Porque confío en ti con mi vida y con mi corazón

Y dice así:

—Entonces, ¿qué te hizo pensar en esto?

—¿Pensar en qué?

Aparentemente insatisfecho con la respuesta, Danny muerde su hombro en represalia. Los besos que siguen son cálidos y suaves, revoloteando sobre sus labios, sus mejillas, sus párpados y su mandíbula como mariposas inquietas. Su cuerpo se había relajado ya, el olvido lloviendo sobre sus pensamientos mientras ignoraban el mundo fuera de su habitación en el hotel escondido, alejado de su día a día. Danny le había preguntado por qué buscar un lugar abandonado en una serie de islas abandonadas en el océano le parecía una idea atractiva para pasar su fin de semana y Steve le recordó que todavía no conocía todas las islas que conformaban su archipiélago.

—Y, ya sabes, Danno —le dijo, con su mejor sonrisa cuando se registraron en el hotel actuando como turistas—. Hawai'i no está cuarto en el ranking de los estados más pequeños de los Estados Unidos. Ese es New Jersey.

Y ni siquiera su compañero podía discutir con las estadísticas.

Danny le había dado una de esas miradas.

—Sí, bueno, no todo en esta vida depende del tamaño, ¿no crees? —Alzó las cejas, su tono bajo y sugerente.

Aparentemente, sí podía.

—En serio —insiste Danny, porque es Danny y obviamente tiene que encontrar una intención detrás de todo, paranoico como es. Steve se aleja del recuerdo cuando se enfoca en su cara—. ¿Qué estamos haciendo aquí? Si hubiera sido algo que planeaste habrías traído los tickets que todavía tienes de lo que te regaló Kono para tu cumpleaños. En cambio simplemente me secuentraste, como el neandertal que eres.

Es triste que tenga razón.

Su estrategia no había sido bastante eficaz, debería reconocerlo, si considera que su idea era que se olvidaran del mundo por unos días, por unas horas.

No quiere pensar en las razones por las que están allí.

Empuja a Danny sin esfuerzo para invertir posiciones, presionándolo contra el colchón para hacerlo pensar en otra cosa totalmente diferente pero se detiene para ver su cara en la penumbra. Los ojos azules le recuerdan al océano, una evocación del hogar que tuvo una vez y la conexión que tanto buscaba por el mundo, la conexión que anhelaba. Los ojos de Danny lo arrastran más y más profundo.

Si hay algo a lo que Steven siempre puede mirar es a Danny y la luz de la farola que entra por la ventana es más que suficiente para que haya claros y oscuros en su rostro. En su casa, la luz del alba lo tiñe todo de dorado y Steve, que se despierta temprano, siempre puede apreciar los ocres y cambios en la habitación y en el rostro de Danny mientras duerme, pero están lejos de su casa y aún más lejos del color del alba.

El rostro de Danny ya no parece oro que no entiende cómo logró alcanzar en esa oscuridad que los envuelve y, aún así, no puede dejar de verlo.

—¿Tengo algo en la cara?

—Te gusta arruinar el momento, ¿no?

—Me mirabas con tanta atención —responde, presionando su nariz contra la de Steve, con la sonrisa tan amplia como antes. Es una de sus favoritas, esas raras que aparecen brillantes en su cara y pueden iluminarlo todo—. Solo pregunto.

—Siempre estoy mirándote.

Steve no debería decir eso en voz alta. Una admisión que lo deja tan expuesto, tan vulnerable, y aún así no puede evitar las palabras. Están solos, puede confiar que nadie más sabrá lo importante que es para él y lo mucho que le aterra perderlo.

Si hubiese sabido que sería así, lo habría pensado dos veces antes de empezar una relación. O tres o cuatro.

Pero, en cambio, había saltado sin mirar —como él siempre hace con las cosas— y ahora ya no podía imaginar otro destino, otro final para lo que había sido en principio. No, con la forma en la que sus días no se sienten vacíos y la sensación que tiene un lugar al que volver. No, con la forma en la que ya no despertaba solo en su cama ni se sentía perseguido por fantasmas en su propia casa. No, con la sonrisa de Danny siendo la primera cosa de su mañana. No, con la voz de Grace grabándose en sus recuerdos mientras le dice que está feliz de haberlo conocido mientras que Danny los miraba, no muy lejos, con la cara despejada de cualquier duda. No, cuando Danny se ríe con esa nota oscura que hace hervir su sangre y Steve regresa como las olas regresan a la costa, persiguiendo el sabor de ese sonido y la textura de su boca.

—Ya lo había notado —dice Danny, entre besos descuidados—. Que me miras. Espero que sepas que tu tienes de sutil lo mismo que yo tengo de hawaiano.

Steven frunce el ceño.

—Si sigues hablando es que estoy haciendo algo mal.

Puede ver el relámpago del desafío en los ojos de Danny.

—¿Crees que puedes callarme? Creo que te falta trabajar allí.

Es su turno para reírse.

Nunca ha retrocedido ante un reto y está bastante seguro que es un hecho que no se le escapa a nadie porque Steve siempre trata de probar que toda idea contraria a la suya es equivocada. A Danny le gusta usar ese razonamiento para obligarlo a hacer cosas que Steve probablemente no haría si no lo desafiaran.

—¿Quieres apostar, Daniel?

Esa sonrisa lenta, lobuna, que estiraba sus labios también era de sus favoritas.

No podría ser menos que esto entre ellos, a pesar que ya estaba bastante seguro que no pensaba dejarlo irse a ninguna parte y que algo dentro de él había simplemente hallado un eco cuando lo conoció, un saludo y una bienvenida. Aún cuando se negaba a proyectar algo más allá de lo inmediato, veía a Danny en el futuro. En su futuro.

Y con Danny venía Grace. Y Chin y Kono. Y Mary, quizá. Ohana. Es aterrador y no lo es, al mismo tiempo. Steve no piensa renunciar a nada ahora que siente que lo tiene.

Ya perdió demasiadas cosas.

Cuando comience el nuevo día le dirá por qué necesitaba un momento para escaparse. Le hablará de sus sospechas y los recuerdos que le abruman por momentos. De que la gobernadora está apareciendo como una imagen llena de sombras, más cercana a la negrura de su pasado que a la luz de su presente, y que él necesita proteger ese mundo frágil y brillante que están construyendo juntos.

Le dirá que lo quiere, también. Y que deben, de verdad, pensar en algo más concreto para ellos. Quizá... alguna forma de compromiso.

Pero todo eso puede esperar.