Porque no quiero soltarte, ni que me sueltes.
Y dice así:
Steve se da cuenta de lo mucho que extraña a Danny estando en la quietud de su auto. Es algo peculiar el tener tanta consciencia de otra persona, de su presencia y ausencia. La casa no estará vacía porque Grace, bendita sea ella, se está quedando en la que solía ser la habitación de Mary. Lo ha hecho durante toda la semana, desde que Rachel y Stanley dejaron la ciudad. Danny había estado extasiado con la idea de quedarse con la niña —con la idea que Grace se quede con ellos durante tantos días— y Steve aún recordaba su alegría, podía saborear los momentos gracias a las memorias.
Había sido una gran, maravillosa semana. De esas que él no podía creer que merecía tener.
Hasta que Danny fue envenenado por Sarín, desde luego.
Sarín.
Muchas frases hechas resuenan en su cabeza, todas ideas opacas, y las imágenes… las imágenes se amontonan detrás de sus párpados. Es amarga agonía, una sensación muy distinta a la que él está acostumbrado y es aterradora. Y no debería. En la Marina lo habían preparado para sobrevivir. Lo habían entrenado para enfrentar cualquier obstáculo, para vencer cualquier cosa. Se suponía que ese era el trato. Steve tenía que dejarlo todo: su vida, su tiempo, el sudor y las lágrimas metafóricas y literales, ofreciéndolo enteramente como parte de pago, para obtener la fuerza, los logros y las victorias. Ser de los mejores, sino el mejor.
Pero la Marina no lo había preparado para Danny Williams.
En algún lugar de su mente, una risa hace eco. Suena increíblemente igual a la de Freddie.
«La persona de la que te enamores será muy especial. Estoy seguro. Y te volverá loco. Más loco de lo que eres.»
En aquel entonces se había reído de las palabras de su amigo. No pensó que cambiaría tanto.
Había una razón por la que Cath y él terminaron la primera vez. Antes de Danny. No fue por Billy. Catherine le había dicho entonces que ellos, lo que tenían, no era real. Habían podido ser amigos entonces, a pesar de lo mucho que había dolido en primer momento, y no mucho después terminaron en la cama de nuevo. Quizá por eso a Catherine le había costado aceptar que estaba en una relación con alguien. Su reacción cuando descubrió a Danny había sido de sorpresa más que enojo, de asombro más que desgarro. Ambos habían dado por hecho que él no estaba hecho para ese tipo de relaciones. Steve había asumido que él... no estaba hecho para los compromisos a largo plazo.
Huyó de ellos mucho tiempo.
Pero con Danny... con Danny no había otra opción que ese tipo de relación. Porque él, una vez que te pensaba digno, te incluía en su burbuja y te conservaba allí. Si bien solía quejarse que Steve tomara control en su vida, había sido Danny quien había dado los primeros pasos en su relación y le había dado comodidad, quien había cedido. Fue él quien lo había ido a buscar. Lo invitaba a comer, alejarse de las paredes heladas de su dolor. Entraba a su casa, también. Sin golpear las puertas, solo entrando y sintiéndose cómodo y abriendo los brazos para romper la distancia. Ignorando cualquier tipo de bravata que Steve pudiese ofrecer para empujarlo. Rasgando las paredes que tan celosamente había construido con cada mirada y cada sonrisa y cada discusión estúpida sobre Hawai'i y New Jersey y...
Y luego estaba Grace, que era integral parte de él. Y una historia que llevaba escrita en su piel, en su corazón, que estaba atada a ellos de la misma forma que las muertes de sus padres estaban a Steve. Una historia que quería conocer.
Se había dejado envolver por ello. Y había querido, anhelado incluso, ese tipo de conexión.
Y si quería a Danny, tenía que aceptarlo todo.
«Si te dije que estaba contigo, me refería a esto también. No quiero ver solo las partes buenas.»
Steve estaba en una relación comprometida, contra todos los pronósticos que se había hecho en su vida. Y no podía soltarse. No quería.
Aún cuando le aterrase.
—¿Steve?
Grace llama su atención desde el asiento trasero. Había estado comprensiblemente tranquila desde que la fue a buscar a la escuela.
—¿Qué pasa, cariño?
—Mamá está al teléfono. Quiere hablar contigo.
Danny no había estado contento cuando vio el celular de Grace. La imagen de su rostro se había grabado en sus pupilas.
Estira la mano para aceptar el celular. Los ojos de Grace siguen cada uno de sus movimientos.
—No pude hablar mucho con Danny la primera vez que Grace me llamó y quería asegurarme de... ¿Cómo está Daniel?
Rachel suena frágil al otro lado de la línea.
—Está... Los médicos le administraron el antídoto a tiempo —responde, muy consciente que Grace está escuchando la conversación—. Se va a reponer. Es muy fuerte, nuestro Danno.
Le da una sonrisa a la pequeña, a través del espejo retrovisor, y le sabe a triunfo recibir una de respuesta.
Rachel, en cambio, suspira. Es una sorpresa escuchar el alivio en su voz. Steve se pregunta si Stan también siente esa ráfaga de irritación cada vez que la memoria de lo que fue aparece entre Danny y Rachel.
—Me dijo que estaba bien pero- pero nunca puedo estar segura con él. No es bueno para dejar que lo cuiden.
Steve puede dar fe de ello. Del Danny que se esconde para tapar sus heridas, que se aleja cuando quieren ayudarle. Sabe que ellos se parecen en eso y a la vez, son muy distintos.
—Él está bien… Tanto como puede ser. Lo tendrán en el hospital bajo observación para estar seguros pero el pronóstico es muy optimista.
—Me alegra escuchar eso, Steve —asegura—. ¿Estás seguro que no te molesta que Grace se quede contigo? Puedo ir a pedirle a nuestra niñera... Tomaremos el primer vuelo disponible pero-
—Rachel —Inhala profundamente, tratando de no sonar tan agotado como se siente—. No es ninguna molestia. Al contrario. Me encanta tenerla de visita.
—Te tiene mucho cariño —le dice Rachel, en un tono difícil de definir—. Danny dice que eres increíblemente bueno con ella.
Steve puede sentir su sonrisa crecer. Sabe que no es muy bueno con los niños en general por lo que las palabras son aún más poderosas. En especial, porque Danny es el mejor padre que ha conocido en su vida.
—Lo intento. Es fácil con Grace —Una pausa—. Es una niña increíble.
—Está escuchando cada palabra, ¿verdad?
Steve se ríe. En un día que empezó tan mal, se siente casi… incorrecto. Pero no.
Danny está bien. Grace está bien. Y todo, de algún modo, no se ve tan mal como llegó a verse cuando se subió a la ambulancia en la mañana.
—Sí. Pero igual lo sostengo.
—Muy bien, entonces. De verdad te lo agradezco mucho —dice Rachel, más contenida—. Estaremos allí pronto. Adiós.
Steve le devuelve el teléfono a Grace.
—Oye, kamalei. Sé que querías quedarte en el hospital pero… ¿Qué dices de prepararle una sorpresa a Danno para cuando venga a casa?
El rostro de Grace se ilumina con una sonrisa.
