Porque me recuerdas cosas que creí olvidadas.
Y dice así:
—Una sonrisa es la cara que debe tener un cumpleañero —le dice Danny, cuando aparece en su oficina a media mañana del jueves, con aire de aprobación. Su sonrisa le hace pensar a Steve que se está perdiendo de algún chiste—. Ayer no te veías muy entusiasmado con esta fecha.
—No suelo festejar mi cumpleaños —responde, alzando los hombros.
Realmente no está seguro si debe explicarse.
Freddie siempre había hecho un punto de recordar la fecha y los saludos de viejos amigos no escaseaban cuando se encontraban con marzo en el calendario y el tiempo necesario, pero Steve no había sido una persona especialmente interesada en esas celebraciones. Con el tiempo, sus amigos más cercanos se fueron dispersando en vidas paralelas y perdió contacto con ellos. Tía Deb y Mary, ocasionalmente, le enviaban un regalo simple. Su padre, lo mismo. Si es que sabían dónde estaba. Si podían comunicarse.
Pero, más allá de esos detalles nimios, el diez de marzo se perdía entre días de rápida sucesión.
La sonrisa de Danny cae un poco y un gesto que no es compasión ni lástima si no que parece más indignación sobre las cosas que Steve se perdió, florece en su expresión. En la soledad de su oficina, Steve se permite caer en esa órbita que lo acerca a Danny y se sienta con él en el sofá, olvidándose de los papeles. No hay ojos curiosos a la vista, Chin y Kono salieron para entrevistar a unos testigos de su último caso, y puede ser indulgente en ese momento.
Danny se sienta cerca, lo suficiente para que Steve pueda rodearle los hombros con los brazos si eso es lo que quiere, pero no hace ningún otro movimiento, fiel al acuerdo de mantener sus vidas personales un poco separadas.
—Eso va a cambiar a partir de ahora, babe, lo sabes ¿no? —le pregunta tras un breve silencio, dándole un apretón a su rodilla.
Steve asiente. Ya se siente totalmente diferente a lo que solía ser, ese día. Pero no es malo, en absoluto. Todo lo contrario. A veces le aterra reconocer la enorme diferencia.
Y es que sus días en Hawai'i parecen pertenecerle a alguien más.
Está Grace, que hace sonar su teléfono a primeras horas en la mañana y le dice que su Danno le prometió que la llevaría a verlo porque los dos juntos tenían que darle el regalo que le compraron y corta la llamada diciéndole que le desea mucha, mucha felicidad —Steve decide que es algo de los Williams, el deseo que despiertan en él de atraparlos en sus brazos y no dejarlos ir nunca.
Están la sonrisa de Chin y el abrazo de Kono cuando llega a la oficina, regalos tímidos y sensibles que le tocan fibras que no sabía que tenía. Steve se queda mirando la portada del libro que le trajo Chin, Warrior Soul, y recuerda que su padre le había hablado de ese libro años atrás. La mirada de Chin queda grabada en el fondo de su alma mientras lo agradece. Kono es más práctica con su obsequio. Le había dado un pase con una miríada de actividades al aire libre para experimentar en Hawai'i con quien más creyese conveniente (y Steve no podía dejar de reír al ver que los ojos de ella iban hacia Danny al decir eso).
Está la voz de Mary al otro lado de la línea diciéndole que lo extraña y que espera que puedan volver a encontrarse pronto. Y está la voz de tía Deb, tan maternal como nunca se ha sentido, más cerca de su corazón de lo que había esperado.
Está Danny, que se había despertado sorpresivamente temprano con una mirada que Steve no puede definir en la penumbra, ojos llenos de algo peligrosamente cálido, y un beso que se transforma en muchos otros mientras le hace pensar que es más fantasía que realidad. Que le había prometido que reservaría el fin de semana para ellos dos, después de que Steve accedió a pasar más tiempo apretado en ese pequeño grupo, siendo el centro de atención de una forma que es nueva y familiar a la vez.
—Creo que tengo un lugar al que quiero llevarte, Danno.
Danny hace un sonido de protesta, pero está sonriendo. Steve se pregunta si el concepto de las mariposas en el estómago es un poco demasiado infantil. Su mente viaja a los petroglifos que solía visitar con su papá, un lugar secreto que de repente quiere compartir con Danny.
Hay mucho que quiere compartir con Danny.
—Tengo la sensación que no me va a gustar esto —murmura su compañero, la voz más suave en la soledad de su oficina—. ¿A dónde quieres ir? No será a una de esas actividades locas que te regaló Kono, ¿verdad? Porque trazo la línea con los jet packs…
Sonríe, porque sabe que eso hará que las especulaciones de Danny pasen de realistas a completamente irracionales con más rapidez de la que él puede concebir.
—Es una sorpresa, Danny.
—Es tu cumpleaños, Steve. Se supone que esas cosas tienen que venir de nuestra parte.
Quiere decirle que con estar allí, es suficiente regalo. Pero no está seguro si Danny está preparado para escucharlo todavía. No está seguro si él tiene las fuerzas para decirlo en voz alta, para darle entidad y poder a esa sensación. Van a cumplir meses en esa relación que no lleva etiqueta y se cuestiona si su compañero duda del nivel de compromiso que Steve tiene en... ellos.
Espera que no.
El teléfono de Danny suena y las palabras se esfuman antes de salir de su boca.
—Bueno, cumpleañero —Danny le da una sonrisa mientras corta la llamada, palmeando su pierna antes de levantarse, haciéndole notar que se perdió toda la conversación—. Tenemos una reunión a la que asistir en el camión de Kamekona. Pero antes tenemos que pasar a buscar a una invitada muy persistente.
Steve se levanta enseguida en eso último. No hace falta que Danny diga el nombre, la sonrisa en su cara deja en claro a quien se refiere.
—¿No vas a decirme qué me compró Grace?
—No le haría eso a mi monito. Y cualquier cosa que Grace te regale te encantará —dice Danny con seguridad. Y tiene tanta razón que algo le aprieta el pecho en respuesta.
Steve lo sigue al Camaro y abre la mano para recibir las llaves.
—¿Y qué vas a regalarme?
Danny le da una sonrisa. Sus ojos se vuelven repentinamente suaves y Steve tiene la tentación de extender su brazo y tocarlo, las reglas que establecieron para esos días que se esfumen en la lejanía.
—¿Qué te hace pensar que te voy a regalar algo?
—Te conozco —dice Steve. Danny ha estado evasivo, eso significa que está ocultándole algo.
—De acuerdo, sí, pero tendrás que esperar hasta el fin de semana.
Steve se interesa en eso.
—Estamos a jueves, Danno.
—Me alegra que el ejército te haya enseñado a identificar los días de la semana.
—¿En serio, Danny? ¿Vas a ir con eso para distraerme?
