Porque dibujas corazones en el aire
Y dice así:
—Un corazón.
No es lo que Steve había pensado decir pero una vez que las palabras salen de su boca se da cuenta que realmente, realmente necesitaba hablar de ello y que la intención se había escondido detrás de su humor durante todo el día. Quizá porque Danny no ha dicho nada al respecto, no cuando volvieron a encontrarse, no en la reunión con el equipo y tampoco cuando quedaron solos en la casa tras un día agotador.
Steve aprendió, en todo el tiempo que llevan conociéndose, que Danny y el silencio no conjugan bien. Y se siente impulsado a romper la quietud, un impulso de polaridad inversa.
—¿Qué? —pregunta Danny, la somnolencia apretando su voz.
Steven se gira un poco para mirarlo para encontrarse solamente con las líneas de su perfil a contraluz, recortadas por fulgor plateado de la luna que se derrama tímidamente por la habitación. De repente, Steve piensa en lo mucho que le gustaría ver a Danny a la luz de luna en circunstancias diferentes. Se lo imagina mirándolo con los ojos oscuros y ardientes, el cabello áureo despeinado debajo de sus dedos y la piel dorada, brillante y salada por el sudor...
Sí.
Esa idea tendrá que esperar a que su brazo sane.
—Dibujaste un corazón en el aire, Danno. Para mí. Mientras que me sacaban en el helicóptero.
Danny parpadea.
Su rostro se distingue fácilmente en la penumbra pero Steven, con sinceridad, no necesita ver su cara. Puede sentir la tensión en todo su cuerpo gracias a la repentina quietud a su lado. Dormir juntos fue algo que empezó antes de que ellos decidieran que querían empezar una relación, mucho antes que Steve decidiera aferrarse a esa realidad, y es una de sus partes favoritas del día, cuando no tienen que ser más que Steve y Danny, mientras se descubren en la compañía del otro.
En lejanía se pregunta si no es irónico que el sexo sea la parte más simple de su relación, aunque «simple» no es exactamente la palabra correcta. Es... no tan complicada como el resto.
Lo que más lamenta ahora que su brazo está enyesado, roto por infortunio, es que Danny está siendo tan cuidadoso que ha permanecido lejos de su órbita durante todo el día, alternando entre cuidadoso y sofocante como solo él puede hacer. Tratando de no abrumar a Steve por un lado, no queriendo admitir su inquietud, y sin tampoco saber dónde ofrecer la comodidad. Lo siente a kilómetros, aún cuando están en la misma casa.
No es enteramente culpa de Danny, tampoco. Él no sabe aceptar ser cuidado.
—Sí, bueno, estaba preocupado.
Steve quiere ver la cara de Danny ahora que lo ve moverse, retrocediendo como una ola que vuelve al océano, pero se conforma con encontrar sus manos frías. Le dibuja líneas en el dorso con la punta de sus dedos porque siempre ha funcionado para quitar la rigidez en su postura.
—Un corazón no es exactamente algo que se refiera a la preocupación.
Danny resopla.
—Para mí, sí lo es.
Que es cierto, Steve considera.
La personalidad de Danny viene con altas dosis de preocupación, con la ansiedad camuflada y una feroz devoción. Es la parte de él que deja toda una vida atrás por unas cuantas horas de su hija en un lugar que siente inhóspito, la parte que defiende con uñas y dientes a sus amigos sin importar quién estuviera enfrente, la que lucha por las memorias y las injusticias contra todo un departamento de policías y su propio compañero, la que se compadece de los pesares de otros y trata desesperadamente de arreglarlo todo, incluso en algo tan simple como calmar a un niño en un ascensor.
Y aún así.
Aún así, había sido significante. Para él significó. Y para Danny...
Para Danny, obviamente, también.
—¿Vas dibujando corazones para Chin y Kono cuando no estoy mirando? —pregunta, porque Danny reacciona más rápido, más abierto, a sus discusiones que a cualquier otra cosa y ese es su primer movimiento—. Porque podría ponerme celoso por eso.
Ni siquiera necesita encender la luz para saber que Danny está rodando los ojos como suele hacer cuando duda sobre la inteligencia de Steve.
—Como si tú supieras lo que es estar celoso.
Parpadea. Sabe lo que es una evasiva cuando la escucha pero acepta el cambio... por el momento.
—¿Crees que no?
No tiene que ver su rostro para saber que está poniendo los ojos en blanco otra vez.
—Vamos a tener que acordar, Steve, que yo sería el más propenso los celos entre los dos.
Hay tantas cosas que están mal en la cadencia en la que habla Danny, que no puede responder por un minuto. Nunca debe sonar tan inseguro, tan pequeño, tan no-Danny. No cuando puede llenar una habitación sin tener compañía, cuando puede iluminar un lugar con su presencia y sin duda cuando atrae la mirada de todos una vez que está en movimiento.
—Entonces sí fuiste un hermano celoso.
Steve se congela apenas las palabras cruzan sus labios, por razones diferentes. Quizá su compañero tiene razón en verdad y falla en la socialización.
No han hablado de Matt.
No volvieron a referirse al tema desde que le dieron la noticia a los padres de Danny. Ellos afortunadamente no culparon a su hijo mayor por las decisiones estúpidas del menor, algo que Steven aprecia mucho más de lo que puede decir, ya que sabe por experiencia que no es fácil. Mary y él son un perfecto ejemplo.
—No me voy a romper porque hablemos de mi hermano —dice Danny, su voz tan suave como una caricia, y Steve puede respirar otra vez—. En serio, el alivio es insultante… Soy más fuerte de lo que parezco. No tenemos que ser de la Marina para aprender a cargar con las cosas pesadas de la vida, Steven.
Y esa es, posiblemente, la razón por la que Steve quiere protegerlo. Danny se escucha como alguien que sabe de lo que habla.
—No es por ser o no de la Marina —asegura, con convicción—. Es diferente cuando se trata de la familia, Danno. Y además, por si no te acuerdas, cuando pasó- cuando pasó lo de tu hermano, quisiste evitarme. No quiero que eso pase de nuevo. Fuiste a ver a Rachel.
No se ha considerado una persona celosa, eso era verdad, nunca lo había sido con Catherine antes y no creyó que fuese a cambiar con Danny. Y sin embargo... allí está. En la sensación acre que llena su estómago con el recuerdo de Rachel, tan claro que parece grabado en sus pupilas, y la forma en la que ella lo mira. Sabe el poder que ejerce sobre Danny como un embrujo y no duda en usarlo. También está en la irritación que había sentido cada vez que los ojos azules seguían curvas en la costa y Steve tenía que recordarse que mirar a otras personas es perfectamente natural.
—Fui a ver a Grace —lo corrige Danny—. Que casualmente vive con Rachel, ya sabes, por temas de la justicia. Pero sí, no reaccioné bien esa vez... lo siento. Prometo no hacerlo de nuevo.
Esa es una disculpa tan buena como la que conseguirá en el mejor día.
Se pregunta, no sin un un vestigio de amargura, qué cosa no hará Danny la próxima vez. ¿Huir de Steven o ir con Rachel y Grace?
—¿Y por qué?
—¿Por qué?
—¿Por qué reaccionaste así?
Hay una pausa.
Steve todavía puede ver la duda en la cara de su compañero cuando se vuelve a mirarlo, en la forma en la que su labio inferior se esconde detrás de sus dientes y de verdad odia hacerse roto el brazo. Es uno de esos momentos en los que deberían estar enredados alrededor del otro, con la mínima distancia posible entre los dos.
Danny, finalmente, suspira. Los párpados caen por un momento, alejándose, y es tan extraño, para Steve, notar que no encuentra las palabras que siente la tensión trepándole por la columna.
—Le mentiste al FBI esa noche. Tú, que me conoces hace menos de un año y no sabías nada de mi hermano, le mentiste a varios agentes federales para darme una oportunidad de hacer las cosas bien... porque creías que yo podía hacerlo.
—Creo en ti —dice, y es una verdad fácil de reconocer en voz alta.
Quiere decirle que él tenía la misma mirada que había tenido durante el caso de Meka aquel día. No había creído entonces, la primera vez, pero no estaba dispuesto a caer en el mismo error.
—Matty estuvo a punto de traicionarlo todo por... por dinero. No le importaba lo que eso le haría a mamá y a papá- a Grace. A mí. No creyó que podría ayudarlo siquiera... que yo haría todo lo que pudiera para salvarlo… Creyó que sería fácil.
Duda tanto en romper el silencio que Steve se le adelanta.
—Sabes que no te hubiera juzgado si lo dejabas ir.
Porque pese a que Danny había estado equivocado con Matt, no haría una cosa diferente.
—No habría podido mirarte a la cara si lo dejaba ir. Y Matty tenía razón en algo que me dijo, ¿sabes? —La voz de Danny se había hecho mucho más pequeña—. No soy tan bueno como me gusta que piensen que soy.
Steve cierra los ojos. Matthew Williams.
—Me estás diciendo que no querías verme porque pensabas que yo... ¿Qué? ¿Iba a juzgarte por los errores de tu hermano? Fueron sus decisiones, no las tuyas. Mentir fue decisión mía, en todo caso. Elegiste la justicia. Sigues siendo el mismo buen hombre-
—No —interrumpe Danny, cuidadosamente. Aleja los ojos otra vez, como si mirar a Steve fuese algo insoportable—. No pensaba en la justicia en ese momento. No lo hice. Lo que- lo que quiero decir es que no podía elegir a Matty. No… cuando ya te había elegido a ti. ¿Podemos no hablar más de esto?
No deja de sorprenderle lo contradictorio que es este hombre.
—Esto es importante. ¿Qué quieres decir con eso? ¿A qué te refieres con «elegirme a mí»?
Danny se muerde los labios una vez más y Steve quisiera... tanto, tanto poder sanar por fuerza de voluntad. El dolor en su brazo es como un zumbido sordo que puede ignorar en favor de un momento tranquilo entre ambos y aún así, Danny se quedará lejos.
Hasta que encuentre una forma de convencerlo que no se romperá.
—Danno-
Y eso es lo único que escapa de sus labios. Danny le da un suspiro prolongado, agónico.
—Prefiero que él me odie antes de perder tu confianza y decepcionarte- ¿De acuerdo? Cuando lo vi subir al avión solamente estaba pensando en que no podía dejar que vieras ese lado de mí. Listo, es eso. ¿Podemos ir a dormir ahora?
Steve aprieta los dedos en la muñeca de Danny. Puede seguir discutiendo por horas y lo sabe. Por eso decide que lo más sensato es ceder porque Daniel Williams solo te escuchará cuando quiera escucharte.
—Está bien. Pero ven más cerca.
No solo es obvio en la rigidez que persiste en el cuerpo de Danny que la idea no le convence, también lo es en el mutismo que araña el espacio entre ellos. Hace un intento para acercarse en su lugar pero el movimiento parece alertar a Danny más que otra cosa.
—Creo que voy a dormir a la otra habitación... Me muevo mucho cuando duermo. Podría golpearte mientras-
Reprime un suspiro en la penumbra.
—No haces eso.
—¿Cómo lo sabrías? Duermes como los muertos, Steve. Y con tu brazo...
—Nunca te quejaste antes.
—Tú nunca te quejaste antes.
—No, Danny, quiero decir- uh.
Por supuesto, como hace en ocasiones, Danny puede decir exactamente lo que Steve está pensando.
—Si te refieres a tu costumbre de canalizar un koala mientras estás durmiendo y pensar que yo soy una almohada, entonces, no. No me molesta. No me voy a quejar. Pero estás herido, ergo, debes tener cuidado y si vas a querer abrazarme como sueles hacer-
—¿Cuál es- ¿Por qué siempre me estás comparando con un koala?
Danny lo mira con incredulidad, primero. Enseguida, súbitamente, empieza a reírse. Y es el mejor sonido que Steve ha escuchado en todo el día.
—Eres exasperante —dice, y se gana una sonrisa tan brillante como el sol en respuesta.
—Lo mismo para ti, súper SEAL.
Steve le sonríe por un momento, pero luego tira de la muñeca de Danny otra vez. Más firme. Insistente.
—No te vayas.
A veces tiene la sensación que él lo hará. Que Danny se marchará de la isla apenas tenga la oportunidad, que un día descubrirá que Steve no es lo suficientemente bueno para quedarse y volverá a los brazos de Rachel. Pero a veces, a veces, Danny lo mira y él sabe que, en realidad… sí. Que ellos están allí para un viaje largo.
No ha dormido solo en lo que siente como una eternidad y no pretende cambiar eso.
—Tú también me importas mucho, Danny —murmura, con el corazón tartamudeando en lo rápido que se arrastran las palabras fuera de sus cuerdas vocales, en lo sentidas que suenan y en lo vulnerable que lo dejan— Lo que te dije, lo que te dije cuando empezamos esta relación, sigue en pie…
Es una sorpresa darse cuenta que, después de tanto pensar qué Danny no estaba listo para escuchar esas palabras, Steve era quien no podía articularlas-
Es una sorpresa, aún más grande, sentir la punta de los dedos de Danny en su rostro, ganando fuerza y confianza. No negaría el alivio de tener esos dedos contra su rostro y la confirmación continua que Danny sería así, fuego y hielo en el toque de su piel. Lo quemaría, enviado escalofríos a su espina dorsal.
—No necesito que digas cosas porque piensas que es lo que quiero escuchar. No lo hagas.
—No lo haré —dice, suave—. Si me prometes que no huirás de mi otra vez.
—Quid pro quo, uh.
—Estrictamente hablando, con eso te estás refiriendo a un error gramatical en latín.
—¿Debería decir entonces «Do ut des» para que esta conversación sea válida para ti?
—Sería apropiado, sí.
Su mano libre encuentra su camino hacia el cuello de Danny, su palma rozando el cabello suave mientras lo acerca. Saborea la familiaridad de sus labios por un momento, el calor de su aliento y algo que podría haber sido un suspiro, o tal vez su nombre.
—Eres un nerd, ¿te das cuenta?
No es la primera vez que Danny le dice eso.
—Déjame señalar que tú también lo sabías.
—Eso tiene una explicación perfectamente aceptable que tal vez algún día te diga.
¿Algún día?
—¿Por qué no ahora?
Danny se ríe.
—Porque debes ir a dormir. Y no tienes que sonar como un niño de cinco años...
Notas:
Do ut des: doy para que me des.
