la sangre.

—Cuando no te sales con la tuya te pones muy tenso y no te das cuenta. Sabes que no tenemos que vivir juntos para estar juntos, ¿no? Que me busque otro lugar no quiere decir que no quiera esto. A nosotros.

Lo sabe, sí, y aún así es un alivio escucharlo de todos modos. Exhala una bocanada de aire que no sabía que había estado conteniendo.

Imagina, más de lo que ve, a Danny rodar los ojos pero la protesta muere completamente en su boca cuando unas manos firmes tiran de sus hombros hacia abajo y Danny atrapa sus labios en un largo, profundo beso.

El tiempo se pierde lejos.

—La mayoría de las personas no empiezan a convivir tan pronto.

Por supuesto, Danny tiene que insistir en la discusión cuando la mente de Steve está a kilómetros de distancia, concentrándose en todas las otras cosas que podrían estar haciendo.

Se resigna porque por supuesto que se resigna, a sellar esa conversación de una vez por todas.

—Danno, lamento tener que abrirte los ojos... No somos como la mayoría de las personas.

Se gana una sonrisa con esas palabras y tiene que inclinarse para saborear el gesto con su boca.

—No podemos discutir por las mismas cosas una y otra vez, Steve. Debemos-

—Hagamos un acuerdo, entonces.

—¿Estás hablando de un acuerdo como cuando nos conocimos y decidimos no dispararnos el uno al otro? —pregunta Danny contra sus labios.

—Funcionó bastante bien, ¿no?

Danny lo mira con diversión evidente y Steve puede sentir el resto de la tensión esfumarse. Si Danny todavía ve humor en la situación, no debe ser tan grave su decisión.

—Te das cuenta que esto suena cada vez más como que estás pensando en tener una relación comprometida conmigo, ¿verdad, Steven?

—Creí que ese era el punto de pedirte que te quedaras a vivir conmigo.

—Creí que tu punto era que yo no debía gastar dinero en un alquiler.

—Bueno, eso también.

Steve lo besa de nuevo, porque puede, y Danny se ríe en eso, es un sonido que reverbera con el oleaje del océano y hace que Steve quiera fusionar ambas imágenes en una. Danny rara vez se acerca al océano si no es por algo particular —para estar con Grace o para ir a surfear con Kono— y se promete encontrar sus razones escondidas de rechazo para cambiarlas.

Quiere conjugar muchas ideas y que la risa de Danny esté presente en la mayoría de ellas.

Debe haberse quedado mirándolo como un idiota porque Danny tiene el ceño arrugado y una mirada de tibia confusión. Sería una visión adorable sino fuera por la sacudida que da su estómago y la certeza que está en el lugar exacto en el que debe estar.

Quizá debería decírselo a Danny...

—¿Estás seguro que no quieres nadar conmigo por un rato?

...La próxima vez.

—¿Qué parte de que nado solamente como supervivencia no te queda claro, McGarrett? —le pregunta, rodando los ojos—. Y antes de irte a nadar, Aquaman, deberías pensar en lo que vas a hacer con tu cita.

—¿Mi cita?

—¿No fuiste tú el que salió de la oficina temprano para ir a buscar a la señorita C.I.A. y te conseguiste una cita? —le dice Danny y a Steven no se le escapa el sincero vestigio de molestia, un eco de lo que vio en su oficina—. Espero que te prepares bien, Steven.

—Ella quiere atrapar a Wo Fat tanto como yo- ¿cómo pasamos de hablar de nuestros arreglos de convivencia a Jenna Kaye?

Danny se inclina un poco más cerca, sus ojos tan firmes y cálidos como aquella primera tarde en la que se sentaron juntos a beber en el patio de atrás, ese primer acercamiento entre dos mundos distintos.

—Porque para que podamos vivir juntos es condición necesaria que estés, ya sabes, vivo y no pienso dejarte ir solo a ninguna de tus encrucijadas... Además, no es como si esto fuera sorpresivo ni nada, que una mujer aparezca de repente en la isla para darte cosas que estaban en la caja de tu padre, caja que por cierto fue robada por un cómplice de Wo Fat y que él tenía en su poder por un tiempo. No podemos descuidarnos después de lo que pasó con la última persona que estuvo involucrada en esto.

La muerte de Koji Noshimuri queda suspendida en el aire, sin mencionarse. Steve la puede escuchar lo sufientemente clara. Es una habilidad de Danny, decirle cosas sin decir exactamente de lo que está hablando. O tal vez es que Steve presta mucha atención.

No quiere pensar en eso, en realidad. No todavía. Luego volvería a concentrarse en el caso, en Jenna y en Wo Fat. Pero Danny está allí, cerca y cálido, como una invitación a caer. Levanta su mano a la mejilla de Danny, inclinando la cabeza hasta capturar sus labios en un otro beso.

—¿Eso quiere decir que te vas a quedar aquí? —pregunta, tratando de no sonar tan triunfal como se siente.

Danny suspira. Sus manos encuentran el camino a la cara de Steve y permanecen allí para que no pueda mirar a otra parte que no sean sus ojos.

—Te estás perdiendo el punto, Steven.

Le toma un momento a su cerebro volver a conectar con la conversación que habían estado teniendo.

—¿Estás diciendo que quieres venir conmigo a mi reunión con Jenna?

Danny le da una sonrisa luminosa.

—Creí que nunca lo preguntarías, babe.