Porque puedo ver un futuro salvaje y maravilloso para nosotros.


Y dice así:

Danny quiere atribuirle su cambiante humor a cosas mundanas como la presencia constante de Jenna Kaye, en quién todavía no confía del todo pese a lo que Steve presume y la absoluta sombra que se cierne sobre Five-0 con la forma de Wo Fat, que se siente espesa y persistente. Sin embargo, es el hecho que Rachel le ha confirmado que, sí, hizo los estudios pertinentes y con toda seguridad podía decirle que estaba embarazada lo que lo desestabilizó más. Mucho más de lo esperado, honestamente.

No había escuchado a su ex esposa tan feliz en mucho tiempo y Danny realmente no sabe cómo sentirse con todo el asunto a grandes rasgos. Sus ideas al respecto amenazan con ser laberínticos si los examina muy de cerca y la verdad es que no puede permitirse volver a preguntarse y a dudar sobre lo que había decidido ya. No debe hacerlo. No quiere hacerlo. Que Stanley y Rachel hayan querido que él sea donante todavía es... sorprendente, para decir lo menos. Asombroso. Inverosímil. Le hace sentirse incómodo —y honrado, también— que ellos lo tuvieran en cuenta para algo tan importante.

No obstante, la confirmación del éxito le evoca una idea que sentía marchita.

Danny ya sabía que quería ser padre otra vez, no es algo que sea necesariamente novedoso, pero sí es un pensamiento que no se atreve a vocalizar, no se atreve a considerarlo más que en vagas nociones y divagaciones diurnas. Su relación con Steve es todavía nueva, aunque no se siente así, como para pensar en arrojar esa bomba y Grace todavía tiene que adaptarse a la idea de tener un hermano, de compartir a su mamá por primera vez en diez años. El asunto no la entusiasma por completo y no la puede culpar. Su monito está acostumbrada a ser hija única.

Y, no menos importante, no tiene idea de si Steve quiere tener hijos.

Steven no le da la imagen de alguien que busca una casa con dos niños, una cerca y un perro. Es maravilloso con Grace, siempre parece superar cualquier cosa que haga de obstáculo y Danny está seguro que sería un padre increíble, si quisiera. Si tuviera oportunidad. Pero, ¿quererlo?

No está seguro. No sabe si ese deseo llegará algún día o si con esa idea él se dará cuenta que lo que ellos dos tienen no es lo que quiere para el futuro.

Y Danny está convencido, total y absolutamente convencido, que esas ideas no deberían estar atormentándolo tan temprano en su relación.

Seguramente la realidad de lo que fue fantasía lo está sacudiendo un poco todavía.

El hijo de Rachel no sería hijo de Danny. Quizá compartiría su ADN, pero no sería suyo. El rol iba todo para Stanley.

—No sé qué te hizo la computadora para que estés tan enojado pero, por favor, discúlpala.

Danny parpadea.

—¿Qué?

Steven le da una de esas rápidas sonrisas suyas, estúpidamente atractivas eso es, pero termina arrugando las cejas al no encontrar lo que esperaba de respuesta. Danny no quiere ni preguntarse lo que está viendo en su cara.

—¿Danno?

No confía en su voz para no decir estupideces, por lo que hace un gesto con la cabeza. —Es el papeleo del último caso. Nada importante.

Danny tiene un par de buenas excusas para explicar cualquier comportamiento atípico —y eso es siempre útil cuando tus amigos cercanos se dedican a la investigación. Con Steve, que es cabezadura como él solo puede ser, ha resultado aún más difícil de esconderse del todo.

No va a dejar tranquilo el tema si la respuesta no lo convence.

—Uh-uh.

—No es nada.

—¿Alguna vez te han dicho que eres un pésimo mentiroso? —le pregunta Steve, que no se ve apaciguado en absoluto. Le dedica a Danny otra mirada, estudiándolo y finalmente se aleja de la puerta—. Vamos, tengo que sacarte de la oficina. Te ves como si necesitaras cambiar de aire.

Lo más probable es que sea cierto. Danny abre la boca para protestar por el simple hecho de que puede hacerlo pero cambia de opinión en el último segundo.

—Está bien —dice. Apaga el equipo en piloto automático. Es consciente que su mente está lejos del papeleo y no va a poder centrarse por el momento.

Steve alza una ceja, pero no da ningún comentario en la acatamiento tranquilo que le ofrece. Tampoco dice nada mientras lo guía a través de la sala de reuniones, ni cuando Danny se detiene un momento para mirar a Chin y a Kono al cruzar por delante de sus oficinas. Los primos le sonríen y continúan trabajando en lo suyo. Jenna lo saluda con su mano cuando levanta la mirada de la computadora en la que está trabajando.

A pesar de sus reservas al respecto, Danny no puede negar que es una buena adición al equipo. Es dedicada y decidida, y también tiene recursos. Suma puntos que esté dedicándole tiempo a buscar a Wo Fat cuando no están trabajando, que se dedica a recopilar la información y calificarla. Han estado cerca antes pero se están acercando muchísimo más ahora y está convencido que es cuestión de tiempo para que lo atrapen. Él mismo está haciendo algunas llamadas por su parte. Desde que había amenazado a Steve y a Jenna en su último encuentro (Danny todavía agradece el haber estado allí, el haber convencido a Steven que lo deje participar, y está satisfecho con el haber grabado la conversación para usarla en el futuro), se prometió a sí mismo que no dejaría a ese maldito salirse con la suya.

Con los Yakuza en la mira desde la investigación con Five-0, Victor Hesse en prisión y HPD libre de infiltrados, Danny tiene fe que tendrán la oportunidad de atraparlo pronto.

Wo Fat se está quedando sin salidas. Igual que había pasado con los Noshimuri, está cayendo en el descuido de la impunidad y en el error de subestimarlos.

Lo único que espera que Steve no tenga que pagar ningún precio por ello. Dios sabe que ya ha pasado suficientes cosas en el último tiempo. Que es otra razón más por la que Danny no planea decirle lo mucho que lo sacudieron las últimas noticias de Rachel. No deberían haberlo hecho, en realidad.

Sabía el resultado desde que había accedido a la petición.

—Tu silencio me perturba, Danny —dice Steve, finalmente; su buen humor se había evaporado.

Suspira.

—Creí que apreciarías el cambio.

Steve lo había guiado hacia el Camaro a través de dos pisos sin ningún percance.

—No lo hago —le reconoce. Danny levanta una ceja antes de abrir la puerta—. Bueno, admito que a veces lo necesito. Especialmente cuando hablas y hablas y hablas... pero no quiero el cambio. No me gusta el cambio.

—No te gusta el cambio que no lo puedes controlar —señala Danny y se sube al asiento del copiloto.

Steven presiona los labios hasta formar una línea mientras se acomoda detrás del volante pero no lo discute porque es cierto y ambos lo saben. Danny pone los ojos en blanco cuando queda en evidencia que no se irán a ninguna parte pronto.

—Si me sacaste del palacio para venir al auto, de verdad espero que tengas planes más interesantes que quedarnos en el estacionamiento.

Steve gira el rostro para mirarlo y hay un gesto pensativo en su expresión. Es la clase de mirada que a Danny le da mala espina en el campo. También es la clase de mirada que le da otras ideas cuando no están en el trabajo.

—Nunca hemos tenido sexo en el estacionamiento.

Danny parpadea. Tarda un momento en poder procesar la información y dar una respuesta coherente.

—Primero, este es el estacionamiento del Palacio Iolani, que es donde trabajamos. La gobernadora viene aquí a veces, Steven. Ya sabes. Tu jefa. —Puede sentir el calor trepando por su cuello pero se niega a darle el gusto a Steve de ruborizarse. No es una colegiala, por todos los cielos—. Segundo, no soy exhibicionista.

La sonrisa de Steve no se apaga ni un poco.

—¿La primera razón pesa más que la segunda?

—No estamos teniendo sexo en el auto —dice.

—En este momento no, pero podríamos cambiar eso.

—Eres increíble.

—Ya me lo han dicho.

Danny se ríe. —No era un cumplido —Aunque no puede evitar sonar menos tenso de lo que había estado en la oficina—. ¿Y no dijiste algo de cambiar el aire? Me vendría bien dar una vuelta.

—Ahora estamos llegando a alguna parte.

Steve es astuto.

Más que nadie, sabe que Danny no soporta el silencio. Se queda callado para darle espacios que cubrir. El hecho de que no enciende la radio para poner sus irritantes colecciones de música apenas arranca ni tampoco busca una ruta conocida enfatiza sus intenciones.

También sabe que Danny no tiende a hablar de sus problemas en lugares en donde lo pueden oír- él nunca ha sido especialmente dado a cargar a otros con sus dudas y problemas... Claro que eso no lo detiene de dar sus opiniones. Simplemente se reserva las cosas que realmente le afectan. Es algo que Rachel le reclamó durante gran parte de su matrimonio y durante todo su divorcio y más allá.

De algún modo, el Camaro es un confesionario.

—Mañana es miércoles —le comenta a Steve, alejándose de otras ideas—. ¿Estamos esperando otro sobre con lo de la caja de herramientas? ¿Sabes cuántas cosas más faltan por llegar?

Steve le lanza una mirada acusatoria de soslayo. Es el único tema al que no puede renunciar y Danny lo sabe.

—Tenemos bastantes cosas. Pero… Ayer llamé a la gobernadora. Dijo que necesitaba hablar conmigo sobre algo y quería hacerlo lo más pronto posible. Chin me dijo que trató de ubicarme el último fin de semana…

—Pero con la escapada secreta no tuvo mucho éxito —finaliza Danny—. Tengo que admitirlo, nuestro tiempo apesta.

Steve asiente. Su boca se arquea en una esquina.

—Suenas más como tú, compañero.

—¿Vamos a ir a verla ahora?

—En la noche. Y nosotros no vamos a verla. La estamos invitando a cenar.

Eso es inesperado. —¿A tu casa?

—Ella quería que yo eligiera un punto de reunión.

Danny recuerda que Steve no estaba muy seguro de confiar en la gobernadora y pese a que sus sospechas eran aterradoramente válidas, se había negado a creerlas del todo.

—¿Sigues creyendo que puede estar implicada en lo que está pasando? ¿Con Wo Fat?

—Aún no podemos descartar nada, Danno. Hablaremos con ella esta noche.

—¿Chin y Kono lo saben?

—No todavía. Vamos a volver a mi casa, quiero hacer una limpieza. Y mientras tanto puedes decirme qué es lo que te molesta.

—Hay muchas cosas que me molestan.

—Tal vez sí —dice Steve, mirándolo con intención—. Pero hay algo en particular que no me estás diciendo.

Danny abre la boca para rebatirlo cuando una idea se le cruza por la cabeza.

—Grace te lo dijo, ¿cierto?

—Hablé con ella esta mañana cuando estabas duchándote —le dice Steve, su voz tan suave como una caricia—. No está muy entusiasmada con la idea de tener un hermano.

—Es un cambio grande para ella.

—Y para ti.

Alza los hombros en respuesta. —Sabía que pasaría.

Steve lo miraba fijamente, todavía estudiando los cambios en su cara. —Que sea una posibilidad no es lo mismo que una confirmación, Danno.

—Estoy bien.

—Sé que lo estás. Solo que, creo, podrías estar un poco sacudido con la noticia y necesitarías el tiempo para hacerte la idea. Como Grace, ya sabes.

A pesar de que Steve lo esconde bien, Danny ya conoce los pormenores y detalles del idioma McGarrett. Hay un relámpago de duda que antes no había estado, una incertidumbre que se traduce en su postura y que quiere borrar inmediatamente. Conoce, exactamente, cuál es la causa.

—Es solo… Mientras que pensaba en esto me di cuenta que me gustaría que nosotros tuviéramos la posibilidad algún día, ¿sabes?

A su pesar, Steve se relaja. El hecho de que puede pensar que Danny no está cien por cien comprometido con su relación le dice que debe mejorar. —¿Qué nosotros tuviéramos la…? ¿Quieres decir que tú y yo tengamos un hijo?

—Lo sé, lo sé —Danny no tiene idea de lo que significa la expresión de Steve, quizá es asombro, quizá es desconcierto o estupefacción, y trata de evitar una negativa rotunda antes de que llegue—. Nosotros estamos empezando recién y quizá sería demasiado-

—¿Quieres que formemos una familia juntos?

Danny se traga todos los argumentos.

—Steve —Necesita que entienda lo que está a punto de decir, porque es importante—, nosotros tenemos una familia juntos. Solo digo… en el futuro, tal vez, agregar a alguien más. Y el semáforo está en verde. Van a detenernos por obstruir la vía pública si no empiezas a conducir.